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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-10-2016

Entrevista con Achille Mbembe, filsofo cameruns
"Cuando el poder brutaliza el cuerpo, la resistencia asume una forma visceral"

Amador Fernndez-Savater - Pablo Lapuente Tiana y Amarela Varela
eldiario.es


Crtica de la razn negra. Ensayo sobre el racismo contemporneo de Achille Mbembe, publicado por Ned Ediciones y Futuro Anterior, es un tratado de la envergadura de Orientalismo de Edward Said. En primer lugar, se trata de una arqueologa del texto eurocntrico que construy una idea de frica como continente canbal y brbaro, como aquel territorio que slo poda proveer (an lo hace) hombres-cosa-mercanca al capitalismo, su cara oscura.

En segundo lugar, el libro es un ejercicio (tico, esttico, potico) que plantea, en la misma tradicin de Said y los estudios culturales, pensarse, conocerse y des-conocerse al margen de esta mirada imperial europea. Es decir, re-construir una memoria de abajo sanadora y desvictimizadora -es lo mismo- capaz de proyectar un futuro comn. Mbembe rescata aqu la literatura de la otra razn negra, poetas y novelistas, Fanon y Cesaire, en un trabajo serio y delicioso, potente y extremo, doloroso y esperanzador.

Finalmente, este libro analiza la vigencia de las prcticas coloniales/imperiales que ensalvajan hoy en da el globo. Lo que el autor llama y anima a pensar como el devenir negro del mundo. Ese momento histrico en que, como dice en esta misma entrevista, "la distincin entre el ser humano, la cosa y la mercanca tiende a desaparecer y borrarse, sin que nadie negros, blancos, mujeres, hombres- pueda escapar de ello".

Achille Mbembe naci en Camern en 1957. Es profesor de Historia y Poltica de la Universidad Witwaterstand de Johannesburgo (Sudfrica). Su primer libro publicado en castellano fue Necropoltica, donde analiza las polticas de ajuste y expulsin que primero se ensayaron en el continente africano en los aos 90 y hoy se extienden por todas partes.

1. Habla usted de cambio epocal, cmo se justifica eso? Qu factores lo indican?

En efecto, creo que vivimos un cambio de poca. Por un lado, el mundo ha empequeecido, se ha contrado espacialmente, hemos, de algn modo, tocado sus lmites fsicos, hasta el punto de que probablemente ningn rincn de la tierra sea desconocido, est deshabitado o sin explotar. Al mismo tiempo, la historia humana atraviesa una fase caracterizada por lo que llamo la repoblacin del planeta, que demogrficamente se traduce en un envejecimiento de las sociedades del norte y un rejuvenecimiento del continente africano y asitico en particular.

En cuanto a la estructura de las poblaciones, estamos viendo el crecimiento de una gran segregacin social, una suerte de gigantesco apartheid, junto a enormes olas migratorias a escala planetaria que recuerdan a los primeros tiempos de la colonizacin. Y con respecto a las transformaciones tecnolgicas, una de sus principales consecuencias es la transformacin de nuestras antiguas nociones de tiempo y de velocidad.

Polticamente, estamos entrando en un mundo nuevo, caracterizado desgraciadamente por la proliferacin de fronteras y de zonas exclusivamente militares. Este mundo se afianza gracias al fantasma del enemigo, del que hablo en mi ltimo libro, y la emergencia de un Estado global securitario que busca normalizar un estado de excepcin a escala mundial, donde las nociones de Derecho y de libertad que eran inseparables del proyecto de la modernidad quedan suspendidas.

Hay, por lo tanto, muchos factores que indican que estamos entrando en un mundo diferente, altamente digitalizado y financiarizado, donde la violencia econmica ya no se expresa en la explotacin del trabajador, sino en hacer superflua una parte importante de la poblacin mundial. Un mundo que cuestiona radicalmente el proyecto democrtico heredado de la Ilustracin.

Necropoltica: polticas de muerte

2. Cmo describira la violencia del capital en este cambio epocal? En su ltimo libro, usted ha definido al neoliberalismo como un devenir negro del mundo, podra abundar en ello?

Digamos que en mis libros quiero hacer converger dos tradiciones del pensamiento crtico que desde haca un tiempo parecan divergir: por un lado, la tradicin del pensamiento crtico concerniente a la formacin y lucha de clases; por otro lado, la tradicin del pensamiento crtico que intenta comprender la formacin de las razas. Estas dos tradiciones han sido a menudo contrapuestas, cuando esto, ya slo en trminos histricos, es insostenible.

Si estudiamos atentamente la historia del capitalismo, nos damos cuenta enseguida de que para funcionar tuvo, desde sus inicios, la necesidad de producir lo que llamo subsidios raciales. El capitalismo tiene como funcin gentica la produccin de razas, que son clases al mismo tiempo. La raza no es solamente un suplemento del capitalismo, sino algo inscrito en su desarrollo gentico. En el periodo primitivo del capitalismo, que va desde el siglo XV hasta la Revolucin Industrial, la esclavizacin de negros constituy el mayor ejemplo de la trabazn entre la clase y la raza. Mis trabajos se han centrado particularmente sobre ese momento histrico y sus figuras.

El argumento que desarrollo en mi nuevo libro es que, en las condiciones contemporneas, la forma en que los negros fueron tratados en ese primer periodo se ha extendido ms all de los negros mismos. El devenir negro del mundo es ese momento en que la distincin entre el ser humano, la cosa y la mercanca tiende a desaparecer y borrarse, sin que nadie negros, blancos, mujeres, hombres- pueda escapar a ello.

3. Esto nos lleva a su concepto de necropoltica (o poltica de la muerte), cmo lo explicara?

Son dos cosas. La necropoltica est en conexin con el concepto de necroeconoma. Hablamos de necroeconoma en el sentido de que una de las funciones del capitalismo actual es producir a gran escala una poblacin superflua. Una poblacin que el capitalismo ya no tiene necesidad de explotar, pero hay que gestionar de algn modo. Una manera de disponer de estos excedentes de poblacin es exponerlos a todo tipo de peligros y riesgos, a menudo mortales. Otra tcnica consistira en aislarlos y encerrarlos en zonas de control. Es la prctica de la zonificacin.

Es significativo constatar que la poblacin de las crceles no ha cesado de crecer a lo largo de los 25 ltimos aos en EEUU, China, Francia, etc. En ciertos pases del norte, la combinacin de tcnicas de encarcelamiento y la bsqueda del beneficio ha llegado a un enorme desarrollo. Hay toda una economa del encierro, una economa a escala mundial, que se nutre de la securizacin, ese orden que exige que haya una parte del mundo confinada. La necropoltica sera, pues, el trasunto poltico de esta forma de violencia del capitalismo contemporneo.

4. Queramos preguntarle, a propsito de esto, su opinin sobre la actual crisis de refugiados: cul ha sido a su juicio el papel de los gobiernos? Qu opinin le merece la respuesta de la ciudadana europea?

Es justamente a partir de la necropoltica y la necroeconoma que podemos comprender la crisis de los refugiados. Esta crisis es el resultado directo de dos formas de catstrofes: las guerras y las devastaciones ecolgicas, que se afirman recprocamente. Las guerras son factores de crisis ecolgicas y una de las consecuencias de las crisis ecolgicas es fomentar guerras.

La crisis de los refugiados tiene tambin que ver con lo que antes llam la "repoblacin del mundo", en la medida en que las sociedades del norte envejecen, aumenta su necesidad de repoblarse, y la migracin ilegal es una parte esencial de ese proceso, que seguramente se acentuar en el curso de los prximos aos. A este respecto, la reaccin de Europa est siendo esquizofrnica: levanta muros en torno al continente, pero necesita la inmigracin para no envejecer.

5. Otro de los conceptos importantes que aparece en sus trabajos, asociado al de necropoltica, es el de gobierno privado indirecto. Qu puede decirnos al respecto?

Ese concepto fue elaborado en los aos 90, en una poca en la que el continente africano estaba enteramente bajo el poder del FMI y el Banco Mundial. Era un periodo de grandes ajustes estructurales que golpearon duramente la economa africana, de un modo similar al actual caso griego: endeudamiento fuera de cualquier norma, suspensin de la soberana nacional, delegacin de todo el poder soberano a instancias no-democrticas, privatizacin de todo, especialmente del sector pblico, etc. La idea de gobierno privado indirecto apunta a esa forma de gobierno de la deuda, que desarrolla por fuera de todo marco institucional una tecnologa de la expropiacin en pases dependientes econmicamente, privatizando lo comn y descargando la responsabilidad de todo mal en los individuos (ha sido vuestra culpa).

6. Este concepto, elaborado en el contexto del continente africano en los aos 90, puede explicar tendencias globales actuales, aplicarse en otras partes del planeta? En Mxico, por ejemplo, mucha gente sigue atentamente sus trabajos por las poderosos resonancias de sus anlisis con lo que all sucede.

Creo que es posible seguir pensando este concepto hoy en da a escala global. El gobierno privado indirecto a nivel mundial es un movimiento histrico de las lites que aspira, en ltima instancia, a abolir lo poltico. Destruir todo espacio y todo recurso -simblico y material- donde sea posible pensar e imaginar qu hacer con el vnculo que nos une a los otros y a las generaciones que vienen despus. Para ello, se procede a travs de lgicas de aislamiento -separacin entre pases, clases, individuos entre s- y de concentraciones de capital all donde se puede escapar a todo control democrtico expatriacin de riquezas y capitales a parasos fiscales desregulados, etc. Este movimiento no puede prescindir del poder militar para asegurar su xito: la proteccin de la propiedad privada y la militarizacin son correlativos hoy en da, hay que entenderlos como dos mbitos de un mismo fenmeno.

La transformacin del capitalismo desde los aos 70 ha favorecido cada vez ms la aparicin de un Estado privado, donde el poder pblico en el sentido clsico, que no pertenece a nadie porque pertenece a todos, ha sido progresivamente secuestrado para el beneficio de poderes privados. Hoy resulta posible comprar un Estado sin que haya gran escndalo y EEUU es un buen ejemplo: las leyes se compran inyectando capitales en el mecanismo legislativo, los puestos en el congreso se venden, etc. Esa legitimacin de la corrupcin al interior de los Estados occidentales vaca el sentido del Estado de Derecho y legitima el crimen al interior mismo de las instituciones. Ya no hablamos de corrupcin como una enfermedad del Estado: la corrupcin es el Estado mismo y, en ese sentido, ya no hay un afuera de la ley. El deterioro del Estado de Derecho produce polticas exclusivamente depredadoras, que invalidan toda distincin entre el crimen y las instituciones.

Resistencia visceral

7. Desde la idea foucaultiana del poder como relacin, echamos de menos en su ensayo sobre la necropoltica ms referencias a las resistencias, a las prcticas de vida de la gente de abajo. Podemos describir el poder sin describir las resistencias?

No, por supuesto. No se puede hacer ese tipo de descripcin sin pensar en las formas de resistencia que son correlativas a cualquier poder. Mis primeros trabajos, que desgraciadamente no han sido todava traducidos, se haban centrado precisamente en las resistencias al poder y en sus lmites tambin.

Qu decir de las formas contemporneas de resistencia a la necropoltica y a la necroeconoma? Desde luego son muy variadas, dependen de las situaciones locales y los contextos. Tomar el caso sudafricano como un ejemplo. Me interesa mucho la manera en la que en ese pas las resistencias se organizan a partir de la ocupacin de los espacios, en una bsqueda de la visibilidad ah donde el poder quiere relegarnos y apartarnos. Las formas de resistencia que se estn desarrollando en ese pas tienen que ver con la lucha de los cuerpos por hacerse presentes (corporal, fsica, visiblemente) frente a la produccin de ausencia y silencio del poder. Son formas ejemplares de resistencias porque el poder hoy funciona produciendo ausencia: invisibilidad, silencio, olvido.

