Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-09-2016

Cartografa de la lucha de clases en Amrica Latina y el Caribe
Posneoliberalismo vs. capitalismo offshore

Katu Arkonada y Paula Klachko
Rebelin

El presente texto es el eplogo del libro Desde abajo, desde arriba. De la resistencia a los gobiernos populares: escenarios y horizontes del cambio de poca en Amrica Latina, de inminente publicacin por la editorial Caminos de La Habana, Cuba.


En primer lugar, es necesario recordar que en todo proceso de revolucin surge tambin la tendencia a la contrarrevolucin; esto tiene carcter objetivo. Triunfa en definitiva la corriente que logra la mayor fuerza, la que se gua por una lnea y un plan ms acertados, ms inteligentes. Es decir, la posibilidad de predominio de la revolucin o la contrarrevolucin se decide en el terreno subjetivo, depende de la conduccin de una y otra.

Schafik Hndal (1990)

 

Desde noviembre de 2015 han ocurrido sucesos excepcionales que cambian el panorama geopoltico y la cartografa de la lucha de clases en nuestra Amrica. Con este trabajo pretendemos abordarlos, haciendo previamente un repaso de las etapas del ciclo posneoliberal que abri una nueva etapa en nuestra regin, al tiempo que intentamos un anlisis sobre los acontecimientos de los ltimos meses, que nos sitan en un punto de inflexin y marcan enormes desafos para los pueblos. Nos referimos centralmente al avance poltico de las fuerzas de derecha, avances expresados en el plano electoral y judicial que han logrado desalojar a dos gobiernos progresistas y estratgicos dado su peso poltico y econmico como Argentina y Brasil, y que han ganado elecciones en Bolivia y Venezuela, modificando la correlacin de fuerzas subjetivas y objetivas en la regin.

Nuestra Amrica se encuentra entonces en un punto de bifurcacin, una guerra de posiciones entre las fuerzas sociales y polticas que protagonizan y conducen (o condujeron) el ciclo progresista posneoliberal, y aquellas que apuestan desesperadamente por la restauracin neoliberal en forma de capitalismo offshore, un capitalismo que muestra la agudizacin de algunas tendencias que podran indicar una modificacin del ciclo capitalista dentro de su fase ya iniciada de descomposicin1.

El momento poltico nos deja una derecha que ha acumulado fuerza en el plano electoral y solo necesita ganar las elecciones (y a veces como en Brasil, ni siquiera eso), mientras que la izquierda necesita ganar, pero sobre todo estar en la calle y reactualizar el proyecto poltico anti-neoliberal.

No es momento de lamentar los reveses polticos sufridos por la izquierda, sino de reflexionar sobre las nuevas formas de contrarrestar la ofensiva del capitalismo offshore contra los pueblos de Amrica Latina y el Caribe, de retomar la ofensiva que nos lleve a otro momento de acumulacin poltica y social, que abra otra etapa del ciclo progresista. Pero tambin es necesario ejercer la crtica y a la autocrtica para rectificar a tiempo en el caso del ncleo duro del cambio de poca progresista (Venezuela, Bolivia y Ecuador) y para construir algo diferente en aquellos pases en los que los pueblos hemos pasado a la oposicin y resistencia.

Para pensar el momento actual es necesario comprender las diversas etapas que ha mostrado el ciclo progresista que convirti a Amrica Latina y el Caribe en la nica regin del mundo donde se comenz a construir una alternativa al sistema capitalista o al menos a sus patrones de acumulacin ms agresivos desarrollados por medio de las polticas neoliberales.

Fase previa, o acumulacin originaria del ciclo progresista (1989-1998): Las resistencias al neoliberalismo.

Caa el muro de Berln, se desintegraba el proyecto histrico de la izquierda comunista mientras las fracciones ms concentradas del capital arrasaban con las conquistas histricas de las y los trabajadores y los pueblos. Sin embargo, al tiempo que nos decan que haba llegado el fin de la historia y de la lucha de clases, en el Sur del mundo comenzaba a germinar una resistencia al neoliberalismo todava embrionaria durante el Caracazo (1989) y ya ms organizada en el levantamiento zapatista (1994), as como otros procesos de resistencia contras las consecuencias de las polticas neoliberales primero y de lucha contra esas mismas polticas despus.

1 fase del ciclo progresista (1998-2003): La irrupcin heroica del posneoliberalismo nacional-popular.

