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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-09-2016

Prlogo de Jean-Paul Sartre al libro "El proceso de Burgos", de Gisle Halimi

Jean Paul Sartre
Liberation Irlande

Traducido del francs por Beatriz Morales Bastos.


Si hay que creer a la prensa, lo nico escandaloso del juicio de Burgos ha sido sacar a la luz la absurda ferocidad del rgimen franquista (1). No lo creo: es tan necesario demostrar la brutalidad fascista? Desde 1936 no haba habido encarcelaciones, tortura y ejecuciones en todo el territorio de la pennsula Ibrica? Este juicio ha provocado malestar en las conciencias en Espaa y fuera de Espaa porque ha mostrado a los ignorantes la existencia del hecho nacional vasco. Se ha visto claramente que aunque este este hecho era singular estaba lejos de ser nico y que las grandes naciones encerraban colonias dentro de las fronteras que se haban otorgado. En Burgos los acusados, encadenados y, por as decirlo, amordazados, han logrado juzgar la centralizacin a costa de una batalla constante. Toda una sorpresa en Europa: por no poner sino un ejemplo, a los francesitos se les ensea que la historia de Francia no es otra que la de la unificacin de todas nuestras provincias que comenz bajo los reyes, la continu la Revolucin Francesa y se complet en el siglo XIX.

Haba que estar orgulloso de ella, me decan cuando iba a la escuela: la unidad nacional, que en nuestro pas se llev a cabo pronto, explicaba la perfeccin de nuestra lengua y el universalismo de nuestra cultura. Fuera cual fuera nuestra postura poltica, estaba prohibido ponerla en tela de juicio. Socialistas y comunistas coincidan con los conservadores en este punto: se consideraban herederos del centralismo jacobino y ya fueran reformistas o revolucionarios, adonde queran llevar los beneficios del nuevo rgimen era al hexgono considerado como un todo indivisible. A nadie le importa lo ms mnimo hoy en da que el absolutismo monrquico haya nacido a la vez del desarrollo de las vas y los medios de comunicacin, de la aparicin del canon y de las exigencias mercantilistas de capital comercial; que la Revolucin y el jacobinismo hayan permitido a la burguesa en el poder proseguir con la unificacin de la economa haciendo saltar las ltimas barreras feudales y tnicas, y ganar unas guerras extranjeras por medio del reclutamiento masivo de todos los habitantes en edad de empuar armas sin importar su origen tnico y que el siglo XIX haya acabado el trabajo por medio de la industrializacin y sus consecuencias (el xodo rural, la concentracin y la nueva ideologa o nacionalismo burgus); que a fin de cuentas la unidad actual sea el efecto del proyecto secular de la clase actualmente dominante y que esta haya tratado de producir en todas partes, del Bidasoa a la frontera belga, el mismo tipo de hombre abstracto, definido por los mismos derechos formales (estamos en democracia!) y las mismas obligaciones reales sin tener en cuenta sus necesidades concretas: es as, eso es todo, y no se cambiar.

De ah el estupor de diciembre de 1970: el juicio era infame y absurdo, pero, se poda discutir la validez de las acusaciones hechas a los detenidos sin al mismo tiempo considerar vlidos, al menos en parte, los objetivos que se propone ETA? Por supuesto, el gobierno espaol es abiertamente fascista y esto creaba confusin: el objetivo totalmente consciente de la mayora de los protestatarios era el rgimen de Franco. Pero haba que apoyar a los acusados y acaso ETA no deca: no solo estamos contra el franquismo, luchamos ante todo contra Espaa? Esta era la pldora indigesta que haba que tragarse. Cmo admitir que la nacin vasca exista al otro lado de los Pirineos sin reconocer a nuestros vascos el derecho a integrarse en ella?

Y Bretaa entonces? Y Occitania? Y Alsacia? Hay que reescribir al revs la historia de Francia, como propona Morvan Lebesque (2), y ver en Du Guesclin, hroe del centralismo, un simple traidor a la causa bretona? El juicio de Burgos atraa la atencin sobre este hecho nuevo: el renacimiento por todas partes de estas tendencias que los gobiernos centrales han adquirido la costumbre de llamar separatistas.

En la URSS muchas repblicas, empezando por Ucrania, estn sometidas a unas fuerzas centrfugas. No hace tanto tiempo que Sicilia se separ. En Yugoslavia, en Francia, en Espaa, en Irlanda del Norte, en Blgica, en Canad, etc, los conflictos sociales tienen una dimensin tnica, unas provincias se descubren naciones y reclaman ms o menos abiertamente un estatuto nacional. Se ve que las fronteras actuales corresponden al inters de las clases dominantes y no a las aspiraciones populares, que la unidad de la que tan orgullosas estn las grandes potencias oculta la opresin de las etnias y el uso hipcrita o declarado de la violencia represiva.

El fortalecimiento actual de los movimientos nacionales se explica por dos razones claras. En primer lugar, la revolucin atmica. Morvan Lebesque informa de que un dirigente autonomista de Bretaa exclam al enterarse de la explosin de Hiroshima: Por fin existe el problema bretn. En efecto, antes de ello el centralismo unificador se justificaba y se reforzaba mencionando la amenaza que supona para la zona la hostilidad de los pases vecinos. Con el arma atmica este chantaje ya no tienen razn de ser: el centralismo de la Guerra Fra se ejerce a partir de Mosc y de Washington sobre unas naciones y ya no sobre unas provincias. Por ello, en la medida en que estas naciones se preocupan por pertenecer a uno u otro bloque, otras naciones ms pequeas o que se pretenda integradas retoman conciencia de su entidad.

La segunda razn, relacionada adems con la primera, la encuentro en el proceso de descolonizacin que se emprendi en tres continentes tras la ltima guerra mundial. Imaginen a un joven nacido en [el departamento bretn de] Finisterre que hacia 1960 va a hacer su servicio militar a Marruecos. Se trata, le han dicho, de echar una mano a una simple operacin policial para reprimir la agitacin demencial y culpable de algunos departamentos franceses de ultramar. Ahora bien, he aqu que los franceses, derrotados, se vuelven a meter en el bolsillo la divisin departamental, se retiran de Argelia y le reconocen el estatuto de nacin soberana. Entonces, a qu equivale para el soldado desmovilizado el hecho de ser un habitante de Finisterre? En Argelia ha visto que los departamentos son unas divisiones abstractas que ocultaban ah la conquista por la fuerza y la colonizacin.

Por qu no iba a ocurrir lo mismo al otro lado del Mediterrneo, en lo que se denomina la Metrpoli? A ojos de este joven Finisterre (que solo tiene existencia real para la administracin) desaparecera en la abstraccin: se siente bretn, nada ms y nada menos, y francs por derecho de conquista. Se va a resignar a ser colonizado? Si quisiera, el ejemplo de los argelinos y el de los vietnamitas estn ah para llevarle a la revuelta. Sobre todo las victorias de Vietnam le ensean que los colonos haban limitado hbilmente el campo de las posibilidades para l y sus hermanos.

Se le haba inculcado el derrotismo: francs, le haban dicho, poda todo porque tena derecho de voto lo mismo que un habitante de La Beauce (3); bretn, no poda ni levantar un dedo y desde luego no poda alzarse contra el poder central, que le aplastara inmediatamente. Pero en Indochina algunos millones de campesinos pobres arrojaron a los franceses al mar y ahora luchan victoriosamente contra la mayor potencia militar del mundo capitalista: eso tambin era imposible. Pues bien, no: el campo de sus posibles se ampli de golpe: y si las potencias colonizadoras no fueran sino tigres con dientes de papel? Fisin del tomo y descolonizacin, esto es lo que exalta en las etnias conquistadas un patriotismo original. En el fondo todo el mundo lo sabe, pero muchas personas en Francia, en Espaa y en Canad piensan que esta voluntad de independencia no es sino una veleidad nacida de falsas analogas y que los movimientos separatistas desparecern por s mismos.

No obstante, el ejemplo del Pas Vasco est ah para ensearnos que este renacimiento no es ocasional sino necesario y que no habra tenido lugar si estas supuestas provincias no hubieran tenido una existencia nacional que durante siglos se les ha tratado de quitar y que haba permanecido ah, obturada y oculta por los vencedores, como el vnculo histrico y fundamental entre sus habitantes, y si la existencia de este vnculo reconocido tcitamente por el poder central no diera cuenta de la situacin inferior de la etnia conquistada en el seno del pas conquistador y, consecuentemente, de la feroz lucha que esta lleva a cabo por la autodeterminacin.

El hecho vasco, que se impone en Burgos en su necesidad, no ha terminado de aclarar a catalanes, bretones, gallegos y occitanos acerca de su destino. Quiero tratar de oponer aqu la universalidad singular del pueblo vasco a la universalidad abstracta del humanismo burgus, tratar de mostrar qu circunstancias han llevado a aquel por medio de una dialctica ineludible a producir un movimiento revolucionario y qu consecuencias tericas se pueden sacar razonablemente de la situacin actual, es decir, qu profunda mutacin puede aportar desde hoy la descentralizacin al socialismo centralizador.

Si nos remitimos a la historia sin prejuicio centralista, se ve claramente que la etnia vasca difiere en todo de las etnias vecinas y que nunca ha perdido conciencia de su singularidad, marcada en todo caso por unos caracteres biolgicos que ha conservado intactos hasta hoy y por la irreductibilidad del euskera, su lengua, a las lenguas indoeuropeas. Desde el siglo VII el Ducado de Vasconia agrupa a una poblacin de montaeses que inflige al ejrcito de Carlomagno la derrota de Roncesvalles. Hacia el ao 1000 este Ducado se transforma en un reino de Navarra que entra en decadencia a partir del siglo XII y Espaa se anexiona en 1575. A pesar de la conquista, y sin duda tambin a causa de ella, se refuerza la conciencia vasca o la conciencia de ser vasco. Hay que decir que se acaba de salir de la era feudal y que la centralizacin espaola todava es vacilante: conserva algunos derechos que los vencidos tenan en la Edad Media, los Fueros, los cuales seguirn siendo durante mucho tiempo el bastin de la resistencia vasca, que defiende todo el pueblo.

Que ese pueblo no se contentaba con esta autonoma relativa, herva de impaciencia y no haba perdido la esperanza de recuperar la independencia lo demuestra la propuesta hecha en vano a Napolen por un diputado de Vizcaya en la poca en que el Emperador rehaca Europa: que creara un Estado vasco independiente en el interior del Imperio. Lo que sigui es conocido: como la Constitucin de 1812 suprimi prcticamente los Fueros, el movimiento nacionalista emprendi un intento ciego de restaurar el pasado: en contra de Isabel II, ms liberal aunque centralista a la francesa, las fuerzas populares defendieron al pretendiente absolutista Don Carlos, otro pasadista pero que a causa de su amor al pasado quera restituir a Navarra su autonoma feudal.

Dos guerras, dos derrotas: en 1879 Euskadi pierde sus ltimos privilegios y cae en un tradicionalismo beato que vuelve la espalda a la historia. Se despertar seis aos ms tarde cuando Sabino Arana (4) funde el Partido Nacionalista Vasco (PNV) que reunir sobre todo a burgueses e intelectuales: ya no se trata de militar por el absolutismo con la esperanza de reconquistar los Fueros sino que el PNV, polticamente progresista puesto que reclama la independencia y socialmente conservador, sigue siendo en parte pasadista, como lo demuestra una de sus consignas: Leyes viejas y soberana (5). La resistencia vasca afectaba tanto a los espaoles que ms de uno, como el anarquista Pi y Margall, propuso en aquel momento una solucin federalista para los problemas de la pennsula.

Ms adelante, durante la Repblica, se retom el proyecto y el gobierno central reconoci a las regiones el principio de autonoma a condicin de que el 70 % de las poblaciones concernidas lo aprobara en un referndum. La alta Navarra, esencialmente rural y por ello unida al carlismo (pronto los carlistas lucharan al lado de Franco) vot contra la autonoma; las otras tres provincias votaron a favor por una gran mayora. El gobierno republicano, ms centralista de lo que pareca, dio largas al asunto hasta 1936. Si entonces reconoce por fin la autonoma es bajo la presin de los acontecimientos y por razones esencialmente prcticas e incluso militares: se trataba de ganarse al Pas Vasco y de garantizar que resistira al golpe de Franco con la lucha armada.

El gobierno vasco se funda inmediatamente: tres socialistas, dos liberales, un comunista, lo que a la vez demuestra que la influencia del PNV se extiende a las capas sociales ms diversas y que ha flexibilizado un tanto su conservadurismo original. Hasta abril de 1937 las tropas vascas defienden ferozmente Guipuzcoa y Vizcaya. Lo que sigui es conocido: Franco enva refuerzos, hace reinar el terror y bombardea Guernica: 1500 muertos. En el mes de agosto acaba la Repblica de Euskadi. A la guerra sucede la represin: encarcelamientos, torturas, ejecuciones.

El presidente Aguirre, jefe del PNV, se refugia en Francia. Durante la Segunda Guerra Mundial juega las cartas diplomticas esperando que la cada de Franco siga a las de Hitler y Mussolini. Hoy se pueden cuantificar nuestra vergenza y su ingenuidad: el PNV haba desempeado su papel y desde 1945 no deja de declinar. Sin embargo, en 1947 desencadena una huelga general (sin duda con la intencin de poner a los Aliados contra la espada y la pared). Los Aliados no mueven un dedo y dejan a Franco acabar con la huelga gracias a una represin despiadada. Es el fin: el partido conserva un prestigio seguro en Euskadi porque es el partido histrico que sigue estando en el origen de la efmera Repblica vasca. Pero ya no tiene posibilidad de actuar: sus medios de accin ya no corresponden a la situacin. Los exiliados envejecen, Aguirre muere. No importa: enseguida veremos cmo ETA surgi en el momento oportuno para sustituir al viejo partido burgus. Este breve resumen basta para mostrar que Euskadi, etnia recientemente conquistada por Espaa, siempre ha rechazado ferozmente su integracin. Si se dejara votar a los vascos imagino con qu mayora aplastante decidiran la independencia.

Sin embargo, aceptaremos decir, como ETA, que Euskadi es una colonia de Espaa? Es una pregunta importante porque en las colonias es donde se confunden la lucha de clases y la lucha por la independencia nacional. Ahora bien, en el sistema colonialista los pases colonizados suministran a buen precio a una metrpoli industrializada materias primas y productos alimentarios debido a que la mano de obra recibe ah salarios bajos. Y hay que sealar que el Pas Vasco, sobre todo en las provincias de Guipuzcoa y Vizcaya, est en pleno desarrollo industrial desde principios de este siglo. En 1960 el consumo medio de energa por habitante al ao es de 2.088 kW en ambas provincias y de 650 kW para Espaa y Catalua. La produccin de acero por habitante al ao es 860 kilos en Vizcaya, 450 en Euskadi y 45 en Espaa-Catalua. En Guipuzcoa la poblacin activa se reparta de la siguiente manera: 9, 45 % sector primario, 56,80 % sector secundario y 33,75 % sector terciario; en Vizcaya era 8,6 %, 57,5% y 33,9 % respectivamente, mientras que en Espaa-Catalua el sector primario emplea a 43,50 % trabajadores, el sector secundario al 27,20 % y el terciario al 29,30 %.

El considerable aumento de estos dos ltimos sectores unido al hecho de que en estas provincias la poblacin rural est en constante disminucin demuestra el enorme esfuerzo del Pas Vasco para dotarse de una industria. Desde este punto de vista, Guipuzcoa y Vizcaya son las regiones piloto de la pennsula Ibrica. As, de haber una colonia estaramos ante la paradoja de que el pas colonizador es pobre y sobre todo agrcola mientras que el pas colonizado es rico y ofrece el perfil demogrfico de las sociedades altamente industrializadas.

Si se examina mejor, la paradoja solo es aparente: Euskadi puede ser prspera, pero solo cuenta con dos millones de habitantes. En 1515 haba muchos menos y en esta poca la poblacin era rural. La conquista se hizo porque ambos pases tenan una estructura homognea y uno de ellos estaba mucho ms poblado que el otro. Al otro lado del Bidasoa el conquistador francs saque, arruin y despobl sistemticamente la Baja Navarra: la colonizacin se ve ms fcilmente. Es evidente que el letargo de Espaa durante los treinta primeros aos del siglo permitieron a Euskadi sur asegurarse una floreciente economa de regin en torno a un polo econmico, Bilbao. Pero, a quin beneficia esta economa? La pregunta es esa. Se puede ofrecer algo parecido a una respuesta diciendo que lo normal no es que un pas conquistado no pague tributo a su conquistador. Pero es ms seguro consultar los datos oficiales. Estos nos ensean que Espaa se dedica a un verdadero saqueo fiscal del Pas Vasco. La fiscalidad aplasta a los trabajadores. En Guipuzcoa es la ms alta de toda la pennsula.

Adems de ello, el gobierno gasta en todas las provincias que considera espaolas ms de lo que recibe de impuestos: 150 % en Toledo, 151 % en Burgos, 164 % en vila, etc. Las dos provincias industrializadas del Pas Vasco pagan al gobierno extranjero que las explota 4.338.400.000 pesetas y en cambio el Estado espaol gasta en Euskadi 774 millones de pesetas. Por consiguiente, roba unas 3.500.000.000 pesetas para mantener el desierto castellano. Tambin hay que aadir que la mayor parte de los 774 millones entregados van a parar a los rganos de opresin (administracin espaola o espaolizada, ejrcito de ocupacin, polica, tribunales, etc.) o de desvasquizacin (la universidad donde solo se ensea la lengua y la cultura espaolas). Ahora bien, el problema de la industria vasca es ante todo la productividad: para producir a precios competitivos en el mercado mundial habra que importar mquinas modernas. El Estado espaol, parcialmente autrquico, se opone a ello y el crdito madrileo, por su parte, es discriminatorio y favorece a Castilla a expensas de Vizcaia. Para que Bilbao y Pasajes se adapten al trfico martimo y reciban barcos de gran tonelaje hay que volver a equiparlos: las obras seran considerables, al igual que las que exigen los puertos de pesca. No se ha hecho nada.

Del mismo modo, la red de ferrocarril instalada por los espaoles en otra poca es una gran desventaja: para ir en tren de Bilbao a Vitoria hay que hacer 137 kilmetros; por carretera, 66 kilmetros. Pero la administracin y el INI (Instituto Nacional de Industria), rgano del Estado opresor, albergan a unos burcratas ignorantes y puntillosos, que no comprenden en absoluto las necesidades de la regin (en parte porque la consideran una provincia espaola, al menos tericamente) e impiden las reformas indispensables. Espaa se reserva el absorber los productos no competitivos. Hace la poltica de la tarifa preferencial a la inversa: impidiendo que bajen determinados costes, se da el privilegio de consumir los productos vascos sin que los beneficios del productor sean ms elevados. La consecuencia es inevitable: el ingreso per capita es uno de los ms altos de la pennsula, lo que no quiere decir nada, y el ingreso de los asalariados (85 % de la poblacin activa) es muy inferior al de los madrileos, los burgaleses, los valencianos, etc. Adems, hay que sealar que entre 1955 y 1967 la tasa de aumento de los salarios fue del 6,3 % al ao para Espaa y del 4,15 % para Euskadi.

As, a pesar de la sobreindustrializacin de la regin, encontramos dos componentes esenciales de la colonizacin clsica: el saqueo (fiscal o de otro tipo) del pas colonizado y la sobreexplotacin de los trabajadores. A esto se aade un tercer componente que no es sino consecuencia de los otros dos: el ritmo de la emigracin y de la inmigracin. El gobierno espaol ha aprovechado las necesidades de la industrializacin para enviar a Euskadi a los parados de sus regiones desfavorecidas. Se les han prometido ventajas (por ejemplo, tienen prioridad para el alojamiento), pero al estar sobreexplotados como los vascos y sin tener una conciencia de clase desarrollada, constituyen una masa de maniobra para la patronal: en una poblacin de entre 1.800.000 y 2 millones de habitantes hay entre 300.000 y 351.000 inmigrantes. Inversamente, los vascos de las regiones pobres emigran, especialmente los navarros: en Madrid hay entre 150.000 y 200.000 vascos, de los cuales aproximadamente 100.000 son navarros. Esta importante sangra y la entrada de trabajadores espaoles en las regiones industriales se pueden considerar un inicio de desestructuracin colonial.

Esta poltica constante del franquismo implica, evidentemente, la complicidad de los grandes patronos de Vizcaya y Guipuzcoa. En efecto, estos eran centralistas y liberales desde las guerras carlistas, cuando apareci en Bilbao la alta burguesa. Hace varios aos que empez la emigracin a Madrid de las sedes sociales de las grandes empresas. La gran burguesa solo ve ventajas en frenar la modernizacin por medio de la incompetencia y la autarqua espaolas: el vasto mercado de Espaa absorbe los productos no competitivos a escala mundial y el patrn se asegura un fuerte porcentaje de beneficios sin estar obligado a hacer grandes inversiones. Ajenos a los verdaderos intereses de la nacin, estos colaboracionistas cuyo centralismo acabara por arruinar la economa vasca, se excluyen ellos mismos de la comunidad y desempean el papel (tambin clsico) de los denominados compradores.

En efecto, en ltima instancia y en el marco del sistema centralista les compensa un cierto malthusianismo. La conclusin es clara: a pesar de las apariencias, la situacin de un asalariado vasco es muy parecida a la de un trabajador colonizado: no est simplemente explotado (como un castellano, por ejemplo, que lleva a cabo la lucha de clases qumicamente pura) sino deliberadamente sobreexplotado ya que a igual trabajo su salario es inferior al de un obrero espaol. Hay sobreexplotacin de la regin por parte del gobierno central con la complicidad de los compradores que explotan a los trabajadores sobre la base de esta sobreexplotacin consentida.

La sobreexplotacin no beneficia a los capitalistas vascos, simples explotadores sobrecargados de impuestos y protegidos por un ejrcito extranjero. Solo beneficia a Espaa, es decir, a una sociedad fascistizada y apoyada por el imperialismo estadounidense. Sin embargo, las clases trabajadoras no siempre tienen conciencia de la sobreexplotacin y todava ayer muchos asalariados soaban con unirse a las reivindicaciones y las acciones de los obreros madrileos o de Burgos, lo que les habra llevado a un centralismo negativo. Haba que hacerles entender que en el caso de Euskadi la cuestin econmica y social se plantea en trminos nacionales: cuando la regin ya no pague el tributo fiscal al ocupante, cuando sus verdaderos problemas se formulen y se solucionen en Bilbao y Pamplona en vez de en Madrid, podr transformar libremente sus estructuras econmicas.

Y es que, hay que repetirlo, los espaoles sobreexplotan a los vascos porque son vascos. Sin reconocerlo nunca oficialmente, estn convencidos de que los vascos son diferentes, tnica y culturalmente. Acaso se cree que los espaoles se han olvidado de las guerras carlistas, la Repblica de 1936, las huelgas de 1947? Si no lo recordaran, pondran tanto empeo en destruir la lengua vasca? Est claro que aqu se trata de una prctica colonial: durante cien aos los franceses se esforzaron en destruir la lengua rabe en Argelia. Si no lo consiguieron, al menos transformaron el rabe literario en una lengua muerta que ya no se ensea. Lo mismo hicieron, con xito diferente, con el euskera en la Baja Navarra y el bretn en Bretaa.

As, a ambos lados de la frontera se intenta hacer creer a toda una etnia que su lengua no es ms que un dialecto agonizante. En Euskadi sur se prohbe prcticamente su uso. Se prohbe establecer ikastolas, se ha procedido a eliminar las publicaciones en euskera, las escuelas y la universidad ensean la lengua y la cultura del opresor, la radio, el cine, la televisin, los peridicos explican en espaol los problemas de Espaa y hacen propaganda del gobierno de Madrid, el personal de la administracin es espaol o est espaolizado: se le contrata por medio de oposiciones que organizan en espaol funcionarios madrileos.

Por ese motivo (es decir, porque el extranjero lo ha querido as), en Bilbao se dice amargamente: La lengua y la cultura vascas no sirven para nada. Y la prensa inspirada repite de buen grado las desafortunadas palabras de Unamuno: La lengua vasca va a morir muy pronto. No es suficiente: en las escuelas se castiga a los nios que hablan vasco. En los pueblos se tolera que los campesinos se expresen en euskera, pero que no se les ocurra hacerlo en la ciudad: a uno de los acusados de [el juicio de] Burgos se le autoriz recibir la visita de su padre en la crcel. Le quitaron el permiso cuando se dieron cuenta de que este solo hablaba euskera, sin duda no por provocacin, sino porque era la nica lengua que conoca.

La supresin de la lengua vasca por la fuerza es un verdadero genocidio cultural: es una de las lenguas ms antiguas de Europa. Surgi en un momento en que la economa de todo el continente era rural y si despus no se adapt fcilmente a la evolucin de la sociedad es porque el conquistador espaol prohibi su uso. Para que se convierta en una lengua del siglo XX (lo que ya es en parte) basta con que se hable. El hebreo en Israel o el bretn en Quimper tuvieron las mismas dificultades y las resolvieron: los propios israeles que pueden discutir entre ellos de informtica o de la fisin del tomo leen los Manuscritos del Mar Muerto como nosotros leemos a Racine o Corneille y Morvan Lebesque seala que el bretn tiene palabras formadas ms regularmente para designar las realidades modernas que el francs, lengua nacional. Los recursos de una lengua antigua que ha permanecido joven porque le han impedido desarrollarse son considerables. Si el vasco volviera a ser el idioma nacional de Euskadi aportara gracias a sus estructuras propias todas las riquezas del pasado, una manera de pensar y de sentir especfica, y se abrira ampliamente al presente y al futuro. Pero lo que el espaol quiere hacer desaparecer con el euskera es la personalidad vasca.

