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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-09-2016

La sociedad smartphone

Nicole Aschoff
jacobinmag.com

Traducido por Leonel Basso


El automvil fue en muchos aspectos la mercanca emblemtica del siglo XX. Su importancia deriva no del ingenio tecnolgico o de la sofisticacin de la cadena de montaje sino de la capacidad de reflejar y moldear la sociedad. Nuestras formas de producir, consumir, utilizar y normalizar los automviles eran una ventana sobre el capitalismo de aquella centuria, un atisbo del entrelazamiento y la tensin entre lo social, lo poltico y lo econmico.

En una era caracterizada por la financiarizacin y la globalizacin, en la cual la informacin es oro, la idea que una mercanca defina una poca puede sorprender. Sin embargo, las mercancas no son menos importantes hoy y nuestras relaciones con ellas siguen siendo primordiales para comprender la sociedad. Si el automvil es fundamental para comprender el siglo pasado, el telfono inteligente (en adelante smartphone) es la mercanca que define nuestra poca.

La gente pasa demasiado tiempo con sus telfonos. Los revisan constantemente a lo largo del da y los mantienen cerca del cuerpo. Duermen con ellos, los llevan al bao y los miran mientras caminan, comen, estudian, trabajan, esperan y conducen. De los jvenes adultos, 20 por ciento admite que lo consulta incluso durante sus relaciones sexuales.

Qu significa que las personas tengan un telfono en las manos o los bolsillos donde vayan? Para dar sentido a nuestra supuesta adiccin colectiva al telfono, sigamos el consejo de Harry Braverman y examinemos la mquina, por un lado, las relaciones sociales, por el otro, y la manera en que se unen en la sociedad.

Mquinas porttiles

Informantes de Apple se refieren a la ciudad de ensamblaje de Foxconn en Shenzhen como Mordor el infierno de la Tierra Media de J. R. R. Tolkien. Como trgicamente devel una ola de suicidios en 2010, el apodo dramatiza apenas las condiciones de las fbricas en que jvenes trabajadores chinos ensamblan iPhones.1 La cadena de suministro de Apple enlaza colonias de ingenieros de software con cientos de proveedores de componentes en Norteamrica, Europa y Asia Oriental: Gorilla Glass de Kentucky, coprocesadores de movimiento de los Pases Bajos, chips de cmara de Taiwn, y mdulos transmisores de Costa Rica canalizados en decenas de plantas de ensamblaje en China.

Las tendencias simultneamente creativas y destructivas del capitalismo impulsan cambios constantes en las redes de produccin global y, en stas, nuevas estructuras del poder empresarial y estatal. En los viejos tiempos, las cadenas de suministro impulsadas por el productor, ejemplificadas por industrias como la automotriz y la del acero, eran dominantes. Personajes como Lee Iacocca y Bill Allen decidan qu hacer, dnde hacerlo, y en cunto venderlo.2

Pero a medida que las contradicciones econmicas y polticas del auge de posguerra se intensificaron en las dcadas de 1960 y 1970, una cantidad creciente de pases del hemisferio sur adoptaron estrategias de exportacin para lograr sus metas de desarrollo. Surgi un nuevo tipo de cadena de suministro (en particular en ciertas industrias ligeras, como las de ropa, juguetes y electrnica) donde los minoristas llevan las riendas e expensas de los fabricantes. En estos modelos orientado-comprador, empresas como Nike, Liz Claiborne y los productos de diseo de Walmart imponen precios a los fabricantes y ganan a menudo ms en la cadena de produccin que con sus marcas comerciales.

Poder y gobierno se localizan en varios puntos de la cadena de smartphones. De manera simultnea, la produccin y el diseo se hallan hondamente integrados a una escala mundial. Sin embargo, las nuevas configuraciones de poder tienden a reforzar las jerarquas de riqueza existentes: los pases pobres y de ingresos medios intentan con desesperacin entrar en los ndulos ms lucrativos desarrollando infraestructuras y ofertas comerciales; las oportunidades innovadoras son escasas y distantes entre s; el carcter global de la produccin dificulta al extremo la lucha de los trabajadores para mejorar sus condiciones y salarios.

Los mineros de coltn congoleos estn separados de los ejecutivos de Nokia por ms que un ocano: se hallan divididos por la historia y la poltica, por la relacin de su pas con las finanzas, as como por dcadas de barreras de desarrollo que con frecuencia remontan hasta el colonialismo.

La cadena de valor de smartphones es un mapa til para la explotacin global, la poltica comercial, el desarrollo desigual y la destreza logstica. Pero el verdadero significado del producto est en otra parte. Y para descubrir los cambios ms sutiles introducidos e ilustrados por el smartphone en la acumulacin, debemos abandonar el proceso de creacin de celulares con mquinas para identificar el uso del telfono mismo como mquina.

Considerar mquina el telfono es en algunos aspectos inmediatamente intuitivo. De hecho, la palabra china para el telfono mvil es shouji, o mquina de mano. Las personas utilizan a menudo sus mquinas de mano como cualquier otra herramienta, en particular en el centro laboral. Las exigencias neoliberales para disponer de trabajadores flexibles, mviles y conectados los hacen esenciales.

Los smartphones extienden el lugar de trabajo en el espacio y el tiempo. Los correos electrnicos pueden ser respondidos en el desayuno y revisados en el tren camino a casa, o las reuniones del da siguiente confirmadas antes de apagar las luces. Internet se convierte en el lugar de trabajo; y la oficina, slo en un punto dentro del vasto mapa de posibles reas laborales.

La dilatacin de la jornada laboral merced a los smartphones se ha vuelto tan imperiosa y perniciosa que las organizaciones laborales responden. En Francia, los sindicatos y las empresas de tecnologa firmaron un acuerdo en abril de 2014 que reconoce el derecho a desconectarse tras finalizar la jornada a los 250 mil trabajadores del sector. Alemania considera una legislacin que prohba correos electrnicos y llamadas telefnicas luego del trabajo. La ministra alemana del ramo, Andrea Nahles, explic a un peridico que hay una conexin indiscutible entre la disponibilidad permanente y los desrdenes psicolgicos.

Por otra parte, los smartphones han facilitado la creacin de formas de trabajo y de ingresar en los mercados laborales. Empresas como TaskRabbit y Postmates, por ejemplo, han construido modelos de negocio para abastecer el mercado de pequeos empleos mediante la fuerza de trabajo distribuida por smartphone.

Task Rabbit conecta a quienes optaran por evitar la molestia de desempear sus tareas con gente exasperada por pequeos trabajos mal remunerados. Los que desean efectuar quehaceres como el lavado de ropa o la limpieza luego de la fiesta de cumpleaos del hijo se conectan con taskers3 mediante la aplicacin mvil de TaskRabbit. Se espera que los taskers monitoreen continuamente sus telfonos al acecho de posibles empleos; la demora en la respuesta determina quin lo tomar. Los consumidores pueden ordenar o cancelar un trabajador sobre la marcha; y tras completar con xito la labor, el tasker puede ser pagado directamente a travs de su telfono.

Postmates el favorito de la giga economy es una nueva estrella en ascenso en el mundo de los negocios, sobre todo despus que Spark Capital ganar 16 millones de dlares a inicios de 2015. Persigue a sus mensajeros en ciudades como Boston, San Francisco y Nueva York mediante una aplicacin mvil en sus iPhones, mientras se apuran en la entrega de tacos artesanales y caf lattes de vainilla sin azcar a hogares y oficinas. La aplicacin informa y enva el nuevo encargo al mensajero ms cercano, quien debe responder inmediatamente y completar la tarea en una hora para recibir el pago.

Los mensajeros que no son empleados ni reconocidos por Postmates son menos entusiastas que Spark Capital. Reciben 3.75 dlares por entrega, ms propina, y no estn protegidos por las leyes sobre el salario mnimo, pues se les clasifica como contratistas independientes.

De ese modo, nuestras mquinas de mano encajan perfectamente en el mundo moderno del empleo. El smartphone facilita los modelos de empleo basados en la fuerza laboral contingente (contingent workforce), as como en la autoexplotacin: vincular a los trabajadores y a los capitalistas sin los costos fijos y la inversin emocional propios de las relaciones de trabajo ms tradicionales.

Sin embargo, los smartphones son mucho ms que una herramienta de tecnologa para el trabajo asalariado. Se han convertido en parte consustancial de nuestra identidad. Cuando utilizamos nuestros telfonos para mensajear a amigos y a enamorados, publicar comentarios en Facebook o navegar en Twitter, no trabajamos. Estamos relajndonos, divirtindonos, creando. Sin embargo, a travs de estos pequeos actos terminamos generando algo nico y valioso, una mercanca sui gneris: nuestros seres digitales.

Selfis en venta

Erving Goffman, el influyente socilogo estadounidense, se interes en el ser uno mismo (self) y en cmo los individuos producen y presentan su self a travs de la interaccin social. Admita su carcter un tanto shakesperiano: para el autor de La presentacin de la persona en la vida cotidiana, el mundo entero es un teatro (o escenario). Sostuvo que las interacciones sociales pueden considerarse actuaciones y que el proceder de las personas varan con su audiencia.

Realizamos esas actuaciones en el escenario para la audiencia conocidos, compaeros de trabajo, familiares, crticos que deseamos impresionar. Las representaciones confieren la apariencia de que nuestros actos mantienen y representan ciertos estndares. Convencen a la audiencia de que somos quienes decimos: personas inteligentes, morales y responsables.

Pero las actuaciones escnicas pueden ser inestables o frecuentemente perturbadas por errores: la gente se pone el pie en la boca, malinterpreta las seales sociales, tiene un trozo de espinaca atorado en el diente, o se le descubre en una mentira. Goffman estaba fascinado por lo duro que trabajamos para perfeccionar y mantener nuestras actuaciones en el escenario y con cunta frecuencia fracasbamos.

Los smartphones constituyen un regalo celestial para encarar esas dimensiones dramticas de la vida. Nos permiten administrar las impresiones provocadas en los dems con un nivel de precisin rayano en la locura. En lugar de hablar con el otro, podemos enviar mensajes de texto, planificar ocurrencias y estrategias de evasin de antemano. Podemos ostentar nuestro gusto impecable en Pinterest, nuestras habilidades en CafeMom y nuestro talento de artiste en herbe en Instagram; todo ello en tiempo real.

New York Magazine public un artculo sobre las cuatro personas ms deseables en esa ciudad segn OkCupid.4 Estos individuos elaboran perfiles de citas tan atractivos que son objeto de peticiones y solicitudes constantes. Sus telfonos tintinean continuamente con mensajes de enamorados potenciales. Tom, uno de los cuatro elegidos, efecta pequeos cambios peridicos en su perfil: sube nuevas fotografas y reformula su descripcin. Utiliza incluso el servicio de optimizacin de perfil de OkCupid: MyBestFace.

Tom supone que todo ese esfuerzo es necesario en nuestra actual cultura de likes. Considera su perfil de OkCupid una extensin de s mismo. Y se refiere a su perfil en tercera persona: Quiero que se vea bien y limpio; as que le hago practicar abdominales y esas cosas.

El asombroso alcance de los medios de comunicacin social y su rpida adopcin por las personas para producirse e interpretarse fomentan el surgimiento de nuevos rituales tecnolgicamente mediatizados. En adelante, los smartphones son fundamentales para la generar, conservar, reparar, renovar y, tambin refutar las relaciones y resistirse a ellas.

Los mensajes de texto desempean con sus complejas reglas no escritas un papel regente en la dinmica de las relaciones de la mayora de los adultos jvenes. Resulta innecesario ser un nostlgico fantico para conceder que los nuevos rituales tecnolgicamente mediatizados desplazan o al menos, modifican las antiguas convenciones.

Conservar digitalmente, generar y discutir de relaciones a travs de los smartphones difiere del uso de los telfonos para completar tareas asociadas al trabajo asalariado. Nadie cobra por su perfil Tinder o por subir en Snapchat fotos de sus aventuras de fin de semana. No obstante, los seres digitales y rituales que producen se hallan sin duda en venta. Cuando una persona utiliza su smartphone para conectarse con otra o una comunidad digital imaginaria, resulta cada vez ms posible que el producto de sus acciones amorosas sea vendido como una mercanca, aun cuando no fuese su intencin.

Empresas como Facebook son precursoras en el cercamiento (enclosures) y la venta de seres digitales. Aqulla contaba con 945 millones de usuarios que ingresaron en el sitio a travs de sus telfonos inteligentes en 2013. De los ingresos en el mismo ao, 89 por ciento provena de la publicidad (la mitad de la publicidad mvil). Toda su arquitectura est diseada para orientar la produccin mvil de cada individuo-usuario a travs de una plataforma que convierte sus seres digitales en mercancas vendibles.

He aqu la razn por la cual Facebook instituy su poltica de nombres reales: fingir ser cualquiera o nadie no est permitido. Esa red necesita que los usuarios usen los nombres legales para adecuar seres reales y seres digitales, pues los datos producidos por y conectados a un ser humano real son ms rentables.

Los usuarios del sitio de citas OkCupid acuerdan un intercambio similar: datos para una cita. Terceras empresas se sientan en el fondo de la pgina para observar las fotografas de los usuarios, sus puntos de vista polticos y religiosos y hasta las novelas de David Foster Wallace que dicen amar. Posteriormente, los datos son vendidos a los publicistas que idean anuncios personalizados.

El grupo de personas que tiene acceso a los datos de OkCupid resulta notablemente grande. OkCupid es, con compaas como Match y Tinder, propiedad de iac/InterActiveCorp, la sexta mayor red en lnea del mundo. Elaborar un self en OkCupid puede llevar al amor, o no, pero produce sin duda ganancias para las corporaciones.

La toma de conciencia de que nuestros seres digitales son mercancas se extiende. Profesora en The New School, Laurel Ptak public recientemente el manifiesto Los salarios de Facebook. Asimismo, en marzo de 2014 Paul Budnitz y Todd Berger crearon Ello, una alternativa popular a Facebook.

Proclama: Creemos que una red social puede ser una herramienta para el empoderamiento. No es una herramienta para engaar, obligar y manipular sino un lugar para conectarse, crear y celebrar la vida. Usted no es un producto. Ello promete no vender sus datos a publicistas, al menos por ahora. Se reserva el derecho de hacerlo en el futuro.

Sin embargo, las discusiones sobre el trfico de seres digitales en el mercado gris (gray market) de las empresas de datos y de los gigantes de la Silicon Valley no incluyen por lo general consideraciones respecto a las condiciones de explotacin cada vez ms pavorosas o el floreciente mercado para trabajos precarios y degradantes. Y lejos de constituir fenmenos separados, estn estrechamente vinculados. Son piezas del rompecabezas del capitalismo moderno.

iMercantilizacin

El capital debe reproducirse y generar nuevas fuentes de ganancias a lo largo y ancho del tiempo y el espacio. Debe crear y reforzar constantemente la separacin entre los trabajadores asalariados y los propietarios de los medios de produccin, aumentar el plusvalor extrado de los trabajadores y colonizar nuevas esferas de la vida social para convertirlas en mercancas. El sistema y las relaciones que lo componen estn en movimiento constante.

La expansin y reproduccin cotidiana del capital y la colonizacin de nuevas esferas de la vida social no siempre son evidentes. En cuanto dispositivo que facilita y apuntala nuevos modelos de acumulacin, la reflexin sobre el smartphone permite armar el rompecabezas.

La evolucin del trabajo durante las ltimas tres dcadas ha sido dominado por una serie de tendencias: el alargamiento de la jornada y semana laborales, la disminucin de los salarios reales, el decremento o la eliminacin de las protecciones no salariales del mercado (como las pensiones fijas o las normas de seguridad y de la salud), la proliferacin del empleo a tiempo parcial y el declive de los sindicatos.

Al mismo tiempo, cambian las normas que rigen la organizacin del trabajo. En particular, proliferan nuevas formas de labor temporal como los empleos-proyectos (project-oriented employment). Ya no se espera a que los empleadores ofrezcan una seguridad laboral o que regulen las horas de trabajo; por su parte, los empleados ya no cultivan ese tipo de expectativas.

Pero la degradacin del empleo no es un parmetro objetivo. El aumento de la explotacin y de la miseria son tendencias y no productos ineluctables de las leyes del capitalismo. Resultan de las batallas perdidas por los trabajadores y ganadas por los capitalistas.

El uso generalizado de smartphones para prolongar la jornada laboral y ampliar el mercado de empleos deplorables, de mierda (shits jobs), resulta de la debilidad de los trabajadores y de los movimientos de la clase a que pertenecen. La compulsin y disposicin de un creciente nmero de trabajadores a interactuar con sus empleadores a travs de sus telfonos normaliza y justifica el uso de smartphones como herramienta de explotacin. Opera como acicate de una constante disponibilidad convertida en requisito para obtener un salario.

El aumento constante de las tasas de ganancias de las grandes corporaciones desde finales de la dcada de 1980 hasta la Gran Recesin no slo resulta del retroceso de la conquistas del movimiento obrero como resultado de la accin del capital (y del Estado). Se ha ensanchado y profundizado el alcance de los mercados globales, as como el ritmo de desarrollo de nuevas mercancas.

La reproduccin y expansin del capital dependen del desarrollo de estas nuevas mercancas, muchas de las cuales emergen del acoso incesante del capital por cercar nuevas esferas de la vida social. O como resumi el economista poltico Massimo de Angelis: Pongan [estas esferas] a trabajar para las prioridades e impulsos del [capital].

El smartphone es crucial en este proceso. Proporciona un artefacto fsico que permite el acceso constante a nuestros seres digitales y abre una frontera an desconocida para la mercantilizacin.

Los individuos no cobran salario alguno por crear y conservar seres digitales. Su paga consiste en la satisfaccin que procura participar en rituales y ejercer cierto control sobre sus interacciones sociales. Ganan en la sensacin de flotar en la gran conectividad virtual, aun cuando sus mquinas de mano median los lazos sociales, ayudando a la gente a imaginarse como colectivos mientras se mantienen separados como entidades productivas distintas. El carcter voluntario de estos nuevos rituales no los vuelve menos importantes o rentables para el capital.

Braverman deca que el capitalista encuentra en [el] carcter infinitamente maleable del trabajo humano el recurso esencial para la expansin de su capital. Los ltimos 30 aos de innovacin demuestran la verdad de esta afirmacin. El telfono se ha convertido en uno de los principales mecanismos para activar, obtener y canalizar la maleabilidad del trabajo humano.

Los smartphones aseguran que producimos ms y a lo largo de nuestra vida despierta. Borran los lmites entre el trabajo y el ocio. De ahora en adelante, los empleadores disponen de un acceso prcticamente ilimitado a su plantilla de personal. De tal suerte, la disponibilidad permanente y el alistamiento del trabajador sirven de palanca de chantaje para mantener altos niveles de precariedad y salarios cada vez ms bajos. Al mismo tiempo, esos dispositivos proporcionan a la gente un acceso mvil y constante a los bienes comunes digitales y a su filosofa transparente de conectividad, pero slo a cambio de su ser digital.

Diluyen, los smartphones, la lnea entre la produccin y el consumo, entre lo social y lo econmico, entre lo precapitalista y lo capitalista. El uso del telfono, sea por trabajo o placer, se plasma cada vez ms en un mismo resultado: beneficios para los capitalistas.

Es el smartphone el anunciante del momento debordiano 5 o colonizacin [completa] de la vida social por la mercanca? En qu medida nuestra relacin con las mercancas ya no es lo nico que salta a la vista sino, ms bien, las mercancas son ahora lo nico visible?

Lo siguiente puede parecer un poco duro. El acceso a las redes sociales y la conectividad digital a travs de smartphones ocultan sin duda elementos liberadores. Esos aparatos pueden ayudar a luchar contra la anomia, a promover cierto sentido de conciencia ambiental y, al mismo tiempo, facilitar la generacin y conservacin de relaciones reales entre las personas.

Una conexin compartida a travs de seres digitales puede asimismo alimentar la resistencia a la jerarqua de poder existente, cuyos mecanismos internos aslan y silencian a los individuos. Es imposible imaginar las protestas desencadenadas por Ferguson y la brutalidad policial [estadounidense] sin smartphones y redes sociales. Y, por ltimo, el grueso de la gente no est obligado aun a utilizar smartphones en su trabajo ni a producir sus personas a travs de la tecnologa. La mayora podra lanzar sus telfonos al mar maana si lo desease.

Pero no lo harn. Las personas aman sus mquinas de mano. La comunicacin con smartphones se est convirtiendo en una norma aceptada a medida que una cantidad creciente de rituales son tecnolgicamente mediatizados. La conexin constante a las redes sociales y a la informacin que llamamos ciberespacio se vuelve indispensable a la identidad. El porqu de este acontecimiento es objeto de especulaciones labernticas.

Es simplemente otra manera de evitar el vaco, la falta de sentido de la existencia, como sugiere el experto en medios de comunicacin y tecnologa Ken Hillis? O nuestra capacidad para manipular nuestros avatares digitales proporciona una solucin para nuestro profundo sentimiento de impotencia ante la injusticia y el odio, segn expuso recientemente la novelista y profesora Roxane Gay? O todos nos estaremos convirtiendo en cyborgs pregunta Amber Case, un gur de la tecnologa?

Probablemente no, aunque la respuesta depende de cmo se defina al cyborg. Si ste es un ser humano que utiliza una pieza de tecnologa o una mquina para restaurar las funciones perdidas o mejorar sus capacidades y conocimientos, entonces la gente ha sido cyborgs por mucho tiempo, y el uso de un smartphone no difiere del de una prtesis de brazo, de conducir un coche o de trabajar en una lnea de montaje.

Si definimos una sociedad cyborg como una donde las relaciones humanas estn mediadas y moldeadas por la tecnologa, entonces nuestra sociedad cumple el criterio, nuestros mviles juegan un papel protagonista. Pero nuestras relaciones y rituales durante mucho tiempo han sido mediados por la tecnologa. El auge de centros urbanos masivos focos de conectividad e de innovacin habra sido imposible sin los ferrocarriles y los automviles.

Mquinas, tecnologa, redes e informacin no dirigen ni organizan a la sociedad. La gente lo hace. Creamos y utilizamos de acuerdo con la malla existente de relaciones sociales, econmicas y polticas y del equilibrio de poder.

El smartphone la forma en que moldea y refleja las relaciones sociales no es ms metafsico que las Ford Ranger salidas de la lnea de montaje en Edison (Nueva Jersey). Es a la vez una mquina y una mercanca. Su produccin es un mapa de poder global, de logstica y explotacin. Su utilizacin le imprime su forma y refleja la confrontacin perpetua entre las tendencias totalitarias del capital y la resistencia del resto de nosotros.

Actualmente, la necesidad de los capitalistas de explotar y mercantilizar es apremiada por las formas en que se producen y consumen los smartphones. Pero las ganancias del capital no resultan seguras ni inatacables. Se deben renovar y defender a cada paso. Tenemos poder para impugnar y negar las ganancias del capital, y deberamos. Tal vez nuestros telfonos sern tiles a lo largo de ese camino.

Traduccin de Guenalle Pierre Manigat

* Publicado originalmente en la revista Jacobin, nmero 17. (www.jacobinmag.com)

1 Longhua, apodada iPhone City, es una urbe de la subprovincia china de Shenzhen. Aloja el mayor parque industrial de Foxconn, uno de los lderes mundiales en la fabricacin de productos electrnicos.

2 Lido Anthony Lee Iacocca fue un ejecutivo comercial y, luego, alto directivo de Ford Motor Company entre 1946 y 1978. Se le atribuye el lanzamiento del modelo Mustang en 1964. William McPherson Bill Allen fue el mximo patrn de la industria aeronutica estadounidense. Entre otros cargos, se desempe como presidente de Boeing Company entre 1945 y 1968.

3 Neologismo que hay que entender en el doble sentido de candidato a una tarea (task) determinada y de usuario de la aplicacin TaskRabbit (del lado de la oferta de trabajo, o demanda de empleo).

4 http://goo.gl/IM47hu

5 En el sentido de Guy Debord.

* Nicole Aschoff, historiadora y editora de la revista Jacobin (https://www.jacobinmag.com/)



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