La potencia plebeya de resistencia al neoliberalismo se transforma en proyectos polticos que apuestan no ya por la resistencia, sino por la toma del poder, o al menos de los gobiernos como primer paso. Ello se da por dentro de las formas constitucionales o institucionales vigentes, como parte de una estrategia que se teje dentro de un perodo contrarrevolucionario abierto luego de la derrota de las fuerzas revolucionarias plasmadas con las dictaduras cvico-militares de mediados de los 70.

La destruccin social del neoliberalismo y la crisis provocada por la prdida de hegemona de las lites polticas y econmicas, dejan un vaco poltico que es aprovechado por los proyectos nacional-populares para llegar a los gobiernos. El Comandante Chvez en Venezuela (1998), Lula en Brasil (2002) y Nstor Kirchner en Argentina (2003) abren el camino para el cambio de poca en Amrica Latina y el Caribe.

Al final de esta primera fase se refuerza la disposicin de lucha desde abajo y desde arriba y la construccin heroica del posneoliberalismo con la derrota infligida por el pueblo de Venezuela al golpe de estado contrarrevolucionario de abril de 2002.

2 fase del ciclo progresista (2004-2006): Pico de acumulacin poltica

A Chvez, Lula y Kirchner se les suman Evo Morales en Bolivia (2005) y Rafael Correa (2006), al mismo tiempo que se derrotaba el proyecto imperial conocido como ALCA en noviembre de 2005, poco despus de que los gobiernos revolucionarios de Cuba y Venezuela, con Chvez y Fidel como arquitectos de la integracin, impulsaran en diciembre de 2004 el ALBA, y nacieran, tambin en ese periodo de 2 aos, valiosos instrumentos al servicio de la liberacin de los pueblos como teleSUR o la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad.

Se producen algunos golpes de timn claves que muestran el cambio de rumbo en los escenarios polticos nacionales, como las nacionalizaciones de los hidrocarburos en Bolivia, asambleas constituyentes en Bolivia o Ecuador, o el pedido de perdn por parte del estado argentino por los crmenes de lesa humanidad cometidos por la ltima dictadura cvico-militar.

Al auge del antiimperialismo en la regin, se suma la afirmacin del carcter socialista de la Revolucin Bolivariana. En este horizonte del Socialismo del Siglo XXI se alinean la Revolucin Democrtica y Cultural de Bolivia y la Revolucin Ciudadana del Ecuador con el socialismo comunitario y el buen vivir como horizontes de poca.

3 fase del ciclo progresista (2007-2012): La estabilizacin del proyecto posneoliberal

Al ncleo duro de gobiernos progresistas se suma Centroamrica con la llegada de los sandinistas al gobierno nacional en Nicaragua (2007, aunque Daniel Ortega gana las elecciones en noviembre de 2006) y del Frente Farabundo Mart para la Liberacin Nacional en El Salvador (2009). Tambin constituyen un avance en la correlacin de fuerzas polticas favorable a los pueblos la llegada al gobierno de Fernando Lugo en Paraguay (2008) y el viraje hacia posiciones progresistas del gobierno de Mel Zelaya en Honduras.

En esta fase son derrotados gracias a la movilizacin popular los intentos de golpe de estado en el ncleo duro bolivariano, Bolivia (2008) y Ecuador (2010), aunque no logran ser frenados los golpes a los gobiernos populares en Honduras en 2009 (cuando se incorpora al ALBA) y Paraguay en 2012, inaugurando la nueva estrategia de golpes blandos de la derecha, perpetrados desde las propias instituciones del estado liberal.

Estas piedras en el camino de la construccin progresista y revolucionaria de Nuestra Amrica tienes su contracara en las nuevas constituciones aprobadas en referndum que consolidan la refundacin de los Estados posneoliberales en Bolivia y Ecuador (con el antecedente de Venezuela en 1999). Se logra cristalizar en los nuevos textos constitucionales el cambio en las correlaciones de fuerzas sociales y polticas a favor de los pueblos.

Al mismo tiempo, Amrica Latina y el Caribe entran de lleno en la transicin al mundo multipolar, con una presencia cada vez mayor en la regin de Rusia y sobre todo China, adems del nacimiento, en junio de 2009, de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China, a los que despus se sumara en abril de 2011 Sudfrica), que contrarrestan la hegemona yanqui en su tradicional patio trasero y generan condiciones para un desarrollo econmico endgeno con mayores grados de soberana.

4 fase del ciclo progresista (2013-2016): reflujo y crisis

La muerte del Comandante Chvez (marzo 2013) abre de manera simblica una etapa de reflujo, de crisis en el bloque nacional-popular que se traduce en un pico de desacumulacin poltica y social que culmina con tres derrotas electorales para la izquierda y los proyectos nacional populares o el progresismo (de distinto signo, pero derrotas al fin y al cabo) en Argentina (octubre de 2015, el nico gobierno de izquierda y/o nacional-popular perdido en las urnas desde 1998), Venezuela (diciembre de 2015) y Bolivia (febrero 2016), adems de un golpe poltico-institucional-meditico contra el gobierno brasileo de Dilma Rousseff (mayo de 2016).

Esta fase deja un debate no saldado para la izquierda y es el del Estado. Deca Ren Zavaleta Mercado (1983), socilogo marxista boliviano, que la historia de las masas es una historia que se hace contra el Estado. Pues el Estado histricamente expresa las relaciones de dominacin y aunque aparenta estar por encima de los intereses de las distintas clases y arbitrarlos produce los instrumentos institucionales necesarios para la reproduccin de la clase dominante. Por ello tambin afirma Jorge Viaa (2006) que la historia de las masas es siempre una historia que se hace contra el Estado, y por lo tanto todo Estado niega a las masas en ltima instancia, aunque pretenda expresarlas. Probablemente esto es ms claro en los procesos del segundo anillo progresista, y nos ayuda a entender parcialmente lo sucedido en Argentina o Brasil.

Sin embargo, en el caso de los procesos que se han planteado cuestionar el poder de la clase dominante y al sistema mismo, el Estado se constituye como Estado de transicin, casi como un Leviatn a contramano, tal como lo denomina Miguel Mazzeo (2014), pues expresa nuevas correlaciones de fuerza que permean las instituciones, modifican las reglas de juego y se proponen apuntalar la construccin de poder popular.

En la dialctica contradictoria de las transiciones, la lgica de la inercia estatal obstaculiza, al tiempo que potencia las experiencias populares autogestionarias. Es un Estado que se reforma a s mismo, por ejemplo, mediante las reformas constitucionales del ncleo duro bolivariano, lo que no sucedi en ninguno de los pases del segundo anillo progresista, en los cuales ese viejo monstruo y sus lgicas de arbitrio bajo envolturas sumamente democrticas favorecieron la reconstitucin de la iniciativa cultural, econmica, institucional, comunicacional de las fuerzas restauradoras del orden neoliberal.

Al tiempo que las fuerzas polticas que condujeron los gobiernos populares de este segundo anillo priorizaron la lucha desde arriba desvalorizando la auto organizacin popular, salvo en los momentos de agudizacin del enfrentamiento en que intentan apelar a la movilizacin de las masas. En cambio, en el primer anillo se apela constantemente a la lucha desde abajo como reaseguro del proceso revolucionario y como senda de construccin del socialismo.

5 fase del ciclo progresista (2016- ): Guerra de posiciones entre el Posneoliberalismo y el Capitalismo Offshore

Si bien hemos entrado en una fase de crisis del ciclo progresista, no se puede hablar de su fin. En primer y evidente lugar porque es destacar que, si bien la clase dominante ha logrado desalojar del gobierno y del aparato del Estado a algunos gobiernos populares mediante elecciones (Argentina) o mediante maniobras leguleyas y judiciales (Brasil), no han cado los gobiernos populares del ncleo duro del cambio de poca progresista: Bolivia, Ecuador, y Venezuela. Aunque hayan perdido dos procesos electorales parciales y, sobre todo en Venezuela, se hayan agudizado las contradicciones, el enfrentamiento y la polarizacin social, no se ha detenido la construccin revolucionaria expresada fundamentalmente en las comunas2, con el apoyo del Estado Revolucionario.

Los tres proyectos que se plantearon ir ms all de las relaciones capitalistas en el largo plazo son los que estn en pie, lo que indica que la batalla estratgica de nuestro tiempo es la defensa de esos procesos.

La fase en la que entra el ciclo progresista se caracteriza entonces por una guerra de posiciones en la que la izquierda debe hacer un buen diagnstico y balance del breve ciclo de derrotas electorales, de lo sucedido en Brasil, y en general del reflujo en la capacidad de resistencia y movilizacin poltica de las fuerzas de izquierda en el continente.

