Portada :: Colombia :: Dilogos de paz 2012-2015
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-09-2016

Habemus pacem?
Los desafos en el trnsito de La Habana a Colombia

Jos Antonio Gutirrez D.
Rebelin


Tras cuatro aos de negociaciones, se firm en la Habana, Cuba, el acuerdo de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP, mientras el proceso con el ELN sigue empantanado y el proceso con el EPL ni siquiera est en la agenda poltica. Los pronsticos que teman la posibilidad de un quiebre en las negociaciones han quedado ya sin base, cerrndose as un ciclo de lucha que, necesariamente, deber abrir nuevos escenarios y posibilidades. La decisin de este movimiento insurgente de abandonar las armas no pareciera tener reversa y pase lo que pase, seguirn en el camino de lo que se ha llamado su reincorporacin a la vida civil. Aun cuando este acuerdo no genera cambios estructurales, sin lugar a dudas representa un avance significativo para la poblacin rural que, aunque invisibilizada, es un nada despreciable 34% de la poblacin del pas- y una oportunidad para que el movimiento popular pueda, potencialmente, articularse en funcin de las grandes tareas transformadoras que quedan por delante. Nada est escrito en las estrellas: todo depender de la lucidez y la capacidad organizativa y movilizadora del movimiento popular.

Falta su ratificacin por el Congreso y la firma final en Colombia, que sera a finales de Septiembre. No se esperan grandes sorpresas en la dcima conferencia de las FARC-EP, que debera ratificar el acuerdo el 19 de Septiembre. El plebiscito mediante el cual los acuerdos se someteran a refrendacin por parte del soberano, quedara acordado para el da 2 de Octubre. En este plebiscito deben obtenerse 4,5 millones de votos para el si para que los acuerdos sean ratificados por eso es tan importante el motivar a la poblacin y cerrar las puertas al retorno a la guerra total entre el Estado y las FARC-EP [1]. Pese a la pobreza argumentativa de la caverna que hace campaa por el no, sera insensato despreciar el arrastre que esta opcin tiene en muchos sectores urbanos, an bajo el embrujo autoritario del uribismo[2]. Aun as, el mayor desafo ser alcanzar las metas requeridas para la aprobacin de este referndum.

Histrico, pero

Si bien la firma de este acuerdo se trata de un hecho histrico, no deja de sorprender el escaso entusiasmo que se ha respirado no solamente con el anuncio de la firma final, sino durante todo el proceso . Aunque no falten razones para celebrar, hay poco nimo de celebracin. No ha habido el ambiente de fiesta generalizado que ha acompaado a otros procesos de paz, como el de Irlanda del Norte o El Salvador, por nombrar algunos; ni siquiera se ha acercado a la efervescencia democratizante que se respiraba en 1990 para el proceso de paz con el M-19, el EPL, el MAQL y el PRT. Es doloroso constatar que, al menos en los centros urbanos, ha habido ms entusiasmo en las marchas contra las FARC-EP que ahora que firma la paz con ellas, lo cual en gran medida demuestra que la guerra meditica del establecimiento en contra de los rebeldes ha tenido un impacto txico y los ha aislado considerablemente de un gran segmento de la poblacin que todava cree que los insurgentes son responsables de todos los males de Colombia.

De cara al plebiscito, la actitud predominante de quienes llaman a votar s pareciera ser un tibio la guerra es peor, o un cido habr que tragarse algunos sapos. Otras voces que estn llamando a votar s lo hacen, no tanto por un respaldo al contenido de los acuerdos, sino que explcitamente para votar la desaparicin y desarme de las FARC-EP.[3] Una estocada final que, en ojos de estos sectores, sera como el corolario de la movilizacin de Febrero del 2008 en contra de las FARC-EP estimulada por el gobierno de lvaro Uribe. Pocos son los sectores predeciblemente la izquierda- que estn llamando a votar en claro apoyo a los contenidos del acuerdo, aunque muchos perciben que un triunfo del no sera una verdadera catstrofe. Es una realidad que no nos gusta, pero que debemos entender para poder cambiarla.

