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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-10-2016

Negociacin con el ELN y movilizacin social: apertura de un nuevo escenario para la paz con justicia social

Jos Antonio Gutirrez D.
Rebelin


No me gustan los harakiris, ni mucho menos que se termine insultando y descalificando al pueblo porque no vot como le indicaron sus supuestos lderes naturales. Ni el pueblo colombiano es idiota, ni esquizofrnico, ni caverncola, ni el 2 de Octubre se jugaba la ltima carta por la paz. Que esto no ha sido el fin del fin queda demostrado tanto por la sbita disposicin a re-evaluar lo acordado por parte del santismo, as como por la emergente movilizacin popular y ciudadana, la cual no revertir la derrota poltica del 2 de Octubre, pero que, en el escenario que se ha abierto en el post-plebiscito, puede inclinar la balanza a favor de las fuerzas populares de seguir desarrollndose. Puede, entonces, servir para convertir una derrota en el corto plazo, en una victoria para los sectores populares a mediano y largo plazo. Esto es importantsimo de tener en cuenta ahora que se abre formalmente el proceso de paz con el ELN, un momento que puede resultar clave para canalizar este impulso de sectores populares hacia la paz con justicia social mediante la propuesta de un dilogo nacional, que podra servir para superar el actual estancamiento.

Derrota poltica del plebiscito que no se puede desconocer

Primero que nada, es necesario enfatizar que la mayora del pas (63%) se abstuvo. As como se recuerda desde el lado del SI que la campaa del NO apenas representa a un magro 19% de los votantes colombianos, los que votaron por el SI representan tambin a un sector minoritario del pas con apenas un 18% [1] . Aunque se insista en la dicotoma entre un pas rural y golpeado por el conflicto que vot por el SI y un pas urbano y alejado del conflicto que vot NO, esto es una tendencia solamente. La realidad fue ms compleja. En Bogot se impuso el SI al igual que en zonas del Caribe, y en el sur de Tolima se impuso el NO. Ms an, en muchas zonas ms all de la estrecha diferencia entre las partes, la mayora de la poblacin no vot. En Bojay, que se ha convertido en el smbolo de la votacin de las vctimas a favor del SI, vot solamente el 30% de la poblacin. De la misma manera, es un error decir que todos los votos por el SI fueron votos concientes y que todos los votos por el NO fueron votos de la caverna. De la misma manera que Santos y mucho menos las FARC-EP- no puede clamar propiedad sobre los votantes del SI, Uribe tampoco tiene propiedad sobre los votantes del NO aun cuando ambos reflejen a importantes sectores de ambas opciones.

La mayor parte del pas no vot, de los que votaron la mayora lo hicieron desinformados y muchos bajo el efecto de la propaganda engaosa del NO, que ahora se sabe que deliberadamente manipul y minti, como lo reconoci su jefe de campaa Juan Carlos Vlez [2] . Sin embargo, sera un error desconocer el resultado del plebiscito. Aunque el plebiscito haya sido intil, atolondrado, absurdo, desastroso (de raz, no solamente por sus resultados), mal planteado, peor organizado, y aun cuando haya sido una imposicin unilateral del gobierno de Santos, el plebiscito fue aceptado tanto por las FARC-EP como parte negociadora como por la izquierda que se posicion del lado de ste. No resulta serio rechazar el ejercicio del 2 de Octubre porque los resultados no fueron los esperados pese a todos los problemas que haya habido con este resultado y pese a que la abstencin se haya impuesto una vez ms. No se puede exponer a la izquierda como enemiga del ejercicio democrtico, por una parte. Por otra parte, y esto es lo ms grave, en lugar de defender los acuerdos y lo que se ha avanzado hasta ahora, se terminara polarizando an ms el pas, pudiendo en el peor de los casos llegarse a la confrontacin entre los que votaron SI y NO de una manera no muy diferente a la tradicin de lucha bipartidista de la historia colombiana (que se peleen los de abajo por un trapo de colores, mientras los de arriba pactan a sus espaldas). Dudo mucho que esta actitud sirva para inclinar las simpatas de ms del 60% de quienes se abstuvieron a favor de los acuerdos de paz. Hay que asumir el resultado con humildad, promoviendo el dilogo entre los ms amplios sectores populares, dejando que se meta en serio- pueblo al proceso y tratando de entender el profundo significado que tuvo este resultado, la mayoritaria abstencin y lo que dice todo esto del proceso de paz.

La legitimidad es un problema poltico, no jurdico

El principal problema evidenciado por la escasa participacin en el plebiscito- sigue siendo el de legitimidad para el acuerdo. Decir que el proceso de paz est legitimado porque Santos gan el Nobel, o porque los acuerdos fueron depositados en Suiza y tienen respaldo de la comunidad internacional, es no entender el sentido de lo que ocurri el 2 de Octubre. El problema de legitimidad que enfrenta el acuerdo de paz est en Colombia, en el pueblo colombiano, y no es correcto que un acuerdo de paz aparezca como una imposicin desde la comunidad internacional que de los suizos, que de los noruegos, cubanos, venezolanos, de la reina Isabel, de quien sea. Pareciera, a veces, que los intereses de todo el mundo en la paz de Colombia pesan ms que los deseos y los intereses de los propios colombianos-el inters de los inversionistas europeos y norteamericanos, el inters geoestratgico de Cuba, el inters de los asesores de la industria global de la paz, etc. La derrota del acuerdo de paz el 2 de Octubre es poltica, as se insista que el plebiscito no tena validez jurdica.

La falta de legitimidad del acuerdo es resultado directo de la manera en que se impuso la negociacin del acuerdo: en un pas lejano, en un secretismo casi absoluto, de espaldas al pueblo. Hay que destacar que los limitados espacios de participacin popular abiertos en el marco de la negociacin de La Habana, fueron abiertos a insistencia de las FARC-EP, venciendo una resistencia enconada por parte del gobierno que quera limitar al mximo la posibilidad de intercambio de la poblacin con los insurgentes. La visin que se impuso fue la de un proceso en el que no se llam a la gente a construir la paz sino a aprobar la paz que los expertos disean bien lejos de la vereda y del barrio [3] , segn dice con claridad William Ospina. Esto se vio reflejado en la misma firma del acuerdo segn este mismo autor: Quin le dijo a Santos que la firma solemne de un acuerdo de paz en un pas desgarrado se haca en una ceremonia VIP diseada slo para la tribuna internacional, en la ciudad ms elitista del pas, y dejando por fuera no slo a la gente humilde de la propia ciudad sino hasta a los medios de comunicacin nacionales?.

Derrotar esta lgica de construccin de paz alienada que se deriva de una manera de entender la poltica como asunto de esa elite que sabe y decide por unas masas que se limitan a observar y a votar como les ordenen- y convocar a las masas a pensar activamente el pas en paz, es el primer paso para lograr construir un proceso de paz que se vea como legtimo por parte de la poblacin. La propuesta de un gran dilogo nacional que han hecho algunos sectores -como un proceso de discusin que involucre al conjunto de la sociedad en el diseo del nuevo pas- se vuelve entonces una necesidad imperiosa del momento, cuando el gobierno espera que un acuerdo con el uribismo envalentonado solucione el impasse del 2 de Octubre [4] . Una necesidad que lograra que, como se deca desde un primer momento, se meta pueblo a la paz. Pero no pueblo no slo para decir si o no, sino para opinar y decidir.

Apertura del dilogo con el ELN: participacin como eje para negociar

Esta necesidad de repensar el proceso de construccin de paz con bases en la legitimidad del pueblo colombiano, recibe hoy un importante aliciente con el anuncio del inicio formal de negociaciones entre el ELN y el gobierno colombiano. La propuesta de un dilogo nacional [5] , es coincidente con la exigencia del ELN de una mayor participacin de los sectores populares y de la sociedad en su conjunto en el proceso de paz con el gobierno. Como expresan en su comunicado de manera contundente, las mayoras del pas quieren la paz, pero no una paz que las excluya. Lo ocurrido en la jornada del plebiscito deja esa enseanza [6] .

Este dilogo nacional no solamente sera el mejor ejercicio de pedagoga de paz que podra haber, sino que se convertira en un ejercicio prctico de construccin de un nuevo pas y nos podra llevar a profundizar el acuerdo de La Habana, desarrollando su actualmente limitado potencial transformador [7] segn Marco Palacios las Farc () cedieron en cosas fundamentales como someterse al sistema capitalista y a la constitucin, sin cambiar el sistema econmico, ni militar, ni electoral del pas. En el acuerdo no hay nada revolucionario, ni extremoizquierdista, ni siquiera izquierdista [8] a lo cual aade de manera algo exagerada Daniel Garca-Pe a que lo acordado en materia agraria parece escrito por el Banco Mundial: son reformas que estbamos en mora de realizar desde hace mucho tiempo y que debemos impulsar para no seguir importando alimentos que podemos cultivar en Colombia [9] . Aunque pueda decirse que hay ciertas reformas significativas en el plano de participacin poltica y agrario que en un marco de movilizacin popular podran generar escenarios para el avance de las fuerzas populares reformas a las cuales no se debe renunciar ni se pueden despreciar desde el movimiento popular-, todo es absorbible por el marco constitucional y nada de lo acordado de por s podra agudizar una crisis del modelo. En cierto sentido, el acuerdo de paz con las FARC-EP busca retomar el impulso modernizador perdido desde la revolucin en marcha de Lpez Pumarejo y frustrado, en gran medida, por la deslucida presidencia de Eduardo Santos, abuelo del actual presidente (alguien dijo responsabilidad histrica de los linajes dirigentes?).

Este acuerdo de paz de La Habana es ms el resultado de la correlacin de fuerzas desfavorable para las FARC-EP [10] que de las necesidades o incluso del anhelo de transformaciones profundas del conjunto del pueblo colombiano, que ya est cansado que se le d ms de lo mismo. No puede ser el non plus ultra, el lmite mximo para las exigencias del pueblo, sino ms bien un mnimo que se debe superar, sin renunciar a lo bsico en que se ha avanzado en trminos de derechos. El inicio de los dilogos con el ELN plantea un escenario importantsimo que podra convocar una amplia convergencia popular para avanzar sobre lo que ya se ha construido en La Habana. Ellos han estado tomando notas de las negociaciones con las FARC-EP y las limitaciones que stas tuvieron: El ELN insiste que un proceso de paz que no incluya a las mayoras en su construccin, no llega a buen puerto, esas mayoras requieren que se cuente con ellas, no hay que tenerle miedo a la complejidad que significa una verdadera pedagoga para lograrlo. Se necesita es voluntad poltica, posturas incluyentes porque solo unos pocos no pueden lograrlo. Un conflicto social y armado de ms de medio siglo que involucra a toda la sociedad y donde los humildes han colocado el ms alto sacrificio no puede pretender resolverse en tiempos de conveniencia con clculos politiqueros ni exclusiones, es necesario aprender las lecciones [11] .

Este dilogo puede, eventualmente, llevar a un momento constituyente, pero en condiciones totalmente diferentes a las actuales, con un pas movilizado y que se haya apropiado de los contenidos de la paz que se pretende construir, que haya volcado en propuestas concretas sus anhelos, que no quedara a merced de la propaganda oficial o de los sectores ms reaccionarios.

El dilogo nacional como propuesta que puede y debe ayudar a superar la actual crisis

El dilogo nacional, amplio, incluyente y no solamente limitado a los representantes del uribismo, es antittico a ese pacto elitista, ese nuevo Frente Nacional que se pretende construir con el beneplcito del empresariado colombiano [12] . Las diferencias entre la paz santista y las correcciones uribistas no son tan grandes como nos quieren hacer creer [13] pero esa paz ni entusiasmar ni convocar a una poblacin que necesita saber qu es lo que la paz les tiene que decir como trabajadores informales, como jefas de hogar, como minoras discriminadas, como mayoras ignoradas, etc. Como lo plantea el mismo Ospina La paz que disean nuestras lites y su clase poltica es una paz para ellas, pero no para el pas. Ahora van a intentar montar otra vez el Frente Nacional () que Colombia se vaya preparando para quedar una vez ms por fuera del acuerdo entre los dirigentes, que cuando se odian es para ponernos a pelear entre nosotros, y cuando se unen es para borrarnos. Todava estn pensando que se puede hacer la paz sin empezar a corregir las tremendas injusticias que dieron origen a la guerra. [14]

La movilizacin popular y ciudadana que comienza a emerger podra ser la fuerza que evitara que este escenario escenario privilegiado por la oligarqua- se materialice. Pero esto depende no solamente de tomarse las calles, las cuales nunca debieron haber sido abandonadas despus del momento de movilizacin que se vivi el 2013 el cual fue desinflado por privilegiar una poltica electoralista desastrosa por un sector de la izquierda-, sino de saber entender a las masas como un actor en la creacin de su propio destino y no como un mero rebao al que acarrear para que apoyen tal decisin tomada de antemano a sus espaldas o para fortalecer la capacidad de negociacin de algunos dirigentes preclaros.

