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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-10-2005

(Esto no es una nota necrolgica)
Eduardo Haro Tecglen o la razn pura

Alfonso Sastre
Gara


Nio de la guerra del 36 al 39 nio republicano, su padre fue condenado a muerte por los fascistas al terminar aquella guerra, y entonces Eduardo y su madre tuvieron que protegerse de la intemperie de aquellos aos a merced de la solidaridad de algn compaero de oficio del padre (periodista), y fue as como l fue contratado por el diario "Informaciones" para un puesto subalterno, poco ms que de chico para los recados. Autodidacta total nunca pis un aula universitaria, y no s cmo circul por las enseanzas medias, l consigui ascender en aquel ambiente periodstico hasta las ms altas responsabilidades, pasando por la crtica teatral, en la que sustituy a Alfredo Marquere, hasta la de redactor jefe y destacado corresponsal en el extranjero. Fue director del diario "Espaa" de Tnger y prcticamente con Jos Angel Ezcurra del semanario, activamente antifranquista, "Triunfo", en el que, adems de con su nombre, firmaba como Pozuelo l haba nacido en este pueblo de la provincia de Madrid, Aldebarn y otros seudnimos, y tambin sus artculos aparecan en otras revistas, algunas humorsticas. Se habla de 25.000 artculos como cifra aproximada del conjunto de su tra- bajo periodstico; quizs sean ms, pero eso no importa: muchsimos. Toda una vida escribiendo sin parar un momento. Lo cierto es eso, que nunca, en toda su vida, hizo menos de un artculo al da y otros varios por semana, y alguno ms de vez en cuando, y adems sus libros. Diego Galn ha manifestado que Eduardo no dej de hacer sus artculos ni durante las sombras jornadas en las que murieron, en circunstancias patticas, sus hijos. Fue, sin duda, su razn pura, que yo evoco en el ttulo de este artculo, y su terrible vocacin periodstica, lo que le permiti sobrevivir en tan dolorosas circunstancias, all donde otras personas se hubieran derrumbado en un abismo de sufrimientos. Pero l era un gran resistente a estas pasiones; no s si tanto al dolor; Kierkegaard trat lcidamente de las diferencias que hay entre el sufrimiento y el dolor ("An- tgona"). Quizs pudiera definirse a Eduardo como un estoico, porque opino que los estoicos fueron filsofos de la razn pura. Razn pura y frialdad sentimental; algo as. Ya he dicho que esto no es una nota necrolgica. La solidaridad con los pobres era, en E.H.T. (otra de sus firmas), un producto incombustible de su pura razn, y no un movimiento sentimental. Nada ms lejos de l que lo que se llam por escritores como Mximo Gorki el romanticismo revolucionario. El amor a la Humanidad era para l un ente de razn y nada ms; pero tambin nada menos. Como crtico de arte en este caso de arte dramtico sus juicios eran tambin proposiciones de su razn pura. Ello lo opona a muchas gentes del teatro que afirmaban que al crtico de teatro Haro Tecglen lo que le ocurra era que no le gustaba el teatro, y que por eso todo le pareca mal. Lo que ocurra era que Eduardo era un ser pensante y nada sentimental en un territorio poblado por sentimentales y narcisos, como es el campo del espectculo.

Corresponsal l del diario "Informaciones", como he dicho, en Pars, y fugitivos nosotros Eva y yo de la Espaa en la que yo acababa de sufrir mi primer proceso, por el Tribunal de Orden Pblico, all tuvimos un encuentro prolongado que durante los siguientes aos se extendi a nuestra vida cotidiana en Madrid. Antes de eso, en Pars (1956), tuvimos Eduardo, Pilar Yvars, Eva Forest y yo una bella amistad entre nosotros y tambin con nuestro admirado Jos Bergamn, que se hallaba un tanto protegido, en su exilio, por su antiguo amigo de la guerra, y entonces ministro gaullista, Andr Malraux. Fue all donde Eduardo, Juan Goytisolo y yo hicimos laboriosas gestiones, que no dieron buen resultado, ante editores y colegas franceses, para publicar en Pars una gran revista de pensamiento, arte y poltica con la que contribuir, a nuestro modo, al derrocamiento del fascismo.

Sobre su forma de trabajo, que pude conocer porque vivimos en su casa, en las proximidades de l'Etoile, creo que en l'Avenue Carnot, hasta que resolvimos nuestro propio alojamiento, ahora recuerdo cmo me sorprendi que l no sintiera curiosidad (en funcin de su razn pura?) por ver con sus propios ojos los ojos de su carne los sucesos sobre los que escriba y que se producan en su vecindad. Las estaciones de radio y quizs las de televisin eran sus ojos y sus odos, y, por cierto, l tena razn la razn pura (que puede prescindir durante largos perodos de datos sensibles) en su comportamiento, pues sin moverse de una habitacin de su casa, vea y oa, mucho ms que acudiendo, digamos, al lugar del crimen. As, lo recuerdo siguiendo acontecimientos como un asalto po- pular a la sede del PCF desde las radios y el telfono de su cuarto de trabajo.

1956: grandes acontecimientos. Para nosotros, familiarmente, el nacimiento de nuestro primer hijo Juan en una clnica de la rue Lafontaine. Para la cultura espaola, la muerte de Po Baroja en Madrid. Para el mundo, que es lo ms importante, Nasser nacionaliza el Canal de Suez y hay un bombardeo anglofrancs sobre Port Said. Se abre el riesgo inminente de una tercera guerra mundial. Se agota la sal en los mercados de Pars y los parisienses llenan de agua sus baeras; se supone que un bao de sal es una proteccin eficaz contra las radiaciones atmicas. Hay una rebelin en Hungra contra la URSS, y el ataque de los tanques soviticos sobre Budapest, que dio lugar al asalto contra los comunistas que acabo de citar.

Este episodio me sorprendi a m en plena reflexin sobre mi ingreso o no en el PC, cuya posibilidad me haba sugerido precisamente Eduardo, a quien yo hasta entonces haba considerado muy a la derecha de esas posiciones, dada la falta de radicalidad de sus crticas de teatro, y de sus crnicas, y tambin su familiaridad con un autor tan burgus y descomprometido como Vctor Ruiz Iriarte, por otra parte una persona excelente y simptica.

Mi lectura en los peridicos de Pars, ante los sucesos hngaros, arroj entonces estos resultados sor- prendentes para m: Para "France Soir", a toda pgina, poda leerse algo muy inquietante: Budapest ha estallado (clat) en sangre. Angustiado, acud a "L'Humanit" (diario del PCF), que nos deca, a una columna, que: el orden ha sido restablecido en Hungra. Yo, con mi serio problema ideolgico para tomar una decisin, acud, atribulado, a mi cada vez ms amigo Eduardo Haro para plantearle nada menos que la cuestin de la verdad. O algo estalla en sangre deca yo o un pequeo problema de orden se resuelve. Qu estaba ocurriendo, definitivamente, en Hungra? Eduardo estaba tranquilo (la razn pura?). La verdad, para l era que, efectivamente, el orden haba sido restablecido en Hungra. Entonces yo que soy un sentimental (nadie ms lejano que yo de la razn pura) me alej durante unos aos, no del PCE, con el que siempre trabajamos contra la Dictadura de Franco, sino de mi propsito de ingresar en sus filas como militante, lo que ocurrira unos aos despus.

Eduardo ha dicho ms de una vez que l nunca fue militante de este partido, y yo lo creo a pie juntillas, porque l era siempre la verdad, por cruel que esa verdad pudiera ser. Pero tambin es incuestionable que l combati escribiendo, porque no conoca otro modo por una utopa comunista, y que es a ese proyecto utpico-comunista al que permaneci leal, sin un solo fallo o deslealtad, por muchas brumas de pesimismo y hasta de escepticismo que lo asaltaran en determinados momentos.

Una de sus facetas muy desconocidas para quienes, claro est, no lo conocan a l, era la de su profundo y complejo, exquisito, humor. Era un humor, digamos, bergsoniano, porque fue Bergson quien hall que lo cmico es una generacin de lo mecnico, o quizs diramos nosotros, de una razn helada o, en fin, pura, pues si nuestro corazn est abierto a los sentimientos, cmo rerse al ver que alguien se pega un trompazo porque ha resbalado en una cscara de pltano? Cmo rerse de un tartamudo o de un enano? Cmo rerse de las desventuras de un chino porque es chino?

La risa sera, en ese sentido, uno de los rasgos de la maldad humana. Eduardo que era ms bueno que el pan se haca el malo y contaba con la ms alta seriedad y frialdad posibles, historias muy cmicas en el marco helado de una razn imperturbable, sin concesin alguna a los territorios del sentimentalismo e incluso de la sentimentalidad.

Podramos recordar un copioso anecdotario de situaciones que hacan nuestras delicias en las veladas sabatinas matritenses, con gentes tan fuera de serie como Nieves y Ricardo Muoz Suay, Domingo Domingun, un ex torero alegre cuyo suicidio an no he podido digerir, su compaera Carmela, Pilar Yvars, Eduardo, el fraternal amigo Romeu y su compaera, en nuestros domicilios, alternativamente, bajo la amenaza, ya enemiga (de la Brigada Social), ya amiga (las visitas clandestinas de Federico Snchez, o sea, Jorge Semprn).

En aquellas veladas, memorables para nosotros, un papel importante tenan sucesos, casi siempre banales, en los que haba participado Eduardo, y que l nos contaba, como es un ejemplo de aquel anecdotario sus relaciones con Ruiz Iriarte, dndose el caso de que, siendo Eduardo una persona muy alta y muy delgada (como radiografa de una gamba lo defini el dramaturgo Joaqun Calvo Sotelo, seguramente resentido por sus crticas), Ruiz Iriarte era un enano jovial que no saba que lo era. El no saber que l era tan bajito produca la comicidad.
De aquel repertorio puedo recordar que Eduardo nos relat, entre mil cosas, que un da que entraron ambos, el autor enano y el crtico altsimo, al Circo Price, el acomodador les indic que, para evitar la vuelta, cruzaran la pista del circo, ya que sus localidades estaban en el otro lado. Apenas empezaron a cruzarla, se escucharon nutridos aplausos que saludaban su presencia; era el pblico que haba ocupado ya sus plazas y que supuso que haba empezado el espectculo con la salida de aquellos payasos, el enano y el alto, algo as como el gordo y el flaco. Entonces Ruiz Iriarte, sonriente y satisfecho, le coment a Haro: Ya ves, Eduardo, que no se puede ser famosos!.
Otro da, contaba Eduardo que en el caf haba comentado, ante el autor y otros amigos, que tena una invitacin para una fiesta de gala pero no iba a poder ir porque no tena esmoquin; a lo que el buen Vctor dijo, lamentndolo: Yo te prestara el mo, pero estas prendas son tan personales....

No s, no s. El humor puede consistir en burlarse de los enanos? Se burlaba Eduardo de los enanos con estas ancdotas? Nos burlbamos los dems de los enanos rindonos con estos relatos? La Humanidad es un fenmeno muy extrao. En cuanto a lo cmico, Henri Bergson tena razn al decir que era necesaria una cierta suspensin de los sentimientos para que estallara la risa en determinadas situaciones. Lo que yo quera aadir es que Eduardo militante de la razn pura era, y sigue sindolo en mi recuerdo, todava tan vivo, un gran humorista, y un decidido revolucionario, tambin desde la razn pura, no necesitado de amor ni de lstimas para moverse hasta el fin por la justicia social, como l se mova.

En fin, le ha llegado la hora de su muerte, y en verdad que lo ha hecho muy bien, de un modo impecable. Escribir lo del da, como si fuera a vivir siempre, y morir sin darse cuenta, qu mejor muerte puede soarse para un escritor? Desde luego, morir es una gran canallada, pero Eduardo, digmoslo as, ha escrito un buen artculo murindose. Yo, desde mis cerca de ochenta aos, y situado ya, por tanto, ms all de la esperanza estadstica, deseo fervientemente algo parecido para mi propio fin. Ah, y que la vida y la risa no dejen de caminar como Eduardo razonaba, no soaba, porque saba que los sueos de la razn producen monstruos en la persecucin incansable de la Utopa de un mundo mejor y habitable para todos, aunque a veces nos hieran, como s que a Eduardo le pasaba, los dardos del escepticismo y de la melancola. -


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