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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-09-2016

El da de la vergenza en Siria
Sus patrocinadores y el mundo que lo refrend

Yassin Al-Haj Saleh
Yassinhs.com

Traducido del francs para Rebelin por Sinfo Fernndez.


En este triste aniversario del asesinato masivo con armas qumicas perpetrado hace ya tres aos contra civiles [en la zona de Guta, por el rgimen de Bashar al-Asad], voy a abordar en este artculo las qumicas de la masacre, las qumicas del mercadeo sobre las armas qumicas y el lugar central que en estos momentos ocupa Siria en nuestro mundo contemporneo.

Haban transcurrido apenas dos semanas desde que tuvimos que lamentar la muerte de 1.466 civiles martirizados tras el ataque qumico lanzado en el amanecer del 21 de agosto de 2013 en Guta, cuando se produjo otra masacre no menos aterradora en la que los cadveres de tres vctimas fueron arrojados al lado de las fosas comunes de los mrtires: el cadver de la verdad, el cadver de la justicia y el cadver de la poltica.

El cadver de la verdad

Al principio fue la verdad. Pero la asesinaron y la enterraron de inmediato.

El rgimen sirio neg su fechora, aunque sus adeptos festejaron la masacre llegando hasta a distribuir baklava en seal de regocijo. Ciertos viejos fascistas, entre los sirios blancos (al igual que hubo rusos blancos) se mofaron diciendo que en Guta se haba utilizado Pif-Paf, un insecticida contra las cucarachas

En cuanto a la consejera poltica de Bashar al-Asad, la valerosa combatiente correligionaria Buzaina Shaaban, pretendi que los autores no slo haban sido unos terroristas (trmino utilizado para designar a cualquiera que se atreva a resistirse al Estado asadiano) que haban utilizado armas qumicas, sino que las vctimas eran nios originarios de la costa siria (quera decir, de forma incontestable, que se trataba de nios de confesin alau) que haban sido secuestrados de sus familias en esa regin y trasladados a Guta con el nico fin de matarlos a base de gases de combate y as poder acusar despus al rgimen de haber perpetrado ese crimen.

Lo ms sorprendente fue que la misma ONU acat la exigencia rusa de que en la resolucin del Consejo de Seguridad para enviar una delegacin al lugar encargada de investigar la eventual utilizacin de armas qumicas, no apareciera la parte responsable de la masacre.

El hecho de que la misin de esta delegacin se limitara a verificar si se haban utilizado o no armas qumicas, como si an hubiera necesidad de probar tal circunstancia, constituy el precedente de una ignominia que slo superaba a la del pas que haba insistido en esta limitacin, es decir, Rusia, que negaba algo que contina haciendo hoy en da- cualquier responsabilidad de los partidarios de Bashar al-Asad en la masacre.

Este hecho establecido impuesto bajo la gida de las Naciones Unidas y de las grandes potencias mundiales nos revel que el mundo haba comenzado a pudrirse por la cabeza, y que estbamos frente a un orden internacional que ha querido manifiestamente mentirse a s mismo y mentir a los siete mil millones de habitantes de este planeta con el nico fin de eludir sus responsabilidades en una vergenza moral que no puede dejar de sentirse al proteger as a un asesino de masas, un hecho que (felizmente) ha tenido lugar en la historia del mundo en muy raras ocasiones.

Por su parte, algunos opositores al rgimen en el seno del Comit de Coordinacin de la oposicin siria (Hayat Attansiq Al-Watani) difundieron de forma criminal la idea de la responsabilidad en esa masacre de los opositores al Estado asadiano, y Saleh Muslim, que pertenece al mencionado rgano, hizo incluso una declaracin acusando a los opositores al rgimen de Bashar al-Asad de estar matndose a s mismos. A lo largo de los tres aos transcurridos desde la masacre, ninguno de esos infames testigos se ha retractado de sus cnicas afirmaciones.

Una categora de opositores perteneciente al orden establecido occidental se uni a la manada. As es como un tal Seymour Hersh pudo escribir un largo artculo en la LRB (London Review of Books) del 17 de abril de 2014 sobre una supuesta implicacin de Turqua y del movimiento de oposicin sirio armado Yabhat al-Nusra en la utilizacin de armas qumicas.

Nadie se preocup, al igual que ahora, de interrogar a los habitantes de Guta, una regin entonces habitada por varios cientos de miles de habitantes.

Nadie trat de contactar con ellos para preguntarles si sospechaban de la responsabilidad de alguien que no perteneciera al rgimen sirio o si haban notado movimientos sospechosos poco antes de la masacre.

No se trat, en este caso, de un desafortunado olvido, ni siquiera de una falta profesional inadmisible. No, era algo profundamente arraigado en un comportamiento atvico: negarle a los locales, a los indgenas, toda capacidad de representarse a s mismos, de expresarse por s mismos y de decir la verdad en lo que para ellos era una cuestin de vida o muerte. Esos periodistas e investigadores occidentales que destacan envolviendo de brillantes oropeles sus incoherentes y engaosos propsitos, por lo general desprovistos de toda sensibilidad, son los reyes y maestros de los logotipos, a diferencia de las vctimas y tambin de sus propios compatriotas. Es esa la nica razn de que se perpete su comportamiento y del hecho de que el orden informativo mundial sea cmplice del crimen.

Las instancias y fuerzas ya mencionadas estn todas enfangadas en el asesinato de la verdad. Todas han contribuido a arrojar su cadver al lado de las fosas comunes donde han sido sepultadas las vctimas del asesinato masivo con armas qumicas en Guta, en los alrededores de Damasco.

As, al mismo da siguiente de la masacre, el Centro de Investigacin de las Violaciones [de los derechos humanos] (Markas Tawziq al-Intihakat), que diriga la extraordinaria luchadora Razan Zaituneh (que tambin se dedicaba a ayudar a los activistas sobre el terreno) public un comunicado detallado sobre el crimen, al que sigui otro pocos das despus, y estos dos comunicados haban estado precedidos por ms de una declaracin del mismo centro sobre los ataques con gases txicos. Nadie tena la menor duda en cuanto a la responsabilidad del rgimen. Junto a Razan estaba tambin Samira al-Khalil, militante, expresa poltica que, en aquella poca, anotaba y publicaba a diario sus testimonios en su pgina de Facebook. La informacin que proporcionaba no conceba ni un solo instante que la responsabilidad de la masacre no correspondiera al Estado de los Asad.

A poco ms de un mes de la masacre qumica, Razan haba recibido amenazas de muerte por parte de una persona cuyo nombre es conocido y que haba sido empujada a cometer esa tropela por otra persona de la que asimismo se conoca el nombre (se trata del actual doctor de la ley islmica -Sharia- del Ejrcito del Islam).

En cuanto a Samira, haba sido objeto de una campaa de odio llevada a cabo por personas bien conocidas por su nombre aunque, en aquel momento, no ramos an conscientes de todas las interrelaciones.

Las dos, junto a Wael Hamadeh (el marido de Razan) y Nazim Hamadi (abogado y poeta) fueron secuestrados el 9 de diciembre de 2013, probablemente por ese mismo Ejrcito del Islam.

El cadver de la justicia

No solamente el Estado de los asadianos no ha recibido castigo alguno por su crimen sino que se le ha dado permiso para continuar masacrando a sus ciudadanos pero con otras armas, es decir, para que siga castigando a los sirios que se han rebelado contra l, pero disfrutando adems, a partir de ahora, de la garanta internacional de total impunidad. Los barriles de explosivos tomaron el relevo de las armas qumicas. Estos barriles son un instrumento de muerte an ms letal e infinitamente ms destructor para los edificios y el entorno natural.

La masacre de Guta como tal no ha representado nunca un problema para los grandes decisores internacionales. El problema, a sus ojos, era el tipo de arma que se haba utilizado para matar a la gente. Dicho de otra forma, el problema no era la violacin del derecho a la vida de los sirios, sino la violacin de una ley decretada en el pasado por los poderosos para protegerse unos de otros y protegerse as a s mismos.

El comportamiento de las grandes potencias y de las organizaciones internacionales frente a la masacre de Guta no ha hecho sino intensificar un mtodo decidido desde hace tiempo para abordar nuestros problemas, entre ellos la cuestin siria, que ha asumido la triste sucesin del problema palestino.

Se trata de un mtodo que margina las causas de la justicia, de la libertad y de la democracia, que se deriva implcitamente de la negacin de la soberana poltica y de la dignidad moral de los sirios, de los palestinos y de cualquier pueblo que pueda verse afectado. Se ha demostrado que este mtodo toma partido por los aparatos gubernamentales, que no dice ni po ante los poderosos que gobiernan con mano de hierro a los dbiles colocados bajo sus rdenes. Y, una vez ms, no se trata de una falta de atencin o de un error de evaluacin: todo se deriva intrnsecamente de las estructuras de la dominacin mundial en la regin de Oriente Medio, de todo lo que depende de las representaciones de sus habitantes, reducidas a su cultura o a su mentalidad o, de nuevo y resumindolo todo, al Islam. Este mtodo lleva a quienes lo utilizan a tomar partido por los Estados contra quienes resisten de entre el conjunto de los gobernados, aunque procurando por otra parte despojar a esos Estados de su soberana y de su capacidad para jugar un papel independiente en la escena internacional a cambio de la proteccin (onusiana).

De todo lo anterior puede deducirse lgicamente que el mercadeo que ha tenido lugar con el consentimiento de las autoridades internacionales y con el aval de la ONU no conlleva justicia alguna en un mundo que dirigen tales gobernantes, en el que nadie puede arrancarles sus derechos con sus propias manos sin verse pisoteado y aplastado, y todo ello no solamente sin que nadie asuma su defensa sino, adems, sin que se reconozca su causa y sin que se quiera escuchar ni el ms mnimo testimonio de su sufrimiento.

El mercadeo qumico ha dejado a los sirios totalmente abandonados. Peor an, tras el mismo, resulta que se merecen nuevas masacres y nuevas destrucciones, y esto bajo el efecto de una excesiva influencia del Daesh sobre los espritus, una influencia que los medios occidentales han generado y alimentado, todos a una y da y noche, arrastrando al mismo tiempo hacia las sombras todo lo sufrido por los sirios a causa de los asadianos y de sus amos.

Esta campaa se ha calmado un poco hace apenas algunos meses: quiz han entendido que estaban haciendo publicidad gratuita para la entidad colonialista fascista del supuesto Estado Islmico?

Si es ese efectivamente el caso (asegurarlo necesitara de un estudio ms profundo), eso nos da una imagen extremadamente degradada de las ms grandes instituciones mediticas occidentales, as como del estado de la democracia en particular y del primer mandams de Occidente. Este comportamiento muestra que existe un vnculo entre el asesinato de la justicia y el asesinato de la verdad, y que quien pretenda facilitar la eliminacin de la justicia debe deshacerse previamente de cualquier relato que se mantenga fiel a la verdad.

Ese vnculo, en Siria, lo conocemos demasiado bien: el asesinato de la verdad y la difusin de falsedades de los baazistas (y, en particular, de los asadianos entre ellos) no fueron sino los aperitivos de la privacin de toda justicia y toda poltica que velozmente se impusieron a los sirios.

El cadver de la poltica

La masacre con armas qumicas y la clera mundial que se produjo a continuacin podran haber sido una buena ocasin para alcanzar una solucin poltica para Siria ms cercana a la justicia, con un cambio radical en la estructura de su rgimen poltico que hubiera permitido construir una nueva mayora siria que respondiera a las aspiraciones que los sirios haban expresado (en aquel momento) a lo largo de los dos aos y medio anteriores.

Ese cambio radical habra podido responder asimismo a las querencias polticas de fuerzas influyentes que se negaban a sostener militarmente a los resistentes sirios debido a que eran partidarios de una solucin poltica

El ambiente mundial que se haba gestado no podra ser mejor para promover un cambio fundamental en Siria. Pero los rusos no queran tal cosa. Los estadounidenses tampoco, y menos an los israeles, que haban sido sin duda los inspiradores del espritu tan especial del mercadeo qumico.

Ahora bien, lo sucedido a lo largo de los tres aos que siguieron a esas semanas infames ha sido exactamente lo contrario: se han ido acumulando todas las condiciones que permiten que los asadianos y sus amos rechacen cualquier solucin poltica susceptible de poner fin a un sufrimiento interminable a escala de todo un pas.

Pero lo que pudimos observar es que el mercadeo en cuestin buscaba una solucin al problema de la utilizacin de armas qumicas y no una objecin a la masacre para la que estas armas fueron utilizadas, tampoco aportaba solucin alguna al problema planteado por el asesinato de los sirios, que haban perecido ya en aquel momento en nmero de alrededor de cien mil. Basta observar eso para comprender que el problema que se haba solucionado concerna a Israel, EEUU y Rusia, pero que en modo alguno abordaba el problema de los sirios.

El mercadeo qumico, que hizo caso omiso de las reivindicaciones y el combate polticos de los sirios, no fue ms que una continuacin de la gobernanza asadiana que priva y niega a los sirios sus derechos polticos en su propio pas.

A los ojos del pueblo sirio que aspira a la justicia y a la dignidad en su pas, no hay ninguna diferencia entre las instancias que han puesto a punto el mercadeo qumico y el Estado asadiano: lo que nos han dicho los qumicos del mercadeo es efectivamente lo mismo que nos haban dicho los qumicos de la masacre: Estis fuera de la poltica, no tenis ningn derecho a poseer carnet poltico: y vamos a seguir plantndoos cara slo a travs de la guerra!

As fue como el cadver de la poltica fue arrojado sobre los cadveres de la verdad y la justicia, lo que ha facilitado que el Estado asadiano y sus socios sigan con su proyecto letal hasta llegar en la actualidad a alrededor de medio milln de vctimas, con un horizonte abierto a las masacres que no parece vaya a poder cerrarse pronto.

Las sucesivas cumbres de negociaciones en Ginebra no son ms que la continuacin del mercadeo qumico, de forma tal que los dos patrocinadores de esas negociaciones son los dos padrinos del mercadeo qumico y no slo se abstienen de ejercer presiones sobre el Estado asadiano sino que uno de los dos, en este caso Rusia, est actualmente al frente de la dimensin militar, y que el rgimen sirio y sus protectores no han dicho jams que estuvieran dispuestos a dar algo a los que se levantaron contra ese rgimen, ni que fueran a dar paso alguno para cerrar el libro sangriento del rgimen de una minora o que fueran a insistir en la salida total de las tropas extranjeras del territorio sirio como objetivo de un proceso de paz, adems de un cambio poltico en Siria, ni siquiera se ha podido alcanzar con ellos el compromiso de permitir la entrega de alimentos y medicinas a los habitantes de las zonas asediadas, por no hablar del levantamiento de los asedios y de la liberacin de los desafortunados habitantes de esas prisiones asadianas que no tienen parangn en el mundo contemporneo.

En tales condiciones, el proceso de Ginebra es un esfuerzo que tiene como objetivo conseguir que los sirios destruyan su causa con sus propias manos despus de que su pas haya sido destruido, de la misma forma que todas esas innumerables vidas, a manos de los asadianos, as como de las de sus amos y protectores.

Vergenza para el mundo!

En esta historia de muerte anunciada, lo que no deja de anonadar es su extrema impudicia.

En primer lugar, impudicia tanto en la mentira como en la hipocresa, en el enterramiento vivo de la verdad.

A continuacin, desvergenza en la proteccin del asesino de masas y en el asesinato de la justicia.

Finalmente, provocacin en la proteccin de la guerra y en el cuidado puesto para asegurar su continuacin facilitando la obra de los agresores iranes y rusos y de sus suplentes; es decir: el asesinato de la poltica.

Nuestro mundo contemporneo puesto al desnudo, desvelando toda su impudicia.

A pesar de todo eso, el mercadeo qumico ruso-estadounidense es una masacre ms espantosa an que la masacre de las armas qumicas en s, porque es la verdad, la justicia y la poltica que protegen la vida de las personas las que estn siendo masacradas.

Si se mata a las personas, su vida no tiene valor ni sacralidad algunos: asesinarlas se convierte por tanto en algo lcito, e incluso quiz deseable. Esto es lo que se ha producido de hecho, y a gran escala, en nuestro pas a lo largo de los tres ltimos aos, bajo el patronazgo del mundo entero, despus de haber estado durante ms de cuarenta aos bajo un patronazgo todava no tan global.

Esta es adems la razn por la cual, tras aquel nefasto da, la cuestin no afecta ya solamente a Siria sino al mundo entero; ese mundo que tiene tres cadveres simblicos y medio milln de cadveres, de lo ms humano, sobre la conciencia.

Ese mundo envenenado en el que vemos los sntomas de su contaminacin en el ascenso de movimientos fascistas y de extrema derecha, en la absoluta erosin de la democracia por todas partes y en el debilitamiento de los movimientos de liberacin, renovacin y esperanza.

La causa siria es una causa planetaria ms que ninguna otra en el mundo contemporneo. Y es probable que en las prximas dcadas desempee un papel decisivo en los destinos polticos, intelectuales y morales del mundo.

Precisamente porque el futuro del mundo es nuestra causa, a nosotros los sirios nos atae actuar sin descanso para explicar al mundo lo que Siria es y por qu nuestra causa tiene un alcance mundial.

A ese fin, nuestra prioridad es hacer de la masacre con armas qumicas y del mercadeo qumico desplegado a continuacin unas realidades sirias, y mundiales, imposibles de olvidar; coronando de infamia sus epgonos y falsos testigos, tanto en Siria como en otras partes del mundo.


(Traducido del rabe al francs por Marcel Charbonnier: Un oeil sur la Syrie (publicado originalmente en la pgina web Al-Jumhuriya, http://aljumhuriya.net/35465).

Yassin al-Haj Saleh (nacido en Raqqa en 1961) es un destacado escritor e intelectual sirio. En 1980, cuando estudiaba Medicina en Alepo fue encarcelado por sus actividades polticas permaneciendo tras las rejas hasta 1996. Escribe sobre temas polticos, sociales y culturales relacionados con Siria y el mundo rabe para varios peridicos y revistas rabes fuera de Siria, colaborando de forma regular con el peridico Al-Hayat, editado en Londres, la revista egipcia de izquierdas Al-Bosla y el peridico sirio online The Republic .

Fuente:http://www.yassinhs.com/2016/09/01/le-jour-de-la-honte-en-syrie-ses-parrains-et-le-monde-qui-la-institue/

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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