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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-09-2016

Nuestros retos

Alberto Garzn Espinosa
eldiario.es


El crecimiento de la extrema derecha se basa, a mi juicio, en la promesa de seguridad que ofrecen a los sectores desprotegidos de una sociedad. Es as como estos proyectos clasistas y xenfobos han conseguido atraer no slo a la clase trabajadora, perdedora directa de la globalizacin, sino tambin a las auto percibidas clases medias, vctimas adicionales de la globalizacin y la crisis.

Desde el punto de vista terico, esto es coherente. El avance del libre mercado como criterio rector de la sociedad, cuestin en la que la globalizacin neoliberal es ejemplo paradigmtico, conlleva el salto al vaco de sectores sociales otrora protegidos por las polticas pblicas. Es lgico que estos sectores busquen en la poltica, pero tambin fuera de la misma, su propia seguridad. Y he aqu la verdadera disputa de nuestro tiempo, a saber, la de qu proyecto poltico ser capaz de articular propuestas de seguridad no basadas en las posiciones de la extrema derecha sino en los valores y principios de la izquierda. O, por decirlo de otro modo, qu proyecto poltico ser capaz de crear una alternativa creble que proporcione seguridad, entendida en su concepcin civil y no militar, a la clase trabajadora y, por ende, a la mayora de la poblacin. La pregunta es obvia: cmo hacerlo?

Buscando entender lo que sucede en nuestro propio pas, que no ha sufrido an la irrupcin de una fuerza explcitamente de extrema derecha, no podemos pasar por alto una experiencia tan significativa como fue la del movimiento 15M. Este movimiento fue un fenmeno heterogneo y espontneo producto ms de la indignacin y frustracin que de la conciencia de clase. Una indignacin que, sin embargo, se elev contra las consecuencias de la crisis econmica y del modelo de sociedad. Parece obvio, sin crisis econmica no hubiera existido el 15M. Pero este movimiento, a su vez, permiti canalizar la frustracin y rabia de la gente en una direccin de izquierdas, gracias al esfuerzo de mucha gente por explicar la crisis desde esta perspectiva, y evit que dichas emociones se cebaran con sectores an ms desprotegidos como son, por ejemplo, los inmigrantes.

Hay quien ha defendido que el fenmeno 15M estaba totalmente desconectado de las reivindicaciones histricas de la izquierda y que era, en suma, un producto nuevo de la historia. A m no me lo parece. Ms bien es precisamente en la crtica al sistema que da origen a la crisis donde encontramos el nexo entre el 15M y el movimiento obrero. El objeto de sus crticas es el mismo, si bien con distintos grados de conciencia y profundidad. Por esa razn los nuevos indignados del 15M se vean reflejados y representados en las palabras de algunos dirigentes de la izquierda tradicional como, por ejemplo, Xos Manuel Beiras o Julio Anguita.

La pregunta sera la siguiente: por qu estos activistas no se sentan reflejados en todos los dirigentes del movimiento obrero? Respondiendo a esta pregunta, que se encuentra en la encrucijada del problema actual, Pablo Iglesias esboz recientemente su hiptesis principal: lo fundamental es que suena diferente, suena duro. Aqu hay una posibilidad de interpretarlo como estilo esttico, cosa que a mi juicio sera un error. Es decir, la afirmacin puede ser correcta siempre y cuando no se refiera exclusivamente a la forma-esttica de articular un discurso. Lo acertado es, ms bien, interpretar diferente y duro en trminos de contenido poltico.

Expliqumoslo. Lo que la indignacin del 15M refleja es una crtica difusa y poco consciente al sistema, entendido casi de un modo holstico (abarcando desde lo econmico hasta lo poltico). Pero es evidente que detrs de esa indignacin se encuentran hondas quejas sobre las condiciones materiales de vida, tanto de la clase trabajadora ms popular (y ms despolitizada) como de la autopercibida clase media que sufre el desvanecimiento de sus sueos de pequea burguesa. Y ello se concreta en las tasas de desempleo, los recortes en los servicios pblicos, el fracaso del ascensor social, las nulas expectativas de futuro, etc. Todo ello son manifestaciones concretas de la crisis del sistema econmico capitalista y de la gestin neoliberal de la misma. Pues bien, esa difusa y poco concreta indignacin ha conectado mucho mejor con los mensajes polticos que impugnaban el sistema poltico y econmico y que, adems, lo hacan mediante discursos entendibles por la gran masa. Una combinacin de contenido duro/rupturista con un discurso claro/entendible. Es el caso paradigmtico de Xos Manuel Beiras y Julio Anguita, pero no slo. Con lo que no poda casar bien es con los mensajes o actores polticos que se asociaban de forma directa con el sistema mismo o cuya crtica impugnatoria del sistema era dbil o poco creble.

Entonces, sonar duro quiere decir ir a la raz del problema en trminos de contenido lo que no impide un acompaamiento de discurso que tambin sea duro en trminos de estilo. Y sonar diferente quiere decir impugnar el sistema, hablar de un modo distinto al que hablan los que defienden el sistema aqu, de nuevo, tanto de contenido como de estilo. Ambas cosas van asociadas, naturalmente, a la trada de ruptura democrtica, proceso constituyente y proyecto socialista, aunque luego cristalicen en discursos pedaggicos y hbiles que permitan vadear los prejuicios construidos por la ideologa dominante.

Pero, por qu unos dirigentes del movimiento obrero sonaban duro y diferentes y otros no, esto es, sonaban suave y ms de lo mismo ? A mi juicio la respuesta est en una deriva poltica que captur a muchos de ellos: la institucionalizacin, es decir, el quedar atrapado en la lgica institucional a todos los efectos. Ello tiene implicaciones polticas, como veremos enseguida, pero tambin implicaciones operativas el despliegue de recursos de tiempo, energa y personas en las instituciones supone un enorme coste de oportunidad . Ese, y no otro, ha sido el principal problema de la izquierda tradicional con la que no se identificaba el 15M . Slo que con un agravante, que fue el hecho de que esa institucionalizacin fuese no una consecuencia incontrolada sino una firme apuesta ideolgica. Podemos rastrear ese hito en la transicin, hasta llegar a la famosa frase de Carrillo en el Congreso, en 1978, segn la cual se trata de una constitucin y por eso vale para todos- con la cual sera posible realizar transformaciones socialistas en nuestro pas.

El principal problema de la institucionalizacin es poltico, y es que parte de la asuncin de que el instrumento prioritario para transformar la sociedad es el mbito jurdico/legal. Esto supone ignorar el contexto internacional de la globalizacin neoliberal -que reserva al Estado-Nacin un papel subalterno- pero sobre todo ignorar la naturaleza del Estado, que como relacin social es la condensacin de la correlacin de fuerzas en toda la sociedad. Una correlacin de fuerzas que, sobre todo, se constituye fuera de las instituciones legales. Antes de desarrollar esto, cabe decir que es natural que si uno asume esa hiptesis sobre la institucionalizacin acabe absorbido por la lgica parlamentaria y por su consecuente competicin por los votos desde una perspectiva crecientemente atrapalotodo . Las instituciones normalizan y es natural que crezcan las tendencias a parecerse a los partidos tradicionales. El estrecho margen que abre la institucionalizacin conduce, necesariamente, a ese destino.

Ahora bien, no se trata de negar el papel transformador que puedan jugar las instituciones dentro de una estrategia ms amplia, pero convendra entender que los resultados electorales como una expresin institucional- son fundamentalmente el resultado de procesos que se dan ms all de las instituciones. Es a eso a lo que nos referamos con la idea de la correlacin de fuerzas en la sociedad. Es en la vida cotidiana y, sobre todo, en el conflicto, donde se genera la subjetividad o conciencia de clase que permite sumar fuerzas para ganar elecciones y para transformar la sociedad. Y es verdad que la vida cotidiana se ve afectada tambin por las decisiones institucionales, de ah que reconozcamos su papel transformador, pero sobre todo por vivencias que van ms all del sistema poltico en s.

Aqu es donde podemos recuperar una de las correctas afirmaciones de Pablo Iglesias que, a mi juicio, es muy necesaria: la clave es politizar el dolor. Como deca, es en el conflicto social (sea un desahucio, un ERE o los recortes en sanidad y pensiones) donde emergen las contradicciones ms agudas entre el sistema econmico y la vida misma, y es precisamente ah donde pueden surgir nuevas subjetividades, es decir, nuevas concepciones del mundo y nuevos comportamientos electorales. El punto central aqu es entender qu significa politizar. Ya sabemos que la gente tiene dolor, como consecuencia del conflicto. Ahora bien, politizar puede entenderse como el desplazamiento de ese dolor al terreno institucional, como cuando el partido opera como simple denunciante o incluso en tanto que, permtaseme el comentario, abogado defensor . O podra interpretarse politizar como el proceso por el cual el dolor, que es primario, se convierte en compromiso poltico, es decir, que asciende hasta la conciencia completa del fenmeno que causa el dolor. A mi juicio, esta ltima interpretacin sera la correcta mientras que la primera sera caer en un error de institucionalizacin.

