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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2016

Desarrollo alternativo o Alternativas al desarrollo

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


Hace escasas semanas el huracn Matthew cruzaba Hait, para despus continuar su camino a travs del oriente cubano y golpear las costas estadounidenses, y todo ello antes de su regreso y desaparicin en el ocano. El fenmeno natural por fin se debilitaba, pero la catstrofe humana aumentaba. As, en este ltimo pas, el huracn produjo algo ms de una decena de muertes, mientras en Cuba no hay ninguna vctima reportada. Sin embargo, Hait, nuevamente sufri el golpe de la miseria y los primeros datos nos hablaban de ms de 800 muertes, muertos sin nombres, sin fotos en la prensa. Evidentemente, a esos datos se sumaban las miles de personas heridas, el riesgo de agudizacin del clera y otras enfermedades, la violencia sexual contra las mujeres y nias y las enormes prdidas en cosechas, ganado e infraestructuras.

De esta forma, el mundo volva a recordar que Hait existe pero, una vez ms, este recuerdo durara unas pocas horas. Hait no es un paraso para el turismo, tampoco tiene, aparentemente, grandes riquezas que explotar, salvo la que supone la vida humana y sta en el sistema capitalista dominante, sabido es que vale muy poco si pertenece a las grandes mayoras empobrecidas.

Una vez ms la historia se repeta y van En 2010 el mundo se sacuda, mediticamente hablando, al conocer que la tierra temblaba brutalmente en ese mismo pas caribeo. En esa ocasin ms de 300.000 muertes trajeron consigo, una vez ms, grandes declaraciones de la clase poltica, de los organismos internacionales, incluso destacadas editoriales en los medios que comunicacin. Todas ellas clamaban por la solidaridad inmediata, por la ayuda urgente a los supervivientes, por la ahora si necesaria reconstruccin de un pas en ruinas. Todas ellas se fueron olvidando de Hait, una vez ms, hasta que el huracn Matthew volvi a llamar a las puestas de las redacciones y despachos oficiales.

Porque Hait 2010 y 2016 no es sino un ejemplo ms de un axioma, una evidencia, que no se puede seguir negando, aunque no se quiera reconocer: que el modelo de desarrollo dominante, valga decir de crecimiento, no funciona en trminos de derechos ni de justicia social, tampoco en cuanto al reparto de la riqueza de una forma igualitaria, ni entre las personas ni entre los pueblos y pases, haciendo crecer exponencialmente las desigualdades. As, se impone una reflexin necesaria y una revisin de los postulados tericos y prcticos que nos han guiado las ltimas dcadas. Mientras el desarrollo (el crecimiento) siga basndose en parmetros de dominacin, ya sea econmica, poltica o cultural, no tiene mayor sentido seguir trabajando por ese desarrollo y por sus iguales, aunque sea con apellidos ms agradables como sostenible, sustentable Esto solo seguir alimentando ese sistema de dominacin, generador de desigualdades, que clasifica a las personas y pueblos en base a su estatus en la pirmide social y econmica.

Por eso, lo que hoy se impone es la urgencia de no seguir dando continuidad a los ensayos fracasados de las ltimas dcadas para mejorar las condiciones de vida y de derechos de millones de personas en el mundo. Al contrario, lo que es imprescindible ya es fortalecer e impulsar las prcticas alternativas al desarrollo que ya se llevan adelante en distintas experiencias y procesos polticos y sociales a lo largo del planeta. Evidentemente, planteamos que o se dan pasos en este sentido o se seguir fortaleciendo, de una u otra forma, con mejores o peores intenciones, ese sistema de dominacin que imposibilita la construccin de sociedades con justicia social, derechos, posibilidades de una vida digna para todos y todas y equidad real entre hombres y mujeres as como para las grandes mayoras del planeta y no solo para las minoras enriquecidas. Y, una vez ms tambin, subrayamos que en este desequilibrio injusto hay quienes pagan un precio ms alto, como es el caso de esos pases ms vulnerables por el desarrollo que se les impone o, en el mismo eje, las mujeres que se mantienen en una esfera evidente de subordinacin en el ejercicio de sus derechos, en la vida, con respecto a los hombres, como resultado de las sociedades patriarcales que el sistema construye y fortalece da a da.

Pero para generar verdaderamente esas alternativas es necesario e imprescindible el protagonismo de la sociedad civil, mas no de esa que fomenta el neoliberalismo, la constituida por una ciudadana aptica, individualista y desideologizada. Al contrario, sociedades ms justas, verdaderamente constructoras de alternativas al modelo impuesto solo sern posibles con la participacin directa, exigente, consciente y colectiva de esa ciudadana, encarnada principalmente en organizaciones y movimientos sociales de todo tipo y condicin.

Y en este campo, la solidaridad y cooperacin internacional s tiene un importante rol que cumplir. Fortaleciendo las agendas y planteamientos de los movimientos sociales, demandando con firmeza el cumplimiento de cuestiones tan centrales como todos los derechos para todas y todos y en todos los sitios. Impulsando tambin bases para el crecimiento de la conciencia crtica de esas sociedades, las de aqu y las de all, sobre parmetros de justicia y redistribucin necesaria de la riqueza existente en el mundo, o denunciando cueste lo que cueste y en todo lugar las violaciones de los derechos no solo aquellas a cargo de agentes ms o menos identificables, sino tambin las de instituciones locales, nacionales e internacionales, incluidas empresas transnacionales que con sus tratados de libre comercio no hacen sino aumentar la conversin de las personas y la naturaleza en una mera mercanca.

Lo contrario ser mantenerse en los mrgenes que impone el sistema, aquellos propios de la denominada cooperacin clsica. La mayormente practicada por los organismos internacionales pero tambin por muchas organizaciones no gubernamentales, que entiende como suficiente el hecho de paliar en cierta medida las negativas condiciones de vida de las personas a las que se atiende, pero que, como decimos, siempre se mantendr dentro de los mrgenes del modelo de desarrollo. Por lo tanto, sin transformar los patrones de dominacin, luego, agravando la dependencia y las desigualdades antes citadas. Y esto solo nos garantiza que seguiremos teniendo demasiados Haits en los aos venideros.

Por supuesto, todo este cuestionamiento a la teora del desarrollo lo es tambin a los parmetros esenciales del modelo, al crecimiento ilimitado como horizonte, al individualismo como eje de vida, al consumismo como matriz econmica, a la explotacin hasta las ltimas consecuencias de las personas y la naturaleza como medio de progreso, en suma, a las bases del capitalismo, fortalecido en las ltimas dcadas por los planteamientos neoliberales ms agresivos an en estos mismos campos. Y somos conscientes de la mala prensa que pueden tener ideas y prcticas alternativas como el decrecimiento en esa obsesin por el crecimiento sin fin que nos han inculcado o, en la misma direccin, teoras y prcticas como el buen vivir, porque tambin nos han imbuido la idea de que stas son propias de pueblos poco desarrollados. Igualmente, opera en contra de estas apuestas por generar alternativas al desarrollo (y no desarrollo alternativo, es decir, seguir de una u otra forma dentro del actual modelo desarrollo como sistema) el sentimiento de vrtigo, incluso miedo, al cambio, cuando nos han convertido en personas y sociedades altamente conservadoras de lo que tenemos y somos.

Pero ante todo ello el riesgo evidente que como planeta y sociedades corremos es innegable. Ya no solo es cuestin de justicia social la urgencia por transformar, por construir las alternativas, por dejar atrs el desarrollo tal y como se ha entendido, lo cual ya sera razn suficiente, sino que la propia vida est en juego. Nos acostumbran a contemplar las catstrofes naturales y humanas (guerras, huracanes, migraciones, terremotos, explotacin laboral, empobrecimiento generalizado) como pelculas de Hollywood y como si desaparecieran con la misma facilidad que apagamos el televisor con el mando. Sin embargo, en esta ocasin la ficcin no es tal, hablamos de duras realidades y, adems, quieren quitarnos el mando. Por lo tanto, es urgente actuar en esa construccin de alternativas, para que vida y planeta no se conviertan en variables incompatibles de una nica ecuacin.


Jesus Gonzlez Pazos, Miembro de Mugarik Gabe.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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