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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-08-2016

Dos candidatos y un proyecto para Amrica Latina

Lilliam Oviedo
Rebelin


Con la proximidad de las elecciones, han sido reeditadas denuncias de enorme peso como la tradicin de racismo y sobreexplotacin en las empresas de la familia Trump o el turbio manejo que ha permitido a los Clinton acumular millones de dlares a partir de acuerdo poltico que le ha otorgado el control de Hait. Han resurgido, adems, denuncias sobre el comportamiento sexual de Donald Trump y especulaciones sobre la salud de Hillary Clinton. Son dos candidatos impopulares, pero en su definicin es ms importante an el compromiso de dar continuidad al proyecto de posicionar a la ultraderecha en Amrica Latina.

Cuando el 11 de marzo pasado Ben Rhodes, en su condicin de asesor adjunto de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, declar que la oposicin cubana y el Gobierno de Estados Unidos quieren lo mismo, no solo expres el sentir de Barack Obama (un presidente que ha dedicado desmedidos elogios a los contrarrevolucionarios y venezolanos) tambin dej claro que en la agenda del poder estadounidense un punto de mucha importancia es la desestabilizacin de los gobiernos progresistas de Amrica Latina.

A poco ms de dos meses de las elecciones de Estados Unidos, aumenta el activismo de la ultraderecha en pases como Venezuela, Bolivia, Brasil, Ecuador y El Salvador, y esto no es casual. Ocurre porque, con el previsible triunfo de Hillary Clinton o con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca (esto ltimo menos probable), el poder estadounidense se propone seguir dando impulso a la ultraderecha en Amrica Latina, y Obama colabora con el proyecto.

La ultraderecha inici el ejercicio procaz y violento de oposicin a los gobiernos progresistas del hemisferio, y ha protagonizado la llamada guerra no convencional. Los efectos de este abominable conjunto de maniobras se han sumado al trabajo propagandstico realizado en forma descarada por las agencias de prensa que controla el poder hegemnico, para comprometer en el proyecto de conspiracin a grupos de derecha que actuaban con relativa moderacin.

A esta asociacin entre la derecha y la ultraderecha es consustancial la violacin de todo tipo de acuerdos y el irrespeto a la legalidad. Prevalece la forma de proceder de la ultraderecha, el sector que coordina de las acciones.

Se observa en los acontecimientos que tienen lugar en Venezuela, en la violencia desatada recientemente en Bolivia y en las agresiones contra el gobierno de Ecuador.

LOS DICTADOS DE LA CRISIS

El imperialismo conserva su definicin esencial, y no es ni puede ser tarea fcil la preservacin de los procesos revolucionarios.

Los estrategas imperialistas apoyan abiertamente las manipulaciones con apariencia institucional y se ocupan de disfrazar las huellas de sus garras en el manejo evidentemente turbio.

En el puesto ms alto del Comando Sur, el comandante que explicaba su apoyo a la mal llamada oposicin venezolana diciendo que cada da lloraba por Venezuela (John Kelly), fue sustituido por el que ha asumido la Operacin Venezuela Freedom-2, con una agenda logstica y operativa que incluye guerra econmica, otras formas de guerra no convencional, y violencia sin calificativos.

El imperialismo no acta con apego a la legalidad, y la ultraderecha como sector tampoco lo hace.

Los gobiernos progresistas, sin embargo, han aceptado la imposicin de una legalidad a todas luces retorcida, entre otras razones por el intercambio con gobiernos y personalidades que tienen un sello conservador y que estn ligados, de uno u otro modo, a grupos empresariales.

El caso de Venezuela es muestra de ello. Organismos regionales con fuerte presencia de gobiernos conservadores y de figuras polticas merecidamente cuestionadas, proclaman que reconocen la legitimidad del gobierno encabezado por Nicols Maduro y coordinan un proceso de dilogo que sirve de disfraz a la oposicin de derecha para articularse y organizar acciones violentas y para proclamar un falso apego a la Constitucin y las leyes.

En realidad, estos grupos estn dispuestos a ceder la soberana del pas y son aliados de grupos empresariales que se han revelado como rapaces e incluso como asesinos. (Hay que buscar la relacin de ambientalistas y activistas de derechos humanos asesinados por defender a los de abajo).

Es evidente que los gobiernos progresistas tienen que apelar a la voluntad popular y hacer ms eficientes sus organismos de difusin y de formacin poltica.

Apelar a la voluntad popular, sin embargo, implica sintonizarse autnticamente con el pueblo, pasar de la denuncia a la accin oficial contra quienes sustentan la guerra econmica, contra los grupos que acaparan los alimentos y que encarecen los servicios.

Solo as es posible impedir que el descontento avance y que la derecha pueda presentarse ante las masas como portadora de soluciones y no como lo que en realidad es: generadora del problema.

Esto es lo que se debe exigir a gobiernos como el de Venezuela y el de Ecuador. La derecha violenta acta como sector a travs de sus cabecillas, y estos deben ser presentados al pueblo, pues al pueblo le corresponde hacer justicia.

La violencia y la guerra no convencional, tal como revelan los documentos del Comando Sur, son de factura yanqui. Todas las acciones con esta denominacin son auspiciadas por el poder estadounidense y por la cpula global del imperialismo.

La eleccin en Estados Unidos de Hillary Clinton o de Donald Trump no variar el curso de las mismas, porque responden al proyecto poltico imperialista para Amrica Latina. Barack Obama, negro e indiscutiblemente carismtico, no ha sido agente de cambio, y no lo ser tampoco Hillary Clinton o Donald Trump.

El saqueo imperialista se realiza a partir del control poltico. Esto hay que reiterarlo aunque los renegados griten que es proclama fuera de moda. Y hay que decir tambin que Obama sigue abonando el camino a quien le suceda en la Casa Blanca

Al proyecto imperialista, es urgente oponerle la fuerza de los pueblos

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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