La difcil conexin

Varios factores parecieran explicar este fenmeno. Primero que nada, es un proceso de paz que la mayora de la poblacin colombiana lo percibe como algo que est ocurriendo en un pas distante, para resolver un conflicto igualmente distante, que se experimenta en veredas de un mundo rural ignoto para esas mayoras urbanas. A lo que hay que sumar que durante todo el proceso los medios hicieron un flaco favor al proceso con ataques permanentes a los insurgentes. Tampoco el magro trabajo de la llamada pedagoga de paz ha ayudado: los esfuerzos del gobierno por socializar los contenidos de lo acordado en La Habana, o por estimular debate en torno a ellos, han sido asaz pobres, cuando no inexistentes. A su vez, los intentos de la insurgencia por meterle pueblo al proceso de paz no han podido o no han sabido llegar ms all de sus reas tradicionales de influencia o de los sectores polticos que desde siempre han pedido una solucin poltica al conflicto.

Qu significa este proceso de paz para una travesti en los barrios marginales de Bogot? Qu significa la paz para una mujer indgena emigrante en una capital departamental? Qu significa para los trabajadores y trabajadores tercerizados y precarizados? Qu significa para esas muchedumbres que sobreviven en el subempleo? Para los que chupan bxer porque no pueden llevar un pan a la boca? El tener que recordar al pueblo que la paz s es contigo, como reza la campaa plebiscitaria de la izquierda, sencillamente deja en evidencia que ese vnculo de la paz con el ciudadano del comn no es evidente, que el proceso de paz es visto como algo ajeno por ste.

Ni fatalismo, ni triunfalismo: Acuerdo posible con la actual correlacin de fuerzas

Se saba que no se lograra el socialismo con las negociaciones. Se han buscado algunas reformas bsicas que ayuden a superar las causas estructurales que originaron el conflicto: pero lo acordado no es la paz con justicia social que buscaron los sectores populares comprometidos con la negociacin del conflicto. Ni hay paz porque sigue el conflicto con el ELN y el EPL, as como con posibles disidencias, porque sigue el paramilitarismo en todo el pas, porque sigue la estructura represiva que criminaliza la disidencia poltica y la protesta social, porque sigue la violencia estructural que asesina de hambre y enfermedades prevenibles-, ni hay justicia social. Pero eso tampoco significa que el acuerdo no sea un paso significativo o que no haya espacio para un optimismo moderado utilizando la jerga en boga durante el proceso. Ac no debe haber espacio desde la izquierda ni para vociferar traicin a los cuatro vientos, pero tampoco para asumir un triunfalismo alucinado. El acuerdo es lo que es: todo lo que las FARC-EP pudo firmar con la correlacin de fuerzas existente , claramente favorable al bloque en el poder.

El juicio histrico puede ser muy duro con las partes[4]: una ojeada a lo acordado, automticamente nos lleva a preguntarnos si en realidad deba correr tanta sangre para lograr unos acuerdos que, en lo grueso, suponen que el gobierno cumpla con mandatos constitucionales que ya tiene de antemano, sumado a la ampliacin del sistema poltico existente que no su transformacin[5]. Hay, desde luego, algunos logros importantes sobre todo en lo relativo a la modernizacin del campo, pero el programa agrario de los guerrilleros de Marquetalia, conjunto de propuestas mnimas que inspir la sublevacin fariana durante dcadas, queda como una aspiracin: el problema de la concentracin de tierra sigue ah, candente. Ahora complicado an ms con el impulso que recibir la agroindustria a travs de las llamadas Zonas de Inters de Desarrollo Rural, Econmico y Social (Zidres). Quizs un acuerdo con mayor potencial transformador poda haber tenido un proceso de estas caractersticas y podra haber suscitado un mayor entusiasmo popular. Quizs.

La paz de Santos?

