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(defendiendo el libre mercado)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2016

Porteadoras, la espina dorsal de El Tarajal

Luca Muoz
Pkara


Ni una, ni dos, ni tres. Son miles. Miles de mujeres las que cada madrugada van de Marruecos hasta la Ceuta. All, esperan para entrar en el polgono de El Tarajal y se esconden tras bultos que, incluso, superan su propio peso. Fardos que no valen ms que su dignidad, pero que mientras doblan sus espaldas, levantan la economa de la frontera Sur de Europa.

Son las tres de la maana y para Zhora acaba de comenzar el da. Lista para afrontar una nueva jornada sale de su casa sin saber cundo volver. Durante el camino hacia la frontera de El Tarajal la nica luz que le acompaa es la del trnsito de algn vehculo inesperado. Pero no es la ms madrugadora. Cientos, incluso miles a primera vista, de mujeres de todas las edades ya han pasado la lnea que separa Marruecos de Ceuta a la espera de que se abran las puertas del paso fronterizo.

Zhora es solo una de las miles de mujeres que de lunes a jueves trabajan como porteadoras. Vienen desde Tetun hasta Ceuta, principalmente de los municipios de Castillejos, Rincn y Martil. Ella es el sustento de una familia monomarental en Marruecos. Sus dos hijos, ya mayores de edad, no tienen trabajo y Zhora se encuentra con muchas puertas cerradas por ser madre divorciada en su pas. En Marruecos, somos muchas madres las que vivimos solas con nuestros hijos. No tenemos ayudas del rey y estamos mal vistas por no vivir con nuestros maridos. Por eso, tenemos que venir aqu a buscar algo de trabajo. Yo he estado casada dos veces y tambin tengo nacionalidad espaola, cuenta.

El reloj marca las siete en punto de la maana. La polica nacional de Espaa debera de abrir ya la reja que separa el paso fronterizo exclusivo para las porteadoras pero, sin ninguna explicacin y con un ambiente tenso, las mujeres tienen que esperar dos horas. A las nueve, comienzan las primeras avalanchas en una carrera de fondo de porteadoras por conseguir uno de los puestos. Zhora se queda atrs, pero Suein ha salido volando como si no hubiera maana. Le falta el oxgeno, pero lo recupera poco a poco cuando por fin le dan los bultos marcados, para que el comerciante que le espera al otro lado de la verja la pueda identificar. Con ayuda de otras mujeres, se amarra el primero de unos 70 kilos a su espalda. Cruza una y otra vez la cuerda alrededor de su pecho, pasando por el cuello para que no se mueva, de manera que parece que forma parte de su lomo. Luego, sujeta el otro bulto de 20 kilos con sus manos, en el que se apoya mientras espera en la larga cola para pasar a Marruecos. Este trabajo es muy duro, pero tenemos que buscarnos la vida como sea. En total, puedo cargar casi 100 kilogramos y todava no s lo que me van a pagar, pero lo normal, aunque depende de la hora que salgamos, son 30 20 euros por el grande y 10 por el pequeo, recuenta Suein.

Imprescindibles ante la falta de aduana comercial

Mujeres como Zhora y como Suein son la espina dorsal de la economa para Espaa y Marruecos. El trabajo de las porteadoras se hace necesario ante la falta de una aduana comercial entre ambos pases, debido a la negativa del pas africano de reconocer a Ceuta como territorio espaol y, por ello, la falta de un paso de mercancas; que sin embargo, s funciona como paso de personas. La legislacin marroqu regula que las personas pueden entrar a su territorio con lo que lleven en su cuerpo. De esta manera, las porteadoras deben cargar con los fardos sobre sus espaldas, pero no pueden utilizar carretillas u otro medios, afirma la Asociacin Pro Derechos Humanos de Andaluca, APDHA, en su informe sobre la Frontera Sur de 2016. A todo esto se suma una Espaa permisiva que hace la vista gorda ante esta explotacin laboral y economa sumergida.

Con la espalda doblada y fardo en mano. Las mujeres van a pie desde las naves de El Tarajal, en territorio espaol, hasta la salida fronteriza dentro del mismo conocida como el puente del Biutz. Hay dos aberturas controladas por la polica nacional espaola, una para mujeres y otra para hombres. El paso de ellos no est tan demandado y apenas hay colas; adems, estn organizados por nmeros, lo que permite un mejor flujo. Sin embargo, la salida para mujeres est abarrotada y el riesgo de avalanchas es mucho mayor.

En mayo de 2009, el pnico cundi en el estrecho paso de El Biutz y dos mujeres murieron aplastadas. Este hecho no es algo puntual, sino que constantemente se acumulan grandes caravanas humanas. El reino alauita en muchas ocasiones cierra la frontera de forma arbitraria, sin poner remedio a una situacin intolerable de malos tratos y sobornos. Segn, el Seminario Independiente marroqu Al-Ayam, en esta frontera se mueven alrededor de 90 millones de euros anuales a travs del soborno a policas.

Tras una parada, en otra de las largas colas, a Zhora le ha tocado su turno. El protocolo siempre es el mismo: se pega el bulto mayor al cuerpo, se apoya inclinada sobre el pequeo y reza mientras espera para poder salir. Hoy, s, dice auto convencindose. Zhora lleva ms de tres meses haciendo cola en El Tarajal, cruzando los dedos todos los das para pasar la jaula del Biutz con un fardo y poder llevar algo de dinero a un hogar que, como tantos, se encuentra bajo el umbral de la pobreza. No slo el peso indica el dinero que ganar, sino que cuanto ms tiempo pasa, menos vale su bulto, que nunca sabe lo que esconde. No quiere ser pesimista, pero no le queda otra que ser realista: Estamos tardando tanto porque la aduana marroqu no nos deja salir. Ahora, van abrir los bultos para ver qu hay dentro. Normalmente hay ropa, zapatos, productos de empresas de Espaa para vender en Marruecos. Pero nosotras no podemos salir de aqu aunque estemos cargadas, tenemos que esperar. Hasta que no lleguemos a la frontera no podemos decir que hemos trabajado, porque si llega la hora de cerrar, sobre las doce o la una del medioda tenemos que soltar la mercanca y salimos sin nada. Otro da, da igual que llueva o haga sol, sin nada.

Sometidas a abusos

Son tratadas como mujeres mulas, como invisibles. Los golpes, malos tratos, incluso los abusos sexuales son formas de humillacin que soportan por miedo a que tomen represalias contra ellas y les confisquen la carga. Antes la polica de Espaa era ms tranquila, pero ahora pegan a las mujeres. Aunque lo peor es Marruecos porque all nos tratan como animales y si no hacemos lo que ellos quieren nos quitan la mercanca. Qu hacemos?, se pregunta Zhora. No puedo llegar a casa sin nada, pero no puedo dejar que hagan conmigo lo que quieran. Es muy duro, pero es muy duro no poder dar un poco de pan a tus hijos, balbucea mientras vigila que nadie la escuche.

Estas vulneraciones de derechos provocan intensos daos fsicos, sociales, familiares y psicolgicos. En Marruecos y en Espaa, ser porteadora es una profesin que avergenza. Es smbolo de pobreza y de exclusin social. A m no me gusta este trabajo, pero tengo que hacerlo con dignidad. Aunque el bulto pese, la cabeza tiene que estar arriba. Mientras que no encuentre otro trabajo, este es el pan de mi familia, aclara la porteadora monomarental.

La vida mala. stas son las tres palabras ms repetidas en el polgono por las mujeres que tratan de explicar, en un modesto espaol, cul es su situacin. Como Fatma, que an espera para coger algn bulto por pequeo sea. Soy asmtica y llevo aqu desde las tres de la madrugada. Hoy ha llovido. La polica [espaola] me ha tirado al suelo y aunque le he enseado las medicinas, no me han credo y me han pegado, dice enseando su medicamento. Como ella, tambin est Malika, que carga de manera inexplicable la mercanca en silla de ruedas. O Mariem, una de las ms veteranas, que cambia el valor de su fardo por los medicamentos que necesita.

Derechos (in)humanas

Existe una historia por cada porteadora. Un sin fin de razones y un vaco en derechos. El paso de mercancas se ha convertido en una actividad laboral inhumana, pero permitida. La pregunta es si reconocerla y regularla, o no. Por ello, desde Digmun, la Asociacin por la Dignidad de Mujeres, Nios y Nias en Ceuta, reclaman facilidades para que estas mujeres realicen su trabajo y una vez que se consiga esto, que se acabe con esta forma de explotacin laboral. Desde esta organizacin recuerdan tambin que es el ente poltico el que debe dar una solucin y no las oenegs en un territorio que es Espaa y, por tanto, Europa. Uno de sus trabajadores, Vctor Fernndez, adems denuncia la doble vara de medir que separa una de las fronteras ms hostiles del mundo: Para algunas cosas nos interesa tener la valla alta y que no entre nadie, pero cuando hablamos de economa y poltica, tanto Espaa como Marruecos permiten la entrada de mercancas.

En una aparente primera vista, el 90 por ciento de estos pesados paquetes son cargados en las espaldas de mujeres. Mujeres con un perfil social empobrecido, viudas o divorciadas, incluso abandonadas, y que tienen el terrible problema del analfabetismo, ya que desde pequeas sus roles se han centrado en el cuidado de la familia. Detectamos un grave problema de empoderamiento, porque son obligadas a abandonar desde pequeas el colegio para dedicarse a las tareas domsticas, por lo que no tienen constancia de sus derechos y la mayora de los hombres, que son los que reciben educacin escolar, no se preocupan de que los sepan, aclara Paloma Manzano, coordinadora de Digmun.

Cuando el sol ya est arriba es cuando el ambiente empieza a apretar fuerte. Se inicia el cierre de las verjas de El Tarajal y las mujeres, tantos las que esperan para cruzar ya cargadas como las que an hacen cola para coger algn fardo, tienen que dejarlo todo y salir hacia Ceuta. Un da ms que no paso. Un da ms que me voy con las manos vacas. Las mujeres que han pasado a ltima hora no cobran ms de cinco o diez euros por bulto. Esto es una barbaridad. Y ahora, tengo que irme ya rpido porque se hacen colas en la frontera de Ceuta y Marruecos fuera del polgono, se queja Zhora mientras acelera.

Efectivamente, al poner un pie fuera de El Tarajal, la playa que tambin lleva este nombre est llena de miles de porteadoras que no se resignan a llegar a casa sin nada, de las trabajadoras domsticas marroques que terminaron su jornada en Espaa y de otro centenar de personas transentes. Pero la parte ms crispada est en el lado de las porteadoras, ya que tendrn que esperar al da siguiente para pasar con el fardo por el Biutz. La polica espaola no nos deja pasar. Estamos cargadas, tenemos familias al otro lado y ahora tenemos que pasar aqu la noche. La polica nos pega y nos retiene, nos tratan como animales. Por qu nos cierran la verja si slo queremos trabajar para vivir con dignidad?, denuncia enfurecida una mujer en la playa. Sin dignidad, sin derechos, sin humanidad y a la fuerza. As, trata la polica a las miles de porteadoras que se quedan atrapadas con unos bultos, que se enredan con otros en la playa, lo que provoca incluso ahogamientos.

Pasan las horas y cae la noche. Los enormes paquetes se siguen atropellando y la polica sigue imponindose con las porras levantadas al aire. En el momento menos esperado, son golpeadas en los fardos mientras las obligan a ir cada vez ms lejos. Hoy, a pesar de esta situacin desesperante y de llevar horas y horas, al menos no hemos tenido que utilizar la violencia contra esta gente, porque otros das no ha habido forma de pararlos y para parar las avalanchas no hemos tenido ms remedio que actuar [utilizar la violencia], asume uno de los antidisturbios que vigila la zona. En total, puede existir casi un centenar de agentes de seguridad entre polica nacional, guardia civil y antidisturbios.

Esta forma de comercio es un atentado contra la dignidad humana. Existe una normativa que limita el peso, pero no la hicieron por la salud de las mujeres, sino por la fluidez en los pasillos. Mayor fluidez, mayor paso de bultos y mayor ganancia. Esto en cualquier sitio de Espaa es impensable Por qu se permite en Ceuta y Melilla? Se trata del fruto de la pobreza que genera esta situacin en rgimen de esclavitud, seala la coordinadora de Digmun.

Un nuevo paso fronterizo, en proyecto

El ltimo informe de la Cmara de Comercio Americana de Casablanca seala que 45.000 personas viven directamente del comercio atpico, de las que el 75 por ciento son mujeres, e indirectamente otras 400.000 personas. Por otro lado, el 46 por ciento de las importaciones de Ceuta se convierten en exportaciones a Marruecos, lo que equivaldra a ms de 400 millones de euros anuales. Sin embargo, el Gobierno ceut pretende perfeccionar el comercio atpico con la apertura de El Tarajal II, un nuevo espacio donde las violaciones de los derechos de las porteadoras estuviesen an ms invisibilizadas, al alejarlas de la mirada de los turistas y dems agentes sociales que cruzan la frontera.

Da tras da, vuelven a abrir la frontera y la vulneracin de los derechos humanos se ha convertido en una rutina, en algo que a pocas importa porque ni ellas mismas pueden denunciar. Trabajan donde nadie quiere hacerlo. Sin su espalda agachada la economa ceut, espaola, europea y marroqu tendra un dficit considerable. Otras vienen a realizar el trabajo de cuidados. Otras son trabajadoras del sexo. Pero todas tienen algo en comn: ninguna tiene derecho al trabajo ni a la Seguridad Social.

Ellas no lo saben, no son reconocidas, pero son las heronas a pesar de desarrollar una actividad en condiciones indignas, su voluntad y fuerza les otorga la dignidad humana que el sistema heteropatriarcal trata de arrebatarle en las fronteras.

Fuente: http://www.pikaramagazine.com/2016/09/porteadoras-la-espina-dorsal-de-el-tarajal/



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