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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-09-2016

Ponencia para el Seminario Internacional "La crisis del capitalismo y las perspectivas de la clase trabajadora", ENFF, 18 a 21 de septiembre, Sao Paulo
La izquierda eurocntrica frente a los valores comunales

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin



  1. Introduccin

  2. Derrota

  3. Autocrtica

  4. Estudiando

  5. Marx

  6. Kautsky

  7. Lenin

  8. Buen Vivir

  9. Resumen


1. Introduccin

A mediados de septiembre va a tener lugar en Sao Paulo un necesario debate internacional organizado por el MST. Es muy significativa la importante presencia de organizaciones campesinas y populares de casi todo el mundo. La lucha antagnica entre el capital y el trabajo a nivel mundial est marcada por la progresiva toma de conciencia de los pueblos en los que la economa campesina y ganadera es aplastada por la agroindustria transnacional. En los Estados imperialistas sucede algo parecido: por un lado, la Poltica Agraria Comn de la Unin Europea para el quinquenio 2015-2020 ha levantado duras crticas populares1; y por otro lado, la primera transnacional lctea del mundo, la francesa Lactalis, se enfrenta a la resistencia de ganaderos castellanos, franceses, gallegos, contra su poltica de reducir precios causando la ruina de este sector2.

Las luchas campesinas y urbanas adquirirn an ms trascendencia estratgica conforme se acelere el agotamiento de los recursos naturales para satisfacer las necesidades mundiales3 segn las define e impone el capitalismo. Semejante resistencia chocar con mayor virulencia si cabe con las profundas races ideolgicas, morales y racistas del eurocentrismo. Teniendo en cuenta el objetivo de esta ponencia, conviene adelantar que en 1868, el britnico Charles Dilke escribi el libro Greater Britain en el que argumentaba que la desaparicin de las razas inferiores no solo era una ley de la naturaleza sino una bendicin para la humanidad4. Fue en este contexto en el que Macaulay ridiculizaba a quienes pretendan instruir a los habitantes de la India 5 . La dinmica actual recuperacin del mensaje de Kipling6, novelista que legitim e impuls el expansionismo eurocntrico en el siglo XIX, responde no solo a la perspectiva estratgica del imperialismo yanqui7 sino que tambin es coherente con todo lo visto hasta ahora.

Para no adelantarnos demasiado, recordemos que E. Dussel afirma que la modernidad surge al final del siglo XV con la conquista de las Amricas, momento en el que el ego cogito moderno es antecedido en ms de un siglo por el ego conquiro, propone siete caractersticas de la modernidad:

  1. el eurocentrismo se define superior a otras civilizaciones y culturas;

  2. al ser superior tiene la obligacin moral de desarrollar a los ms primitivos, rudos y brbaros;

  3. este desarrollo debe ser siempre copia y calco del anterior desarrollo europeo;

  4. dado que el brbaro se resiste a ser civilizado, el eurocentrismo debe aplicar la guerra justa colonial en bien del brbaro;

  5. las vctimas de la guerra justa colonial son por ello inevitables y tienen el sentido cuasi-ritual de vctimas propiciatorias en el sacrificio;

  6. la negativa del brbaro a ser civilizado exime de toda culpa a la modernidad, traslada sta a los brbaros por resistirse y dota al eurocentrismo de contenido emancipador; y

  7. por esto, son inevitables los costos de la modernizacin de los pueblos atrasados e inmaduros8.

La importancia del debate es cudruple: Una, divulgar qu sucede en Brasil y en toda Nuestra Amrica especialmente desde la perspectiva de la lucha por la propiedad colectiva de la tierra, de los bienes comunes, etc.

Dos, saber cmo evoluciona la alianza entre el movimiento campesino y popular, tambin proletario en sentido amplio, y el resto de movimientos de protesta y lucha, fundamentalmente el obrero, el feminista, el ecologista y el de liberacin nacional, siempre como expresiones concretas de la lucha a muerte entre el capital y el trabajo.

Tres, cmo enlazar las reivindicaciones comunales que subsisten o renacen en muchas luchas campesinas y populares con la praxis comunista, con la lucha contra el trabajo asalariado, contra el tiempo del capital, contra el individualismo metodolgico, contra el verticalismo obediente, contra el fetichismo de la mercanca, contra la propiedad privada

Y cuatro porque al analizar las tres cuestiones topamos con un problema clsico del reformismo europeo: su creencia de que Europa es el continente de la civilizacin democrtica, la que va a salvar al mundo en general y en especial a los pueblos campesinos que no tienen otra alternativa que seguir los pasos, aplicar sus consejos, abandonar sus culturas aceptando la europea.

Aqu vamos a centrarnos casi exclusivamente en el tercer y cuarto puntos aunque deberemos referirnos a los dos primeros. Y lo haremos no como espectadores, como observadores externos que desde la perspectiva eurocntrica miramos el mundo desde arriba, sino como participantes activos en la larga lucha de los pueblos hermanos contra el imperialismo. El eurocentrismo, la civilizacin del capital es el dctil pegamento que ensambla la multiplicidad material y moral de la extraccin de plusvala a los pueblos no europeos pero a las naciones trabajadoras europeas, especialmente a las oprimidas. Todava quedan algunos marxistas y demasiados socialistas que defienden la supremaca de los Estados multinacionales sobre las naciones a las que se les impiden disponer de su propio Estado. Esta creencia, que oculta un inters material, viene de los albores del socialismo y del marxismo.

Las y los vascos sufrimos tambin esa situacin porque en su tiempo fuimos calificados por Engels como pueblos sin historia condenados a desaparecer9. Obtuvimos un fugaz consuelo al leer la demostracin de Romn Rosdolsky sobre la causas contextuales, las limitaciones culturales y los errores polticos refutados por la historia10 de Engels, Bakunin y dems pero fue un fugaz respiro porque el estatalismo eurocntrico tena races ms profundas de lo que creamos. Adems, un autor tan poco comprensivo con las problemticas nacionales, como es E. J. Hobsbawm, ha mostrado que aquellas afirmaciones de Engels deben contextualizarse en los parmetros intelectuales de su poca en vez de achacarle a l todos los males11.

La refutada idea de Engels suscit permanentes debates que se intensificaron al poco tiempo debido no tanto a las ediciones de los textos de Marx sobre la comuna campesina rusa, sobre la linealidad de la historia, etc., sino sobre todo al endurecerse en choque poltico entre quienes defendamos la necesidad de la independencia basndonos en el marxismo y quienes defendan la primaca de la revolucin estatal espaola y francesa, tambin basndose en el marxismo. La larga lucha comunal era y es para nosotros un argumento incuestionable a favor de la independencia socialista, lo que nos llev a, con mucho respeto, ofrecer nuestra opinin en debate boliviano12 sobre la comuna, el ayllu y el socialismo.

Nuestra tesis es que una de las razones del creciente debilitamiento de la izquierda europea en la segunda mitad del siglo XX hasta caer a su lamentable situacin actual es la de haber asumido los valores eurooccidentales precisamente cuando ms falta haca combatirlos en todos los rdenes de la vida cotidiana. Tal asuncin, que ya empez a darse con fuerza a finales del siglo XIX en los debates de la II Internacional sobre el colonialismo, ha llegado ahora a plasmarse en la impotencia de la izquierda para, por ejemplo, combatir el racismo, apoyar a las y los migrantes, explicar el porqu del llamado fundamentalismo islmico como respuesta al imperialismo y al fundamentalismo cristiano, etc. Impotencia ya existente poco antes cuando el grueso de la izquierda acept el caramelo envenenado de las guerras humanitarias e incluso de la guerra de civilizaciones, y cuando algo despus se tap los odos, la boca y los ojos ante la ofensiva de la OTAN contra el norte de frica.

Simultneamente, el reformismo prctico, la prioridad dada al parlamentarismo burgus, el abandono de la autoorganizacin y de la independencia poltica de clase, etc., fue paralelo a las desestructuraciones sociales impuestas por la burguesa desde poco antes de los 80 del siglo pasado. Muy contada izquierda occidental se lanz a (re)construir e impulsar las prcticas comunitarias y horizontales que identificaron al movimiento obrero desde su inicio, y que, no sin problemas, se enlazaban con las organizaciones de vanguardia. Una lectura actualizada de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista nos descubre la debacle de la izquierda en estas y otras cuestiones.

2. Derrota

El desarrollismo que resurgi con fuerza despus de 1945 en el capitalismo europeo tena la doble funcin prioritaria de recuperar la tasa de beneficio y de derrotar la fuerza del movimiento socialista, de la URSS, en el interior de las clases trabajadoras europeas. La burguesa europea, Gran Bretaa y Estados Unidos saban que la izquierda comunista tena un enorme prestigio que le facilit una considerable influencia de masas, influencia reforzada por la admiracin de las clases explotadas hacia el Ejrcito Rojo. La democracia formal, abstracta, fue mitificada al extremo sobre todo desde 1948, mientras que se depuraba muy superficialmente el nazifascismo y se silenciaba el enorme apoyo que haba tenido entre las burguesas ocupadas y democrticas. A la vez, se inflaba la cuanta de personas que, supuestamente, haban participado en la resistencia antinazi para minimizar el herosmo de las izquierdas y borrar de la memoria colectiva el hecho de que hasta finales de 1943 la mayora de la poblacin haba permanecido pasiva13, excepto el sector de izquierda comunista que pag un altsimo precio en vidas: solo en el Estado francs fueron asesinados 60.000 comunistas14.

El desarrollismo estaba asentado internamente en una dura vigilancia social y en la represin silenciosa o descarada de las fuerzas revolucionarias, en la que la OTAN como fuente de terror15 jugaba un papel central. Tambin se basaba en la convivencia con dictaduras europeas como la espaola, la portuguesa, etc., y en la represin salvaje de las luchas de liberacin nacional antiimperialista para asegurar y a poder ser aumentar el flujo de bienes y recursos saqueados a esos pueblos. Hay que recordar que nada ms concluir la Segunda Guerra Mundial, el debilitado imperialismo europeo se lanz a recuperar las posesiones que haba perdido y contener en lo posible mediante cesiones negociadas la expansin yanqui en las antiguas posesiones europeas, sobre todo en Asia, en el extenso Este rojo16, pero tambin en Oriente Medio.

La propaganda proimperialista y eurocntrica fue masiva y permanente ya que buscaba que los pueblos empobrecidos por la ocupacin nazifascista aceptasen los altos gastos militar necesarios para recuperar el imperio. A la vez, esa propaganda belicista era parte de la guerra cultural anticomunista en todos los sentidos. Todas las formas de laborismo, socialdemocracia y socialismos-democrticos situados ms al centro-derecha, as como el cristianismo en sus mltiples sectas, se volcaron en esta tarea, siempre bajo la vigilancia directa o indirecta de los Estados Unidos para imponer la verdad17 del capital de modo que las clases explotadas terminasen aceptando el sistema.

Ahora bien, ni la verdad fabricada por la industria poltico-cultural, ni la alienacin ni el fetichismo inherentes al capitalismo, ni las sobreganancias imperialistas, ni otros factores, explican por s mismos la larga estabilizacin burguesa europea. Reafirmando la efectividad de estos factores, las autnticas razones hay que buscarlas en la interaccin de, por un lado, la intensa reconstruccin y la aplicacin de las tecnologas militares; por otro lado, la direccin estratgica yanqui y la estabilidad monetaria y financiara; adems, el recurso al crdito y la industria militar; y por ltimo, el reparto de Europa entre la URSS y Estados Unidos, el keynesianismo y los gastos sociales admitidos por la burguesa como mal menor, el sindicalismo reformista y la socialdemocracia18.

La ideologa burguesa del trabajo, el productivismo y el individualismo haba ido penetrando en las clases trabajadoras antes de 1940, y volvi a infectarlas inmediatamente despus porque no la combatan ni la socialdemocracia ni la versin estalinista de un marxismo, y menos an el sindicalismo. Sobre este contexto de democracia formal, mejora cuantitativa de las condiciones de vida, amnesia creciente del pasado, etc., fue extendindose la falsa creencia de que era posible anular los aspectos malos del capitalismo y administrar los buenos. En la burocracia estatal, la casta acadmica, los grupos empresariales, el reformismo y amplias franjas trabajadoras aceptaron la tesis de la estabilidad permanente19 del capitalismo, mientras que los sectores concienciados del proletariado aceptaron la de la burocracia rusa de la coexistencia pacfica As, en dos dcadas, de 1945 a 1965, matriz social20 del capitalismo volvi a asentarse con ms fuerza que en la larga crisis inaugurada en 1917 por la revolucin bolchevique.

En efecto, aunque desde finales de la dcada de 1960 se inici una larga oleada de luchas que se sostuvo casi otras dos dcadas, hasta mediados de los aos 80, la burguesa europea no tuvo que recurrir al nazifascismo para vencer sino al neoliberalismo. El imperialismo yanqui, apoyado por el europeo, s recurri a golpes militares e invasiones sangrientas para imponer el neoliberalismo ms duro como muestra N. Klein en su descripcin cuantitativa impactante de la ferocidad burguesa, pero dbil y superficial en la calidad terica y poltica.

La tesis de la extincin de la lucha de clases estaba siendo impulsada desde los aos 50. Los meritorios logros tericos que demostraban que la lucha de clases no solo haba desaparecido sino que se estaba endureciendo21 a finales de los 60, como se confirmaba en el Mayo 68, destrozaban la demagogia de la sociedad post-industrial. Desde la perspectiva actual, incluso un reformista confeso como Paul Mason que asume su reformismo revolucionario22, debe reconocer la fuerza de la oleada prerrevolucionaria derrotada al final por el neoliberalismo. El Mayo 68 y los primeros aos de la dcada de 1970 fueron controlados mediante una efectiva interaccin de fuerzas conservadoras y reformistas, de palos y zanahorias, y de incapacidad de la izquierda revolucionaria. El capital haba aprendido mucho de las oleadas posteriores a 1917, y la propia estructura del sistema era ms maleable y flexible para absorber muchas de las protestas, reprimiendo sin piedad a las no integrables. La represin democrtica de la Alemania Federal interrog a 1.500.000 personas sobre sus ideas polticas entre 1971 y 1979 y conden al ostracismo a otras 4.00023.

En 1974 un golpe militar progresista acab con la dictadura portuguesa pero no avanz abiertamente al socialismo, sino que estabiliz el capitalismo democrtico. Entre 1975 y 1978 la socialdemocracia y el eurocomunismo espaol orientaron las luchas de clases y de liberacin nacional hacia el cepo monrquico, todava vigente. La II Internacional lleg en 1981al gobierno francs y en 1982 al espaol, asentando el poder capitalista. En Italia, el eurocomunismo lider adems de la represin del movimiento revolucionario, tambin la claudicacin de otros eurocomunismos europeos. En la Europa capitalista que an no haba cado en el neoliberalismo, pero s impona ya polticas monetaristas como el Alemania Federal, por ejemplo, fue extendindose el desencanto24. En Gran Bretaa y en Estados Unidos, el neoliberalismo machac al movimiento obrero sindicalizado como primer paso para atacar luego al conjunto de las clases trabajadoras.

Simultneamente, la fbrica ideolgica burguesa produca en serie modas intelectuales, la llamada moda post, que apenas encontraba resistencia en el dogmatismo mecanicista del estalinismo. Aunque este tema concreto, la moda post, est relacionado con la de nuestra ponencia, no vamos a desarrollarlo aqu ms que en lo que hace referencia a la capacidad penetrar en las contradicciones de la realidad. El postmodernismo, el postmarxismo y corrientes marxistas rechazaron la dialctica en general y en concreto en su versin engelsiana y leniniana25, con los efectos dainos sobre la lucha filosfica y terica, por ello mismo poltica, precisamente en una fase capitalista en la que la ciencia y la tcnica tienen una importancia clave26. Pero tambin la tienen para nuestro objeto de debate porque, como veremos, los estudios de Marx y Engels sobre la comuna campesina, los modos de produccin precapitalistas, la posibilidad de saltos y adelantamientos bruscos en el devenir histrico, etc., toda esta concepcin solo se descubre desde la lgica dialctica27.

3. Autocrtica

Pero grupos de la izquierda revolucionaria no se resignaron pasivamente a la espera de mejores tiempos, sino que se lanzaron a estudiar crtica y autocrticamente por qu se haba producido la derrota de la oleada iniciada a finales de los aos 60, por qu se haba desplomado la URSS y su socialismo, etc. En enero de1992, se public un interesante dossier sobre la crisis de la izquierda en el que se recogan las opiniones de antiguos maostas y trotskistas. Aqu solamente vamos a recoger dos opiniones: Toni Domnech sostuvo que ya no haba ninguna alternativa global satisfactoria al capitalismo y que tampoco exista una idea colectiva clara del tipo de igualdad y de justicia que queremos y que propugnamos28.

Por su parte, Miguel Romero sostuvo que la izquierda sufra una crisis de credibilidad, que se haban perdido los referentes revolucionarios, que el estalinismo impeda una reflexin creativa sobre las relaciones entre poder popular y revolucin, y que haba que socializar los valores profundos de la revolucin socialista en el sentido de las ideas de Ernst Bloch del alma caliente del marxismo la utopa roja y concreta que recorre las resistencias populares desde su origen, decimos nosotros, y que:

Conquistar y defender la independencia de los movimientos sociales respecto al Estado, extender la conciencia de que se trata de institucin hostil a los intereses populares, incluso cuando existe un rgimen parlamentario, es una tarea de mximo valor, que justificara por s sola la necesidad de una organizacin revolucionaria. Es una tarea difcil porque en ella existe una divisin muy aguda entre reformistas y revolucionarios. Y es, en fin, una tarea muy compleja porque no puede resolverse con la propaganda, la crtica terica, etc., sino solo en la experiencia prctica. Y esta experiencia no se realiza entre dos campos separados, trinchera contra trinchera, sino en sociedades en las que el Poder penetra en todos sus poros y, por ello, la orientacin de los movimientos sociales respecto a l es un problema permanente y decisivo29.

La importancia de esta cita radica en que, como se ir viendo a lo largo de la ponencia, la recuperacin de la izquierda revolucionaria solo puede lograrse mediante la praxis de masas, colectiva, en la permanente lucha contra la hostilidad descarada del Poder, aumentando la independencia poltica de clase del pueblo explotado. Muy en sntesis, segn estos autores la crisis de la izquierda se deba entre otras razones tambin a que haba abandonado la lucha por los valores y por la autoorganizacin frente y contra el Estado. Ambos constituan principios irrenunciables de la izquierda desde antes incluso del Manifiesto comunista de 1848. Ambos constituan principios inaceptables para el reformismo desde incluso el socialismo utpico. Uno de los valores y reivindicaciones fundamentales echadas a la cuneta desde haca mucho tiempo fue la lucha contra la ideologa del trabajo y la defensa del tiempo libre y del placer emancipado, como veremos.

El problema para la izquierda radicaba en que la dejacin de tales principios se haba dado precisamente cuando el capitalismo impona unas relaciones de explotacin que desestructuraban la larga cotidianeidad de la fase Taylor-fordista del llamado obrero masa en el marco regulado por el Estado keynesiano, por utilizar esta terminologa. En 1995 se edit una revista en la que se estudiaban los efectos de la desestructuracin de la cotidianeidad y del empobrecimiento causado por las reducciones salariales y de asistencia sobre la vida colectiva, demostrando que generan vulnerabilidad, preocupacin, ansiedad y miedo: existe una unidad entre pobreza y peligro30 que reactiva las tendencias autoritarias, dogmticas y racistas, como en Austria31 a mediados de los aos 90 con el ascenso neofascista.

Valores permanentes y esenciales como el de solidaridad comunal, propiedad colectiva, ayuda mutua, horizontalismo, democracia directa, etc., cayeron en el olvido tras ser desprestigiados por el individualismo burgus. Colapsaba un universo de referentes solidarios, creativos y crticos, y se impona su antagnico, el de la insolidaridad, la rutina y la obediencia como patologa32. La dejacin de los valores y del antagonismo reforz la ideologa interclasista, la creencia de que la sociedad no est estructurada internamente por relaciones de propiedad, de explotacin, opresin y dominacin estratgicamente centralizadas por el un Estado absolutamente hostil al pueblo, y por un Poder a la vez omnipresente, ubicuo, multiforme e invisible en muchas de sus formas, pero tambin macizo y aterrador cuando haca falta. La centralidad estratgica del Estado se muestra en que es una mquina de obediencia33.

El productivismo, la asuncin obediente de la disciplina del trabajo explotado, el respeto perruno al trabajo abstracto, fueron denunciados entre otros por Lafargue y por Walter Benjamin en. El rechazo del trabajo alienado por sectores juveniles en el Mayo 68 fue superado por el capital mediante la represin policial y econmica, y por la cooptacin y marginacin de los restos.

El endurecimiento de la crisis desde 1973 facilit la tarea represiva y la ofensiva neoliberal ulterior, con la precarizacin, empobrecimiento y miedo que genera, logr restablecer el orden a pesar de polcroma demagogia sobre el supuesto fin del trabajo, desarrollada a partir de la tesis precedente de la sociedad postindustrial y de muerte del proletariado. La dificultad de lucha revolucionaria contra el mito del trabajo nace del peso del papel que el cristianismo en general, y no solo el protestantismo, otorga al trabajo como castigo y a la vez como medio de redencin34. Las burguesas que no tienen al cristianismo como cemento ideolgico recurren a otras disciplinas mentales acordes con la evolucin simblica de sus formas de propiedad privada. En el capitalismo occidental, la obediencia agustiniana es la que centra la matriz cristiana de la subjetividad desentraada por Marx35, y lo es porque las Confesiones de san Agustn es el manual bsico del sometimiento del individuo tanto a la religin cristiana como al poder del Imperio romano [] La completa desvaloracin de la carne, del placer y de lo social en general, junto con la nueva sumisin del sujeto al gobierno de la ley y del orden imperial las duraderas premisas religiosas de la esfera poltica36.

Las culturas clsicas precristianas Grecia y Roma no tuvieran una concepcin del trabajo en el sentido cristiano de culpa y expiacin, sino solo como desgracia y castigo, como tortura, como compulsin, pero nunca como medio de reconocimiento y ascenso social: no hay en la lengua griega una palabra para designar el trabajo humano con la connotacin que le asignamos en la actualidad. Tres sustantivos designaban, a su modo, actividades que hoy identificamos con el acto propio del trabajo: labor, poesis y praxis y ninguna de las tres se asemeja a la realidad del trabajo asalariado, alienante y castrador37. Aunque labor, poesis y praxis eran monopolios exclusivos de los hombres libres y en especial de los enriquecidos, el valor humano-genrico que ya anunciaban entonces y que hoy puede desarrollarse mediante una concepcin revolucionaria del trabajo, este valor debe y puede integrarse en la visin comunista del mundo que la izquierda ha de enfrentar ya mismo a la civilizacin del trabajo asalariado.

Hablamos de civilizacin de trabajo torturante, y por ello comprendemos la reivindicacin histrica del placer de la subversin38 del trabajo alienante para sustituirlo por una dialctica entre el trabajo concreto socialmente necesario, que debe tender al mnimo imprescindible, y el trabajo libre como desarrollo consciente de las potencialidades creativas de nuestra especie. Subvertir, revolucionar y destruir el trabajo capitalista es una tarea inseparable del placer revolucionario. Por esto, la consigna Trabajo y juerga tiene una carga emancipadora enorme porque se enfrenta mortalmente a la base miserable del tiempo de trabajo abstracto39.

La lucha contra el trabajo abstracto, contra el trabajo asalariado, contra la mentira del llamado salario justo exige tanto de una suficiente capacidad terica y pedaggica como de una praxis diaria que demuestre con los hechos que se puede transformar la contradiccin entre el trabajo necesario en el sentido antropolgico y el trabajo alienante, recordando siempre el sentido de labor, poesis y praxis. Nos enfrentamos a una contradiccin esencial que puede descubrirnos el secreto de la antropogenia, que no solo del materialismo histrico: Se trata del salto ontolgico fundante del ser social mediante el cual el hombre supera su animalidad, en tanto es mediante el trabajo que se extrae la existencia humana de las determinaciones meramente biolgicas, donde categora fundante no significa cronolgicamente anterior, sino portador de determinaciones esenciales del ser social40.

La clave para solucionar la contradiccin nos la aporta Daniel Bensad cuando, tras reconocer la existencia de una contradiccin objetiva en nuestro contexto histrico-capitalista entre ambas realidades, afirma que No se trata de negar esa contradiccin, sino de instalarse en ella para trabajarla41. Cmo trabajar la contradiccin?: extendindola y a la vez conocindola. Hacindonos parte de ella. Extenderla quiere decir superar el limitado campo sindical42 y llevarla a la sociedad entera y en todos los sentidos, lo que exige y conlleva conocerla. Cmo conocerla adems de en la prctica diaria?: estudiando la historia que la burguesa niega u oculta.

4. Estudiando

Por razones de espacio solo vamos a recorrer algunas luchas populares realizadas a partir del siglo XIII cuando se haban formado los primeros mercadores burgueses. En este siglo, los pueblos de cultura falacha y animista se oponan tenazmente al dominio cristiano etope porque, junto a su conversin, tendran que pagar tributos e impuestos: A los falachas, los soberanos etopes, intentaron convertirlos o exterminarlos. Las tribus animistas, situadas en el suroeste, pagan tributo cuando no tienen otra solucin43. M. Bloch habla de la resistencia tenaz de los campesinos para defender sus propiedades comunales y privadas, que disminuan continuamente bajo los ataques expropiadores sobre todo a partir del siglo XVI, una revolucin sorda mantenida por el campesinado reveladora de los movimientos sociales profundos44 que estructuran la historia. En 1513 Maquiavelo, representante del expansivo capitalismo norteitaliano, extrajo estas lecciones de las luchas de los pueblos:

Los espartanos ocuparon Atenas y Tebas, dejaron en ambas ciudades un gobierno oligrquico, y, sin embargo, las perdieron. Los romanos, para conservar Capua, Cartago y Numancia, las arrasaron, y no las perdonaron. Quisieron conservar a Grecia como lo haban hecho los espartanos, dejndoles sus leyes y su libertad, y no tuvieron xito: de modo que se vieron obligados a destruir muchas ciudades de aquella provincia para no perderla. Porque, en verdad, el nico medio seguro de dominar una ciudad acostumbrada a vivir libre es destruirla. Quien se haga dueo de una ciudad as y no la aplaste, espere a ser aplastado por ella. Sus rebeliones siempre tendrn por baluarte el nombre de la libertad y sus antiguos estatutos, cuyo hbito nunca podr hacerle perder el tiempo ni los beneficios. Por mucho que se haga y se prevea, si los habitantes no se separan y se dispersan, nadie se olvidar de aquel nombre y de aquellos estatutos, y a ellos inmediatamente recurren en cualquier contingencia, como hizo Pisa luego de estar un siglo bajo dominio florentino. [] El recuerdo de su antigua libertad no les concede ni puede concederles un momento de reposo. Hasta tal punto que el mejor camino es destruirlas o radicarse en ellas45.

Maquiavelo se cie al medio urbano, a las ciudades, pero la experiencia de las luchas de los pueblos campesinos es exactamente la misma en lo decisivo: aquellos que no se rinden son exterminados total o parcialmente, esclavizando y/o desterrando a los supervivientes, o ponindoles tales controles y castigos que pierden todo deseo de sublevacin. Destruir su cultura e identidad, desarraigarlos, es vital para que triunfe este mtodo, para acabar con toda memoria de la libertad perdida y deseada. Por esto, la lucha cultural por recuperar la memoria es tan vieja como la opresin cultural para exterminarla. En 1556, indios guatemaltecos pasaron a escrito en secreto las tradiciones de su pueblo para que no se perdieran. Los espaoles no se enteraron hasta 1702. Por esto existe el Popol Wuj, y a finales del siglo XVIII indios yucatecos pasaron a escrito el Chilam Balam46.

Estos pueblos defendieron sus religiones ms colectivistas que la cristiana mediante la escrituracin de su cultura oral. Defendan tambin as su sociedad comunal que aunque ya estaba dividida en castas y cacicazgos todava mantena una solidaridad mutua muy superior a la cristiana. Luego, la ocupacin europea buscaba con toda propiedad comunal: Como veamos, al expropiar de la tierra a la masa del pueblo se sientan las bases para el rgimen capitalista de produccin. La caracterstica esencial de una colonia libre consiste, por el contrario, en que en ella la inmensa mayora de la tierra es todava propiedad del pueblo47. En 1629 el primer gobernador de la colonia de Massachusetts, Jon Winthrop, asegur a los colonos blancos que podan apropiarse de todas las tierras que pudieran porque no eran de los indios, sino de Dios, que las pona a su disposicin para trabajarlas y hacerlas rentables48. Comentando de la colonizacin criminal de Nueva Inglaterra en 1703, Marx dice que: El parlamento britnico declar que la caza de hombres y el escalpar eran recursos que Dios y la naturaleza haban puesto en sus manos49.

En la primera fase de la lucha obrera europea, desde el siglo XIV al XVIII, las masas explotadas se centraron fundamentalmente en las reivindicaciones salariales, de reduccin de tiempo de trabajo, de mejora de las condiciones de trabajo como se vio en la huelga de Lyon de 150150, pero sin una visin poltica y terica de largo alcance. Durante esta larga fase se usaban todas las formas de resistencia, desde la huelga hasta el sabotaje, desde la insurreccin hasta la protesta pacfica, surgiendo las primeras organizaciones clandestinas; tambin era frecuente que las y los trabajadores abandonasen sus puestos de trabajo volviendo a sus pueblos natales, a las tierras de sus familias, sobreviviendo con sus recursos colectivos de ayuda mutua y de solidaridad comunal. Semejante forma de resistencia se mantuvo ms tiempo en Europa Central y Oriental por el retraso de la expansin capitalista51.

Durante estos siglos, la defensa de lo comn precapitalista se expresaba, adems de en la forma material, tambin en la forma utpica: Ya entonces luchaban por la realizacin de la idea de la igualdad general, aunque fuera en la forma ms primitiva y utpica, de la igualdad de todos los ciudadanos sin divisin de pobres y ricos [] En la superficie de la lucha aparecan motivos religiosos, pero su fondo era social, como lo demuestran las medidas igualitarias de la comuna (trabajo obligatorio para todos, en bien comn, socializacin de los alimentos, confiscacin de los bienes de la Iglesia y monasterios en provecho del pueblo y otras muchas transformaciones). La lucha antifeudal se entrelazaba con las vagas aspiraciones igualitario-comunistas cuyos portadores podan ser solo los elementos proletarios de la poblacin de Mnster52.

La influencia de la versin igualitarista y popular del cristianismo en las primeras expresiones del socialismo utpico queda demostrada claramente no solo en Saint Simn y su Nuevo Cristianismo sino especialmente en la impronta dada por su discpulo Enfantin que desbord por la izquierda la doctrina cristiana tradicional sobre la propiedad privada en todos los sentidos, incluida la sexual y afectiva53. En 1832 su grupo fue disuelto y l encarcelado bajo la acusacin de ir contra la propiedad, contra la familia y contra el rgimen poltico.

Conforme el capitalismo se impona sobre el feudalismo, era muy frecuente que las rebeliones, huelgas e insurrecciones de los obreros manufactureros entrelazasen con las luchas campesinas, como sucedi en la Suecia durante la huelga minera de 1743 cuando ocho mil personas armadas se dirigieron a Estocolmo, recibiendo el apoyo de las clases empobrecidas de la ciudad: La insurreccin fue atrozmente sofocada54. Durante ese mismo siglo, las matxinadas vascas siguieron en esencia el mismo modelo de unin del campesinado y del proletariado y artesanado urbano en reivindicacin de mejoras y en defensa de los derechos colectivos y comunales amenazados por la privatizacin burguesa.

Conocemos al detalle muchas sublevaciones de los pueblos originarios, pero es bueno dar la palabra a la investigadora Consuelo Snchez al estudiar la decisiva participacin de los pueblos indgenas en la lucha por la independencia de Mxico:

La mayora de los observadores e historiadores de la lucha de independencia (de 1810 a 1821) han reconocido la participacin de los indgenas en los ejrcitos insurgentes y su apoyo material a stos. En investigaciones recientes, se confirma que la composicin tnica de la causa insurgente era indgena en su mayora y no mestiza. Tras aportar datos contundentes sobre la decisiva participacin indgena, saca indirectamente a relucir el tema del apego indgena a su territorios, a sus formas comunitarias y a las limitaciones espaciales que ese apego determina en el momento de la guerra: La propensin de los indgenas rebeldes a actuar en un campo espacial centrado en sus pueblos, villas y aldeas y a permanecer relativamente cerca de sus casas [...] Varios autores coinciden en sealar que los pueblos indios que haban perdido autonoma (y sus vnculos comunitarios se haban debilitado) se unieron con mayor decisin al movimiento de independencia55.

5. Marx

Durante el ltimo tercio del siglo XIX Marx y Engels estudiaron cmo la revolucin giraba hacia el Este, hacia Asia:

Supieron descubrir correctamente el significado del progresivo desplazamiento del ncleo del movimiento socialista revolucionario del centro hacia la periferia del mundo capitalista: no solo no se opusieron, en nombren de alguna ideologa obrerista, a dicho desarrollo, sino que, al contrario, supieron indicar a la totalidad del movimiento los profundos motivos el desarrollo desigual y la crisis del capitalismo que presidan esa histrica evolucin. [...] Marx y Engels reconocieron abiertamente y teorizaron que el desarrollo del movimiento revolucionario sealaba la tendencia de que el campo asediaba las ciudades del capitalismo. Deducan de esta tendencia la certeza de la crisis del capitalismo y la ineluctabilidad de la revolucin socialista. Los hechos posteriores a 1917 han confirmado plenamente su previsin cientfica56.

 

Con anterioridad, en sus artculos sobre la situacin mundial y en sus cartas y correspondencia, las luchas anticolonialistas les concienciaron sobre la necesidad de posturas muy radicales a favor de esos pueblos, que pasaban generalmente por la revolucin agraria. De todos modos, no debemos mitificarles porque eran hijos de su tiempo.

S. Gianni nos recuerda que:

Marx fue, como diramos hoy, esencialmente eurocntrico (dada la poca, de hecho, sera asombroso que fuese lo contrario): por ejemplo, atribuy predominantemente el encuentro con el Occidente y con el capitalismo y no al desenvolvimiento de potencialidades autctonas los grmenes de progreso y de transformacin de las sociedades asiticas. Sin embargo, habl tambin con respeto de algunos valores positivos contenidos en las culturas de Asia, y con mucha admiracin de sus capacidades de resistencia y de lucha contra las invasiones occidentales. En muchos casos, Marx observ que, si las leyes de la economa y del progreso material estaban del lado de Occidente, la moral y la civilizacin estaran sobretodo del lado de los chinos57.

En tensin siempre con su eurocentrismo, fueron buscando una explicacin al porqu del aumento de las resistencias. Esa bsqueda terica fue nica en el panorama intelectual de su poca y solo pudo realizarse gracias a que pertenecan al movimiento socialista revolucionario que les surta de informacin. Krader ha descrito as su desarrollo terico;

Los estudios etnolgicos de Marx se hallaban en una parte en conexin con sus estudios sobre la comuna campesina, es decir, con la cuestin del suelo y de los labradores como tema histrico a la vez que actual; por otra parte se relacionaban con el problema de las aplicaciones agrcolas de la ciencia y la tecnologa. En las dcadas de 1850 y 1860 haba escrito sobre los principados danubianos y sobre temas orientales, referentes sobre todo a la India y China. Sus estudios sobre comunas campesinas eslavas, germnicas, irlandesas y sudasiticas, y sobre la historia de estas regiones, haban sido citados junto con datos etnolgicos de autores antiguos en los Grundrisse, en la Crtica de 1859 y en El capital. Esos estudios se hallan aprovechados ms extensamente en los extractos de las dcadas de 1870 y 1880. Fue en el epistolario con Vera Zasulic donde Marx mostr cul era concretamente su inters en estos temas; el problema histrico de la comuna campesina en Rusia y sus relaciones sociales internas, tan sumamente vitales, le era familiar: en las cercanas de Trveris, su patria chica, exista an en su tiempo una comunidad as. La comunidad campesina se basaba en actividades colectivas, cuyo fin social no era en primera lnea la acumulacin de propiedad privada. Al contrario, lo caracterstico de estas comunidades era la inmanente vinculacin de moral social y tica comunal colectiva as como la indivisin entre mbito privado y pblico. Segn Marx, los pueblos eslavos y otros con un alto porcentaje de comunidades e instituciones campesinas no tenan necesariamente que atravesar el proceso del capitalismo. Esta tesis iba contra el fatalismo histrico y, en general, contra el historicismo y diversos determinismos histricos. Los estudios etnolgicos de los aos 1879-1882 trataban de los Estados antiguos y de las comunidades y sociedades tribales tanto arcaicas como modernas. La categora de Morgan sociedad gentilicia la entenda Marx como interpretacin de una institucin concreta, a la vez que, desde un punto de vista abstracto, como estudio del progreso evolutivo. De esta categora, puesta en relacin con las comunidades campesinas, tom Marx el modelo de una sociedad que, en vez de concentrarse en el esfuerzo por adquirir riqueza personal y privada, desarrollara instituciones colectivas de propiedad58.

Esta larga e imprescindible cita se completa con las precisiones que hace Krader pginas ms adelante sobre las relaciones entre Morgan, Engels y Marx, tema que no podemos reflejar aqu. S debemos decir que Marx rechazaba en palabras de Krader la teora de la evolucin convertida en evolucionismo, una doctrina reconfortante y confortable para quienes quiere fijar las actual civilizacin como telos del progreso; la asuncin de los valores subjetivos de la civilizacin como resultado final de la evolucin sirviendo de razn para darse por satisfecho consigo mismo. A estos fines serva la reconstruccin del pasado, fortaleciendo con medios morales el dominio y explotacin de una nacin por otra. La mano violenta del colonialismo reciba el apoyo de un aparato entre cientfico y pseudocientfico59.

Krader insiste en el carcter no solo inconcluso de los estudios de Marx y Engels, que aunque brevemente60 tambin se preocup del problema de la propiedad comunal y de las sociedades antiguas con formas de propiedad no privada, sino tambin de la permanente interdependencia entre los avances tericos de Marx y los avances de las ms modernas teoras en paleontologa, biologa, etnologa, evolucin de la especie humana, o sea, de la ciencia en general. Sin embargo, a pesar del carcter inacabado pero permanente de sus estudios sobre el campesinado, la comuna y las formas de propiedad precapitalista, existen varias lneas rojas que vertebran esa continuidad. Una de ellas, fundamental, es la defensa a ultranza del llamado derecho consuetudinario desde los primeros textos de un Marx con 24 aos de edad. El derecho elemental de los todos los pueblos61 a utilizar los recursos de la Naturaleza, recursos colectivos, populares, bienes comunes no privatizables por una minora explotadora, esta reivindicacin histrica, es teorizado brillantemente en 1842.

La evolucin del pensamiento de Marx sobre el campesinado es analizada tambin por Michael Dugget que muestra cmo, con lentitud y retrocesos, va avanzado desde el inicial desprecio hasta una visin no solo ms favorable sino sobre todo a una concepcin estratgica del proceso revolucionario mundial en la que se empieza a teorizar62 la fuerza emancipadora del campesinado y de bastantes de sus formas de autoorganizacin y lucha, sobre todo cuando stas se realizan en base a propiedades comunales. Sin duda, el llegar a esta conclusin fue favorecido por su muy temprana defensa del derecho consuetudinario de los pueblos.

Andrzei Walicki estudiada el pensamiento de Marx y Engels sobre el populismo ruso, sobre las potencialidades que este movimiento poltico entrevea en el campesinado y en su forma comunal a finales del siglo XIX. Al igual que M. Dugget, Walicki insiste en que hay que contextualizar la evolucin de las ideas de ambos amigos porque las tesis de Marx estn desarrolladas en su correspondencia hasta poco antes de su muerte en 1883, pero la expansin del capitalismo en Rusia fue imparable y para 1892 Engels, que siempre haba sido ms escptico que su amigo, se haba vuelto an ms pesimista sobre si podra materializarse todo el potencial revolucionario de la comuna campesina. A pesar de la contextualizacin, hay tres lecciones en las ideas de Marx y Engels sobre esta cuestin: son contrarios a toda filosofa de la historia porque la historia no est preescrita; hay que seguir investigando el papel del campesinado en la revolucin; y descubrir en el pasado los embriones de lo nuevo63.

Ahora nos interesa la tercera leccin estudiar el pasado para intervenir en el presente e iluminar el futuro porque fue precisamente lo que no hicieron sus sucesores en la cuestin del campesinado, de los valores revolucionarios precapitalistas, de los modos de produccin comunales, etc. O sea, hablamos del mtodo dialctico cuyo desprecio fue una de las razones del desastre de la izquierda europea en el ltimo tercio del siglo XX, como hemos dicho antes.

Pues bien, la naturaleza dialctica del mtodo marxista de estudio de las sociedades antiguas, precapitalistas, es explicada por Marx a Engels en una carta de 1869:

Sucede con la historia humana como con la paleontologa. Hay cosas que se tienen debajo de las narices y que las inteligencias ms eminentes no las ven, en un principio, por efecto de cierta ceguera de juicio. Despus, cuando comienza a lucir la aurora, viene la sorpresa cuando se advierte que lo que no se haba visto ofrece an vestigios por todas partes [] La segunda reaccin, que corresponde a la tendencia socialista, aun cuando sus sabios no se dan cuenta en absoluto de que es la suya, consiste en remontarse por encima de la Edad Media, a los orgenes de cada pueblo. De ah que les sorprenda tanto encontrar en lo que existe de ms antiguo las cosas ms nuevas, e incluso hasta cierto punto a igualitarios, cosa que hace temblar al mismo Proudhon64.

Marx comenta a Engels la importancia de los libros de Maurer sobre la sociedad antigua, sobre las relaciones de propiedad y las luchas en Roma, etc., en los que se ofrece una visin nueva del pasado que ayuda a descubrir en el presente viejas formas supervivientes bajo la apariencia dogmtica y formal de la superficie de los procesos. Son los aos en los que Marx profundiza en el estudio de los modos precapitalistas de produccin, en las formas de propiedad, en las formas comunales, etc. Tambin tiene mucha importancia para nuestra ponencia, por razones obvias, lo que Marx comenta un poco despus sobre las formas irracionales de explotacin agraria: El efecto primero del cultivo sera til, pero terminara por ser devastador, por efecto de la tala de bosques, etc. [] El resultado es que el cultivo, si progresa naturalmente, sin ser dominado conscientemente (como ciudadano, no llega naturalmente hasta ese extremo), deja tras de s desiertos. Persia, Mesopotamia, Grecia, etc. Y ya tenemos, inconscientemente, otra vez la tendencia socialista65.

La dialctica de la totalidad capitalista de 1869 est condicionada por la antigua dialctica de la formas de propiedad precapitalista, por la desertizacin, por las luchas de clases, por las historias de los pueblos Y aunque no lo sepa ni tal vez lo quiera, el socialismo debe extraer lecciones de ese pasado antiguo, debe y puede extraer valores vitales para el presente quin desea la desertizacin de la tierra?, lecciones que ataen a temas centrales en la actualidad como son las relaciones sustantivas entre el lenguaje y la propiedad comunal. Leamos a Marx:

Qu dira el viejo Hegel si se enterara en el otro mundo de que Allgemeine [lo general] en alemn y en nrdico no significan ni ms ni menos que Gemeinland [los bienes comunes], y el Sundre, Besondre [lo particular], ni ms ni menos que la parcela particular separada de los bienes comunes? As pues, las categoras lgicas derivan inevitablemente de nuestras relaciones humanas66.

Vemos as como la dialctica del conocimiento est intrnsecamente unida al materialismo histrico. Las categoras lgicas surgen en y de las contradicciones sociales. Las sociedades antiguas pueden ensearnos lecciones positivas y negativas; pueden descubrirnos valores muy actuales como el del pensamiento comunitario, pero solo a condicin de que tengamos un pensamiento dialctico materialista. Tenemos el ejemplo del concepto comuna.

En 1875, Engels escribe a Bebel estas ilustrativas palabras: Por eso nosotros propondramos remplazar en todas partes la palabra Estado por la palabra comunidad (Gemeinwesen), una buena y antigua palabra alemana equivalente a la palabra francesa Commune67. Por razones obvias, el reformismo las olvid y el estalinismo hizo todo lo contrario a pesar de los esfuerzos de Lenin y de pequeo grupo que le segua. Pero tienen una decisiva importancia en el cuerpo terico marxista en general y sobre todo en la actualidad como demuestran Derek Sayer y Philip Corrigan68: emplear el trmino de Comuna en vez del de Estado permite ver la historia de manera ms profunda y permite desarrollar la democracia socialista, comunera, mucho ms que lo que lo hace el simple Estado.

Isabelle Garo muestra cmo mediante el estudio detenido de Polonia, Irlanda, China, Rusia, India, Mjico, Per, Argelia, Marx descubri la fuerza del campesinado, la dialctica entre campesinado, proletariado y nacin, la necesidad de la revolucin agraria en alianza con el proletariado, la visin no lineal de la lucha de clases a raz de la fuerza de las comunas campesinas, etc.:

[] la figura del proletariado es compleja. Para entenderla, hay que tener en cuenta la especificidad de su formacin nacional y por tanto ponerla obligatoriamente en relacin con la idea de pueblo. Pero, segn Marx, es preciso tambin, a medio plazo, apuntar a una emancipacin que sepa superar las barreras nacionales y los antagonismos, sin unificar a pesar de ello las vas polticas, ni las culturas en el seno de un guin unitario, preescrito, de superacin del capitalismo. La atencin a la periferia no occidental del capitalismo, cuya importancia se revelar plenamente en el marco de las descolonizaciones del siglo XX, se encuentra ya en el propio Marx, que contempla que determinadas sociedades puedan pasar al comunismo sin pasar por el capitalismo, ahorrndose as su violencia social y su barbarie colonial69.

La complejidad del trmino proletario, que nos remite al problema de las relaciones entre la teora del concepto y la teora del sujeto70, permite sin embargo y en contra de lo que sostiene la lgica formal, descubrir realidades mucho ms ricas y amplias, decisivas. Este es el caso de la contestacin de Engels a Kautsky. En 1882, un ao antes de morir Marx, Kautsky preguntaba a Engels sobre si el socialismo europeo deba defender el derecho a la independencia de las colonias, porque crea que tal derecho solo era aplicable a Europa. Inglaterra haba bombardeado el puerto egipcio de Alejandra y la mayora de la militancia socialista europea estaba a favor del pueblo egipcio. Engels respondi a Kautsky criticando el gobierno egipcio por reaccionario pero saliendo en su defensa frente al ataque britnico, y apoyando decididamente al campesinado egipcio71. Luego tendremos que volver a Kautsky y su tesis sobre el Estado civilizador.

La dialctica del sujeto revolucionario, presente en la respuesta de Engels, explica que, en el nivel concreto del debate, o sea, el bombardeo ingls de Alejandra, dentro de la lucha de clases mundial existan varios sujetos: el colonialismo britnico, muy apoyado por la clase trabajadora de las Islas; la podrida y reaccionaria clase dominante egipcia, y el pueblo egipcio, el campesinado mayoritario pero tambin los artesanos, braceros, trabajadores y gente de Alejandra que padeci el bombardeo. En primer lugar, Engels apoya al pueblo y solo luego y con muchas crticas apoya a la burguesa egipcia pero en la medida en que se resiste al colonialismo, al que denuncia sin piedad. Ms adelante veremos cmo Lenin, Mao, Ho Chi Min, Maritegui, emplean la dialctica del sujeto, despreciada por la izquierda occidental.

6. Kautsky

En la obra de Kautsky sobre la cuestin agraria y el campesinado encontramos ideas que a pesar de surgir en 1899, s mantienen ahora un cierto valor que debemos adecuar a las realidades actuales: Tampoco en parte alguna es peor la situacin que en los Estados policiacos en que una tutela burocrtica de muchos siglos ha borrado las costumbres de una democracia corporativa72. Tambin sostiene que la gran explotacin no es siempre la mejor73. Pero escasas tesis estn supeditadas a una visin estratgica en la que prima el concepto de civilizacin europea superior a la barbarie de los pueblos atrasados y la incultura campesina. Sobre todo en el apartado dedicado al comunismo de aldea en el que aparece al desnudo su determinismo mecanicista y gradualista de Kautsky:

Por otro lado, sera en cambio caer en la exageracin pedir la supresin pura y simple de los derechos de pasto y de tala de bosques que hayan podido conservar algunas poblaciones menesterosas. La supresin de estos derechos forma parte del gran proceso de expropiacin de las masas populares en favor de algunos pocos propietarios. Este proceso es inevitable y es un supuesto previo indispensable del desarrollo de la produccin socialista moderna. [] All donde campesinos pobres y asalariados han conservado derechos de pastos y de tala, la socialdemocracia no debe querer suprimirlos. Ya hemos comparado los efectos a los de las casas obreras construidas por los empresarios. Pero, por mucho que se pueda deplorar que los obreros estn encadenados y dominados gracias a estas viviendas, incluso en ese caso, sera equivocado perseguir que sean expulsados de sus casas74.

La apisonadora capitalista no puede ser detenida por nada, pero ello no impide que, aceptndolo, la socialdemocracia luche al menos por mantener activos los antiguos derechos colectivos durante el tiempo posible aunque estn condenados indefectiblemente a la extincin. Semejante interpretacin est reforzada adems por la defensa de la superioridad de la civilizacin occidental sobre las costumbres primitivas y atrasadas del campesinado. Kautsky utiliza el trmino de Estado civilizador o kulturstaat como antagnico al Estado policaco75. Reconoce que el Estado actual, al igual que todos los Estados, es una institucin de dominio que se preocupa exclusivamente por los intereses econmicos, polticos y militares del capital. Ms concretamente:

La lucha del proletariado por la conquista del poder no es simplemente una lucha por la conquista de los medios de dominacin, sino que aspira tambin a transformar la monarqua absoluta o la oligarqua en democracia, aspira a eliminar de las tareas del Estado las que se refieren al dominio de clase, para llevar al primer plano la tarea de elevar la sociedad a un nivel ms alto, aspira a transformar el Estado policaco y militar en un Estado civilizador. Todo esto est completamente claro y no precisa de ms explicaciones76.

El desarrollo del Estado civilizador se inscribe dentro del criterio de necesidad histrica ineluctable ya presente en la visin de Kautsky: una concepcin que, como explica Montserrat Galceran, exclua cualquier intervencin prctica [] la primaca de lo econmico, entendida como tecnolgico, implicaba limitar la revolucin social a una adaptacin de las relaciones productivas a las necesidades econmico-tcnicas. El proceso de adaptacin se presentaba, por lo dems, como un proceso continuado, en el que primaban las reformas, mientras que la revolucin se converta en un recurso extremo, para el caso de que la adaptacin chocara con l77.

La ausencia absoluta de agilidad dialctica en Kautsky, que concuerda con su necesidad histrica frrea, se comprueba en algo elemental para la cuestin que tratamos: la funcin de las creencias populares en la defensa de las formas de vida. Mitos y tradiciones orales o escritas posteriormente, con muchos cambios, sobre el paraso, la edad de oro, el reino de los cielos, el buen vivir, etc., reflejan distorsionadamente anhelos que se hunden en el pasado remoto. Comprenderlos y estudiarlos para ver qu pueden aportar al presente, exige de un mtodo dialctico ausente en Kausky. Ambrogio Donini, refirindose a la exuberante riqueza de matices, diferencias y contradicciones sociales de las creencias religiosas antiguas, ha dicho que:

Las ideas expresadas por todos esos grupos lejos de ser coherentes reflejaban una gran variedad de aspiraciones. Uno de los defectos de la notable obra de Kautsky sobre los orgenes del cristianismo consiste en no haber tenido en cuenta esa compleja estructura social y haber reducido a esquemas ideolgicamente rgidos una realidad que se caracteriza por su elasticidad y continuo movimiento78.

Los esquemas rgidos, antidialcticos y mecanicistas, de Kautsky sobre los contenidos sociales del primer cristianismo reforzaron la visin eurocntrica de la socialdemocracia incapaz de ver que, en determinados contextos, algunas versiones menores del cristianismo podan engarzar sincrticamente con las creencias paganas de los pueblos generando otras ideologas impulsoras de resistencias anticolonialistas. Tal visin se plasmaba, adems, en las medidas organizativas que la II Internacional decretaba para los socialistas no europeos. En 1900 vot en el Congreso de Pars la formacin de partidos socialistas coloniales vinculados a las organizaciones metropolitanas79, con lo que se impona una dependencia terica, cultural, poltica y organizativa del socialismo de las colonias al de la metrpoli, negando as la independencia en todos los sentidos de las fuerzas revolucionarias de los pueblos oprimidos.

En 1904 apareci una corriente que defenda una poltica colonial socialista positiva porque el colonialismo era una realidad inevitable y necesaria incluso en una sociedad socialista. Las diferencias se ahondaron y en el Stuttgart de 1907 existan tres corrientes: a favor del colonialismo socialista; de centro, que denunciaba lo peor del colonialismo, pero no a ste en cuanto tal; y de izquierdas80. S. Gianni ha escrito que:

En los aos de la Segunda Internacional, esa compleja problemtica marxiana (que, adems, era conocida solo parcialmente en la poca) fue olvidada o vulgarizada. La expansin colonial estaba en su pice, y se orientaba en aquel momento sobre todo hacia frica, trayendo la rebelin de los pueblos que recin emergan de tres siglos de trfico de esclavos, y que ciertamente no tenan una tradicin cultural comparable a la de India o China. Es un hecho que los escritos de los socialistas y las intervenciones en los congresos de la Internacional estn llenos de expresiones como pueblos hostiles e incapaces de ser civilizados, salvajes, civilizacin superior (obviamente la europea), pueblos en un perodo de infancia, etc. El debate en que ms se empe la Segunda Internacional se refera al siguiente problema: en qu medida los socialistas deban dejarse envolver por la poltica colonial, considerada por todos, de cualquier modo, como una necesidad histrica. Algunos (Bernstein, Van Kol, David, Labriola, Treves y otros) defendan la oportunidad de una poltica colonial socialista, o sea, de una participacin activa de los socialistas en los emprendimientos coloniales, como mximo esforzndose por aliviar las penas de los indgenas. Otros, capitaneados por Kautsky, preferan lavarse las manos como Pilatos: No, ese trabajo es muy sucio para que el proletariado pueda tornarse su cmplice. Llevar a cabo esa empresa vergonzosa es una de las tareas histricas de la burguesa, y el proletariado debe considerarse feliz por no tener que ensuciarse as sus manos81.

El eurocentrismo cohesionaba la tesis derechista sobre la bondad del buen colonialismo, y a la corriente de centro que solo criticaba sus efectos negativos. Conforme la socialdemocracia fue aburguesndose, el eurocentrismo fue apoderndose de su interior, y por mil vericuetos, infect a los pequeos grupos de izquierda marxista dentro de la II Internacional, entre la reducida socialdemocracia rusa antes de su escisin en bolcheviques y mencheviques. Tambin penetraba el mecanicismo, el positivismo y el idealismo neokantiano. Adelantndose al reformismo bernsteiniano82, los llamados marxistas legales introdujeron en la primera socialdemocracia rusa buena parte de estas ideas ya que, como ha demostrado V. Strada entendan el marxismo como un instrumento de europeizacin83 de las culturas atrasadas.

7. Lenin

Los debates con y sobre el populismo y el papel de la comuna campesina fueron centrales en los primeros aos de la socialdemocracia rusa. Ya en sus primeros textos de finales del siglo XIX, Lenin tuvo que lidiar con las varias formas de populismo y de sobrevaloracin del potencial emancipador de la comuna campesina, siendo significativo el que estuviera ms cerca del populismo revolucionario en la cuestin de la alianza estratgica entre el proletariado y el campesinado, que del marxismo legal. Quitando matices secundarios, Lenin coincida con el populismo revolucionario en tres84 cuestiones fundamentales: la revolucin sera anticapitalista y no solo antizarista; el capitalismo no tena largo futuro en Rusia; y la importancia concedida al llamado factor subjetivo como fuerza material de lucha revolucionaria. De algn modo, esta triple cercana entre Lenin y el populismo revolucionario se trasladara de manera fuerte o dbil a otras luchas de liberacin antiimperialista en las que existan tradiciones comuneras campesinas y un proletariado que no haba roto an sus lazos con su pasado campesino.

La influencia del mecanicismo de Plejnov era innegable, como tambin lo era la de Kautsky como hemos visto. La decisiva carta de Marx a Vera Zaslich de 1881 no fue conocida pblicamente hasta 1924 porque Plejnov se la guard para l85. Detenindose en este comportamiento censor, Martin Corts dice que no resulta paradjico sino sintomtico86 ya que indica el grado de antagonismo poltico y terico subyacente al debate sobre la comuna campesina. Pero como sucede siempre, del mismo modo que la historia corrigi a Engels sobre su error con respecto a los pueblos sin historia, tambin ocurri lo que Lenin sintetiz en esta expresin: la revolucin ensea. Leamos la carta de un soldado ruso a su familia campesina escrita a final de verano de 1917:

Querido compadre, seguramente tambin all han odo hablar de bolcheviques, de mencheviques, de social-revolucionarios. Bueno, compadre, le explicar que son los bolcheviques. Los bolcheviques, compadre, somos nosotros, el proletariado ms explotado, simplemente nosotros, los obreros y los campesinos ms pobres. ste es su programa: todo el poder hay que drselo a los diputados obreros, campesinos y soldados; mandar a todos los burgueses al servicio militar; todas las fbricas y las tierras al pueblo. As es que nosotros, nuestro pelotn, estamos por este programa87.

La entrada del campesinado pobre, que ya daba muestras de hartazgo un ao antes, no haca sino confirmar su enorme fuerza potencia. Ya en 1915 Lenin era consciente de que Los tiempos en que la causa de la democracia y del socialismo estaba ligada solo a Europa, han pasado para no volver88, lo que vena a decir que se generalizaran las luchas de los pueblos colonizados en las que la masa campesina jugara un papel decisivo. Como hemos visto, sin los campesinos armados la revolucin hubiera fracasado al poco tiempo. Aqu tenemos que volver a la teora del concepto a la que nos hemos referido arriba. Tenemos como ejemplo qu concepto de masas, ms amplio y abarcador que el de clase social, y parecido al de pueblo trabajador que tambin empleaban los bolcheviques. En un largo prrafo que no transcribimos, Lenin argumenta que e l concepto de masas vara segn cambie el carcter de la lucha. Al comienzo de la lucha bastaban varios miles de verdaderos obreros revolucionarios para que se pudiese hablar de masas [] El concepto de masa cambia en el sentido de que por l se entiende una mayora, y adems no solo una simple mayora de obrero, sino la mayora de todos los explotados 89 .

Aunque se refiere aqu a las masas obreras, es obvio que la flexibilidad de su concepto le permite referirse tambin al campesinado, si ese fuera su caso, como se haba visto poco antes, en el Segundo Congreso de la Internacional Comunista, de agosto de 1920, cuando en la Tesis sobre el Problema Nacional y Colonial90 expone la poltica hacia el campesinado que rompe con el eurocentrismo socialdemcrata. Muy importante en este sentido fue el debate entre Lenin y Roy sobre la necesidad de aceptar el trmino de movimiento nacional revolucionario en vez de movimiento democrtico-burgus91, porque incida directamente en la especificidad de la nacin oprimida, colonizada, que en definiciones occidentales sobre la democracia; pero sobre todo fue la tesis de que si el proletariado occidental victorioso apoya decididamente a los pueblos oprimidos en su lucha nacional revolucionaria, entonces:

Es errneo suponer que la fase capitalista de desarrollo sea inevitable para los pueblos atrasados. En todas las colonias y en todos los pases atrasados no debemos limitarnos a formar cuadros propios de luchadores y organizaciones propias de partido, no debemos limitarnos a realizar una propaganda inmediata de en pro de la creacin de Soviets campesinos, tratando de adaptarlas a las condiciones precapitalistas. Adems de eso, la Internacional Comunista habr de formular, dndole una base terica, la tesis de que los pases atrasados, con la ayuda del proletariado de las naciones adelantadas, pueden pasar al rgimen sovitico y, a travs de determinadas etapas de desarrollo, al comunismo soslayando en su desenvolvimiento la fase capitalista, es imposible sealar de antemano los medios que sern necesarios para que esto ocurra. La experiencia prctica nos la ir sugiriendo. Pero es un hecho fundamentalmente establecido que la idea de los Soviets es entraable a todas las masas de trabajadores de los pueblos ms lejanos; que esas organizaciones, los Soviets, deben ser adaptadas a las condiciones de un rgimen social precapitalista y que los partidos comunistas deben comenzar inmediatamente a trabajar en este sentido en el mundo entero92.

Los soviets son entraables a las masas trabajadoras precapitalistas, campesinas en su inmensa mayora, porque conectan directamente con sus formas comunales de organizacin y resistencia. La cultura y memoria popular almacena mal que bien las lecciones de esas luchas y las transmite de alguna forma. Ya en 1902 Lenin reconoce la importancia prctica y terica de las desarrolladas por el pueblo ruso en su larga historia de lucha contra el zarismo93. Trotski, por su parte, se refiere a la campesina francesa Mariette, para quien siglos y siglos de acontecimientos y de pruebas han enriquecido y saturado su memoria poltica94. Siglos que se han materializado en su presente.

Si nos fijamos, los dos revolucionarios se refieren a la experiencia campesina. Mao hace otro tanto al recuperar la tradicin subversiva representada en el personaje mtico del Viejo Tonto que con su tenacidad remova montaas95 y animaba a generaciones de explotados a resistir al explotador. Para que fuera pedaggico el mito del Viejo Tonto, Mao tena que emplear un concepto amplio y mvil de pueblo: El concepto de pueblo tiene diferentes contenidos en los diversos pases y en los distintos perodos de cada pas [] En la etapa actual de edificacin del socialismo, integran el pueblo todas las clases, catas y grupos sociales que aprueban y apoyan la obra de edificacin del socialismo y participan en ella. Los enemigos del pueblo son todas las fuerzas y grupos sociales que oponen resistencia a la revolucin socialista, que se muestran hostiles a la edificacin socialista y la sabotea96.

No tiene sentido reincidir en citas de otras y otros revolucionarios que emplean la misma dialctica para conocer qu son las masas y el pueblo, inclusos qu son las clases sociales partiendo de la definicin de Lenin97. En Nuestra Amrica esta cuestin ya ha sido resuelta en lo fundamental, gracias a las lecciones de las masas y de los pueblos como en la Bolivia de 1929 que confirm que: el indio es capaz de todo sacrificio cuando se trata de la recuperacin de sus tierras98. En otras regiones, como la centroamericana, los pueblos generaron formas democrticas y de defensa colectiva transmitidas en la prctica pero tambin en las formas mticas de sus culturas comunales que, ms tarde, sirvieron de base al movimiento zapatista.

Jorge Fava ha llamado la atencin sobre las races mticas que refuerzas internamente al zapatismo, destacando las siguientes: unidad en la diversidad; procedimiento colectivo en la toma de las decisiones, la unanimidad; ejercicio de la autoridad como servicio y autonoma comunitaria: Ancestralmente las comunidades mayas se han autogobernado a travs de un consejo en el que los comuneros, reunidos en asamblea, participan de manera directa e igualitaria en la toma de las decisiones que los afectan en su cotidiano vivir. El intenso debate que all tiene lugar se prolonga todo el tiempo necesario hasta que, finalmente, se llega a un acuerdo entre todos los asistentes, sin disidencias. 99

Pero la demostracin boliviana de 1929 y de Nuestra Amrica en general, como la china de 1927 y una infinidad ms, apenas sirvi de algo porque en 1931, se realiz el triste y daino Debate de Leningrado100 en el que la burocracia estalinista en proceso de asentamiento definitivo impuso la visin lineal, mecnica y determinista de la sucesin de solo cuatro modos de produccin, excomulgando al llamado por Marx modo de produccin asitico, que con los conocimientos actuales es el modo de produccin tributario, y otras modos especficos que tambin aparecen en la obra marxiana: a comienzos de los aos 30, la condena de la teora del modo de produccin asitico, con la correspondiente afirmacin de la teora de las fases obligatorias en la historia de todo pueblo, contribuy para aqul empobrecimiento del marxismo (tanto occidental cuanto oriental) que tuvo lugar en muchos mbitos101. Aprovechando que los jvenes Marx y Engels solo hablaron de tres modos de produccin102, y que Engels solo cita cuatro de ellos103 comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo y capitalismo, en Leningrado se decret que eran los nicos que podan y deban existir en la historia:

Estos debates sobre la sociedad asitica giraban sobre la controversia entre una visin determinista y monolineal de la historia y las perspectivas multilineales. La validez del MPA (modo de produccin asitico) resultaba crucial para los enfoques multilineales porque implicaba que el marxismo no estaba comprometido con un esquema evolutivo mecanicista en el cual las fases histricas se suceden de acuerdo con leyes necesarias. El esquema unilineal comunismo primitivo, esclavo, feudal, capitalista y socialista vino a prevalecer despus que de la conferencia de Leningrado de 1931 rechazara la relevancia del MPA para el anlisis de las sociedades asiticas. La decisin fue confirmada por la adhesin de Stalin a una perspectiva mecanisticamente monolineal; el rechazo del MPA signific que las sociedades asiticas fueran a continuacin incluidas en las categoras de esclavitud o feudalismo104.

Al comienzo de los aos 30, los enfoques multilineales, es decir, admitir que los pueblos pueden hacer sus revoluciones sin tener que seguir las directrices de Mosc, suponan un riesgo para la burocracia que empezaba a dominar la URSS. Como se vera poco despus, en 1935, con la lnea de los Frentes Populares, o con el pacto con Hitler en 1939, o con los acuerdos con Estados Unidos en 1944-1945, por ceirnos a Europa, las secuelas del Debate de Leningrado fueron desastrosas. Tambin lo fueron para los procesos de liberacin nacional anticolonialista y antiimperialista, forzados por Mosc a buscar negociaciones claudicantes con sus respectivas burguesas nacionales, muchas de las cuales terminaron en sangrientas masacres.