Pero, cules son las caractersticas de esta nueva etapa del ciclo progresista? Qu caractersticas se delinean en el Capitalismo Offshore del siglo XXI?

Nueva derecha: Esta nueva derecha es una derecha sin proyecto. Hasta el momento ninguno de los gobernantes de derecha ha conseguido materializar un proyecto poltico anti-posneoliberal que haya cuajado. Ni Uribe en Colombia, ni Piera en Chile, ni Pea Nieto en Mxico. No hay proyecto, pero si hay construccin del discurso aprovechndose de las debilidades y errores cometidos por los gobiernos de izquierda. Macri como gerente de la Argentina es la gran prueba de fuego para la derecha offshore. Esta derecha avanza hasta donde puede con el objetivo de maximizar la explotacin del trabajo y la concentracin de riqueza, y retrocede en la medida en que se mella su legitimidad y potencia electoral.

Por qu es nueva? Es nueva porque tiene un discurso -tambin testeado por encuestas y consultoras- ms modernizador hacia afuera: aunque, en el caso de Argentina, defienda a genocidas y torturadores de las dictaduras cvico-militares3, tienen un discurso sobre los derechos humanos. Aunque en su fuero interno sean conservadores y retrgrados (como se muestra en diversas declaraciones) aceptan -o al menos no cuestionan por ahora- derechos civiles como por ejemplo la ley de matrimonio igualitario y otras. No se presentan tan abiertamente como en el pasado con la cruz y la espada en la mano, sino que apelan como instrumento disciplinador a la despolitizacin de las masas. De ah los globitos de colores utilizados en las campaas electorales en vez de banderas y consignas.

Nueva estructura de clases sociales: Los gobiernos progresistas redistribuyeron la riqueza sin politizacin social (afirmacin que se cumple en menor medida en el ncleo duro bolivariano, pero que tambin explica parte de los problemas que viven estos procesos). Las clases medias de origen popular no encontraron otra alternativa al elevar sus niveles de renta y consumo que el american way of life, o cultura del shopping. El ciclo progresista no logr derrotar la hegemona del capitalismo en el plano cultural, y una vez que las clases populares alcanzan niveles de consumo que hasta hace poco pertenecan a otras clases sociales, acaban interiorizando las preferencias polticas de estas otras clases sociales. La clase vuelve por tanto al centro de la disputa poltica en esta nueva fase del ciclo progresista, pero sin que la alternativa posneoliberal se haya transformado en una alternativa anticapitalista o socialista.

Nuevas vas de restauracin hegemnica del capital o de la fuerza social-poltica de la oligarqua financiera: Los golpes en Honduras, Paraguay y Brasil demuestran, como afirman Flax y Romano (2016), que el diseo institucional de nuestros sistemas polticos formalmente democrticos y representativos sigue siendo permeable a la capacidad de dominio de las minoras privilegiadas: ya no parece ni necesario ni adecuado usar la fuerza para quitarle el poder del Estado a gobiernos que resultan incmodos.

Tampoco fue necesario usar la violencia organizada o la insurreccin armada del pueblo para quitarle los gobiernos a los neoliberales de los 90 y principios de los 2000. Las fuerzas social-polticas que lograron expresar los procesos de resistencias y luchas del ciclo de la rebelin de los 90 llegaron a los gobiernos por medio de los votos. Es decir que en esos momentos de crisis orgnicas o de hegemona, la oligarqua financiera pierde el comando de los aparatos estatales y el rgimen democrtico burgus permite el ascenso de gobiernos populares, as como ahora por esa va llegan los gobiernos restauradores o de derecha. Nuestras revoluciones o reformas pacficas, y por ello graduales e inconclusas, pueden verse atrapadas en la trampa de las elecciones democrticas y la libre expresin. Es el dilema de construir el socialismo dentro de las formas de un capitalismo democrtico4 y en un solo pas.

A los golpes tradicionales se le suman los llamados golpes suaves, con la intervencin imperialista de ONGs que buscan impulsar primaveras latinoamericanas, canalizando fondos de USAID, NED o el Departamento de Estado, en muchos casos (como el boliviano) de la mano de fundaciones de derecha como la Konrad Adenauer alemana.

