Portada :: Cuba
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-10-2016

Consistencia, desafos y peligros de la cultura cubana frente a las tcticas imperiales

Luis Toledo Sande
Rebelin

Base para la conferencia del autor sobre el tema, el 18 del presente mes, en la Fiesta de la Cubana, celebrada en Bayamo.


Ms que a una celebracin anual, la feliz expresin fiesta de la cubana merece dar nombre a una actitud cotidiana que ane jbilo y seriedad en el sentido de trascendencia que debe regir los actos mayores del pueblo cubano. Ese logro no cabe confiarlo a la espontaneidad. La cultura de Cuba tiene la fuerza heredada de su fragua: los preparativos y la lucha armada por la liberacin, de la cual, ya arrancada a un imperio, otro la despoj. No en vano su Da de bautismo honra a la primera guerra de independencia en que se alz la nacin que se gestaba, y al estreno en sus inicios, y ya con letra, de su Himno. Por ese camino se lleg a la victoria de 1959, que los gobernantes de los Estados Unidos se han negado a aceptar.

Todo eso es conocido, y merece conocerse cada vez ms. Pero la cultura cubana es relativamente joven, y ello, junto con los bros que la han mantenido viva y en desarrollo, suscita asimismo la falta del sedimento propio de culturas milenarias, y que pueden suplir la conciencia de lo que se es y se quiere ser, y el entusiasmo, pero no el embullo irresponsable, capaz de conducir a deformaciones y trampas funestas. Es necesario estar atentos a los peligros y a los desafos que la cultura cubana tenga ante s, y que la ciudadana deba vencer para cuidar lo que el lder de la Revolucin Cubana, Fidel Castro, ha llamado el escudo de la nacin.

Ahora que se habla de la posible normalizacin de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, hay muchas cosas en que pensar, o continuar pensando. Una de ellas, no por fuerza la ms importante, radica en cunto al imperio le convendra que, tras el hipottico y esperado fin del bloqueo contra Cuba llamada por el csar a olvidar la historia, como si el pasado no viviera en el presente y en la marcha de este hacia el futuro, se le concediera el derecho de seguir utilizando libremente, sin desembolso alguno, el cine de los Estados Unidos. A l, adems, como a todo lo del pas que representa, suele regalrsele el gentilicio americano, con lo que se acepta y que sea de modo inconsciente no mengua el peso del hecho la geofagia que desde su fragua aquella nacin abraz hasta en el idioma.

Propiciar que pululen pelculas del pas imperial en Cuba donde acaso tambin haya productos audiovisuales de factura nacional marcados por el influjo estadounidense la llenara de caballos de Troya portadores de mensajes. Ya prosperan confusiones hasta en planos tan sensibles y representativos como los smbolos. Para ahorrarme argumentaciones que estn en textos publicados me permito una autorreferencia bibliogrfica: antes y despus del 17 de diciembre de 2014 vengo insistiendo sobre el tema en artculos como Banderas nada ms?, Ms que banderas, Porque si est la bandera y, hace apenas das, Se trata de smbolos?. Se localizan con relativa facilidad en la red y, el primero de ellos, en la edicin digital y en la impresa de la revista Bohemia.

De distintos modos ataen a un tema que he tratado en ms artculos, como Cuba y los Estados Unidos: otra etapa, aparecido en Cubadebate escasos das despus de aquel 17 de diciembre, y reproducido en varios sitios ms. A partir de aquella fecha parece haberse disparado algo que vena de antes. El uso, bueno o malo, acertado o desorientado, de los smbolos remite a realidades que los desbordan, y en nuestro caso, se mezcla con muestras de trato irrespetuoso a la bandera y al Himno de la patria la invasin del pas por banderas estadounidenses. Ante ello sera irresponsable permanecer indiferentes. Pero ya el hecho se observa, cada vez ms, hasta en vehculos de propiedad social que se usan no solo en dependencias subalternas, sino en organismos centrales del Estado.

Para no decir otra cosa, sera candoroso menospreciar semejante seal, y asumir que lo que se despliega en automviles o se lleva estampado en prendas de vestir, en el calzado y en otros artculos, es no ms que la bandera de un pueblo. Por esa condicin merece respeto, s; pero dicho pendn es tambin, sobre todo oficialmente, el de la potencia que ha generado y genera guerras de rapia en todo el mundo, y ha intentado estrangular a Cuba por hambre para que se rebele contra el afn socialista y retorne al capitalismo.

Ese es el fin perseguido por el bloqueo econmico, financiero y comercial que perdura y ha tenido consecuencias calamitosas para la economa y el pensamiento del pas bloqueado. Los estragos en la primera se han contabilizado en cifras colosales, y en el segundo han funcionado de dos modos contradictorios pero que se refuerzan mutuamente: de un lado, la idea de que las carencias sufridas por Cuba se deben a causas internas; del otro, la inercia generada en la justificacin de deficiencias propias que no siempre ni por completo se deben al bloqueo.

Pero el bloqueo no ha sido la nica accin del imperio contra Cuba: le ha hecho sufrir asimismo una invasin armada, bandas de alzados criminales, ataques terroristas como el de Barbados y otros hechos sangrientos. Tal es el imperio cuyo csar anunci en 2104 que esa poltica no ha dado los resultados que sucesivas administraciones en su potencia esperaban, por lo cual l y su equipo encarnacin de una lnea que viene dando tumbos por lo menos desde John F. Kennedy pero no ha podido imponerse sobre la ms burda y retrgrada entienden necesario buscar otra tctica, para conseguir los mismos fines. As lo ha dicho el propio csar, desfachatadamente, como corresponde a un emperador. Si hay quienes optan por dejarse engaar no es responsabilidad de ese mandatario.

Reconocer que Cuba necesita el levantamiento del bloqueo, y el cese definitivo de otros crmenes que ella ha venido padeciendo, no obliga a ignorar los rejuegos del imperio. Para vendernos las tcticas de la zanahoria y disimular las del garrote visit el csar La Habana este ao. Me hallaba entonces en Espaa, y algunas personas amigas, solidarias con Cuba pero a menudo con la vista empaada por la distancia y por vivir otras realidades, me preguntaban si tal visita nos hara dao. Les responda en dos partes. La primera: Confo en la mayora de mi pueblo y en nuestra historia revolucionaria. La segunda: Espero que la visita no nos dae ms que el bloqueo.

En ambos casos fui sincero. Pero, estando donde estaba, confieso que no pude sustraerme a recordar una frase que el escritor espaol Manuel Vzquez Montalbn acu para comparar el odioso rgimen franquista con las ilusiones propaladas por una transicin democrtica que algunos han llamado transaccin: Contra Franco estbamos mejor. Cuba merece que su pueblo logre librarse del bloqueo sin aceptar derivaciones por las cuales se pudiera decir luego: Contra el bloqueo estbamos mejor que sin l.

Tambin sinceramente creo que el csar obtuvo logros con su visita. Bastara saber que, gracias a nuestra televisin no a la que ofende con su nombre a Jos Mart, entr en los hogares y escenific su papel de tipo simptico. Algn comentarista, en opinin difundida en un medio digital nuestro, lleg a sostener que mereca ese premio por haber venido a Cuba a traernos paz. Y de una cita que el csar hizo del artculo Tres hroes, de La Edad de Oro, una cubana dijo a una agencia de prensa de otro pas que el gobernante imperial haba venido a descubrirnos un Mart que ignorbamos.

As dijo, a pesar de ser un texto martiano tan conocido, en particular la cita: Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresa, una mxima que, por si alguna vez alguien la hubiera olvidado, deberamos poner en el prtico de nuestra Constitucin socialista junto a otras palabras de Mart que all ocupan merecido espacio. Ante actos de alabarderismo como aquellos mencionados, indignarse sera poco para un patriota consciente, aunque vinieran de la ignorancia, y no cabe la resignacin de considerarlos casos aislados, porque no es seguro que lo sean tanto como quisiramos.

Otras expresiones verbales y fcticas hablan tambin de la existencia de hijos e hijas de Cuba prestos a dejarse confundir por la prdica cesrea. Que sean una minora no es motivo para desconocer ese hecho o restarle importancia. Con razn esas actitudes se han percibido relacionadas con la posibilidad de ver en el csar un salvador, en el camino abonado por la cultura imperial desde los muequitos hasta el cine, pasando por cuantos terrenos haya podido ella pisar, muchas veces con destripamiento de indios y negros.

Honestidad le faltar al csar, no astucia. Hace poco tiempo visit Japn, y, aunque en plena ceremonia protocolar un ministro local le record abusos cometidos por militares de los Estados Unidos en Okinawa, evadi el elemental deber de pedir perdn al pueblo japons por hechos tales y, sobre todo, por la barbarie de Hiroshima y Nagasaki. Pero, de haber pedido perdn, habra sido sincero? De paso por Vietnam, no coquete aviesamente con ese pas, al que la potencia del Norte y sus aliados quisieran utilizar contra China? El tema dara para mucho ms, pero apntese que a la patria de Ho Chi Minh, tan castigada como fue por la salvaje agresin del imperio, al que derrot, el csar intent camelarla citando supuestos o reales elogios hechos a su arroz por Thomas Jefferson.

Si avala lo dicho sobre un cereal por ese poltico uno de los fundadores de la nacin construida a base de usurpaciones que empezaron por los territorios de los pobladores originarios, y se explayaron,   no cabe suponer que abraza tambin su idea, plasmada en 1820, pero incubada desde antes, segn la cual Cuba deba pertenecerles a los Estados Unidos? El entonces presidente de ese pas, y autor de su Declaracin de independencia , no se qued en la idea: le instruy a su secretario de Guerra tomar a Cuba cuanto antes. Tal pensamiento dio origen, en 1823, a la formulacin de la llamada teora de la fruta madura y, en 1898, a la intervencin que le arrebat a Cuba el triunfo que ella haba probado merecer contra el colonialismo espaol.

Hoy la invasora presencia de la bandera de los Estados Unidos en Cuba rinde tributo factual a ese pensamiento. A quienes dicen que la exhiben porque les resulta difcil adquirir una ensea cubana, les vamos a creer, aunque tal dificultad sea cierta? Si ostentan la de los Estados Unidos, aman tanto la de su patria? Fuera del uso atenido a protocolos oficiales, otros motivos para tal exhibicin puede haber, y ninguno debe resultarnos indiferente. Si es fruto de la indolencia, o del desconocimiento de lo que esa bandera significa para Cuba, algo anda mal en nuestra educacin y en nuestra propaganda poltica, y en parte de nuestro pueblo. Si la causa es simpata por el imperio, estamos en presencia de una actitud que lleva por directo o viene de l al deslumbramiento filoanexionista, si no al anexionismo con todas sus letras, que es harto peligroso.

Cabe insistir en que la anexin est condenada al fracaso, porque, aunque eso ocurra desde perspectivas opuestas, contra ella actan el pensamiento patritico y revolucionario y el propio imperio: el primero, por su naturaleza independentista y antimperialista; el segundo, porque no est interesado en anexarse pueblos que considera inferiores, sino en someterlos como colonias, y saquearlos. Pero el anexionismo les abre el camino a las actitudes e ideas lacayunas y antinacionales, y eso basta para que sea necesario combatirlo.

El imperio no cesa en el afn de minar ideolgica y culturalmente a Cuba para doblegarla. Mantiene el bloqueo en sus columnas principales; con la decisin del propio csar revalid hace pocas semanas la Ley de Comercio con el Enemigo, que data de 1917 y da base al bloqueo; sigue aplicando la llamada Ley de Ajuste Cubano y los engendros asociados a ella; ni admite poner en discusin al menos de modo que llegue a ser noticia la devolucin del territorio de Guantnamo ocupado contra la voluntad de Cuba. Adase que hace apenas unos das el imperio confiri rango de embajador al mximo representante de su embajada en La Habana, investido hasta entonces como encargado de negocios, asimetra irrespetuosa con respecto a Cuba y su representacin en Washington.

Fuentes del imperio mismo revelan planes para quebrantar nuestra sociedad civil y ponerla a su servicio. En estos das se conoci pblicamente el informe de 2015 de la denominada Fundacin Nacional para la Democracia, con una larga lista de frentes en los cuales proclama lo que invierte el gobierno de los Estados Unidos en busca de que Cuba tenga la sociedad civil que a l le interesa. Con sus particularidades, esa Fundacin, al igual que instituciones del tipo de la Agencia para el Desarrollo Internacional y World Learning, son tan brazos del imperio como la CIA y la OTAN, y parte de la maniobra imperial, so pretexto de intercambio acadmico, estriba en organizar cursos para formar lderes jvenes contra el proyecto socialista cubano.

La reaccin de nuestro estudiantado, con sus organizaciones al frente, ha sido clara. Pero debemos suponer que representa por igual a la totalidad de los estudiantes y de la poblacin? Sera sensato considerar que los planes del imperio no han tenido ningn xito en nuestra sociedad? Si los ha tenido, urge revertirlos. Habra que hurgar en determinados rganos o sistemas de informacin llamados independientes pero financiados por fuerzas hostiles a la Revolucin Cubana. Esos rganos o sistemas aprovechan, entre otras cosas, reales o supuestas deficiencias de nuestra prensa, que no debe compararse con la inmoral del capitalismo, y s perfeccionarse, como reclaman el pueblo y la direccin revolucionaria.

La lucha, ni fcil ni corta, solo terminara con la desaparicin del imperio, la cual no est a la vista, o con el sometimiento de Cuba, y eso nos toca a nosotros impedirlo. La proliferacin de la bandera estadounidense tendr distintas implicaciones, y dos de ellas no son equivalentes pero tienen concomitancias entre s, o todo un conjunto interseccin: de un lado, la idealizacin de los Estados Unidos; del otro, la marginalidad presente en nuestro cuerpo social. Esta concierne incluso a la formacin del gusto, que no siempre ni bsicamente es cuestin de responsabilidad individual. Corresponde a la sociedad en pleno y a sus instituciones de informacin y educacionales, y al mercado, que a veces parece que, en cuanto a ropa, abona lo que pudiramos llamar esttica jineteril.

Probablemente entre marginales proliferen ms que en cualquier otro mbito la bandera estadounidense y referencias a ella en prendas de vestir o modos de llevarlas que estn lejos de evidenciar buen gusto. Pero entre nosotros la marginalidad requiere una valoracin particular y a fondo. Si la entendemos como el sector que se autoexcluye del centro de un proyecto social determinado, hallaremos marginales de cuello blanco, muy bien vestidos, y otros que habra que ubicar muy cerca o de lleno en el lumpen, que en nuestra sociedad a veces parece ocupar espacios centrales y arrinconar a las personas decentes.

Eso quizs no pueda saberse bien, o se tendr solamente como un dato ms o menos abstracto, si no se frecuentan nuestras calles ni se usa el transporte colectivo, que viene a ser como una universidad sociolgica itinerante. Por lo menos en la capital del pas los mnibus llamados urbanos merecen ese nombre por las zonas donde circulan, no porque los caracterice la urbanidad. Acaso el mal entendido igualitarismo ojo: no esgrimirlo contra la aspiracin de alcanzar una justa equidad haya propiciado que se le d a la chusma espacios que no le pertenecen ni se le debe permitir que domine.

Jos Mart, quien ech su suerte con los pobres de la tierra lejos de proclamarlo como simple consigna, opt por ser pobre cuando pudo haber sido rico, en 1880 dijo: Ignoran los dspotas que el pueblo, la masa adolorida, es el verdadero jefe de las revoluciones. Y fue tambin el revolucionario que en 1887, ante el drama terrible que en los Estados Unidos generaba la represin antiobrera, escribi que aquella repblica, devenida cesrea, se confabulaba y pona sus recursos en funcin de aterrar [] no a la chusma adolorida que jams podr triunfar en un pas de razn, sino a las tremendas capas nacientes.

Cabra meditar sobre cunto es probable que en ocasiones hayamos dejado de ser un pas de razn. Aqu la chusma, ni siquiera ya adolorida o no ms adolorida que el pueblo que trabaja, padece penurias y se esfuerza por salvar la patria, emerge y contagia. A niveles colectivos ello se aprecia en el apogeo de la grosera, en una creciente prdida de la fineza, cualidad que ha sido una de las caractersticas de la cultura cubana hasta en sus expresiones ms populares. Se manifiesta incluso en el doble sentido cultivado por compositores como ico Saquito o El Guayabero, y que ya parece pensado para nios y nias ante la andanada de groseras que prosperan en hombros del peor reguetn, y valga lo de peor, porque ningn gnero est fatalmente llamado a ser grosero. Si la vulgaridad pulula, bsquese la explicacin en la sociedad, no en una expresin musical determinada.

Sera terrible que lo cubano terminara confundido con la vulgaridad. Pero eso, ms que un peligro, es a veces un hecho, y la cultura cubana necesita salvarse de todo aquello que la ponga en peligro, aunque sea porque niegue la fineza de su alma popular. En esta parte retomo y amplo puntos de una entrevista que a finales de septiembre o inicios de octubre circul en Cubarte. En ella, para la que respond un cuestionario de la periodista Astrid Barnet, roc elementos concernientes a la cubanidad y la cubana, y a circunstancias que pueden abonarlas o empobrecerlas.

Si conceptos que pudieran descansar en sus soportes naturales textos especializados y otros por el estilo saltan de esos sitios y se agitan reclamando atencin, probablemente sea porque las circunstancias demandan reflexionar sobre su significado, sus implicaciones y sus exigencias. Eso ha venido ocurriendo en torno a expresiones empleadas en 1949 por Fernando Ortiz en su conferencia Los factores humanos de la cubanidad, en la cual defini ese concepto y otro afn, la cubana. Es ms o menos sabido que aquel concierne a la condicin genrica objetiva, digamos del ser cubano, mientras el segundo remite a esa condicin asumida en el plano afectivo, emocional, con capacidad para ejercerla. Es cuestin de idiosincrasia, sicologa y querencia.

Para Cuba y su cultura la cubanidad y la cubana son vitales, y no deben tomarse con chovinismos patrioteros, pero s con patriotismo, con orgullo natural y frtil en una nacin formada en lucha o resistencia contra imperios. La ausencia de patriotismo refuerza peligros diversos, mxime cuando no se vislumbra el triunfo a escala planetaria del internacionalismo liberador, y en su inmensa mayora los pueblos viven amenazados por unas pocas potencias que obedecen a una de ellas, cuartel general de un imperio todava hegemnico, o dominante al menos. Su declive, ya en marcha, se vislumbra largo: ha usurpado recursos que le permiten perdurar y seguir influyendo sobre el resto del mundo.

No solamente goza de podero econmico, militar y poltico. Su industria del entretenimiento y de la moda le aporta frutos que, comoquiera que merezcan ser considerados razones sobran a veces para calificarlos de anticulturales han tenido xito en el plano cultural. Con ello ha conseguido que su cultura muchos la tengan por paradigmtica, como si fuera, sin ms, la cultura del mundo.

A la cultura cubana le urge librarse de esas expresiones colonizantes, y de las andanadas de la vulgaridad. As como el robo es objetivamente ms contrarrevolucionario que una consigna contrarrevolucionaria escrita en una pared, la grosera es profundamente anticultural, contraria a la mejor cubana, y no se debe seguir permitiendo que los cultores de lo grosero acten a sus anchas para que no se revuelvan polticamente, porque su vulgaridad, como el robo, es contraria a la Revolucin y a la convivencia bien educada que ella necesita, debe y merece fomentar.

La cubanidad es un hecho objetivo, ni siquiera limitada a revolucionarios. Puede hallarse en personas que no compartan no digamos ya la aspiracin socialista, sino un pensamiento opuesto al neoliberalismo, al culto de la propiedad privada. Pero la cubana, en la que tambin caben matices polticos diferentes aunque aspiremos a que en ella prime el patriotismo revolucionario solamente puede vivir de la alegra y el orgullo de ser cubano, o cubana, y esa actitud, que no se ha de confundir con banalidad y chapucera, no se da gratis ni de modo automtico en todas las personas que son objetivamente cubanas.

Las penurias materiales generan una miseria que infecta la esfera espiritual, y puede menguar la plenitud que la cubana requiere para ser verdaderamente firme y constituir una fuerza capaz de enfrentar desafos, confusiones, maniobras imperiales y otros retos. Si extranjero, palabra que naci con intencin ms bien insultante excluyente al menos, como forastero y fuereo, sin olvidar brbaro se convierte en un rtulo parecido al nombre de un oficio rentable, algo puede lacerar la cubanidad y, sobre todo, la cubana.

Especialmente contra la segunda pueden operar las carencias, las privaciones que no todas las personas asumen con igual actitud, con la misma entereza, sin dejarse aplastar por ellas y manteniendo una mxima que era orgullo de las mejores expresiones de cubanos y cubanas: ser pobre, pero honrado. Esa dicotoma valdra la pena replantearla de un modo ms orgnico: ser pobre y honrado, sin olvidar que el desidertum digno no est ni en la riqueza opulenta ni en la miseria, y que la prosperidad material vale poco y se sostiene mal si no se acompaa de la prosperidad de las virtudes, de la utilidad de la virtud, la que Mart quera para su Ismaelillo, que en l, todo un Ismael fundador, sera de hecho el pueblo y la repblica a cuya fundacin se consagraba, no solo su hijo carnal.

En un terreno donde la individualidad desempea un papel tan relevante pueden causar estragos los males fomentados por el bloqueo y otras acciones del enemigo; pero tambin se puede sufrir el efecto provocado por decisiones internas que, aunque fueran ineludibles o se estimara que lo son, dejan secuelas deplorables. Pensemos en lo que significa, en el pas del Nicols Guilln de Tengo, prohibir a sus naturales entrar en hoteles. Esa prohibicin se derog hace aos ya, felizmente; pero no tienen por qu haber desaparecido sus huellas, y los peligros acechan por distintos caminos, como contratar, para construir en Cuba, a obreros de otras naciones que as reciben, aunque explotados por empresas extranjeras, beneficios econmicos que los trabajadores y trabajadoras del pas necesitan.

Esa contratacin podr ser incluso legal lo que llamara a revisar leyes y reglamentos, y tal vez se requiera en algunas especialidades de la construccin, aunque Cuba ha sido capaz de exportar fuerza de trabajo para construir en otros pases. Pero no dejar de tener efectos nocivos, mxime cuando en la realidad, o en la imaginacin a veces tan influyente como los hechos, o ms, la opcin se explica por la falta de trabajadores cubanos capaces de construir con altos niveles de calidad, y an peor si se dice que en general no son confiables, porque roban.

Semejante generalizacin, como otras, ser injusta; pero ello no borrara la evidencia de que el pas est urgido de sanearse en el plano tico, sin el cual ninguna esfera de la sociedad estar bien plantada. Y esa no es una meta que empiece y termine en abstracciones: incluye fomentar, junto con la honradez personal y colectiva, y la pericia en oficios y profesiones, el hbito y la disciplina laborales, imprescindibles para crear los bienes materiales necesarios y nutrir la moral cotidiana. Si el trabajo no es la fuente principal de la existencia y del bienestar, el funcionamiento de la sociedad ser, cuando menos, fallido.

Lo indeseable que se ha dicho en los prrafos precedentes, y a lo cual seguramente habra que aadir otros elementos, es peligroso para un pas que se ha forjado, y se ha hecho su lugar en el mundo, a base de luchar contra el colonialismo y contra el imperialismo. Estos, aun vencidos, pueden dejar huellas y esporas de su herencia, incluidos los complejos de inferioridad que en tales circunstancias prosperan de modo sostenido en algunas mentes. Quin sabe si no en pocas.

Con respecto a eso, hay una realidad sobre la cual una afirmacin categrica no podra hacerse sin la debida investigacin. Pero no parece aventurado relacionar la proliferacin de banderas de los Estados Unidos en Cuba con la cantidad de personas, no solo jvenes, que aqu como en otras latitudes cifran sus esperanzas en emigrar al mismo pas imperial que ha agredido y bloqueado a Cuba, pero que, poderoso como es, mucho ha invertido en dar una imagen amable de s mismo, la imagen con que se enmascara una potencia que en realidad siembra muerte y saqueo en todas partes. La cifra de personas que ven en los Estados Unidos la solucin de sus problemas, no encarna un logro visible del llamado sueo americano, traduccin mecnica de American dream, que debera pasarse al espaol como sueo estadounidense?

Antes cargbamos la mano al estimar que la emigracin a los Estados Unidos era de carcter poltico, y quienes se iban para all eran aptridas que no pasaran de lavaplatos. Soslaybamos que ningn trabajo es de suyo indigno, y que el imperio invertira para beneficiar interesadamente, y enfrentarlos a la Revolucin, a los cubanos y cubanas que llegaran a l. Ahora tal vez incurramos en otra valoracin simplista: dar por sentado que la emigracin responde solo a causas econmicas. En ltimo caso, si es poltica, debe alarmarnos, porque habla de contradictores, para no decir enemigos, del proyecto revolucionario; y, si es econmica, tambin, porque habla de penurias materiales y de un funcionamiento que el pas no ha alcanzado, y necesita que sea cotidiano para ser no solo prspero y sustentable, sino tambin vivible con alegra.

