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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-10-2016

El NO se impuso, qu sigue?

Jos Antonio Gutirrez D.
Rebelin


Con una participacin de apenas el 37% del electorado, el NO se impuso, con un 50% de los votos, por un breve margen de menos de un 1%. En circunstancias normales, este resultado se vera como un empate tcnico[1]. Sin embargo, la derrota poltica sufrida por los sectores polticos que han respaldado el acuerdo de paz entre el gobierno de Santos y las FARC-EP no puede ser minimizada. La campaa del NO, en estricto rigor, no tena que ganar para ganar: le hubiera bastado tener un margen de votos lo suficiente amplio como para poner un signo de interrogacin y quitar piso de legitimidad a lo acordado en La Habana. En cambio, lograron mucho ms que eso, imponindose en el conteo final en una jornada electoral cuyos altos niveles de abstencin tampoco pueden atribuirse exclusivamente a la lluvia. La falta de entusiasmo en torno a este acuerdo de paz ha sido ms que evidente, pese a que todos los medios de comunicacin, la llamada comunidad internacional y las principales personalidades de la poltica y la cultura se posicionaron a favor del SI. No es de sorprenderse que el SI haya tendido a imponerse en las zonas de presencia guerrillera o de fuerte intensidad del conflicto, mientras que el NO se tendi a imponer en las zonas alejadas del conflicto[2]. Pero estas son tendencias, no realidades absolutas: en zonas del Caribe, claramente ajenas al conflicto, se impuso el SI y el NO se impuso en municipios fundacionales de las FARC-EP, como ser Chaparral, Rioblanco y Planadas en Tolima.

Ya habamos dicho, a contrava del triunfalismo reinante entre los partidarios del SI, que resultaba insensato despreciar la fuerza que el NO poda tener entre los votantes[3]. Pese a que en un principio el espectro del NO era feudo exclusivo de los uribistas, sera un error asumir que pertenecen al expresidente todos los votos en contra al acuerdo, o que todos estos votos representen al guerrerismo: aunque esos sean los sectores ms visibles, hubo sectores que con argumentos jurdicos tambin se posicionaron en el campo del NO[4]. No creo que muchos de los votantes contra el acuerdo quieran, genuinamente, volver a la guerra o quieran ms derramamiento de sangre. Esto es algo que no debe ser obviado. Ac no se debati la paz y la guerra, aunque as lo quiera ver obstinadamente un determinado sector se saba que, fuera cual fuera el resultado del plebiscito, la decisin de las FARC-EP de abandonar la lucha armada no tiene reversa y en ese sentido se haban ya expresado algunos comandantes de esa guerrilla[5]. Quienes rechazaron el acuerdo tal cual fue negociado en La Habana esperan una renegociacin.

Desde luego, no ayud la pobre pedagoga de paz durante el proceso de negociacin, en el cual hubo ms inters en aislar y desacreditar a la insurgencia que en dar capital poltico a lo que se vena negociando. Ni tampoco ayud la campaa de Santos, que invit al pueblo a tragarse sapos. Al pueblo no le gusta tragarse sapos , aunque a veces tenga que hacerlo contra su voluntad. Pero si se le da la opcin, dir que no. As de sencillo. Podr decirse que el mensaje de Santos fue tibio o confuso, pero no poda ser de otra manera: en realidad, tanto l como Uribe son representantes de la oligarqua y sus contradicciones, magnificadas por la prensa, son ms de forma que de fondo[6]. En la narrativa post-conflicto que estn construyendo antes de que estemos en el post-conflicto-, el Estado aparece como un padre benevolente que perdona a su hijo rebelde sus desafueros pasados. La cuestin es cuanto estn dispuestos a ceder o a perdonar. Un acuerdo que no tocaba el modelo y que no tena, de manera evidente, capacidad transformadora para la mayora, no tuvo mayor eco y el debate termin limitndose a la supuesta impunidad para las FARC-EP.

Pero ms all de las limitaciones obvias de la campaa oficialista, el triunfo del NO refleja la debilidad de las partes negociadoras de cara a la poblacin . Santos es uno de los presidentes ms impopulares de la historia colombiana[7], y dudo mucho que la coleccin de politiqueros, vividores y oportunistas encabezando el SI entre ellos personajes como Samper o Gaviria- hayan contribuido a generar confianza en torno al proceso. Esto, sin considerar la profunda crisis institucional que vive el pas. Por otra parte, aunque las FARC-EP cuentan con un respaldo profundo y arraigado en ciertas zonas rurales donde han tenido presencia, el rechazo a ellas por parte de las mayoras urbanas es indiscutible. El repudio a las FARC-EP tiende a aumentar mientras ms lejos se est de ellas resulta curioso, por decir lo menos, que algunas de las personas ms viscerales en contra de la guerrilla sea gente que jams en su vida han conocido a un guerrillero, lo cual demuestra la fuerza de la construccin que mediante la propaganda oficial se ha hecho. Pero sea cual sea el origen de esta percepcin, ella es una realidad que no puede ser ignorada. Resultaba clave, para ganar apoyos al proceso de paz, conectar con la poblacin que vive fuera de las zonas rurales de influencia tradicional y llegar una poblacin mayoritariamente urbana o incluso no urbana pero que est inmersa en otras problemticas y otros procesos , que son afectados indirectamente por la guerra de maneras diferenciadas. Qu significaba el proceso de paz para ellos, en concreto? La izquierda que rode al proceso, dividida como est, dbil, marginal, desconectada del sentir y pensar de las mayoras populares, ms hbil para alienar y sealar a los que piensan diferente que para generar procesos incluyentes, sin suficiente imaginacin, con prcticas aejas, acostumbrada a consignas que han tapado su falta de proyecto para ofrecer al conjunto del pueblo, fue incapaz de hacer esta tarea.

El triunfo del NO vuelve a demostrar que el proceso fue visto como un asunto distante para la mayora de la poblacin, como algo ajeno. De hecho, el proceso de paz fue vendido mucho mejor a la comunidad internacional que al propio pueblo colombiano. Santos pareca ms interesado en una agenda externa (buscar fondos internacionales para Paz Colombia, su anhelado premio Nobel de la paz) que en los resultados de la misma negociacin. La alta abstencin indica esa falta de conexin con el acuerdo de La Habana, pero es difcil creer que una mayor participacin hubiera revertido la tendencia. Tal vez, en este sentido, no resulta tan descabellado, como se ha querido hacer creer, la posicin del ELN de convocar un amplio dilogo nacional para superar el conflicto social y armado recordemos que las negociaciones con esta otra insurgencia estn empantanadas, entre otras cosas, por los mecanismos de participacin popular, que demandan sean mucho ms fuertes que los que existieron en el proceso de La Habana.

Si bien el triunfo del SI no significaba el triunfo del castro-chavismo, tampoco el triunfo del NO significa el retorno a la guerra total. Quedan dos caminos por delante frente a este impase: una renegociacin de los acuerdos, que implicara a las dos partes tragarse sus palabras previas de que nada era re-negociable e incluir una participacin ms amplia incluyendo, entre muchos otros, a sectores del uribismo[8], o la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, propuesta inicial tanto de las FARC-EP como del uribismo, propuesta que en el actual contexto poltico podra resultar desastrosa para las fuerzas progresistas . Nada asegura que la nueva Constitucin sea ms progresista que la del 91, y todo pareciera indicar que se impondran fuerzas reaccionarias que dejaran su impronta en la Carta Magna por dcadas. As las cosas, lo ms probable es que termine renegocindose condiciones ms draconianas para los insurgentes, mientras el ELN toma nota de los acontecimientos.

Despus de esta dura derrota, volvemos entonces a la pregunta del milln qu hacer? Responder esta pregunta requiere de un ejercicio de autocrtica profunda por parte de la izquierda: no es suficiente criticar a terceros, sea la lluvia, sea la oligarqua, sean los medios, sea el imperio. Como para variar, los principales medios, sectores oligrquicos y las principales potencias del mundo (incluido EEUU) estuvieron de acuerdo con el SI al plebiscito. Hay tambin que abandonar la arrogancia de esa izquierda que presupone que cuando los sectores populares no estn de acuerdo con ella, es porque son brutos, tienen la cabeza lavada, son irracionales, son guerreristas, pasionales, etc. En vez de vociferar caverna o guerrerismo hay que aceptar con humildad estos resultados y tratar de entender el mensaje de fondo que se entrega a quienes creen en la posibilidad de construir una sociedad ms libre, ms justa y ms igualitaria.

Hay que dar un paso atrs y tratar de pensar nuevamente el proyecto de sociedad que se ofrece al conjunto del pueblo, pero tambin hay que entender que ese proyecto no puede ser sencillamente ofrecido a las masas con la benevolencia paternalista del despotismo ilustrado: todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Se requiere que el pueblo, sus mil luchas, organizaciones, expresiones, deseos, ocupen el centro del quehacer poltico. No se trata solamente de ofrecer una alternativa al pueblo o venderle un acuerdo, se trata de construir esa alternativa junto a l. La paz, por s sola, ya no es el mximo convocante para la sociedad colombiana, as haya quienes la hayan utilizado para re-elegirse o para candidatearse en las prximas elecciones[9]. Toca enfatizar ese componente de justicia social que siempre se insisti que era un aspecto crucial de la paz, el cual estuvo apenas tmidamente representado en la paz ofrecida por los acuerdos de La Habana. Es necesario conectar la paz con las condiciones de vida de la mayora de la poblacin, mayoras que tienen inters en una Colombia mejor, en una Colombia ms humana, ms participativa, ms igualitaria, pero que no se ve reflejada en lo acordado en La Habana o que lo desconocen porque es un proceso distante. Para lograr ser relevantes, toca abandonar la arrogancia y los vicios autoritarios de cierta izquierda, y encontrar la manera de contribuir a que las masas se conviertan en protagonistas de su propia historia y no verlas solamente como un rebao que se acarrea para implementar decisiones tomadas por las mentes superiores. Una tarea formidable pero que requiere un cambio de mentalidad en quienes apuestan por una nueva sociedad. Ms all del plebiscito, el sol volver a salir, el mundo seguir girando y los problemas sociales de las mayoras seguirn ah mientras esto sea as, hay esperanza para un proyecto transformador que realmente convoque al conjunto del pueblo.

Notas:

[1] Puede consultarse el resultado electoral pormenorizado en la pgina de la Registradura http://plebiscito.registraduria.gov.co/99PL/DPLZZZZZZZZ...1.htm

[2] Se pueden revisar los datos en la pgina de la Registradura ya mencionada. Mientras el NO se impuso en Caquet, municipios como Solano, Cartagena de Chair y San Vicente del Cagun, votaron mayoritariamente por el SI (aunque con un margen estrecho). Lo mismo ocurre en Norte de Santander (donde el NO se impuso en prcticamente todas partes menos el Catatumbo) o en Arauca.

[3] http://anarkismo.net/article/29580

[4] Ver, por ejemplo, el artculo de Jos Gregorio Hernndez Galindo http://www.razonpublica.com/index.php/conflicto-drogas-....html

[5] Ver las declaraciones del comandante fariano Carlos Antonio Lozada http://www.elespectador.com/noticias/paz/farc-sostienen...40303

[6] Sobre este asunto, recomiendo la lectura de Jaime Jimnez entre las similitudes de la campaa oficialista del SI y la del uribismo por el NO http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217480&titular=a...-del-

[7] Curiosamente, la falta de legitimidad y popularidad de Samper fue una de las razones por la cual la insurgencia no negoci con l. Hoy se negocia con el igualmente impopular Santos, mientras Samper ha utilizado el proceso de paz y sus contactos con sectores de la izquierda liberal para intentar rehabilitarse.

[8] Como ancdota, el nunca bien ponderado pero casi siempre lcido William Ospina deca en una polmica columna en las pasadas elecciones presidenciales que, en su infinita capacidad de equivocarse, la izquierda crea que el mal menor era Santos debido a la negociacin de paz. En cambio, de manera preclara, Ospina afirmaba: Yo he abogado 20 aos por la paz negociada, pero, con el perdn de las Farc, nada me parece ms inverosmil que la paz de Santos. La paz, para que sea verdadera, tiene que ser otra cosa, y ya muchos han advertido que si la paz slo puede hacerse con el enemigo, una paz sin Uribe es como una mesa de dos patas. Creo que el resultado del plebiscito y la perspectiva de renegociar con el uribismo, de alguna manera, reivindica la posicin de Ospina que en ese momento provoc un voladero de plumas e hizo que se le descalificara con toda clase de eptetos abusivos. Ver su columna http://www.elespectador.com/opinion/de-dos-males-column...95794

[9] Humberto de la Calle ha recibido una dura paliza en sus intentos de ser el candidato de la paz.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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