Portada :: Chile
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2016

A 43 aos del golpe
La heroica leccin de Allende

Manuel Cabieses D.
Punto Final


Han transcurrido 43 aos desde la muerte del presidente Salvador Allende en La Moneda bombardeada y en llamas. Tiempo ms que suficiente para apreciar en toda su magnitud la tragedia que desat en Chile la traicin de las fuerzas armadas en cumplimiento de su tradicional papel de escuderos de la oligarqua. El recuerdo de ese hecho histrico se hace especialmente necesario en la crisis que hoy vive el pas y cuyo principal ingrediente es precisamente el factor tico. Inspirarse en la leccin de Allende de lealtad a los principios en esa hora suprema, ayudar a la futura Izquierda chilena a recomponer el ideario que permite las grandes hazaas de los pueblos.

La leccin de Allende -rubricada por el herosmo de enfrentar el golpe militar con un puado de valerosos combatientes- ha sido relegada al olvido por muchos que se proclamaban sus seguidores y herederos. La Izquierda institucionalizada desempolva cada tanto el recuerdo de Allende para cumplir un rito que se hace cada vez ms formal. Se sacraliza su nombre, convertido en cono inofensivo despojado detodo filo revolucionario. En la conducta de esa falsa Izquierda no se rescatan los valores ticos y polticos por los que combati Allende. El ejemplo msbochornoso lo constituye su propio partido, que hace tiempo abandon la ideologa y los principios originales del PS para hacer suyas las banderas del neoliberalismo.

A travs de sus representantes en el gobierno y Parlamento, ese tipo de polticos han gobernado y legislado en beneficio de la billetera de los que derrocaron al presidente Allende y que aplicaron al pueblo un despiadado terrorismo de Estado. Los cinco gobiernos de la Concertacin (hoy reencarnada en Nueva Mayora) han sido el revs de la medalla del gobierno de Allende y la Unidad Popular. Sera muy injusto, desde luego, reprochar esa actitud a la Democracia Cristiana que no tiene parentesco ideolgico ni poltico con la Izquierda. La DC naci en Europa, acunada por la Iglesia Catlica para contener los avances del comunismo. En Chile, la DC asociada a la derecha particip en la conspiracin golpista alimentada por fondos de la CIA. Sera absurdo, por tanto, pedir que los dos gobiernos post dictadura encabezados por la DC reivindicaran la leccin del presidente Allende. Pero los gobiernos de los socialistas Lagos y Bachelet, que en nada se diferencian de los de Aylwin y Frei (ni tampoco de Piera), desnudaron la vergonzosa conversin de antiguos marxistas en diligentes administradores del capitalismo ms extremo que existe en el mundo.

Costar mucho esfuerzo -y una titnica batalla de ideas- revertir el dao que ha causado la traicin a los principios igualitarios y democrticos cometida por el maridaje de poltica y negocios. Ser la pesada herencia que dejarn estos gobiernos. Barrer con la corrupcin necesitar de algo ms contundente que la escoba que agit Carlos Ibez en los aos 50 para limpiar la corrupcin de los gobiernos radicales.

La indiferencia poltica y la abstencin electoral -que ya alcanza al 60%- constituyen formas pasivas de castigo que los ciudadanos aplican al sistema y a sus instituciones. Pero son armas inocuas en la lucha por los cambios polticos y sociales. La abstencin, fenmeno en crecimiento -que seguramente se repetir en las elecciones municipales del prximo 23 de octubre- solo desprestigia an ms al sistema, pero no lo modifica. Los partidos de manos sucias se distribuirn las piltrafas de crdito pblico que an restan. Pero las instituciones desprestigiadas seguirn funcionando en medio del pramo social en que ya se encuentran. En las elecciones presidenciales y parlamentarias del 19 de noviembre de 2017 slo se producir un cambio de turno en el gobierno. Lo ms probable es que la Nueva Mayora sea reemplazada -otra vez- por Sebastin Piera y su equipo empresarial. Los partidos se redistribuirn amistosamente los 35 nuevos cupos de diputados y los 12 de senadores que les permite la nueva ley electoral. Los malabaristas de la poltica ya se preparan para celebraresas importantes victorias parlamentarias. Y as continuar girando el carrusel de la poltica, si el pueblo permanece con los brazos cruzados y no toma en sus manos la iniciativa de producir el gran cambio que slo puede provenir de una Asamblea Constituyente.

El 11 de septiembre de 1973 fue un tajo brutal que interrumpi el desarrollo democrtico alcanzado hasta entonces por el pas. Las consecuencias de ese impacto se mantienen hasta hoy. Este fenmeno tiene diversas expresiones en las relaciones sociales y en la vidacotidiana de los chilenos. La principal es el miedo, un miedo no confesado pero latente en la conducta conservadora -cuando no hipcrita- de vastos sectores. Es el temor a que la imprudencia pueda despertar otra vez la locura homicida de la oligarqua y sus fuerzas armadas. La historia del pas est jalonada de masacres, guerras civiles, golpes de Estado, revoluciones, motines, conspiraciones y dictaduras. Sobre todo el espanto que produjo el terrorismo de Estado de los aos 70 y 80. Esto hace que el temor tenga un fundamento objetivo. La casta poltica lo ha utilizado para mantener casi intacto el modelo que implant la dictadura. Su lema ha sido ceder a las demandas populares con una condicin: los cambios pueden hacerse solo en la medida de lo posible. Sin embargo, lo que el pas necesita es cerrar una brecha histrica y retomar el camino democrtico y de justicia social que trazaran el presidente Allende y los partidos populares de los aos 70. Esto se ve dificultado por el temor al cambio que impide -por ahora- reconvertir el desprecio a la corrupcin en alternativa de democracia participativa. Para que una amplia mayora ciudadana apoye la alternativa es indispensable generar condiciones para defender al futuro gobierno popular de las maniobras desestabilizadoras y amenazas golpistas que se reactivarn, como siempre sucede. La insistencia del imperio en bloquear los procesos democrticos en Amrica Latina sigue vigente. Lo evidencia la difcil situacin que vive Venezuela -objetivo de un plan golpista similar al que sufri Chile-, y los golpes blandos en Brasil, Paraguay y Honduras.

El pueblo organizado y consciente de sus derechos necesitar tambin construir una alianza con las fuerzas armadas para alcanzar triunfos con fortaleza suficiente para garantizar su existencia. En Chile, pas que ha sufrido la traumtica experiencia de la dictadura, forjar la alianza pueblo-fuerzas armadas suena a utopa inalcanzable. Las contradicciones son muy fuertes. Pero no se trata de hacer tabla rasa del abismo que abrieron 17 aos de tirana. Ese periodo no solo fue responsabilidad de las fuerzas armadas sino tambin de la elite civil que las incitaron a martirizar al pueblo. Si pretendemos reemprender -con las diferencias que imponen las condiciones del mundo de hoy- el camino que inici el presidente Allende, hay que volcarse a construir la fuerza social, poltica y armada que abra paso al futuro. Esto, en los hechos, lo han iniciado los movimientos sociales. La unidad del pueblo explotado se da en la lucha. Lo estn demostrando las protestas por el estado miserable de la salud pblica y por el robo de las AFP. Movimientos de prolongada resistencia como la lucha ejemplar del pueblo mapuche son inspiradores de la protesta que fermenta en el seno de la sociedad. Lo mismo sucede con el movimiento estudiantil que desde 2006 no ceja en su exigencia de educacin gratuita y de calidad. La irrupcin masiva a nivel nacional de laCoordinadora de Trabajadores No+AFP abre un espacio favorable al movimientopopular para plantearse metas superiores. Si los movimientos sociales logran confluir en un programa que demande tambin la convocatoria de la Asamblea Constituyente, se dara un paso fundamental para honrar la leccin del presidente Allende. Una Constitucin Poltica democrtica en su origen y contenido no resolver por s sola la crisis. Pero el proceso de discusin en la base social que iniciar el llamado a Asamblea Constituyente y las decisiones plebiscitarias que trae aparejada la aprobacin de la Carta Fundamental y la nueva institucionalidad, permitirn el vuelco democrtico que har posible retomar el camino de la independencia nacional, la soberana popular y la justicia social que interrumpi la violencia golpista en 1973.

Editorial de Punto Final, edicin N 859, septiembre 2016.

[email protected]

www.puntofinal.cl


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter