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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-09-2016

Guerras extractivistas

Eduardo Gudynas
Rebelin


El asesinato de un viceministro y la muerte de cuatro mineros vuelve a confirmar que los extractivismos transitan hacia mayores niveles de violencia. No es la primera vez que esto sucede, pero en esta ocasin golpea al gobierno de Bolivia y uno de sus ms ntimos aliados polticos. Ms all de los clsicos argumentos partidarios, este caso deja en claro que las ideologas polticas quedaron relegadas detrs de una cruda guerra por los excedentes econmicos. Una vez ms, las comunidades y la Naturaleza, lo sufren.

El conflicto entre las cooperativas mineras y el gobierno de Evo Morales no puede ser analizado apelando a los marcos clsicos. De un lado, no estamos frente a una gran corporacin minera transnacional, sino a un conglomerado de agentes econmicos que hacen minera, y que se presentan a s mismos como cooperativas (y de izquierda). Del otro lado, el gobierno de Evo Morales y el Movimiento al Socialismo, construy una estrecha relacin poltica con todo ese sector, convirtindolo en uno de sus aliados ms importantes.

El actual ciclo de conflictividad se inici a inicios de agosto con la aprobacin parlamentaria de una reforma a la ley de cooperativas propuesta por el gobierno Morales, para permitir y proteger la sindicalizacin de los trabajados. La medida fue duramente criticada por Federacin Nacional de Cooperativas Mineras (FENCOMIN), y el 10 de agosto comenzaron movilizaciones y protestas. Se estima que existen unos 130 mil cooperativistas mineros, lo que les convierte en actores de peso. Rpidamente se generaron bloqueos en rutas nacionales, pedreas y declaraciones cada vez ms encendidas.

Desde el gobierno los discursos tambin se volvieron ms duros y se desplegaron policas. Estallaron las refriegas, donde haba decenas de manifestantes detenidos y a la vez decenas de policas eran retenidos como rehenes por los mineros, con heridos de uno y otro lado. Varios mineros son encarcelados y se les inician procesos judiciales, lo que hace endurecer todava ms a los cooperativistas. El 24 de agosto mueren dos mineros en esas refriegas, y al otro da es secuestrado el viceministro del interior, Rodolfo Illanes, quien intentaba iniciar una nueva negociacin. Al menos un dirigente minero afirm, con toda claridad, que asesinaran a ese funcionario si mora otro manifestante minero.

Bajo esa dinmica, ya sin control, la noticia del deceso de un nuevo manifestante termin en que una turba golpeara y tortura al viceministro hasta su muerte; al poco tiempo dejaron abandonado su cadver en una carretera (fue recuperado el 26 de agosto). Es una triste y dolorosa situacin donde, al da de hoy, hay un total de cinco muertos.

Claroscuros de un raro conflicto

Como muchas veces sucede en Bolivia, casi nada es lo que parece y es necesario disecar con precaucin a los actores y sus disputas. Por un lado, las llamadas cooperativas mineras en realidad son ms similares a empresas, y en buena parte de ellas existen unos pocos socios cooperativistas y unos cuantos obreros asalariados, que trabajan bajo dursimas condiciones de seguridad y ambiente, malos sueldos, impedidos de organizarse. En algunas cooperativas incluso se explotaba como asalariados a mujeres o nios.

Por otro lado, la propuesta de modificacin del gobierno Morales se enfocaba en los asalariados de las cooperativas de servicios, y era discutible si afectara a los mineros. Bajo la excusa de que esa medida volvera a sus cooperativas ingobernables es que se lanzaron las movilizaciones. Es un tipo de argumentos que resulta muy conservador, pero que era dicho por organizaciones, sin duda populares, y que se presentan a s mismas como parte de la revolucin del Movimiento al Socialismo. Recordemos que estas cooperativas han sido uno de los socios ms poderosos en ese gobierno, tanto por su poder de movilizacin como por el gran nmero de votos que significan. Es un conglomerado que tiene muchas caras, ya que por momentos opera como un sindicato, a veces como una cmara empresarial y en otros casos como movimiento poltico (incluso tiene sus propios legisladores y han colocado a sus integrantes en puestos ministeriales).