Impedir ese logro ha sido uno de los propsitos del bloqueo imperialista, pero la nacin cubana tiene el deber de revertir los efectos de tal propsito, exista o no exista el bloqueo. Es, al menos, un desidertum ineludible. Y el sentido comn, no solo el marxismo que a veces parece que olvidamos, a cada paso muestra que la poltica y la economa son inseparables. Cuando se les intenta desvincular, se corren peligros como sucumbir a un politicismo dogmtico, desmedulado de realidad, o a un pragmatismo que est lejos de representar propiamente las aspiraciones revolucionarias y emancipadoras, el afn de independencia, soberana y justicia social.

Hacer que el pas sea vivible supone crear condiciones para que permanecer en Cuba resulte atractivo, amable, y no parezca un sacrificio al que solo estn dispuestos quienes sean revolucionarios verdaderos. La vanguardia revolucionaria se esforzar por mantener en pie a la nacin, con soberana y con equidad. Pero no todos los pobladores del pas estarn en la vanguardia, y esta, por serlo, lo ms probable es que sea minoritaria, o no alcance la cifra que, ms a base de deseos que de datos, le atribuimos.

Si la cubana se quiebra por indiferencia ante los valores que la nutren, o estos se ignoran, hay motivos para preocuparse, porque no solo estar en peligro un sentimiento: lo estarn la cultura de la nacin, y la nacin misma. Sin esa cultura Cuba no sera la que deseamos que exista y perdure, y que debemos defender, cultivar como realidad emancipadora en desarrollo, no como fantasmagora de nociones propaladas por el imperio y sus voceros.

Lo hasta aqu dicho no hace ms que insistir en la voz de alarma que numerosas personas han venido dando, durante aos ya, desde posiciones y ngulos diversos. Pero urge acometer la accin necesaria para hacer frente a la realidad descrita, para no confiar a un rumbo espontneo lo que debe ser objeto de la conciencia y de la direccin de la sociedad. Por ello esta intervencin termina glosando dos de los mensajes que le llegaron al autor a propsito del texto Se trata de smbolos?, escrito para el espacio Dialogar, dialogar y ya mencionado. No revelo los nombres de sus remitentes, porque no les he pedido autorizacin para hacerlo.

De la ciudad histrica y heroica, Monumento Nacional, donde estamos reunidos, me lleg, y ahora lo resumo, este criterio de una compaera: el discurso de la preocupacin por el mal uso de los smbolos y por el destino del pas debera interiorizarse en el dilogo con las personas que tienen responsabilidades en las diferentes esferas del Partido y del Gobierno en todos los territorios del pas, para pasar resueltamente de la preocupacin y la alarma a la accin contra lo mal hecho.

Y de un colega de la propia Habana, y con reconocida autoridad intelectual, son unas lneas que despojo de algunos adjetivos y juicios y dejo en puro hueso: Ayer iba a Dialogar, dialogar , pero a ltima hora la salud me impidi hacerlo. Sent mucho no acompaarlos. Es muy impresionante que contemos con tanta riqueza de conciencia y de revolucionarios de verdad, y no se emprenda una batalla ideolgica para salvarnos.

Ciertamente a veces se percibe una pasividad que, para decirlo con una expresin frecuente en tiempos de mis padres, da grima. Como si el recuerdo de excesos interdictivos en que alguna vez incurrimos nos hiciera tener un paralizante complejo de culpa. Sin practicar contraproducentes caceras de brujas, urge la batalla necesaria para enfrentar y vencer las tcticas imperiales enfiladas contra la nacin cubana y la cultura patritica, revolucionaria, justiciera y fina que, junto con la accin de armas y de pensamiento le permiti a este pas conquistar la dignidad de sus hijos y sus hijas, y lo elev al sitio con que gan la admiracin del mundo. Descender de esa altura sera una desercin imperdonable, un acto de lesa patria, cuando menos, y no podemos permitirnos un despropsito semejante.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter