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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-09-2016

Contribucin de la perspectiva de sistemas-mundo de Immanuel Wallerstein a su esclarecimiento y dilucidacin
Mitos del sistema-mundo capitalista/moderno

Rodolfo Crespo
Rebelin


Dedicado al compaero Immanuel Wallerstein en su 86 aniversario

A los profesores Jos Mara Tortosa Blasco y Carlos Antonio Aguirre Rojas, que con tanta generosidad me han facilitado materiales para estudiar la obra de Immanuel Wallerstein.

 

Al compaero Pascual Serrano, que con sus acostumbradas Perlas informativas contribuye a desentraar cada mes la maleza y los mitos escondidos tras las ancdotas, manipulaciones y curiosidades aparecidas en los medios de comunicacin.

 

A Ana, mi esposa, que tanto me ha aguantado y he aburrido contndole estas cuestiones.

 

absorbido por los objetos aislados, no alcanza a ver su concatenacin, preocupado por su existencia, no para mientes en su gnesis ni caducidad, concentrado en su quietud, no advierte su movimiento, obsesionado por los rboles, no alcanza a ver el bosque (Anti-Dhring)

 

Federico Engels

el hecho es que la economa-mundo capitalista sobrevive sobre la base de no cumplir con su retrica 1

 

Immanuel Wallerstein

El sistema-mundo moderno, que es una economa-mundo capitalista desde su surgimiento en el siglo XVI en el seno de la economa-mundo europea hasta nuestros das, ha tenido un ms que notable xito: ha llegado a expandirse hasta ocupar todo el globo terrqueo, superado las varias tentativas de ser transformado en un imperio-mundo y concitado el apoyo y simpata activa de sus cuadros y al menos de forma pasiva por la mayora de los ciudadanos del mundo.

Pero, qu es lo que ha facilitado el xito del capitalismo, el hecho que la acumulacin incesante de capital se haya mantenido de manera imperturbable y siempre creciente durante 500 aos y, sobre todo, qu es lo que ha permitido que las vctimas de todo este proceso, la abrumadora mayora de la humanidad, independientemente de sus intenciones subjetivas (destruir el capitalismo) objetivamente, en la prctica, haya transformado el enfrentamiento contra l en una lucha por el acceso a la riqueza capitalista que raramente ha cuestionado el carcter de esa supuesta riqueza?

Es una pregunta que aborda un tema con muchas aristas, pero una serie de mitos que el sistema-mundo capitalista ha urdido en torno suyo ayudan a explicarlo, por eso se les ha propagado tan ruidosamente porque son necesarios para el funcionamiento del sistema-mundo moderno.

Para quien no tenga la paciencia o no disponga del tiempo para leer este ensayo permtasenos una sola cita donde el profesor Wallerstein lo resume:

El problemas bsico reside en la imagen que nos hacemos de cmo funciona el capitalismo. Dado que el capitalismo precisa que los factores de la produccin trabajo, capital y mercancas- fluyan libremente, suponemos que los capitalistas desean una libertad de circulacin total, cuando en realidad lo que desean es una libertad de circulacin parcial. Como el capitalismo funciona a travs de los mecanismos del mercado, basados en la ley de la oferta y la demanda, suponemos que requiere, y que los capitalistas desean, un mercado perfectamente competitivo, cuando lo que requiere y los capitalistas desean realmente son mercados que puedan utilizarse y eludirse al mismo tiempo, una economa que combine de forma adecuada la competencia y el monopolio. Como el capitalismo es un sistema que recompensa el comportamiento individualista, suponemos que requiere, o que los capitalistas desean, que todos acten basndose en motivaciones individualistas, mientras que en realidad requiere y los capitalistas desean que tanto burgueses como proletarios incorporen una fuerte dosis de orientacin social antiindividualista a sus mentalidades. Como el capitalismo es un sistema construido sobre la base jurdica del derecho a la propiedad, suponemos que requiere y que los capitalistas desean que la propiedad sea sacrosanta y que el derecho a la propiedad privada se ample cada vez a ms aspectos de la interaccin social, mientras que en realidad toda la historia del capitalismo ha supuesto un constante declive, no una ampliacin, del derecho a la propiedad. Como el capitalismo es un sistema en que los capitalistas siempre han defendido el derecho a adoptar decisiones econmicas por razones puramente econmicas, suponemos que esto significa que son alrgicos a la injerencia poltica en sus decisiones, cuando en realidad siempre han pretendido, con toda coherencia, utilizar la maquinaria del Estado y han acogido con agrado la idea de la primaca de lo poltico 2 . 

El presente ensayo abordar algunos de los ms ampliamente credos, al menos de manera superficial.

1. La humanidad siempre avanza desde formas sociales inferiores hacia estructuras de organizacin social superiores e inexorablemente ms progresistas en la supuesta escala del desarrollo social.

La ciencia social, sobre todo desde fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX, con el surgimiento de la Ilustracin se ha encargado de propagar la idea de una historia de la humanidad como por etapas, en un movimiento siempre ascendente, desde estructuras ms imperfectas y menos desarrolladas hacia formas de organizacin sociales no solo superiores sino tambin ms progresistas.

As, como si de una escalera se tratara, para sta concepcin, que el sistema-mundo capitalista asumi como suya, la humanidad ha ido recorriendo varias etapas comenzando desde la comunidad primitiva de los primeros asentamientos humanos, pasando por el esclavismo, La Edad Media o feudalismo, hasta llegar al capitalismo3, fin de la historia para la burguesa, aunque el mismo hombre (Fukuyama) que consideraba tras el derrumbe de los comunismos en la dcada de 1990 que la historia haba llegado a su fin, admite en su ltimo libro que despus de todo la historia puede no haber acabado.

Fue el marxismo a mediados del siglo XIX quien desarroll hasta su extremo lgico esta teora de la historia, siguiendo un curso supuestamente progresivo al agregar a esa presunta marcha objetiva del desarrollo social un nuevo peldao que sucedera al capitalismo, al que Marx consideraba la formacin social que cierra la prehistoria de la sociedad humana4, y ste era el comunismo que como ya sabemos, en su Crtica del Programa del Gotha planteaba que el mismo a su vez se subdivida en tres estadios: el periodo de transito del capitalismo al socialismo, el socialismo y el comunismo.

Marx aport a dicha concepcin progresiva de la historia que colocaba a la clase obrera, los trabajadores y los oprimidos en general en su cspide superior, el elemento objetivo que haca posible el salto de una etapa a otra, que era el desarrollo de las fuerzas productivas: Ninguna formacin social [deca] desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jams aparecen nuevas y ms elevadas relaciones de produccin antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua5, y Lenin, fiel continuador y desarrollador de la teora marxista a inicios del siglo XX, convencido de ello tambin lo dej plasmado, El materialismo histrico de Marx es una enorme conquista del pensamiento cientfico. Al caos y la arbitrariedad que imperan hasta entonces en los puntos de vista sobre historia y poltica, sucedi una teora cientfica asombrosamente completa y armnica, que muestra cmo, en virtud del desarrollo de las fuerzas productivas, de un sistema de vida social surge otro ms elevado; cmo del feudalismo, por ejemplo, nace el capitalismo6

Esta concepcin, segn la cual la formacin econmico social del comunismo llegara por evolucin histrica fue confrontada por primera vez en la dcada de 19707 por la perspectiva de sistemas-mundo de Immanuel Wallerstein. sta considera que hay tres formas o variedades histricas de sistema social cuya diferencia primordial estriba en la lgica fundamental en la distribucin del excedente, as tenemos los minisistemas (su lgica es la reciprocidad en los intercambios); los imperios-mundo cuya lgica es la obtencin de tributos de los productores directos que se envan al centro y de ah se distribuyen a una delgada red de funcionarios; y las economas-mundo cuya lgica es la distribucin desigual del excedente acumulado a favor de quienes pueden ejercer varios tipos de monopolios temporales en las redes de mercado, una lgica capitalista.

Qu relacin se ha establecido entre ellos?, cmo han coexistido?, cul ha predominado sobre el resto?, y sobre todo ha existido una lgica sucesoria y determinista entre ellos?. Para nada, lo que s se puede afirmar como dice Wallerstein es que durante el periodo comprendido entre, digamos, 8000 a. de n.e. y 1500 de n.e., coexistieron en el planeta mltiples sistemas histricos de las tres variedades. El imperio-mundo era la forma fuerte durante esa poca, ya que, doquiera que se extendiera, destrua y/o absorba tanto minisistemas como economas-mundo y, cuando uno de ellos se contraa, dejaba espacio para que se volvieran a crear minisistemas y economas-mundo. Gran parte de lo que denominamos la historia de este periodo es la historia de dichos imperios-mundoLas economas-mundo eran una forma dbil que nunca sobreviva mucho tiempo, ya que se desintegraban, se integraban o se convertan en un imperio-mundo (mediante la expansin interna de una sola unidad poltica).

Alrededor del ao 1500, una de esas economas-mundo se las arregl para no sufrir ese destino. El sistema-mundo moderno naci, por razones que habra que explicar, de la consolidacin de una economa-mundo, por lo que tuvo tiempo para alcanzar su pleno desarrollo como sistema capitalista. Debido a su lgica interna, esta economa-mundo capitalista se extendi ms tarde hasta abarcar a todo el globo, y en ese proceso absorbi a todos los minisistemas e imperios-mundo existentes. As haca finales del siglo XIX exista por primera vez en la historia un nico sistema histrico, nos encontramos todava en esa situacin 8 .

Sin embargo, ese sistema que desde hace unos cien aos lleg a copar todos los lugares disponibles de la tierra, gracias precisamente a su xito, ha entrado desde las ltimas dcadas del siglo XX en una irresoluble crisis estructural al extinguirse los espacios que pueden garantizar la continuacin de la realizacin de su esencia, la incesante acumulacin de capital. Desde tal momento ha entrado en un perodo de caos y bifurcacin que lo llevar a uno o varios sistemas en un periodo de 20-40 aos.

Ser mejor o peor el sistema y/o sistemas que los sustituir? A diferencia del horizonte siempre ascendente y progresivo que han estimado hasta el momento tanto liberales como marxistas, la perspectiva de sistemas-mundo considera que dicho escenario est abierto y es incierto, en situaciones caticas derivadas de una bifurcacin el resultado es inherentemente impredecible. No sabemos, no podemos saber, cmo terminar todo lo que s sabemos es que el sistema presente no puede sobrevivir como tal. [y que] Habr un sistema que lo suceda, o varios9.

Y aqu entra en funcionamiento lo que las situaciones caticas ofrecen como el lado amable de la historia consistente en el hecho que, cuando los sistemas se alejan mucho del equilibrio, cuando se bifurcan, las pequeas fluctuaciones [entindase la actividad consiente y voluntariamente organizada de los distintos actores polticos] pueden tener efectos serios10 transformadores, conseguir inclinar la balanza de la historia en una u otra direccin, a diferencia de lo que ocurre cuando los sistemas funcionan normalmente en que, incluso las grandes fluctuaciones provocaban efectos relativamente pequeos, como fueron todas las revoluciones del siglo XX que vistas desde la distancia, a pesar de las grandiosas acciones de masas que las acompaaron, por sus escasos resultados (hoy casi ninguna se mantiene en pie) podran percibirse como fracasos. Ciertamente [con el mximo de respeto y gratitud hacia todos aquellos que perdieron la vida en tan honesto esfuerzo] lograron menos en cuanto a transformacin social de lo que sus partidarios esperaban11. Por eso, si hasta ahora, cuando el sistema funcionaba normalmente el determinismo estructural pesaba ms que el libre albedro individual y colectivo ahora, cuando la crisis estructural se agrava y avanza sin complejos cada vez ms hacia un punto de no retorno, el factor del libre albedro se vuelve fundamental. No podemos siquiera imaginar la multitud de pequeos detalles que tendrn un impacto crucial; es por ello que el momento es revolucionario y no reformista. En trminos histricos ser breve, pero ir acompaado de tal lucha poltica (dirimida en todos los campos) que podr compararse con el infierno, pero en la tierra; y bello, por cuanto s vencemos (algo que repetimos, dado que ha sido un mito que ha acompaado al sistema-mundo moderno desde hace dos siglos, no est asegurado) podremos hacer realidad los sueos de todos aquellos que a lo largo de la historia de este sistema, se han esforzado y entregado sus vidas por un mundo libre de explotacin, donde cada cual reciba de la sociedad en la misma proporcin que, con su trabajo, ha entregado a ella en cantidad y calidad.

2. Existi (en su momento se dijo existe) un sistema socialista mundial, distinto, contrapuesto y alternativa al capitalismo.

Uno de los mitos ms grandes que se han difundido en el sistema-mundo moderno que ms dao ha ocasionado a la lucha por la transformacin del mismo y del que se han encargado de difundir a partes iguales tanto amigos como enemigos es la existencia paralela al sistema-mundo capitalista del sistema socialista mundial que, segn sus defensores (que fueron todos a excepcin de la perspectiva de sistemas-mundo) existi entre la dcada de 1950 y 1989 cuando implosion.

El sistema-mundo moderno, como qued dicho ms arriba, convivi durante 400 aos con otros sistemas histricos (economas-mundo e imperios-mundo, aunque primordialmente fueron del tipo de stos ltimos), transcurso de tiempo durante el cual los fue absorbiendo e incorporando a su rbita, proceso que en lo fundamental qued concluido a fines del siglo XIX, fecha a partir de la cual no solo desapareci todo vestigio de sistema histrico diferente al sistema-mundo moderno, sino que se cerr toda posibilidad de surgimiento de otro sistema histrico distinto a ste.

El triunfo de una revolucin de signo antisistmico en el antiguo imperio-mundo de los zares en Rusia en 1917 y la incorporacin a la rbita sovitica de aquellos pases de Europa Oriental y Central liberados o ayudados a liberar por el Ejrcito Rojo en su avance hacia el Reichstag alemn, todos los cuales asumieron una serie de caractersticas comunes, muy similares al rgimen sovitico (medios de produccin propiedad pblica, economa burocrticamente coordinada y poder poltico monopolio de un solo partido, cuya ideologa legitimadora es el marxismo), a los que se sumaron, despus de sendas guerras de liberacin, Corea del Norte, China, Viet Nam y la isla de Cuba, tambin con las mismas caractersticas que los primeros, permitan agruparlos a todos como si fueran un solo bloque que distaba, como se demostrara aos despus, de ser monoltico, y cre ciertas evidencias objetivas (aunque engaosas) que llevaron a todos los analistas y cientficos sociales a considerar como cierto el hecho de que haba nacido desde las entraas del capitalismo un nuevo sistema histrico que llamaran, orgullosamente unos (los marxistas) y despectivamente otros (los liberales) comunismo.

Fue en la dcada de 1970 en pleno apogeo de la tesis sobre la existencia de un sistema socialista mundial, contiguo al sistema-mundo capitalista, y cuando se deca que el mismo se haba convertido en la fuerza motriz fundamental del desarrollo social, cuando la perspectiva de sistemas-mundo Immanuel Wallerstein plantea que no haba una economa mundial socialista, algo muy distinto al hecho que haba un cierto nmero de movimientos socialistas que controlan ciertos aparatos de Estado en el seno de la economa-mundo [capitalista]12 que en su cnit lleg a gobernar una tercera parte del planeta.

En entrevista al profesor mexicano Carlos Antonio Aguirre Rojas en 1999, Immanuel Wallerstein recuerda las consecuencias que tuvo aquella tesis que rompa con un mito propalado por todo el mundo en aquel entonces a travs de los manuales soviticos y su editorial estrella para temas sociales (la Editorial Progreso) cuando afirmaba la tesis nuestra que ms reacciones en contra provoc por parte de la izquierda mundial, y que fue la idea que sostuvimos desde los aos setentas fue que la Unin Sovitica haba sido parte de la economa-mundo capitalista, de manera integral y absoluta, durante toda su existencia13.

Por qu considerar que el bloque de pases socialistas que se estructur a partir de la dcada de 1950, siguiendo el modelo sovitico, y que luego se extendi a otros pases tras la victoria de sus respectivos movimientos de liberacin nacional (como Cuba, Viet Nam, etc) no constituy en la prctica un sistema?

Wallerstein lo deja claro y con gran nitidez en 1982 en una serie de conferencias que imparti en Hawi y que se recogen en los tres primeros captulos de su libro El Capitalismo Histrico, all dice sin ambages de ningn tipo en lo que constituye todo un atrevimiento intelectual por el momento, el ao y la poca en que fue expresado:

Uno de los puntos fuertes de los movimientos antisistmicos es que han llegado al poder en un gran nmero de Estados. Esto ha cambiado la poltica vigente en el sistema mundial. Pero este punto fuerte ha sido tambin su punto dbil, dado que los llamados regmenes posrevolucionarios continan funcionando como parte de la divisin social del trabajo del capitalismo histrico. Por tanto, han actuado, queriendo o sin querer, bajo las implacables presiones de la tendencia a la acumulacin incesante de capital. La consecuencia poltica a nivel interno ha sido la continuada explotacin de los trabajadores, aunque de una forma reducida y mejorada en muchos casos. Esto ha llevado a tensiones internas paralelas a las existentes en Estados que no eran posrevolucionarios, y esto a su vez ha provocado la aparicin de nuevos movimientos antisistmicos dentro de estos Estados. La lucha por los beneficios ha proseguido tanto en estos Estados posrevolucionarios como en todas partes, porque, dentro del marco de la economa-mundo capitalista, los imperativos de la acumulacin han operado a lo largo del sistema. Los cambios en las estructuras estatales han alterado la poltica de la acumulacin, pero todava no han sido capaces de terminar con ella 14 .

En la medida en que estos movimientos [antisistmicos], una vez en el poder lo mismo socialdemcratas que comunistas, llevaron a la prctica las consignas estalinistas del socialismo en un solo pas, fomentaron necesariamente el proceso de mercantilizacin de todas las cosas que tan esencial ha sido para la acumulacin global de capital. En la medida en que se mantuvieron dentro del sistema interestatal y de hecho lucharon por mantenerse dentro de l frente a los intentos de desalojarlos aceptaron y favorecieron la realidad a escala mundial de la dominacin de la ley del valor. El socialista se pareca sospechosamente al taylorista desbocado15.

En 1991, cuando ya el supuesto sistema socialista se haba derrumbado, al preparar su volumen Geopoltica y Geocultura. Ensayos sobre el moderno sistema mundial, visto que el compendio de ensayos que lo integraba podan resultar obsoletos para el lector (el ms reciente databa de septiembre de 1989) les aclaraba a los interesados que es precisamente a raz del final de los comunismos que he elaborado este volumen: para exponer que ste no es un gran acontecimiento repentino e inesperado, sino parte de un proceso ms amplio, del de la crisis y fenecimiento, pero del sistema-mundo capitalista/moderno, porque no haba otro y los llamados pases socialistas formaban parte de ste. En el prefacio a la seleccin de los quince ensayos que conforman la obra, titulado Introduccin: las lecciones de los ochenta, Wallerstein alerta de las falsas conclusiones que se extraan de aquel acontecimiento: tanto en el mundo (ex) comunista, los que aparentemente se alegraban de abandonar el sistema socialista para incorporarse al sistema capitalista esperanzados en que mejoraran su nivel de vida y riqueza, como a los pases del llamado Tercer Mundo, donde muchos interpretaban el colapso del leninismo como un debilitamiento decisivo de estos pases en su lucha contra el dominio econmico de los pases capitalistas ricos del norte. A los primeros les deca que, la suplantacin de la magia del mercado por la magia de la planificacin, en lneas generales no resultar un instrumento de bienestar econmico ms eficaz para estos estados de lo que ha sido la planificacin, puesto que las principales dificultades econmicas de estos estados provenan, y an provienen, no de sus mecanismos econmicos internos [intrnsecos al supuesto sistema socialista], sino de su posicin estructural en la economa capitalista mundial [es decir, del sistema-mundo capitalista del cual formaban parte]; y a los segundos les deca que, en realidad la retrica sovitica de los pasados cuarenta y cinco aos slo haba contribuido de manera menor a la lucha de los pases del Tercer Mundo. La debilidad de su posicin se deba principalmente al funcionamiento continuado de la economa capitalista mundial, de manera secundaria a la ineficacia de sus estrategias de desarrollo nacional y, slo de manera terciaria, a la presente incapacidad (y a la mala disposicin) de la URSS para apoyarlos16; en resumen: ninguno de los dos haba perdido nada con la rplica de 1968, porque eso es lo que fue 1989, continuacin de 196817.

En 1992 (para seguir un orden cronolgico) uno de los ms lcidos seguidores de la perspectiva de sistemas-mundo, el profesor y acadmico espaol Jos Mara Tortosa Blasco, traductor al castellano de El futuro de la civilizacin capitalista, y autor de su eplogo, en su libro Sociologa del sistema mundial enfatiza en la postura de Wallerstein al subrayar que:

1) Las partes del sistema favorecen la supervivencia del sistema total. Los pases socialistas son, efectivamente, diferentes de los capitalistas (liberales), pero esa diferencia no es otra que su adaptacin al sistema y su colaboracin en su supervivencia. Un Estado que posee colectivamente todos los medios de produccin es meramente una empresa capitalista colectiva mientras siga participando como tales Estados, de hecho, estn obligados a seguir hacindolo- en el mercado del world-system capitalista.

2) El sistema es contradictorio y, por tanto, en su funcionamiento normal produce y reproduce fuerzas antisistmicas. Los pases socialistas pueden ser tales, pero hay que reconocer que es imposible alcanzar el socialismo a escala nacional. Lo mximo que pueden ser es sociedades que muestren valores que sern los dominantes en el futuro ya que vivimos en los primeros estadios de la transicin del capitalismo al socialismo. Pero nada ms.

3) El world-system est formado por fuerzas que constantemente lo reproducen y, al mismo tiempo, por fuerzas que dificultan su preservacin. Ambas fuerzas no son eternas: lo que hoy reproduce, maana puede ser estril; lo que hoy se opone, maana puede ser sustituido por algo distinto 18 .

En 1997 Wallerstein fue muy contundente al respecto cuando plante, en la primera (El fracaso de los sueos, o el paraso perdido?) de tres conferencias impartidas en la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda, cuya versin revisada se pueden leer en Utopstica o las opciones histricas del siglo XXI, quizs de la manera ms difana que lo haya dicho nunca que, con la desaparicin de los comunismos ni haban fracasado los sueos ni se haba perdido el paraso de aquellos que aspiraban a la transformacin del sistema-mundo capitalista ya que:

Los estados que figuran dentro de este sistema son instituciones del mismo, as que cualquiera que sea su forma particular, responden de alguna manera a la premisa de su impulso capitalista. Por lo tanto, si por revolucin entendemos que un Estado antes feudal se convierte en capitalista, o que un Estado antes capitalista se convierte en socialista, el trmino no tiene ningn significado operativo y es una descripcin engaosa de la realidad. Para ser exactos, hay muchas clases posibles de regmenes polticos, y no hay duda de que a las personas que viven en un Estado en particular les importa muchsimo la naturaleza de ese rgimen.

Pero estas diferencias no han cambiado, el hecho bsico fue que todos estos regmenes han sido piezas de la maquinaria del moderno sistema mundial, es decir, de la economa-mundo. Y tampoco podra haber marcado una diferencia antiguamente. Puedo or las objeciones. Las he odo muchas veces. Cmo afirmar que los antiguos estados socialistas (o los que siguen estando regidos por partidos marxistas-leninistas) eran (o son) capitalistas? Cmo asegurar que los estados que estn an bajo el rgimen de jerarquas tradicionales son capitalistas? Yo no afirmo nada porque no creo que los estados puedan tener esas atribuciones. Lo que s aseguro es que estos estados se localizan dentro de un sistema mundial que opera con una lgica capitalista, y que si las estructuras polticas, o las empresas, o las burocracias del Estado intentan tomar decisiones en trminos de alguna otra lgica (y desde luego que lo hacen con frecuencia), tendrn que pagar un precio muy alto. El resultado ser que cambiarn su modo de operar o bien perdern poder o capacidad para afectar al sistema. Me atrevo a sugerir que la leccin ms clara que podemos aprender de la llamada cada de los comunismos aunque yo no acepto que lo sea slo porque los partidos comunistas ya no estn en el poder es que la supremaca de la ley de los valores ha operado de manera eficaz en estas reas. Creo que ya operaban sobre esta base desde hace mucho tiempo.

La refutacin constante que omos en contra de esa descripcin de los llamados regmenes socialistas es que quiz sea cierta, pero no tena que serlo. sta es la apreciacin que afirma que estos regmenes eran impuros, inadecuadamente socialistas, hasta traidores al sueo. Tampoco acepto esta afirmacin. La mayor parte de los revolucionarios tratan ciertamente de ser revolucionarios al principio de sus esfuerzos como tales. Muchos de los regmenes revolucionarios realmente tratan de cambiar el mundo. No traicionan sus ideales. Descubren que, como individuos y como regmenes, las estructuras del sistema mundial los restringen a comportarse en cierta forma y dentro de determinados parmetros o de lo contrario, pierden toda capacidad de ser actores importantes en ese sistema mundial. Y as, tarde o temprano, doblegan sus intenciones a la realidad 19 .

El estudioso de la teora del valor Anselm Jappe no ve la Unin Sovitica como un estado socialista con una estructura econmica diferente, sino parte integrante del mundo capitalista al que ligaba su suerte y con el que perdi la lucha de competencia siguiendo sus mismas reglas de juego, El derrumbe de la URSS [afirma] no demuestra la superioridad de la economa de mercado, de la cual quella formaba parte, sino que evidencia que esta es una carrera cuyo nmero de participantes de reduce constantemente, a causa de la necesidad de un empleo cada vez mayor de tecnologas para poder producir a un coste competitivo, y que los excluidos acaban en la miseria20.  

Y para concluir volvemos al profesor Wallerstein con una afirmacin sentencial sobre el tema: Lo primero y lo ms importante que hay que recordar en una valoracin de este tipo es que el movimiento socialista mundial, y de hecho todas las formas de movimientos antisistmicos, as como todos los estados revolucionarios y/o socialistas, han sido productos ntegros del capitalismo histrico. No han sido estructuras externas al sistema histrico, sino la excrecin de unos procesos internos de ese sistema. Por consiguiente, han reflejado todas las contradicciones y limitaciones del sistema. No podan ni pueden hacer otra cosa.

Sus defectos, sus limitaciones, sus efectos negativos forman parte del estado de cuentas del capitalismo histrico, no de un hipottico sistema histrico, de un orden mundial socialista, que todava no existe. La intensidad de la explotacin del trabajo en los estados revolucionarios y/o socialistas, la negacin de las libertades polticas, la persistencia del sexismo y del racismo, tienen mucho ms que ver con el hecho de que estos estados continan estando situados en zonas perifricas y semiperifricas de la economa-mundo capitalista que con las propiedades peculiares de un nuevo sistema social. Las pocas migajas que han existido en el capitalismo histrico para las clases trabajadoras se ha concentrado siempre en las reas del centro. Esto sigue siendo cierto de forma desproporcionada 21 .

3. El capitalismo es un sistema que opera travs de la competencia en un mercado libre en el que la maquinaria poltica juega un papel neutral, garantizando el cumplimiento de unas reglas de juego limpio entre los actores econmicos.

Si el mito ms peligroso propalado por el sistema-mundo capitalista, por sus efectos engaadores acerca de la transformacin real del sistema, es el de la existencia en su momento de un sistema socialista mundial paralelo al sistema capitalista, el ms conocido y aceptado como verosmil, de todos los que se han difundido del capitalismo es su consideracin como una sociedad de mercado que funciona a travs de la libre competencia.

Sin embargo, la imagen del capitalismo como una economa competitiva es una descripcin falsa de cmo funciona en la prctica, la economa-mundo capitalista, tras 400-500 aos de funcionamiento, no ha materializado todava la existencia de un mercado libre, de una fuerza de trabajo libre, de una tierra absolutamente transmisible mercantilmente o de flujos de capital irrestrictos, ni tampoco creo que los materialice nunca, ya que a mi entender la esencia del modo de produccin capitalista es la libertad parcial de los factores de la produccin. Slo en un sistema-mundo socialista se alcanzar la verdadera libertad (incluido el libre flujo de los factores de produccin). Esto es precisamente lo que deca Marx cuando hablaba de pasar del reino de la necesidad al reino de la libertad22.

Pero, por qu un mercado libre es contraproducente con el capitalismo y en qu sentido, pese a ello, el mercado sigue desempeando un importante papel en el funcionamiento del mismo?

Wallerstein considera que el mercado libre es enemigo mortal de la acumulacin de capital. El mercado libre hipottico, tan caro a las elucubraciones de los economistas, un mercado con mltiples compradores y vendedores, todos los cuales tienen informacin perfecta, sera por supuesto un desastre desde el punto de vista capitalista. Quin podra hacer dinero en l? El capitalista se vera reducido al ingreso del proletario hipottico del siglo XIX, viviendo de la ley de hierro de los beneficios en un mercado libre, apenas lo suficiente para sobrevivir. Sabemos que no es as como funciona, pero eso se debe a que el mercado que realmente existe no es en absoluto libre23.

Sin embargo, aun siendo primordial el monopolio para el capitalismo, el mercado ocupa una destacada funcin en el mismo pero slo como un mecanismo por el cual algunos productores/vendedores buscan constantemente deshacer los monopolios de los otros24 porque el verdadero lucro, el tipo de ganancias que permite la acumulacin interminable de capital en serio, slo es posible con monopolios relativos, por el tiempo que duren25, ya que en una situacin de ausencia de competencia, quienes realizan la venta pueden obtener un beneficio elevado o, tambin se podra decir, retener una elevada proporcin del plusvalor generado en toda en toda la cadena mercantil de la que forma parte el segmento monopolizado [tanto es as] que cuanto ms cerca est una empresa de monopolizar un tipo espacio-temporal concreto de transaccin econmica, ms elevada ser su tasa de beneficio, y menor cuanto ms autnticamente competitiva sea la situacin del mercado, y esa es la causa que el capitalismo nunca haya conocido una libertad de empresa generalizada26.

Como el mercado libre tiende a socavar los monopolios, dado que el alto grado lucrativo de sus actividades atraer a otros empresarios interesados en apropiarse tambin de pinges ganancias y, como el mismo mercado impone muy escasas limitaciones a la llegada de nuevos competidores (slo el de la eficiencia) y, como sta en la prctica puede ser alcanzada por otros, las limitaciones a la entrada de otros competidores realmente significativas son obra nicamente del estado, o mejor dicho de los estados27, por lo que stos, lejos de la retrica que se dice de los mismos, no juegan un papel neutral en el sistema-mundo capitalista, por el contrario, a travs de las tarifas aduaneras, las patentes, la poltica impositiva y actuando en algunas actividades como monopsonistas son jueces parciales que inclinan la balanza hacia uno u otro grupo. Por eso es que, como dice Wallerstein, tanto el mito del libre flujo de los factores de la produccin como la no interferencia de la maquinaria poltica del Estado en el mercado son solo eso quimeras, leyendas que se ha tejido en tormo suyo el moderno sistema mundial, de hecho, el capitalismo se define por el flujo parcialmente libre de los factores de produccin y la interferencia selectiva de la maquinaria poltica en el mercado28.