Durante los ltimos aos hemos asistido en Sudfrica a un gran movimiento llamado la descolonizacin, una descolonizacin simblica que ha operado, por ejemplo, llamando a destruir las estatuas del colonialismo, pero tambin luchando por transformar el contenido del saber y de las formas de produccin del saber; reactivando la memoria y resistiendo al olvido, etc. Las resistencias en Sudfrica pasan por una rehabilitacin de la voz, por la expresin artstica y simblica, desafan la tentativa del poder de reducir al silencio las voces que no quiere escuchar. En esa regin del mundo estamos viviendo un ciclo de luchas de lo que yo llamo las polticas de la visceralidad.

8. En qu consisten esas luchas de la visceralidad?

Hay un surgimiento de pequeas insurrecciones. Esas micro-insurrecciones toman una forma visceral, en respuesta a la brutalizacin del sistema nervioso tpica del capitalismo contemporneo. Una de las formas de violencia del capitalismo contemporneo consiste en brutalizar los nervios. Y como respuesta, emergen nuevas formas de resistencia ligadas a la rehabilitacin de los afectos, las emociones, las pasiones y que convergen en todo eso que yo llamo la poltica de la visceralidad.

Es interesante ver cmo en muchos lugares, tanto en las luchas de la poblacin negra en Sudfrica como en EEUU, los nuevos imaginarios de lucha buscan principalmente la rehabilitacin del cuerpo. En EEUU, el cuerpo negro est en el centro de los ataques del poder, desde lo simblico -su deshonra, su animalidad- hasta la normalizacin del asesinato. El cuerpo negro es un cuerpo de bestia, no un cuerpo de ser humano. All la polica mata negros casi todas las semanas, sin que existan apenas estadsticas que den cuenta de esto. La generalizacin del asesinato est inscrita en las prcticas policiales. La administracin de la pena de muerte se ha desligado del mbito del Derecho para volverse una prctica puramente policial. Esos cuerpos negros son cuerpos sin jurisprudencia, algo ms prximo a objetos que el poder tiene que gestionar.

9. Usted analiza cmo el trabajo de la memoria ha sido para muchos pueblos un ejercicio de cura y autocuidado para nombrarse autnomamente. Pero, hasta qu punto estas memorias son elaboradas o escritas desde los vencidos?

La memoria popular nunca cuenta historias limpias, no hay memorias puras y difanas. No hay memoria propia. La memoria siempre es sucia, siempre es impura, siempre es un collage. En la memoria de los pueblos colonizados encontramos numerosos fragmentos de lo que en un determinado momento fue roto y que ya no puede ser reconstituido en su unidad originaria. As pues, la clave de toda memoria al servicio de la emancipacin est en saber cmo vivir lo perdido, con qu nivel de prdida podemos vivir.

Hay prdidas radicales de las que nada se puede recuperar y, sin embargo, la vida continua y debemos encontrar mecanismos para hacer presente de algn modo esa prdida. Podemos recuperar algunos objetos de una casa incendiada, incluso reconstruir la casa, pero hay cosas que no podremos jams remplazar porque son nicas, porque mantenamos con ellas una relacin nica. Y hay que vivir con esa prdida, con esa deuda que ya no podemos pagar. La memoria colectiva de los pueblos colonizados busca maneras de sealar y vivir aquello que no sobrevivi al incendio.

10. Cmo reconstruir la desgarradora historia de despojo y violencia en clave de potencia y evitar la autorepresentacin como vctimas perpetuas?

Es una cuestin central. La conciencia victimista es una conciencia peligrosa, porque es una conciencia enmudecida por el resentimiento y el deseo de venganza, que busca siempre infligir al otro un otro generalmente ms dbil, no necesariamente el culpable real- la cantidad de violencia que se ha sufrido. Creo que hay un peligro en esa forma victimista de conciencia. La cuestin es cmo la gente que ha sufrido un traumatismo histrico y real, como una guerra o un genocidio, puede recordar lo que le ha ocurrido y utilizar la reserva simblica de la catstrofe histrica para proyectar un futuro que rompa con la repeticin de las violencias sufridas. Es un camino, casi diramos, de scesis. Una bsqueda de purificacin, de identificacin de los elementos de la tragedia con el fin de no repetirla.

11. Hay quien habla de un uso estratgico del esencialismo, de un uso tctico de la identidad como palanca en la construccin de un sujeto poltico. Cmo se sita usted en esos debates sobre la identidad?

Digamos que, si repasamos la historia de las luchas contra la discriminacin racial, suele darse un momento en que la resistencia se construye a travs de una cierta esencializacin de la raza. Lo hemos visto, por ejemplo, en los EEUU con Marcus Garvey o en el movimiento de la negritud en Francia, donde se trataba precisamente de revalorizar la condicin negra. Son movimientos que buscan emanciparse de la condicin de objeto, retraduciendo positivamente esos atributos que nos condenaban a ser objetos -la negritud- en un signo humano. Esta es la funcin estratgica de la funcin esencialista.

El problema es cuando el esencialismo nos impide continuar el camino que gente como Fanon consideraba el horizonte de nuestras luchas. Cul es ese horizonte? El que abre el camino a una nueva condicin, donde la raza ya no importa, donde la diferencia ya no cuenta, porque todos nos hemos vuelto simplemente seres humanos: el pasaje de la indiferencia a la diferencia. En este sentido, me considero fanonista, aunque comprendo que, en circunstancias determinadas, haya movimientos que utilicen estratgicamente el esencialismo como manera de fortalecer una identidad colectiva.

12. Por ltimo, el capitalismo se ha renovado, actualizando y sofisticando las violencias necropolticas del colonialismo. Lo han hecho quienes se le resisten? Hemos renovado nuestra imaginacin poltica para responder con formas de accin efectivas la necropoltica del capitalismo contemporneo?

Si reflexionamos sobre el ejemplo africano, el siglo XX podra estar dividido en dos ciclos de lucha. Desde el comienzo del siglo XX hasta los aos 30, hemos vivido una forma de lucha que llamar acfala, ligada a lo local, a las condiciones de reproduccin de la vida cotidiana. Tras la segunda guerra mundial entramos en un ciclo de lucha vertical, representada por sindicatos y partidos polticos. Ahora parece que hemos regresado a las formas acfalas de lucha, luchas locales, luchas ms o menos horizontales, que insisten sobre la recuperacin de la capacidad de interrupcin de la normalidad, del relato que ordena la normalidad, que nos hace pensar que lo pasa es normal cuando no lo es.

En el caso del sur de frica, la pregunta ahora es cmo transformar esa ruptura de la normalidad, esa des-normalizacin, en una nueva forma de institucionalizacin. Tengo la impresin de que las nuevas luchas acfalas no acaban de aportar respuestas plausibles y eficaces a esa pregunta: cmo dar forma a una nueva institucionalidad, abierta y democrtica, que haya aprendido de los problemas que acarrea el verticalismo. No creo que pueda haber democracia sin institucionalizacin ni representacin. Sabemos que hay una crisis de representacin en todas partes, pero no creo que la respuesta sea disolverla en cuanto tal, disolver toda idea de representacin.

En definitiva, nuestras viejas recetas (los partidos polticos, por ejemplo) estn mostrando dificultades estructurales para preservar y defender lo comn dentro de las actuales instituciones y seguir siendo as mientras no haya comunidades fuertes que puedan democratizar la poltica desde abajo. Los movimientos de los ltimos aos van en ese sentido, aunque todava estn frgilmente vinculados entre s. Creo que de estas distintas resistencias acfalas surgirn nuevas propuestas de instituciones, quizs no para derribar el Estado, sino para forzarlo a mutar nuevamente en un rgano de defensa del bien comn.


Entrevista pensada y realizada por Amarela Varela, Pablo Lapuente Tiana y Amador Fernndez-Savater, con la ayuda de Ned Ediciones. Pablo Lapuente transcribi y tradujo del francs.

Fuente original: http://www.eldiario.es/interferencias/Achille-Mbembe-brutaliza-resistencia-visceral_6_527807255.html



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