Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2016

Volver a pensar: un regreso consciente a la filosofa

Armando B. Gins
Rebelin


Albergamos una sensacin aguda, como un malestar difuso y asintomtico, de no ir a ninguna parte. Algo nos falta en mitad de la abundancia de objetos y deseos, de la escasez de recursos vitales y econmicos y del miedo permanente a estar rodeados de peligros invisibles.

Todas las expectativas se sitan ms all del contexto que nos habita: tiempos de posmodernidad, posideologa y poshistoria. Somos incapaces de aprehender el aqu y ahora porque desconocemos a ciencia cierta si venimos del algn lugar concreto y si queremos dibujar en el horizonte alguna meta adonde dirigir nuestra vida mirada para vivir en armona con nosotros mismos y el entorno natural y cultural al que pertenecemos.

El vaco resulta elocuente. Por el momento, ese hueco existencial solo se llena parcialmente de gritos puntuales, a veces desesperados y urgentes, otras estticos o virtuales, de noes que no presuponen una voluntad colectiva y afirmativa de proponer caminos y soluciones compartidas de largo alcance.

Desde que el pensamiento nico se hizo dueo de la globalizacin a partir del desencanto revolucionario y el embate reaccionario del neoliberalismo, el desierto de ideas y proyectos ha dejado al albur de profetas menores y sofistas de ocasin la suerte de cientos de millones de personas atrapadas en el espejismo del progreso rutilante provocado por novedades tecnolgicas inmediatas al acceso de cualquier mortal del occidente rico.

El discurso oficial soterrado induce a combatir la precariedad gaseosa de la posmodernidad con fetiches de consumo instantneo. De esta manera, tapamos los agujeros existenciales para que la hemorragia de vacuidad no acabe con el yo individual en medio del gritero ensordecedor de ms y ms y ms deseos que aspiran al instante de evasin religioso que empieza y termina al saciar el impulso incontrolable que nos domina compulsivamente.

Para tal neurosis colectiva ya no sirven las viejas recetas y terapias psicolgicas. Tampoco la sociologa ni las antropologas y las etnologas escapistas han propuesto soluciones para restaar las heridas abiertas de las sociedades modernas. Escondidas en metforas rimbombantes o intelectualismos solipsistas, las ciencias sociales se han convertido en mera estadstica y recuento de definiciones imposibles.

El panorama es desolador, de ah los populismos a lo bruto que emergen por doquier. Falta filosofa y reflexin acerca del nuevo ser humano necesario para hacer frente a los retos de un colapso del modelo capitalista a medio plazo: estamos convirtiendo el planeta en un vertedero de pobreza, un pramo de explotacin laboral y un hogar de suciedad ambiental imposible de sostener para una vida colectiva digna y decente.

Sobrevivimos dentro de una burbuja de inmanencia materialista de baja calidad: solo existe lo que puede poseerse en un abrir y cerrar de ojos. El parpadeo constante es la dictadura intangible a la que nos sometemos a diario, un trasiego de trayectorias incoherentes unidas por el desasosiego de no pararse jams, de seguir cueste lo que cueste.

Hubo una vez en que el progreso lineal pareca no tener lmites. Y, de pronto, nos dimos cuenta que todo es riesgo, contingencia, posibilidad, contradiccin, lucha. Pero al mismo tiempo, percibimos una soledad inmensa a nuestro alrededor: ninguna idea para abrigarnos, ningn proyecto al que sumarnos, ninguna trascendencia para superar o romper la prisin del yo absoluto.

Sin trascendencias instrumentales estaremos condenados a dar vueltas sobre lo mismo: soluciones parciales, gritos puntuales, huidas sin compromiso que no dejen huella a nadie ni rastro histrico en el castigado inconsciente de la masa. Regresar a la filosofa, no para instalarse en la contemplacin ombliguista sino acompaando dialcticamente a la accin consciente, da la sensacin de ser el nico horizonte de salvacin para garabatear sendas hacia espacios y lugares todava en embrin o completamente desconocidos de nuevas realidades por hacer.

La posmodernidad neoliberal nos ha metido en un callejn sin salida. Hipotticamente, todo a nuestro alcance, sin mediaciones tangibles. Muerto dios, el camino estaba desbrozado de supersticiones y restricciones morales o ticas. No obstante, la realidad es justamente la contraria: los dioses permitan la transgresin y la rebelda crtica; la ausencia divina, sin embargo, nos obliga a prohibirnos a nosotros mismos de manera sutil e interna. Al no tener referencias morales, los dioses pblicos se han instalado en el subconsciente privado: las lneas rojas son subliminales, una especie de duende tragicmico percute en nuestras conciencias para adaptarnos a la realidad impuesta sin salirnos de madre. Ahogamos la capacidad de pensar con criterio propio al calor de la vulgaridad informe de las multitudes annimas.

Confundimos la velocidad con la libertad; el crecimiento desbordante con el paraso; el gritero con la democracia, y, en fin, la expectativa de deseo irreverente, consumo y estatus con la utopa encarnada en un proceso amoral que nunca tendr fin.

Las nuevas tecnologas recrean una suerte de libertad mvil y ubicua. Montados en el vrtigo, todo es igual de importante, es decir, prescindible. Vamos de emocin en emocin en un viaje que no anuncia destino alguno. Cada estacin, una parada tcnica con el propsito de renovar el aliento para conquistar ms experiencias voltiles. Es imprescindible detenerse, reflexionar, tomar distancia, reconocer(se) a/en los otros viajeros o transentes que ocupan asientos idnticos en el vagn de la actualidad.

Retomar el pulso de uno mismo acompasndolo al ritmo del entorno prximo puede situarnos en una disposicin mejor para reelaborar una capacidad de pensar desde suelo firme: no hay libertad real sin el otro; el ser humano aprehende y se integra en el cosmos a una velocidad adecuada, aquella que le permite asumir la realidad poco a poco, sorbo a sorbo, decantando crticamente las experiencias como un dilogo constructivo, reposado y nutritivo con sus semejantes y la naturaleza en su conjunto. Acelerar hasta cotas supersnicas nos impide ver el sueo ms trascendental del ser humano, la libertad compartida y la ayuda mutua. En esa velocidad inefable, los detalles desaparecen y somos ms frgiles ante los poderes fcticos, quedando a merced de los hilos mgicos que mueven el cotarro poltico y social.

Con la velocidad restringida voluntariamente, la querencia de deseos impulsivos tender a aminorarse. En la quietud reflexiva, las mercancas recobran su propia historia objetiva. Desde esa subjetividad recuperada, lo necesario y lo superfluo cobran nueva vida. La mayora de las cosas son prescindibles. Hallar el punto de encuentro entre cada lista de lo necesario en disputa, o como dejara escrito Bertolt Brecht, es mucho frente a esto es lo mnimo, segn la perspectiva del poderoso y el indigente, podra ser un punto de partida asctico e irrenunciable para acomodar nuestros deseos a realidades sociales ms sostenibles y equitativas.

Pero ese nuevo mundo que hoy parece a aos luz de distancia no ser posible sin una mstica colectiva que ofrezca cobertura espiritual ante las veleidades de los sofistas en la nmina del sistema y de los intereses hegemnicos que crean, controlan y dirigen en la sombra nuestros deseos individuales. En palabras de Spinoza, los textos bblicos se reducen a dos cuestiones ticas o morales irrenunciables para un buen funcionamiento de la repblica poltica: obediencia al bien comn y amor al prjimo. El resto es hojarasca y mero relato de guerras mundanas por el poder y la gloria.

No se trata de volver a instalarse en los fundamentos de la religin, pero s rescatar el temblor tico por una casa humana que d cobijo a todas las personas sin etiquetas discriminatorias. Eso conlleva parir una utopa de nuevo cuo y de largo recorrido. Implica, por supuesto, una vuelta consciente a la filosofa, a realizar preguntas en voz alta que nos obliguen a responder desde la discrepancia otras formas de entender la vida y a alumbrar otras verdades que nos sealen hitos a alcanzar solidariamente.

El altar de la complejidad tecnolgica est cegando la libertad crtica de pensar trayectos alternativos ms acordes con la condicin humana. Es hora de decir s. No al neoliberalismo pero s a algo nuevo. El no siempre es reactivo, puntual, evanescente, visceral, urgente. El s, en cambio, requiere valenta de propuesta, de imaginar una sociedad de estreno renunciando al fetichismo expansivo que nos consume en el devenir cotidiano.

Zozobramos a la deriva en un instante que parece eterno, de pasmosa insustancialidad, mortalmente aburrido. El conformismo no nos transportar a ningn paraso terrenal. Hace falta arrojo para pararse en seco, reflexionar desnudo, salirse de la tierra de nadie, arrojarse al exterior desde la comodidad occidental, dar la mano al indigente y decir s al apocalipsis que derrote al rgimen-mundo neoliberal, el nico modo de mantener la calma , segn Slavoj iek. O eso o la barbarie fascista anunciada por Trump y Le Pen.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter