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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-09-2016

Si CCOO no se reinventa, se la llevar el viento de la historia

Cesar Arenas
Rebelin


La victoria del Partido Popular, en las elecciones generales de 1996, coincidi con el inicio de un ciclo financiero expansivo, que se prolong hasta 2007 y que tuvo como correlato, un largo perodo de paz social. Sin embargo, esa prosperidad result ser un espejismo, donde el endeudamiento generalizado ocultaba el aumento de la desigualdad, la pobreza y la temporalidad. Adems, la desmovilizacin que sigui a la victoria ideolgica del neoliberalismo, deterior an ms el tejido asociativo del pas.

La llegada de la crisis, en 2008, no hizo sino acelerar dichas tendencias, provocando, de paso, que las estructuras sindicales fueran percibidas como cmplices del deterioro de las condiciones de vida y trabajo de la mayora de la poblacin. As lo sealan las encuestas realizadas al conjunto de la ciudadana, en las que las organizaciones sindicales aparecen como una de las instituciones peor valoradas y tambin las que responden los trabajadores asalariados que suspenden, igualmente, la labor realizada por los sindicatos en la empresa.

Dicho desprestigio se refleja igualmente en la cada afiliativa, en el envejecimiento acelerado de dicha afiliacin (de casi 5 aos desde el 2000) y en una mayor rotacin (el 44,9% causa baja antes de tres aos) que revela el carcter instrumental de la vinculacin con el sindicato. Cada tambin del nmero de delegados, especialmente jvenes, que el sindicato achaca a un elevado nivel de desempleo y precariedad, aunque debiera parecer obligado analizar por qu tiene que haber, necesariamente, una menor intervencin sindical cuando, precisamente, las condiciones de los trabajadores son peores.

El desprestigio de los sindicatos, no ha impedido, sin embargo, una oleada de movilizaciones (Huelgas Generales, 15M, Marchas por la Dignidad), alentadas por la propia emergencia social, que, sin embargo, no consiguieron que se revirtiesen contrarreformas que han terminado por provocar una catstrofe social: aumento del paro (50% de los jvenes), precarizacin del mercado laboral y deterioro del poder sindical en las empresas.

Esa debilidad en la correlacin de fuerzas, que se traduce, por ejemplo, en una tendencia descendente desde el inicio de la crisis, en el nmero de horas perdidas por huelgas, trajo como consecuencia el desplazamiento progresivo de la resistencia, desde los centros de trabajo a los espacios ciudadanos, en un proceso de radicalizacin social, que se tradujo ms tarde en radicalizacin poltica, como prueba el giro a la izquierda en el auto posicionamiento del electorado y el avance electoral de la suma de IU y Podemos.

La radicalidad de la movilizacin se manifest de forma ms intensa en sectores como sanidad y educacin, que adoptaron formas de accin influidas por el espritu del 15M (Mareas), lo que explicara el giro a la izquierda en las EESS de la enseanza pblica, que CCOO, y por supuesto UGT, no habran sido capaces de cabalgar de forma generalizada.

Por su parte, las direcciones confederales de CCOO y UGT, que haban conseguido con las huelgas generales de 2010 y 2012 retomar su liderazgo social, cuando constataron que la movilizacin no haba logrado debilitar la ofensiva neoliberal, volvieron a apostar por el modelo de respetabilidad institucional y dilogo social. Sin embargo, la misma brutalidad en la imposicin de polticas regresivas de gobiernos presionados por el poder econmico, trajo consigo el fracaso del dilogo social como marco para establecer polticas compartidas y equilibradas frente a la crisis. De hecho, los ltimos Gobiernos del PSOE y el PP han legislado para favorecer la devaluacin salarial, la destruccin de empleo y el incremento de la desigualdad social.

Ha sido el largo ciclo electoral de 2015 y 2016, el que ha terminado de demostrar que el consenso social que sali de la Transicin estaba definitivamente roto, no slo por la corrupcin de las lites sino tambin por la hartura de la ciudadana con dcadas de precarizacin, de aumento de las desigualdades y de quiebra de las expectativas de un futuro mejor (No somos mercanca en manos de polticos y banqueros se deca en el 15M).

La crisis del rgimen de la Transicin coincide, adems, con una ruptura generacional, al repercutir el capital financiero en los jvenes el coste de la crisis, a la vez que culpabilizaba a los trabajadores con derechos de tener condiciones de privilegio, frente a aquellos a los que el propio capital se los estaba negando.

