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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-10-2005

Rosa Luxemburgo. Pasado y presente en la articulacin entre socialismo y democracia

Daniel Campione
Rebelin


La relacin entre democracia y socialismo ha sido objeto de discusin en los ltimos aos, en gran medida desde el enfoque de que la propia idea de revolucin social y toma del poder por los trabajadores ya es perversa e intrnsecamente antidemocrtica. El socialismo sera as inapto para dar lugar a cualquier avance de la democracia. Por el contrario, conducira necesariamente a su abrogacin. Slo el funcionamiento de las instituciones parlamentarias podra as ser el camino para el surgimiento y consolidacin de la vida democrtica, a lo que muchos suman la existencia del libre mercado como sustrato econmico social imprescindible de la misma. Rosa Luxemburgo, del mismo modo que Gramsci, entre otros, han sido tomados a menudo como ejemplos de reivindicacin de las instituciones parlamentarias dentro de la tradicin comunista, lo que es insostenible en ambos casos.

El objetivo de este trabajo es indagar en la concepcin acerca de la democracia y sus relaciones con el socialismo que se halla contenida en los escritos de Rosa Luxemburgo, sobre todo los referidos a la revolucin rusa, a lo que sumaremos una referencia bastante ms breve al pensamiento gramsciano sobre el tema, para esbozar luego algunas conclusiones aplicables al presente.

Las posiciones de R.L en torno al proceso sovitico no deberan ser presentadas de forma simplificada, como un completo apartamiento y una impugnacin en bloque de toda la experiencia bolchevique, y del pensamiento de Lenin en su conjunto. Sin embargo, algunos autores asi lo han sostenido, procurando reivindicar a R.L como pensadora del socialismo democrtico a partir de una versin a su vez caricaturizada del pensamiento y la accin de Lenin: ...en sus amonestaciones a los militantes alemanes, hay nada menos que un repudio a la concepcin leninista de la revolucin, segn la cual el poder se debe tomar y conservar por todos los medios cuando las circunstancias de la historia lo ofrezcan a una vanguardia, as sea muy pequea pero bien organizada y convencida de que encarna los intereses de las masas... [1]

Rosa hace las observaciones al rgimen emanado de Octubre, en su momento inicial, en abierta crtica al modo de entender la democracia proletaria por parte de Lenin y Trotsky.

Pero eso no la lleva a renegar del proceso revolucionario, ni a abandonar la idea de la necesidad de una transitoria dictadura del proletariado hasta ayer oprimido. La defensa de la revolucin frente a intervenciones extranjeras, alzamientos armados en el interior y todo tipo de atentados y sabotajes, no es una preocupacin menor para la dirigente de Spartacus.

Democracia burguesa, democracia proletaria y crtica de la revolucin rusa.

Ella defender siempre al objetivo final de la sociedad sin clases ni estado como el factor distintivo del socialismo frente a las posiciones democrticas e incluso radicales surgidas en el seno de la burguesa,[2] y el inmodificable carcter clasista del Estado en la sociedad capitalista, mas all de la adopcin de polticas que favorecen intereses ms amplios que los de la clase dominante:

El Estado existente es, ante todo, una organizacin de la clase dominante. Asume funciones que favorecen especficamente el desarrollo de la sociedad porque dichos intereses y el desarrollo de la sociedad coinciden, de manera general, con los intereses de la clase dominante y en la medida en que esto es as. La legislacin laboral se promulga tanto para servir a los intereses inmediatos de la clase capitalista como para servir a los intereses de la sociedad en general. Pero esta armona impera slo hasta cierto momento del desarrollo capitalista... [3]

La evolucin en sentido democrtico, la legitimacin por el voto popular de los gobiernos, no modifica esta situacin, lo mismo que las formas representativas parlamentarias, que ahondan las contradicciones del capitalismo, sin dejar de reflejar la divisin clasista de la sociedad.

La burguesa y sus representantes estatales slo dejan sobrevivir las formas democrticas hasta el punto en que se tiende a radicalizar eficazmente su contenido democrtico, a erigir a las instituciones polticas en una fortaleza de lucha contra la sociedad dividida en clases. Si ese caso se produce, tanto los capitalistas como la dirigencia poltica no sacrificarn la propiedad privada y sus corolarios, sino las formas democrticas ...apenas la democracia tiende a negar su carcter de clase y transformarse en instrumento de los verdaderos intereses de la poblacin, la burguesa y sus representantes estatales sacrifican las formas democrticas.[4] Estas afirmacin de Rosa se ha visto largamente corroborada a lo largo del siglo XX. Cuando perspectivas anticapitalistas logran superar los filtros y mallas de proteccin que coloca el sistema, y arriban en todo o en parte al poder estatal, las clases dominantes no trepidan en desechar las reglas democrticas y desencadenar el derrocamiento violento de quines desafan su predominio. Desde la Repblica espaola al Chile de la Unidad Popular, han sido claros testimonios en ese sentido.

La crtica democrtica a la revolucin rusa marca la diferenciacin de R.L con la tradicin leninista en formacin. Es insoslayable tener en cuenta que se inserta en un abordaje respetuoso del proceso revolucionario ruso, que lo examina a la luz de una posicin de defensa de la puridad de los ideales socialistas, pero defendiendo el proceso revolucionario ruso como una perspectiva globalmente positiva para el movimiento obrero y socialista a escala mundial.

Para R.L queda claro que la democracia no es un valor instrumenta desde el punto de vista del socialismol, slo estimado como una forma de crear mejores condiciones para el advenimiento de un proceso revolucionario de orientacin socialista. En esa concepcin, las libertades pblicas y los derechos individuales seran armas para defender a la accin poltica proletaria de la persecucin de la burguesa y desplegar con ms amplitud su propaganda y su capacidad de movilizacin. Ese valor tctico desaparecera, por definicin, si fuera el mismo proletariado el que est en el poder, y las libertades burguesas tendran poco que hacer frente al imperio de nuevas libertades, de raz proletaria, definidas sobre todo en el terreno econmico y social, y ms imprecisas en el campo poltico. Para R.L, por el contrario, la democracia es un valor sustancial, permanente. Ello no debe entenderse en el sentido general y abstracto propio de la tradicin liberal, en el que la universalizacin de la ciudadana y el voto basta para constituir una entidad poltica en democrtica. Como hemos visto, R.L tiene claro el carcter de clase del Estado, y la funcin que en relacin con ese carcter cumple la democracia parlamentaria.

La crtica de Rosa est configurada como advertencia a los riesgos derivados de una revolucin proletaria que, en defensa del proceso revolucionario, suprime derechos y libertades incluso para los miembros de la clase que esa revolucin encarna. Dice en relacin con la disolucin de la Asamblea Constituyente:: ...el remedio que encontraron Lenin y Trotsky, la eliminacin de la democracia como tal, es peor que la enfermedad que se supone va a curar; pues detiene la nica fuente viva de la cual puede surgir el correctivo a todos los males innatos de las instituciones sociales. Esa fuente es la vida poltica, sin trabas, enrgica, de las ms amplias masas populares.[5]

A lo que apunta Rosa es a un verdadero gobierno de las mayoras, imposible de desplegar en coexistencia con una estructura social capitalista, pero que a su vez necesitar de una prolongada y laboriosa construccin en un marco de poder proletario. La actividad poltica de las masas trabajadoras es el presupuesto necesario para que asuman efectivamente la iniciativa poltica y con ella la construccin de una democracia sustantiva.[6]

La carencia de mbitos de libre debate, de espacio y facilidades para el surgimiento y consolidacin de organizaciones autnomas de las clases subalternas, equivale a negar en la prctica ese entrenamiento y educacin poltica de toda la masa del pueblo como elemento vital para ejercer la dictadura proletaria. Dictadura proletaria, para R.L es un concepto a aplicar exclusivamente sobre la burguesa suprstite, nunca dictadura del estado-partido sobre el conjunto de la sociedad, incluyendo en primer lugar al propio proletariado.

La denuncia de los lmites de la igualdad y la libertad formales, de la amplia compatibilidad de la vigencia de las libertades pblicas con el reinado de la opresin clasista, no puede equivaler para la socialista polaca a despreciar a aqullas, por el contrario, exige que el socialismo se proyecte siempre en direccin a su ampliacin, tanto en su alcance normativo como en su vigencia social efectiva.