El gobierno prometi que no se tocara el modelo y le cumpli a la oligarqua. El juicio del ELN sobre los acuerdos de La Habana, segn un comunicado fechado el 05/08, es lapidario: no se modifica la realidad del pas, y sigue intacto el rgimen oprobioso de violencia, exclusin, desigualdad, injusticia y depredacin [6]. En trminos similares se refiri a los acuerdos un comunicado de un sector disidente del Frente 1 de las FARC-EP, que se abri del proceso[7]. Pero no se debiera juzgar en trminos excesivamente duros lo acordado: lograr un escenario diferente o un acuerdo que representara ms cabalmente este deseo de paz con justicia social no era algo que dependiera, naturalmente, de las FARC-EP por s solas. Deba, necesariamente, haberse apoyado en una amplia movilizacin popular que respaldara esas transformaciones y que desarrollara el potencial transformador de algunos puntos de la agenda as como de las propuestas polticas presentadas por los insurgentes en cada uno de ellos . Pero la posibilidad de haber generado una gran convergencia popular entre el proceso de paz con la ola de protesta popular ascendente en el perodo 2008-2013, no se materializ. El gobierno, mediante la cooptacin, la divisin y la sectorizacin del movimiento popular, fren esa oleada, a la vez que aisl exitosamente el proceso de paz del da a da de la poblacin. El paro agrario del 2013 fue el momento clave para destrabar esta discusin y para generar una simpata pblica, masiva, entre los temas discutidos en La Habana con la realidad diaria del pas, momento que logr generar un puente entre el campo y las ciudades, donde se perfil claramente el inters de los sectores populares en contradiccin con los del bloque en el poder.

Despus del paro, ante el incumplimiento del gobierno, se desestimul la movilizacin popular en la calle, que algunos sectores consideraron como inoportuna, con la sorprendente excusa de que desestabilizar a Santos era debilitar el proceso de paz (y fortalecer al uribismo), para apuntar a una estrategia electoral, que fue desastrosa para la izquierda. En este contexto, el proceso de paz termin encadenado a la figura de Santos , uno de los presidentes ms impopulares en la historia, quien lo utiliz para hacerse re-elegir, a la vez que redefini los trminos de la paz y pudo pasar a una posicin ofensiva. Despus de tanto insistir que las llaves de la paz pertenecan al pueblo, se le entregaron a Santos en bandeja de plata. De tanto reconocer la voluntad de paz de Santos, presidente que comenz gobernando con el mandato de perpetuar la seguridad democrtica, se desfigur la realidad de que el proceso de paz fue conquistado en gran medida por la movilizacin popular que tuvo su clmax en el perodo 2012-2013[8]. En el imaginario ciudadano, el proceso de paz no qued solamente ligado indisolublemente a la figura de Santos, sino que adems, con el lanzamiento del plebiscito por las figuras de la vieja poltica, qued asociado a la politiquera nacional. Hay entonces que sorprenderse por esta falta de entusiasmo?

Post-conflicto, nueva resistencia y desarrollo de una oposicin social y poltica

El jefe negociador del gobierno, Humberto de la Calle, asegur que este acuerdo era el mejor posible[9] afirmacin ambigua, que demuestra que aunque hayan podido imponer muchos de sus trminos en el acuerdo, tampoco pudieron imponerlo todo. Los acuerdos son como una puerta abierta, que tanto el sector oligrquico como el popular pueden aprovechar. La oligarqua buscar acelerar la penetracin de capital inversionistas en la agroindustria y el extractivismo. Depender de los sectores populares, de su lucha y de su organizacin, si ese escenario se materializa o no . Tambin depender de los sectores populares si el gobierno cumple o no con los acuerdos, pues como lo pueden corroborar las comunidades del Putumayo, del Catatumbo y de todo el pas- se especializan en la trampa y el incumplimiento a los de abajo y pecan de excesiva ingenuidad quienes creen que la veedura internacional, de la ONU o de los garantes, es garanta de que el gobierno cumplir.