Ha sido precisamente la hegemona del pensamiento neoliberal, la que ha provocado la ruptura entre ambos colectivos. Las condiciones precarias en las que se insertan los jvenes estn provocando que el trabajo pierda para ellos centralidad social, y en consecuencia tambin la pierda el sindicalismo, que, sin embargo, no es sustituido por otras formas de organizacin estable. La precariedad, el miedo al desempleo y la represin patronal impiden a muchos jvenes sindicarse en organizaciones que, por otra parte, no han sabido transformarse para acogerlos en las condiciones concretas en las que les ha tocado socializarse.

Rota la identificacin con un proyecto del conjunto de la clase trabajadora, los jvenes activistas perciben a los sindicatos como estructuras que emanan del consenso del 78 y por ello como rmoras para la movilizacin. Hay que tener en cuenta que no ha sido infrecuente que los sindicatos tolerasen la precarizacin de las nuevas incorporaciones a la empresa, siempre que la plantilla ya existente mantuviese sus condiciones salariales y de estabilidad.

Como prueba de dicha ruptura podemos constatar que la afiliacin a los sindicatos se concentra entre quienes tienen edades avanzadas, entre los trabajadores fijos y a jornada completa. Sin embargo, la tasa de afiliacin es escasa entre jvenes, precarios, inmigrantes, no cualificados, subcontratas y a tiempo parcial.

El espacio en el que se organizan las generaciones ms jvenes, en especial los hijos de trabajadores estables con alto nivel de formacin, ha sido ocupado por movimientos sociales con una gran capacidad de reaccin y movilizacin, pero grandes dificultades para estructurarse de manera estable.

Esa ruptura entre colectivos de una misma clase trabajadora tiene reflejo en los propios resultados de las elecciones sindicales, donde crecen las llamadas candidaturas de los otros, fruto, en parte, de la fragmentacin de la clase trabajadora (entre activos y parados, funcionarios y laborales, fijos y precarios, empleados de la empresa matriz y de las subcontratas, hombres y mujeres, espaoles y extranjeros). El menor sentimiento de pertenencia a un proyecto comn llevara a algunos colectivos a distanciarse de los procesos sindicales o a apoyar a sindicatos corporativos, que representaran lo ms cercano, en la pelea por repartirse un bien escaso.

A ese menor sentimiento de pertenencia contribuira que, una parte del movimiento sindical y de la izquierda en general, haya creado un imaginario en el cual clase obrera se identificaba con lo que slo es una parte reducida de la clase trabajadora: los obreros fabriles.

En esas condiciones, el sindicato corre el riesgo de dejar de ser una organizacin de clase, con un proyecto comn para todos sus colectivos, para pasar a ser una organizacin de defensa de determinadas fracciones de trabajadores, precisamente las ms estables y de mayor edad.

La crisis de legitimidad que sufre el sindicato se ha manifestado, en el interno de la Confederacin, en la proliferacin de Gestoras y Direcciones Provisionales a lo largo y ancho del pas, tal vez en un intento de evitar que la desafeccin se convierta en oposicin organizada.

Adems, el estrangulamiento econmico de CCOO, al que ha contribuido tambin la cada afiliativa, se ha traducido en EREs en casi la totalidad de las estructuras y en el progresivo cierre de los FOREM y de numerosas sedes de estructuras de base.

Esa misma situacin econmica ha influido en la poltica de fusin entre Federaciones, que sin embargo est produciendo efectos distintos a los proclamados, ya que conlleva prdida de efectivos en las estructuras ms cercanas a los trabajadores, mayor corporativismo y mayor poder de las cpulas de las grandes Federaciones, en detrimento del aspecto socio poltico del sindicato.

Por otro lado, la afiliacin se ha visto sorprendida por escndalos como el de las tarjetas Black o los complementos salariales de COMFIA, frente a los que la reaccin fue torpe y tarda.

En esas condiciones, de divorcio entre el discurso y la prctica, tanto el cdigo tico, que quiso responder, con tanta rotundidad al escndalo de los sobresueldos a dirigentes de la antigua federacin de banca, que Ignacio F. Toxo asegur que CC OO se reinventa o se la lleva el viento de la historia, o la actual campaa por repensar el sindicato, impulsada por la direccin confederal, pueden terminar pareciendo meras operaciones estticas.