En efecto, para un habitante de Vizcaya hacerse vasco es hablar euskera: no solo porque recupera un pasado que solo le pertenece a l sino sobre todo porque se dirige, incluso en soledad, a la comunidad de quienes hablan vasco. En Burgos las declaraciones finales de los acusados se hicieron en euskera; al recusar al tribunal espaol que pretenda juzgarlos y ni siquiera los entenda, convocaban a todo su pueblo en la sala. Inmediatamente se hizo visible en ella. El acta oficial indica al respecto que los acusados dijeron unas palabras ininteligibles en una lengua que pareca ser vasco. Maravilloso eufemismo: los jueces no entendan ni palabra, pero saban pertinentemente de qu se trataba. Para evitar parecer darse cuenta de que la nacin de Vasconia haba invadido la sala de audiencias, redujeron el vasco a no ser sino una lengua probable, tan perfectamente obscura que nunca se sabe si el interlocutor la habla verdaderamente o si pronuncia unas palabras carentes de sentido.

Por consiguiente, este es el centro de la cultura de Euskadi y la mayor preocupacin de los opresores: si lograran destruir esta lengua, el vasco sera el hombre abstracto que ellos quieren y hablara espaol, que no es ni ha sido nunca su lengua. Pero como no dejara de estar sobreexplotado por eso, bastara con que tomara conciencia de la colonizacin para que el euskera resucitara. Naturalmente, lo contrario tambin es cierto: para un colonizado hablar su lengua es ya un acto revolucionario.

Los vascos conscientes de hoy van ms lejos todava cuando se trata de definir la cultura que se les da y la que se quieren dar. La cultura, dicen, es la creacin del hombre por el hombre. Pero en seguida aaden que no habr cultura universal mientras no se haya destruido la opresin universal. Hoy la cultura oficial en Euskadi es universalista en que quiere hacer del vasco un hombre universal, desprovisto de toda idiosincrasia nacional, un ciudadano abstracto parecido en todo a un espaol salvo en que este ltimo est sobreexplotado y no lo sabe. En este sentido, no tiene otra universalidad que la de la opresin. Pero por oprimidos que estn, los hombres no se convierten por ello en cosas, al contrario, se hacen la negacin de las contradicciones que se les imponen. No por voluntad en primer lugar, sino porque son superacin y proyecto. Lo mismo ocurre con los vascos, que no pueden dejar de ser en primer lugar la negacin del hombre espaol que se ha puesto en cada uno de ellos. Negacin no abstracta sino minuciosa, en nombre de todo lo que encuentran de singular en ellos mismos y en su entorno.

En este sentido la cultura vasca debe ser hoy en primer lugar una contracultura: se har por medio de la destruccin de la cultura espaola, el rechazo del humanismo universalista de los poderes centrales, el esfuerzo considerable y constante para reapropiarse de la realidad vasca que est a la vista (es tanto el paisaje, la ecologa, los rasgos tnicos como la literatura en euskera) y, a la vez, est disfrazada por el opresor de folclore inocente y caduco para los turistas extranjeros. Por ello aaden esta tercera frmula: la cultura vasca es la praxis que se desprende de la opresin del hombre por el hombre en el Pas Vasco. Esta praxis no es inmediatamente consciente de s misma y querida: es un trabajo cotidiano, provocado directamente por la absorcin de la racin de cultura oficial para reencontrar lo concreto, es decir, no el hombre en general sino el hombre vasco. Y a la inversa, este trabajo debe desembocar en una praxis poltica porque el hombre vasco solo puede afirmarse en su plenitud en su pas que sea soberano otra vez.

As, por medio de una dialctica inexorable la conquista, la centralizacin y la sobreesplotacin han tenido como resultado mantener y exasperar en Euskadi la reivindicacin de la independencia por medio de los mismos esfuerzos que Espaa ha hecho para suprimirla.

Ahora podemos tratar de determinar las exigencias precisas de esta situacin concreta, es decir, la naturaleza de la lucha que la situacin reclama hoy del pueblo vasco. En efecto, existen dos tipos de respuestas a la opresin espaola, ambas inadecuadas. Para darles cuerpo diremos que una es la del PC de Euskadi y la otra la del PNV.

El PC considera Euskadi una simple denominacin geogrfica. Recibe las rdenes de Madrid, del PCE, sin tener en cuenta las realidades locales, de modo que sigue siendo centralista (entendemos socialmente progresista y polticamente conservador: trata de arrastrar a los trabajadores vascos a la lucha de clases qumicamente pura). Esto es olvidar que se trata de un pas colonizado, es decir, sobreexplotado. A pesar de algunas declaraciones oportunistas a favor de ETA durante el proceso de Burgos, el PC no comprende que las acciones que propone tienen unos objetivos inadecuados y por ello sin trascendencia.

Si los vascos se ponen a luchar contra la explotacin pura y simple, abandonan sus propios problemas para ayudar a los trabajadores espaoles a derrocar a la burguesa franquista. Esto es desvasquizarse a s mismo y limitarse a reclamar una sociedad socialista para el hombre universal y abstracto, producto del capitalismo centralizador. Y cuando este hombre est en el poder en Madrid, cuando posea sus instrumentos de trabajo, los vascos pueden contar con su reconocimiento para que se les conceda la autonoma? Nada es menos seguro: hemos visto que la Repblica se haba hecho de rogar y los pases socialistas hoy son de buen grado colonizadores. Los vascos solo pueden luchar solos contra la sobreexplotacin y la desvasquizacin que es consecuencia de ella.

Eso no quiere decir que no hagan alianzas tcticas con otros movimientos revolucionarios cuando se trate de debilitar la dictadura de Franco. Pero estratgicamente les es imposible aceptar una direccin comn: su lucha se har en soledad porque la llevan a cabo contra Espaa (y no contra el pueblo espaol) debido a que una nacin colonizada solo puede acabar con la sobreexplotacin alzndose soberana contra el colonizador.

Al la inversa, el PNV se equivoca al considerar la independencia un fin en s mismo. Formemos primero una Repblica vasca, dicen, y a continuacin veremos si hay que hacer modificaciones a nuestra sociedad. Pero si se diera el caso improbable de que lograra constituir un Estado vasco de tipo burgus, es cierto que acabara la sobreexplotacin espaola, pero no hara falta mucho tiempo para que este Estado cayera bajo el dominio del capitalismo estadounidense. Mientras la sociedad conserve una estructura capitalista, se puede pensar que los compradores se venderan al mejor postor: los capitales extranjeros inundaran el pas, Estados Unidos gobernara por medio de la burguesa local, el neocolonialismo sucedera a la colonizacin y no por estar oculta la sobreexplotacin subsistira menos. Solo una sociedad socialista puede, no sin grandes riesgos, establecer unas relaciones econmicas con las naciones capitalistas y socialistas debido a que controla rigurosamente su economa.

La insuficiencia de estas dos respuestas (la del PC y la del PNV) demuestra que en el caso de Euskadi la independencia y el socialismo son las dos caras de una misma moneda. As, la lucha por la independencia y la lucha por el socialismo solo deben ser una. Si es as, es evidente que a la clase obrera (que, como hemos visto, es con mucho la ms numerosa) le corresponde tomar la direccin del combate. Al adquirir conciencia de la sobreexplotacin y, por consiguiente, de su nacionalidad el trabajador manual comprende al mismo tiempo su vocacin socialista. Diramos que ya lo ha conseguido? Es un problema completamente diferente del que hablaremos ms adelante. Por otra parte, la situacin de un pas colonizado hace que amplios sectores de las clases medias rechacen la despersonalizacin cultural sin darse siempre cuenta de las consecuencias sociales que implica este rechazo.

En principio, son los aliados del proletariado. En una colonia un movimiento revolucionario y consciente de su tarea no debe inspirarse en el principio clase contra clase que solo tiene sentido en una metrpoli, sino, por el contrario, aceptar el principio de la pequea burguesa y de los intelectuales a condicin de que los revolucionarios surgidos de las clases medias se siten bajo la autoridad de la clase obrera. Vemos el trabajo que hay que hacer para empezar consiste en una aclaracin progresiva y doble: el proletariado debe tomar conciencia de su condicin de colonizado y las dems clases, ms fcilmente nacionalistas, deben comprender que para una nacin colonizada el socialismo es el nico acceso posible a la soberana.

A estas razones, que han hecho evolucionar en ciento cincuenta aos el partido de la independencia y al cambiar su reclutamiento han transformado su reclamacin pasadista de recuperar los Fueros dentro de un Estado absolutista en la exigencia abierta hacia el futuro de construir una sociedad soberana y socialista, hay que aadir otra, propia de la pennsula Ibrica, que da un carcter particular a la lucha de los vascos. En efecto, como en Italia o Alemania la unificacin centralizadora solo culmin en el siglo XX y debido a ello adopt la forma de una dictadura fascista, es decir, de una respuesta por medio de la violencia desnuda y loca a los separatistas. En dos de estos tres pases el fascismo ya no est en el poder, en cambio Franco sigue siendo el Caudillo de Espaa. Es lo que afirmaba un vasco que dijo delante de m: Tenemos la horrible suerte del franquismo.

Sin duda horrible, se dir, pero, por qu suerte? Porque si el rgimen espaol fuera una democracia burguesa la situacin sera ms ambigua: el poder contemporizara y de falsas promesas en tergiversaciones dejara las reformas para el da del juicio final. Indudablemente esto bastara para crear entre los vascos una importante faccin reformista que sera aliada del gobierno opresor y solo esperara de l un estatuto federalista y otorgado. Desde 1937 la ciega brutalidad del franquismo ha denunciado la estupidez de la ilusin reformista. La represin sangrante es la nica respuesta hoy a cada reivindicacin expresada. Cmo sorprenderse, puesto que el rgimen est hecho para eso? Pero hay que aadir que este rgimen es la verdad de la Espaa colonizadora.

Sea cual sea la forma del gobierno, es sabido que la Espaa centralizada rechaza profundamente el separatismo vasco y que en ltima instancia est dispuesta a ahogar en sangre cualquier revuelta en Euskadi. En la medida en que los propios espaoles estn fabricados por el idealismo centralizador son hombres abstractos y creen que lo mismo ocurre con todos los habitantes de la pennsula, aparte de unos cuantos agitadores,. Lo creen de buena fe? Sin duda no: saben que Euskadi existe, pero se lo quieren ocultar, es decir, que les da rabia cuando los vascos se afirman y los espaoles llegan a odiarlos en tanto que vascos, es decir, en tanto que hombres concretos. Ms profundamente, los hombres en el poder no ignoran que el final del rgimen colonial en Euskadi provocara inmediatamente el aumento de la miseria en Castilla y Andaluca, de modo que en ltima instancia incluso una Repblica llegara a aquello por lo que empez en franquismo.

La suerte que supone para los vascos el gobierno de Franco es que muestra sin rodeos la verdadera naturaleza del colonialismo. Este no se discute: oprime o mata. Puesto que la violencia represiva es inevitable, los colonizados no tienen ms salida que oponer la violencia a la violencia. Como la tentacin reformista es impensable, el pueblo vasco solo puede radicalizarse: ahora sabe que la independencia solo se obtendr por medio de la lucha armada. El juicio de Burgos es claro sobre este punto. Los acusados saban a lo que se arriesgaban al hacer frente a los espaoles: crcel, torturas, la pena capital. Lo saban y luchaban no con la esperanza de echar enseguida a los opresores, sino para contribuir a la constitucin de un ejrcito clandestino. Si el PNV est en su crepsculo es por no haber comprendido que frente a las tropas fascistas los vascos no tiene ms salida que la guerra popular. Independencia o muerte: estas palabras que ayer se decan en Cuba y en Argelia, hoy se repiten en Euskadi. La lucha armada por un Euskadi independiente y socialista, esta es la exigencia completa de la situacin actual. Es esto o la sumisin, que es imposible.

De 1947 a 1959 esta exigencia permanece vaca y desnuda. En apariencia nada viene a cumplirla; en realidad, va trabajando a la poblacin vasca, sobre todo a los jvenes, y desde 1959 empieza todo. EKIN, fundado ese ao, es un grupo de intelectuales, todava poco consciente del verdadero problema vasco en su trgica simplicidad, pero que comprende la necesidad de recurrir a una accin nueva y radical. Pronto se ve forzado a entrar en el PNV, que todava es poderoso aunque est paralizado, pero se distingue dentro de este partido por sus posiciones extremistas hasta el punto de que poco despus, cuando un de los suyos es expulsado por comunismo, el grupo entero se solidariza con l y abandona el PNV convencido ahora por experiencia de que la lucha emprendida por el viejo partido, que haba sido recompensada en 1936, haba cado a la categora de puro verbalismo desde el final de la guerra y la traicin de las democracias burguesas.