Profundizacin del parasitismo financiero: Como muestra Jorge Beinstein, se refuerza la tendencia a la financiarizacin, tendencia que se vena expresando desde inicio del milenio, que muestra un estancamiento inestable entre 2009 y 2013, y aunque luego de 2014 se desinfla, en diciembre de 2015 casi triplicaba los derivados globales de 19985. Se puede confirmar por tanto como estn intrnsecamente ligados la profundizacin de la financiarizacin de la economa, con la decadencia y descomposicin del sistema en su conjunto.

Por otro lado, Beinstein agrega que la financiarizacin integral de la economa hace que su contraccin comprima, reduzca el espacio de desarrollo de la economa real (Beinstein, 2016: p. 3). Esto afecta sin duda aquellos espacios a los cuales las experiencias posneoliberales destinaban parte de su produccin para obtener divisas con las cuales financiar, a su vez, el desarrollo endgeno.

Nuevo terrorismo meditico: La Guerra de IV Generacin conducida por el imperialismo tiene un papel crucial en esta nueva fase del ciclo progresista. En muchos casos los medios de comunicacin masivos en manos privadas complementan a los partidos polticos de derecha, sustituyndolos directamente cuando estos estn muy desacreditados, viniendo a cumplir su mismo rol de ariete contra los gobiernos de izquierda, construyendo matrices de opinin que rotan sobre la corrupcin, narcotrfico, inseguridad ciudadana o incapacidad poltica como elementos centrales. As el estado mayor conjunto de la oligarqua financiera est constituido por los agentes del imperialismo y las corporaciones empresarias y mediticas.

La lucha de clases tiene una expresin fundamental en el espacio pblico meditico, especialmente las redes sociales, que se convierten en un campo de batalla como hemos podido observar durante las campaas electorales en Argentina, Venezuela y Bolivia, as como legitimando el golpe mafioso de Temer y el conjunto de la derecha en Brasil.

Ya lo dej escrito Gene Sharp, uno de los idelogos del golpe suave: "La naturaleza de la guerra en el siglo XXI ha cambiado (...) Nosotros combatimos con armas psicolgicas, sociales, econmicas y polticas6. Es por ello que es imposible entender esta nueva fase del ciclo progresista sin analizar el rol de los grandes medios de comunicacin como arma psicolgica del Capitalismo Offshore. El lobo se viste con piel de cordero.

Nueva intelectualidad: De forma complementaria a los medios de comunicacin, la derecha ha ido construyendo una lumpenburguesa intelectual necesaria para construir su relato, para fragmentar al pueblo y convertirlo en individuos ciudadanos consumidores, difuminando la lucha de clases y amortiguando las medidas de shock de la nueva derecha. Son las y los herederos del posmodernismo y el new age que suavizaron o disfrazaron el efmero triunfo ideolgico del capital luego de la cada del campo socialista con el relato sobre el fin de los grandes relatos totalizadores, valga la redundancia. Actualmente logran captar partes de la juventud con nuevas formas de rebelda light que no apuntan a cuestionar las contradicciones ni injusticias estructurales del sistema.

Nuevas formas de destruccin capitalista: los sujetos de la restauracin neoliberal no operan u operaron slo en los pases con gobiernos progresistas. Donde la izquierda es oposicin se producen horrores inimaginables, la desaparicin de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en Mxico, la desaparicin selectiva de militantes y referentes populares en Colombia, o el asesinato de la dirigente indgena hondurea Berta Cceres son algunos entre los muchos ejemplos de las cuotas de destruccin humana, social y de bienes comunes a las que el capitalismo puede llegar con tal de mantener o elevar la tasa de ganancia. Si bien ello constituye una lucha histrica del capital -para contrarrestar la tendencia inevitable a la baja de la tasa de ganancia- el horror que producen encuentra nuevos laberintos.

Nuevas formas de desintegracin y de imperialismo: 10 aos despus de la derrota del rea de Libre Comercio para las Amricas (ALCA), la Alianza del Pacfico (AP) asoma como un peligro que buscar desgastar y erosionar los instrumentos de la integracin latinoamericana, peligro aun mayor que el ALCA si cabe en la medida en que la AP incursiona tambin en el mbito de la integracin poltica y no solo la econmica del libre comercio. La AP es una herramienta de desintegracin complementaria al Acuerdo Estratgico Trans-Pacfico de Asociacin Econmica (TPP), que est ya s con la presencia de los Estados Unidos, adems de contar con un inicio con Chile como doble pivote entre la AP y el TPP, busca frenar la creciente influencia geopoltica de China.

Nueva geopoltica continental: Sin embargo, hay motivos para la esperanza, el mundo multipolar ya est aqu y Nuestra Amrica juega un papel central en l. El declive de la hegemona estadounidense, junto con el rol cada vez ms ambicioso de China Rusia en el tablero geopoltico genera condiciones ms favorables para la lucha por la independencia y la soberana. Amrica Latina se convierte en un referente en cuanto a zona de paz con el avance del fin del conflicto armado en Colombia. La Paz con justicia social y participacin poltica de la insurgencia no es un hecho, pero si un horizonte visible que nos anima a seguir caminando. La rectificacin de Estados Unidos restableciendo las relaciones con Cuba, que deberan llevar a una normalizacin de las mismas una vez que se levante el bloqueo contra la Isla, o la entrada de Bolivia como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, son elementos que permiten visualizar un nuevo tablero geopoltico en el que librar esta guerra de posiciones contra el Capitalismo Offshore. En este sentido la batalla estratgica pasa por defender las posiciones de avanzada conquistadas: los gobiernos revolucionarios.

Qu hacer?

Debemos hacernos la misma pregunta que se haca Lenin en 1902, acerca de cul es la estrategia que debe guiar a las izquierdas latinoamericanas y caribeas en este momento histrico, en esta coyuntura poltica que nos ha tocado vivir.

Pero para ello, como nos muestra lvaro Garca Linera (2016), nos es ms til el Lenin que ya haba hecho la revolucin y gobernado, el Lenin que en 1921 haca autocrtica y escriba: Cometimos el error de querer emprender el paso inmediato a la produccin y distribucin comunistas. Es inevitable pasar de la tctica del asalto directo a la del asedio, gradualidad, rodear.

Lo cierto es que entramos en un nuevo periodo de luchas defensivas, y si entendemos la historia, como nos ense Marx, por oleadas, las revoluciones tambin tienen momentos ascendentes y descendentes. En ese sentido es necesario volver a acumular poltica y socialmente para una segunda oleada que necesariamente tiene que nacer desde el ncleo duro bolivariano, Bolivia, Venezuela, Cuba, Ecuador, acompaados por Nicaragua y El Salvador.

Por ello, decimos una vez ms que la estrategia fundamental de las luchas de los pueblos en este punto de inflexin en el que nos encontramos pasa por defender esas experiencias diversas mediante las que se desarrolla la revolucin en dicho ncleo duro. Debemos tratar de crear un escudo protector para que puedan seguir creciendo las experiencias de construccin de poder popular que constituyen la revolucin silenciosa y menos conocida de las bases revolucionarias, al tiempo que el entendimiento de que solo manteniendo los gobiernos revolucionarios pueden continuar esas construcciones, aun con todos los sacrificios que los procesos revolucionarios implican.

Volviendo a Lenin, el revolucionario ruso afirmaba que la base para la construccin del socialismo era soviets + electricidad. En ese sentido, el programa poltico que debemos construir en esta nueva etapa del ciclo progresista pasa por una frmula similar. Nuestros soviets son el poder popular, la formacin poltica, la creacin de nuevos liderazgos y de una tica revolucionaria incorruptible. Y nuestra electricidad es la eficiencia y tcnica en resolver caminos productivos alternativos a los que nos marcan los capitalismos parasitarios y dependientes que apunten a resolver necesidades inmediatas de nuestros pueblos, y en construir nuevas formas y medios de comunicacin si queremos romper la hegemona del capitalismo en el mbito cultural.

Por ltimo, retomar la senda revolucionaria de la crtica y la autocrtica constructiva, genuina y desde adentro, nos dar la fuerza para retomar la iniciativa popular, rectificando a tiempo en el ncleo duro nuestroamericano, y repensando los modos de organizacin y luchas populares en aquellos territorios en los que hemos pasado a la resistencia y defensiva de nuestras histricas conquistas.

Bibliografa

Hndal, Schafik (1990), PCS: 60 Aos Jvenes en la Lucha por la Democracia y el Socialismo, disponible en https://www.marxists.org/espanol/handal/1990/001.htm

Zavaleta Mercado, Ren (1983). Cuatro conceptos de democracia (La Paz: Juventud)

Viaa, Jorge (2006), Crisis estatal y democracia en Bolivia 2000 - 2006: un estudio de fondo, disponible en http://www.rebelion.org/noticias/2006/9/37843.pdf 

Mazzeo, Miguel (2014) Desde adentro, desde abajo, prlogo a Teruggi, Marco (2015) Lo que Chvez sembr. Testimonios desde el socialismo comunal (Bs. As.: Ed. Sudestada)

Flax, Sabrina; Romano, Silvina; Vollenweider, Camila (2016), Golpes Siglo XXI: Nuevas estrategias para viejos propsitos. Los casos de Honduras, Paraguay Brasil, disponible en http://www.celag.org/golpes-siglo-xxi-nuevas-estrategias-para-viejos-propositos-los-casos-de-honduras-paraguay-brasil-por-sabrina-flax-silvina-romano-y-camila-vollenweider

Born (2000) Tras el Bho de Minerva. Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo (Buenos Aires: Fondo de Cultura Econmica)

Garca linera, lvaro (2016) Conferencia magistral: Del estado y la revolucin al estado de la revolucin en Lenin, disponible en https://www.youtube.com/watch?v=2Elvk2NlPMk

Notas:

1 Hemos explicado en el captulo 2 las caractersticas que adquiere el capitalismo en las ltimas dcadas, caractersticas que muestran el inicio de una fase de descomposicin del sistema de acumulacin de capital, tendencia de largo plazo que no impide su desarrollo deforme. Se debe tomar en cuenta que descomposicin no es sinnimo de desaparicin, sino que remite a la dificultad de reproduccin en las relaciones que son propias, proceso que puede durar todava siglos.

2 En la actualidad (julio 2016) existen 1.567 Comunas que agrupan a 46.118 Consejos Comunales segn el contador de comunas que publica el Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales. Se puede visitar en http://consulta.mpcomunas.gob.ve/index.php. Estos nmeros fueron obtenidos en la entrada a la pgina del 5 de julio de 2016, pero son modificados permanentemente a medida que crece la cantidad de comunas y consejos comunales.

3 Los vnculos con las dictaduras cvico-militares son directos en algunos casos, como los lazos econmicos de la familia empresarial de Macri que se enriqueci como contratista del estado junto a los grupos econmicos que formaron parte de la llamada patria financiera. Adems, es visible la participacin de militantes defensores de los genocidas en los actos de la nueva derecha en Argentina y entre los diputados que votaron a favor el impeachment en Brasil.

4 Utilizamos el concepto de capitalismo democrtico pues como explicaba Atilio Born la expresin democracia capitalista es una expresin equvoca porque supone que en dicha forma estatal lo esencial es el componente democrtico mientras que el carcter capitalista es apenas una tonalidad que modifica de modo accesorio al funcionamiento de la democracia. Las democracias en el capitalismo contemporneo son 'capitalismos democrticos', en donde lo esencial es el carcter capitalista de una formacin social y su expresin poltica, y lo accesorio, prescindible, descartable es la democracia. Lo primero, el capitalismo, recordaba von Hayek, es una necesidad; la democracia, en cambio, es una conveniencia, siempre y cuando no altere el funcionamiento de aquel. (Born, 2000: 161-164).

5 En diciembre de 1998 los derivados globales llegaban a unos 80 billones de dlares equivalentes a 2,5 veces el Producto Bruto Global de ese ao, en diciembre de 2003 alcanzaban los 200 billones de dlares (5,3 veces el PBG) y a mediados de 2008, en plena euforia financiera, saltaron a 680 billones (11 veces el PBG), la recesin de 2009 los hizo caer: para mediados de ese ao haban bajado a 590 billones (9,5 veces el PBG). Se haba acabado la euforia especulativa y a partir de all las cifras nominales se estancaron o subieron muy poco reduciendo su importancia respecto del Producto Bruto Global: en diciembre de 2013 rondaban los 710 billones (9,3 veces el PBG) y luego se produjo el gran desinfle: 610 billones en diciembre de 2014 (7,9 veces el PBG) para caer en diciembre de 2015 a 490 billones (6,2 veces el PBG).

6 Citado en http://www.telesurtv.net/news/Latinoamerica-sigue-siendo-el-blanco-de-los-golpes-blandos-20150822-0012.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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