Eso hace imprescindible la extensin de un movimiento transversal, dentro del sindicato, que ponga en marcha un proceso de regeneracin democrtica, frente a quienes podran estar deshaciendo el trabajo que la mayora construye de forma esforzada y honesta.

Todo esto sucede en pleno proceso de empobrecimiento del pas, condenado al subdesarrollo poltico, econmico y social, en la periferia de una Europa alemana, con un modelo en el que slo puede haber menos democracia y sindicatos en un papel subalterno, en un crculo vicioso de derrota sindical, desprestigio social, cada afiliativa, retrocesos electorales y dificultades para el relevo generacional.

Es cierto que estos ltimos tres aos, la ilusin creada por el proyecto de asalto a las instituciones, tom el relevo a la movilizacin social. Sin embargo, aunque la mquina electoral pueda llegar a triunfar, en Grecia aprendimos que tener el gobierno no significa tener el poder, y por lo tanto el sindicato debe mantener la autonoma respecto a las instituciones.

Sin embargo, ahora el escenario ms previsible es el de una nueva recesin que legitime las apremiantes exigencias de la Troika para nuevas vueltas de tuerca al modelo social. En ese escenario, que los partidos del Rgimen estn siempre dispuestos a consentir, el conflicto de clase slo puede acrecentarse, y eso abre la posibilidad de que, las generaciones que en l se socialicen, puedan incorporarse al sindicalismo desde una insercin conflictiva en la precariedad.

Justamente el movimiento sindical francs ha optado por canalizar la explosividad social como una va posibilista para evitar su desaparicin. Una opcin ms realista que la de instalarse en la melancola y esperar que, por s solos, los poderes econmicos decidan restaurar un nuevo equilibrio, en el que los sindicatos vuelvan a colocarse en el centro del terreno juego. Porque la salida a la profunda crisis de legitimidad de la Segunda Restauracin depender mucho de la movilizacin social y sin ella probablemente se impongan medidas regresivas y el triunfo de una sociedad ms desigual y con menos democracia.

Por eso, en un momento de aceleracin del tiempo histrico, parece imprescindible debatir qu papel queremos que cumpla el sindicato. La izquierda sindical, pero tambin la poltica y social, deberan apostar por un sindicato combativo, como el mejor marco posible para establecer alianzas entre los trabajadores estables y los trabajadores jvenes y precarios. Una alianza que pasa por construir identidades de clase tambin en el mbito local, en barrios y ciudades, impulsando igualmente nuevos espacios de representacin que integren a los trabajadores subcontratados, de manera que se active una comunidad de intereses, que pueda sindicalizar a los trabajadores ms precarizados de una comunidad de trabajo, y se impulsen, de forma prioritaria, iniciativas de reparto del empleo, que puedan ser vistas como inclusivas por las generaciones precarizadas.

Hay que debatir tambin que aportara CCOO a la construccin de una mayora social que unifique a los damnificados por la crisis. CCOO puede aportar, por ejemplo, muchos miles de delegados, afiliados y dirigentes sindicales, que rompen el bucle cuando se enfrentan al retroceso en derechos y condiciones de vida, pegados a sus compaeros, porque, entonces s, los trabajadores se reconocen en ellos. Luchas contra los cierres y la deslocalizacin, o por el derecho de huelga, sirven adems como catalizador en las relaciones entre sindicalismo y accin poltica (Coca-Cola o Airbus son casos emblemticos) El sindicato sera tambin el mejor marco para establecer alianzas entre los colectivos de la clase trabajadora con mayor nivel de instruccin (radicalizados al ver frustrados sus proyectos de vida) y los grupos menos cualificados por el sistema educativo.

El sindicato podra pues ser punto de encuentro, parte de un tejido social denso, parte de lo que podra empezar a ser la unidad popular por la base, y parte, tambin, de ese marco simblico del relato de unidad que necesita la clase trabajadora.

Pero para empezar a recorrer ese camino se debe empezar por escuchar a los trabajadores, apoyar las resistencias que se vayan organizando y, cuando sea posible, generalizarlas, construyendo un discurso alternativo sobre las causas y salidas de la crisis, que site el conflicto capital-trabajo en el centro del tablero, y la recuperacin del empleo y los derechos laborales como objetivo prioritario. Para as, apostando por la movilizacin y por un relato alternativo, que confluya con la izquierda social y poltica, empezar a empoderar a la clase trabajadora en una expectativa de cambio.

Csar Arenas es profesor de secundaria y afiliado a CCOO.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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