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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-10-2016

Poltica como cuidado para con el pueblo

Leonardo Boff
Koinoma


Pasaron ya las elecciones municipales en un contexto poltico dramtico, con un gobierno federal con baja credibilidad y con legitimidad discutible.

Gran parte de los polticos tienen como objetivo llegar al poder por intereses y una vez en el poder, promover la reeleccin. Muchos de ellos no viven para la poltica sino de la poltica. Se deforma as la naturaleza de la poltica como bsqueda del bien comn. Y lo que es peor, el poltico interesado se sita por encima del bien y del mal. Slo hace el bien cuando es posible y el mal siempre que sea necesario.

Pero es importante denunciar que se trata del ejercicio perverso del poder poltico. Max Weber en su famoso texto de 1919 a los estudiantes de la Universidad de Munich, desanimados por las condiciones humillantes impuestas por las potencias que vencieron a Alemania en la primera guerra mundial, La poltica como vocacin, ya haba advertido: Quien hace poltica busca el poder. Poder como medio al servicio de otros fines o el poder por s mismo, para disfrutar del prestigio que el poder confiere. Este ltimo modo de poder poltico ha sido ejercido histricamente por gran parte de nuestras lites a fin de beneficiarse de l, olvidando al sujeto y destinatario de todo poder, que es el pueblo.

Necesitamos rescatar el poder como expresin poltico-jurdica de la soberana popular y como medio al servicio de objetivos sociales colectivos. Slo este es moral y tico. Es imperativo, pues, contar con polticos que no hagan del poder un fin en si y para su provecho, ligados a procesos de corrupcin, tan largamente publicitados, sino una mediacin necesaria para realizar el bien comn, a partir de abajo, de los excluidos y marginalizados. El paleocristianismo llamaba a esto liturgia, que significaba: servicio al pueblo.

En este contexto queremos recuperar la figura sin par de poltico de los tiempos modernos que es Mahatma Gandhi. Para l la poltica es un gesto amoroso para con el pueblo que se traduce por el cuidado del bienestar de todos a partir de los pobres. l mismo confiesa: Entr en la poltica por amor a la vida de los dbiles; viv con los pobres, recib parias como huspedes, luch para que tuviesen derechos iguales a los nuestros, desafi a reyes, no s cuantas veces estuve preso. Lo mismo se podra decir de otra figura ejemplar, Nelson Mandela, que despus de decenas de aos de prisin super el apartheid de Sudfrica.

En estos tiempos de desesperanza poltica por causa del mucho odio que se extiende en la sociedad, y tambin por lo que no pocos denuncian como un golpe parlamentar-judiciario contra una presidenta consagrada por una eleccin mayoritaria, necesitamos reforzar a los gobernantes que se proponen cuidar del pueblo y hacer que el cuidado sea la lnea de conducta de la vida social en el municipio, en el estado y en la federacin.

A decir verdad, Brasil necesita urgentemente de quien cuide de los pobres y marginados. Lula y Dilma se propusieron intencionadamente cuidar y no administrar al pueblo, mediante polticas sociales de rescate de su vida y su dignidad. Actualmente predomina una poltica que cuida menos del pueblo y ms de los ajustes rigurosos en la economa, de la estabilizacin monetaria, de la inflacin, de la deuda pblica federal y estatal, de la privatizacin de los bienes pblicos y de nuestra alineacin con el proyecto-mundo. Todo esto se hace sin escuchar al pueblo e incluso en contra de derechos sociales a duras penas conquistados.

Que no se diga que tal diligencia representa el cuidado para con el pueblo. Cuidado meticuloso y hasta maternal lo hay, s, para con las lites dominantes, para con los bancos y para el sistema financiero nacional e internacional que tiene lucros exorbitantes.

En lugar de cuidado, en la poltica hay administracin de las demandas populares, atendidas de forma paliativa, ms para acallar la inquietud y ahogar la revuelta justa que para atacar las causas de su sufrimiento.

El cuidado para con el pueblo exige conocer sus entraas por experiencia, sentir sus llamadas, compadecerse de su miseria, llenarse de iracundia sagrada y escuchar, escuchar y una vez ms escuchar. Debera haber un Ministerio de la Escucha, como existe en Cuba. En este Ministerio deberan estar los discpulos de Paulo Freire y no los seguidores de Pavlov y de Skinner, maestros de una visin mecanicista de la vida humana.

Escuchar la saga del pueblo, sus padecimientos y sus esperanzas, las soluciones que encontr, el Brasil que suea. l quiere bastante poco: trabajar y con su trabajo dignamente pagado, comer, vivir, educar a los hijos, tener seguridad, salud, transporte, cultura y tiempo libre para seguir a sus equipos preferidos y hacer sus fiestas y msicas. Pero lo que ms quiere es dignidad y ser reconocido como persona y ser respetado.

El pueblo merece ese cuidado, esa relacin amorosa que espanta la inseguridad, proporciona confianza y realiza el sentido ms alto de la poltica.

Fuente: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=795


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