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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-10-2016

Siria en la conciencia de Europa

Santiago Alba Rico y Carlos Varea
Cuarto Poder


Cada vez que escribimos sobre Siria es para aadir muertos y ruinas a una lista sin fin. Los bombardeos indiscriminados de las ltimas semanas sobre Alepo y la situacin de la propia ciudad, asediada y hambreada por el rgimen y sus aliados, defendida por distintas milicias rebeldes a veces enfrentadas entre s, dan toda la medida de la tragedia que vive Siria y de la complejidad creciente que alimenta la guerra. Con cada muerto aumentan las tensiones cruzadas, se agrava la responsabilidad de todos los actores y se aleja la paz y, desde luego, la justicia y la democracia. Como deca un manifiesto firmado a mediados de septiembre por 150 artistas y escritores sirios, el mundo hoy es una cuestin siria, como Siria es hoy una cuestin mundial.

Es, sin duda, una cuestin compleja. Y cuando uno se enfrenta desde Europa a una cuestin compleja es necesario hacerse dos preguntas. La primera es qu queremos. La segunda es qu podemos hacer.

Es seguro que en una situacin compleja nunca podremos alcanzar todo lo que queremos, pero conviene saberlo. Qu queremos para Siria? Lo mismo que para cualquier otro pas del mundo, lo mismo por lo que luchamos en Espaa: soberana econmica, justicia social, respeto de los Derechos Humanos (DDHH), democracia integral, un futuro para nuestros hijos e hijas.

Qu podemos hacer? De entrada, si reconocemos que se trata de una situacin compleja, podemos hacer una cosa: no simplificarla. Eso implica reconocer que los obstculos que se interponen en el camino de lo que queremos -soberana, justicia, DDHH, democracia- son muchos y enrevesados y no se dejan atrapar en una reminiscencia lineal. Hace cinco aos y medio, cuando empez la revolucin siria, las cosas eran ms simples. El obstculo era, sobre todo, uno: el rgimen dinstico de los Asad, contra el que se levant pacficamente una buena parte del pueblo sirio. Cinco aos y medio despus, cuando Siria se ha convertido en el campo de tiro de decenas de milicias y ms de sesenta pases, ese rgimen -junto a sus aliados- sigue siendo el responsable de la mayor parte de las vctimas civiles (hasta el 95%), de la mayor parte de las violaciones de DDHH (al menos 6.786 detenidos muertos bajo tortura), de la mayor parte de los refugiados externos e internos (5 y 12 millones, respectivamente), de 287 de los 346 ataques realizados contra instalaciones mdicas y de 667 muertes de las 705 producidas entre el personal sanitario, as como del asedio por hambre de pueblos y ciudades que suman cientos de miles de habitantes, siempre segn fuentes plenamente fiables. Nunca el Estado colombiano lleg tan lejos contra su propio pueblo; slo quizs Franco durante e inmediatamente despus de la guerra civil espaola. Esto no es slo el pasado; sigue siendo el presente de Siria y la decencia ms elemental debera prohibirnos olvidarlo.

Pero cinco aos y medio despus, hay sin duda otros obstculos. Si hablamos del rgimen, es indudable que habra sido derrocado hace tiempo sin la intervencin de Rusia, Irn y Hizbullah, que ocupan literalmente el pas y determinan tanto el curso de la guerra con sus bombas y sus tropas como la poltica de Bachar Al-Asad. No muy diferente fue lo que ocurri en Iraq, cuando los ocupantes estadounidenses toleraron que algunos de estos mismos actores aniquilaran el tejido social resistente, apuntalando as el rgimen surgido de la invasin. Son ellos mismos quienes sostienen en pie la dictadura en virtud de intereses diferentes que a veces se traducen tambin en pequeos conflictos soterrados. Rusia, que acaba de aprobar en la Duma la presencia permanente de bases rusas en Siria, mantiene un pulso con EEUU y la Unin Europea, a los que hace pagar su agresiva y errnea poltica anti-rusa en Europa, con la mirada puesta ms bien en Ucrania. Pero Rusia es un aliado fundamental de Israel y ha impedido que Irn instalase una base logstica junto al Goln ocupado, mientras que Irn, que ha negociado con EEUU la cuestin nuclear, es considerado por Israel -y considera a Israel- un enemigo irreconciliable. En todo caso, Rusia es directamente responsable de la muerte de miles de civiles en toda Siria y concretamente en Alepo, ciudad contra la que ha desencadenado en las ltimas semanas una ofensiva area indiscriminada.

Otro obstculo relevante es, obviamente, el Estado Islmico, hoy en retroceso, comodn que han utilizado todos los que oficialmente lo combaten: desde el rgimen, al que interesaba radicalizar el conflicto militar y que ha atacado muy poco al grupo de Al-Baghdadi, hasta Turqua, aliada de la UE y de EEUU, muy complaciente con los yihadistas, de los que se ha servido en su guerra contra los kurdos. Junto al Estado Islmico, atroz dueo de s mismo, hay otros grupos islamistas dependientes de potencias regionales que obstaculizan un proyecto soberano y democrtico y que enredan an ms la situacin. El ms conocido de todos ellos, y el ms fuerte, es Yabhat Fath Al-Sham, antes Yabhat-al-Nusra, hasta hace unos meses rama siria de Al-Qaeda. La milicia de Abu Mohamed al-Jolani ha ido comindose a otros grupos y afianzando su influencia gracias a la financiacin de los pases del Golfo, sobre todo de Arabia Saud y porque, al contrario que el Estado Islmico, autista en su territorio paralelo, combate sin cesar contra el rgimen y los ejrcitos ocupantes.

Estn, por fin, como obstculos para la paz y la democracia, Israel, muy complacida con la agona siria, que administra el caos desde lejos mientras consolida la ocupacin de Palestina y asfixia en silencio a los palestinos; Turqua, cuya prioridad es combatir a los kurdos, apoyados por EEUU (otra contradiccin obviada a menudo) y que, tras el contragolpe de Erdogan, en picado hacia la dictadura, se acerca a Rusia, a Irn e incluso al rgimen de Asad; la Unin Europea, intil y narcisista, slo preocupada por los atentados en su territorio y la llegada de refugiados, dos problemas que agrava con sus polticas antiterroristas; y, por supuesto, los Estados Unidos, madre de todas las miserias, que invadi Iraq en 2003 por razones humanitarias franqueando el paso a los jinetes del apocalipsis y que, igual que hace con los palestinos e Israel, ha abandonado a los sirios en manos de Bachar Al-Asad -e indirectamente del yihadismo financiado por sus aliados- porque los intereses de Washington no pasaban y no pasan por la democratizacin de Siria. Cuando EEUU ha intervenido por fin lo ha hecho para convertir Siria en un falso campo de batalla de la guerra global contra el terrorismo, relegitimando el papel de Bachar Al-Asad y lanzando bombas que, como se ha demostrado en el pasado, adems de matar inocentes, slo sirven de levadura a la violencia que se dice querer combatir. Hay que repetir una vez ms que la expansin del Estado Islmico tanto en Iraq como en Siria es la consecuencia, no la causa, de la previa demolicin social que invasores, regmenes y agentes regionales han llevado a cabo concienzudamente para afianzar su dominio y evitar un cambio democrtico en la regin. Justificar el mantenimiento de los regmenes de Damasco y Bagdad, ilegtimos, criminales y corruptos, frente a la expansin del Estado Islmico, algo en lo que ya coinciden EEUU y sectores de la izquierda europea y del Estado espaol, es una pavorosa demostracin de cinismo o de ignorancia: es falsa, es perniciosa la dicotoma entre el rgimen de Al-Asad y el Estado Islmico. EEUU, por cierto, que ha financiado y entrenado en Jordania a milicias que combaten contra Asad, ha financiado y entrenado tambin a las milicias chies iraques que lo apoyan.

Qu podemos hacer frente a un problema complejo que est costando miles de vidas? De entrada, no simplificar. Las lneas anteriores -nos parece- son una pequea muestra de la complejidad que hace falta abordar y que no puede reducirse a una cifra manejable mediante un abracadabra geopoltico del siglo XX. Si queremos para Siria lo mismo por lo que luchamos nosotros -justicia, soberana, DDHH, democracia, un futuro para nuestros hijos e hijas- es necesario comprender, a partir de estos datos, que la solucin pasa por interrumpir el ciclo intervencin/dictaduras locales/yihadismo terrorista, como se intent durante las revueltas de 2011 y que eso excluye, de manera realista, cualquier papel de la dinasta Asad en el futuro de Siria. Como repite de manera incansable nuestra admirada Leila Nachawati, a ms Asad ms Estado Islmico y por lo tanto -aadimos nosotros- ms intervencin exterior. Ni la tica ni la poltica -y menos la unin de ambas- puede conceder, por principios y por pragmatismo geoestratgico, ni un centmetro de timn a un criminal de guerra que la mayor parte de su pueblo no acepta ya como su gobernante y con el que no est dispuesta a negociar. EEUU debe parar los pies a Arabia Saud (e Israel), pero son Rusia e Irn los nicos que pueden desbloquear la situacin retirando a Asad del palacio de Damasco. En este sentido, es muy triste que una parte de la izquierda espaola se siga alineando -y as lo exprese incluso en el Parlamento Europeo- al lado de la extrema derecha y en favor del rgimen sirio y de la Rusia de Putin. Como ya hemos valorado en otros textos, si no su actual accin genocida contra su propio pueblo, el pasado de esta dinasta, su papel de gendarme regional, su complicidad con Israel y su apoyo a EEUU durante la primera y segunda guerras del Golfo, hacen an ms necia tal actitud, que solo cabe llegar a comprender como una impronta pavloviana de la periclitada Guerra Fra.

Pero, qu podemos hacer? No simplificar y ademas sacar conclusiones. Podemos hacer ms. Podemos escuchar a los sirios que luchan por lo mismo que nosotros, pero jugndose la vida; los que quieren justicia, soberana, DDHH y democracia, los que apuestan por romper el ciclo de intervenciones multinacionales, dictaduras locales y terrorismo yihadista. Lo sabe muy bien Bachar Al-Asad, como lo ha sabido muy bien siempre EEUU: la violencia es muy til, la violencia funciona, la violencia actualiza todos los impulsos e impide el recuerdo de los motivos de la lucha y la organizacin de la sociedad civil a partir de ese recuerdo. La sociedad y la guerra son incompatibles. La resistencia civil y la guerra son incompatibles. No hay sirios normales luchando en Siria por lo mismo que luchamos nosotros en Espaa? Los hay y son todava miles. Bast una pequea tregua en febrero para que salieran de nuevo a las calles, a manifestarse contra el rgimen y contra el Estado Islmico; tambin contra Yahbat Al-Nusra en la provincia de Idlib, dando lugar a un movimiento que an perdura. Otro tanto ha ocurrido durante la reciente precaria tregua, tras el acuerdo, ya roto, entre Rusia y EEUU: es suficiente un momento de paz -un remanso en el tsunami asesino- para que las calles -las ruinas- crepiten de resistencia civil y voluntad de organizacin poltica. En un trabajo muy meticuloso, el investigador Flix Legrand detalla la estrategia de Jabhat Al-Nusra en los distintos territorios y establece una relacin de directa proporcionalidad entre las treguas y el debilitamiento de su legitimidad social. La conclusin de Legrand es que a Yabhat-al-Nusra, como al rgimen y a sus aliados rusos, no les interesan las treguas: la dictadura y los yihadistas slo pueden respirar en la batalla. Ambas partes saben que, apenas dejan de caer bombas sobre una ciudad, la sociedad civil superviviente recupera el terreno con sus demandas de paz y democracia contra -al mismo tiempo- el rgimen asadista, las intervenciones multinacionales y los yihadistas. No es cierto, no lo es radicalmente, que no haya un interlocutor social, poltico y militar sirio al que podamos abiertamente apoyar: no lo vemos a diario? no queremos verlo da a da bajo la atroz violencia que lleva padeciendo el pueblo sirio en los ltimos cinco aos y medio? Quien tenga alguna duda sobre ello, que no la tenga en absoluto sobre el hecho de que el silencio o la complicidad, en concreto de algunos sectores de la izquierda europea y espaola, est contribuyendo a que este interlocutor se diluya impotente entre las oleadas de refugiados y los montones de cadveres.

Podemos, pues, entender, sacar conclusiones y solidarizarnos con los sirios que sufren y muy especialmente con los que sufren por aspirar a lo mismo que nosotros y nosotras: s, exactamente a lo mismo que nosotros y nosotras. Es una vergenza que la derecha gobernante europea que atiza el incendio se haya apoderado del discurso de Siria, en trminos obscenamente humanitarios, mientras un sector de la izquierda no slo se lo entrega sino que reprime las movilizaciones contra la guerra y criminaliza a los que se niegan a distinguir entre las bombas de Rusia y de EEUU cuando unas y otras matan nios e impiden la democratizacin y autogobierno en la regin. Mientras Arabia Saud apoyaba a las milicias ms retrgradas y asesinas, nuestra izquierda, como los fascistas franceses, polacos o italianos, apoyaban a Bachar Al-Asad y visitaban su palacio. Entre tanto la izquierda siria -pensamos en Yassin Al Haj Saleh o en Salameh Keileh, an vivos- perda lgicamente la batalla en el interior; y, diezmada por el exilio y la muerte, la minora superviviente, junto al pueblo sirio hecho jirones, sigue luchando contra todos los enemigos del mundo, incluidos esos izquierdistas europeos que tanto gritaron justamente contra la invasin de Iraq y hoy callan ante los crmenes de Rusia.


(*) Santiago Alba Rico es filsofo y columnista. Carlos Varea es antroplogo y profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autnoma de Madrid.

Fuente original: https://www.cuartopoder.es/tribuna/2016/10/09/siria-la-conciencia-europa/9147


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