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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-09-2016

El s de cada no
No son parntesis: Esas ciudades, llamadas hospitales

Beln Gopegui
Diagonal


Son ciudades que estn dentro de la ciudad. No solemos verlas al pasar, o a veces s porque alguien a quien quisimos pas por una de ellas y fue su ltima estacin. No son crceles, aunque a menudo guarden relacin. Estn existiendo ahora. Lo habitual es pensar que slo existen cuando una circunstancia las impone.

Por eso, cada cierto tiempo, aparece un artculo en un peridico recordando la experiencia de alguien que estuvo en una, agradeciendo los servicios recibidos y pidiendo un poco ms de presupuesto para mejorarlas. Lo habitual es olvidarlas enseguida como si la existencia fuera otra cosa: como si en esas ciudades se viviera en estado de excepcin. Como si la dignidad pudiera suspenderse en ellas precisamente por ser transitorias.

Una vez una mujer hablaba por telfono en la parada de autobs que haba frente a una de esas ciudades. Hablaba con su hijo pequeo que estaba lejos, de vacaciones, y que esa noche iba a cenar en una terraza junto al mar. La mujer le preguntaba con fruicin; cuando reciba a su vez una pregunta, deca que estaba cansada porque haba tenido mucho trabajo, mucho, dentro de la ciudad.

Su voz era serena, afable, pero emita al mismo tiempo una disidencia continua con su propia vida, como si no fuera propia, emita una aoranza tal de esa terraza, ese hijo y el mar que l estara viendo. Los antiguos lo llamaron enajenacin, una expropiacin violenta y cotidiana del mar.

As tambin ocurre con la mayora de los trabajos, con las tensiones familiares, con la prisa y los vagones de metro detenidos, con todo lo que no sera la vida sino que estara al otro lado de lo que s lo es.

Esas ciudades, llamadas hospitales, no son la excepcin. No es algo de lo que haya que acordarse un rato para nunca ms volver. Porque se vuelve, porque estn dentro de la vida.

La insurreccin no habra de consistir en remendar esos lugares de paso, sino en, precisamente, tratarlos como vida diaria, convertir en ordinario lo que se pone entre parntesis, el cansancio, las vas en las manos, la llamada locura.

Al prestar atencin poltica a esos momentos, al dejar de arrinconarlos como si slo fueran una espera desolada para otros que vendrn, tal vez algo que no fuese siquiera indignacin sino pura sed comenzase a abrir un camino incontenible en las leyes, los derechos de cada paciente, los estatutos de las trabajadoras y los trabajadores.

Fuente: https://www.diagonalperiodico.net/culturas/31346-no-son-parentesis.html



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