La movilizacin popular no debe ser vista como el acto pasivo de defender sencillamente lo que ya existe; hay que tocar las fibras del pueblo organizando su descontento, buscando interpretar sus profundas necesidades, desmarcarse de las lneas rojas del gobierno, buscar convertir una apuesta de nuevo pas en una propuesta de paz. Esta movilizacin debe convertirse as en un primer momento de este dilogo nacional, un momento en el cual se escuchen ahora s- todas las voces y en el que realmente se pueda meter pueblo al proceso de paz, como se deca a inicios del proceso de La Habana, y que no se logr hacer sino de manera muy limitada y casi que simblica pero ms vale tarde que nunca. El actual escenario de apertura de negociaciones con el ELN (negociaciones que nunca debieron haber ocurrido descoordinadas con las de las FARC-EP), as como las re-negociaciones del santismo con el uribismo, abren el escenario para facilitar este dilogo nacional, a travs de cabildos y procesos de construccin de mandatos populares desde las organizaciones. Esto no es desconocer lo que ya se ha avanzado en La Habana sino buscar salvar lo que hay de positivo en estos acuerdos, mediante su profundizacin y ampliacin desde los sectores populares. De hecho, aunque se critique la re-negociacin, independientemente de la voluntad de ciertos sectores de la izquierda, la renegociacin ya est en curso por parte de las elites del bloque dominante. Por eso es tan importante no permitir que el pueblo se quede por fuera de esos espacios y que sus propuestas sean incorporadas.

No dejarse imponer los ritmos de la politiquera

Un dilogo nacional requiere de tiempo, preparacin y dedicacin. Qu los tiempos apremian, gritarn desde el gobierno y desde los sectores dominantes. Qu esta propuesta tomara demasiado tiempo? Ac no se puede permitir que ante un tema tan importante como la paz en Colombia se siga jugando segn el calendario de las pretensiones personalistas de politiqueros. Los procesos de paz toman tiempo y es inaceptable que la mezquindad y el clculo poltico de las elites impongan ritmos y aceleradores en funcin, no de las necesidades del pas, sino de su propia agenda poltica. Que los empresarios llaman a acelerar el pacto nacional porque tienen urgencia de invertir en los territorios. Que Santos impone plazos de firma y refrendacin para cuadrarlos con las nominaciones del Nobel, y ahora quiere acelerar un acuerdo en el marco del post-plebiscito para cuadrarlo con su ceremonia de entrega en Oslo en diciembre. Que ahora empieza una carrera contra el tiempo porque Santos quiere pasar a la historia como el presidente de la paz, que Uribe est mirando las elecciones del 2018. Esta manipulacin de la politiquera ante un tema tan delicado debe ser rechazada frontalmente: nada es ms importante que lograr una paz sustentable, una paz que no sea la mera imposicin del bloque dominante. Las organizaciones populares, por su parte, no pueden tampoco estar bailando a toda hora al ritmo de la oligarqua. Ya se abus demasiado del acelerador: la paz tiene sus propios ritmos y nadie puede creerse con derecho a dictar segn sus urgencias particulares al conjunto de la nacin un acuerdo sacado a las carreras.

Esta leccin de que con la paz no hay que hacer las cosas a las carreras- debera haber sido aprendida. Pero no. Nuevamente se tratar de imponer un proceso exprs [15] mientras el premio Nobel de la paz (inmerecido) se siente con suficiente respaldo para poner lmites a la fecha del cese al fuego bilateral primero 31 de Octubre, despus 31 de Diciembre- como una manera de chantajear no solamente a la insurgencia, sino a todo el pas. Esto es inaceptable. Hay que exigir que se siga respetando el cese bilateral al fuego y que este se imponga desde el da uno de las negociaciones con el ELN. Nada ms de negociar en medio del fuego. Esto no es otra cosa que un chantaje armado del Estado, en medio de la balacera que sigue acallando voces del movimiento popular. Los tiempos que se requieren deben ser permitir discutir y organizar sin temor a las bombas.

