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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2016

Justicia en la resolucin de conflictos
Una nueva mayora poltica siria

Yassin Al-Haj Saleh
Al-Jumhuriya English

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Este artculo va dirigido a un lector annimo, bienintencionado y moderadamente informado para sugerirle una visin de resolucin justa de la cuestin siria y examinar los potenciales problemas y obstculos que pueden presentarse en el camino.


Celebrando en Alepo el quinto aniversario de la Revolucin siria (Reuters)

Qu significa una solucin para Siria?

A los sirios implicados en los asuntos pblicos siempre se nos est preguntando por nuestra idea para solucionar el conflicto sirio. Pocas veces la pregunta pretende indagar cules podran ser las soluciones justas. En cambio, se concede normalmente que la cuestin es complicada, que la resolucin escapa al mbito de lo posible, o quizs que no puede llegarse a una solucin sin hacer retroceder los relojes a una poca anterior a marzo de 2011. Aparte de todo esto, la pregunta se deriva tambin a menudo de una supina ignorancia respecto a la historia de la disidencia poltica en Siria y de las luchas aplastadas a favor de una transicin democrtica de toda una anterior generacin de sirios. Esta lnea de preguntas est tambin divorciada, desde cualquier punto de vista, de las diferentes fases de nuestra lucha que condujeron a la actual coyuntura.

No obstante, este artculo aborda directamente esa pregunta acerca de la resolucin de la crisis imaginando a un lector serio annimo que aspira sinceramente a una solucin justa del prolongado desastre sirio o a una solucin que al menos se site en las proximidades de la justicia.

Vayamos al ncleo de la cuestin. Una solucin justa en Siria debera basarse en el establecimiento de una nueva mayora poltica en el pas en la que una mayora creciente de sirios se sientan representados polticamente, que ponga fin a un gobierno minoritario y oligrquico, a la vez que siente las bases para una nueva Siria y un rgimen poltico sirio de integracin. Esto requiere el fin del gobierno asadista, del Daesh y de cualquier grupo yihadista-salafista, adems de instituir la igualdad poltica y cultural para los kurdos sin hegemonas nacionalistas. Es necesario que se establezcan los cimientos de una Siria democrtica basada en la ciudadana.

Esto cumplira las demandas de justicia poltica, ampliando la base de gobierno, augurando horizontes menos sombros para la evolucin poltica en el pas y, a largo plazo, limitara las posibilidades de una erupcin poltica violenta.

Con el cambio de siglo, una autoridad legada dentro de la dinasta asadista institucionaliz el carcter minoritario del gobierno en Siria. En efecto, ese hecho implic una transformacin sultnica que dio la puntilla final a la repblica siria, requiriendo de una enmienda constitucional a fin de que el Estado profundo sirio pudiera sostener a la dinasta de los Asad. La liberalizacin econmica orientada hacia el neoliberalismo reforz los aspectos minoritarios del gobierno y, por tanto, una interconexin sin precedentes entre la retencin excluyente del poder y el acceso privilegiado a los recursos nacionales por parte de una nueva clase burguesa, compuesta principalmente por parientes, compinches y asociados. Adems, durante los aos tanto del Padre como del Hijo, el Estado asadista ha echado mano del sectarismo como herramienta fundamental de gobierno, fomentando la escisin entre sus gobernados, el temor de los unos hacia los otros y ofreciendo a un sector de la poblacin, los alaues, que constituyen fundamentalmente el escudo de seguridad estatal, una identificacin discriminatoria con el Estado.

Este carcter minoritario multifactico, en el cual se solapan tanto el sentido social como sectario de minora, ha sido fuente de descontento y de guerra civil fra que ha hecho erupcin en dos ocasiones en el curso de tres dcadas. Una estructura tal no permite ms que estallidos de violencia. Se basa esencialmente en colocar a la poblacin en cuarentena poltica, alimentando la desconfianza y el temor entre ellos, mientras el centro sultnico y la clase neoburguesa (que en otro artculo describ como burguesa externa o central) va excluyndolos gradualmente del uso de los recursos pblicos.

Para poner fin a esta historia cclica es necesario romper con el gobierno minoritario y formar una nueva mayora poltica.

Qu tipo de mayora poltica?

La nueva mayora en Siria no se refiere a la mayora rabe sunn sino a una mayora social que es intercomunitaria. En Siria, no slo los sunnes carecen de unidad o convergencia poltica sino que las divisiones de clase y regionales que les separan son iguales, cuando no superiores, a las divisiones existentes entre ellos y otros grupos. Y ms importante, el carcter sunn no evitara el gobierno minoritario en mayor proporcin que lo hara el carcter rabe. Aunque los rabes constituyen una gran mayora de sirios, el nacionalismo rabe ha fracasado sin lugar a dudas a la hora de impedir un gobierno minoritario o de conseguir una mayora poltica.

Desde luego, lo ms probable es que la mayora de esta nueva mayora siria fuera sunn. Sin embargo, el mero hecho de que pertenezcan a la secta sunn no socava inherentemente la posibilidad de establecer una mayora poltica estable, a menos que los sunnes rabes estuvieran unificados o se comportaran como grupo homogneo y distintivo. En mi opinin, eso es insostenible, como se ha puesto en evidencia en el curso de los cinco aos y medio de la Revolucin siria. Si la homogeneidad entre los sunnes llegara alguna vez a materializarse, necesitara de una amplia coercin que debera centrarse mucho ms en el entorno sunn que en otros, llegndose as a un gobierno minoritario complejo: una minora entre los sunnes y una minora entre los sirios.

A pesar del hecho de que uno podra definir a los islamistas en funcin de su voluntad de sectarizar y unificar a los sunnes, es cierto que si el gobierno llegara a consolidarse en sus manos, no iban a sentirse muy cmodos si las dos terceras partes de la poblacin se mantuvieran unidas y pblicamente activas. Por razones islamistas, se dedicaran a dividirles y devolverles a la pasividad, a saber, imponiendo un gobierno minoritario sunn y renovando el despotismo. Sin embargo, si los sunnes se mantuvieran polticamente activos, entonces algunos islamistas buscaran socios y aliados entre otras comunidades. Es probable que el resultado de todo esto fuera una mayora poltica del tipo de la que surgi en los primeros aos de la dcada de 1930 contra los franceses, o contra al-Shishakli a raz de la conferencia de Homs de 1954.

Esa mayora poltica siria sera una mayora social e intercomunitaria que slo excluira a aqullos que fueran activamente leales al Estado de Asad (la justicia predetermina que algunos sean juzgados y otros puestos polticamente en cuarentena a partir de sus hechos, no de sus orgenes). La mayora de la nueva Siria se esforzara en aglutinar a los sectores ms amplios de la poblacin de todas las diferentes comunidades que no hayan sido cmplices de la oligarqua de los Asad.

Una retrica tal no es especialmente novedosa. Es la sustancia misma de las aspiraciones democrticas que han sido repetidamente puestas de manifiesto desde antes de la primera oleada de resistencia al gobierno asadista en la ltima mitad de la dcada de 1970, un perodo en el que la opresin de Asad se intensific y apareci una nueva clase burguesa. Sin embargo, para lidiar con la cuestin de la democracia en Siria se necesita de una especificidad particular, debido al aumento de la influencia de las formaciones comunitarias en la vida pblica actual, as como para abordar las preocupaciones de las minoras y sus derechos.

Es sabido que en la genealoga del paradigma de la proteccin de las minoras est el ascenso del imperialismo en Europa y la aparicin de la cuestin oriental (que, en realidad, es una cuestin occidental, segn Arnold Toynbee). Desde esta genealoga se plantea la nocin de que las minoras corren peligro, especfica y exclusivamente, ante la mayora musulmana. Nos aventuramos en un drama romntico en el que los racionales europeos son responsables de proteger a las pobres y dbiles minoras de los malvados y agresivos musulmanes. El contexto de tal proteccin no ha sido nunca el de la justicia y la libertad, ni siquiera el de la racionalizacin (Por un lado, las organizaciones racionales se impusieron desde arriba y, por otro, iban acompaadas inmediatamente de excepciones, protecciones y privilegios reservados para los ntimos de las potencias europeas.) El contexto fue precisamente el de la expansin y saqueo armado y colusin con los depredadores imperiales durante el Imperio otomano. Esto resulta suficiente para ejercer una extrema cautela al utilizar la clusula de proteccin de las minoras, que ha ido resurgiendo en contextos internacionales similares. Si bien los enclaves de mayora sunn de la Revolucin siria han buscado abiertamente la proteccin internacional, desde el verano de 2011 han venido sufriendo exposicin, ausencia de proteccin y obstculos a su empoderamiento, dificultando que pudieran protegerse a s mismos.

Lo que resulta novedoso en los llamamientos contemporneos a la proteccin de las minoras es la expansin de las minoras patrocinadas a fin de incluir a los kurdos. Esta maniobra surge al considerar que la amenazante mayora est compuesta exclusivamente de musulmanes rabes sunnes y que, al contrario, las potencias occidentales y Rusia actan como protectores, dando la impresin de que slo les motiva el afn de justicia. Estos sistemas de proteccin haban precedido al colonialismo tradicional en muchos de nuestros pases y contribuido en forma grave a la creacin del problema sectario. El sistema se convirti entonces en un aspecto de la administracin colonial y de las polticas abiertamente sectarias en Siria, Lbano y Palestina. Siempre hubo agentes locales para los protectores (anteriormente franceses, britnicos y rusos y, en la actualidad, estadounidenses y rusos, entre otros) que propagaron la amenaza y brutalidad de la mayora tnica y religiosa.

Por qu no un sistema de cuotas?

No es posible construir una mayora poltica siria mediante un sistema de cuotas sectarias que provea de proteccin a las minoras y garantice sus derechos? (Abordar la dimensin kurda de la resolucin siria en otro prrafo.) Lo extrao es que nadie de entre los defensores de las minoras y los que se preocupan por sus derechos haya pedido antes esto. No resulta difcil comprender la razn, porque las cuotas deben tener en cuenta las ratios de poblacin. Esto podra colocar las dos terceras partes del poder poltico en manos de los representantes de la mayora rabe sunn, aunque garantice la participacin de los representantes de las minoras. Pero eso no es lo que desean las amorosas madres de las minoras, como Rusia, EEUU e Irn. Tambin puede imaginarse un sistema basado en la biseccin entre la mayora y la totalidad de las poblaciones minoritarias, con sus intereses garantizados. Esto es lo que Kamal Dib, el canadiense-libans leal a Bashar al-Asad, pide en A Crisis in Syria, slo despus de haber hecho gran hincapi en la necesidad del laicismo. Esa biseccin entre un cuarto y los tres cuartos de la poblacin, que son las proporciones que el mismo Dib ofrece, no es sino un paso hacia la discriminacin, no hacia el laicismo. Y no es verdaderamente democrtico. El actual modelo libans, basado en compartir el poder al cincuenta por cien entre un tercio y dos tercios de la poblacin, no es algo muy a emular.

No slo la demografa siria ha obstaculizado los llamamientos a un sistema de cuotas sectarias por quienes protegen fervientemente a las minoras. La imposibilidad de unidad entre los sunnes sirios es otra de las razones. Discut este tema de los sunnes perpetuamente fracturados en un artculo de hace unos pocos aos. Si bien esto provoca consternacin entre los sectarios sunnes de lnea dura, esta realidad podra realmente ser una fuente de actividad y flexibilidad en cualquier rgimen pos-Asad que se base en una nueva mayora poltica. Puede decirse que los sunnes rabes encarnan a tantas sectas distintas, debido a manifiestas diferencias regionales u opciones ideolgicas o de estilos de vida que no son menos concretos, que anulan la realidad estadstica de constituir el grupo mayoritario de poblacin. En consecuencia, un rgimen mayoritario debera basarse ms probablemente en coaliciones entre los representantes de grupos de origen sunn y comunidades no sunnes y no musulmanas, adems de individuos independientes y no comunidades (es decir, comunidades que no se definen a s mismas segn sus orgenes comunitarios.). Esto rompera tambin la dinmica de la sectarizacin, limitando tanto la homogeneidad interna de los grupos comunitarios como su aislamiento externo y desapego entre s, permitiendo as perspectivas no sectarias.

Estos tres procesos, homogeneidad interna, aislamiento mutuo externo y erradicacin de perspectivas no sectarias en la sociedad y en el espacio pblico son aspectos dinmicos de la sectarizacin que hemos experimentado en Siria durante la era de Asad. Una ruptura de esta dinmica no va a llevar a la desaparicin de sunnes, cristianos, drusos, ismaeles y chies, sino que servir para contrarrestar sus formulaciones sectarias, homogneas y aisladas.

En tal rgimen mayoritario, el motivo de preocupacin no ser una hegemona sunn que excluya a las minoras o las someta por inferiores y dhimmis [protegidas por la ley islmica], sino la posibilidad de que las coaliciones regionales-sectarias-clasistas se consoliden de forma que se margine a las formaciones polticas no sectarias que pudieran emerger o regenerarse. Lamentablemente, no hay garantas de que esto no vaya a ocurrir. Pero el tema de esta apuesta de desectarizacin de la esfera pblica es que lo independiente y no sectario d espacio a un rgimen mayoritario viable donde izquierdistas, liberales, feministas, jvenes y organizaciones culturales puedan ser activos. En la historia siria anterior al Baaz tuvimos un atisbo de esto. En aquel entonces, el eje de las divisiones en la esfera pblica fue ms regional que sectario (damasceno-alepino en particular) y no impidi la aparicin de tendencias y organizaciones no sectarias tales como el Partido Comunista y el mismo Partido Baaz.

El hecho es que la Revolucin siria slo ha hecho visibles las divisiones religiosas, que haban quedado ocultas por la cuarentena poltica pblica y la abrumadora presencia de la divisin sectaria en la conciencia pblica. La Revolucin ha hecho tambin visibles las divisiones regionales y de clase a lo largo del eje ciudad-pas, al igual que en la relacin de Damasco con sus zonas rurales y barriadas perifricas, que son fundamentales para entender la dinmica del conflicto alrededor de la capital (lo mismo puede decirse respecto a la divisin en Alepo). Por no mencionar las divisiones tnicas, especialmente en el eje rabe-kurdo. El contraste sectario sunn-alau es en gran medida de carcter social-poltico-regional, para cuya superacin y solucin se necesita volver a pensar las estructuras de distribucin del poder y de los recursos pblicos en Siria.

Estos ejes de divisin superan de lejos las escisiones sectarias, as como el dogma de la proteccin de las minoras, que no puede solucionar la divisin sectaria (de hecho, est avivando las llamas) ni diversas otras divisiones sociales sirias. La multiplicidad de ejes de polarizacin complicar realmente la vida poltica en la Siria pos-Asad. Sin embargo, puede tambin perturbar la polarizacin sectaria y limitar la inflamacin oculta y continua de la vida pblica en el pas con inclinaciones, temores y divisiones sectarias.

Un replanteamiento radical de la poltica siria, ms all de la era baazista y asadista, y ciertamente ms all de la era anterior a la posindependencia, debera incluir una mayor descentralizacin e implicacin de las poblaciones locales en los gobiernos de sus zonas y en la vida poltica pblica, as como un compromiso pblico ms abierto. El carcter discrecional inherente a la gnesis del Estado asadista envenen la vida pblica con dudas, temores y mitos, e impidi que los sirios consideraran sus situaciones y elaboraran informacin, anlisis y soluciones prcticas sobre las mismas.