4. El grado de desarrollo capitalista se mide por el nivel de proletarizacin alcanzado.

Histricamente, y esto es algo aceptado tanto por liberales como por marxistas, porque eso han tenido los mitos del sistema-mundo moderno que han sido deglutidos por todos, se ha considerado que el nivel de desarrollo del capitalismo, el grado de su pureza, en un continente, Estado o regin se meda, no slo por las restricciones que podan pesar sobre la libertad de competencia entre productores libres que en un mercado tambin libre disponen del trabajo y las mercancas, asimismo libres para su compra venta, sino por la preponderancia en el conjunto de vnculos laborales de la relacin trabajo asalariado como la descripcin ms precisa y acorde a la norma capitalista.

Est claro que la historia del sistema-mundo capitalista ha estado acompaada de un proceso cada vez mayor de proletarizacin, de personas que obtienen sus ingresos en forma de salario, pero ello no significa que la situacin de los obreros libres que trabajan por un salario en empresas de productores libres sea una situacin mayoritaria en el mundo moderno. El capitalismo como sistema-mundo lo que lo caracteriza es el desarrollo de diferentes formas de control del trabajo29, siendo el trabajo libre una ms y no necesariamente la mayoritaria forma de control del trabajo en este sistema histrico. Dicho con palabras del profesor Wallerstein el trabajo libre es, en efecto, un carcter definitorio del capitalismo, pero no el trabajo libre en todas las empresas productivas30.

Es por ello que a lo largo y ancho de la economa-mundo capitalista, desde hace 500 aos cuando sta se circunscriba solo a la economa-mundo europea, como hoy cuando ocupa todo el planeta, podemos encontrarnos tanto obreros libres como personas que realizan trabajo obligado, siervos, esclavos, semiesclavos, etc; en resumen amplias reas de trabajo asalariado y no asalariado, amplias reas de productos mercantilizados y no mercantilizados, amplias reas de formas de propiedad y capital enajenable y no enajenable31, siendo la combinacin o mezcla de lo denominado libre y no libre la caracterstica definitoria del capitalismo como sistema histrico32. Cuando el trabajo sea libre por doquier, ya no estaremos en el capitalismo, tendremos socialismo33.

Por esa caracterstica peculiaridad del sistema-mundo moderno (tal vez nica entre los sistemas histricos) de mezclar lo libre y lo no libre, no es extrao encontrarnos, an en el siglo XXI, 49 millones de esclavos, 250 millones de nios trabajando (de ellos 8 millones como esclavos), centenares de millones que lo hacen sin derecho a la seguridad social y/o la jubilacin, o simplemente en la economa informal, arrendatarios y subarrendatarios sin tierra y/o vivienda, prestatarios en condiciones usureras, etc., ante el asombro y el rubor de las clases medias occidentales cuya ingenuidad o el cinismo de su ideologa socialdemcrata los lleva a considerar dicho fenmeno como una anomala o aberracin y no como la norma sistmica, gracias a la cual, dichas clases medias y la oligarqua financiera mundial (en conjunto una sptima parte de la poblacin del globo) se apropia de la mayor parte del excedente mundial producido.

5. Todos los ciudadanos en el sistema-mundo capitalista gozan de una igualdad de derechos.

El primer elemento lgico que constatamos al estudiar el sistema-mundo capitalista es que, dado que la esencia y fuerza motriz que lo mueve es la incesante acumulacin de capital, para el mismo resulta imperativo proclamar y desarrollar una ideologa universalista como elemento fundamental34 de la misma.

Ello significa que el capitalismo est interesado (y necesitado) de integrar universalmente todas las regiones econmicas, actividades productivas y poblaciones del planeta, no importa su color, lengua y cultura en un todo nico, integrando toda esta diversidad en una sola divisin mundial del trabajo que trae como resultado la buscada favorable consecuencia de que en cada lugar en la ejecucin de la actividad dada puedan utilizarse las personas ms competentes y colocar en las distintas funciones profesionales a la fuerza de trabajo ms adecuada.

Sin embargo, ese principio universalista el capitalismo no puede aplicarlo a todas las facetas sistmicas, no puede aplicarlo, por ejemplo, a la distribucin mundial de ingresos, puesto que una caracterstica bsica del mismo es la disparidad global en la apropiacin mundial del excedente, por eso, adems de crear en la apropiacin del plusvalor una estructura tripartita a nivel de la economa-mundo capitalista, con claras y ntidas delimitaciones entre las zonas centrales, semiperifricas y perifricas, el capitalismo ha etnizado la fuerza de trabajo, esto es que variando con el lugar y el momento, dependiendo de la localizacin de los pueblos y razas en un espacio y tiempo concretos y de las necesidades de la economa en ese momento y lugar ha existido una jerarqua de ocupaciones y remuneraciones relacionadas con ciertos criterios supuestamente sociales que ha tenido como finalidad que grandes sectores de la fuerza de trabajo reciban salarios muy bajos35; lo mismo ha ocurrido con el invento del ama de casa que no trabaja, que se contenta con llevar la casa, que no figura como fuerza de trabajo activa, pero cuya aportacin de trabajo no asalariado compensa el bajo nivel de ingresos salariales representando, en la prctica, una subvencin indirecta a los patronos efectuada por los asalariados pertenecientes a esos hogares36. La primera de estas ideologas es el racismo, la segunda el sexismo y ambas garantizan la naturaleza desigual de este sistema, pese a que el carcter integrador de los principios universalistas del capitalismo debieran proporcionar un marco en el que todos los individuos gocen de las mismas oportunidades.

Pero, qu es lo que ha ocurrido para que un sistema como la economa-mundo capitalista que ha continuado invariablemente (como todos los sistemas histricos anteriores) distribuyendo las recompensas desigualmente, aparezca ante la ptica de sus ciudadanos como todo lo contrario, o al menos un sistema en el que los privilegios que afloran son percibidos como derivados del mrito, frutos del esfuerzo individual, la capacidad de trabajo, abnegacin y constancia de sus miembros, por tanto, ms aceptables, moral y polticamente que los adquiridos gracias a la herencia37?

Esto se debe a que las dos principales doctrinas ideolgicas que han surgido en la historia de la economa-mundo capitalista -el universalismo, por un lado, y el racismo-sexismo, por otro- no son opuestos, sino una pareja simbiticasu dosificacin correcta ha hecho posible el funcionamiento del sistema, siguiendo un zigzag ideolgico38. Como es de suponer resulta complicado mantener una dosis adecuada de ambas ideologas, el equilibrio entre ambas ha sido histricamente dbil, y en efecto as fue hasta que los nazis llevaron el racismo a su conclusin lgica, su versin extrema, y avergonzaron al mundo occidental hasta levarlo a su repudio terico y formal, aunque slo parcial, del racismo39, sin poder extirparlo ya que el mismo es un elemento constitutivo de la economa-mundo capitalista como sistema histrico.

A consecuencia de lo anterior la realidad es que la creacin y recreacin de comunidades y grupos raciales y/o tnicos, nacionales y religiosos es continua en el sistema-mundo capitalista. Siempre estn presentes y siempre clasificados jerrquicamente, pero no siempre son exactamente los mismos. Ciertos grupos pueden desplazarse en la clasificacin; algunos pueden desaparecer o unirse con otros, y los hay que se desgajan dando lugar a nuevos grupos. Pero entre ellos siempre hay algunos individuos que son negros. Si no hay negros, o si su nmero es excesivamente reducido, siempre se pueden inventar negros blancos.

Este tipo de sistema -un racismo constante en forma y ponzoa, aunque un tanto flexible en sus fronteras- hace sumamente bien tres cosas. En primer lugar, permite ampliar o contraer la cantidad de individuos disponibles para las ocupaciones econmicas peor pagadas y menos gratificantes segn las necesidades de cada zona espacio-temporal concreta. Propicia y recrea permanentemente comunidades sociales que en realidad socializan a sus hijos para que puedan desempear, a su vez, las funciones que les corresponden (aunque, desde luego, tambin les inculcan formas de resistencia). Por ltimo, ofrece una base no meritocrtica para justificar la desigualdad. Merece la pena subrayar este ltimo aspecto. Precisamente por ser una doctrina antiuniversalista, el racismo ayuda a mantener el capitalismo como sistema, pues justifica que a un segmento importante de la fuerza de trabajo se le asigne una remuneracin muy inferior a la que le correspondera segn sus mritos 40 .

En resumen, la peculiaridad principal que hace singular la desigualdad del capitalismo como sistema histrico es que, al tiempo que incorpora ciudadanos a su engranaje productivo los relega apartndolos paradjicamente al unsono que los engloba, una de las frmulas elementales en la cual se basa nuestro propio sistema histrico, la economa-mundo capitalista, es mantener gente afuera mientras mantiene gente adentro. Es menos paradjica de lo que parece y, de hecho, es la clave para comprender cmo funciona el sistema. Tambin es una diferencia especfica de este sistema histrico que lo distingue de los anteriores, los cuales normalmente partieron del principio de incluir a algunas personas y excluir a otras41, eso es lo que hace un mito el hecho de que el capitalismo facilita el movimiento social y el ascenso a peldaos superiores en la escala de estamentos, grupos y clases sociales.

6. La unidad domstica bsica del capitalismo es el ncleo domstico proletario.

Los mitos que crea el sistema-mundo capitalista para asegurarse un clima favorable y seguro que legitime ante los ojos de los ciudadanos la polarizante y excluyente acumulacin incesante de capital estn muchos estrechamente entrelazados, derivndose unos de otros, tal es el caso del mito acerca del ncleo domstico proletario como la unidad bsica del capitalismo. S el grado de desarrollo capitalista esta supuestamente determinado por el nivel de proletarizacin alcanzado, tambin es de suponer que el capital en su incesante afn por reinvertirse nuevamente, aspira colocarse en aquellas regiones en las que la mayora de los miembros de las unidades domsticas generan sus ingresos de fuentes provenientes del trabajo asalariado, por desprenderse que son regiones con una mayor desarrollo mercantil, por tanto, con un capitalismo ms puro, pero no es as, desde el punto de vista del empleador de trabajo asalariado, resulta preferible, ceteris paribus, emplear a personas menos dependientes de los ingresos salariales (llammoslas unidades domesticas semiproletarias). Un trabajador asalariado perteneciente a una unidad domstica semiproletaria est ms dispuesto a aceptar un salario bajo, ya que cabe suponer que obtiene, mediante la autoexplotacin, otras formas de ingreso compensatorias. Cuanto ms proletaria (esto es, dependiente del salario) sea la unidad domstica, ms obligado se ve el trabajador individual a procurarse salarios altos (el llamado salario vital). Por eso es por lo que vemos, en momentos de estancamiento en la economa mundo, la reubicacin de industrias de una zona a otra. Se desplazan ante todo para reducir los costes salariales, gracias a las estructuras de las unidades domsticas prevalecientes en la zona a la que se desplazan42.

De hecho, los bajos salarios que permiten a los capitalistas la apropiacin de una proporcin mayor del excedente producido, slo son posibles porque los asalariados pertenecen a estructuras de unidades domsticas para las que los ingresos salariales slo constituyen una parte relativamente reducida del total de ingresos de la unidades domsticas43.

El capitalismo en su ansia acumulativa tiende a proletarizar las unidades domsticas, pero paradjicamente esto se vuelve contra l lo que explica que al concluir una fase expansiva, huya hacia zonas donde predominen ncleos domsticos semiproletarios44.

7. El desarrollo econmico es posible alcanzarlo a nivel nacional.

El desarrollo econmico a nivel de los Estados que conforman el sistema interestatal del sistema-mundo capitalista, o lo que se ha dado en llamar desarrollo econmico nacional, es la accin ms perseguida, el hecho econmico que mayor empeo a movilizado y la tarea a la que ms energa se le ha dedicado de todas cuantas actividades se han llevado a cabo en la historia del mundo moderno; labor que ha sido intensa, sobre todo, en los ltimos cien aos.

No obstante, todo el derroche de recursos, tiempo y actividad poltica desplegada en pos de alcanzarlo los resultados han sido nefastos, precisamente porque lograr el desarrollo econmico nacional dentro de los marcos de la economa-mundo capitalista es imposible, por tanto un mito; el que an siendo as, sigue consumiendo una ingente e innecesaria cantidad de fuerzas hoy en da.

Pero, por qu el desarrollo econmico a nivel nacional es imposible alcanzarlo dentro de los lmites de la economa-mundo capitalista?, qu es lo que se desarrolla entonces?, cmo considerar el salto, tanto cuantitativo como cualitativo, que algunos Estados experimentan en los principales indicadores econmicos del momento y poca dada?

El desarrollo econmico nacional es imposible conseguirlo porque es intil analizar los procesos de desarrollo social de nuestras mltiples sociedades (nacionales) como si fuesen estructuras autnomas, de evolucin interna, pues fueron y son de hecho en primer lugar estructuras creadas por procesos de escala mundial y moldeadas como reaccin a elloses el sistema-mundo y no las sociedades separadas, lo que ha estado en desarrollo45.

Sin embargo, hemos visto que en el sistema-mundo en los ltimos 250 aos se han expandido las zonas centrales (las ms beneficiadas en la apropiacin del excedente mundial producido) producindose cierto ensanchamiento de las mismas, cmo interpretar ese fenmeno que algunos lo han visto posible sobre la base de, el pas en cuestin, haber creado un patrn encausado hacia las exportaciones o bien aislndose de forma autrquica?

Al respecto, en una extensa pero esclarecedora explicacin Wallerstein dice:

Pero antes de contrastar el modelo orientado a las exportaciones con el modelo de desvinculacin, preguntmonos primero si este escenario de verdad refleja con precisin lo ocurrido. Existe otra manera de entender la historia mundial de 1750-1950. En lugar de verla como el relato de una sucesin de iniciativas de desarrollo nacional exitosas, podramos verla como el relato de la expansin secular de la economa-mundo en su conjunto. Le recuerdo dos aspectos de tal estructura analizada: una polarizacin de las zonas que se ha acentuado con el tiempo, y la expansin constante de las fronteras exteriores del sistema. Lo que ha estado sucediendo me parece bastante sencillo. El incremento del alcance geogrfico de las operaciones condujo a un aumento en las poblaciones dentro de la economa-mundo. Se las incorpor con el fin de crear segmentos de bajo costo, generadores -pero no retenedores- de plusvalor, de las cadenas de mercanca mundiales. Dado que dichos segmentos crecieron de manera absoluta. su desarrollo deba significar que haba un crecimiento paralelo de otros segmentos de estas cadenas de mercanca. Y si los primeros segmentos retenan poca plusvala, en consecuencia los dems retenan ms. Si las zonas centrales no hubieran aumentado su tamao (y por ende su geografa) al mismo tiempo que las zonas perifricas, el sistema no habra sido capitalista.

El hecho de que en 1950 muchos ms lugares geogrficos parecieran haberse desarrollado en comparacin con 1750 no es debido a que una o dos decenas de estados hubieran desarrollado su economa nacional Una o dos decenas llegaron a abarcar los frutos principales de la expansin y el desarrollo de la economa-mundo capitalista en su conjunto. Los estados de la OCDE no alcanzaron su desarrollo nacional, se les impuso. Lo que se desarroll fue la economa-mundo capitalista; fue como si hubiera una mancha creciente de tinta de plusvalor acumulado que se extendiera a las partes cercanas del secante. Que esto se registrara en las cuentas nacionales de un pas en vez de otro no necesaria o principalmente se debe a las polticas de dicho pas.

La situacin de verdad ha cambiado en la actualidad. La geografa de todo el sistema ya no puede expandirse, por lo tanto el alcance geogrfico del centro tampoco puede extenderse. Un cambio notable en el cual las reas geogrficas se asemejen a las zonas centrales requerir ms que nunca un juego donde nadie gane. Si entra una nueva zona, una zona antigua debe salir. Esto siempre fue cierto en parte, pero slo en parte, debido a la expansin general del sistema. Ahora es completamente cierto. Si en los prximos aos China, la India o Brasil de verdad se nivelaran, un gran segmento del resto de la poblacin de este sistema-mundo tendra que decaer como lugar de acumulacin de capital. Esto se cumplir sin importar si China, la India o Brasil se nivela mediante la desvinculacin, la orientacin a las exportaciones o cualquier otro mtodo; se cumplir siempre y cuando los estados, a manera individual, busquen maneras de desarrollarse. Nivelarse implica competencia y sta significa que el desarrollo de un pas en ltima instancia ser a expensas de otro 46 .

Y concluye tajante: El desarrollo nacional es hoy por hoy una ilusin, sin importar qu mtodo se defienda y utilice47. 

En cuanto a la ltima pregunta que nos hacamos, qu explicacin darle a aquellos pases que han operado saltos, a veces espectaculares, algunos incluso en lapsos muy breves de tiempo en lo que ha dado en llamarse por antonomasia desarrollo, debemos decir que los mismos se han debido sobre todo a factores geopolticos: ese es el caso de Japn, Corea del Sur y Taiwn.

En el caso de Japn, aunque hasta la segunda guerra mundial ostentaba un elevado nivel de desarrollo, no es menos cierto tambin que A qu ritmo se habra recuperado la economa japonesa, si los Estados Unidos no se hubiesen encontrado reconstruyendo Japn como base industrial para la guerra de Corea y luego otra vez durante la guerra de Viet Nam despus de 1965?. Los norteamericanos financiaron la duplicacin de la produccin industrial japonesa entre 1949 y 1953, y no es ninguna casualidad que 1966-1970 fuese para Japn el periodo de mximo crecimiento: no menos de un 14,6 por ciento anual48; y en el caso de los otros dos pases alcanzaron tan altos niveles de desarrollo slo en medio de feroces dictaduras militares, violaciones flagrantes de los derechos humanos, libertades civiles y un cercenamiento brutal de los derechos de los trabajadores, y todo ello sobre la base de hacer frente al pujante ejemplo que emanaba de la Revolucin china y de la indmita Corea del Norte.

Esas han sido las verdaderas causas por las que estos pases han logrado ingresar en el primer mundo y han sido, como se ha podido ver, tan excepcionales que tan inslito hecho no ha podido reeditarse por ningn otro pas ni en la misma Asia ni en Amrica latina o frica.

Con respecto a la ilusin que se han montado todos aquellos pases que abandonaron el llamado sistema socialista49, en cuanto a que, suplantando la planificacin por los mecanismos de mercado alcanzaran ms elevados niveles de desarrollo hay que decir que han extrado falsas conclusiones, por cuanto que el mercado en lneas generales no resultar un instrumento de bienestar econmico ms eficaz para estos estados de lo que ha sido la planificacin, puesto que las principales dificultades econmicas de estos estados provenan ( y an provienen) no de sus mecanismo econmicos internos, sino de su posicin estructural en la economa capitalista mundial50.

Lo mismo puede decirse para los pases del Tercer Mundo, donde tambin se extrajeron falsas conclusiones del impacto que tendra la desaparicin del socialismo sobre sus expectativas y esperanzas de desarrollo ya que, muchos interpretaban el colapso del leninismo como un debilitamiento decisivo de estos pases en su lucha contra el dominio econmico del norte, cuando en realidad la retrica sovitica de los pasados cuarenta cinco aos [Wallerstein escribe esto en 1991] slo haba contribuido de manera menor en la lucha de los pases del Tercer Mundo. La debilidad de su posicin actual se debe principalmente al funcionamiento continuado de la economa capitalista mundial, de manera secundaria a la ineficacia de sus estrategias de desarrollo nacional y, slo de manera terciaria, a la presente incapacidad (y a la mala disposicin) de la Unin de Repblicas Socialistas Soviticas para apoyarlos51.

En cuanto a la pretendida aspiracin de las regiones pobres del planeta de conseguir el nivel de desarrollo alcanzado por el grupo de pases que integran el centro de la economa-mundo capitalista, algo extensivo tambin a aquellas fuerzas progresistas y revolucionarias del mundo asimismo empeadas en obtener para los sectores pobres y excluidos del planeta el mismo nivel de consumo de las clases medias occidentales hay que decir que, adems de quimrica la apropiacin perifrica de la modernidad es un anzuelo envenenado, es la ilusin de reproducir los supuestos logros culturales de la civilizacin burguesa de manera independiente o enfrentando a Occidente, cuando el esclavo imita al amo o pretende regenerar a su comunidad adoptando-adaptando sus fundamentos ideolgicos lo que consigue es bloquear la creatividad revolucionaria de su base social (as lo demuestra la experiencia histrica del siglo XX, desde los avatares burocrticos de la historia sovitica hasta llegar al realismo burgus de los dirigentes chinos, pasando por los diversos nacionalismos ms o menos socialistas o capitalistas del Tercer Mundo), cree haber encontrado el hilo de Ariadna que le permitir salir del laberinto, se aferra al mismo y marcha triunfalmente hacia la salida... en realidad se ha aferrado a la cola del diablo quien astutamente lo deriva hacia pasadizos an ms siniestros52.

8. La existencia de tres ideologas: conservadurismo, liberalismo y socialismo, opuestas, contrarias e irreconciliables entre s.

Las ideologas son un fenmeno del mundo moderno, surgieron en el siglo XIX cuando a raz de la Revolucin francesa dos principios nuevos: la normalidad del cambio poltico y la soberana del puebloarraigaron en la conciencia popular en forma tan rpida y profunda que ni el Thermidor ni Waterloo pudieron reemplazarlospero estos dos principios, en s y por s, eran muy revolucionarios en sus implicaciones para el sistema mundial. Lejos de asegurar la legitimidad de la economa-mundo capitalista amenazaban con deslegitimarla a largo plazo. Fue con el objeto de contener esas ideas subsumindolas en un todo mayor, por lo que los marcos del sistema mundial sintieron la necesidad urgente de elaborar e imponer una geocultura mayor. La elaboracin de esa geocultura mayor adopt la forma de un debate sobre ideologasla trinidad de las ideologas que se desarrollaron en el siglo XIX conservadurismo, liberalismo y socialismo- eran en realidad respuestas a una sola pregunta: en vista de la amplia aceptacin de los dos conceptos de la normalidad del cambio y la soberana popular, cul sera el programa poltico con ms probabilidades de asegurar la buena sociedad?53.

Posiblemente no haya existido un mito sobre el mundo moderno que haya echado tanto mantra sobre los objetivos, verdaderas intenciones y resultados en el accionar de la economa-mundo capitalista como aquel que dice que existen tres ideologas: conservadurismo, liberalismo y socialismo, antagnicas y antitticas, contradictorias e incompatibles entre s. En realidad ha existido una sola ideologa, la liberal54, ya que con el tiempo, los programas tanto conservadores como socialistas, actuando por separado pero en formas complementarias, han sido los responsables de la aplicacin del programa liberal, pero mucho ms que los propios Liberales con L mayscula. Es por eso por lo que al tiempo que la ideologa liberal triunfaba los partidos liberales tendan a desaparecer55.

Cmo se ha dado este proceso?

Pues a travs de un proceso donde los conservadores se hicieron liberales (el llamado conservadurismo liberal) y los socialistas y radicales se hicieron liberales (el llamado liberalismo socialista). Las alianzas entre conservadores y socialistas, ms improbables, fueron originalmente simples tcticas pasajeras. Pero cabe preguntarse si no se podra pensar en los diversos totalitarismos del siglo XX como una forma ms perdurable de esta alianza, en el sentido de que instituyeron una forma de tradicionalismo que era a un tiempo populista y social. Si as fuese, estos totalitarismos seran una forma ms en la que el liberalismo sigui ocupando el centro del escenario, como la anttesis de un drama maniqueo. Detrs de esta fachada de inmensa oposicin al liberalismo se encuentra un componente central de las demandas de todos estos regmenes, la misma fe en el progreso por medio de la productividad que ha sido el evangelio de los liberales. De esta manera podemos llegar a la conclusin de que incuso el conservadurismo socialista (o el socialismo conservador) fue, en cierto modo, una variante del liberalismosu forma diablica. En cuyo caso, no sera correcto llegar a la conclusin de que desde 1789 ha habido slo una verdadera ideologa el liberalismo- que ha exhibido sus colores en tres versiones principales?56.

No existe duda alguna que para los conservadores, pese a su retraccin, era ganancioso aplicar el programa liberal, ya que una de las tendencias seculares que se desarrollaron paralelamente en el decursar del sistema-mundo moderno ha sido la del avance indetenible del proceso de democratizacin, por eso antes de permitir que las fuerzas antisistmicas transformaran el sistema en un mundo ms igualitario y justo, era inteligente consentir una serie de reformas al mismo, aunque con la mxima cautela, slo cuando el clamor en su favor fuera abrumador, y an entonces emprenderlas con un mnimo de alteracin, lo cual era en sntesis la aplicacin de los postulados liberales que se pueden sintetizar como ni muy rpido ni muy despacio, sino el cambio a la velocidad precisasin mucha claridad en el programa sino haciendo ms bien su nfasis en el proceso57, pero que los socialistas (o radicales) que si estaban interesados en el cambio autntico y en el desmantelamiento lo ms rpido posible de las estructuras desigualitarias del mundo moderno llevaran a efecto el programa liberal era ms inconcebible y desde luego inimaginable, pero han sido quizs los que mejor y con ms vehemencia han aplicado la hoja de ruta liberal, en efecto as fue en el periodo comprendido entre 1945 y 1989 cuando en sus diferentes variantes ocuparon el poder prcticamente en casi todos los estados del sistema-mundo capitalista.

Son muchos los ejemplos, pero solo ilustraremos con algunos muy significativos que ha existido una sola ideologa: el liberalismo.

1. El periodo comprendido entre el final de la segunda guerra mundial y la cada del Muro de Berln en 1989, aunque hubo muchas guerras calientes y millones de muertos, se conoce como el periodo de la guerra fra. Esa etapa de la historia de la humanidad fue vendida a la opinin pblica como el enfrentamiento entre la Unin Sovitica que defenda a los pobres y marginados del capitalismo y EE. UU. que representaba a los ricos y explotadores. Qu dijo en 2014 uno de los portavoces de los dueos del sistema-mundo moderno, el Secretario de Estado norteamericano John Kerry, precisamente de la guerra fra en tono aorante, comentando el atascadero geopoltico en que se haba convertido la situacin en Ucrania? Tal vez no era muy evidente para los grandes dirigentes de la poca, pero durante la guerra fra todo era ms fcil que hoy, digamos que era ms simple58.

Qu quiso decir Kerry? Que contrariamente a lo que se supona, de que la Unin Sovitica representaba a las fuerzas de izquierda en el mundo, despus de la segunda guerra mundial sta se colig con EE. UU. acordando entre ambos respetar el status quo salido de ella, algo que qued rubricado en los Acuerdos de Yalta, mediante el cual la Unin Sovitica controlaba aproximadamente un tercio del mundo y EE. UU. el resto. Los dueos de la economa-mundo capitalista quedaron por fin a salvo de una tercera parte de las clases peligrosas del mundo, precisamente de aquellas que haban demostrado ser las ms radicales, militantes e insurgentes, y el resto del planeta con una combinacin de palo y zanahoria qued sometido por la potencia hegemnica del sistema. Razn tena Wallerstein cuando en 1991 afirmaba que La guerra fra era la pax americana! La guerra fra ha terminado; por consiguiente, la pax americana ha tocado ya a su fin59.

2. El otro ejemplo tiene que ver con unas recientes declaraciones del Sr. Marino Murillo integrante del selecto grupo que conforma el Bur Poltico del Partido Comunista de Cuba al frente de la implementacin de la reforma econmica cubana con una clara advertencia a todos los cubanos de lo que significar la actualizacin del modelo socialista, nombre que se le ha dado a la actual fase de reestructuracin de la economa en la Isla.

Si la productividad del trabajo no crece, no se puede pagar [ms] salario. Si no hay respaldo productivo no se puede pagar [ms], si se reparte salario sin respaldo productivo preprense para la subida de los precios. Si no se crea la riqueza no se puede pagar ms.

() Las empresas tienen la costumbre de que cuando estn con prdidas, se viran al estado para que le d el dinero, se acab, solo se da en casos muy excepcionales.

Las empresas con prdidas a veces se unen y si son dos con deudas, donde quiere que vayan tendrn sus deudas. Hay que producir con eficiencia, no hay otro modo de proteger la economa 60 .

Si no se dijera que estas palabras fueron dichas por alguien que es miembro del Bur Poltico de un partido comunista, cabra alguna duda que salieron de la boca de un competente y entendido capitalista que procura la mxima rentabilidad y eficiencia para su empresa y sabe cmo conseguirla?, cuntas veces a lo largo de 500 aos de existencia del sistema-mundo capitalista los trabajadores que han recibido un salario por el pago de una parte de su trabajo, han escuchado de la boca de su capitalista, razonamientos anlogos a los que en la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, el ejecutor de la reforma econmica cubana ha lanzado como mensaje a toda la clase obrera y trabajadora de la mayor de las Antillas?.

Con esto no queremos demeritar el extraordinario papel de la Revolucin cubana en la historia reciente y su gran contribucin al acervo de lucha de los movimientos antisistmicos, pero lo dicho demuestra que Una vez que estos movimientos se han hecho con el poder poltico en las estructuras estatales, su comportamiento ha dejado ms que desear, dado que las presiones sobre ellos para que cambien sus tendencias antisistmicas, tanto desde fuera como desde dentro de los movimientos, se han incrementado de forma geomtrica61.

Y para no abandonar Cuba, por qu en el actual proceso de reincorporacin de la isla a la economa-mundo capitalista, de la que fue parcialmente proscrita durante medio siglo, ha sido desechado para conducir dicho proceso unos elementos tan conocidos para el capital como la llamada disidencia, cuya incondicionalidad a los poderes econmicos mundiales le ha valido dos Premio Sjarov, alguna de cuyas figuras (como las Damas de Blanco) tanto esmero y laboriosidad ha llevado su creacin meditica?

Por qu unos radicales socialistas integrantes todos de un histrico partido comunista, ex guerrilleros de Sierra Maestra muchos de ellos (como Ral Castro, Leopoldo Cintra, Ramiro Valds y Marino Murillo) han sido preferidos por el gran capital como los interlocutores y ejecutores de la reinsercin de Cuba al capitalismo mundial, en detrimento de leales conservadores al estilo Manuel Cuesta Mora, Martha Beatriz Roque o Elizardo Snchez Santa Cruz de reconocida probidad y sobre todo con un curriculum vitae de mayor credulidad para los dueos del mundo moderno?