En definitiva, a mi no me parece suficiente ser altavoz de las denuncias surgidas en los conflictos sino que hemos de ser intelectual orgnico para explicar las causas ltimas de esos conflictos. Es decir, no se trata slo de trasladar lo que sucede en la calle al parlamento que es, de por si, un avance- sino de ir ms all y, adems de ser el conflicto mismo, ser capaces de explicar a los afectados y al resto de la clase trabajadora que detrs del fenmeno del conflicto hay una interrelacin compleja de causas y responsables que tienen que ver con el sistema econmico capitalista y con su cristalizacin poltica en los partidos del rgimen.

De ah que nosotros demos extraordinaria importancia a la formacin ideolgica, algo abandonado por la izquierda tradicional (entre otras cosas porque para las fuerzas institucionalizadas la formacin no es necesaria), pues entendemos que necesitamos militantes y dirigentes capaces de explicar los conflictos sociales. Esto est vinculado al tipo de organizacin, en tanto que una fuerza institucionalizada no slo no necesita la formacin ideolgica sino que adems genera dudosos incentivos para disputarse los puestos de representacin pblica, haciendo caer a la organizacin en el faccionalismo e incrementando sus tendencias oligrquicas.

Obsrvese que en nuestro pas ya hemos presenciado ejemplos de estas prcticas. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca, por ejemplo, no es slo la autoorganizacin de las vctimas de los desahucios y las estafas hipotecarias. Ms bien es un proyecto de defensa popular que ha contado con dirigentes que han sabido ser conflicto y al mismo tiempo explicar sus causas de tal forma que la rabia de la vctima se elevaba a compromiso poltico aunque este compromiso no fuese estrictamente socialista.

Finalmente, el punto de fuga de todas estas reflexiones nos conduce a la cuestin verdaderamente central: el proyecto poltico o proyecto de pas. Sin un proyecto de pas, que es fundamentalmente contenido poltico, no hay nada que transmitir en el conflicto ni nada que transmitir tampoco en las instituciones. Sin un proyecto de este tipo todos estos debates son estriles. Incluso podramos haber aceptado que las instituciones son altavoces y que la clave est ah fuera, pero sin un proyecto de pas que defender no hay coherencia ni estrategia posible.

As, mientras la extrema derecha est ofreciendo una respuesta a las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora, y desgraciadamente con notable xito, la izquierda anda entretenida en discusiones escolsticas sobre instrumentos y estrategias que provocan que la clase trabajadora y el conjunto de la sociedad no est entendiendo qu se les ofrece (ms all, en el mejor de los casos, de canalizar su rabia; por supuesto, efmera sensacin).

En este punto, una advertencia. La mejor forma de repetir los errores de la izquierda tradicional con la que no se identificaba el 15M es deslizarse a travs de la estrategia de eso que se ha convenido en llamar populismo de izquierdas , y que tanto comparte con la prctica poltica carrillista. Ambas estrategias son esencialmente tacticistas, aunque por diferentes razones. La primera porque es alrgica a la definicin y navega en un mundo de significantes vacos que se moldean a gusto del consumidor -aunque el empacho es ya notable- y por lo tanto es incapaz de definir un proyecto poltico en positivo. La segunda porque emplea un pragmatismo mal entendido que le lleva a ceder todas sus posiciones a cambio de mnimos pero comodsimos- espacios de institucionalizacin. Ninguna de estas estrategias comparte los rasgos que hemos descrito aqu como necesarios.

Por el contrario, a mi juicio, la clave de afrontar victoriosamente nuestros retos puede reducirse a los siguientes elementos: proyecto poltico y conflicto social. Si somos capaces de entender que la mxima anguitista debe ser reformulada, para evitar malinterpretaciones, desde programa, programa, programa a proyecto, proyecto, proyecto entonces estaremos en condiciones de poner en lo ms alto aquello que ms importa, es decir, el contenido poltico que ofrece soluciones concretas a la vida de la clase trabajadora y del pueblo en su conjunto. Eso implica, obviamente, definir y hablar claro; sonar duro y diferente. Y con ese proyecto en la mano, hemos de ser y estar en el conflicto, explicando y haciendo proselitismo para una causa que merece la pena. Yo la llamo socialismo, pero estoy dispuesto a discutir el nombre a condicin de que haya praxis.

Fuente: http://www.eldiario.es/tribunaabierta/retos_6_562103793.html



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