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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2016

Ellos

William Ospina
El Espectador


Han tenido por 150 aos el pas en sus manos, y somos el cuarto pas ms desigual del planeta, despus de Surfrica, Hait y Honduras.

Tuvimos agricultura: la eliminaron, y ahora hasta el maz lo importamos. Tuvimos industria: la cerraron, y ahora Colombia tiene que importarlo todo. Pero con qu compramos si no producimos?

Han aceptado de los poderes multinacionales la orden de reducir nuestra actividad a la economa extractiva, como en el siglo XVI; ahora, cuando ya las riquezas guardadas en la tierra hay que extraerlas fracturando los montes, destruyendo los suelos y envenenando las aguas.

Ellos son los que deciden, son los que mandan, son los que supuestamente saben; ellos son los que odian, y da tras da nos dicen a quin hay que odiar para que ellos puedan ser eternos.

Hace setenta aos utilizan la guerra para algo que no es mejorar el pas. Hoy qu pueden mostrar? Estamos sin agricultura, sin industria, sin trabajo, con una educacin que no entiende lo que lee, con una salud de limosna, sin seguridad, sin futuro, en manos de una dirigencia que gasta todos los recursos en reelegirse, y que tiene el presupuesto lleno de venas rotas de corrupcin por las que se va nuestra sangre.

En ambos bandos hoy enfrentados militan los viejos apellidos del poder: los Santos y los Lleras, los Holgun y los Caro, los Uribe y los Pastrana, los Mosquera y los Lpez. Qu fcil les resulta hacer la guerra: para la guerra no necesitan plebiscitos, ni convocar acuerdos, ni disear presupuestos a pesar de ser tan costosa; pero qu difcil les resulta hacer la paz, ah s resultan llenos de titubeos y de escrpulos constitucionales.

Para hacer la guerra nunca requieren filigranas jurdicas: para hacer la paz todo es un laberinto sin luces. La paz que salva vidas les despierta infinitos desacuerdos, la guerra que consume gente pobre la declaran con una facilidad asombrosa.

El 2 de octubre las mayoras se negaron a creerles a las ilusiones del S y a las confusiones del No. Santos pudo haber logrado una mayora abrumadora: pero su desconfianza de la gente hizo que la comunidad nunca fuera convocada ms que a ser testigo lejano y aplaudir los acuerdos. Pero la paz es de la gente y slo puede construirse con la gente. Las ilusiones llenas de secretos se terminan en lgrimas.

En Colombia slo un 20 por ciento est incluido, est formalizado. Leer los acuerdos de La Habana, que vuelven a formular como promesas un montn de cosas que ya estn consagradas en la Constitucin, slo sirve para comprobar que lo que hay escrito en la Constitucin no se cumple. Todos sabemos a qu grados de ineficiencia puede llegar aqu la proteccin de los derechos y la justicia. Pero en cambio hay que ver a los polticos atravesando incisos, oponiendo la mquina de una legalidad que siempre fue tramposa, cuando se trata de impedir que algo cambie.

Lo que en el fondo quieren impedir es que Colombia se sienta duea de s misma. Nunca se haba visto una situacin ms incomprensible: la guerrilla quiere dejar de hacer la guerra, y los dueos del pas no se ponen de acuerdo para aceptarlo.

Si queremos saber dnde estn los responsables de la guerra, los que ms se beneficiaron de ella, basta ver quines son los que hoy forcejean por imponerse en los acuerdos, porque todos manejan una agenda secreta, un libreto que no puede decirse.

Colombia tiene la mitad de su territorio en el segundo da de la creacin. Lo que se est decidiendo es si esas riquezas sern manejadas por la vieja casta centralista o por la nueva casta facciosa, para deleite de las multinacionales frente a las cuales ellos no tienen ningn desacuerdo. Ambas saben besar al poder mundial en la boca, pero les cuesta unirse, a no ser que nos vean unidos. Quiz en ese momento se darn un abrazo instintivo.

Hace 68 aos muri Jorge Elicer Gaitn. Fue la ltima vez que el pueblo colombiano tuvo una esperanza. Con estas largas guerras han logrado tres cosas: que tuviramos miedo de tener esperanzas, que aprendiramos a odiarnos y a recelar los unos de los otros, y que ya no nos creyramos capaces de reemplazarlos, para construir de verdad la grandeza de este pas. Sin la tutela de las castas guerreras, del santanderismo leguleyo, del fanatismo que no ve la religin como un ejemplo de moral para la convivencia sino como una escuela de intolerancia.

La historia nos est enviando un mensaje: Olvdense de Santos y de Uribe, olvdense de esa clase poltica que en tantas dcadas no ha sido capaz de arreglar el pas, que al contrario ha abusado de su confianza y de su esperanza, esa clase poltica que ahora forcejea, cuando podramos estar a las puertas de la reconciliacin, mirndose con odio, contagiando ese odio, preocupada slo por saber quin se va a quedar con el tesoro.

Seguiremos sentados y cruzados de brazos esperando el pas que van a disear para nosotros? Suplicando la paz que slo los que no hemos hecho la guerra podemos hacer? Por qu no nos atrevemos a ser algo por nosotros mismos: la voz de un pueblo alegre, pacfico, laborioso, creador, cansado de guerras, de exclusin y de corrupcin? Ese pueblo que nunca decidi, pero que siempre supo hacer msicas y relatos, carnavales, recetas, proezas del deporte sin ayuda de nadie, conocimiento de la selva y del ro, esas gentes pobres que a golpe de necesidad fueron las que abrieron este pas al mundo.

Rompamos los barrotes del miedo. Que comience la fiesta de la democracia. Que dictemos por fin una ley que se cumpla, una ley que sea vlida para todos y que no caiga con su peso slo sobre los dbiles y los humildes. Porque ya es hora de decir que no se trata slo de que el ciudadano respete la ley, sino sobre todo de que la ley respete al ciudadano.

No ms impuestos para la corrupcin: un orden social verdadero para la paz, para la convivencia, para el abrazo de la sociedad, para el dilogo creador con un mundo en peligro.

La paz no se hace para los polticos y para la guerrilla: se hace para el pas.

Seamos ms que ellos. Hagmoslo nosotros.

Fuente: http://www.elespectador.com/opinion/ellos



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