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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-10-2016

Esta vez no tendrn una izquierda de orden

Alberto Garzn Espinosa
eldiario.es


Lo que conocemos vulgarmente como poltica no es otra cosa que un gran escenario teatralizado donde se suceden los personajes, las mscaras, los relatos y tantos otros componentes de la interpretacin. En ese escenario cobran especial importancia los discursos, la retrica, las habilidades de unos y otros para seducir o para hacer rer y llorar; para ganarse al pblico, en definitiva. En ese plano todos parecen iguales -pues todos juegan a lo mismo- aunque el guin otorgue papeles desiguales. Y siempre hay oportunidad para los giros argumentales en esta obra sin fin. Si el espectador se despista, todo lo que ve le parecer real y sincero y no percibir que es, en realidad, un escenario.

Partido Popular y Partido Socialista son dos de esos personajes. Sus papeles son polifacticos y controvertidos pero se reconocen mutuamente como perfectos antagonistas. Y es precisamente ese rol, el del antagonista, el que ha nutrido de coherencia, y de seguidores, a ambos personajes. Sin embargo, un fino analista siempre habr de mirar hacia los bastidores, pues nunca es oro todo lo que reluce.

Tras la crisis econmica de 2008 una contradiccin emergi sobre el sistema poltico espaol. La costura de la bambalina se resquebraj, y la obra de teatro colaps parcialmente. Los espectadores empezaron a ver lo que haba detrs. Tras el 20 de diciembre de 2015 la presin se focaliz sobre el PSOE, ahora necesitado de ciertos giros argumentales para no revelar su verdadera naturaleza, esto es, para no reconocer que estaba actuando, que era un personaje. Pero diez meses ms tarde, el 23 de Octubre de 2016, el PSOE tir la toalla. Definitivamente, dijo, era imposible encontrar un nuevo papel como protagonista principal.

Erraramos el tiro si as creysemos que hablamos slo de una cuestin literaria. En sus anlisis de la coyuntura poltica francesa del siglo XIX, un lcido Karl Marx defendi que la poltica es representacin, escenario de interpretacin, como contracara de lo que sucede en la base material de la sociedad. Los partidos polticos se disputan su base social en torno a discursos y representacin, pero tienen una correspondencia con lo que sucede en la realidad material, esto es, en la economa. Marx neg que existiera una correspondencia exacta, as que hoy en da el PP no sera exactamente el partido de los grandes empresarios como tampoco el PSOE lo sera de los trabajadores. Las cosas son ms complicadas.

El personaje del PSOE ha tenido desde siempre un papel de defensa de los trabajadores, y esto le ha permitido despertar las simpatas de una base social muy amplia en el sector de la izquierda sociolgica. Pero cuando el espectador comprueba que detrs de bastidores lo que hay es una incongruencia, una contradiccin, con lo que l vea y escuchaba, una crisis particular emerge. As sucedi en mayo de 2010, con los recortes de Zapatero; en agosto de 2011, con la modificacin de la Constitucin; y ahora en octubre de 2016 con la investidura a Rajoy. El desgaste es progresivo, y sin embargo rpido. No obstante, an quedan muchos cuadros que se rebelan y defienden una posicin de congruencia entre relato y realidad, como tambin quedan militantes que cantan la Internacional a las puertas de Ferraz esperando que no sea real, que no sea verdad, lo que han visto tras el teln.

Un fino analista, como deca, debe ser capaz de ver y estudiar todo lo que est a su alcance, con el objeto de evitar ser engaado por trucos de prestidigitacin y elocuencia. Si uno obra as habr tenido oportunidad de comprobar, por ejemplo, quin manda realmente en el PSOE. Pues no es la base social, ni la militancia ni tampoco los cuadros que an creen en el relato. Es la oligarqua que, como ya advirti Robert Michels all por 1921, gobierna de facto todos los partidos de masas en su poca de madurez. El tipo de organizacin, jerrquica y clientelar, define los mrgenes de actuacin de unos y otros en el seno de los partidos polticos modernos y, en suma, concede a la oligarqua una suerte de capacidad extra para imponer decisiones polticas. No quiere esto decir que dichas decisiones no tengan costes, o que tal oligarqua no sepa verlos, sino que, sencillamente, hay personas con ms poder que otras. Es ms, con un poder clave.

Y quin hay detrs de la estructura del PSOE? Pues una lite, estructurada en torno a Felipe Gonzlez y su crculo de confianza, ideolgicamente reunida en la convencida defensa del rgimen econmico-poltico espaol nacido en 1978. Las relaciones de estas personas con el mundo empresarial son harto conocidas, bien porque durante los aos de gobierno se entrelazaron hasta niveles obscenos, como el caso de las puertas giratorias, bien porque actualmente son los puentes entre el poder institucional del PSOE y las grandes empresas. En realidad, no es casualidad que las grandes empresas andaluzas no hayan apostado nunca por el PP andaluz; no les resulta necesario, all su mejor representante es el PSOE de Susana Daz. Por eso detrs de las bambalinas lo que vemos es a un apuntador, que resulta ser el mismo para el personaje del PP que del PSOE! He ah nuestra actual sorpresa, siguen el mismo guin, al mismo guionista, al mismo dramaturgo!

En El 18 brumario de Luis Bonaparte, Marx puso de relieve la contradiccin que emergi durante la breve II Repblica francesa (1848-1852) cuando dos grandes partidos, los orleanistas y los legitimistas, ambos monrquicos, se unieron en lo que se llam el Gran Partido de Orden. Hay dos aspectos simblicos en aquel caso histrico. En primer lugar, ambos se unieron a pesar de representar a sectores sociales distintos, pues unos representaban a la burguesa financiera y otros a los terratenientes. En segundo lugar, aunque ambos eran monrquicos, cada uno de ellos defenda una dinasta distinta. Sin embargo, el terreno de juego de su unin fue el de la repblica! Marx no tena ninguna duda de la razn que les haba unido en tan contradictorio matrimonio: el Orden. Es decir, el Orden frente a los socialistas y sus revoluciones.

Es fcil ver cmo, en realidad, lo que hemos llamado el bipartidismo no deja de ser otro Gran Partido del Orden a la espaola. Ahora bien, esto no es, tampoco, una novedad. Dejando de lado lo sucedido en las ltimas dcadas, en las que ambos partidos se han puesto de acuerdo o ms an: trabajado codo con codo- en relacin a temas de crucial importancia, como la construccin europea o la consolidacin del modelo de crecimiento espaol, tenemos un ejemplo notable en el marco de la crisis econmica. Hemos apuntado ya algunos ejemplos, pero convendra recordar que cuando Susana Daz intent por primera vez expulsar a IU del gobierno andaluz, en el caso de los desahucios de La Corrala, lo hizo en nombre de la estabilidad. Con estabilidad decan orden, y con orden decan rgimen del 78.

Para algunos observadores puede ser llamativo que en los ltimos meses Susana Daz haya recuperado la figura de Carrillo. Lo hizo durante la campaa electoral y lo hace a menudo. En realidad elogia a Carrillo porque ste tambin fue de orden, es decir, defensor del rgimen aunque por motivos bien distintos. Susana no da puntada sin hilo y trata de seducir, subida de nuevo en el escenario, a los neocarrillistas que, conscientemente o no, no apuestan o incluso rechazan la ruptura democrtica.

Y aqu es donde llegamos a la ltima parte de esta breve historia. A lo que sucedi entre diciembre de 2015 y octubre de 2016. Diez meses que han dado para mucho. En este tiempo la contradiccin del PSOE, que es la contradiccin del rgimen, ha aguantado echando la pelota hacia delante. Es ms, intentaron un giro argumental, muy bien pensado por cierto, segn el cual era posible seguir siendo antagnico al PP sin, en cambio, ser alternativa real. La alianza con Ciudadanos, partido comodn, era el ltimo refugio que le quedaba al PSOE antes de enfrentar definitivamente la contradiccin. El PSOE movi cielo y tierra, y los mismos altavoces que ahora han descabezado a Snchez fueron entonces los que trataron de alentar la salida reformista dentro de Izquierda Unida y de Podemos; los mismos que criminalizaron las posiciones rupturistas o radicales de nuestras organizaciones. Los mismos que, como Susana Daz, consideraron que los Maillo, Garzn o Iglesias ramos el problema por ser los radicales. Si no hubiramos aguantado, si hubisemos cedido a la presin y a la tensin, el PSOE nunca hubiera tenido que enfrentar realmente su contradiccin y el rgimen habra salvado la situacin temporalmente.

Pero no ha sido as. La bambalina est ya en los suelos y el escenario poltico ha dejado paso a la realidad material. Detrs de Pedro Snchez haba una oligarqua, y detrs de ella estn las grandes empresas. Todos ellos aparcan ahora sus diferencias, sean del tipo que sean, porque lo que ms importa es el Orden. Su Orden, su Rgimen, su corrupcin, sus negocios, su riqueza. El aparente antagonismo del relato ha cado, y hemos visto otro antagonismo, ms crudo, ms directo y ms real: el de las verdaderas formas de representacin en que se organizan las clases sociales en nuestro pas. Nuestro turno, por lo tanto, es ahora. Con las bambalinas en el suelo nos toca romper con este guin de farsantes, recomponer los imaginarios para que obedezcan a la cruda realidad y sobre todo ser voz y cuerpo de nuestra clase social, de las millones de personas que sufren las consecuencias de la crisis y del capitalismo.

Alberto Garzn Espinosa. Coordinador federal de IU y portavoz adjunto de Unidos Podemos en el Congreso.

Fuente: http://www.eldiario.es/tribunaabierta/vez-izquierda-orden_6_572602746.html


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