8. Buen Vivir

Pero tanta brutalidad imperialista reactiv la conciencia humana, comprobndose que El socialismo, la idea de un regreso a la edad de oro, es decir, una sociedad sin clases, es mucho ms viejo que el capitalismo industrial. Son prcticamente tan viejos como la propia divisin de la sociedad en clases. Encontramos ecos de ella en la antigua poesa griega, en los profetas hebreos, en los primeros padres de la Iglesia catlica, en numerosos pensadores de la China clsica y el islam. Durante la Edad Media y en los grandes movimientos ideolgicos a partir del siglo XV, esta tradicin se extiende cada vez ms. Tambin es reforzada por la existencia de sociedades relativamente igualitarias encontradas por los europeos durante los viajes de descubrimiento o campaas de conquista105.

Para corroborar lo que acabamos de leer tenemos las siguientes palabras:

El Buen Vivir (o Sumak Kawsay, o Alli Kawsay, o ande Reco, o cualquier otro nombre que usted le quiera poner, como Ubuntu en frica o Svadeshi, Swaraj y Apargrama en la India) consiste simplemente en reconocer la existencia de otros valores, experiencias y prcticas. Es decir, consiste en reconocer otra forma de organizar la vida, en relacin con los propios seres humanos y entre estos y la naturaleza, viviendo en armona y comunidad. Yo creo que ese es el punto medular. Y en este sentido creo que cobra especial importancia reconocer la realidad colonial de Amrica Latina pasados ya ms de 500 aos de la conquista; una colonizacin que en cierta medida contina en la actualidad [] Las ideas del Buen Vivir, en trminos amplios, han existido y existen en diversas partes del planeta. Si por el concepto de Buen Vivir entendemos una vida en armona del ser humano, consigo mismo y con sus congneres (otros pueblos o naciones), as como en armona con la naturaleza, entonces debemos reconocer a este trmino no simplemente como una alternativa de desarrollo, sino como una alternativa al desarrollo106.

Jaro Ferreira sostiene que es en la mitad de los aos 60 cuando en la amplia Bolivia se inicia el resurgimiento del nacionalismo indgena pero con ms insistencia en las reivindicaciones culturales que en las de la propiedad de la tierra107. No nos corresponde a nosotros detallar las causas de la prioridad de las reivindicaciones culturales sobre las de la propiedad de la tierra, s decir que la defensa de la cultura popular, cultura no mercantilizada en la medida en que esta sigue existiendo, se convierte en otra forma de lucha contra la industria cultural imperialista. Nuestra Amrica tiene mucha experiencia al respecto, y ya desde finales de los aos 60 la lucha cultural adquira cada vez ms urgencia en todo el continente y no solo entre los pueblos originarios. R. Vega Cantor defiende que las tradiciones tienen componentes emancipadores y afirma que el permanente ataque capitalista contra la memoria de lucha de los pueblos constituye otra tpica maniobra de expropiacin, tan importante como la expropiacin de las riquezas naturales de los pueblos del mundo108.

G. Bouchard ha sintetizado once mtodos de exterminio o marginacin de las culturas nativas en Amrica entera, Australia y Nueva Zelanda: supresin fsica, marginacin, aculturizacin, mestizaje biolgico, biculturalismo, ocultacin, bsqueda de semejanza, bsqueda o invencin de orgenes comunes, neutralizacin, mestizaje cultural, y otros recursos109. De una u otra forma, todas ellas se mantienen operativas en el presente. El problema radica en saber conectar la resistencia contra el imperialismo cultural con la resistencia contra el imperialismo poltico-econmico porque, aunque en el fondo son lo mismo, en la apariencia de la vida cotidiana fetichizada se presentan no solo como diferentes, peor an, la defensa de la cultura aparece como la nica o principal reivindicacin mientras se abandona la cuestin estructural de la propiedad al reformismo, a la burguesa. Por debajo de la apariencia fetichizada de la realidad, la concatenacin de la economa capitalista con su industria cultural y con los intereses sociales de las minoras indgenas ricas es tal que resulta imposible separar la lucha por la cultura propia de la lucha por la recuperacin de la propiedad colectiva, movimiento que, si quiere triunfar, a la fuerza ha de realizarse desde una estrategia comunista que desarrolle una cultura de transicin al socialismo110.

Jaro Ferreira analiza esta totalidad incluso en vitales normas colectivas de ayuda a las parejas recin casadas que entre otras cosas han de recibir un trozo de tierra comunal para su sustento: la expansin capitalista las va limitando y destruyendo, con los efectos negativos sobre la cultura comunal que ello acarrea debido a la mercantilizacin de derechos y deberes111. El mismo autor sostiene que las estructuras comunitarias bolivianas entraron en un acelerado proceso de diferenciacin social [] destruccin y degradacin de las formas comunales112 a raz de la reforma agraria de 1953.

Nayeli Moctezuma Prez sigue el proceso de surgimiento del sumak kawsay o buen vivir en la larga cordillera andina, basado en la propiedad comunal de la tierra, el trabajo en cooperacin y en el reparto social de los bienes productivos, forma que se disoci en dos caminos, el de las actuales Per y Bolivia, y el de Ecuador y Colombia. Explica cmo el Inca no destruy este sistema sino que lo integr en su imperio mediante violencias, concesiones e intereses de ciertos grupos lo que facilit el surgimiento de una escisin socia entre una capa social enriquecida113 y el resto del pueblo, si bien no desapareci la cooperacin ni las costumbres comunitarias. La autora explica con el ejemplo de Ecuador, que ni la ocupacin espaola, ni la independencia criolla ni la repblica han acabado con las formas comunales. Reconoce que:

Si bien la estructura comunitaria en muchas ocasiones ha sido refuncionalizada por el capital, en la actual etapa de expansin sobre el territorio y de acumulacin por despojo se vuelve cada vez ms un obstculo, siendo el sumak kawsay una propuesta que parte de la experiencia histrica comunitaria en constante resistencia y que se transforma en proyecto alternativo de sociedad114.

Es muy importante que la autora admita que en muchas ocasiones el capitalismo ha usado en su beneficio la estructura comunitaria, al igual que el movimiento cooperativista radical reconoce que la burguesa frecuentemente emplea el cooperativismo y la autogestin reformista en el suyo. Todo depende de la teora y estrategia que guen la accin comunitaria, cooperativista y autogestionaria115. La antropologa burguesa sabe manipular en su beneficio las contradicciones en los pueblos originarios116, creando otras ms agudas, para romper su unidad ya debilitada e imponer el poder de la minora procapitalista. La intervencin reaccionaria de las llamadas ciencias sociales ya fue denunciada en los aos 70, pero a pesar de ello se incrementara conforme aumentaban las luchas populares. Uno de sus objetivos es reforzar la colonizacin mental de las clases y pueblos. Una buena definicin de colonialismo en el aspecto que ahora nos ocupa nos la ofrece Silvia Rivera en su conversa con Boaventura de Sousa Santos:

Yo veo el colonialismo interno como un modo de dominacin. Esta ltima instancia es lo ms importante, incluso por encima de la economa. No uso la idea de colonialidad del poder y estas cuestiones, porque colonialidad es un estado, un ente abstracto. Colonialismo en cambio es una especie de activo que se incrusta en la subjetividad. El colonialismo interno es internalizado en cada subjetividad y creo que esa es la peculiaridad. Encuentro al sistema colonial como una relacin compleja, conflictiva, contenciosa, que afecta a todas las clases y sectores tnicos de Bolivia. Todas y todos somos colonizados117.

Sera oportuno rescatar las aportaciones de Frantz Fanon sobre la colonizacin mental y cultural para comprender la hondura de los intereses del imperialismo por adecuarlas al presente, teniendo que cuenta que, como explica Luciana Ghiotto, bien pronto se generaliz por toda Nuestra Amrica un multiforme movimiento en defensa de los bienes comunes amenazados abierta y definitivamente por el primer TLC de 1989. Un amplio movimiento formado por campesinos, indgenas, sindicatos, organizaciones ambientalistas, feministas, movimientos territoriales urbanos, piqueteros, entre tantos otros que debe ampliar su lucha contra los TLC y en defensa de la vida en base a un principio bsico corroborado durante los ltimos decenios: Hoy est ms claro que nunca que, o nos salvamos todos, o no se salva nadie. La discusin no puede reproducir ciegamente viejas frmulas que tenan que ver con pactos de gobernabilidad (o ms crudamente, con la paz de clases) 118.

La paz de clases y la gobernabilidad pactada entre explotadores y explotados nunca ha tenido sentido, y menos en el presente. Las versiones interclasistas del Buen Vivir, que las hay y son masivamente difundidas por la industria poltico-cultural, huyen rpidamente de cualquier debate sobre la paz entre las clases. Incluso versiones ms radicales del Buen Vivir, como la de Jess Gonzlez Pazos119, no entran a la contradiccin antagnica esencial: qu formas de propiedad defienden las diferentes, opuestas y contrarias versiones del Buen Vivir, y cmo se posicionan en la actual lucha a muerte entre la propiedad capitalista y la comunista? Rolando Astarita s responde argumentando la imposibilidad objetiva de algo parecido a un socialismo comunitario120 como alternativa al capitalismo indgena, forma regional y supedita al capitalismo mundial.

Este y no otro es el punto crtico: la propiedad de y sobre la Tierra Madre, Ama Lur. La propuesta marxista es ntida y absolutamente inaceptable por la burguesa, sea cual fuere su lugar geogrfico de asentamiento, Manhattan, Euskal Herria o la altiplanicie andina, acabar con los ttulos de propiedad privada de la tierra:

Lo que crea el ttulo son las relaciones de produccin. Cuando estas llegan a un punto en el que no tienen ms remedio que mudar la piel, desaparece la fuerza material del ttulo, econmica y jurdicamente legtima, fuente basada en el proceso de la produccin social de vida, y con la fuente del ttulo la de todas las transacciones basadas en l. Considerada desde el punto de vista de una formacin econmica superior de la sociedad, la propiedad privada de algunos individuos sobre la tierra parecer algo tan monstruoso como la propiedad privada de un hombre sobre su semejante. Ni la sociedad en su conjunto, ni la nacin ni todas las sociedades que coexistan en un momento dado, son propietarias de la tierra. Son, simplemente, sus poseedoras, sus usufructuarias, llamadas a usarla como boni patres familias y a transmitirla mejorada a las futuras generaciones121.

La tierra es la base del proceso de produccin social de vida. Poseerla a ttulo de propiedad privada es lo mismo que poseer, controlar y dirigir la produccin social de vida segn y para los intereses de la minora propietaria. Las versiones interclasistas y reformistas del Buen Vivir escamotean esta decisiva cuestin, sobre la que giran las restantes. Corrientes del Buen Vivir se centran en hablar casi exclusivamente del modelo de centralidad de la vida diferente a la vida alienada burguesa. Desde la perspectiva revolucionaria, para Jos Ramn Fabelo Corzo122: la centralidad de la vida es un componente definitorio del marxismo, cuya metodologa dialctico-materialista es la nica que explica qu es y cmo se muestra esa centralidad en las contradicciones antagnicas que mueven la historia. Porque son esas contradicciones sociales las que explican la praxis y a la vez son explicadas por ellas: sin contradicciones y sin praxis, sin esta unidad concreta en cada poca histrica no se comprende qu es la centralidad de la vida. Por esto, Jos Ramn Fabelo Corzo insiste en otro escrito anterior en la importancia vital de la praxis humana dentro de las discontinuidades de la historia123.

Centrados en el ojo del huracn, el papel de la propiedad de la tierra en el choque de trenes entre la vida burguesa y la vida comunista, es necesario leer la interesantsima entrevista que Mara Torrellas y Carlos Aznares hacen a Lolita Chvez:

La tierra no es solo la tierra en s, es territorio, y la territorialidad te da otras miradas, te da historia: cuerpo de las abuelas y abuelos, biodiversidad, relaciones. Entonces la colectividad, la relacin con la biodiversidad y la red de la vida, hace que tengas otra inspiracin, que no est relacionada con la del capital. El capital es nuestro principal enemigo depredador de los seres que se desvinculan de la madre tierra. Ahora los cdigos de vida estn cambiando rpidamente, la gente est ensimismada, las opresiones estn cayendo a una situacin tan perversa porque a la gente le interesa mucho el capital. Y es razonable porque si los seres ya no se vinculan con la madre tierra, con la biodiversidad, con generar alimento, con generar vida, energa, si las empresas se lo estn dando, van a endiosar a estos poderes que te desvinculan de la madre tierra. Entonces recuperar el ser vinculado con las energas, la madre tierra y el cosmos, es quitarle poder a el capital124.

El solo inicio de la entrevista Somos un pueblo milenario de guerreras y guerreros es significativo en s mismo: en el contexto de opresin patriarco-burguesa imperialista que sufre Guatemala, lo que de entrada quiere resaltar Lolita Chvez es la identidad feminista comunitaria de la lucha guatemalteca por su independencia: un pueblo de guerreras y guerreros en defensa de la tierra y de la produccin social colectiva de la vida.

Para la izquierda revolucionaria uno de los retos es el de adaptar al capitalismo urbano salvaje los valores positivos del Buen Vivir, surgidos en un entorno productivo y cultural muy alejado del terrible contexto cotidiano de las clases trabajadoras que malviven en las gigantescas conurbaciones. Sin salir de Nuestra Amrica, en los ltimos lustros se ha formado una clase obrera oculta125, que pasa desapercibida para muchos polticos e intelectuales de izquierda, centrados exclusivamente en el campesinado y naciones originarias. Las irrupcin de estas grandes agrupaciones humanas es innegable, como lo es que ha reabierto antiguos debates que nunca debieran haberse cerrado en falso; como es innegable la revitalizacin y renovacin de la clase trabajadora mundial gracias a la asalarizacin de millones de campesinos expulsados a la fuerza o por hambre de sus tierras, a la entrada de cientos de miles de mujeres campesinas, y de decenas de miles de artesanos, vendedores autoexplotados y muy pequea burguesa empobrecida.

9. Resumen

Justo al final de su extenso, intenso e imprescindible El principio esperanza, Ernst Bloch nos recuerda lo dicho por Marx y aade una pregunta: Derrocar todas las relaciones en las que el hombre es un ser humillado, esclavizado, abandonado, despreciable. Qu es lo que ha llevado a la bandera roja a tantos que, por as decirlo, no tenan necesidad de ello? Quiz el sentimiento que, siempre que existe, se crispa ante la miseria de tantos126. Y poco despus: Paso erguido: algo que distingue de los animales y que todava no se posee. El paso erguido es primeramente solo un deseo, el deseo de vivir sin explotacin y sin seor127.

El deseo de vivir sin amo, sin explotacin, est presente de algn modo en la historia del ser humano desnaturalizado en esclavo, en explotado y en mercanca. La izquierda eurocntrica perdi el valor humano del deseo revolucionario, lo cambio por las treinta monedas de la civilizacin del capital. El comunismo como deseo ha cedido ante el deseo como dinero. Jodi Dean nos recuerda algunas ideas de Alain Badiou:

Badiou da expresin a la idea filosfica del comunismo eterno mediante lo que llama invariantes comunistas (la pasin igualitaria, la idea de justicia, la voluntad de acabar con las componendas en el servicio de los bienes, la erradicacin del egosmo, la intolerancia ante la represin, el deseo de que el Estado desaparezca)128.

La izquierda ha de recuperar en la praxis estos valores, ha de impulsar las formas organizativas adecuadas para su potenciacin, y ha de argumentar con hechos que tales valores son aplicables contra todas las injusticias y existen desde que stas existen. Para salir de la crisis actual, las fbricas de ideologa burguesa producen mercancas intelectuales que potencian, en Europa, la recuperacin de una especie de occidentalismo bueno que sustituya al colonialismo bueno de comienzos del siglo XX. La misma izquierda est penetrada por la xenofobia y el racismo129, y no combate la poltica migratoria de la Unin Europea haciendo bueno el dicho que quien calla otorga. El racismo europeo es patriarcal: el 73% de las agresiones islamfobas en el Estado francs son contra mujeres130

Por otro lado, no se trata nicamente de multiplicar el consumismo compulsivo para reactivar la debilitada economa, ni de reducir los derechos laborales y sociales multiplicando la explotacin, que tambin, sino a la vez de adoctrinar a la juventud europea para que asuma la eventualidad de una futura guerra en defensa de los valores de Occidente. La tendencia al rearme europeo, sobre todo el alemn131, es imparable132 con la excusa de la defensa del enemigo exterior. Rearme acompaado de un incremento de las policas militarizadas internas y de recortes de derechos133.

El rearme euroimperialista no es el nico argumento sobre la necesidad de recuperar los ideales revolucionarios. Los recientes rumores sobre presiones de la OTAN a Grecia para que se distancie de Rusia indican el ascenso del militarismo interno134, y la humillante venta de los ferrocarriles griegos a una transnacional italiana por un precio irrisorio135 muestra hasta qu grado Bruselas est dispuesta a empobrecer a los pueblos privatizando sus bienes comunes. La reivindicacin de la vida, de la produccin social de vida digna, sana y libre, adquiere carcter de necesidad urgente porque la crisis ha multiplicado monstruosamente el sufrimiento laboral136 y la drogadiccin masiva137 con ansiolticos, sedantes, etc., como escapatoria.

Los valores, el ideal, la utopa concreta de la bandera roja, el poder popular y comunitario, la autoorganizacin y la democracia consejista, sovitica, defendidas por el pueblo en armas, son principios prcticos elementales, irrenunciables.


Iaki Gil de San Vicente

Euskal Herria, 13 de septiembre de 2016


1 La nueva PAC, otra oportunidad perdida, junio de 2013 (http://www.ecologistasenaccion.org/article26278.html).

2 Valladolid: sobreproduccin capitalista y miseria obrera, El proletariado, n 10, mayo-junio de 2016 (http://www.pcint.org/05_Elprol/010/010_valladolid.htm).

3 Guillaume Krempp: La naturaleza, cada vez ms incapaz de satisfacer las necesidades humanas, 22 de julio de 2016 (http://vientosur.info/spip.php?article11536).

4 D. Day: Conquista, Crtica, 2006, p. 230.

5 R. Schnerb: El siglo XIX, Historia General de las Civilizaciones, Destino Libro, 1982. p. 149.

6 AA.VV.: El nuevo imperialismo recupera a Kipling cien aos despus, Neoimperialismo en la edad de la globalizacin, Hacer, 2004. pp. 97-108.

7 L. Panitch y C. Leys (edit.): El Nuevo desafo imperial, Clacso, 2005.

8 E. Dussel: Europa, modernidad y eurocentrismo, La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales, Clacso, 2003, pp. 48-49.

9 Iaki Gil de San Vicente: Gracias a un error de Engels y de Marx?, 18 de enero de 2008 (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=61986).

10 Romn Rosdolsky: El problema de los pueblos sin historia, Fontamara, Barcelona 1981, p. 164.

11 E. J. Hobsbawm: Naciones y nacionalismo desde 1780, Crtica, Barcelona 1991, pp. 23-53.

12 Iaki Gil de San Vicente: El socialismo debe integrar la praxis comunera, 9 de marzo de 2012 (http://www.matxingunea.org/dokumentua/el-socialismo-debe-integrar-la-praxis-comunera/index.html).

13 Gabriel Kolko: El siglo de las guerras. Paids, Barcelona 2005, p. 222.

14 Dany Gluckstein: La otra historia de la Segunda Guerra Mundial, Ariel, Barcelona 2013, p. 105.

15 Daniele Ganser: Los ejrcitos secretos de la OTAN, El Viejo Topo, Barcelona 2010, p. 336.

16 Ch. Bambery: Historia marxista de la segunda guerra mundial, Pasado&Presente, Barcelona 2015, pp. 329-344.

17 Frances Stonor Saunders: La CIA y la guerra fra cultural, Debate, Madrid 2001, pp. 209 y ss.

18 Xabier Arrizabalo: Capitalismo y economa mundial, IME, Madrid 2014, p. 314.

19 Derek H. Aldcroft: La economa europea -1914-2012, Crtica, Barcelona 2013, pp. 383-385.

20 Oliver C. Cox: El capitalismo como sistema social, Fundamentos, Madrid 1972, pp. 35-79.

21 H. Frankel: Sociedad capitalista y sociologa moderna, Artiach Editorial, Madrid 1972, pp. 294-295.

22 Paul Mason: Postcapitalismo. Paids, Barcelona 2016, p. 337.

23 Josep Fontana: Por el bien del imperio. Pasado & Presente, Barcelona 2013, p. 656.

24 Josep Fontana: Por el bien del imperio. Pasado & Presente, Barcelona 2013, pp. 653 y ss.

25 C. Carlos Jess Delgado Daz: Pensar la ciencia y la revolucin cientfica, Filosofa, poltica y ciencia Materialismo y Empiriocriticismo, Editora Poltica, La Habana 2014, pp. 124-130.

26 Adrian Johnston: Del socialismo cientfico a la ciencia socialista: pasado y presente de la Naturdialektik, La idea de comunismo, Akal, Madrid 2014, pp. 133-176.

27 Javo Ferreira: Comunidad, indigenismo y marxismo, Ediciones Palabra Obrera, Ciudad de El Alto, Bolivia 2010, p. 72.

28 Toni Domnech: Hasta qu punto es profunda la crisis de la izquierda?, Viento Sur, Madrid, n 1, enero-febrero 1992, pp. 53-57.

29 Miguel Romero: Adis a la revolucin, Viento Sur, Madrid, n 1, enero-febrero 1992, pp. 65-69.

30 Robert Castel: De la exclusin como estado a la vulnerabilidad como proceso, Pobreza y peligro, Archipilago, Barcelona, n 21, verano de 1995, pp. 27-36.

31 Jos Comas: Una negociacin complicada, 18 de diciembre de 1995 (http://elpais.com/diario/1995/12/18/internacional/819241205_850215.html)

32 Peter Brckner: Sobre la patologa de la obediencia, Psicologa Poltica, Barral Editores, Barcelona 1971, p. 169.

33 Pier Paolo Portinaro: Estado, Claves, Buenos Aires, Argentina 2003, p. 87.

34 Silvina Pascucci: La condena. La concepcin cristiana del trabajo y su funcin ideolgica en la sociedad burguesa, Contra la cultura del trabajo, Ediciones ryr, Buenos Aires 2007, pp. 167-187.

35 Bruno Bosteels: Sobre la cuestin cristiana, La idea de comunismo, Akal, Madrid 2014, p. 53.

36 Bruno Bosteels: Sobre la cuestin cristiana, La idea de comunismo, Akal, Madrid 2014, pp. 60-68.

37 Pablo Rieznik: La pereza y la celebracin de lo humano, Contra la cultura del trabajo, Ediciones ryr, Buenos Aires 2007, pp. 127-128.

38 Eduardo Sartelli: Trabajo y subversin, Contra la cultura del trabajo, Ediciones ryr, Buenos Aires 2007, pp. 11-110.

39 Daniel Bensad: Trabajo y juerga, Viento Sur, n 44, ao VIII, junio de 1999, pp. 101-104.

40 Manuel W. Mallardi: La categora trabajo en Lukcs: Implicancias y fundamentos ontolgicos del ser social, 6 de septiembre de 2016 (https://marxismocritico.com/2016/09/06/la-categoria-trabajo-en-lukacs-implicancias-y-fundamentos-ontologicos-del-ser-social/).

41 Daniel Bensad: Trabajo y juerga, Viento Sur, n 44, ao VIII, junio de 1999, p. 114.

42 Bruno Saccavino: Sobre la lucha contra el trabajo y su proyeccin fuera del mbito laboral, Herramienta, n 57, Primavera de 2015, ao XIX.

43 A.E. Bentez Fleites/J. F. Moreno Garca: Los Pueblos de frica, Edimat Libros, Madrid 2006, p. 31.

44 Marc Bloch: La tierra y el campesinado, Crtica, Barcelona 2002, pp: 242.

45 Nicols Maquiavelo: El Prncipe, Edit. Mexicanos Unidos, S. A. Mxico 1979, pp. 68-69.

46 J. Mostern: El pensamiento arcaico, Alianza Editorial, Madrid 2006, pp. 264-265.

47 K. Marx: El Capital, FCE, Mxico 1973, libro I, p. 653.

48 David Day: Conquista, Crtica, Barcelona 2006, p. 193.

49 K. Marx: El Capital, FCE, Mxico 1973, tomo I, p. 640

50 AA.VV.: El movimiento obrero internacional, Progreso, Mosc, tomo I, p. 87.

51 AA.VV.: El movimiento obrero internacional, Progreso, Mosc, tomo I, pp. 94-95.

52 AA.VV.: El movimiento obrero internacional, Progreso, Mosc, tomo I, p. 96.

53 G.D. H. Cole: Historia del pensamiento socialista, FCE, Mxico 1975, tomo I, pp. 60.61.

54 AA.VV.: El movimiento obrero internacional, Progreso, Mosc, tomo I, p. 97.

55 Consuelo Snchez: Los indgenas en la guerra de independencia, Memoria, n 187, Mxico, septiembre 2004.

56 R. Levrero: Nacin, metrpoli y colonias en Marx y Engels, Anagrama, Barcelona 1975, pp. 86-87.

57 S. Gianni: El problema de la revolucin socialista en los pases atrasados, 1 de octubre de 2005 (http://www.rodolfowalsh.org/spip.php?article1514).

58 Lawrence Krader: Los apuntes etnolgicos de Karl Marx, Siglo XXI, Madrid 1988, p. 11.

59 Lawrence Krader: Los apuntes etnolgicos de Karl Marx, Siglo XXI, Madrid 1988, p. 48.

60 Lawrence Krader: Los apuntes etnolgicos de Karl Marx, Siglo XXI, Madrid 1988, p. 41.

61 K. Marx: Los Debates sobre la Ley acerca del Robo de Lea, En Defensa de la libertad, Los

artculos de la Gaceta Renana 1842-1843, Fernando Torres Editor, Valencia 1983, p. 210.

62 Michel Duggett: Marx y los campesinos, 20 de agosto de 2016 (https://kmarx.wordpress.com/2016/07/17/marx-y-los-campesinos/).

63 Andrzei Walicki: Socialismo ruso y populismo, Historia del marxismo, Bruguera, Barcelona 1081, vol.5, pp. 11-54.

64 K. Marx. Carta a Engels del 25 de marzo de 1869, Cartas sobre El Capital, Laia, Barcelona 1974, p. 158.

65 K. Marx. Carta a Engels del 25 de marzo de 1869, Cartas sobre El Capital, Laia, Barcelona 1974, p. 160.

66 K. Marx. Carta a Engels del 25 de marzo de 1869, Cartas sobre El Capital, Laia, Barcelona 1974, p. 159.

67 F. Engels: Carta a Augusto Bebel del 18-28 de marzo de 1875, Correspondencia, Cartago, Buenos Aires 1973, pp. 275-281. 

68 Derek Sayer y Philip Corrigan: El ltimo Marx: continuidad, contradiccin y aprendizaje, El Marx tardo y la va rusa. Marx y la periferia del capitalismo, Edit. Revolucin, Madrid 1990, pp. 101-122.

69 Isabelle Garo: El pueblo en Marx, entre proletariado y nacin, Viento Sur, Barcelona, n 146, junio de 2016, p. 107.

70 Iaki Gil de San Vicente: Clases y pueblos. Sobre el sujeto revolucionario, febrero de 2014 (http://www.matxingunea.org/dokumentua/clases-y-pueblos-sobre-el-sujeto-revolucionario/index.html).

71 F. Andreucci: La cuestin colonial y el imperialismo, Historia del marxismo, Bruguera, 1981, tomo 6, pp. 248-262.

72 K. Kautsky: La cuestin agraria, Laia, Barcelona 1974, p.127.

73 K. Kautsky: La cuestin agraria, Laia, Barcelona 1974. pp. 155-161

74 K. Kautsky: La cuestin agraria, Laia, Barcelona 1974, p. 369.

75 K. Kautsky: La cuestin agraria, Laia, Barcelona 1974, p. 451.

76 K. Kautsky: La cuestin agraria, Laia, Barcelona 1974, p. 454.

77 Montserrat Galceran Huguet: La invencin del marxismo, IEPALA, Madrid 1997, p. 399.

78 Ambrogio Donini: Historia de las religiones, Edit. Futuro, Buenos Aires 1961, p. 230.

79 A. Kriegel: La Segunda Internacional (1889-1914), Historia General del Socialismo, Ediciones Destino 1979, tomo II, p. 574.

80 A. Kriegel: La Segunda Internacional (1889-1914), Historia General del Socialismo, Ediciones Destino 1979, tomo II, p. 575.

81 S. Gianni: El problema de la revolucin socialista en los pases atrasados, 1 de octubre de 2005 (http://www.rodolfowalsh.org/spip.php?article1514).

82 N. Harding: Marxismo legal, Diccionario del pensamiento marxista, Tecnos, 1984, p. 505.

83 V. Strada: El marxismo legal en Rusia, Historia del marxismo, Bruguera, 1981, tomo 5, pp. 75-83.

84 Fernando Claudn: Presentacin general, Lenin, Escritos econmicos (1893-1899), Siglo XXI, Madrid 1974, tomo 1, Contenido econmico del populismo, pp. 51-52.

85 Andrzei Walicki: Socialismo ruso y populismo, Historia del marxismo, Bruguera, Barcelona 1981, vol.5, p. 47.

86 Martn Corts: Las clases sociales como problema poltico. Notas sobre Marx, a propsito del presente, 10 de agosto de 2016 (https://kmarx.wordpress.com/2016/08/10/las-clases-sociales-como-problema-politico-notas-sobre-marx-a-proposito-del-presente/).

87 G. Boffa: La revolucin rusa, Era, Mxico, 1976, volumen 2, p. 28.

88 V. I. Lenin: La consigna de los Estados Unidos de Europa, Obras completas, Progreso, Mosc 1984, tomo 26, p. 377.

89 V. I. Lenin : III Congreso de la Internacional Comunista, Obras completas, Progreso, Mosc 1987, tomo 44, p. 30.

90 Tesis adicionales sobre los problemas nacional y colonial, Los Cuatro Primeros Congresos de la Internacional Comunista, Izquierda Revolucionaria, mayo 2008, pp-167-175. 

91 V. I. Lenin: Informe de la comisin para los problemas nacional y colonial, Obras completas, Progreso 1986, tomo 41, p. 250.

92 V. I. Lenin: Informe de la comisin para los problemas nacional y colonial, Obras completas, Progreso 1986, tomo 41, pp. 252-253.

93 V. I. Lenin: Qu hacer?, Obras completas, Progreso, Mosc 1981, tomo 6, p. 149.

94 L. Trotski: El drama del proletariado francs, Literatura y revolucin, Ruedo Ibrico, 1969, tomo II, p. 110.

95 Mao Zedong: El viejo tonto que removi las montaas, Obras escogidas, Fundamento, 1974, tomo III, pp.281-284.

96 Mao Zedong: Sobre el tratamiento de las contradicciones en el seno del pueblo, Cuatro tesis filosficas, Anagrama, Barcelona 1974, p. 75,

97 V. I. Lenin: Una gran iniciativa, Obras completas, Progreso, Mosc 1981, tomo 39, p. 16.

98 Informe sobre la situacin en Bolivia-1929, en Marxismo militante, Europa, La Paz, Bolivia, n 35, abril 2005, pp. 102-107.

99 Jorge Fava: Races Mitico-Histricas de la Ideologa Neozapatista, junio de 2016 (http://larevolucionseminal.blogspot.com.es/2016/06/raices-historicas-ideologia-neozapatista.html).

100 E. Mandel: La formacin del pensamiento econmico de Marx, Siglo XXI, Madrid 1972, p. 132.

101 S. Gianni: El problema de la revolucin socialista en los pases atrasados, 1 de octubre de 2005 (http://www.rodolfowalsh.org/spip.php?article1514).

102 K. Marx y F. Engels: La ideologa alemana, Obras escogidas, Progreso, 1978, tomo I, p. 17-20.

103 F. Engels: El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Obras escogidas, Progreso, 1976, tomo III, pp. 203-352.

104 B. S. Turner: Sociedad asitica, Diccionario de pensamiento marxista, Tecnos, Madrid 1984, p. 703.

105 E. Mandel: El lugar del marxismo en la historia, Catarata, Madrid 2005, p. 46.

106 Mateo Aguado y Carlos Bentez Trinidad: Redibujando alternativas al capitalismo. Entrevista a Alberto Acosta, 10 de junio de 2015 (http://iberoamericasocial.com/redibujando-alternativas-al-capitalismo-entrevista-a-alberto-acosta/).

107 Javo Ferreira: Comunidad, indigenismo y marxismo, Palabra Obrera, Ciudad de El Alto, Bolivia 2010, p. 47.

108 Renn Vega Cantor: Es posible conciliar la tradicin con la revolucin?, Herramienta, n 25, abril 2004, pp. 185-196.

109 Grard Bouchard: Gnesis de las naciones y culturas del Nuevo Mundo, FCE, Mxico 2003, pp. 477-480.

110 Javo Ferreira: Comunidad, indigenismo y marxismo, Palabra Obrera, Ciudad de El Alto, Bolivia 2010, pp. 144 y ss.

111 Javo Ferreira: Comunidad, indigenismo y marxismo, Palabra Obrera, Ciudad de El Alto, Bolivia 2010, p. 34 y ss.

112 Javo Ferreira: Comunidad, indigenismo y marxismo, Palabra Obrera, Ciudad de El Alto, Bolivia 2010, p. 75.

113 Nayeli Moctezuma Prez: El SUMAK KAWSAY (Buen Vivir), una propuesta comunitaria frente al capitalismo, Nuestra Amrica: Complejidad y unidad dialctica de la humanidad y de la naturaleza en el siglo XXI, Ediciones En, Mxico 2016, p. 104.

114 Nayeli Moctezuma Prez: El SUMAK KAWSAY (Buen Vivir), una propuesta comunitaria frente al capitalismo, Nuestra Amrica: Complejidad y unidad dialctica de la humanidad y de la naturaleza en el siglo XXI, Ediciones En, Mxico 2016, p. 112.

115 Iaki Gil de San Vicente: Cooperativismo obrero, consejismo y autogestin socialista, Boltxe Liburuak, Bilbo 2012, pp. 276-289; y Autogestin socialista versus autogestin reformista, Laberinto, Madrid, n 45, 2015 pp. 25-39.

116 Gilberto Lpez y Ribas: Acadmicos estadounidenses desenmascaran las Expediciones Bowman. 12 de septiembre de 2015 (http://www.telesurtv.net/bloggers/Academicos-estadounidenses-desenmascaran-las-Expediciones-Bowman--20150911-0005.html) y Acadmicos e imperio: The Minerva Reseach Iniciative. 12 de abril de 2014 (http://www.jornada.unam.mx/2014/04/11/opinion/025a2pol).

117 Silvia Rivera Cusicanqui: Revueltas de indignacin y otras conversas, Proyecto Alice, Bolivia, 2013, p. 83.

118 Luciana Ghiotto: Veinte aos de lucha contra el libre comercio en Amrica Latina: algunas reflexiones para las nuevas campaas, 12 de agosto de 2016 (http://www.alainet.org/es/articulo/179422).

119 Jess Gonzlez Pasos: Buen Vivir, una alternativa posible, 7 de abril de 2016 (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=197430).

120 Rolando Astarita: Socialismo comunitario y FMI, 15 de octubre de 2010 (https://rolandoastarita.wordpress.com/2010/10/15/socialismo-comunitario-y-fmi/).

121 K. Marx: El Capital, FCE, Mxico 1973, tomo III, pp. 719-720.

122 Jos Ramn Fabelo Corzo: El Buen Vivir y la centralidad de la vida, Dialctica. Mxico, n 47, ao 38, julio-diciembre 2014, pp. 99-110.

123 Jos Ramn Fabelo Corzo: Filosofa y Vida. En defensa de la filosofa como necesidad vital, Dialctica. Mxico, n 41, ao 33, invierno 1998-primavera 2010, pp. 62 y ss.

124 Mara Torrellas y Carlos Aznres: Entrevista a Lolita Chvez, lideresa indgena guatemalteca. Somos un pueblo milenario de guerreras y guerreros, 1 de agosto de 2016 (http://www.resumenlatinoamericano.org/2016/09/01/entrevista-a-lolita-chavez-lideresa-indigena-guatemalteca-somos-un-pueblo-milenario-de-guerreras-y-guerreros/).

125 La clase obrera oculta, 15 de enero de 2016 (http://www.laizquierdadiario.com/La-clase-obrera-oculta).

126 Ernst Bloch: El principio esperanza, Aguilar, Madrid 1980, tomo III, p. 479.

127 Ernst Bloch: El principio esperanza, Aguilar, Madrid 1980, tomo III, p. 492.

128 Jodi Dean: Deseo comunista, La idea de comunismo, Akal, Madrid 2014, p. 116.

129 Olivia Carballar: El racismo y la xenofobia estn presentes hasta en los discursos de la izquierda, 1 de septiembre de 2016 (http://www.lamarea.com/2016/08/28/racismo-la-xenofobia-estan-presentes-los-discursos-la-izquierda/).

130 Laura Oras: Las mujeres sufren el 73% de las agresiones islamfobas en Francia, 27 de agosto de 2016 (http://www.eldiario.es/desalambre/mujeres-sufren-islamofobia-hombres_0_552245376.html).

131 Alemania planea reintroducir el servicio militar obligatorio, 23 de agosto de 2015 (http://www.efe.com/efe/espana/mundo/berlin-planea-reintroducir-el-servicio-militar-obligatorio-en-caso-de-crisis/10001-3020291).

132 Carlos Yrnoz: Paris y Berln proponen fuerzas militares estables de la UE para operaciones en el exterior. 12 de septiembre de 2016 (http://internacional.elpais.com/internacional/2016/09/12/actualidad/1473689609_318027.html).

133 Pedro gueda: Una sentencia revela que la polica puede convertir los telfonos pinchados en micrfonos ambiente, 29 de mayo de 2016 (http://www.eldiario.es/politica/sentencia-convertir-telefonos-pinchados-microfonos_0_520398340.html).

134 Germn Gorraiz Lpez: Riesgo de Golpe de mano contra Tsipras?, 26 de julio de 2016 (http://www.attacmallorca.es/2016/07/26/riesgo-de-golpe-de-mano-contra-tsipras/).

135 Yiannis Mantas: Tsipras desata la polmica al vender los ferrocarriles griegos por solo 45 millones, 12 de agosto de 2016 (http://www.eleconomista.es/empresas-finanzas/noticias/7761702/08/16/Tsipras-desata-la-polemica-al-vender-los-ferrocarriles-griegos-por-solo-45-millones-.html).

136 Rafael Poch: El sufrimiento laboral se ha convertido en un grave problema social, 14 julio de 2016 (http://www.lavanguardia.com/vida/20160714/403189117532/el-sufrimiento-laboral-se-ha-convertido-en-un-grave-problema-social.html).

137 Emilio de Benito: Un pas que intenta solucionar todo con pastillas, 5 de agosto de 2016 (http://62.14.245.71/webalmacen/ObtenerArchivoHemeroteca.aspx?guid=2758b031-4947-44c4-bc43-332904e29137&guidTransferencia=ccb38ce7-f7ec-4c62-a9fd-c2b01e571625&guardar=0&cultura=es-ES&protar=no&paintWords=0&tpDate=datepub&remarcar=no&tcab=completa).


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