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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-10-2016

El extractivismo como cultura

Ral Zibechi
La Jornada


A medida que el  extractivismo y los procesos polticos asentados en ese modelo comienzan a mostrar grietas, por la abrupta cada de los precios de las commodities, estamos en mejores condiciones para comprender sus caractersticas profundas y las limitaciones de los anlisis anteriores. Una de ellas, y debemos asumir la autocrtica en primera persona, consiste en haber mirado primordialmente el costado ambiental y depredador de la naturaleza del modelo de conversin de los bienes comunes en mercancas.

Ahora podemos dar un paso ms, algo que ya hicieron los zapatistas hace ms de una dcada, cuando definieron el modelo como cuarta guerra mundial. El otro error de bulto fue considerar el extractivismo como modelo econmico, siguiendo el concepto de acumulacin por desposesin de David Harvey. En suma, al error de haber centrado las crticas de modo casi excluyente en lo ambiental, se sum el economicismo del que adolecemos muchos de los formados en Marx.

El capitalismo no es una economa, sino un tipo de sociedad (o formacin social), aunque evidentemente existe una economa capitalista. Con el extractivismo sucede algo similar. Si la economa capitalista es acumulacin por extraccin de plusvalor (reproduccin ampliada del capital), la sociedad capitalista produjo la separacin de la esfera econmica de la poltica. La economa extractiva, de conquista, robo y pillaje, es apenas un aspecto de una sociedad extractiva, o una formacin social extractiva, que es la caracterstica del capitalismo en su fase de dominio del capital financiero.

Ms all de los trminos, interesa subrayar que vivimos en una sociedad cuya cultura dominante es de apropiacin y robo. Por qu hacer hincapi en la existencia de una cultura extractivista diferente de la hegemnica en otros periodos del capitalismo? Porque nos ayuda a comprender de qu se trata el mundo en el que vivimos y las caractersticas del modelo contra el que nos rebelamos.

Para comprender mejor en qu consiste esa cultura, sera necesario compararla con la cultura hegemnica en periodos anteriores, por ejemplo, durante el predominio de la industria y el Estado desarrollista. En aquel lapso, los trabajadores manuales de la industria sentan orgullo por su oficio y por ser productores de riqueza social (aunque una parte sustancial fuera apropiada por el patrn). Ese orgullo tomaba forma de conciencia de clase cuando se identificaban los intereses propios mediante la resistencia a los explotadores.

No era el orgullo tonto de quien se cree superior, sino el resultado del lugar que tenan los obreros en la sociedad; lugar que no haban heredado, sino construido en una larga y paciente lucha. Entre mediados del siglo XIX y las dos primeras dcadas del XX, los obreros y a veces las obreras se formaron a s mismos a la luz de la vela luego de extenuantes jornadas de 12 horas de trabajo, crearon espacios propios de encuentro y ocio (ateneos, teatros, bibliotecas, cooperativas, sindicato), instituyeron formas de vida con base en la ayuda mutua, crearon maravillas como la Comuna de Pars y la Revolucin de Octubre, adems de una larga decena de insurrecciones urbanas. Tenan motivos para la autoestima.

En la vida cotidiana, la cultura obrera giraba en torno al trabajo, la austeridad por conviccin, el ahorro como norma de vida y la solidaridad por religin. El mameluco de trabajo y la gorra eran seas de identidad con las que andaban por sus barrios, porque no queran vestirse como los patrones; todo en sus vidas, desde la vivienda hasta los modales, los diferenciaba de los explotadores. Esa cultura tena sesgos opresores, como bien saben las mujeres y los hijos e hijas de los obreros industriales. Pero era una cultura propia, basada en el autocultivo de s mismos, no en la imitacin de los de arriba.

Este largo rodeo pretende llegar a un punto nodal: la cultura obrera poda conectar con la emancipacin. La cultura extractivista va a contrapelo. Aunque portaba elementos opresivos, aquella cultura contena aspectos valiosos, potencialmente anticapitalistas.

La cultura extractivista es el resultado de la mutacin generada por el neoliberalismo, a caballo del capital financiero. El trabajo no tiene el menor valor positivo, lugar que ocupan ahora el pillaje y sus contracaras, el consumismo y la ostentacin. Donde antes haba orgullo por hacer, la cultura gira ahora en torno al pavoneo de marcas y modas. Mientras los obreros de antao condenaban el robo, por razones estrictamente ticas, hoy se festeja la apropiacin, aun cuando la vctima sea vecina, amiga y hasta familia.

No toda la sociedad luce esta forma de vivir, ciertamente. Pero son modos que han ganado terreno en sociedades donde los jvenes no tienen empleo digno ni un lugar en la sociedad, ni la posibilidad de labrarse un oficio trabajando, ni conseguir un mnimo ascenso social luego de aos de esfuerzos. Ni memoria de aquel pasado, que es lo ms pernicioso, ya que atenta contra la dignidad.

El extractivismo ha evaporado los sujetos, porque en la llamada produccin sencillamente no los hay. Incluso en la esfera de la reproduccin, el sistema se esfuerza por mercantilizarlo todo, desde los nacimientos hasta la alimentacin, arremetiendo contra el papel central de las mujeres en esos espacios. De ah la importancia de las microresistencias: el tianguis, el barrio, los territorios populares, los espacios colectivos del ms diverso tipo. Ellas alimentan las grandes rebeliones.

Si es cierto que la cultura hegemnica bajo el extractivismo obstruye los procesos emancipatorios, la organizacin y las resistencias, estamos ante la necesidad imperiosa de trabajar a contrapelo de esa cultura. Los cimientos del mundo nuevo estn ah, en la vida cotidiana. Por eso el empeo en los trabajos colectivos, en todas las resistencias. Esos trabajos moldean una cultura nueva, que rescata lo mejor de la cultura obrera e intenta (no siempre) acotar las opresiones.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/10/14/opinion/020a2pol



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