Para muchos analistas y medios parecera que esto es la primera vez que ocurre en Bolivia. Sin embargo, hay una larga lista de antecedentes. En uno de los ms recordados, en 2006 murieron 16 personas por dursimos enfrentamientos entre mineros cooperativistas y mineros del sindicato de la empresa estatal, para controlar unas parcelas en la localidad de Huanuni, en el altiplano andino. Aquella fue otra guerra extractivista que tambin escap al control gubernamental.

Entonces nadie puede sorprenderse del evidente aumento de la violencia alrededor de la minera. Ya no es solo la imposicin de unas empresas contra comunidades locales, sino que en varios sitios en distintos pases estallan conflictos entre distintos tipos de mineros (tales como cooperativistas versus trabajadores, sean de empresas estales o privadas, o legales contra ilegales), mineros de cualquier tipo versus campesinos que todava se dedican a la ganadera o agricultura, o frente a pueblos indgenas. La violencia en el extractivismo ya no expresa ocasionales accidentes, sino que es un componente esencial y propio de ese tipo de actividades.

Dando otro paso en la particularidad boliviana, los reclamos de las cooperativas mineras iban mucho ms all de resistirse a la sindicalizacin. Sus exigencias eran sustancialmente ms amplias, incluyendo poder efectuar contratos directamente con empresas transnacionales, esquivar el control parlamentario en ese tipo de comercializacin, aumentar las reas de explotacin minera, incluyendo el acceso a tierras forestales y reas protegidas, recibir todava ms ayudas financieras (por ejemplo, que regalas mineras fueran reinvertidas en proyectos mineros de las cooperativas), y subordinar los controles ambientales a sus fines productivos.

Por lo que puede verse estos son reclamos que seran un sueo para las grandes corporaciones transnacionales, pero que aqu son exigidas violentamente por grupos populares que se consideran parte del progresismo, incluso como revolucionarios anti-imperialistas, y eran socios ntimos del gobierno. Es que justamente otra particularidad de esta situacin es que las cooperativas mineras tienen ese enorme poder y el desparpajo de hacer ese tipo de reclamos gracias a las sucesivas concesiones y beneficios que le ha dado el gobierno de Evo Morales. La ms reciente fue la nueva ley de minera No 235, aprobada en 2014, que consolida su status privilegiado, le otorga grandes beneficios econmicos, y hasta declaraba que sera ilegal cualquier actividad que impidiera la minera (entre ellas, la huelga, por supuesto).

Necesidad de recuperar rigurosidad e independencia

Este caso boliviano tambin muestra la necesidad de miradas conceptualmente rigurosas sobre los extractivismos. Es que no son pocas las definiciones de extractivismos mineros que, an en la crtica, lo conciben solamente como una expresin propia de las grandes corporaciones del norte. Esas conceptualizaciones son casi siempre compartibles, pero al caer en unas narraciones metafricas, no siempre sirven para entender otros extractivismos, tales como el cooperativismo minero boliviano o la ilegalidad / informalidad de los mineros de oro en la Amazonia.

Por ello, una definicin ms precisa subraya que los extractivismos son un tipo de apropiacin intensiva y de grandes volmenes de los recursos naturales que puede darse bajo distintos regmenes de propiedad (privada, estatal, mixta, cooperativa, etc.)1. De esta manera, la rigurosidad en entender los extractivismos no es una mana acadmica, sino que es indispensable para abordar sus distintas conflictividades.

A lo largo de los ltimos aos, mientras que cooperativistas y gobierno eran aliados dentro de gobierno, no han habido muchos anlisis independientes, ya que se protegan mutuamente. Los pocos que lo hicieron, como ocurri con algunos analistas, militantes y unas pocas ONGs en Bolivia, alertaron sobre las exageradas concesiones que el gobierno otorgaba a esas cooperativas mineras, y difundieron las denuncias que partan desde las comunidades locales. Los estudios de esas ONGs, especialmente los de CEDIB (Centro de Documentacin e Informacin de Bolivia), fueron duramente cuestionados desde el poder y sus seguidores entre los medios y otras ONGs, presentndolos como un obstculo para explotar los recursos naturales. Ahora es evidente que ellos estaban en lo cierto, y a la vez queda en evidencia la fragilidad de los analistas que apenas son un eco gubernamental.

