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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-08-2016

Prlogo de La funcin de la ciencia en la sociedad contempornea. Propuestas ecosocialistas alternativas, de Manuel Sacristn
La editorial Dyskolo presenta un ensayo indito de Manuel Sacristn

Salvador Lpez Arnal
Dyskolo


Hoy 27 de agosto se cumplen 31 del fallecimiento del pensador Manuel Sacristn. Por tal motivo, y como reconocimiento a su labor intelectual, la editorial Dyskolo presenta en versin digital y con licencia creative commons una conferencia indita del filsofo, junto con otros textos relativos al papel de la ciencia y los investigadores en el mundo actual. Sacristn fue uno de los filsofos espaoles ms importantes del siglo XX y una figura fundamental del pensamiento marxista y el compromiso poltico. Este ebook, cuyo ttulo es La funcin de la ciencia en la sociedad contempornea. Propuestas ecosocialistas alternativas, ha sido preparado y anotado por Salvador Lpez Arnal. El texto siguiente es el prlogo de la presente edicin.


La funcin de la ciencia en la sociedad contempornea

Propuestas ecosocialistas alternativas

Manuel Sacristn Luzn

Edicin, presentacin y notas de Salvador Lpez Arnal

Edicin 1.0. agosto 2016

Cdigo de registro Safe Creative: 1608259002944

epub: 487 Kb. / mobi: 558 Kb. / pdf: 181 pg.

Pgina del libro y descarga: http://www.dyskolo.cc/cat%C3%A1logo/lib021/




La decisiva importancia de una poltica de la ciencia aliada del movimiento obrero y de los nuevos movimientos sociales

En la informacin acerca del nacimiento de Mientras tanto que poda leerse en el apndice del primer nmero, sealaba Manuel Sacristn Luzn (1925-1985), el director de la publicacin, que la orientacin de la revista es sustancialmente la misma que mantuvo Materiales, aunque con la clarificacin y la sedimentacin debidas a la evolucin de ciertos problemas durante estos dos ltimos aos. La evolucin seguida, prosegua, no haba sido para mejorar y haba llevado a una situacin contradictoria que tiene precedentes de mal augurio.

Por un lado, la crisis mundial del capitalismo de finales de los aos setenta del pasado siglo se extenda y se enquistaba; abarcaba desde los hechos econmicos bsicos el cansancio de los motores del crecimiento en la poca de los "milagros econmicos", la dificultad para llevar a cabo la reestructuracin del capital fijo, el estancamiento con inflacin, un paro de magnitud considerable y cuya raz estructural es manifiesta, una crisis monetaria muy expresiva del final de una poca que empez precisamente con el esfuerzo ms organizado que se haya emprendido en la historia del capitalismo por asegurar el orden monetario, etc., hasta fenmenos fuertemente llamativos de disgregacin cultural que culminan en una exacerbacin de la insolidaridad individualista hasta llegar a la institucin de la violencia verbal y fsica como forma corriente de relacin en la vida cotidiana, pasando, al mismo tiempo, por un conjunto de dificultades polticas que se pueden considerar como una crisis del estado, la cual no slo arruina la ideologa del estado-providencia o estado del bienestar que fue la gloria del capitalismo restaurado con la eficaz ayuda o incluso el protagonismo de los partidos de la II Internacional (absurdamente llamada socialista), sino que hasta permita pensar, por el estallido de los nacionalismos y particularismos en las tres monarquas ms antiguas del occidente europeo, la espaola incluida por supuesto, que se est debilitando la legitimacin del estado burgus, o de la Edad Moderna, precisamente en las tierras en las que naci.

Pero, por otro lado, prosegua el traductor de Lukcs y Adorno recogiendo las reflexiones e impresiones del colectivo editor, la gestin de la crisis estaba dando pie a un proceso de recomposicin de la hegemona ideolgico-cultural burguesa. La contradiccin era tan spera que resultaba paradjica. Sin embargo, nos parece que tiene una explicacin bastante sencilla: esta profunda crisis bsica capitalista, adems de afectar a los pases del socialismo que se llama a s mismo "real" en la medida, mayor o menor, en que stos son elementos parciales y todava subalternos del sistema capitalista mundial, coincida con una crisis de la cultura socialista en el amplio sentido ochocentista de esta palabra, que incluye el anarquismo, confundida por la crisis de una civilizacin de la que no se distancia suficientemente (caso de los grandes partidos obreros), o reducida a una marginalidad casi extravagante y, a menudo aada, funcional al rasgo del sistema que Herbert Marcuse, un autor por l traducido, haba llamado tolerancia represiva.

El mal momento de la cultura socialista, del que Sacristn haba alertado desde mediados de los aos sesenta, sobre todo y especialmente desde la inadmisible invasin de Praga por las tropas del Pacto de Varsovia, tena una consecuencia de particular importancia: la incapacidad de renovar la perspectiva de revolucin social. Precisamente porque la crisis de la civilizacin capitalista era radical, la falta de perspectiva socialista radical facilita la reconstitucin de la hegemona cultural burguesa al final de un siglo que asisti por dos veces a su resquebrajamiento por causa de las guerras mundiales que desencaden. La I y la II, y tambin la an no concluida guerra fra.

Lo que era crisis de la economa y la sociedad capitalistas se vea, se sola ver superficialmente, como desastre de la forma ms reciente de ese sistema social, su gestin keynesiana y socialdemcrata. El neoliberalismo se haba puesto ya en pie de guerra y aniquilacin de las conquistas obreras. La identificacin de la gestin socialdemcrata del capitalismo con el socialismo facilitaba un rebrote ideolgico capitalista, a veces financiado discretamente por alguna gran compaa transnacional.

Sin la adecuada rplica material ni ideal de un movimiento obrero cuyas organizaciones mayoritarias estaban entonces tan identificadas con muchos valores capitalistas como lo est la parte de las clases trabajadoras a la que representan, las clases dominantes sin excepcin haban pasado a una ofensiva llena de confianza (y no meramente represiva) que apenas nadie habra previsto aos atrs. Esa ofensiva arrancaba de la esfera de la produccin material, con una poltica econmica de sobreexplotacin y un programa de fragmentacin y atomizacin de la clase obrera en nuevos dispositivos industriales, se articulaba en el plano poltico con xitos perceptibles, el ms importante de los cuales, la despolitizacin, se est logrando con la colaboracin tal vez involuntaria, pero, en todo caso, torpe hasta el suicidio, de las organizaciones obreras, se arropaba, adems, con el florecimiento de una apologa directa e indirecta del dominio, la explotacin y la desigualdad social por parte de intelectuales (los entonces llamados nuevos filsofos por ejemplo) que volvan a hacerse con una orgullosa autoconsciencia de casta, y tiende a eternizarse mediante una "solucin" final de las luchas sociales, a saber, el incipiente aparato represivo de nuevo tipo justificado por el gigantismo del crecimiento indefinido (cuya manifestacin ms conocida, pero en absoluto nica, son las centrales nucleares) e instrumentado por los ordenadores centrales de los servicios policacos de informacin.

Con esas hiptesis generales los editores de la revista intentaban entender la situacin y orientarse en el estudio de ella, para el saber a qu atenerse de su admirado Ortega. El paisaje que dibujaban era oscuro en su opinin. Pero, precisamente porque era tan negra la noche de esta nueva restauracin, poda resultar algo menos difcil orientarse en ella con la modesta ayuda de una astronoma de bolsillo. En el editorial del n 1 de laMateriales, una revista publicada por ellos mismos y algunos amigos ms durante los aos 1976 y 1977, haban escrito que sentan "cierta perplejidad ante las nuevas contradicciones de la realidad reciente". Aunque convencidos de que las contradicciones entonces aludidas se haban agudizado, ahora, sin embargo, se sentan un poco menos perplejos, lo que no quera decir ms optimistas, respecto de la tarea que habra que proponerse para que tras esta noche oscura de la crisis de una civilizacin despuntara una humanidad ms justa en una Tierra habitable, en vez de un inmenso rebao de atontados ruidosos en un estercolero qumico, farmacutico y radiactivo.

