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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-10-2016

Caos sistmico. La disputa por un nuevo orden global

Juan Vzquez Rojo
Rebelin


De forma general, tanto en los anlisis acadmicos como en prensa, suele imperar la explicacin de los hechos econmicos como entes aislados de la realidad histrica, poltica y social, lo que limita en buena medida el poder explicativo de la realidad. As pues, para entender el momento que vivimos actualmente, hay que tener en cuenta que han pasado ya casi nueve aos desde el inicio de la crisis econmica mundial en EE.UU., la cual no tiene parangn desde la Gran Depresin de los aos treinta, algo que de forma intuitiva ya nos da a entender que vivimos un momento histrico en maysculas.

En relacincon esto, si atendemos a las tesis del fallecido Giovanni Arrighi en su obra maestra El largo siglo XX, publicada en 1994, desde hace unos quinientos aos el sistema (sistema-mundo o economa-mundo diran l e Immanuel Wallerstein) en el que vivimos alterna ciclos sistmicos de acumulacin, esto es, ciclos econmicos dirigidos por una potencia hegemnica. En dichos ciclos, existen dos etapas, una inicial de expansin material y una final de expansin financiera. La primera se centra fundamentalmente en la inversin en la esfera productiva, en la que se crea la riqueza realmente existente. Esta etapa llega a sus lmites en el momento en el que el capital acumulado no se pude reinvertir con una rentabilidad suficiente, esto es, cuando nos encontramos ante una crisis de sobreacumulacin. En ese contexto, el capital, que se caracteriza fundamentalmente por perseguir siempre espacios de rentabilidad, se canaliza hacia los canales financieros, dando lugar a una enorme expansin de los mismos. Como hemos afirmado, la riqueza realmente existente se crea en el mbito productivo, por lo que la esfera financiera est intrnsecamente relacionada con la productiva y cualquier deslindamiento entre ambas tiene que ser necesariamente temporal. De este modo, las etapas de expansin financiera suelen ser mucho ms caticas, inestables y con recesiones recurrentes.

Asimismo, todo ciclo sistmico de acumulacin est enmarcado en una estructura hegemnica, esto es, una determinada correlacin de fuerzas congelada en una amalgama de instituciones, una determinada cultura y una forma de ver el mundo que impera y dirige a la sociedad en una direccin determinada, todo ello bajo la batuta de una potencia que acta como hegemn. Aqu, la hegemona se entiende del mismo modo que la entenda el filsofo sardo Antonio Gramsci, es decir, esta sera el poder adicional del que goza un bloque dominante para hacer pasar su propio inters particular por el inters universal de la sociedad. En este sentido, siguiendo el hilo argumental del prrafo anterior, la decadencia de las hegemonas est relacionada con las etapas de expansin financiera, en la que se alcanzan los lmites de poder geoeconmicos y geopolticos, aunque tambin culturales e ideolgicos.

De este modo, haciendo una simple incorporacin de estos esquemas al momento actual, desde el fin de la II Guerra Mundial entramos en el ciclo sistmico de acumulacin estadounidense, cuya estructura hegemnica estaba asociada a las instituciones de Bretton Woods y las alianzas clave de Alemania y Japn como potencias regionales. Despus de varias dcadas de expansin material, en los aos setenta entramos en una etapa de transicin que se caracteriz fundamentalmente por la ruptura del patrn oro-dlar que imperaba en el sistema monetario internacional desde los inicios de dicha hegemona. As, durante dicha dcada, se gestaban las bases de la expansin financiera que se vivira a partir de los aos ochenta. Esta nueva expansin se cimentaba en tres pilares: El primero, era la libre flotacin del dlar, que proporcionaba a EE.UU. un poder adicional que le permita evitar restricciones macroeconmicas tales como el dficit pblico o el dficit en la balanza por cuenta corriente. El segundo, las polticas neoliberales caracterizadas por los ajustes salariales, el control estricto de la inflacin y del gasto pblico, as como por la privatizacin del sector pblico y la liberalizacin de los sectores comerciales y financieros. El tercer pilar es la financiarizacin de la economa, que vena empujada por los dos elementos anteriores y que facilitaba una va de escape a la crisis de la expansin material.

En consecuencia, en las ltimas tres dcadas hemos vivido una expansin de los canales financieros de la economa, hecho se puede constatar simplemente atendiendo a varios datos. Por ejemplo, atendiendo a la economa estadounidense, si el crdito al sector privado como porcentaje del PIB representaba un 87 % en 1970, en el ao 2007 significaba el 20 6% del PIB; la capitalizacin burstil pas de un 41 % del PIB en 1975 a un 137 % en 2007; la participacin en los beneficios totales del sector financiero pas del 20% al 40 % entre la dcada de los ochenta y la de los dos mil. A nivel mundial, los activos financieros (sin incluir los derivados) crecieron anualmente ms del doble de la inversin no financiera o del PIB per cpita entre 1982 y el 2004. En este contexto, en los pases de la OCDE, la deuda de las familias aumentaba mientras la participacin de los salarios en el PIB cay 10 puntos entre la dcada de los ochenta y la de los dos mil. En efecto, todos los sectores de la economa estaban directa o indirectamente afectados por la progresiva financiarizacin de la economa.

