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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-11-2016

Uruguay
La trampa de la confianza

Emilio Cafassi
La Repblica


El domingo pasado intentaba subrayar desde estas pginas la tarea asumida por el Frente Amplio uruguayo (FA) de organizar su prximo congreso sometiendo a debate la posible iniciativa de reforma de la constitucin nacional. Y simultneamente que la discusin que se pona a consideracin de todas las instancias y particularmente de los comits de base, comenzara auscultando y revisando los valores que sustentan al FA, desde los cuales pergear los derechos, libertades, dispositivos de poder e institutos que encarnen y defiendan tales valores en una futura carta magna. Sin perjuicio de ello, sugera tambin una importante limitacin metodolgica de la que podran inferirse algunas otras ms tericas o ideolgicas. Al basarse exclusivamente en el consenso pleno de una organizacin tan heterognea, resultaba un texto ambiguo y en ocasiones contradictorio, aunque no en todas las esferas necesariamente sino muy marcadamente en el plano poltico e institucional. Una referencia de este documento a un texto que en la tradicin frentista se considera cardinal y hasta fundacional como las bases programticas del 84, me invit a revisitar las fuentes y trazar algunas comparaciones entre aquellos documentos basales y el que coment entonces y retomo ahora.

Tal vez parte del acotamiento para arribar al consenso provenga de la exclusin de diagnsticos de la realidad () aspectos programticos propios de nuestras Bases Programticas -y- () consideraciones de ndole estratgica, de lnea poltica u organizativas, cosa que metodolgicamente no est mal, pero dificulta intersecciones comparativas con los documentos rectores. Si bien aquellos se cean a cuestiones programticas y estratgicas, estaban preados de valores y principios aunque stos tuvieran un carcter ms tcito, del mismo modo que el documento actual sobre valores, no deja de tener -algo ms tcitamente tambin- visiones estratgicas y propuestas programticas posibles. Parece adecuado pensar los valores en el mximo nivel de abstraccin y autonoma analtica, pero como criterio metodolgico y expositivo a fin de ganar en precisin y universalidad, no porque los valores permanezcan aislados de medidas concretas que los reflejen y custodien.

An con todas las precauciones analticas que la diferencia contextual aconseja, en el sentido ms amplio posible, salta a la vista que el devenir programtico del FA a medida que se fue consolidando la institucionalidad constitucional, tanto como la ejecucin de sus polticas en sus tres perodos de gobierno, contrastan en el plano econmico y social con la radicalidad de las medidas concebidas en sus momentos fundacionales y en el perodo de resistencia a la dictadura. Surge del llamamiento de personalidades del 7 de octubre del 70, de la declaracin constitutiva del 5 de febrero del 71, del famoso discurso de Seregni en las escalinatas del palacio municipal del 26 de marzo, de las 30 primeras medidas de gobierno del 25 de agosto, tambin del 71 y las bases programticas del 9 de agosto del 84. De aquellas medidas insignes como la reforma agraria, nacionalizacin de la banca, el comercio exterior y la industria frigorfica queda slo una lejana reminiscencia. Su letana retorna a veces culposa sobre las formulaciones del presente, no ya porque de entonces hasta hoy no haya habido cambios significativos y puedan recuperarse sus recetas sin ms, sino por los silencios argumentales que disimulan las amortiguaciones y esmerilados actuales.

Es esta una expresin sintomtica de lo que -en Argentina al menos- se llama teorema de Baglini segn el cual el grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente poltico es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder, volvindose por lo tanto cada vez ms conservador al acercarse a tal poder? Slo algo de eso hay, pero no porque tal teorema sea justo y aplicable a toda dinmica poltica sino exclusivamente a la que denomino democracia liberal-fiduciaria, que es precisamente la que me vengo proponiendo debatir, cuestionar y superar propositivamente en varios textos, debates e intervenciones militantes. Y el congreso es una excusa inmejorable para ello. El FA no reproduce mecnicamente hoy los medidas y demandas de los 70 y 80. Al contrario, como ya insinu, moriger fuertemente las medidas sociales y econmicas propuestas entonces, pero a la vez incorpor y ejecuta actualmente una agenda de derechos y extensin de la igualdad que no eran concebidas entonces. La inmovilidad conceptual se restringe mucho ms a la esfera poltica e institucional, en particular a la nocin de democraticidad y representacin.

Si bien desarroll esta tesis en otros trabajos con ms detenimiento, resumo aqu que prefiero denominar democracia liberal-fiduciaria a lo que la ideologa dominante llama LA democracia, como si fuera la nica y natural forma de ejercicio de la soberana popular porque est basado en la ingenua utopa de la confianza y la liberacin automatizada de la responsabilidad y la participacin de los afectados en las decisiones que los conciernen. Liberal, por la confianza de los participantes en la mano invisible del mercado, en su despersonalizacin y veredicto pragmtico desde la cuantificacin. Fiduciaria (del latn fiduciarius, que significa dependencia del crdito o confianza que alguien merezca, y algunos otros atributos convergentes sobre los que la real academia espaola abunda) como depositacin de toda responsabilidad sobre los representantes o en otros trminos de autonomizacin de stos. De este modo, la forma de representacin burguesa moderna supone la irre sponsabilidad jurdica del representante. No tiene que dar cuenta de accin alguna por sus actos en el ejercicio de su mandato, ya que justamente el lazo que los vincula no es mandatario y se extingue en el acto eleccionario mismo. No existe forma alguna de   compromiso con los representados o mandantes ni existe ningn procedimiento de control de la gestin de los representantes, ni menos an de algn mecanismo de sancin o revocatoria ante una eventual defraudacin o incumplimiento de propsitos o promesas.

Como aquellos documentos fundacionales no hacen gala de despliegue crtico sobre los conceptos de democracia y representacin, podra pensarse ingenuamente que la concepcin dominante actual es continuidad y reflejo de aquellas concepciones. Sin embargo, los textos del 70, 71 y 72 se dan en un contexto de virtual dictadura conocido popularmente como el pachecato, a partir de la asuncin del vicepresidente Pacheco Areco en el 67 luego de la muerte del presidente constitucional Gestido. Gobierno represivo de cuanta movilizacin o protesta hubiera, organizador de escuadrones de la muerte dedicados al asesinato de militantes populares, facilitador de la intervencin de las FFAA en la poltica, clausurador serial de diarios y prologuista del golpe de estado del 73 luego de la sucesin por parte del posterior terrorista de Estado Bordaberry.

La concepcin de la institucionalidad y los derechos polticos de la ciudadana en los documentos fundacionales tanto de los aos 70 cuanto del 84 presentan el mero retorno a la vigencia constitucional, es decir a la democracia liberal-fiduciaria como una inmensa conquista en funcin del contexto en el que se desenvuelve la vida poltica de la resistencia y se formulan los textos. No poda ser de otro modo. El mero derecho a reunin y organizacin, a libre opinin o votacin ya poda parecer la conquista del cielo por asalto, con buena parte de los compaeros presos, con desaparecidos y torturados.

Pero adems de la diferencia de contexto histrico, la concepcin de democracia y representacin que se desprende para las propias filas del FA, no refleja ingenuidad ni aquiescencia para con la representacin fiduciaria. En el documento compromiso del 72 aparece claramente la idea de mandato imperativo. En el punto II, inc. B exige la adopcin bajo mandato imperativo por parte de los integrantes del FA electos y de los que ocupen otros cargos de responsabilidad poltica, de aquellas resoluciones de los organismos dirigentes que en forma expresa sealen ese mandato. En todos los casos se les dar oportunidad de expresar opinin previamente. Ya en el inc. D, abunda sobre la tica y la cuestin patrimonial del representante. Y debe recordarse adems la resistencia que histricamente le opuso el FA mediante la candidatura nica a la manipulatoria ley de lemas.

En el congreso de noviembre, el FA vuelve a tener una cita con la poltica. All se ver si vuelve a seducirla.

Emilio Cafassi. Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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