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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-11-2016

A propsito de "Ignominia tras las rejas", de Miguel ngel Beltrn
Un aporte desde Colombia a la literatura carcelaria

Renn Vega Cantor
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Miguel ngel Beltrn Villegas, quien estuvo recluido en varias ocasiones en crceles colombianas, soportando la persecucin del terrorismo de Estado, escribi un texto que ha sido publicado recientemente con el ttulo Ignominia tras las rejas. Este texto se inscribe en una amplia literatura escrita desde y a propsito de la crcel por personas que la han soportado en forma directa. La literatura carcelaria que est formada por cartas, testimonios, memorias, obras de ficcin, tratados sociolgicos de la vida cotidiana, autobiografas hace parte de otra memoria, la de los vencidos, los humillados. Se escribe y se gesta en circunstancias extremas, desafa la represin y la censura, porque el escritor-prisionero adems denuncia y se enfrenta, con sus hechos y sus palabras, a los poderes establecidos, incluyendo a los tribunales. El recluso dice cosas que rompen con las verdades oficiales, que muestra la cara de la dominacin y la opresin en forma directa, que siempre es negada y silenciada por los voceros oficiales del rgimen.

Entre la literatura carcelaria sobresale la generada por perseguidos polticos, rebeldes y revolucionarios en diversos lugares del mundo, entre la que podra considerarse como un hito el libro de Fidor Dostoyevski , Memorias de la casa de los muertos. (1861) En nuestra Amrica tambin existe una literatura carcelaria desde el siglo XIX, tras la independencia. Entre los primeros autores que generan una literatura carcelaria puede nombrarse a Jos Joaqun Fernndez de Lizardi, autor de El Periquillo Sarmiento, quien seal Adversa fortuna ma, por qu tan mal me has tratado y con tanta tirana me tienes aqu encerrado?. Esa tradicin se ha continuado y ha cobrado fuerza durante las ltimas dcadas en el continente.   

De esa literatura que se origina en la crcel, podemos enumerar, de manera desordenada y muy parcial, algunos textos representativos, de nuestro continente y ms all, de los que citamos algunos apartes.

Apuntes para la historia, mi primera prisin y Cartas desde la crcel del anarquista mexicano Ricardo Flores Magn. All dice cosas de este estilo: La crcel es de hierro; nunca recibe un rayo de sol. El viento fro sopla de da y de noche y delicado como he sido siempre de los pulmones. Siento que no resistir otro invierno en esta crcel en donde no hay calentadores para los presos. En este momento estoy a acalenturado. la fortuna es que no me abato y as mismo me doy fuerza.

En 1920, desde la prisin de Leavenworth, Kansas, este cuenta las penurias que vivi a su paso por San Francisco, California, y las contrasta con la "buena suerte" de algunos de sus camaradas de lucha: Mis camaradas de aquella poca son ahora generales, gobernadores, secretarios de Estado, y algunos de ellos han sido hasta presidentes de Mxico. Ellos estn ricos, son famosos y poderosos, mientras yo estoy pobre, obscuro, enfermo, casi ciego, con un nmero por nombre, marcado como un feln, pudrindome entre este rebao humano, cuyo crimen fue el de haber sido tan ignorante y tan estpido de haber robado una pieza de pan, cuando es una virtud robar millones. Pero mis antiguos camaradas son hombres prcticos, mientras que yo slo soy un soador, y, por lo tanto, es mi propia culpa. Ellos han sido la hormiga y yo la cigarra; mientras ellos han contado dlares, yo he gastado el tiempo contando las estrellas. Yo quera hacer un hombre de cada animal humano; ellos, ms prcticos, han hecho un animal de cada hombre, y se han hecho ellos mismos pastores del rebao. Sin embargo, prefiero ser un soador que un hombre prctico.

El sexto de Jos Mara Arguedas. (1961) El autor explica, en una carta que dirigi a Jhon Murray en 1960, algunos temas de su novela: Puede Ud. Imaginarse lo que significara para m ver cmo los asesinos violaban a los hombres hasta volverlos locos? Esa es la parte medular de mi novela. Pero tambin el Sexto era un prisin poltica y juzgo con la libertad que he sabido conservar a los lderes de los partidos aprista y comunista que conoc en el Sexto. En otra carta de 1961 deca: Odio desde la infancia el poder fundado en la riqueza material. Y casi todos los que me rodean no persigue otro fin ms alto para sus vidas que ese miserable objetivo. Te parecern ingenuas mis palabras, pero a ti se te puede hablar con ingenuidad . El Sexto y todos mis pocos relatos estn plenos de odio a esta parte oscura del ser humano y de una fe absoluta en que podr vencer el mal.

El vagabundo de las estrellas, de Jack London: (1915): He pasado estos ocho aos en San Quintn, la crcel estatal de California. Cinco de esos aos los pas en la oscuridad, aislamiento total, as lo llaman. Los hombres que son capaces de soportarlo lo llaman la muerte en vida. Pero durante esos cinco aos consegu ser ms libre de lo que muchos hombres han llegado a ser nunca. A pesar de hallarme incomunicado, no slo fui capaz de viajar ms all de los muros, sino tambin de viajar por el tiempo. Aqullos que me encerraron durante esos insignificantes aos me regalaron, sin ni tan siquiera ser conscientes de ello, el esplendor de los siglos. Vosotros, perros carceleros, no sabis lo que es un hombre. Meds a los dems en el espejo de vuestra cobarda. Miradme bien, yo soy un hombre. Vosotros no sois ms que marionetas. Yo soy vuestro seor. No podis arrancar de mi ni una queja, y os parece extraordinario porque sabis muy bien con qu facilidad gritarais vosotros.

El presidio poltico en Cuba, de Jos Mart (1871) De acuerdo con Cintio Vitier, esta es una obra hecha "con el ritmo del silencio ignominioso, de los palos y cadenas del presidio". Son suyas estas palabras: Dolor infinito deba ser el nico nombre de estas pginas. Dolor infinito, porque el dolor del presidio es el ms rudo, el ms devastador de los dolores, el que mata la inteligencia, y seca el alma, y deja en ella huellas que no se borrarn jams. Nace con un pedazo de hierro; arrastra consigo este mundo misterioso que agita cada corazn; crece nutrido de todas las penas sombras, y rueda, al fin, aumentado con todas las lgrimas abrasadoras.

Cartas desde la prisin, del uruguayo Ral Sendic: Durante esos trece aos de prisin slo fue posible escribir cartas durante breves periodos. Pero, adems, esas cartas eran censuradas minuciosamente para cuidar que no tuvieran ningn contenido poltico o algn atisbo de posicin en los problemas sociales. Pero hablando de temas humanos, como se habla en ellas, esto es casi imposible, y hay cartas que estn ah que rebotaron dos o tres veces contra la censura antes de poder abrirse camino hacia el mundo exterior.

Sendic, tras ser sepultado en vida durante una dcada, a pesar de la enfermedad y el sufrimiento poda decir un tiempo despus: Me parece que con los enfermos mentales la gente, -y yo en particular-, tiene prejuicios como con los presos comunes. Despus que uno los conoce se da cuenta cunto hay de leyenda negra en lo que piensa la gente, -y pensaba uno- de estos parias de la sociedad. Yo creo que en (la crcel de) Punta Carretas, en 600 o 700 presos que conoc lo que se puede llamar irrecuperable no pasa de 20. La solidaridad es grande y es raro que alguno, por ejemplo, no pueda tomar mate porque la familia no le trae yerba; siempre hay alguno que le da de la suya. Cuando ponen alguno en libertad los actos de despedida () son de autntica alegra.

Cartas desde la crcel, de Antonio Gramsci: Sobre esta obra y lo que representa deca en 1947 Benedetto Croce: El libro que se publica ahora pertenece tambin a quien es de otro u opuesto partido poltico y le pertenece por razn doble: por la reverencia y el afecto que se siente por todos aquellos que mantuvieron alta la dignidad del hombre y aceptaron peligros, persecuciones, sufrimientos y muerte por un ideal, que es lo que hizo Antonio Gramsci con fortaleza, seriedad y sencillez

Cartas desde la prisin, de Rosa Luxemburgo: La libertad siempre ha sido y es la libertad para aquellos que piensan diferente, su frase emblemtica escrita desde la crcel en junio de 1916.

Hemos mencionado estos ejemplos, y extractado algunas citas, porque ellas ilustran el dolor y el sufrimiento, pero ms importante, la lucha, la resistencia, y sobre todo la dignidad, que han personificado hombres y mujeres encarcelados en diversas pocas. Esos libros se han convertido en testimonios vivos, como si hubieran detenido el tiempo, que denuncian la injusticia y la sed de venganza del capitalismo contra aquellos que se le oponen y osan enfrentarlo. Porque como deca Eugenio DOrs, citado en 1930 por Gramsci en sus Cuadernos de la Crcel, Existen dos modos de matar: uno, designado abiertamente con el verbo matar; el otro, el que queda sobreentendido bajo el delicado eufemismo, hacer la vida imposible. Es la forma lenta y oscura de asesinato consumada por una multitud de cmplices invisibles. Es un asunto de fe sin corona y sin llamas, perpetrada por una Inquisicin sin juicio ni sentencia

En esa perspectiva debe ubicarse el texto de Miguel ngel Beltrn, cuya prosa dura, directa, sin concesiones, es un ejemplo de dignidad, en medio de la ignominia que ronda no solamente en las crceles, sino en la sociedad colombiana. Su lucha tambin se expresa a travs y con sus escritos, con los que rompe el silencio cmplice y complaciente que niega la existencia de presos polticos en nuestro pas. Habra que recordarles a todos aquellos acadmicos que desde la Universidad Nacional y otros lugares representan la ignominia a nombre de una supuesta pureza intelectual y acadmica apoltica que, como deca Jos Mart: Si no luchas al menos ten la decencia de respetar a quienes s lo hacen.

Con este escrito, Miguel ngel Beltrn nos recuerda la desigualdad, injusticia y miseria de nuestra sociedad, que se revive en la crcel como un microcosmos de lo que es este pas. Hablar contra la corriente, enfrentar las mentiras de los medios de desinformacin y sus sicarios con micrfono y procesador de palabras, soportar el cinismo de muchos acadmicos de la Universidad Nacional, a eso es a lo que podemos llamar dignidad, que es otra forma de decir que se est vivo, porque otros estn muertos en vida desde hace tiempo y la indignidad los carcome. Como lo dijo con lucidez Eduardo Galeano, poco antes de morir: Cmo averiguar si uno est vivo o es un muerto viviente? Habr que preguntarse hasta qu punto soy capaz de amar y de elegir entre la dignidad y la indignidad, de decir no, de desobedecer. Capaz de caminar con tus propias piernas, pensar con tu propia cabeza y sentir con el propio corazn en lugar de resignarte a pensar lo que te dicen. [] Los desafos que uno enfrenta cada da son los que te abren una rendija para elegir entre la dignidad y la obediencia. Libre es el que es capaz todava de elegir la defensa de su dignidad en un mundo donde, quieras o no, en algn momento tendrs que tomar partido entre los indignos y los indignados.

Por eso, Miguel ngel Beltrn siempre ha sido un hombre libre, aunque hubiera estado encerrado en una crcel de alta seguridad, desde donde nos ha dado lecciones de dignidad, tal y como lo ejemplifica con sus libros y escritos. Es un hombre con decoro, puesto que, como deca Jos Mart, en el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en s el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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