En 1959 este grupo es el ncleo de un nuevo partido, la actual ETA. Al principio, antes incluso de haber adoptado una postura terica, ETA toma nota de las dos tendencias que dividen al pas: la reivindicacin nacionalista y la revuelta obrera. Desde 1960 comprende en la prctica cotidiana que ambas luchasse deben asociar, aclarar la una a la otra y ser llevadas a cabo conjuntamente por las mismas organizaciones. Esto es descifrar de forma lenta pero segura y prctica las exigencias de la situacin presente. Maneja bien las cosas, como lo demuestra las crisis violentas que atraviesa en la dcada de 1960: su derecha humanizada le abandona y una izquierda universalista es excluida tras haberle conminado a abandonar la lucha anticolonialista para llevar a cabo la lucha de clases qumicamente pura junto con los obreros espaoles.

Estas escisiones definen su lnea mejor que cien escritos tericos. Tras estas purgas, desde 1968 ETA se propone, a pesar de todo, definirse tericamente. A este nivel, sus principios ya estn establecidos, se constituyeron en la lucha interna del grupo contra su derecha y una cierta izquierda centralista y, adems, no son sino las exigencias objetivas de la situacin descubiertas progresivamente. ETA organiza entonces cuatro frentes de combate: frente obrero, frente cultural, frente poltico y frente militar, que funcionan al mismo tiempo y bajo una direccin comn aunque permanecen diferenciados. En 1969 en el frente obrero la lucha consiste en un acercamiento a los trabajadores manuales, a menudo reticentes, y en la organizacin de un ncleo de vanguardia en el seno de la clase obrera.

En el frente cultural ETA lleva a cabo el ataque contra el eslabn ms frgil, que es el universalismo deshumanizante del gobierno de opresin: desde ese momento crea las ikastolas, escuelas maternales y primarias en las que la enseanza se hace exclusivamente en la lengua vasca y a las que asistan 15.000 nios en 1968-1969; lanz una campaa de alfabetizacin de adultos, cre unos comits de estudiantes que reivindican activamente (manifestaciones, huelgas, ocupaciones) la creacin de una universidad vasca, lanz al pas a artistas vascos (escritores, cantantes, pintores y escultores) que van hasta los pueblos para hacer exposiciones y ofrecer representaciones (canciones populares, teatro de calle, bien conocido en nuestro pas como teatro directo), desde 1966 organiz unas escuelas sociales en las que se ensea el marxismo-leninismo a los trabajadores.

En el frente poltico, que est en estrecha relacin con el frente militar, ETA politiza a todo el pueblo vasco mostrndole el escndalo de la represin. Eso es lo que explica el sentido actual de la lucha armada que todava no tienen por objetivo echar al opresor, sino movilizar a los vascos para constituir progresivamente un ejrcito clandestino de liberacin. La tctica actual se puede definir como una espiral cuyos diferentes momentos son accin, represin, accin: cada accin provoca una represin ms salvaje que muestra a cara descubierta el fascismo centralizador y que al abrir los ojos a unas capas cada vez ms amplias de la poblacin permite emprender una accin cada vez ms importante. No se puede dar un ejemplo mejor de esta forma de lucha que el encadenamiento dialctico de los acontecimientos que culmina provisionalmente en el juicio de Burgos.

De un extremo al otro del juicio ETA ha impuesto su juego y sale ganadora de la prueba, lo que demuestra el valor de su tctica. Sin embargo, al principio esta tctica no estaba presente: despus de las masacres de 1936 y de la represin de 1937 la asfixiante paz franquista cae sobre el Pas Vasco y lo aplasta. Hemos visto que el PNV organiz una accin contra esta opresin represiva: la huelga de 1947. Esta accin sin verdadera trascendencia provoca una represin terrible que tiene como resultado descalificar al PNV. Pero es precisamente a partir de este fracaso cuando la nueva generacin toma el relevo y comprende la necesidad de pasar a la lucha armada. Desde 1961 ETA marca su existencia por medio de una primera accin de tipo militar: unas bombas rudimentarias explotan por todas partes y se intenta de sabotear un convoy ferroviario. Esta ltima accin fracasa debido a la falta de experiencia pero provoca una represin brutal: se detiene a ciento treinta militantes. Se establece as el ciclo infernal (accin, represin, accin). Sin embargo, durante algunos aos se crea problemas a las fuerzas de orden pblico: ETA es escurridiza y los atentados con bomba continan en todo el territorio.

Solo en la primavera de 1968 el Jefe Superior de la Polica puede publicar un comunicado en la prensa de Bilbao: Se ha declarado la guerra caliente contra ETA. De hecho, comienza la caza al hombre, lo que no impide que unos das despus estalle una bomba en la carretera e impida el paso a los ciclista de la Vuelta a Espaa (que pasen por otro sitio, no tienen nada que hacer en nuestra tierra). En el mes de junio un guardia civil aparece muerto en la calzada. Unas horas despus otros guardias civiles disparan sin motivo contra un sospechoso en un control y lo matan. Era Jabier Etxebarrieta, uno de los dirigentes de ETA. La represin se extiende inmediatamente de la organizacin clandestina a la poblacin: la administracin prohbe en todas partes celebrar misas en memoria de Etxebarrieta, con lo que logra indignar a los curas de pueblo e indisponer a la gente del campo. A partir de ese momento la represin generalizada pide una respuesta que pueda exaltar al pueblo desde sus cimientos: tres meses despus el polica [Melitn] Manzanos, figura siniestra y bien conocida por los vascos, que llevaba treinta aos torturando en Euskadi, ser ejecutado a la puerta de su casa.

Como era de prever, esta accin provoca una represin abyecta y salvaje. Sobre todo opone francamente al pueblo vasco en su conjunto y al gobierno de la opresin. Este no puede aceptar que se liquide a sus representantes: est obligado a encontrar a los culpables, a hacer un juicio y a exigir varias condenas a muerte, pero como la vctima era un verdugo, la mayor parte del pas no puede desaprobar esta ejecucin, que no es sino un castigo. El poder cae en una contradiccin de la que no saldr: desde su punto de vista, que no puede cambiar, hay que intimidar por medio de sanciones. Pero la publicidad del juicio demuestra a todo el mundo que se trata de una parodia de justicia. Se ha elegido a los acusados al azar entre los presos o entre aquellos que se cree son dirigentes, para decapitar a ETA. En estas condiciones, la instruccin solo poda ser una farsa: como veremos, no habr ninguna prueba contra Izko que, sin embargo, ser condenado a muerte.