Lo que queda por decir es que la prolongada era asadista, y los largos aos de la segunda guerra asadista, han tenido un profundo efecto transformador sobre la sociedad siria que justifica las reservas contra las analogas con los precedentes o las aoranzas de un tiempo pasado. Sin embargo, no parece que este efecto transformador haya favorecido la unidad sunn, como los aos de Revolucin han dejado en evidencia; por tanto, el miedo de las minoras a un consenso sunn en su contra es absurdo.

Qu hay de la amenaza yihadista-salafista?

Podra decirse: Pero los salafes y los yihadistas salafes estn diciendo que los nusayres [trmino clsico, aunque ahora se utiliza de forma despectiva, de alaues], el ejrcito nusayr y el rgimen nusayr y su sistema ideolgico de creencias menosprecian, cuando menos, a las minoras. Todo esto es cierto y es motivo de gran preocupacin entre nusayres y no nusayres por igual, incluyendo a quienes son sunnes. Pero el hecho es que la angustia ms fuerte desencadenada por estos grupos, hasta ahora, se le ha infligido a los sunnes en las zonas de Yasira, el norte sirio y el este de Ghuta, en Damasco.

Lo que de verdad nos preocupa es la proteccin de las vidas sirias, con independencia de sus orgenes y de sus agresores, ya sean asadistas o salafes. Si este fuera nuestro punto de partida, la seguridad significara la proteccin y seguridad de todos los sirios. Lo que los grupos salafes sectarios infligieron a los pueblos de orgenes minoritarios (como hicieron con los alaues en zonas del norte de Latakia, en Adr, con el pueblo druso y con los cristianos en Idlib) plantea la cuestin de la igualdad de derechos, incluyendo el derecho a la seguridad. La seguridad pblica se debe fundamentar en un pacto nacional que estipule que Siria es para todos los sirios, que ninguno de ellos es husped de nadie y que ninguno de ellos es dhimmi para nadie.

Lamentablemente, en Siria no hay discusin sobre estos aspectos. Esto complementa la confiscacin asadista de la esfera pblica y la autocensura extrema ejercida por la mayor parte de los intelectuales sirios en esta cuestin, con algunos de ellos incluso ofrecindose voluntarios como guardianes de los tabes sectarios, abalanzndose sobre todo aquel que se atreve a desafiarlos.

En estos momentos estamos pagando un precio muy duro por ese silencio mientras nos preguntamos a nosotros mismos, una y otra vez, cul es la solucin?

En las condiciones actuales, cmo puede formarse una nueva mayora siria?

Lo primero de todo, pasar pgina sobre el gobierno asadista.

No hay solucin para Siria sin tal condicin, porque no slo estamos hablando de un gobierno fundamentalmente minoritario, sino de un gobierno que ha estado sometiendo a los gobernados, de forma incesante y a amplios niveles, por la fuerza de las armas.

Sin embargo, desde 2013 ha quedado claro, y especialmente desde el surgimiento del Daesh, que es insostenible crear una nueva mayora siria slo contra el Estado asadista. El Daesh suscita la repulsa de todas las minoras y tambin de la mayora de los sunnes sirios. No slo es una fuerza sectaria radical sino tambin una fuerza exterior de ocupacin. Es una formacin singular en la que una organizacin terrorista que ejerce actos arbitrarios de violencia, que es indiferente a las vidas de los civiles, exhibe un colonialismo de asentamientos a la vez que acta como una trituradora humana de autoridad fascista. No es slo un peligro poltico y social para Siria, sino un peligro para la propia entidad siria.

La nueva mayora siria no puede lograrse sin enfrentar al Daesh.

Pero no slo al Daesh, como la poltica estadounidense ha venido haciendo desde su intervencin en Siria e Iraq en septiembre de 2014. Tiene que enfrentarse tanto al Daesh como al rgimen de Asad. Este ltimo no es slo un peligro poltico y social, a partir de la Revolucin se ha convertido en una autoridad sultnica no nacional en posesin del pas y de su poblacin. Y a lo largo de la Revolucin se ha convertido en un peligro estructural para la entidad siria, dependiendo de ocupantes extranjeros que no tienen compasin con la mayora de los sirios ni con la historia de Siria.

Casi nadie de entre los revolucionarios sirios est dispuesto a entrar en conflicto con el Daesh hasta no haberse librado del Estado asadista, a menos que se hallen en un contexto que conduzca definitivamente a su desaparicin. Este es un punto central que todo el mundo debera tener claro. Explica los repetidos fracasos de los estadounidenses a la hora de preparar una fuerza siria rabe slida que luche slo contra el Daesh. Las personas como nosotros, izquierdistas, laicos y liberales, no deberamos unirnos a nadie que slo combata al Daesh, o que dependa de los estadounidenses o los rusos, para ver al final restaurado el asadismo con una vileza sectaria ms grave y una delincuencia criminal ms amplia. Esto no slo traicionara a la Revolucin y a las almas de innumerables vctimas, sino que adems requera comprometerse con los planes presentados por unos poderes en los que la justicia hacia los sirios no alcanza siquiera una prioridad secundaria.

La valoracin de que un renovado asadismo sera ms brutal que el asadismo previo a la Revolucin no es algo subjetivo, sino ms bien una ley natural objetiva en el caso de que los asadistas salgan victoriosos. Los vencedores se habrn liberado de cualquier obstculo que les impide seguir robando y masacrando y estarn ansiosos de vengarse de cualquiera que se haya atrevido a desafiarles, rompiendo sus largas dcadas de monopolio del poder o causado prdidas humanas sustanciales en el campo asadista. Tenemos en nuestra historia siria reciente un precedente ilustrativo. Despus de 1982, tras asesinar a decenas de miles de seres en Hama y arrasar un tercio de la ciudad, y cuando otras decenas de miles de seres, incluidos izquierdistas, unionistas e innumerables casos individuales, estaban an en prisin, se produjo una revolucin en las detenciones, torturas, actuaciones de la polica secreta, saqueos y robos, as como en las mentiras y en la idolatra de Hafez al-Asad. La situacin ser cien veces peor si los asadistas de Bashar salen victoriosos. Ya estn bajo la proteccin de brutales invasores extranjeros: los chies libaneses, iraques e iranes, por no mencionar a los rusos.

Resumiendo, desde la aparicin del Daesh ha sido imposible construir una nueva mayora siria slo contra el Estado asadista, pero tampoco ha podido construirse slo contra el Daesh. Lo que puede construirse slo contra el Daesh es un gobierno minoritario renovado bajo proteccin extranjera y con garanta internacional.

Adems del Daesh, qu pasa con el resto?

Cuando se discute sobre el futuro de Siria es necesario plantear una serie de preguntas sobre los grupos islamistas beligerantes. Algunos de ellos son grupos yihadistas, como el Frente Nusra, en la actualidad Fateh Al-Sham (integrado al menos por un 10% de combatientes que no son sirios) u otros grupos que son una variante del paradigma yihadista-salafista (como Ahrar al-Sham y Yaish al-Islam). En el contexto sirio actual, estos grupos combinan el enfrentamiento con el Estado asadista con la extensin de su control sobre las comunidades locales. Su autoritarismo ha desencadenado varias resistencias y esos grupos han perpetrado diversos delitos durante este tipo de confrontaciones. Durante la batalla del asedio a Alepo a finales de julio de 2016, la mayora de los partidarios de la Revolucin se situaron con la resistencia de estos grupos ante los asadistas y sus aliados, incluyendo el Movimiento Al-Zenki, que haba provocado recientemente una gran repulsin al celebrar la matanza de un joven prisionero de guerra a principios del mismo mes. Esto sucedi porque estaba en juego el destino de 300.000 personas en Alepo y, de hecho, el destino de toda la Revolucin.

Estos grupos llevaron a cabo una funcin de resistencia pblica, pero los grupos principales entre ellos tienen una formacin ideolgica extremadamente estrecha y sectaria. Esta es la contradiccin fundacional en su naturaleza: una resistencia pblica contra una alianza sectaria agresiva, pero ellos mismos se estructuran siguiendo estrechas lneas sectarias. Esta contradiccin no puede resolverse fuera del marco de un cambio profundo en el entorno poltico sirio que se extiende al Estado asadista.

Es comprensible que la base de partidarios de estos grupos se ample cuando llevan a cabo funciones de defensa, o cuando luchan exclusivamente contra el agresivo Estado asadista. Esa base disminuye cuando estos grupos intentan imponer su modelo social a los residentes locales, o cuando se enfrentan a adversarios no asadistas. Entonces aparecen como grupos elitistas investidos de su propia ideologa y proyecto autoritario, y no en un entorno social vvido, como se demostr en la resistencia local contra el Frente Al-Nusra en Maarat al-Numan y en otros lugares, y contra Yaish al-Islam en el este de Ghuta y en Duma. Yaish al-Islam ha extendido su autoridad mediante asesinatos, secuestros y acciones blicas, de forma no muy diferente a lo que Al-Nusra ha hecho en Idlib. Pero no hay un camino para construir una oposicin social fuerte contra estas milicias mientras se estn enfrentando a la alianza hostil Asad-Irn-Rusia.

Si se pudiera liberar a Siria de asadistas y daeshistas quedara clara la formacin minoritaria y elitista de estos grupos, y eso ayudara a aislarlos. Las protestas anti-Nusra de los vecinos de Maarat al-Numan, que son por lo general musulmanes sunnes conservadores, tras el acuerdo de alto el fuego del pasado febrero, sugiere que si se hubiera eliminado a los asadistas y daeshitas, sectores ms amplios de sirios estaran en mejor situacin para resistir a estos grupos. Preveo que otros grupos, ms parecidos a la formacin original del Ejrcito Libre, optaran por implicarse en la nueva vida poltica de la Siria post-Asad; pero si causaran un dilema molesto para la seguridad, entonces las condiciones favoreceran que se pudiera enfrentarlos.

Qu hay de los kurdos sirios?

Hasta ahora hemos debatido sobre la deseada mayora siria considerando el tema de las sectas. Pero en Siria existe la cuestin kurda, y no habr una solucin justa si no se aborda. Por tanto, cmo puede abordarse esta cuestin?

El principio sigue siendo el mismo: los kurdos son parte de la nueva mayora siria, con sus derechos culturales y lingsticos como grupo tnico constituyentemente igual a los otros, adems de un estatus especial para las zonas de mayora kurda en Afrin, Kobani y partes del gobernorado de Hasakah.

Esta visin preliminar se contradice de tres maneras:

La primera, naturalmente, es el Estado prerrevolucionario que ha negado a los kurdos cualquier existencia pblica (Todos son rabes sirios) pero que ha tratado con ellos de forma pragmtica, asegurando su divisin y debilitando sus manifestaciones polticas.

La segunda es la situacin actual desde la Revolucin, que incluye la colaboracin entre el PYD (siglas en kurdo de Partido de la Unin Democrtica) y el rgimen, Irn, Rusia y EEUU, mientras imponen un sistema de partido nico en los territorios que estn bajo su control, as como una tendencia a extenderse por zonas de mayora rabe.

Finalmente, la tercera contradice un proyecto nacional especial al que los kurdos se refieren como Kurdistn Occidental.

No hay forma de abordar una entidad kurda independiente que incluya partes de Siria a menos que sea en el marco del establecimiento de un Estado kurdo formado con el Kurdistn iraqu, partes de Turqua y partes de Irn. Quiz entonces habra una continuacin territorial y demogrfica de las zonas kurdas con las reas sirias de mayora kurda. Es posible tambin que esta entidad kurda pueda incluir minoras rabes y no rabes. Sin embargo, dentro de la actual esfera siria, esa continuacin no existe. Esta es una realidad geogrfica y demogrfica concreta que a menudo ignoran quienes fantasean acerca del Kurdistn Occidental o Rojava y esto es algo que no puede ignorar ningn proceso poltico y legal justo de la cuestin kurda.

Aqu encontramos tambin una contradiccin entre la funcin de resistencia popular contra el Daesh, o cualquier otro atacante de las comunidades kurdas, y los frecuentes y conocidos actos de agresin contra rabes y otros. Esta agenda deriva su fortaleza de partidarios poderosos. Tambin aqu estaremos en mejor posicin para resolver la contradiccin si eliminamos a los daeshistas y a los asadistas.

Nosotros, en Siria y en la regin, defendemos una causa kurda justa y emancipadora, pero de ese significado emancipador se ha apropiado la organizacin kurda ms obsesiva, excluyente y miope, que es tambin la mejor preparada y equipada a nivel militar como resultado de su relacin formativa con el Partido de los Trabajadores del Kurdistn (PKK) en Turqua. De esta forma, ocurre lo mismo que con los salafes en el contexto rabe sirio, que son el grupo mejor equipado y preparado a nivel militar. De manera similar, tanto los nacionalistas kurdos como los salafes integran a miembros no sirios; parece que el centro de control y mando kurdo es completamente no sirio. El PYD se ha colocado a s mismo dentro de las estrategias injustas y miopes estadounidenses y rusas, y al hacerlo as se ha enfrentado a las comunidades rabes y no rabes en Siria. La organizacin tambin haba establecido con anterioridad relaciones sospechosas con el Estado asadista y con Irn, lo que hizo que se volviera intolerante con la Revolucin o los grupos revolucionarios kurdos. Esta ha sido una postura consistente que alcanz un pico simblico y vergonzoso cuando Saleh Muslim el rostro sirio del PYD- promovi la negacin de la responsabilidad del rgimen en la masacre de armas qumicas de hace tres aos.

Durante los ltimos tres aos se ha ido desarrollando una narrativa nacionalista sobre la supremaca kurda que ha creado una convergencia con la clase media occidental, al mismo tiempo que encubre las similitudes polticas y sociales de los kurdos con sus comunidades vecinas en Siria. Estas similitudes se han reemplazado con un discurso agresivo, ofensivo por su tono y violencia.

Esta narrativa se basa en la experiencia del PKK en Turqua al afrontar la opinin pblica internacional y, a su vez, adherirse a sus expectativas. En Siria, esta narrativa ha jugado el papel de promocionar a bombo y platillo a un colectivo basado en una identidad que carece de cualquier dimensin emancipadora o profundidad social. Tampoco tiene, en absoluto, ninguna base intelectual ni racional y no integra la causa kurda en ninguna causa pblica siria. La propaganda partidista ha sustituido al debate en su peor forma, y las narrativas de superioridad carentes de apoyo social sustituyeron a los actos de justicia y emancipacin.

Los medios de comunicacin y las redes sociales de Occidente han encontrado sin embargo una traduccin prctica en el apoyo militar estadounidense a la organizacin nacionalista kurda en el norte y este de Siria a cambio de combatir al Daesh, por no mencionar el apoyo ruso a cambio de combatir a los grupos de la oposicin. Es evidente que la justicia no figura entre las motivaciones de los apoyos de las dos potencias. Si as fuera, habran ayudado a los rebeldes antiasadistas, habran castigado a Asad por la masacre qumica o por su historial criminal meticulosamente documentado. El motivo es que las potencias internacionales encuentran en ellos una base fiable en una regin, por la que la mayora de sus habitantes slo siente desconfianza.

Pero, acaso no se trata de un mtodo colonial convencional?

Luchar contra el Daesh no justifica las aspiraciones discriminatorias puestas de manifiesto en frmulas alocadas y con poca visin basadas en teoras esencialistas sobre derechos histricos que se han entrelazado histricamente con la expansin nacionalista.

Por tanto, si intentamos mirar un poco ms all de la neblina de la propaganda e informacin engaosa, est justificado el temor a que este proyecto pueda presagiar conflictos sangrientos en una regin que no haba sido testigo previamente de conflictos violentos entre sus poblaciones.

Por qu la propuesta que hacemos es mejor que las otras?

Ante todo, porque es democrtica: Constituye la continuacin de fases anteriores de la lucha de los sirios contra la tirana. Tambin responde a lo que se supone es un consenso universal respecto a la democracia.

En segundo lugar, porque es justa y tiene en cuenta a todas las comunidades sirias. No es una expresin de hegemona comunitaria que slo puede llevar a guerras renovadas y a la subordinacin regional e internacional, como ilustra el ejemplo iraqu.

En tercer lugar, porque es sostenible. La situacin actual es explosiva. La supervivencia asadista significa el sometimiento del pas a la ocupacin extranjera. Los rusos y los iranes, que han venido protegido a los asadistas, no se volvern a sus asuntos hasta haber conseguido sus objetivos y los de Asad. Los asadistas sern el rostro de la influencia de los patrocinadores, quienes a su vez podran estar de acuerdo o en conflicto. Sin embargo, los esfuerzos para establecer una nueva mayora siria deben crear una base slida para una solucin sostenible que pueda consolidarse despus a travs de libres elecciones y mediante una constitucin que penalice la discriminacin sectaria y tnica.

Las ventajas de una visin integral de ese tipo se ven cada vez ms claras cuando las comparamos con las tres visiones excluyentes que se presentan en Siria hoy en da:

La primera, naturalmente, es la Siria de Asad, una Siria como base de un gobierno dinstico y minoritario. Al contrario, una Siria establecida alrededor de una mayora poltica que traspase las fronteras de los grupos comunitarios, puede volver pgina de los asadistas sin enfrentarse a los alaues. De hecho, es la ms adecuada para asegurar su seguridad, derechos y dignidad a largo plazo.

La segunda visin excluyente es el concepto nacionalista de Siria como entidad rabe y el de sus ciudadanos como rabes sirios. Concebir a Siria como repblica democrtica, un Estado para su poblacin corprea no implica injusticia alguna para los rabes y nada les impide involucrarse en las causas de sus vecinos rabes. Tambin les ofrece a los kurdos igualdad poltica y constituyente, sin impedirles que les preocupen las causas kurdas ms all de Siria.

La tercera visin excluyente es el Estado islmico en Siria, que es a lo que los yihadistas-saladistas y sus aliados aspiran. Un compromiso histrico en Siria podra basarse en una mutua exclusin del asadismo y del islamismo. Excluir el proyecto del Estado islmico no implica injusticia alguna para los musulmanes sunnes como tales. El proyecto islamista en un pas fundamentalmente complicado es una receta para la destruccin de la sociedad siria a manos de una elite gobernante que no puede ser una minora y cuyo gobierno no puede ser tirnico y brutal. La dignidad de los creyentes musulmanes queda preservada en una sociedad libre y justa ms que en una sociedad en la que los islamistas prevalezcan.

A nivel de procedimiento, cmo es posible crear un sistema mayoritario?

La nueva mayora siria, que es intersectaria, puede formarse dentro del marco de un compromiso histrico importante que podra formularse en una conferencia nacional siria internacionalmente patrocinada, que pase pgina sobre el Estado asadista y los aparatos criminales a su disposicin. Esto sera coherente con los deseos de la abrumadora mayora de sirios contra el Daesh y sus asociados y se ganara el favor del mundo entero.

Es posible que la conferencia pueda tener como consecuencia el establecimiento de una institucin gubernamental superior que encarne la igualdad constituyente de los grupos comunitarios sirios, incluidos los kurdos, e impida el gobierno dinstico o autocrtico. No estamos comprometidos con la idea de un Estado centralizado, basado en la homogeneidad, ni con el sistema consensual de cuotas. Con lo que estamos comprometidos es con proporcionar la mxima justicia al mayor nmero posible de sirios. Si nada de esto se consigue, es probable entonces que estallen pronto guerras, conflictos y actos de venganza, una y otra vez, con gravedad creciente.

Pregunta: Por qu los Estados importantes y las Naciones Unidas tienen que apoyar una transformacin siria en esta direccin?

Respuesta: Precisamente porque es lo ms democrtico, justo y sostenible.

Pregunta: Pero, a los Estados les interesan las soluciones justas que tienen en cuenta los intereses de las poblaciones locales?

Respuesta: Bien, todo lo que se ha mencionado aqu responde a un intento sirio de expresar una solucin para Siria que pueda ser justa. Si lo que se busca no es una solucin justa, entonces a los sirios que luchan por la justicia no puede responsabilizrseles de nada.

Pero el mundo es tambin parte del problema sirio, no es verdad?

En beneficio del lector annimo, debe afirmarse claramente que el problema de Siria en estos momentos no es slo el rgimen, el Daesh, el Frente Nusra y la organizacin nacionalista kurda del PYD. Hay una inmensa tercera parte, que son las potencias internacionales, a saber, EEUU y Rusia. Sus posiciones a partir de 2013 han registrado un notable acercamiento que culmin en la coordinacin directa poltica y militar desde septiembre de 2015. Quienes apoyan abiertamente el asadismo, como los rusos, o los que se oponen a su cada, como los estadounidenses, no son los nicos poderes ineludibles necesarios para encontrar una solucin en Siria, pero son los poderes que deberan ser responsables de la solucin y del puesto que la justicia ocupe en la misma. Estas dos partes no han expresado inters alguno en las cuestiones de justicia, democracia y sostenibilidad.

Los estadounidenses y los rusos controlan el Consejo de Seguridad, las Naciones Unidas y los medios de comunicacin ms poderosos, estableciendo tambin las agendas de los foros internacionales en los que participan, algo de lo que Barack Obama se jact hace pocos meses.

Por tanto, si tenemos en cuenta esta dimensin internacional como componente fundamental del problema, es necesario interrogar directamente a las potencias internacionales intervinientes, que son inmensamente ms poderosas que el Estado asadista o sus aliados, y desde luego mucho ms poderosas que cualquier grupo de resistencia sirio, o el Daesh o el PYD.

Y sin embargo, desde una perspectiva siria, la solucin por la que estas potencias estn presionando parece ir, por un lado, desde reclamar las tierras que estn fuera del control de Asad para restaurar en definitiva la Siria de Asad a, por otro, rendirse ante la abismal situacin actual, caracterizada por la guerra perpetua y una divisin de facto del pas. La segunda opcin, que parece ser la preferida hoy por los estadounidenses, significa sacrificar Siria para que el rgimen asadista sobreviva y ni siquiera asegurar la destruccin del Daesh.

En cualquier caso, aqu estamos, en el mundo del poder absoluto, que impone su lgica hasta que llegue el momento en que de nuevo nos preguntemos: Cul es la prxima explosin?

Entonces, de dnde puede venir la solucin?

No hay solucin para Siria, querido lector desconocido, porque los poderes que controlan el mundo son parte del problema, cuando no el problema mismo. Esos poderes no son justos. El mundo entero, no slo Siria, se deteriora gravemente como consecuencia de sus polticas. Esta realidad no deja espacio para una propuesta con soluciones racionales y justas, y adems contribuye a la explosin total en Siria y a las tensiones alrededor de Siria.

Hemos llegado a un punto muerto: Quienes se preocupan por la justicia carecen de poder y quienes tienen poder no se preocupan por la justicia.

De todas formas, sentimos que es necesario ser claros. Damos testimonio, ante nosotros mismos y ante nuestra poca y, a travs suyo, lector annimo nuestro, nos dirigimos tambin a otros lectores objetivos que pudieran no estar de acuerdo con todos los elementos de esta propuesta. Puede que consideren la necesidad de que nos centremos en algunos de sus elementos o de aadir otras consideraciones. Sin embargo, estn motivados, al igual que nosotros, por la bsqueda de la justicia, la mayor cantidad de justicia para el mayor nmero de personas.

Al fin y al cabo, el objetivo del autor es que los problemas puedan verse con claridad, al igual que las responsabilidades. Los rostros de la injusticia estn claros, al igual que los horizontes de la justicia. Necesitamos poner mucha atencin y trabajar duro en los matices, en ideas prcticas innovadoras y, antes de eso, necesitamos la participacin del mayor nmero posible de personas en la reflexin y en la puesta en marcha. De lo que estamos hablando no es slo de una solucin a una crisis poltica en Siria; hay que restablecer tambin la estructura estatal, las relaciones dentro de la sociedad y la concepcin de la identidad, con un espritu de moderacin, pragmatismo e imparcialidad.

Lo que no necesitamos es la desaparicin de otra generacin y que sobrevengan ms catstrofes colosales, slo para que alguien diga: Yo no saba Todo el mundo sabe. Aunque quienes se dirigen de cabeza hacia el abismo con los ojos bien abiertos no sean tan pocos.

[Este artculo fue traducido del rabe al ingls por Yasser EzZayyat.]

Yassin al-Haj Saleh (nacido en Raqqa en 1961) es un destacado escritor e intelectual sirio. En 1980, cuando estudiaba Medicina en Alepo fue encarcelado por sus actividades polticas permaneciendo tras las rejas hasta 1996. Escribe sobre temas polticos, sociales y culturales relacionados con Siria y el mundo rabe para varios peridicos y revistas rabes fuera de Siria, colaborando de forma regular con el peridico Al-Hayat, editado en Londres, la revista egipcia de izquierdas Al-Bosla y el peridico sirio online The Republic.

Fuente: http://aljumhuriya.net/en/syrian-revolution/majoritarian-syria-justice-in-conflict-resolution

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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