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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-09-2016

Se trata de smbolos?

Luis Toledo Sande
CubaDebate


A propsito de un asunto en el que no es menester detenerse ahora, Jos Ortega y Gasset sostuvo: una exageracin es siempre la exageracin de algo que no lo es; es decir, de algo que no es una exageracin. Si en nuestras circunstancias alguien afirmara: Estamos muy mal en materia de smbolos, podra pensarse que exagera, pero significara eso que su juicio carece por completo de base? Terminara ah el problema? Es necesario ir ms all, y la cita del conocido pensador espaol se trae a colacin con un propsito: parafrasearla y recordar que un smbolo es siempre el smbolo de algo que no es un smbolo.

Si los problemas que tengamos en la esfera simblica se redujeran estrictamente a ella, bastara para que requiriesen atencin: que la historia de la humanidad est marcada por smbolos supone que son dignos de tenerse en cuenta. Ellos resumen interpretaciones y conceptos, movilizan nimos y avalan o reprueban actitudes, fijan tradiciones que los desbordan. Para odos y sentimientos cubanos, el verso Al combate corred, bayameses ni se congel en 1868 ni convoca solamente a un territorio del pas.

No por mero capricho personal ante la imagen de la bandera de los Estados Unidos impuesta a Cuba por aquella potencia tras la intervencin de 1898, Bonifacio Byrne exclam en un poema que para el patriotismo revolucionario cubano sigue o debe seguir siendo un himno de pelea ideolgica y emocional: Que no deben flotar dos banderas / Donde basta con una: la ma!. La cita de una estrofa de ese poema por Camilo Cienfuegos del modo y en las circunstancias en que la hizo suya, evidencia que el texto rebasa pocas y visiones fcticas porque remite a una identidad que perdura: la patria que, dinmica y a veces amenazada, vive.

La invasin de Cuba por banderas britnicas y espaolas y, sobre todo, estadounidenses constituye un problema real que solo ingenuos, para no decir ms, podran menospreciar. Empez antes del 17 de diciembre de 2014; pero visiblemente parece haberse multiplicado desde entonces, sobre todo en lo que atae al pendn de los Estados Unidos. Este se ve en indumentarias y calzado, en toallas y todo tipo de artculos, y aumenta como adorno en bicicletas, bicitaxis, motos, automviles, mnibus, camiones, y no solo en particulares. Tambin la llevan algunos vehculos del sector estatal, incluso de organismos centrales.

Cabe preguntarse: ser que el cuentapropismo es decir, la propiedad privada ha impuesto sus normas y sus conceptos en el terreno de la propiedad social hasta el punto de que, al menos en algunos sitios, las organizaciones polticas, empezando por los correspondientes ncleos del Partido, y las de masas, as como las administraciones, carecen de iniciativa, autoridad y pensamiento para enfrentar lo que deben enfrentar y frenarlo cuando sea del caso? Se habla de algo que no procede intentarse con espritu inquisitorial, ni nica ni principalmente con prohibiciones, sino con ideas, educacin y mtodos persuasivos. Pero tampoco se ha de renunciar a leyes y reglamentos cuando su aplicacin sea pertinente, ni olvidar el extraordinario sentido comn.

A hechos tales no pocos autores hemos dedicado textos antes y despus de aquel 17 de diciembre. Por ello, al menos como recurso prctico, aunque no pase de ser una ilusin, imaginemos que esos textos son conocidos, para no repetir lo dicho en ellos, pues tampoco alcanzara para eso el tiempo en un encuentro como el que nos rene. Atindase ahora, sobre todo, a la certidumbre de que los smbolos remiten a realidades que no son smbolos, y que a menudo necesitan ser defendidas, mxime cuando estn amenazadas, en peligro.

Ambas cosas ocurre a la nacin cubana, sobre cuya formacin enfrentando imperios en una lucha que no ha cesado se pueden ahorrar consideraciones ante un auditorio como el de Dialogar, dialogar. Cuba sigue bloqueada y acosada desde el exterior, y ello debe recordarse constantemente, porque uno de los propsitos tcitos y tambin declarados del imperio es que esa realidad hechos, historia! sea olvidada, para poder l imponerle ms fcilmente al pas caribeo la dominacin a la cual no consigui someterlo con ms de medio siglo de bloqueo, agresiones armadas, intentos de subversin interna y otros actos terroristas.

Ahora la faccin ms objetiva o realista del imperio procura por lo menos parecer que le ofrece una zanahoria que, objetivamente, l est muy lejos de facilitar que llegue a las mesas de la nacin bloqueada. La abierta hostilidad imperial ha logrado causarle a Cuba enormes daos no solo en el plano econmico, sino tambin en el funcionamiento social y en reas del pensamiento. Si el actual csar reconoce que esa poltica no le sirvi al imperio para conseguir sus propsitos, se refiere al afn de doblegarla, ponerla de rodillas y obligarla a cambiar su sistema social por el capitalismo, aunque en un discurso habanero el mismo mandatario haya dicho otra cosa, oportunistamente.

Si la nueva tctica lograse neutralizar a Cuba, se anulara la influencia de este pas en el mundo, especialmente en nuestra Amrica, donde la actual embestida de la derecha tendra un gran auxilio en el cese de la resistencia cubana, inspiradora de muchos de los ms significativos procesos revolucionarios, antimperialistas, emprendidos en la regin. Tal encrucijada nos llama a tenerlo todo claro en nuestro pensamiento y en nuestras relaciones con el mundo: no solo en particular con el imperio.

Pero probablemente el mayor desafo que Cuba tiene ante s no le venga tanto del exterior como de dentro. Por un lado est la corrupcin, que hace pensar en la necesidad de activar los modos de lucha requeridos para enfrentar y vencer a los bandidos de hoy. Por otro est con una aliada putativa y prctica en la corrupcin el fantasma anexionista, que nunca ha desaparecido del todo, y asoma con distintos rostros. En determinadas circunstancias se revuelve como parte que es del avispero neoliberal.

La anexin est llamada al fracaso, porque se le opone un valladar firme: la lnea revolucionaria que vertebra a la nacin cubana, y porque al imperio no le interesa anexarse pueblos que estima inferiores, sino someterlos y saquearlos, o usarlos como bases militares y escenarios para experimentos macabros: ah estn la hermana Puerto Rico y un pedazo de la propia Cuba, la Base Naval de Guantnamo. Pero el anexionismo es una corriente de pensamiento peligrosa, porque niega o neutraliza valores patriticos y favorece la desactivacin del espritu de defensa nacional, que as quedara supeditado a presuntas modernidades y a la globalizacin imperialista.

Usted publica un artculo que refuta el apogeo de la bandera de los Estados Unidos en territorio cubano una bandera que no es solamente la de un pueblo, sino tambin emblema oficial de una nacin cuyos gobernantes desde que ella se fund han aspirado a dominar a Cuba, y le salen al paso comentarios segn los cuales ese es tema impertinente cuando los dos pases se estn acercando en la amistad. Es cierto esto ltimo, o se trata nada menos y nada ms que de una posible normalizacin de relaciones que, aun teniendo puntos comunes, a cada uno de los dos pases interesa y conviene con fines diferentes?

Pero los comentarios aludidos, y otros, aaden incluso: Cmo es posible molestarse por la presencia en Cuba de la ensea de los Estados Unidos si ya los gobernantes de ambas naciones se han reunido y se han dado la mano al pie de las enseas respectivas? Tal criterio que difcilmente sea siempre cndido, aunque se opte por calificarlo as para no tensar ni alargar ms el anlisis confunde protocolo y pensamiento, formalidades y fondos. Pero tambin advierte sobre la necesidad de que nuestros medios de informacin, y huelga decir que nuestros dirigentes polticos, tengan en cuenta la necesidad de no dar pie a confusiones de ningn tipo en tema de tanta relevancia.

Por qu la televisin cubana tiene que propiciar que el presidente del imperio irrumpa en los hogares de nuestro pas como un personaje chistoso, simptico? El Plan Marshall fue una realidad imperial, y adquiri una alta fuerza simblica plasmada, por ejemplo, en una conocida pelcula espaola, Bienvenido, Mr. Marshall . Puede no pensarse en eso cuando un popular programa de la televisin nacional imagina el recibimiento entusiasta, en un barrio habanero por un CDR, podra decirse, de un funcionario estadounidense llamado Mr. Charles?

Tal asociacin pudiera no brotar o reforzarse al or la coplita insertada en el guion para que los vecinos del barrio agasajen al visitante? As sali al aire: Bienvenido, Mr. Charles, / yo pongo los frijoles / y t traes que echarles. No es eso lo que piensan algunos confundidos: que ahora la potencia imperial se prepara para venir a darle comida al sufrido pueblo cubano, a darle la felicidad que aquella saosamente ha hecho todo por impedirle? Hace apenas unos das el deshonesto csar, contrariamente a todo cuanto ha prometido y en uso de sus facultades pudiera hacer para revertir de veras el bloqueo impuesto a Cuba, renov por un ao ms la llamada Ley de Comercio con el Enemigo, la cual viene de 1917 fecha que algo significa, no? y sirve de argucia legal para mantenerlo.

No me encontraba en el pas cuando el csar visit La Habana, pero un compaero digno de crdito me habl, con disgusto, sobre un cartel que por aquellos das ocup paredes de la ciudad, y quizs de otras partes de la nacin: un cartel que una la imagen del csar y la del jefe de Estado cubano. Si en el imperialismo no se puede confiar ni tantito as, tampoco ni tantito as hay que regalarle, y el csar no es el nuevo amigo de nuestro gobernante, o su new friend,   para recordar, aunque sea con irritacin, una de las obras de autores cubanos expuestas en la ms reciente Bienal de La Habana.

Y si al csar no hay que insultarlo para caracterizarlo basta decir que es el presidente del imperio, tampoco hay que dedicarle elogios inmerecidos. l, como sus predecesores en la Casa Blanca, contina promoviendo la carrera de crmenes y genocidios propia del imperio que sigue siendo el mismo y lo hace, en su caso particular, con el crdito de un Premio Nobel de la Paz inmoralmente otorgado. Nada de eso revela honestidad, sino lo contrario.

Como todo tiene o puede alcanzar valor simblico, nuestros polticos, aun en medio de la prisa o la improvisacin de un momento determinado, deben recordar que lo que parezca alzarle el brazo a un contendiente es una manera de reconocerlo victorioso, o, por lo menos, halagarlo, y eso no sern precisamente los revolucionarios y las revolucionarias quienes lo aplaudan. No importa que reconocerlo victorioso o agasajarlo no sea lo que se quiere expresar: los hechos tienen tambin su lenguaje, a veces ms poderoso que las palabras. Olvidaremos la mxima martiana segn la cual hacer es la mejor manera de decir? Adase que tambin puede ser la peor.

Lo que est en juego o sea, en peligro es demasiado serio y grande para permitirnos ingenuidades y desprevenciones. Ya sabemos que a veces nuestro Himno Nacional ni se entona ni se escucha con la debida actitud respetuosa, y para algunos y algunas la bandera de la patria se est convirtiendo no digamos ya en motivo para disear indumentarias deportivas. Eso hasta merece o parece merecer aplausos ante otras realidades: como la bandera usada en ropa rumbera para el recibimiento jacarandoso de un crucero estadounidense, o en trapo de cocina llamado delantal.

A esos hechos probablemente haya contribuido, junto con la indolencia y la indisciplina social, con torpes caminos de la educacin, con incultura y con cierto pensamiento ms pragmtico y desmedulado que cosmopolita, lo difcil y caro que ha venido resultando adquirir una bandera nacional en forma. Pero, por muy importantes que los smbolos sean, y lo son, lo ms grave radica en otra dimensin: en los peligros que asedian a las realidades representadas por ellos. De eso se trata.

* Texto ledo en el espacio Dialogar, dialogar, que sesion en el Pabelln Cuba, su sede habitual, el mircoles 21 de septiembre de 2016, con el lema temtico Si de smbolos se trata.

Fuente: http://www.cubadebate.cu/opinion/2016/09/21/se-trata-de-simbolos/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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