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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-09-2016

Un imprescindible debate para nuestro futuro
Grecia: la amarga derrota. Es posible desafiar a la UE?

Jess Jan
Viento Sur


No hay derrota estril. En ella se educan los revolucionarios, y la revolucin toma conciencia de s misma.

(Daniel Guern, La lucha de clases en el apogeo de la Revolucin francesa)


Cmo es posible que entre las organizaciones de la izquierda no haya existido un debate ms a fondo sobre la derrota de Syriza en julio de 2015 a manos de la Troika y Bundesbank? Cmo es posible que, salvo unas cuantas excepciones (los trabajos de Toussaint, Lapavitsas, Varoufakis, dirigentes de la Unidad Popular o Anticapitalistas, etc), no se produjera una mayor conmocin internacional?

En julio de 2015 el gobierno de Tsipras firmaba un nuevo rescate despus de seis meses de intensas negociaciones. Sin duda un mal acuerdo. Un psimo acuerdo. Tras ganar las elecciones en enero de ese ao con el 35,7 por ciento de los votos y enviar a negociar a Varoufakis con el Bundesbank, el BCE y la Comisin europea; fracasan las negociaciones porque los comisionados solo aceptan la rendicin incondicional de Syriza y Grecia.

Incompresiblemente, Alexis Tsipras, tras vencer en un referndum el 5 de julio de 2015 por el 61,31 por ciento contra el 38,69 por ciento, acaba aceptando el memorando propuesto por la Troika y Alemania. Se trataba de una humillacin poltica que agregaba ms hiel a la herida griega ya que los trminos del acuerdo eran, si cabe, an ms duros.

Ha pasado ms de un ao de todos estos acontecimientos. Este artculo solo intenta contribuir a un debate que considero que no se ha llevado, al menos aqu en el Estado espaol, de una manera seria y rigurosa.

Un debate que tiene un alcance internacional y estratgico

La importancia de la experiencia griega trasciende a las fronteras del pas y a sus tiempos. Se trataba del primer partido de izquierdas no socialdemcrata que alcanzaba un porcentaje tan alto de votos en una sociedad europea avanzada desde haca 40 aos. Tenemos que remontarnos a la Italia de 1975, al Partido Comunista Italiano de Enrico Berlinguer que obtuvo (menos an que Syriza), el 33,5 por ciento de los votos e incluso qued por detrs de la Democracia Cristiana (lo que no ocurri en Grecia en donde Syriza super a Nueva Democracia).

La experiencia de Syriza solo poda compararse, salvando las distancias, a los acontecimientos que protagoniz Portugal en 1974 con la revolucin de los claveles. Volviendo a las fras analogas, el gobierno de Tsipras era el primer gobierno de izquierdas no socialdemcrata en la Europa del oeste despus de 40 aos de dura sequa. El ltimo haba sido en la Portugal revolucionaria de 1975 donde el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), junto a una coalicin de partidos de izquierda, PSP, PCP, PDP y MES accedieron al poder poniendo en marcha un profundo plan de transformaciones sociales y econmicas.

El filsofo y militante revolucionario griego Panagiotis Sotiris que milit en Syriza y ahora en la UP, lo sintetizaba de esta manera tan clara:

El problema es que en el pas en el que el ms agresivo de los experimentos sociales neoliberales se haba topado con la ms masiva, casi insurreccional, secuencia de luchas, en el que la crisis poltica era lo ms cercano a una crisis de hegemona que haya conocido Europa occidental desde la cada de las dictaduras, en el que un partido de izquierdas relativamente pequeo fue catapultado al poder, en el que un pueblo desafiante se opuso al chantaje de la UE (El realismo de la audacia, VIENTO SUR, 24/11/2015, http://vientosur.info/spip.php?article10717).

Cmo entonces se ha subestimado y minimizado la experiencia griega hasta el punto de que apenas (como antes decamos) no haya habido un debate serio, salvo una minora de intelectuales y organizaciones. Si comparamos la reaccin de la izquierda y el marxismo internacional en los aos 70 con la experiencia de Allende en Chile y la que ha existido ahora, la diferencia es abismal (una vez ms insisto que no pretendo hacer comparaciones de los procesos sino de las experiencias).

Cuando el gobierno de la Unidad Popular en Chile es aplastado por el golpe militar, adems de una tremenda reaccin internacional de solidaridad, hubo un intenso debate en los partidos y organizaciones polticas o sindicales. Ya pocos recuerdan que la poltica votada por el Partido Comunista Italiano que auspici Berlinguer el compromiso histrico era una reaccin, a m entender profundamente equivocada, de la derrota de Allende. El PCI trataba con ella de no asustar a la burguesa nacional (representada en la Democracia Cristiana), y, no provocar a la CIA y a los ejrcitos norteamericanos desplazados en la OTAN. El compromiso histrico dio lugar en 1978 al nacimiento del eurocomunismo y por consiguiente a la mayor crisis del estalinismo europeo. Sin embargo otro sector, minoritario, de la izquierda revolucionaria pensamos que la derrota chilena no era consecuencia solo de la violencia de las clases dominantes latinoamericanas, los militares y del gobierno Nixon-Kissinger; sino tambin de los errores cometidos por el gobierno de Allende y su insistencia en la va conciliadora con estos sectores golpistas que, en ltima instancia, haba propiciado un cambio en la relacin de fuerzas posteriormente a la victoria de Allende.

Este debate, hoy, se ha soterrado por ejemplo en Podemos. En particular cuando los dos dirigentes ms representativos como son Pablo Iglesias e Iigo Errejn, no tardaron ni un da en salir en defensa de la decisin de Tsipras de aceptar finalmente el plan de Bruselas. Solamente algunas voces de la corriente anticapitalista marcaron distancias con esta decisin. Acaso no tendra repercusiones esa estrategia poltica en un hipottico gobierno de izquierdas donde participe o encabezara Podemos?

Estoy convencido que la capitulacin de Syriza ha tenido consecuencias polticas muy graves y las tendr en el futuro. No solo para Grecia sino para Europa y el Estado espaol en particular, sobre todo porque la derrota se ha visto como un anticipo de lo que podra suceder aqu.La gente nos ha preguntado que si en Grecia no les han permitido avanzar en su propio autogobierno por qu nos lo van a permitir en el Estado espaol. Acaso no somos parte de unas instituciones y acuerdos que nos obligan a llevar a cabo unas mismas polticas? Esta pregunta no tiene nada de retrica y por el contrario, se ha respondido desde las instancias de Podemos- con una autntica insensatez: nosotros somos la cuarta potencia europea y no se atreveran a hacernos lo que a Grecia (sic).

De la misma forma que la experiencia de Chile tuvo graves consecuencias, tambin lo tiene y tendr lo sucedido en Grecia. Toda revolucin o contrarrevolucin (violenta o no violenta), tienen efectos a corto, medio y largo plazo (en muchos casos efectos retardados). Como augur Perry Anderson en Campos de batalla, las derrotas de la revolucin portuguesa y de los procesos de emancipacin en el Estado espaol y en Grecia con la cada de las dictaduras, marc el final de un ciclo revolucionario en Europa del oeste y la crisis del marxismo occidental.

Y pese a todo, a pesar de la victoria del liberalismo y de la cultura de la posmodernidad en las ltimas cuatro dcadas, nos hemos vuelto a encontrar de cara con las revoluciones muy cercanas a Europa y con situaciones de alta conflictividad como en el sur. La historia no se cierra. Nos vuelve a plantear retos. La crisis sistmica es independiente de la crisis de la izquierda y del marxismo que, a pesar de su enorme debilidad, ha confirmado dos grandes hiptesis: su crtica implacable a la economa poltica desarrollada por Karl Marx en las dcadas de 1850 y 1860 y, la existencia de una brutal desigualdad social que estabiliza el conflicto de las clases como parte de la agenda del siglo XXI.

Se puede desafiar a la UE?

El debate que pretendo hacer en este artculo no es con la ideologa liberal; ni siquiera con un tipo de neo-reformismo que existe entre las organizaciones de izquierda. Creo que hay un debate ms interesante en el espacio del anticapitalismo, eco-socialismo, autonomismo, feminismo o sindicalismo; entre los que opinan que no se puede desafiar a la UE porque no hay condiciones para la victoria y que la salida de la zona euro conducira o bien a un desastre social o bien a otro experimento estatista como muchos de los que conocemos o hemos conocido histricamente.

En mi opinin, no solo es factible desafiar a la UE sino que es absolutamente necesario hacerlo. Creo que no existe la menor posibilidad de cambiar las polticas econmicas y sociales actuales sin ese desafo que, con toda probabilidad, nos lleve a la expulsin o desenganche de la zona euro. Desde dentro, terminaremos presos de la lgica de la austeridad como hemos visto le sucedi a Zapatero, Hollande, Renzi y, finalmente, a Tsipras.

El compaero Panagiotis lo sintetizaba de forma brillante: Haba otro camino posible para Grecia, o debemos aceptar la premisa de que un pequeo pas del sur de Europa no estaba en condiciones de responder al chantaje de la UE? Estoy totalmente en desacuerdo. El momento del referndum era ptimo para una estrategia de ruptura: fin de las negociaciones, suspensin del pago de la deuda, nacionalizacin del sistema bancario, inicio de un proceso de retorno a la moneda nacional, como puntos de partida de un proceso de transformacin ms amplio. Las obvias dificultades iniciales, en realidad no mucho mayores que las que estamos sufriendo ahora en Grecia y seguramente menores que las que nos vamos a encontrar en los prximos aos, podran abordarse con el tremendo potencial del resultado del referndum y del grado de movilizacin popular y de solidaridad internacional. Sin embargo, la direccin de Syriza no estaba dispuesta ni siquiera a pensar la posibilidad de una estrategia de ruptura, lo que llev a una serie de concesiones y compromisos desastrosos, incluso antes de las elecciones de enero del 2015. Esta falta de disposicin para afrontar cualquier eventualidad que no fuera el compromiso dentro de la zona euro no se debi a la falta de tiempo. Ms bien, fue el resultado de una opcin consciente de que la ruptura era imposible, derivada de la combinacin de un europesmo compulsivo junto con el intento de construir alianzas con sectores de la burguesa griega. (VIENTO SUR, artculo citado).

En este prrafo estn los nudos de muchos de los debates entre nosotros, la combinacin entre coyuntura y estrategia, la combinacin entre voluntad y estrategia y la combinacin entre economa y poltica. El referndum como coyuntura- fue una oportunidad histrica para llevar adelante un proceso de transformacin econmica y social. Ese es para m el punto de partida en el que coinciden los tiempos de la coyuntura con la voluntad poltica, y de ambas con la estrategia. Los tiempos como oportunidad- no se suceden indefinidamente; el arte de la poltica transformadora consiste en distinguir el momento en el que una tctica o decisin tiene garantas (nunca al cien por cien) de salir con mayor o menor xito. Como deca Bensaid, tanto en la revolucin como en la guerra, siempre se est en la incertidumbre recproca de los dos bandos (La poltica como arte estratgico, VIENTO SUR 23/08/2016, http://vientosur.info/spip.php?article10717 ).

En Grecia, tras un proceso que se haba iniciado tres aos antes, se encontraba en julio de 2015 en su punto decisivo. La victoria holgada en el referndum marcaba un momento de la correlacin de fuerzas muy favorable. Syriza haba logrado arrastrar a una mayora social que, con el referndum, se haba transformado en mayora poltica. Esto es lo que Gramsci entenda (entre sus numerosas definiciones e interpretaciones) como hegemona.

La antroploga Kate Crehan lo explica as en su libro:Para Gramsci, la hegemona significa tambin que una clase, o una alianza de clases, ha conseguido transcender sus propios intereses corporativosy ha incorporado al menos parte de los intereses de las clases subordinadas para representar aparentemente los intereses de la sociedad en su conjunto(Gramsci, cultura y antropologa, Edicions bellaterra).

En el caso de Grecia, aparentemente, la inmensa mayora de la clase trabajadora y amplsimos sectores de las clases medias y campesinas pauperizadas se haban unido. Era el momento de lanzar una apuesta econmica y poltico-social alternativa. Es decir, emprender el complejo y arriesgado camino de la transformacin radical de la sociedad griega, propiciando la transicin hacia un nuevo rgimen social y poltico donde las clases subalternas (histricamente oprimidas y explotadas) pasaran a ocupar un papel en las estructuras polticas. Esa transicin, que es ante todo social antes incluso que econmica, es la apuesta fuerte de la izquierda para contraprogramar las tendencias a la burocratizacin, la estatizacin o la dimensin exclusivamente nacionalista.

En la Grecia del verano del 2015, haba que hacer frente a una situacin de embargo econmico, fuga de capitales y sabotaje patronal. Por eso era preciso poner en marcha un conjunto de medidas econmicas que, algunos economistas, como Eric Toussaint o Costas Lapavitsas, han sistematizado perfectamente tanto en sus trabajos sobre la deuda soberana griega o el capitalismo financiarizado: la nacionalizacin del sector bancario y financiero bajo un control democrtico y social; el desconocimiento de la deuda injusta y la propuesta de restructuracin a los acreedores; la implementacin de un conjunto de medidas dirigidas a paliar la emergencia social de las clases ms machacadas desde la crisis de 2007 (salarios, paro, vivienda, servicios pblicos, etc).

Adems haba que evitar que ste y otro conjunto de medidas, pudieran caer en la retrica nacionalista que, demaggicamente, vienen agitando las fuerzas ultraconservadoras en Europa (Brexit) o en los populismos de extrema derecha que no son sino un anticipo del fascismo. Haba que vincular el plan de salvamento griego con la construccin de un nuevo proyecto europeo. La propuesta era la apertura de un o unos procesos constituyentes en toda la UE, empezando por el sur de Europa en lo que yo entiendo podra ser una primera confederacin de Estados del sur que pudiera incluir una moneda comn y un espacio econmico que podra aglutinar (Portugal, Estado espaol, Grecia e Italia), alrededor del 25 por ciento del PIB de la UE (Ver El despertar de los PIIGS, AA VV, Ediciones Maia).

Dentro de estas propuestas u otras similares, cobraba y cobra importancia el desarrollo de un movimiento real a la austeridad. En ese sentido el movimiento que se est creando en torno al Plan B es una iniciativa muy positiva.

Una estrategia de transformacin poltico-social para la UE

A lo largo de la historia pasada y reciente, hemos visto como muchas experiencias anticapitalistas derivaban en formaciones sociales burocrticas en lo poltico, y, en experimentos nacional-estatistas en lo econmico. Ese es el caso del llamado socialismo real; pero tambin de los supuestos gobiernos anti-liberales como el chavismo, Evo Morales o Correa; y ya no digamos de los gobiernos peronistas de los Kichner o del PT en Brasil que podramos definir como neoliberalismo de guante blanco.

No es esa, por lo tanto la propuesta transformadora ni para la UE ni para Grecia ni para el Estado espaol que queremos hacer aqu. Reemplazar una economa de mercado ultra-liberal desregularizada por otra economa tambin capitalista- pero tutelada por un gobierno que maneja el Estado, es sustituir una forma de explotacin por otra y una forma de opresin poltica por otra.

El fallo de alguna gente de izquierdas que ha planteado la salida de un pas de la zona euro reside, muchas veces, en abrir exclusivamente- una perspectiva economicista dejando de lado las necesarias transformaciones socio-polticas. Ninguna transformacin se puede llevar a largo plazo solamente desde la economa o solamente desde un gobierno y su aparato estatal. Es necesario que entren en el juego los actores principales que no son otros que las clases sociales subalternas (y especialmente los trabajadores), conformndose como los nuevos sujetos del cambio y transformacin.

En Grecia, tras aos de huelgas generales y movilizaciones ininterrumpidas exista una experiencia de lucha, democrtica y participativa para que los movimientos sociales y sindicales tomaran en sus propias manos la gestin de la deuda soberana, el control del sistema financiero y el desarrollo de las polticas sociales. Todo ello para empujar al gobierno de Syriza a perder el miedo: Para que un gobierno de transicin emprenda una dinmica de ruptura y no de salvamento del orden establecido, debera apoyarse en el ascenso de las movilizaciones sociales, atreverse desde sus primeras medidas a penetrar sin miedo en el coto vedado del poder estatal y de la propiedad privada (Daniel Bensaid, artculo citado).

Ningn gobierno, y mucho menos un gobierno que estaba, como deca Panaiotis, atado a las instituciones de la UE poda llevar a cabo en solitario una descomunal transformacin como la que significaba enfrentarse a los mercados financieros, la Troika y Alemania. Se necesitaba la fuerza de unas clases populares unificadas y organizadas en torno a un proyecto comn y apelando continuamente a la ms amplia solidaridad internacional. No haba otra salida.

La experiencia histrica nos indica, que los gobiernos de transicin chocan con dificultades colosales por parte de las clases dominantes que no estn dispuestas a ser desalojadas del poder pacientemente. Por eso surgen organismos y plataformas de poder popular que se levantan como una alternativa. De esa manera se crea una situacin de doble poder que no puede coexistir por mucho tiempo (lo que algunos han definido comoequilibrio catastrfico).

Esta es una situacin crtica donde el pndulo y la balanza pueden inclinarse de un lado a otro por breves detalles. Una vez llegados a ese punto, no hay vuelta atrs, o la revolucin avanza o la reaccin se impone. La batalla se puede desarrollar por la va democrtica no violenta o por una revolucin cruenta como sucedi con las experiencias de las revoluciones inglesa, francesa, rusa o espaola. Si pensamos que estamos liberados de esa violencia contrarrevolucionaria por el hecho de que seamos [email protected] del siglo XXI estamos profundamente equivocados. La terrible involucin de la primavera rabe con las guerras civiles en Siria o Libia o los golpes de estado como Egipto pone, una vez ms de manifiesto, que las lites en el poder no estn dispuestas a ceder terreno fcilmente, y que una vez vencidas, no dejarn de intrigar.

Durante el ao 2015 en Grecia se haba dibujado una mayora social que era adems poltica. Como decamos anteriormente, no era sencillo llegar a ese punto. Haba hecho falta una gran dosis de sufrimiento, una situacin de la economa prcticamente de guerra (la cada del PIB haba llegado al 27 por ciento y la cada de la actividad productiva rondaba el 70 por ciento) y una respuesta social continuada. En ese escenario se produjo una de las variadas interpretaciones del concepto gramsciano de hegemona como mayora social de una alianza de clases; pero tambin como conquista poltica de las ideas fuerza que, en esos momentos, eran capaces de movilizar y cohesionar a un sector mayoritario de la sociedad. A qu se esperaba entonces? Lamentablemente se perdi una gran oportunidad. Tsipras jug sus bazas como un farol, a diferencia de la burocracia de la UE que apost fuerte sabiendo en que el caso griego le iba algo ms que una deuda soberana. Lo que para ellos estaba en juego era el futuro de su proyecto poltico y la hiptesis de que tras Syriza, Podemos ganase las elecciones en el Estado espaol.

El mal griego ya est aqu

Podemos era el hermano de Syriza, aunque los caminos fuesen muy distintos y las diferencias entre una formacin poltica y otra diferentes. Ya hemos comentado las reacciones pblicas de Pablo Iglesias e Iigo Errejn cuando Tsipras decidi firmar el acuerdo del tercer rescate que tan terribles consecuencias est teniendo para las clases populares griegas.

Si al principio el hilo de argumentos consista en decir esto no pasar aqu porque somos la cuarta potencia econmica de la UE o nuestra deuda pblica no es tan vital en el conjunto de la economa, ms tarde se cambi el discurso a estamos de acuerdo con Tsipras y estamos dispuestos a una restructuracin de la deuda negociada previamente con los acreedores y para ello impulsaremos una profunda reforma econmica basada en ingresar ms para poder pagar. Estas son actualmente las lneas centrales que maneja el programa econmico de Podemos de un perfil tpicamente keynesiano.

El problema, o uno de los problemas centrales, es que la UE no deja margen a polticas keynesianas o reformistas para mitigar la austeridad. Por el contrario, exige esfuerzos y ms esfuerzos sociales a las clases trabajadoras, con el nico objetivo de que el capital se valorice lo necesario. Bajo el objetivo de la rentabilidad capitalista se aprueban programas de reduccin del dficit o de la deuda que exigen sacrificios sociales de forma constante a las clases trabajadoras y clases medias.

Ese es el gran problema con el que se encontr Tsipras y la socialdemocracia en sus distintas variantes gubernamentales, y ese sera el problema que se encontrara Podemos si llegara a gobernar en compaa o solos. No hay ms vuelta de hoja. Por lo tanto y sin nimo de simplificar, o se aborda el problema de frente o no sirve ponerse de perfil. Eso exige un debate a fondo en Podemos sobre la estrategia a seguir en caso de gobernar o participar en un gobierno.

El peligro actual consiste en ocupar espacios pblicos institucionales en donde nos limitamos a mejorar la gestin del PP o PSOE (lo cual no es muy difcil), siendo honestos administradores y saneando las cuentas del reino, pero sin autnticos proyectos de transformacin econmica, social y democrtica.

No conozco concretamente la mayora de las experiencias municipales donde las fuerzas emergentes por el cambio han ganado y gobiernan; sin embargo vivo muy de cerca la de Ahora Madrid con Manuela Carmena al frente y me parece rotundamente- decepcionante. Ninguno de los ingredientes de una autntica poltica transformadora se est dando con el gobierno municipal de Ahora Madrid. Ni existe la bsqueda de complicidad con las organizaciones o movimientos sociales, sindicales o de izquierdas ni estn favoreciendo el desarrollo de la organizacin vecinal, ni la remunicipalizacin de los servicios de limpieza y pblicos, ni medidas que favorezcan la situacin de los barrios de base obrera o popular (que no son guetos ni suburbios, sino grandes poblaciones donde gracias a ellos, Ahora Madrid, fue aupada a la mayora).

No deberamos esperar ni especular con el futuro. El debate actual de Podemos es poco menos que decepcionante y la actitud de los dirigentes incompresiblemente pasiva. Ninguno de los dos ingredientes necesarios para evitar lo de Grecia se est haciendo. En primer lugar construirnos pegados a las clases trabajadoras y populares, tanto en los momentos de ascenso social como de grave retroceso como est ocurriendo ahora mismo. Hacer un partido inserto en el tejido social, laboral y vecinal que, sin desmerecer el papel de los medios o las redes, no nos exponga a ellos y a su volatilidad. La estrategia no es el movimiento de posiciones tomando como nica herramienta la representacin institucional, sino la implantacin social del partido. En segundo lugar, es necesario abordar el debate estratgico pero no bajo cuatro palabras en las redes sociales, sino construyendo un discurso coherente ante la opinin pblica.

Europa camina lentamente hacia un abismo poltico entre el ultraliberalismo econmico y el ultranacionalismo poltico con claras connotaciones racistas. Todava hay tiempo para la izquierda social y poltica. Mucho tiempo. No hemos llegado a una situacin irreversible, ni estamos en las disyuntivas del perodo de entreguerras. Pero hay que ponerse a trabajar sin pausa.

Jess Jan es militante de Anticapitalistas

Fuente: http://www.vientosur.info/spip.php?article11733#sthash.vlktyVvY.dpuf


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