Todo ello se debe a lo que hemos venido planteando, los conservadores y los socialistas (ms que los propios Liberales) han sido los ms sobresalientes en llevar a efecto el programa liberal de la burguesa mundial, y all donde el conservadurismo liberal no ha estado mejor posicionado, ni ha sido el ms indicado para llevar a punto el programa liberal, ha sido esa especie de liberalismo socialista los preferidos (la eminencia gris) de los grandes acumuladores de capital, para asegurar el orden y la tranquilidad que tan magna tarea sistmica exige.

Los socialistas liberales cubanos han demostrado tal nivel de confianza para los dueos de la economa-mundo capitalista que la base area de San Antonio de los Baos, sede del insignia regimiento de cazas la Guardia Playa Girn, ser gestionada por los operadores de esa economa-mundo en aras de la necesidad de atender centenares de vuelos adicionales que la demanda de millones nuevos turistas plantea ante una infraestructura actual insuficiente62.

3. El otro ejemplo es el accionar del Partido Comunista de la Federacin Rusa (PCFR) hoy en da; un contundente caso que revela lo que hoy significa la que supuestamente es la ms importante organizacin llamada a transformar el capitalismo en los antiguos pases socialistas: Anatoli Baranov, que trabaj para el PCFR, es el autor de una buena definicin de este partido: El Partido Comunista no es un partido comunista, es el monopolio de una licencia para proporcionar servicios de oposicin a la poblacin. Si un grupo de ciudadanos quiere organizar una protesta contra el aumento del precio de los billetes de autobs, pongamos por caso, no recibir autorizacin salvo que vaya al PCFR y lo haga a travs de l [ste si recibir autorizacin]. Pero el PCFR controlar la protesta63.


 

Notas.

1. Wallerstein, Immanuel. La decadencia del imperio. EE.UU. en un mundo catico. Editorial Txalaparta. Tafalla. Espaa. 2005. Pgina 255.

2. Wallerstein, Immanuel. La burguesa concepto y realidad. Captulo XXI del libro Capitalismo histrico y movimientos antisistmicos. Editorial Akal.2004. Pgina 310. Negritas de Wallerstein.

3. Marx no estaba en desacuerdo con tal periodizacin; en el Prlogo a la Contribucin a la Crtica de la Economa Poltica solo introdujo a la misma el modo de produccin asitico, una forma de esclavismo, pero colectivo, a diferencia del que floreci, por ejemplo, en Europa. A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas pocas de progreso en la formacin econmica de la sociedad el modo de produccin asitico, el antiguo, el feudal y el moderno burgus.

4. Marx, C. Prlogo a la Contribucin a la Crtica de la Economa Poltica. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm

5. Ibdem

6. Lenin, V.I. Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo.

7. En 1986 el camarada Fidel Castro, una de las figuras ms lcidas de la segunda mitad del siglo XX, an estaba convencido de ella: hoy, como ayer, como maana y como siempre, nada podr detener la marcha de la historia, y ninguna fuerza en el mundo ser capaz de encadenar indefinidamente la dignidad y la libertad humanas. Castro, F. Discurso en la VIII Cumbre del Movimiento de Pases No Alineados. Harare. Zimbabwe. 2 septiembre 1986. Negritas nuestras.

8. Wallerstein, Immanuel. El anlisis de los sistemas-mundo. Captulo VIII del libro Capitalismo histrico y movimientos antisistmicos. Editorial Akal.2004. Pgina 143. Negritas de Wallerstein.

9. Wallerstein, Immanuel. La difcil transicin, o el infierno en la tierra?. Captulo 2 de Utopstica o las opciones histricas del siglo XXI. Versin revisada de las conferencias Sir Douglas Robb impartidas en la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda, los das 16, 22 y 23 de octubre de 1997.

10. Ibdem.

11. Ibdem.

12. Wallerstein, I. El moderno sistema mundial. La agricultura capitalista y los orgenes de la economa-mundo europea en el siglo XVI. Tomo I. Editorial siglo XXI. 2 Edicin. Madrid 2010. Pg. 94.

13. Aguirre Rojas, Carlos Antonio. Immanuel Wallerstein: Crtica del sistema mundo capitalista (Estudio y entrevista a Immanuel Wallerstein. Editorial Era, 2004. Negritas resaltadas tomadas del original. El autor desea agradecer la cordialidad y sobre todo la confianza que deposit en m el compaero Aguirre Rojas al facilitarme dicha obra, cuando an era un nio adolescente en el estudio de la perspectiva de sistemas-mundo y la obra toda del querido compaero Immanuel Wallerstein.

14. Wallerstein, Immanuel. El capitalismo histrico. Editorial Siglo XXI. Espaa 2012. 2 Edicin. Pgina 59.

15. Ibdem. Pgina 72.

16. Wallerstein, Immanuel. Geopoltica y Geocultura. Ensayos sobre el moderno sistema mundial. Editorial Kairs. 2007. Pgina 10.

17. En 1991 precisamente Wallerstein junto a Terence K. Hopkins y Giovanni Arrighi titularon una ponencia con ste ttulo 1989, la continuacin de 1968 elaborada para el XI Coloquio Internacional sobre Economa-Mundo, Stamberg, 28 al 30 de junio 1991 y publicado en Review, Vol XV N 2. Primavera de 1992, una revista del Fernand Braudel Center.

18. Tortosa, Jos Mara. Sociologa del sistema mundial. Editorial Tecnos. Madrid. 1992. Pg. 68. El autor desea dejar constancia del agradecimiento al profesor Jos Mara Tortosa por habernos enviado el libro de regalo y estimularnos al encuentro del otro gran seguidor de la perspectiva de sistemas-mundo, el tambin estimado y querido profesor Carlos Antonio Aguirre Rojas en nuestro afn de estudiar la obra de Immanuel Wallerstein.

19. Wallerstein, Immanuel. El fracaso de los sueos, o el paraso perdido?. Captulo 1 de Utopstica o las opciones histricas del siglo XXI.   Versin revisada de las conferencias Sir Douglas Robb impartidas en la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda, los das 16, 22 y 23 de octubre de 1997. Negritas resaltadas por el autor.

20. Jappe, Anselm. El absurdo mercado de los hombres sin cualidades. Editorial Pepitas de Calabaza. Logroo. Espaa. 2009. Pgina 38.

21. Wallerstein, Immanuel. El capitalismo histrico. Editorial Siglo XXI. Espaa 2012. 2 Edicin. Pgina 88-89.

22. Wallerstein, Immanuel. Modernizacin: requiescat in pace. Captulo VI del libro Capitalismo histrico y movimientos antisistmicos. Un anlisis de sistemas-mundo. Editorial Akal. 2012. Pgina 117. Subrayados de Wallerstein.

23. Wallerstein, Immanuel. ESTADOS? SOBERANA?. Los dilemas de los capitalistas en una poca de transicin. Discurso principal pronunciado en la Conferencia State and Sovereignty in the World Economy, Universidad de California en Irvine, 21-23 de febrero de 1997. El mismo forma parte del Captulo 4 del libro Conocer el mundo, saber el mundo: el fin de lo aprendido. Una ciencia social para el siglo XXI. Editorial Siglo XXI. Primera edicin en espaol 2001 (primera en ingls 1999). Pginas 67-87.

24. Wallerstein, Immanuel. La decadencia del imperio. EE.UU. en un mundo catico. Editorial Txalaparta. Tafalla. Espaa. 2005. Pgina 198.

25. Wallerstein, Immanuel. ESTADOS? SOBERANA?. Los dilemas de los capitalistas en una poca de transicin.

26. Wallerstein, Immanuel. La burguesa: concepto y realidad. Captulo XXI del libro Capitalismo histrico y movimientos antisistmicos. Un anlisis de sistemas-mundo. Editorial Akal 2012. Pgina. 313.

27. Wallerstein, Immanuel. ESTADOS? SOBERANA? Los dilemas de los capitalistas en una poca de transicin.

28. Wallerstein, Immanuel. Las tres hegemonas sucesivas en la historia de la economa-mundo capitalista. Captulo XVI del libro Capitalismo histrico y movimientos antisistmicos. Un anlisis de sistemas-mundo. Editorial Akal 2012. Pgina 246.

29. Wallerstein, Immanuel. frica en un mundo capitalista. Captulo IV del libro Capitalismo histrico y movimientos antisistmicos. Un anlisis de sistemas-mundo. Editorial Akal 2012. Pgina. 73.

30. Wallerstein, I. El moderno sistema mundial. La agricultura capitalista y los orgenes de la economa-mundo europea en el siglo XVI. Tomo I. Editorial siglo XXI. 2 Edicin. Madrid 2010. Pgina. 179.

31. Wallerstein, Immanuel. El anlisis de los sistemas-mundo. Captulo VIII del libro Capitalismo histrico y movimientos antisistmicos. Un anlisis de sistemas-mundo. Editorial Akal 2012. Pgina 145.

32. Ibdem. Pgina 146.

33. Wallerstein, I. El moderno sistema mundial. La agricultura capitalista y los orgenes de la economa-mundo europea en el siglo XVI. Tomo I. Editorial siglo XXI. 2 Edicin. Madrid 2010. Pgina. 180.

34. Wallerstein, Immanuel. Las tensiones ideolgicas del capitalismo: universalismo frente a racismo y sexismo. Captulo XXII del libro Capitalismo histrico y movimientos antisistmicos. Un anlisis de sistemas-mundo. Editorial Akal 2012. Pgina 323.

35. Ibdem. Pgina 322-323.

36. Ibdem. Pgina 323.

37. Ibdem. Pgina 321.

38. Wallerstein, Immanuel. La cultura como campo de la batalla ideolgica del sistema-mundo moderno. Captulo XVII del libro Capitalismo histrico y movimientos antisistmicos. Un anlisis de sistemas-mundo. Editorial Akal 2012. Pgina 256.

39. Wallerstein, Immanuel. Las insuperables contradicciones del liberalismo: los derechos humanos y los derechos de los pueblos en la geocultura del sistema mundial moderno. Captulo VIII del libro Despus del liberalismo. Editorial Siglo XXI. Mxico. 2011. Pgina 155.

40. Wallerstein, Immanuel. Las tensiones ideolgicas del capitalismo: universalismo frente a racismo y sexismo. Pgina 323.

41. Wallerstein, Immanuel. El legado de Myrdal: racismo y subdesarrollo como dilemas. Captulo 6 del libro Impensar las ciencias sociales. Lmites de los paradigmas decimonnicos. Editorial Siglo XXI. Segunda Edicin en espaol 1999.

42. Wallerstein, Immanuel. La unidades domsticas como instituciones de la economa-mundo. Captulo XV del libro Capitalismo histrico y movimientos antisistmicos. Un anlisis de sistemas-mundo. Editorial Akal 2012. Pgina 235-236.

43. Wallerstein, Immanuel. Las tensiones ideolgicas del capitalismo: universalismo frente a racismo y sexismo. Captulo XXII del libro Capitalismo histrico y movimientos antisistmicos. Un anlisis de sistemas-mundo. Editorial Akal 2012. Pgina 323.

44. Resulta interesante la relacin entre la unidad domstica semiproletaria y aquellas regiones de la economa-mundo capitalista con un mayor potencial revolucionario, as como el nivel de proletarizacin alcanzado en la unidad domstica y la potencialidad revolucionaria del trabajador asalariado, pero se sale de los marcos del presente ensayo. Para una profundizacin mayor sobre el mismo recomendamos: en el primer caso, la Parte II. La capacidad de reemplazo de la fuerza de trabajo del magistral ensayo de Win Dierckxsens Poblacin Fuerza de Trabajo y Rebelin en el siglo XXI. (Disponible en https://archive.org/stream/poblacionfuerzad00dier#page/84/mode/2up , a los interesados podemos facilitarles en formato Word el texto ntegro; y en el segundo caso el ensayo de Wallerstein Fanon y la clase revolucionaria. Captulo 2 del libro Capitalismo histrico y movimientos antisistmicos. Un anlisis de sistemas-mundo. Pginas 31-48.

45. Wallerstein, Immanuel. Desarrollo de la sociedad o desarrollo del sistema-mundo?. Captulo 5 del libro Impensar las ciencias sociales. Lmites de los paradigmas decimonnicos. Editorial Siglo XXI. Segunda Edicin. 1999.

46. Wallerstein, Immanuel. Desarrollo: Cinosura o ilusin?. Captulo 7 del libro Impensar las ciencias sociales. Lmites de los paradigmas decimonnicos. Editorial Siglo XXI. Segunda Edicin. 1999.

47. Ibdem

48. Hobsbawm, Eric. Historia del siglo XX. Editorial Crtica. Barcelona. 2009. p. 278. Tambin Jorge Beinstein hace un gran aporte al esclarecimiento de la madeja que tanta confusin ha trado con el ascenso mostrado por algunos pases de Asia oriental y Extremo Oriente en las ltimas dcadas: Desde los aos 1970 se sucedieron las ilusiones referidas a las emergencias capitalistas no occidentales, desde el milagro japons, pasando por los tigres y dragones de Asia (Corea del Sur, Taiwan, etc.) hasta llegar a China. En todos esos casos era evidente que las expansiones industriales-exportadoras que lideraban los desarrollos milagrosos se apoyaban en las necesidades de los mercados occidentales o de mercados perifricos fuertemente dependientes de esas demandas por consiguiente el deterioro de dichos mercados golpea a los capitalismos no-occidentales; y hoy en da potencias perifricas como Rusia y China no estn en condiciones de reordenar, en el sentido burgus del trmino, el desorden causado por la decadencia occidental desarrollando nuevos espacios capitalistas jerarquizados en remplazo de los viejos espacios agonizantes, no son fuerzas negentrpicas del sistema sino zonas capitalistas resistentes sumergidas tambin ellas en la decadencia global. Intentan frenar los manotazos que contra sus intereses lanza el imperio pero al resistir, contragolpear o avanzar sobre los flancos dbiles del adversario contribuyen al desorden general, bloquean las tentativas de recomposicin del dominio occidental del mundo y de ese modo agravan la degeneracin global capitalismo. Beinstein, Jorge. Del fin del comienzo al comienzo del fin. Capitalismo, violencia y decadencia sistmica. Disponible en http://beinstein.lahaine.org/b2-img/Beinstein_violencia.pdf

49. Extensivo tambin a los que dicen no haberlo abandonado, pero que, sin embargo, han abrazado tambin en mayor o menor medida ms o menos disimuladamente los principios de oferta y demanda en su economa, como Viet y Cuba, por ejemplo.

50. Wallerstein, Immanuel. Geopoltica y Geocultura. Ensayos sobre el moderno sistema mundial. Editorial Kairs. Barcelona. Pgina 10.

51. Ibdem Pg 10.

52. Beinstein, Jorge. Del fin del comienzo al comienzo del fin. Capitalismo, violencia y decadencia sistmica. Negritas del texto original. Disponible en http://beinstein.lahaine.org/b2-img/Beinstein_violencia.pdf

53. Wallerstein, Immanuel. Las insuperables contradicciones del liberalismo: los derechos humanos y los derechos de los pueblos en la geocultura del sistema mundial moderno. Captulo 8 del libro Despus del liberalismo. Editorial Siglo XXI. Mxico. 2011. Pgina 149-150.

54. En su libro Capitalismo histrico y movimientos antisistmicos. Un anlisis de sistemas-mundo. Pgina 396 Wallerstein da esta definicin breve de qu es el liberalismo: una ideologa y movimiento de reformismo racional centrista, cuyo momento histrico de gloria qued atrs. Y en el acostumbrado comentario bimensual 329 del 20 de mayo de 2012 hace extensivo dicho anlisis del liberalismo como la va media, el centro vital al conjunto de los sistemas parlamentarios occidentales cuando dice: En los sistemas parlamentarios occidentales, las elecciones siempre tienen que ver con el centro. La situacin estndar es aqulla en que hay dos partidos dominantes uno situado un poco hacia la derecha del centro y otro un poco hacia la izquierda del centro. Hay diferencias entre las polticas que estos partidos emprenden cuando estn en el cargo, pero hay enormes similitudes. La eleccin nunca refleja una divisin poltica profunda. Ms bien se trata de recentrar el centro que debe considerarse el punto de apalancamiento en el subibaja entre partidos.

Es ms rara la situacin donde se repudia el centro, y por tanto hay un repudio de los dos partidos principales que giran en torno al centro. Un resultado as arroja la poltica nacional a trastornos importantes, y tambin tiene un impacto considerable fuera del pas . https://www.binghamton.edu/fbc/commentaries/archive-2012/329en.htm

55. Wallerstein, Immanuel. Las insuperables contradicciones del liberalismo: los derechos humanos y los derechos de los pueblos en la geocultura del sistema mundial moderno . Captulo 8 del libro Despus del liberalismo. Editorial Siglo XXI. Mxico. 2011. Pgina 152.

56. Wallerstein, Immanuel. El Moderno sistema mundial. El triunfo del liberalismo centrista, 1789-1914. Tomo IV. Editorial Siglo XXI. Primera edicin. Mxico. 2014. Pgina 43.

57. Wallerstein, Immanuel. Las insuperables contradicciones del liberalismo: los derechos humanos y los derechos de los pueblos en la geocultura del sistema mundial moderno. Captulo 8 del libro Despus del liberalismo. Editorial Siglo XXI. Mxico. 2011. Pgina 150-151.

58. Todo era ms simple en la guerra fra: John Kerry. La Jornada, Mxico, 23 abril 2014. Disponible en http://www.jornada.unam.mx/2014/04/23/mundo/023n3mun

59. Wallerstein, Immanuel. Geopoltica y Geocultura. Ensayos sobre el moderno sistema mundial. Editorial Kairs. Barcelona. Pg 11. En su trabajo conjunto con Georgi Derluguian De Ivn el Terrible a Vladimir Putin: Rusia en la perspectiva del sistema-mundo Wallerstein dice esto: Desde el punto de vista geopoltico, despus de 1945, la URSS pas a ser esencialmente corresponsable junto con EE. UU. de la pacificacin duradera de la Europa ya dividida, as como de Asia hasta cierto punto. Adems, al inspirar y ayudar a fortalecer a una serie de Estados en desarrollo que prosperaron bajo el auspicio de la superpotencia en la era de la Guerra Fra, la URSS contribuy de manera significativa a la contencin de disrupciones violentas en la periferia, que hoy resurgieron bajo la forma de movimientos fundamentalistas, seores de la guerra y mafias transnacionales. De ah que la Guerra Fra haya representado una era de paz y prosperidad para una parte creciente de la humanidad. Revista Nueva Sociedad N 253. Septiembre-octubre 2014. http://www.rebelion.org/docs/191056.pdf

60. Marino Murillo: Creci la economa cubana 4,7 % en el Primer Semestre. Sitio web Cubadebate 15 de julio 2015. Disponible en http://www.cubadebate.cu/noticias/2015/07/15/marino-murillo-crecio-la-economia-cubana-47-por-ciento-en-el-primer-semestre/#.V9LorTVDO1t

61. Wallerstein, Immanuel. El capitalismo histrico. Editorial Siglo XXI. Espaa 2012. 2 Edicin. Pgina 89.

62. Anuncian concesin del Aeropuerto Jos Mart de La Habana. Diario cubano Granma 3 de agosto de 2016. Disponible en http://www.granma.cu/cuba/2016-08-03/anuncian-concesion-del-aeropuerto-jose-marti-de-la-habana-03-08-2016-15-08-41 . Luis Toledo Sande denunciaba como los paletos y catetos dirigentes comunistas cubanos, llevaban en sus coches de adorno la bandera estadounidense; es decir no slo la ostentan particulares en sus motos, vehculos de motor, indumentaria, etc, sino tambin la llevan algunos vehculos del sector estatal, incluso de organismos centrales. http://www.cubadebate.cu/opinion/2016/09/21/se-trata-de-simbolos/#.V-Pr_jVDO1s , y todo el mundo lo sabe la cuestin no es solo de smbolos. Olvidaron los cuadros revolucionarios cubanos aquello que deca Pedro Albizu Campos sobre esa misma bandera: Bandera de los Estados Unidos, yo no te saludo porque aunque sea cierto que t eres el smbolo de una patria libre y soberana, en mi pas representas la piratera y el pillaje?

63. La sociedad rusa se encuentra en un estado de tolerancia depresiva. Entrevista Bors Kagarlitsky realizada por ngel Ferrero. Revista Sin Permiso 9 abril 2016 Disponible en http://www.sinpermiso.info/textos/la-sociedad-rusa-se-encuentra-en-un-estado-de-tolerancia-depresiva-entrevista


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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