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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-10-2016

En la Autnoma, los estudiantes defendan la Constitucin

Juan Carlos Monedero
Pblico


En tiempos de tribulacin no hacer mudanza. Conseja jesutica muy al gusto de un pas que hizo una polica -la Inquisicin- que era al tiempo religiosa, ideolgica y social. Muy eficaz. Su impronta la llevan marcada en las caras los rostros ms duros las caras ms duras- del panorama poltico hispnico, aunque su comportamiento llega a todos los rincones. A las redacciones de peridicos que se ocultan detrs de la libertad de expresin para cercenarla. Y tambin a las ctedras universitarias, donde no pocos de los que dan lecciones a la sociedad nunca aplicaron sus recetas morales en su propia casa (pese a que, por ejemplo, han sido durante decenios directores de departamento o han tenido responsabilidades administrativas con capacidad de cambiar las cosas).

Han mandado algunos durante tanto tiempo que miran el mundo actual como una traicin a su obra (cuando sera al revs: le correspondera a las nuevas generaciones pedirles cuentas por la herencia que dejan). Entonces, esos poderosos deciden no solamente no hacer mudanza, sino que levantan sobre piedra viejas convicciones no menos ptreas. Un lema que estn aplicando en los medios, la poltica y la academia los que no terminan de entender que la Edad de Piedra no se acab porque se acabaran las piedras.

Gente inteligente y sensata en sus quehaceres -la literatura, la filosofa, la historia, la politologa- andan opinando en nuestros tiempos confusos y, al tiempo, ponen su ciencia al servicio de sentimientos asustados que producen la sensacin, por tanto adjetivo y amenaza apocalptica- de que estn sobreactuando.

Acaba de publicar el profesor lvarez Junco en El pas (Sobre la libertad, 25/10/2016) una defensa de Stuart Mill, reducindole a lo que Isaiah Berlin llamaba libertad negativa, esto es, a defender que Mientras nuestros actos no nos afecten ms que a nosotros mismos, nadie tiene por qu imponernos ni prohibirnos nada. Afirmacin forzada que busca llegar por un camino recto a la condena de aquellos que niegan la diversidad y el contraste de opiniones entre nosotros. Esto es, a recordar aquello que deca Machado de que en Espaa diez cabezas embisten y una piensa.
Sabe el profesor lvarez Junco que la libertad negativa es la que no quiere que a nadie se le prohba dormir debajo de un puente, al tiempo que se impida al Estado tomar medidas para que nadie tenga que dormir debajo de un puente (por ejemplo, con una poltica de vivienda social sostenida fiscalmente). Igual que vender un rin o el hgado no es un acto de libertad individual sino una mercantilizacin social de la vida que nos compete a todos, el contrato social lo debiera discutir cada generacin. Porque el enfado social siempre tiene explicaciones. Esa lectura de Stuart Mill hubiera convertido al profesor Junco en un defensor acrrimo de un proceso constituyente desde hace al menos una dcada, de la misma manera que le hubiera llevado a defender una poltica de memoria que asentara la democracia espaola sobre mimbres ms fuertes que los actuales. Pero, aunque seguro que eso llegar, de momento ha ocupado su valioso tiempo en mandar al basurero de la historia a los estudiantes, como pasarela para advertir sobre los peligros que se ciernen sobre la democracia por culpa de Podemos. Violencia? Me temo que, en la Universidad, hay ms historial de violencia entre los profesores que entre los estudiantes.

La condena a los y las jvenes que no dejaron hablar a Gonzlez y Cebrin en la Universidad Autnoma -los llama matones, agotando un sustantivo que difcilmente podr usar cuando revise sus propios textos que tanto nos han enseado sobre el anarquismo y el matonismo patronal-, es, en verdad, un paso previo a la condena a Podemos. Sobre todo esto: condenar a Podemos.

Por supuesto, no a Cebran, quien en nombre de la propiedad privada echa a los periodistas que le recuerdan la vinculacin de su nombre a los Papeles de Panam. Tampoco a Felipe Gonzlez, quien conden al silencio la verdad sobre el caso ms terrible de corrupcin de nuestro pas -los crmenes de estado durante la guerra sucia, que arrastr a la democracia al nivel de los terroristas-, o que le neg a cientos de miles de abuelos que pudieran hacer posible casi lo nico que les mantena en vida -enterrar a sus seres queridos asesinados por defender la II Repblica y que se reconociera el abuso-. Hay silencios que matan.

Claro que hay violencia en que se impida que alguien pueda hablar en la Universidad -y fue un profundo error de los que impidieron ese acto- pero no hay menos violencia cuando cientos de miles de estudiantes no pueden sentarse en las aulas porque las tasas se lo impiden, no hay menos violencia cuando la subcontrata de los servicios limita el acceso al conocimiento de los sectores populares -la seccin de fotocopias de la Facultad del profesor lvarez Junco lleva meses en el aire y las trabajadoras sin cobrar-, no hay menos violencia cuando el coste de los transportes, los retrasos en la sanidad, los desahucios, las preferentes o el vaciamiento de bienes pblicos como las Cajas, impiden que el artculo 14 de la Constitucin sea algo ms que mera retrica. Pero esa violencia no parece que le preocupe a ningn catedrtico ni sirve para explicar el deterioro de la universidad pblica citando a Stuart Mill-.

No se trata, querido lvarez Junco, de ninguna reclamacin en nombre del pueblo, de la nacin, del proletariado ni de la raza (que es la que est en ascenso en Europa). Cuando se le reprocha a Felipe Gonzlez que bajo su gobierno tuvieron lugar los GAL, o que todava hoy, en 2016, pueda colaborar para tumbar a un Secretario General elegido por las bases cumpliendo el mandato constitucional que obliga a los partidos a tener un funcionamiento interno democrtico; cuando se pasea como lobbista que graba vdeos pidiendo favores a brokers iranes del petrleo que tienen el dinero en Panam al tiempo que fue responsable de las privatizaciones de los servicios pblicos que ganaron los espaoles, lo que se le reprocha se hace en nombre de la Constitucin. La misma que patea Cebrin cuando despide a periodistas por mencionar su nombre ligado a los papeles de Panam, cuando hace EREs disciplinarios o cuando fuerza editoriales en su peridico que doblan el brazo a los periodistas del diario porque no pueden perder su trabajo.

Defender la Constitucin lleva a errores muchas veces. Y hay que evitarlo. En Espaa el Tribunal Constitucional pens que eran constitucionales torturas en instituciones del estado, cerrar peridicos o leyes de punto final, de la misma manera que piensa que son inconstitucionales en Catalua leyes que son constitucionales en otros lugares del estado o que declara fuera de la Constitucin -por la mnima- decisiones votadas por varios parlamentos. Tambin se equivocaron los estudiantes de la Autnoma no dejando hablar al consejero de gas natural Gonzlez y al antiguo jefe de informativos de la Prensa del Movimiento Cebrin. Pero los estudiantes estaban defendiendo la Constitucin. Equivocndose pero defendiendo la Constitucin. No estaban reclamando la superioridad de la raza, ni la verdad proletaria, ni lo guay que es ser espaol, espaol, espaol, ni apelaban a un pueblo con derecho a hacer lo que les diera la gana (como hacan Aznar, Rita Barber, Rato, Brcenas o Granados o los de las tarjetas black y los que han robado los 40.000 millones de rescate a la banca). Protestaban en defensa del artculo 14 de la Constitucin, que dice que todos los espaoles somos iguales ante la ley. Que hay gente que vota cada cuatro aos mientras que los Cebrin y los Gonzlez votan todos los das. Y si algo se les tuerce, pueden incluso tumbar a un Secretario General y poner una gestora que le regale el gobierno a un partido corrupto. Y los matones son los estudiantes? Estaban, aunque de una manera que habr que entender, defendiendo la Constitucin. Y eso es muy saludable.

Fuente: http://www.comiendotierra.es/2016/10/25/en-la-autonoma-los-estudiantes-defendian-la-constitucion/



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