El tribunal es militar aunque varios de los acusados ya haban sido condenados por un tribunal civil debido a los mismos hechos o similares. Los jueces son unos oficiales que ignoran todo de la ley, excepto uno que debe tener conocimientos jurdicos para aconsejar a estos soldados; los abogados, a los que el presidente del tribunal amenaza constantemente con la crcel, difcilmente se pueden hacer or. Los acusados, encadenados unos a otros, tranquilos y despectivos, han librado una batalla constante no para defenderse de las acusaciones de sus opresores, sino para revelar delante de los periodistas las torturas que haban padecido, a lo que el presidente, cuando no haba podido hacerles callar, responda inevitablemente con un no interesa. Para los representantes de la prensa qued claro que estos militares no se haban reunido para juzgar sino para matar, aunque cumpliendo con un ceremonial absurdo y que conocan mal.

Para acabar, los acusados pusieron al descubierto la violencia represiva de Espaa prohibiendo a sus abogados defenderles. Haban ganado: su admirable valor y la obtusa estupidez de sus jueces haban convertido finalmente su juicio en una cuestin nacional para todos los vascos. Cuando los trabajadores se pusieron en huelga en las grandes empresas de Bilbao, ETA comprendi que haba llegado a amplios sectores de la clase obrera. Adems, la indignacin fue tan grande en el mundo entero que por primera vez se plante la cuestin vasca ante la opinin internacional: Euskadi se ha hecho conocer en todas partes como un pueblo mrtir en lucha por su independencia nacional. ltima accin nacida de la represin: la clera general hizo recular al gobierno espaol y se conmutaron las penas de muerte. Por medio del xito inesperado aunque necesario de su tctica ETA se ha afirmado en su pas el sector ms activo de la clase obrera. Ha adquirido un prestigio considerable en toda la nacin movilizada, el mismo que tena el PNV veinticinco aos antes. Sus militantes saben bien que la lucha ser larga, que sern necesarios, dicen, veinte o treinta aos para constituir el ejrcito popular. No importa, en Burgos en diciembre de 1970 y enero de 1971 se dio el pistoletazo de salida.

Este es el punto en el que estamos: un pueblo heroico, dirigido por un partido revolucionario, nos ha hecho entrever a nosotros, franceses (que aunque no queramos siempre somos un poco los herederos de los jacobinos) otro socialismo, descentralizador y concreto: esa es la universalidad singular de los vascos, que ETA opone justamente al centralismo abstracto de los opresores. Puede este socialismo valer para todos? No es ms que una solucin provisional para los pases colonizados? En otras palabras, se puede plantear que se trata del fin ltimo o de una etapa hacia el momento en que una vez terminada la explotacin universal, los hombres disfrutarn todos, al mismo ttulo, de la verdadera universalidad por medio de una superacin comn de toda singularidad? Este es el problema de los colonos. Se puede estar seguro de que cuando los colonizados luchan por su independencia no tienen ninguna preocupacin. Lo que es indudable para los militantes vascos es que el derecho de los pueblos a la autodeterminacin, afirmado en su exigencia ms radical, implica en todas partes la revisin de las fronteras actuales, restos de la expansin burguesa que no se corresponde en ninguna parte con las necesidades populares, algo que solo se puede conseguir por medio de una revolucin cultural que cree al hombre socialista sobre la base de su tierra, de su lengua e incluso de sus costumbres renovadas.

Solamente a partir de ah el hombre dejar poco a poco de ser el producto de su producto para convertirse al fin en el hijo del hombre. Mencionaremos estas concepciones marxistas? En este sentido se observan algunas dudas entre los dirigentes de ETA puesto que algunos se consideran neomarxistas y otros (al parecer la mayora) marxitas-leninistas. Lo que decidir es la experiencia cotidiana de la lucha. Guevara me deca un da: Nosotros marxistas? No lo s. Y aada con una sonrisa: No es nuestra la culpa si la realidad es marxista. Lo que ETA nos revela es la necesidad que tienen todos los hombres, aunque sean centralizadores, de reafirmar sus particularidades frente al universalismo abstracto: escuchar la voz de los vascos, de los bretones y los occitanos, y luchar a su lado para que puedan afirmar su singularidad concreta es, como consecuencia directa, luchar tambin nosotros, franceses, por la verdadera independencia de Francia, que es la primera vctima de su centralismo. Y es que hay un pueblo vasco y un pueblo bretn, pero el jacobinismo y la industrializacin han liquidado a nuestro pueblo: hoy ya solo hay masas francesas.


Notas de la traductora:

(1) Este prlogo se escribi en 1971 y el libro se public en Francia ese ao con el nombre de Le Procs de Burgos, publicado por la editorial Gallimard. Su autora, Gisle Halimi, es una abogada, feminista y poltica nacida en Tnez en 1927. Ejerci como abogada defensora de varios militantes del Frente de Liberacin Nacional de Argelia, adems de ser presidenta de la comisin de investigacin del Tribunal Russell sobre los crmenes de guerra estadounidenses en Vietnam y observadora en varios juicios, entre otros el de Burgos enviada por la Federacin Internacional de Derechos Humanos. El libro est traducido al castellano de Mercedes Rivera: Gisle Halimi, El proceso de Burgos, prefacio de Jean-Paul Sartre; Caracas (Venezuela), Monte vila, 1972. Respecto a este prlogo de Sartre, es muy recomendable la lectura del artculo de Josemari Lorenzo Espinosa, Lo que los franceses deben saber de los vascos,   https://borrokagaraia.wordpress.com/2016/07/20/lo-que-los-franceses-deben-saber-de-los-vascos/

(2) Morvan Lebesque (1911-1970) fue un nacionalista bretn y periodista. Por su parte, Bertrand du Guesclin (1320-1380), fue un noble bretn y militar al servicio de la corona francesa que tuvo un papel fundamental en la llamada Guerra de los cien aos. Fue condestable de Francia.

(3) La Bauce es una regin natural francesa, situada al sudoeste de Pars.

(4) Sabin Mana en el original el francs.

(5) La consigna es Jaungoikoa eta lagizarrak, Dios y leyes antiguas.

Fuente: https://liberationirlande.wordpress.com/euskal-herria/jean-paul-sartre-preface-au-proces-de-burgos/


Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelin como fuente de la traduccin.



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