Y la ltima leccin que es importantsimo adquirir en base a lo ocurrido el 2 de Octubre (y desde entonces), es sobre el carcter pluralista, amplio, profundamente democrtico y masivo que debe asumir este dilogo nacional. La paz con justicia social, si se alcanza, ser obra del esfuerzo popular o no ser, como lo seala el mismo ELN en su comunicado: Todas las organizaciones populares y sociales deben asumir este esfuerzo porque lo que no se consiga con la accin directa de las mayoras, no lo harn los que mal gobiernan a Colombia [16] . Es hora de aprender a confiar en el pueblo y no en el bloque dominante. Desafortunadamente, muchas veces la izquierda confa ms en los de arriba que en los de abajo; otras veces tienen ms facilidad para dialogar con la oligarqua que con otras expresiones de la misma izquierda. El resultado de esta predisposicin es la debacle que ha seguido al 2 de Octubre. Sera bueno dejar de insultar tanto al pueblo colombiano, como que fueran retardados, fanticos, guerreristas, etc. y escuchar un poco ms, dialogar ms, construir ms junto a ellos. Recuperar esa confianza en el pueblo y meterle pueblo al proceso, as como dejar de andar a la cola de Santos, hacindole la pelota y pensando que es el mesas que nos puede salvar del coco uribista. Ser difcil pero no queda de otra.

Notas:

[1] El peor escenario no fue, en realidad, el que se vivi el 2 de Octubre. El peor escenario hubiera sido un triunfo del SI con la misma magra participacin y con el mismo estrecho margen de victoria. En esa circunstancia hubiramos tenido una crisis de proporciones: con un acuerdo aprobado con las uas, con un uribismo agresivo y en las calles y con un acuerdo con escassima legitimidad. Como lo hemos dicho en ocasiones anteriores, el SI no tena solamente que ganar: tena que hacerlo por goleada. Cualquier otro resultado dejaba un manto de dudas sobre el acuerdo.

[2] De la misma manera, la campaa del SI tampoco estuvo exenta de manipulaciones, exageraciones y distorsiones: desde los que decan que no cambiara nada de nada hasta los que decan pues que esta era la compuerta para cambiar todo el pas.

[3] http://www.elespectador.com/opinion/el-pais-invisible

[4] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217877&titular=no-al-pacto-entre-%E9lites-s%ED-al-gran-di%E1logo-nacional-

[5] http://prensarural.org/spip/spip.php?article20307

[6] http://rebelion.org/noticia.php?id=217835

[7] Si analizamos framente, el M-19, el EPL y las otras guerrillas desmovilizadas en 1991, lograron mucho ms con su negociacin de paz pese a que militarmente eran mucho ms dbiles. No slo lograron amnista para ellas, sino que adems supieron encontrar la convergencia entre el momento constituyente que viva el pas en ese momento y su proceso de paz, con lo cual se convirtieron en artfices de la actual Constitucin aun cuando tampoco fueron capaces de afectar el modelo econmico, como tampoco lo afecta este nuevo acuerdo. Las FARC-EP, en cambio, terminaron sometindose al orden constitucional, y aunque lograron no pasar por la justicia ordinaria, para lo cual se cre el Tribunal de Paz, eso dista bastante de la amnista e indulto de procesos anteriores. Pese a todo lo que criticaron al proceso del eme desde ese entonces, terminaron con menos que ellos en su negociacin.

[8] http://www.semana.com/nacion/articulo/el-historiador-marco-palacios-habla-sobre-el-proceso-de-paz-con-las-farc/498445  

[9] http://www.razonpublica.com/index.php/conflicto-drogas-y-paz-temas-30/9709-si-pero-con-verraquera.html?utm_source=MadMimi&utm_medium=email&utm_content=S%C3%AD%2C+pero+con+verraquera_&utm_campaign=20160912_m134256818_S%C3%AD%2C+pero+con+verraquera_&utm_term=Daniel+Garc_C3_ADa-Pe_C3_B1a_

[10] Y de la dificultad o incapacidad para revertir esta tendencia durante el proceso y ganar respaldos fuera de sus reas tradicionales de influencia. Se gan mucho en trminos de respaldos al proceso de la comunidad internacional, pero poco se entendi el proceso adentro.

[11] http://rebelion.org/noticia.php?id=217835

[12] http://www.semana.com/nacion/articulo/acuerdo-de-paz-empresarios-convocan-a-un-pacto-nacional/498443

[13] http://www.semana.com/nacion/articulo/propuestas-de-alvaro-uribe-para-renegociar-el-acuerdo-final-con-las-farc/498453

[14] http://www.elespectador.com/opinion/el-pais-invisible

[15] http://www.elespectador.com/noticias/politica/los-tiempos-no-dan-hacer-un-proceso-muy-largo-frank-pea-articulo-660454

[16] http://rebelion.org/noticia.php?id=217835

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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