Desafortunadamente, an hay demasiada desorganizacin y sectorializacin de las luchas. Se requerir del desarrollo de una nueva izquierda, de la creacin de nuevos liderazgos colectivos y de un amplio proceso de organizacin y movilizacin popular. Aunque se insista tanto en la unidad de la izquierda, lo cierto es que antes que todo es necesario un gran esfuerzo de construccin para llegar a todos los sectores oprimidos, excluidos, hambreados que necesitan de un nuevo modelo. Se requiere de audacia, de visin, de decisin, de mucho dilogo, de escuchar al otro, y de mucha organizacin. Solamente en base a una amplia organizacin y activa bsqueda de creacin de espacios para que se exprese de manera constructiva el descontento, se podr hablar de una unidad que sea mucho ms que la mera sumatoria de los mismos dirigentes de siempre. Una unidad que surja orgnicamente en torno a la identificacin de ejes mnimos de accin comn, y desde las propuestas surgidas en las mil y una luchas que a diario desarrolla el pueblo. Requiere tambin de una nueva forma de entender y hacer la poltica, verdaderamente desde abajo, desde el mundo popular, huyendo de los viejos vicios de la poltica tradicional como de la propia peste, en lugar de asumirlos poco a poco como si fueran muestra de madurez. Por todo ello, disociarse de la figura de Santos y reclamar la vocacin de la izquierda como oposicin (arrebatndole ese espacio poltico al uribismo, que lo ocupa de manera fraudulenta) es un paso fundamental que puede llevar a re-encantar al pueblo con la idea de la construccin de la paz con justicia social, ligada a un proceso de movilizacin y transformacin social.

Una lucha cuesta arriba, un pueblo con experiencia y tesn

De momento, los dados estn tirados a favor del bloque dominante. El triunfalismo de estos sectores es evidente en las declaraciones del comandante del Ejrcito colombiano, general Alberto Meja, quien expresa que el ejrcito est listo para garantizar la integridad de los ex-guerrilleros: " Para nosotros no es una humillacin, para nosotros es un honor porque quien las cuida es quien gan la guerra, porque quien las cuida es quien queda con las armas, quien las cuida es quien viste los uniformes de la Repblica "[10]. Claro, podra entrarse al debate si las FARC-EP estn o no derrotadas, cosa discutible, o la prrica naturaleza (en el mejor de los casos) de esta supuesta victoria del ejrcito; pero es necesario reconocer que, se piense lo que se piense de este grupo insurgente, hoy la hegemona la tiene el bloque dominante, no los sectores populares. Al monopolio de la fuerza que el Estado oligrquico reclama, hay que oponer una fuerza an mayor a sus ejrcitos y sus armas: la del pueblo organizado . Porque aunque se hable mucho de que ya no se har poltica sin armas, como deca el revolucionario africano Amlcar Cabral, en el capitalismo toda lucha es armada: el Estado siempre tiene armas y las utiliza en contra del pueblo cuando sus intereses y su dominacin se ven amenazados[11]. Cuando el pueblo ejerza su derecho a hacer poltica en las calles, el ESMAD, la polica o el ejrcito, polticamente, la reprimirn. Por la fuerza y con las armas, apoyados en la re-estructuracin que los EEUU (quin ms?) ya estn implementando para la fuerza pblica en el post-conflicto, y por el nuevo cdigo de polica y la ley de seguridad ciudadana.

El apoyo al s en el plebiscito no debera obviar que esto no es ni el fin del proceso ni el comienzo de la construccin de una nueva sociedad, sino un paso ms, de una larga historia de resistencias, en el largo camino hacia la conformacin de un bloque popular capaz de imponerle a los sectores oligrquicos un modelo alternativo, radicalmente democrtico, igualitario, libertario . Es necesario tambin reconocer que, ms all del debate sobre la naturaleza de la paz o la violencia estructural intrnseca al sistema, sin el ELN y sin el EPL no puede hablarse de construccin de paz , por lo cual rodear la solucin poltica para estas otras expresiones insurgentes se vuelve un imperativo poltico, tico y moral. Es importante hoy pensar autocrticamente en las fuerzas sociales y polticas existentes, en el contexto territorial, nacional, regional e internacional tan complejo en que stas deben operar[12], y aplicar la auto-crtica para ir corrigiendo los errores, y as poder revertir esa correlacin de fuerzas desfavorable para los sectores populares. Una tarea nada fcil, pero impostergable. Hoy, en vez de enfrascarse en frmulas fciles, reemplazando la reflexin por las consignas a favor o en contra, corresponde aplicar la mxima de Gramsci de ser pesimistas del intelecto, pues las dificultades objetivas que se enfrentan son inmensas, pero optimistas del corazn: pues somos conscientes del enorme potencial de lucha del pueblo colombiano as como de las valiosas experiencias acumuladas en casi un siglo de resistencia . Solamente as se podr desarrollar un proyecto que realmente entusiasme al conjunto del pueblo colombiano y gane su corazn. Y con un pueblo entusiasmado, las fuerzas transformadoras sern imparables.