La tarea que, en su opinin, no poda cumplirse con agitada veleidad irracionalista, sino, por el contrario, teniendo racionalmente sosegada la casa de la izquierda, consista, en primer lugar y destacadamente, en renovar la alianza ochocentista del movimiento obrero con la ciencia. Poda ser que los viejos aliados tuvieran dificultades para reconocerse, pues los dos haban cambiado mucho: la ciencia, porque desde la declaracin de Emil Du Bois Reymond ignoramus et ignorabimus, ignoramos e ignoraremos, llevaba ya asimilado un siglo de autocrtica (aunque los cientficos y tcnicos siervos del estado atmico y los lamentables progresistas de izquierda obnubilados por la psima tradicin de Dietzgen y Materialismo y Empiriocriticismo no parezcan saber nada de ello); el movimiento obrero, porque los que viven por sus manos son hoy una humanidad de complicada composicin y articulacin.

La tarea poda verse de varios modos, segn el lugar desde el cual se emprendiera: consista, por ejemplo, en conseguir que los movimientos ecologistas, que se cuentan entre los portadores de la ciencia autocrtica de este fin de siglo, se dotaran de capacidad revolucionaria; consista tambin, por otro ejemplo, en que los movimientos feministas, llegando a la principal consecuencia de la dimensin especficamente, universalmente humana de su contenido, decidieran fundir su potencia emancipadora con la de las dems fuerzas de libertad; o consista en que las organizaciones revolucionarias clsicas comprendieran que su capacidad de trabajar por una humanidad justa y libre tiene que depurarse y confirmarse a travs de la autocrtica del viejo conocimiento social que inform su nacimiento, pero no para renunciar a su inspiracin revolucionaria, perdindose en el triste ejrcito socialdemcrata precisamente cuando ste, consumado su servicio restaurador del capitalismo tras la segunda guerra mundial, est en vsperas de la desbandada; sino para reconocer que ellos mismos, los que vivan por sus manos, haban estado demasiado deslumbrados por los ricos, por los que Sacristn llamaba descreadores de la Tierra.

Todas esas cosas se tenan que decir muy en serio. La risa viene luego, cuando se compara la tarea necesaria con las fuerzas disponibles. Las suyas alcanzaban slo para poner cada dos meses noventa y seis pginas a disposicin de quien quiera reflexionar con nosotros acerca de todo lo apuntado. Quienes de verdad tenan la palabra eran los movimientos potencialmente transformadores, desde las franjas revolucionarias del movimiento obrero tradicional hasta las nuevas comunidades amigas de la Tierra. Slo cuando unas y otras coincidieran en una nueva alianza se abrira una perspectiva esperanzadora. Mientras tanto, como en el Grito hacia Roma de Garca Lorca, ellos intentaran entender lo que pasaba y allanar el camino, por lo menos el que haba que recorrer con la cabeza.

En ese camino que haba que recorrer con la cabeza, en ese intento de nueva alianza del movimiento obrero con la tecnociencia contempornea, la poltica de la ciencia, una poltica de la ciencia de orientacin socialista y ecologista, era esencial. En este libro recogemos los dos nudos sealados, dos de las grandes aportaciones del profesor expulsado de la Universidad de Barcelona en 1965 por su militancia antifascista: el anlisis del papel de la tecnociencia en la sociedad contempornea y las propuestas alternativas para construir y abonar una ciencia de orientacin anticapitalista y socialista.

No fueron stas las nicas intervenciones de autor de Panfletos y Materiales en este mbito esencial, en la que sin duda fue una de sus preocupaciones centrales hasta sus ltimos das. No fueron las nicas, como deca, pero s acaso dos de las ms representativas. Siguen siendo de gran actualidad (los clsicos juegan siempre con ventaja) para saber a qu atenernos nosotros en nuestro mundo, en el mundo de nuestra hora.

Las notas finales de cada apartado son mas. He respetado el tono y construccin de las intervenciones orales en mi transcripcin con alguna ligera modificacin en caso de repeticin de trminos. En ambas conferencias.

Si mi tarea de editor-anotador-presentador tiene algn mrito, a la memoria de Manuel Sacristn y Francisco Fernndez Buey me gustara dedicarlo. Tambin a Eduard Rodrguez Farr del que no dejo de aprender prudencia, conocimientos y compromiso social. Y amistad a lo lejos y hacia dentro.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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