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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-09-2016

Historia, percepcin nacional y deconstruccin de la verdad

Arturo D. Villanueva Imaa
Rebelin


Siempre se ha dicho que la historia la escriben los vencedores y nunca los vencidos; pero adems, los vencedores generalmente han resultado siendo personas individuales y singulares, casi siempre dotadas de alguna particularidad sobresaliente que se sobrepone y destaca, anulando, otros y diversos factores intervinientes en los hechos.

Por esta razn, evidentemente con fundamento, se ha llegado a la conclusin de que se ha creado una historia oficial (concordante con los intereses de los vencedores), que constituye una historia sesgada, porque al margen de haber sido escrita por encargo y por individuos que, en muchos casos, ni siquiera formaron parte de los acontecimientos relatados, adems nunca han contemplado los hechos y el protagonismo del pueblo.

Al respecto pueden efectuarse multiplicidad de digresiones muy ricas, que en este caso dejar al margen. Sin embargo, me quedo con el criterio de que si bien la historia la escriben los pueblos y es ella la que se queda en la memoria colectiva, en cambio no siempre es la misma que se plasma en la versin oficial. Y ello se explica porque de manera invariable, siempre surge alguien (principalmente ligado a algn tipo de inters y muy especialmente cuando se trata de defender el poder o el gobierno circunstancialmente detentado), que se encarga y busca establecer un imaginario y una forma de comprender los hechos.

Se trata de una tarea que puede ser comprendida como un afn natural para crear un sentido comn en la sociedad, y establecer una hegemona acorde a los intereses o el proyecto que representan. Por ello mismo, a no dudar y en tanto busquemos remitirnos al pasado para encontrar respuestas, rescatar lecciones, develar hechos, o establecer la verdad; siempre habr una historia oficial, aunque casi siempre tambin, discordante de la percepcin y la memoria colectiva que descifra los hechos de una manera diferente

Ayudado por esas reflexiones, acerqumonos al conflicto con los cooperativistas mineros, y vemoslo a travs del intento de construir historia en la que parece haberse embarcado el gobierno.

Aquejado por una incomprensible incapacidad autocrtica y totalmente consciente de un represivo, confrontacional y psimo manejo del conflicto, cuyos varios muertos se acumulan a las decenas que ya se han producido durante su gestin; el gobierno se ve empeado en una enorme campaa para implantar en el imaginario social una idea (lase verdad histrica), que se contrapone diametralmente a la percepcin ciudadana, cuya expresin ms clara son las redes sociales. El oficialismo busca desvirtuar y demostrar que el conflicto no ha sido una muestra de la disputa y, mucho menos, un desentendimiento en pugna entre aliados extractivistas (cooperativistas y gobierno). No hay que olvidar que por ms de una dcada, ambos estn esquilmando hasta el agotamiento los recursos minerales del pas, as como aprobando normas, disposiciones y hasta prstamos y otras franquicias que favorecen intereses privados y transnacionales, a costa de gravsimos daos socio ambientales y otras perlas que todo el pas conoce. En realidad lo que se busca (bajo la tesis de la conspiracin y el inusitado despliegue de todo el aparato estatal, incluyendo denuncias de los ministerios de Comunicacin, la Presidencia, e inclusive una convocatoria a la Asamblea Legislativa para que ministros presten informe sobre los acontecimientos sucedidos), es reeditar la versin de que se estaba gestando un golpe de Estado, para ocultar y hacer desaparecer toda su responsabilidad sobre los graves hechos de violencia y muerte acaecidos.

Puede ser absolutamente comprensible la intencin de generar un sentido comn y desarrollar un imaginario que busque la empata y el respaldo ciudadano respecto de un referente; pero de all a tratar de desvirtuar u ocultar responsabilidades, o los verdaderos hechos y sus causas con tal de identificar otros culpables que no sean uno mismo (generalmente imaginarios y fantasmas); no solo implica despreciar la inteligencia y el sentido comn de la gente, sino tambin una descarada irresponsabilidad al pretender mostrar las cosas como no son.

El gobierno y sus ministros tan empeados en este penoso afn, parecen no darse cuenta (o no quieren entender) que el rechazo, repudio, la bronca acumulada y el descontento que expresa la ciudadana contra estos actos, no es resultado de una labor conspirativa o el inters por erosionar y debilitar el gobierno que la oposicin hubiese generado, o resultado de la manipulacin de los medios de comunicacin; sino ms bien producto de sus propios actos y despropsitos. Reinventar los hechos para acomodarlos a las propias conveniencias puede tener el mrito del autoconvencimiento, e inclusive la creacin de un descargo o coartada; pero cuando choca y se contrapone a la realidad, o peor, la pretende distorsionar (mal)intencionadamente, solo puede dar como resultado el rechazo firme.

Arturo D. Villanueva Imaa es socilogo

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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