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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-09-2016

Black bloc como tctica y excusa

Ral Zibechi
La Jornada


En las ltimas semanas  hemos asistido a un debate a raz de la actividad black bloc en Brasil, que involucr a dirigentes de movimientos sociales y colectivos de militantes. La tctica black bloc (destruccin de vidrios y escaparates de bancos y empresas privadas por jvenes encapuchados durante las manifestaciones) ha sido habitual en Chile y en Uruguay, entre otros, y se instal en Brasil en junio de 2013, reapareciendo con fuerza en las manifestaciones contra el gobierno ilegtimo de Michel Temer.

Desde que aparecieron las tcticas black bloc se gener una polmica en las organizaciones sociales sobre la pertinencia de esas acciones. Algunos sostienen que son negativas, porque dan argumentos a la polica para reprimir y de ese modo alejan y atemorizan a los manifestantes reales o potenciales. Otros destacan que se trata de violencia simblica contra grandes empresas y representaciones del sistema, que tiene efectos disuasorios sobre la represin. Los partidos electorales suelen condenarlas de forma tajante.

En Brasil la polmica incluy a uno de los ms destacados referentes de los movimientos ms combativos, como Guilherme Boulos, coordinador del Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST). Un da antes de la mayor marcha contra el gobierno, Boulos asegur que en nuestras manifestaciones no hay espacio para esas prcticas, y dijo que no deban participar en la movilizacin del domingo 4 (goo.gl/GUDSMi). Fue duramente criticado por defender la criminalizacin de quienes emplean la tctica black bloc.

Poco despus Boulos public una nota en su blog, en la que explica: discrepo con la tctica porque aparta personas de las movilizaciones y toman decisiones aisladas, pero nos afectan a todos. Rechaza la acusacin de criminalizar la tctica y recuerda que el MTST ha sido duramente criminalizado por practicar la accin directa, destacando que el movimiento tiene militantes presos y con procesos en curso (goo.gl/zxqzST).

En la manifestacin del domingo 4 en Sao Paulo participaron unas 100 mil personas. Los organizadores, la alianza Povo Sem Medo, donde el MTST juega un papel preponderante junto con unos 30 movimientos y organizaciones sociales y poltica, y el Frente Brasil Popular, hegemonizado por el PT y la central sindical CUT, se dirigieron a los encapuchados para que descubrieran sus rostros o abandonaran la marcha. No se registr ningn incidente. Sin embargo, cuando los manifestantes se dispersaban la polica militar los atac y detuvo a 26 jvenes, porque pretendan practicar actos de violencia.

En esta ocasin no hubo la menor provocacin black bloc, pero la represin fue igualmente implacable. La polmica sigue su curso, con argumentos que van desde el cuestionamiento a la violencia hasta la conveniencia de su empleo cuando participan familias con nios en las manifestaciones, incluyendo la suposicin de que siempre la usan infiltrados para provocar la represin policial. Parecen necesarias algunas consideraciones.

La primera es que al tratarse de una tctica no es buena ni mala en abstracto, sino puede ser conveniente, o no, segn las circunstancias. No estamos ante una cuestin de principios. Es necesario comprender que no todos los que se cubren el rostro son adeptos de la tctica black bloc, que no forman una organizacin ni son necesariamente anarquistas, ni usan la tctica siempre y en todo lugar. Quienes la utilizan hoy pueden no hacerlo maana, y viceversa.

La segunda es que quienes emplean la tctica black bloc son jvenes radicales, anticapitalistas, que rechazan el sistema econmico y la represin policial. En contra de los prejuicios existentes, no pertenecen a las clases medias acomodadas; viven en las periferias, estudian y trabajan desde muy jvenes. Por lo que conozco en Uruguay, por los datos que aportan desde Chile y por la investigacin de los autores de Mascarados (Gerao Editorial, 2014), se trata de personas en torno a 20 aos, muchas de ellas mujeres, que sufren la persecucin policial en sus barrios. Aunque son pocos, muestran la profunda crisis en que se debate la izquierda brasilea (p. 19).

La tercera gira en torno al principal argumento que se utiliza contra esa tctica: facilita la represin policial y espanta a una parte de los manifestantes, ya sea porque las convocatorias aclaran que las marchas son pacficas o bien porque la represin que sigue a la tctica black bloc afecta a personas que no quieren sufrir violencia policial. Se les califica de provocadores.

El argumento es slido, sobre todo cuando los encapuchados actan y se retiran antes de la llegada de la polica que termina reprimiendo a personas al azar. Pero el problema no est slo en quienes usan esa tctica, sino en los propios manifestantes, quienes no suelen estar organizados y asisten individualmente. Alguien se imagina que un grupo de jvenes utilice la tctica block bloc durante una manifestacin de las bases de apoyo del EZLN en San Cristbal de las Casas?

La cuarta cuestin se relaciona con la utilizacin de tcticas similares por parte de infiltrados policiales o militares en las manifestaciones. Como seal un joven de Sao Paulo en un excelente reportaje de la edicin brasilea de El Pas, creo que quien rompe un puesto de peridicos o quema un autobs, por ejemplo, o no entendi nada o es un infiltrado (goo.gl/2G6lck). Es posible diferenciar entre las acciones black blocs y las provocaciones policiales, siempre que exista inters en hacerlo.

Por ltimo, el tema que plantea la periodista Eliane Brum: Mientras la destruccin de los cuerpos de los manifestantes por la polica militar est naturalizada, la de los bienes materiales es criminalizada (goo.gl/mdRPKj). En su opinin, se trata de una herencia esclavista y genocida que an no ha sido superada. Dicho de otro modo, la tctica black bloc, acordemos o no con ella, nos plantea un dilema: aceptamos, sin ms, el monopolio estatal de la violencia?

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/09/17/opinion/018a1mun



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