Los abordajes en funcin a lo que dice o quiere el gobierno siguen operando, sin duda, y un ejemplo muestra cun limitado es ese intento. A las pocas horas de publicarse la primera versin de este artculo, Katu Arkonada, conocido por replicar posturas oficialistas bolivianas, denunci en twitter lo que calificaba como cuatro mentiras en mi anlisis. Slo me referir a su primera crtica para no ser aburrido: dice Arkonada que es mentira que la patronal minera denominada cooperativistas" se hubiese presentado nunca como "de izquierda".

Mi respuesta es que esos dirigentes acompaaron al MAS y a Evo Morales, y ste reconoci su apoyo en repetidas ocasiones, legitimndolos como socios polticos, tanto en sus dichos como en retribuciones concretas (desde camiones a ventajas econmicas). Por si fuera poco, en el XI Congreso Nacional de la federacin de esas cooperativas mineras (2011), ellas mismas sostenan que el contenido ideolgico de su cooperativismo minero es clasista y revolucionario , anti-oligrquico y anti-imperialista, y se describen a no como proletarios, pero s como trabajadores y parte del pueblo oprimido. Con eso queda muy claro dos cosas: La primera, que los cooperativistas en su imaginacin se conciben como una izquierda revolucionaria, anti-oligrquica y anti-imperialista, confirmando las descripciones en mi nota (y similares descargos podra presentar para las otras mentiras que me achacan). La segunda, confirma que aquel tipo de anlisis, esos que son ecos gubernamentales, no entienden bien lo que est sucediendo, y aunque as lo fuera, como carecen de independencia, no le sirven ni a los movimientos sociales ni paradojalmente al propio gobierno.

Una disputa sobre los excedentes

Las acusaciones entre los distintos actores en este conflicto se cruzan aunque en un plano todava superficial. Los cooperativistas y sindicatos exigen responsabilidades polticas al gobierno por haber permitido que escalara la violencia, y en especial identificar a quienes asesinaron a los manifestantes. A su vez, el gobierno avanza sobre las cooperativas, se iniciaron procesos judiciales contra quienes dieron muerte al viceministro, pero sorpresivamente parece exculpar a las bases, ya que otra vez insiste en que todo el asunto es parte de un complot de la derecha partidaria.

Lo sorprendente en una discusin de ese tipo es que no se analiza la esencia del conflicto: una violenta disputada por los excedentes de los extractivismos. Sin duda que estamos ante una disputa poltico partidaria convencional, y para nada menor, en tanto se rompe la alianza del gobierno de Morales con uno de sus principales aliados. Pero esa no es la causa de todo este drama, sino que es una consecuencia de una contradiccin mucho ms profunda.

De un lado el gobierno y del otro los mineros, se estn peleando por controlar los excedentes que provienen de explotar los recursos naturales, para asegurarse la mayor tajada posible de su rentabilidad econmica. Ni ellos ni los analistas o medios convencionales estn debatiendo, por ejemplo, si es apropiado seguir con ese tipo de minera, ni sobre sus costos sociales y ambientales o su real beneficio econmico, ni tampoco sobre su inherente violencia.

Es una situacin muy triste porque somos testigos de grupos sociales que han cado en visiones tan pero tan mercantilizadas de la naturaleza y de las comunidades, que la destruccin ambiental, el secuestro o el asesinato, estn justificados con tal de recuperar las tasas de ganancias. Son este tipo de condiciones, que tienen races ms profundas, las que alimentan una y otra vez las guerras extractivistas. En ellas, las vctimas que siempre se repiten siguen siendo las comunidades locales y la Naturaleza.

1. El marco conceptual con ms detalle en Extractivismos. Ecologa, economa y poltica de un modo de entender el desarrollo y la Naturaleza, por E. Gudynas. Edicin Bolivia, Cedib, Cochabamba, 2015; edicin Per, RedGE, CooperAccin, Lima, 2015.

Eduardo Gudynas es analista en el Centro Latino Americano de Ecologa Social (CLAES). Una primera versin de esta nota se public en ALAI (Quito), el 29 de agosto de 2016. Seguimiento en twitter: @EGudynas

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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