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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-11-2016

Trumpazo al establishment en EEUU: la lucha de clases y el magnate excntrico

Jos Antonio Gutirrez D.
Rebelin


Este es uno de esos momentos en los que dan ganas de que Marx todava estuviera vivo para analizar lo que se est viviendo en EEUU. Seguramente, escribira algo de la magnitud del 18 Brumario, porque lo que estamos viviendo hoy es uno de esos momentos paradjicos de la historia: la lucha de clases ha vuelto al centro de la poltica norteamericana de la mano de un multimillonario . Donald Trump, el millonario excntrico al que se opuso todo el establecimiento de EEUU sus medios de comunicacin de masas que no pararon de burlarse de su pelo y sus expresiones, sus grandes capitales, los lderes de los partidos republicano y demcrata-, el forastero en asuntos de poltica, desplaz a la que era la favorita de todos los sectores del poder. Un hijo descarriado del establecimiento, termin canalizando en la votacin el profundo malestar que hay con el sistema en los EEUU.

Los Clinton representaban al establecimiento, por eso es que la familia Bush los apoyaba y por eso es que, veladamente, el liderazgo republicano esperaba que Clinton ganara. El triunfo de Trump, en cierta medida, es la primera gran grieta en el orden bipartidista de los EEUU y eso no es nada menor. Me alegro que Clinton haya perdido el problema es que Trump es un representante de esa clase capitalista especuladora, un misgino y un xenfobo. Pero Clinton, aunque esos liberales de alcurnia nos quieran hace creer lo contrario, no era una beata progresista: defendi los abusos sexuales de su marido y atac a sus vctimas, a la vez que tambin apoy a su momento la construccin del muro con Mxico. Aparte del hecho que era mujer, no tena mucho ms de progre que ofrecer, y como lo demuestra Margaret Thatcher, eso no garantizaba nada. Como tampoco el hecho de que Obama fuera negro impidi que los afroamericanos hoy estn pasando uno de los perodos de mayor represin y violencia en la historia reciente de los EEUU. Ac no haba ningn santo y s dos pecadores.

Enorme bofetada recibieron estos liberales de alcurnia y progres del jet-set, que con su tpico esnobismo despreciaban a esa basura blanca ( White trash ), a ese populacho ( rednecks ), que crean inferior, carente de su sofisticacin y de su progresismo de fachada. Su arrogancia al referirse a sus adversarios polticos y su clasismo elitista eran francamente insultantes. A ver cuntos de esos insoportables cumplen sus amenazas de irse a vivir a otro pas. Ese desprecio es global, como lo refleja con aire seorial una columna del colombiano Antonio Caballero, que acusa la soberbia del aristcrata cachaco con varios presidentes en su linaje familiar: Trump les gusta a millones de personas, mujeres y hombres: los que lo han llevado a ganar la candidatura republicana. Les gusta porque es como todos ellos. Piensa como ellos, acta como ellos, habla el mismo lenguaje que hablan ellos. [1]

Paradjicamente Trump, el millonario que viene de las mismas entraas del establecimiento, termin hablando y representando a ese populacho despreciado por las elites. Hillary Clinton los trat de deplorables y con ello logr darles inmediatamente un sentido de identidad, por oposicin : ellos, los profesionales cosmopolitas, y nosotros, los jodidos que nos hemos quedado sin trabajo y que hemos visto al sueo americano convertirse en una pesadilla. Incluso, el eco que tuvo entre los seguidores de Trump sus palabras advirtiendo que las elecciones podran estar manchadas por el fraude, demuestran que la fe de estos deplorables en las sacrosantas instituciones de la democracia (supuestamente) ms avanzada del mundo, est por el suelo. Donald Trump supo canalizar este descontento, tarea que tuvo fcil por la debilidad de las alternativas de izquierda en EEUU y emergi como una sombra distorsionada y deforme de la lucha de clases que los intelectuales a sueldo han querido sepultar, pero que carcome las entraas de ese pas.

El triunfo de Trump refleja no solamente el malestar que recorre a la sociedad norteamericana, sino que tambin la internalizacin de los valores neoliberales en una poblacin que no tiene alternativas de izquierda a la mano . En todo el mundo vemos empresarios saltar a la poltica, con el discurso de que se necesita un manager en el Estado, alguien que, si se hizo rico, podr hacer rico a nuestro pas, o como deca la campaa de Trump, que volver a hacer a EEUU grande de nuevo. El problema es que no entienden que la lgica del enriquecimiento privado es inversamente proporcional a la lgica de la cosa pblica.

Lo impagable de todo esto es que por fin los Clinton han terminado de convertirse en cadveres polticos . Una pareja que han sido de los ms destructivos en la historia del imperialismo de EEUU sino, que le pregunten a Hait, Siria, Libia e Irak (que Clinton destruy con sanciones econmicas mucho antes de la invasin de Bush), todos pases los cuales los Clinton fueron directamente responsables de sumir en el caos y la destruccin ms absoluta. Clinton, desde el punto de vista de su poltica internacional, es una halcn que ha activamente promovido el intervencionismo militar en todo el mundo: ni haba ganado las elecciones y su lenguaje beligerante indicaba que una poltica clave de su gobierno sera escalar la confrontacin con Rusia.

Desde luego que Trump no har nada radicalmente diferente a lo que Clinton podra haber hecho, aunque probablemente no tendr su mismo celo y fanatismo de halcn. La poltica norteamericana no la define un presidente, sino los intereses corporativos del bloque dominante, el cual pese al remezn, siguen intactos. Eso ya lo demostr Obama con el escalamiento de una agresiva poltica militar internacional, aun despus de sus promesas electorales de desescalar las aventuras militares de Bush. Se gan el premio Nobel de la paz y hoy son de los mejores amigos con Bush, el carnicero del Medio Oriente.

Trump es el sntoma, pero claramente no es la cura para esa profunda crisis que atraviesa a la sociedad norteamericana. Esos deplorables que pusieron su fe en Trump se vern pronto desilusionados y enfrentados a la triste realidad. Tendrn por delante dos opciones: volver a participar ritualmente en la fbrica de las ilusiones poltico-electorales en el 2020, o bien organizarse y comenzar a defender activa y colectivamente sus derechos. Porque si no lo hacen ellos, no lo har nadie.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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