Por consiguiente, en el ao 2007 la expansin financiera alcanza sus lmites y da comienzo la crisis econmica ms grande desde la acontecida en la dcada de los treinta del siglo XX. Dicha crisis pone patas arriba las contradicciones que asumi la potencia hegemnica durante los ltimos treinta aos, adems de acelerar la crisis de legitimidad que se vena labrando desde la invasin de Irak a principios de la primera dcada del siglo XXI. A su vez, durante los ltimos aos, en el panorama internacional se labr el desarrollo de varios actores de peso, fundamentalmente India, China y Rusia. Estos dos ltimos aprovecharon las rendijas que empezaba a mostrar la hegemona estadounidense para imponerse como actores determinantes de la geopoltica mundial. En este sentido, todas estas contradicciones pusieron de manifiesto que las estructuras hegemnicas levantadas en la dcada de los cuarenta ya no se correspondan con la correlacin de fuerzas actual y, adems, no permitan una base slida para retomar una expansin econmica. En consecuencia, la crisis no slo es econmica o financiera, sino que, ante todo, es una crisis de hegemona. As pues, la alianza entre China y Rusia ha supuesto la formacin de un bloque contrahegemnico, que ya ha empezado a impugnar la estructura hegemnica estadounidense. En esta lnea, la creacin del BAII, la Nueva Ruta de la Seda o el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS, son instituciones que giran en torno a China y pretenden formar una alternativa al Banco Mundial o al FMI, que pueda atender en mayor medida los intereses de estos pases. En contraposicin, las autoridades estadounidenses han comenzado una contraofensiva a sabiendas de lo que significa el peligro de China y Rusia, principalmente afianzando sus lazos con los aliados clsicos. La nueva estrategia estadounidense se materializa en impulsar acuerdos como el TTIP o el TTP, tratados de libre comercio que por un lado intentan acelerar las caractersticas del ciclo 1980-2007 y por otro pretenden afianzar las alianzas en el Pacfico y en Europa, como freno a la expansin de la influencia china.

Adems, en el mbito geopoltico, no podramos entender conflictos como el de la guerra de Ucrania y, sobre todo, el de Medio Oriente sin atender a lo descrito en los prrafos anteriores. En esta batalla por cambiar la correlacin de fuerzas, el control de los recursos energticos, tanto las fuentes como las zonas de trnsito, resulta fundamental. As, Oriente Medio es la zona con las mayores reservas de petrleo del mundo, por lo que, en la guerra fra que viven Irn y Arabia Saud, las potencias mundiales tienen que realzar sus alianzas para afianzar sus intereses en la regin. No obstante, Estados Unidos est desplazando su mirada hacia el Pacfico, intentando crear alianzas y dispositivos militares que frenen la expansin de China en la regin (un ejemplo claro es la ltima visita de Obama a Vietnam). En medio de esta disputa, una de las claves del poder de Estados Unidos sigue siendo el dlar. Esta moneda sigue siendo el centro del sistema monetario internacional, mediante la que se realizan la mayor parte de los intercambios comerciales en el mundo, por lo que todos los pases estn obligados a tener reservas de esta divisa para participar en los intercambios comerciales. Adems, de forma paradjica, las crisis financieras en EE.UU. refuerzan el dlar como valor de refugio, ya que en momentos de tensin los capitales huyen hacia esta divisa y hacia los valores del Tesoro de Estados Unidos dada su liquidez. El ejemplo paradigmtico es el de China, el mayor tenedor de dlares y de valores del Tesoro estadounidenses, que afianza y apuntala el sistema financiero internacional. As, a diferencia de cualquier pas, Estados Unidos no tiene que preocuparse de tener reservas de divisas o de controlar el dficit pblico o por cuenta corriente, ya que posee la emisin de la moneda central en el sistema monetario internacional. Teniendo en cuenta la importancia del dlar para EE.UU. y los problemas que genera en el resto de pases, cualquier potencia que quiera hacer frente al poder estadounidense debe empezar por debilitar el poder del dlar. En esta lnea, la clave del poder de dicha divisa es su aceptacin y su posterior circulacin, por lo que para que ambos aspectos se debiliten es necesaria una alternativa. En esta lnea, en su da, tanto Sadam Hussein como Gadafi valoraron la idea de comercializar el petrleo en euros, aunque ninguna de las dos iniciativas, como sabemos, acab en buen puerto. En la actualidad, China y Rusia empiezan a tejer canales que permitan comerciar entre ellos en sus propias monedas, algo que se puede acelerar en instituciones como el BAII o el NBD. Sin embargo, por el momento estas iniciativas estn lejos de ser una alternativa al dlar, por lo menos en un periodo de corto plazo.

Por lo tanto, vivimos en un momento histrico en el que las viejas estructuras hegemnicas levantadas en Bretton Woods no permiten un liderazgo firme y consensual ni una base slida para asegurar un relanzamiento del ciclo econmico. As, las caractersticas que representaron el ltimo ciclo econmico (1980-2007) siguen siendo las mismas en la actualidad y los problemas de deuda privada y pblica, de dbil inversin as como de reducida rentabilidad siguen acuciando incluso en mayor medida que al comienzo de la crisis. Mientras tanto, China y Rusia emergen como actores de peso que reclaman una reconfiguracin del orden mundial, aunque por el momento no existe una alternativa fuerte a la vieja estructura. Con este contexto, no cabe duda de que vivimos una etapa de lo que Giovanni Arrighi llamaba caos sistmico, en el que el viejo mundo no acaba de morir y el nuevo no acaba de nacer.

En los prximos aos, seguramente dcadas, veremos una intensa pugna entre las principales potencias para ejercer una mayor influencia en la creacin del edificio que represente el nuevo orden mundial. Histricamente, la pugna llevada a cabo en etapas de caos sistmico siempre derivaba en una guerra a escala mundial (las ltimas fueron la I y II guerras mundiales). Este hecho nos hacer pensar en una nueva guerra a gran escala que resuelva la pugna llevada a cabo en este caos sistmico. La construccin del nuevo orden hegemnico est en disputa.

Juan Vzquez Rojo, diplomado y graduado en Ciencias Empresariales por la Universidad de Corua.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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