Notas

[1] Lamentablemente, en meses anteriores, sectores de la izquierda gastaron demasiada tinta y saliva atacando la idea del plebiscito, el cual vean como una opcin excluyente de su llamado a una asamblea constituyente. Asamblea constituyente que, de realizarse en la actual coyuntura, muy probablemente no sera favorable a los sectores populares y podra significar hasta un retroceso de la constitucin de 1991. Las buenas ideas no bastan: hay que entender el contexto y la coyuntura en la cual deberan llevarse a efecto.

[2] Los medios, nuevamente, en su tarea de fabricar percepciones ciudadanas, entregan encuestas que dan triunfo a veces al si a veces al no, dependiendo de la agenda poltica del momento.

[3] Ver en este sentido la editorial del Espectador del 25/08, la paz, entendida como el desarme y el fin del conflicto con las distintas guerrillas, ha estado en la agenda de todos los presidentes () [pero] nunca hemos tenido una propuesta tan cercana para desarmar a las Farc. Sea como fuere, por primera vez el pas tiene la oportunidad de pensarse sin la existencia de esa guerrilla .

[4] Para que una guerra sea considerada justa segn el Jus ad Bellum , una de las partes debe demostrar que no poda obtener lo que se obtuvo sino mediante el recurso a las armas. Esto ser un tema de disputa candente durante las dcadas venideras en Colombia, igual como lo sigue siendo en Irlanda dos dcadas despus del inicio del proceso de paz en ese pas.

[5] Puede consultarse el acuerdo completo en http://static.iris.net.co/semana/upload/documents/acuer...c.pdf

[6] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=215328&titular=p...%FAa-

[7] http://www.elespectador.com/noticias/politica/frente-de...41831 El comunicado de las FARC-EP que acusa a estos disidentes de tener motivaciones econmicas (minera, narcotrfico) es desafortunado porque desconoce las razones equivocadas o no- eminentemente polticas que entregan y porque esa clase de acusaciones, lanzadas a un grupo salido de su seno, puede fcilmente volverse en su contra y perpetuar los estereotipos dominantes sobre la insurgencia colombiana, que como todos los estereotipos, suelen ser errneos.

[8] Escribimos extensamente sobre este tema a su momento. Algunos de los artculos son Tiene Santos las llaves de la paz?, Slo la lucha decide, El proceso de paz secuestrado por el miedo? y Habemus presidente: mandato por la paz con injusticia social.

[9] http://www.semana.com/nacion/articulo/proceso-de-paz-de...91131

[10] http://www.semana.com/nacion/articulo/proceso-de-paz-co...91112

[11] https://www.marxists.org/subject/africa/cabral/1968/ppt.htm Es importante no caer en una visin idealista, liberal y burguesa del Estado como la encarnacin del contrato social, o del bien comn. El Estado es un aparato de dominacin, de clase, diseado para servir a los sectores oligrquicos y ejercer la violencia cuando los sectores subalternos se rebelan. Cualquier conquista favorable a los intereses populares es a pesar de este Estado, no gracias a l.

[12] Antes de iniciado el proceso de paz, polemizaba con una carta abierta que Medfilo Medina haba enviado al entonces comandante de las FARC-EP Alfonso Cano, quien fuera asesinado a los pocos meses en estado de absoluta indefensin por orden expresa de Santos, en momentos en que ambos discutan sobre negociar la paz. En esa ocasin se deca que una de las razones para que las FARC-EP se desmovilizaran era el contexto regional, en el cual la izquierda haba podido llegar al poder por las urnas. Desde esta ptica, el actual escenario, marcado por la destitucin de Rouseff y la profundizacin de la crisis venezolana, cambiara la evaluacin de estos sectores respecto a las posibilidades polticas de las FARC-EP? Para leer la polmica, http://www.anarkismo.net/article/20115

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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