Rosa sita as a la amplitud del espacio para la iniciativa popular como piedra de toque para considerar el sentido ltimo de un proceso poltico. Sino estaramos ante algo similar a lo que Gramsci denomina revolucin pasiva, que puede realizar un programa en apariencia muy similar que un proceso revolucionario autntico, impulsado desde abajo, pero cuyos resultados en trminos de iniciativa y autonoma populares son diversos y hasta opuestos. La pattica paradoja de la supresin de la organizacin autnoma de sindicatos obreros, o la prohibicin de las huelgas; todo en nombre del poder proletario es slo la ms escandalosa de las chirriantes paradojas al que la remisin de las masas a un rol poltico pasivo puede conducir en un proceso cuyo objetivo proclamado es la emancipacin de las masas y el socialismo.

Ms en general, R.L est criticando la entronizacin de una razn instrumental que termina obturando el camino hacia el objetivo en nombre del cual se utilizan medios realistas en la mirada de coyuntura, pero descabellados en una perspectiva estratgica. La supresin del debate y la pluralidad no puede llevar a la construccin de un orden libre, el disciplinamiento forzado, y el silenciamiento de las disidencias no pueden ser nunca una escuela poltica que forme en la libre iniciativa, en la autonoma en la toma de decisiones.

Por eso critica tambin la posicin leninista de la inversin: El estado de los trabajadores es el Estado capitalista puesto cabeza abajo segn Vladimir Ilich.[7] Para Rosa, esto es inadmisible, ya que la construccin de un nuevo poder no se caracteriza por el propsito de oprimir a los restos de la minora explotadora, sino por la finalidad de autoliberacin de la mayora hasta ayer explotada.

La educacin poltica ocupa un lugar inmenso en la concepcin revolucionaria de R.L. a favor de no creer en una conciencia preconstituida que arriba a los trabajadores desde intelectuales que han hecho una acabada elaboracin previa:

Bajo la teora de la dictadura (...) subyace el presupuesto tcito de que (para) la transformacin socialista hay una frmula prefabricada, guardada ya completa en el bolsillo del partido revolucionario, que slo requiere ser enrgicamente aplicada en la prctica.[8]

Ocurre que R.L cree que largas dcadas de vida de los trabajadores en condiciones de explotacin y alienacin, requieren para ser superadas en la construccin de un orden nuevo, de una completa transformacin espiritual.[9]

Por tanto, la posibilidad de disidencia, de debate, de expresin de opiniones divergentes, es la que garantiza que se trate de verdadera educacin y no de simple adoctrinamiento:

La libertad para el que piensa diferente aparece as como sustento de la libertad. Toda restriccin no puede ser sino por tiempo muy limitado y reducida a lo imprescindible, pero eso deja abierto el problema de la defensa de la revolucin frente a sus enemigos de clase, que tienden a actuar de modo implacable, no sujeto a ningn lmite tico, como se ha mostrado una y otra vez en la historia. Rosa no da a la libertad slo un valor de principio, mucho menos abstracto, sino el concreto y prctico de condicin previa, de generacin de un mbito propicio para el crecimiento poltico y cultural de las masas:

La libertad slo para los que apoyan al gobierno, slo para los miembros de un partido (por numeroso que este sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. No a causa de ningn concepto fantico de la justicia, sino porque todo lo que es instructivo, totalizador y purificante en la libertad poltica depende de esta caracterstica esencial, y su efectividad desaparece tan pronto como la libertad se convierte en un privilegio especial.[10]

Un problema que R.L detecta en el proceso revolucionario ruso, es la tendencia a pintar como virtudes, lo que en realidad son medidas de emergencia tomadas en circunstancias harto difciles, cuando no desesperadas, de invasiones externas, guerra civil y hambre masivo. Y hacer de ellas, en consecuencia, un modelo de accin revolucionaria para todo tiempo y lugar. Agrega que todo lo que sucede en Rusia es comprensible, dadas las terribles circunstancias reinantes all, el problema es presentarlo como un ideal, como un modelo a seguir.[11]

Las 21 condiciones, demasiado rusas al decir del propio Lenin, exportaran poco despus el modelo de partido construido en la clandestinidad, en una sociedad carente en gran medida de sociedad civil y sin organizacin parlamentaria ni vigencia del sufragio; en la organizacin partidaria aplicable en todas las latitudes, incluyendo sociedades con amplio desarrollo de parlamento, sindicatos, partidos y organizaciones culturales como Alemania o Francia.

El estancamiento de la formacin poltica de masas, lleva necesariamente a la consolidacin de un estrato minoritario, que asume con carcter permanente la conduccin del nuevo aparato estatal, y tiende a formar una elite que se desapega progresivamente de la clase que, en la teora, titulariza el poder: El control pblico es absolutamente necesario. De otra manera el intercambio de experiencias no sale del crculo cerrado de los burcratas del nuevo rgimen.[12]

R.L. piensa que nadie ms que Lenin es consciente de la necesidad de una transformacin espiritual de las masas, de una formacin poltica en gran escala, pero intenta realizarla por medios equivocados, por la imposicin forzada de una disciplina implacable. El mal parte de la propia vida de fbrica, dnde R.L. seala la existencia de un poder dictatorial de la supervisin, proyeccin de la descaminada concepcin que parece presidir la construccin del nuevo estado proletario:

Los decretos, la fuerza dictatorial del supervisor de fbrica, los castigos draconianos, el dominio por el terror, todas estas cosas son slo paliativos. El nico camino al renacimiento pasa por la escuela de la misma vida pblica, por la democracia y opinin pblica ms ilimitadas y amplias. Es el terror lo que desmoraliza.[13]

Cmo debe desenvolverse la vida pblica en el socialismo? Rosa es tajante: Elecciones generales, irrestricta libertad de prensa y reunin, libre debate de opiniones... Lo contrario es la muerte de la vida poltica y la entrega del poder, por omisin, a una burocracia formada por unos pocos dirigentes, con una parte de la clase obrera sometida al rol de rgano de aclamacin, habilitados nicamente para aprobar por unanimidad las decisiones de los jefes.[14]

El poder predictivo de estas descripciones, que se haran plenamente realidad bajo el predominio omnmodo de Stalin, resulta estremecedor. Lo nico que no aparece previsto es la concentracin del poder en una sola persona, habilitada en la prctica para manejar, destruir y recomponer a la sociedad toda, e incluso a la burocracia dirigente. Todo el resto es una acertada anticipacin de los regmenes basados en el partido nico marxista leninista, y del sovitico en particular.

Bien entendido, todo lo anterior no debe interpretarse como un rechazo conceptual a la idea de dictadura proletaria. Por el contrario, para R.L el proletariado necesita ejercer una dictadura, pero mediante mecanismos que extiendan el poder coercitivo al conjunto de la clase no a un partido o camarilla. ...esta dictadura debe ser el trabajo de la clase y no de una pequea minora dirigente que acta en nombre de la clase; es decir, debe avanzar paso a paso partiendo de la participacin activa de las masas; debe estar bajo su influencia directa, sujeta al control de la actividad pblica; debe surgir de la educacin poltica creciente de la masa popular.[15]

Dictadura de la clase oprimida sobre las antiguas clases opresoras, pero que para ella no misma no puede significar otra cosa que una democracia sin lmites.[16]

R.L no reivindica en absoluto la democracia burguesa, a la que ve como una forma encubridora del contenido de desigualdad social de las sociedades capitalistas. Pero su punto de vista es que la libertad e igualdad formales no deben ser repudiadas, sino tomadas como base para marchar hacia una conquista del poder poltico en que se instaura una democracia cualitativamente superior, sin eliminar sino en cierta forma completando la concepcin democrtica de la era burguesa.[17]

Y esa democracia socialista no es algo que comienza despus de construidas las bases de la economa socialista, sino que debe desarrollarse simultneamente a la construccin del socialismo:

...la democracia socialista no es algo que recin comienza en la tierra prometida despus de creados los fundamentos de la economa socialista, no llega como una suerte de regalo de Navidad para los ricos...La democracia socialista comienza simultneamente con la destruccin del dominio de clase y la construccin del socialismo. Comienza en el momento mismo de la toma del poder por el partido socialista. Es lo mismo que la dictadura del proletariado.[18]

En la dicotoma socialismo o barbarie se plantea no slo el rechazo al mundo de mercantilizacin desenfrenada, egosmo universal y destruccin del ser humano en aras de la rentabilidad para el capital, sino tambin a la brutalizacin de la vida poltica susceptible de ocurrir en una dictadura ejercida, tambin sobre el proletariado, y la consecuente concentracin del poder en una camarilla estrecha que expropia a las masas de toda facultad de decisin en nombre de la mejora de su nivel de vida. En fin, de lo que est en contra Rosa, es tambin de la posibilidad de que la barbarie sea entronizada en nombre del socialismo.

El planteo crtico de Rosa no es equidistante. Ella est alineada con los socialistas que apostaron a una revolucin socialista en Rusia, y contra aqullos que enviaron al proletariado a la masacre, en defensa de las burguesas de sus pases. Lo que seala son tendencias negativas que podran constituir la base para frustrar todo el proceso, o conducirlo a un lugar bien distinto de la ruta de liberacin social que se ha trazado. Y la indispensable construccin simultnea y en conjunto del reino de la libertad y la igualdad universales y la direccin socialista del proceso econmico en base a una propiedad efectivamente colectiva de los medios de produccin. Un aspecto no existe sin el otro.

Muy breve excursin gramsciana

Gramsci tiene afinidad con el pensamiento de Rosa, pese a que varias de las referencias explcitas a ella en los Cuadernos tienden a polemizar con la visin de R.L en torno a la relacin entre crisis econmica y transformacin poltica, que Gramsci visualiza como mucho ms mediada. Esto se manifiesta con claridad en la consideracin del centralismo democrtico y del rol de partido proletario y sus mtodos de conduccin, que se acerca a los planteos de Rosa, no en el sentido de la crtica desde el inicio a la concepcin bolchevique del poder poltico y el desarrollo socialista, sino en su planteo de no aplicacin de esa concepcin a Occidente, mbito en el que ya no sera posible el asalto al poder, sino la estrategia prolongada y difcil de la guerra de posiciones.

En su peculiar lenguaje, al referirse a la dictadura del proletariado, admite la necesidad de unl perodo de estadolatra, es decir de iniciativa predominante por parte de los nuevos ocupantes del aparato estatal:

Para algunos grupos sociales, que antes de acceder a la vida estatal autnoma no han tenido un largo perodo de desarrollo cultural y moral propio e independiente, [...] un perodo de estadolatra es necesario e incluso oportuno...[19]

Pero ese rol estatal adquiere sentido en cuanto va para el fortalecimiento de la sociedad civil y la consiguiente elevacin poltica de las masas:

esta estadolatra no es ms que la forma normal de vida estatal, de iniciacin, al menos, en la vida estatal autnoma y en la creacin de una sociedad civil que no fue histricamente posible crear antes del acceso a la vida estatal independiente. [20]

Por tanto, su condicin ineludible es la provisoriedad, la limitacin en el tiempo, hasta que el impulso al autogobierno cobre el predominio en el interior de la nueva vida estatal:

...no debe ser abandonada a s misma, no debe, especialmente, convertirse en fanatismo terico y ser concebida como perpetua; debe ser criticada precisamente para que se desarrolle y produzca nuevas formas de vida estatal, en las que la iniciativa de los individuos y grupos sea estatal aunque no se deba al gobierno de funcionarios (hacer que la vida estatal se vuelva espontnea)[21]

La preocupacin por el afianzamiento de un pequeo ncleo que sofoca desde arriba el debate, est presente con frecuencia en los Cuadernos.. Su mirada puede ser incluso ms precisa que la de R.L, en tanto que G. est asistiendo al comienzo de la instauracin del stalinismo. Lo describe como un proceso de distorsin del centralismo democrtico, que va perdiendo su continua adecuacin al movimiento histrico real, para ser reemplazado por lo que denomina el centralismo burocrtico, sistema en el que una pequea minora comienza a convertirse no en estmulo y orientacin, sino en freno para las iniciativas y el crecimiento poltico que parten de abajo:

...en los Estados el centralismo burocrtico indica que se ha formado un grupo estrechamente privilegiado que tiende a perpetuar sus privilegios regulando e incluso sofocando el nacimiento de fuerzas contrariantes en la base...lo que indicara que ...el grupo dirigente est saturado y convirtindose en una camarilla estrecha que tiende a perpetuar sus mezquinos privilegios regulando o incluso sofocando el nacimiento de fuerzas contrarias, aunque estas fuerzas sean homogneas a los intereses dominantes fundamentales. [22]

Gramsci no atribuye este proceso, lo mismo que Rosa, a un impulso perverso de la minora predominante, sino a la falta de capacidad de iniciativa y direccin de las bases:

"En todo caso hay que sealar que las manifestaciones morbosas del centralismo burocrtico se han producido por deficiencias de iniciativas y responsabilidad en la base, o sea por el primitivismo poltico der las fuerzas perifricas..."[23]

Tambin Gramsci muestra un poder predictivo notable en cuanto a la evolucin posterior del socialismo real, al mismo tiempo que delinea una relacin ideal entre masas populares, partido y estado proletario, en que es el impulso de abajo el que da el tono y carcter a la revolucin. Tambin para G. la democracia es un valor intrnseco para la transformacin socialista y la elevacin a la vida estatal de las clases subalternas. La revolucin pasiva no parece ser slo una asuncin por la clase dominante de los objetivos de las subalternas, sino el desprendimiento de un ncleo que usurpa mediante la prctica y la doctrina estadoltrica la revolucin iniciada desde abajo.

Explorando Amrica Latina (A modo de breve conclusin)

La discusin sobre democracia y socialismo necesita ser sacada del punto muerto en que por un perodo la coloc la disolucin de la URSS y la evolucin en sentido de restauracin del capitalismo de lo que fue el antiguo bloque socialista. La concepcin hegemnica sobre el tema desde entonces podra resumirse en dos creencias: 1) Todo experimento para acabar con el capitalismo y construir una sociedad basada en la propiedad colectiva de los medios de produccin y el autogobierno de las masas, ha conducido ms temprano que tarde a una dictadura de ribetes totalitarios. 2) Las nicas democracias realmente existentes son las construidas sobre la base de las instituciones parlamentarias; por tanto, 3) No hay compatibilidad posible entre democracia poltica y organizacin socialista del proceso econmico.

Sin embargo, la democracia de consejos y asambleas como alternativa a la democracia parlamentaria, cada vez ms mediatizadora y delegativa, ha reaparecido, apuntando con claridad a la conjugacin de la vigencia amplia de las libertades civiles, y la pluralidad en el pensamiento, la autonoma en la organizacin popular y las mltiples modalidades de accin poltica.

El pensamiento de R.L., formulado al filo del final de la I Guerra Mundial, constituye una gua para re-pensar, ms de ochenta aos despus, las relaciones entre democracia y socialismo. Ello a partir de su insobornable puesta en primer lugar de la iniciativa poltica y la capacidad efectiva de decisin que la transicin socialista debe conferir a las grandes masas populares, y de la visin de democracia y socialismo como dos caras inescindibles del mismo proceso, no como dos fases sucesivas. Ello apareja la necesidad de garantas contra la entronizacin de burocracias expropiadoras de la iniciativa popular, o de jefes providenciales que se identificacin con la revolucin social y con el curso de la historia, sino existe debate democrtico. Las salvaguardas contra la usurpacin no se establecen mediante clusulas formales, sino con el funcionamiento de los mecanismos democrticos entendidos como constitutivos e irrenunciables del nuevo sistema, no subsumidos en el voto peridico, ni en la delegacin sin mandato explcito ni revocabilidad posible.

Menos an consiente en la despolitizacin de la nocin de democracia en aras de acentuar sus contenidos sociales, de acuerdo a la cual lo decisivo no es tanto quin toma las decisiones sino que sujeto social resulta beneficiario de las mejoras que el proceso de transformacin social proporciona. Para ella, el socialismo equivale a una verdadera explosin democrtica, incompatible con la delegacin de poder a una minora burocratizada. La transicin al socialismo requiere una dictadura, pero sta no tiene otro sujeto que la clase en su conjunto, no la vanguardia de la clase ni el partido revolucionario. Como escribe un autor de los aos 30 glosando el pensamiento de R.L, ...la democracia resulta ser la base indispensable de la organizacin socialista.[24]

Tan pronto como a mediados de los 90 comenz a percibirse una puesta al da, no ya en la discusin terica, sino en la prctica poltica, de la relacin entre democracia y perspectiva emancipatoria de las clases subalternas, desatada precisamente en Amrica Latina. Fue el alzamiento de los zapatistas en Chiapas, y sus posteriores realizaciones en el campo de la deliberacin permanente y el horizontalismo de la organizacin comunitaria, los que marcaron el primer hito significativo, y rompieron el clima del imperio de los fines, dominado por la omnipresente prdica acerca de que todo cuestionamiento radical al orden social capitalista y a la representacin poltica parlamentaria constitua un irremisible anacronismo.

La degradacin de las instituciones democrticas en los diferentes pases latinoamericanos iba camino a convertirlas en meras coberturas de un proceso de concentracin de la riqueza, disciplinamiento forzado y prdida de derechos de los trabajadores, unida a la perenne cada del nivel de vida, los servicios sociales y el nivel de ocupacin. Lo que dcadas antes haba parecido la definitiva entronizacin del estado de bienestar, las polticas sociales universales y el tripartismo en la decisin de las relaciones entre capital y trabajo, concluy revelndose como un estadio temporario y reversible, inducido ms por el miedo a la revolucin social y la competencia entre sistemas propias de la guerra fra, que por un arraigo profundo de los derechos econmicos, sociales y culturales. El supuestamente superado capitalismo de libre mercado volva por sus fueros, y el sistema de la propiedad privada tornaba a parecerse nuevamente a la descripcin que de ellos haban hecho los clsicos del pensamiento socialista, incluida R.L. Al mismo tiempo, un poder capitalista mundial que encontr en un difuso terrorismo internacional un enemigo maleable a sus propsitos, procedi a acentuar las restricciones de las libertades civiles, del trnsito de las personas, y a entronizar la vigilancia global, en una prctica que retoma, empeoradas, ciertos rasgos del perodo de auge de la guerra fra.

La reaccin frente al aumento ininterrumpido de la desigualdad y la injusticia, dio lugar a la aparicin de nuevas organizaciones populares, preocupadas a su vez por lograr un funcionamiento sustancialmente democrtico, reacio a cualquier delegacin. Ellas eran reacias a confiar en cualquier direccin externa al propio movimiento. El deseo de no repetir la experiencia del socialismo real, con su dramtica realizacin de las peores previsiones de Rosa Luxemburgo o Gramsci, forman parte de la partida de nacimiento, de esas nuevas organizaciones. El cauce tomado por el descontento crecientemente movilizado termin, en pases como Ecuador, Bolivia, Per y Paraguay, en rebeliones populares que dieron por tierra con gobiernos slo atentos a los dictados del gran capital, y protagonizaron (y protagonizan) fuertes demandas de una radical renovacin de la vida democrtica, pero sin por ello impedir que se suturara las crisis por los mecanismos institucionales tradicionales. En un proceso histrico de distinta trayectoria y caractersticas, la derrota por va de la movilizacin popular de masas de un intento de golpe militar en Venezuela, dio lugar a una progresiva radicalizacin en que tanto el gobierno democrtico tom nota de la inmensa deuda contrada con las aspiraciones mayoritarias, como las organizaciones populares incrementaron su reclamo de autonoma y construccin de un poder social y poltico diferente.

Paralelamente, las democracias latinoamericanas realmente existentes les franquean las vas de acceso al gobierno a aquellos partidos y coaliciones que, aunque de origen socialista, han dejado de constituir una amenaza, como en el caso del PT brasileo y el Frente Amplio uruguayo. Se vuelve a plantear as la impotencia prctica para producir transformaciones decisivas desde la institucionalidad existente, a la vez que la subsistente capacidad de las clases dominantes para hacer funcionales a sus fines fuerzas polticas que antes se le oponan.

El escenario queda abierto a experiencias novedosas de distinto signo, y el debate y la disputa prctica sobre la articulacin de forma y contenido, institucionalidad formal y efectivo poder de decisin, contina en curso como una de las incgnitas fundamentales a develar, en Amrica Latina y en el mundo.



[1] F. Furet, El pasado de una ilusin. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX, Mxico, FCE, 1995, p. 103.

[2] ...el objetivo final del socialismo es el nico factor decisivo que distingue al movimiento socialdemcrata de la democracia y el radicalismo burgueses, el nico factor que transforma la movilizacin obrera de conjunto de vano esfuerzo por reformar el orden capitalista en lucha de clases contra ese orden para suprimir ese orden... Rosa Luxemburgo, Obras Escogidas, Buenos Aires, Pluma, 1976. Tomo I, p. 49.

[3] dem, p. 69

[4] Idem, p. 72.

[5] Rosa Luxemburgo, Obras...II, p. 192.

[6] ...la destruccin de las garantas democrticas ms importantes para una vida pblica sana y para la actividad poltica de las masas trabajadoras: libertad de prensa, derechos de asociacin y reunin, que les son negados a los adversarios del rgimen sovitico. En lo que hace a estos ataques (a los derechos democrticos) los argumentos de Trotsky ... distan mucho de ser satisfactorios. Por otra parte, es un hecho conocido e indiscutible que es imposible pensar en un gobierno de las amplias masas sin una prensa libre y sin trabas, sin el derecho ilimitado de asociacin y reunin. (p. 195)

[7] Lenin dice que el Estado burgus es un instrumento de opresin de la clase trabajadora, el Estado socialista de opresin a la burguesa. En cierta medida, dice, es solamente el Estado capitalista puesto cabeza abajo. Esta concepcin simplista deja de lado el punto esencial: el gobierno de la clase burguesa no necesita del entrenamiento y la educacin poltica de toda la masa del pueblo, por lo menos no ms all de determinados lmites estrechos. Pero para la dictadura proletaria se es el elemento vital, el aire sin el cual no puede existir. Idem,...p.. 195

[8] Idem. II, p. 196.

[9] La vida socialista exige una completa transformacin espiritual de las masas degradadas por siglos de dominio de la clase burguesa. Los instintos sociales en lugar de los egostas, la iniciativa de las masas en lugar de la inercia, el idealismo que supera todo sufrimiento, etctera. Idem, p. 197.

[10] Ibidem.

[11] El peligro comienza cuando hacen de la necesidad una virtud, y quieren congelar en un sistema terico acabado todas las tcticas que se han visto obligados a adoptar en estas fatales circunstancias, recomendndolas al proletariado internacional como un modelo de tctica socialista. ... ...una revolucin proletaria modelo en un pas aislado, agotado por la guerra mundial, estrangulado por el imperialismo, traicionado por el proletariado mundial, sera un milagro. Idem, p. 202.

[12] La verdadera emancipacin obrera exige un poder poltico y un partido lanzados a una vida poltica plena, dirigida todo el tiempo a la elevacin poltica de las masas.[12]

[13] Idem...II, 198.

[14] Sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunin, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institucin pblica, se torna una mera apariencia de vida, en la que slo queda la burocracia como elemento activo Gradualmente se adormece la vida pblica, dirigen y gobiernan unas pocas docenas de dirigentes partidarios de energa inagotable y experiencia ilimitada. Entre ellos, en realidad dirigen slo una docena de cabezas pensantes, y de vez en cuando se invita a una lite de la clase obrera a reuniones donde deben aplaudir los discursos de los dirigentes, y aprobar por unanimidad las mociones propuestas...una dictadura, por cierto, no la dictadura del proletariado sino la de un grupo de polticos, es decir una dictadura en el sentido burgus, en el sentido del gobierno de los jacobinos... esas condiciones deben causar inevitablmente una brutalizacin de la vida pblica: intentos de asesinato, caza de rehenes, etctera. Idem, (p. 198.

[15] Idem..., p. 201.

[16] Dictadura de la clase significa, en el sentido ms amplio del trmino, la participacin ms activa e ilimitada posible de la masa popular, la democracia sin lmites. Idem, p. 200.

[17] ...siempre hemos diferenciado el contenido social de la forma poltica de la democracia burguesa; siempre hemos denunciado el duro contenido de desigualdad social y falta de libertad que se esconde bajo la dulce cobertura de la igualdad y la libertad formales. Y no lo hicimos para repudiar a stas sino para impulsar a la clase obrera a no contentarse con la cobertura sino a conquistar el poder poltico, para crear una democracia socialista en reemplazo de la democracia burguesa, no para eliminar la democracia. Idem, p. 201.

[18] Ibidem.

[19] A. Gramsci, Cuadernos de la Crcel, Mxico, Era- Universidad Autnoma de Puebla , tomo III, p. 282

[20] Ibidem

[21] Ibidem.

[22] Cuadernos V, p. 78.

[24] Lucien Laurat Un mximo de democracia en Prefacio a la primera edicin de Marxisme contre Dictadure, 1934, transcripto en D. Guerin, Rosa Luxemburg o la espontaneidad revolucionaria, Buenos Aires, 2003, p. 124.



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