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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-11-2016

Digamos adis a la izquierda pija!

Alberto Garzn Espinosa
El Diario

En efecto, lo que hemos conocido como globalizacin neoliberal ha provocado transformaciones muy profundas en la estructura productiva y social de las sociedades occidentales. Y ello ha producido una nueva divisin: entre ganadores y perdedores de la globalizacin


En Espaa la campaa electoral estadounidense se ha podido seguir con notable dificultad. Es verdad que no han faltado minutos de atencin meditica, pero s ha faltado situar bien el foco. La mayora de los medios de comunicacin se han centrado, da tras da, en los aspectos ms espectaculares y llamativos, tales como el uso ofensivo del lenguaje de Trump, ms que en el aspecto sustantivo, como las propuestas econmicas que ofrecan ambos candidatos. En la hipermodernidad, como la define con buen criterio Gilles Lipovetsky, lo que ms llama la atencin no es siempre lo ms importante. Y en esas condiciones es ciertamente complicado hacerse una idea del por qu un multimillonario machista, xenfobo y engredo ha podido vencer en la contienda electoral.

Durante toda la campaa electoral, Donald Trump ha centrado su discurso en atacar al establishment poltico como responsable de la corrupcin, de poner el dinero del pueblo americano en los bolsillos de las grandes empresas y de aprobar tratados internacionales que destruyen fbricas y empleos y deslocalizan el aparato productivo y la fuente de riqueza del pas. En suma, de empeorar la vida de la clase trabajadora de Estados Unidos. Esta terminologa que acabo de usar est literalmente extrada de sus discursos; no es una adaptacin al gusto. En efecto, D. Trump no es un neoliberal al uso. No es Ronald Reagan, por decirlo as, y por eso un dirigente republicano como George Bush anunci no haberle votado. Si tuviramos que encontrar alguna similitud tendramos que retrotraernos al fascismo corporativista de los aos veinte y treinta del siglo XX. Pero aun as, la duda asalta: por qu ha ganado?

Sin duda las transformaciones econmicas de las ltimas dcadas nos permiten entender mejor este fenmeno que, sin embargo, no es el nico (el Brexit pero sobre todo el auge de la extrema derecha en Europa son fenmenos muy relacionados). En efecto, lo que hemos conocido como globalizacin neoliberal ha provocado transformaciones muy profundas en la estructura productiva y social de las sociedades occidentales. Esta globalizacin ha consistido, en general, en ms competencia econmica, cultural y poltica. Y ello ha producido una nueva divisin: entre ganadores y perdedores de la globalizacin.

Lo que ha ido quedando atrs ha sido el modelo keynesiano, con su Estado social o del Bienestar. En l los trabajadores y las empresas construan sus vidas en un entorno de certezas y de proteccin estatal, con una economa mundial altamente regulada en sus niveles financieros y productivos. Las reformas iniciadas desde los aos setenta y ochenta catalizaron las transformaciones econmicas, llevando a un incremento de la competencia en todos los niveles. La vida y el trabajo estable daba lugar a un contexto donde el concepto dominante es la flexibilidad. Vidas y trabajos cada vez ms precarios, inestables, inciertos Hasta el carcter se corroe, como nos recuerda Richard Sennet!

Pero eso no ha afectado a todo el mundo por igual. Por ejemplo, las empresas y trabajadores cualificados ms expuestos a la globalizacin han salido ganando porque han visto incrementar su mercado y posibilidades, mientras que las empresas y trabajadores cualificados otrora no expuestos a la globalizacin o los trabajadores no cualificados en general han sido duramente afectados como perdedores de la globalizacin. En el caso de estos ltimos, con mucha dureza debido a la fuerte presin competitiva y al fracaso del llamado ascensor social la posibilidad que tienen los nacidos en un estrato social bajo de aspirar a mejores puestos de trabajo y remuneraciones. Estos fenmenos se han dado en todo el mundo, en mayor o menor grado, pero han variado segn las singularidades de cada pas.

Ya de una forma relativamente temprana, en 2008, Hanspeter Kriesi y otros autores (West european politics in the age of globalization) supieron ver que estos fenmenos acabaran llevndose por delante el sistema de partidos en todos los pases occidentales. Segn ellos la paradoja poltica de la globalizacin estribaba en que aunque la causa sea global, la solucin tiende a articularse a nivel nacional y en forma de cambios radicales en el seno de los partidos o, ms probablemente, en nuevos partidos que aprovechan una ventana de oportunidad (en efecto, el concepto era ya ese). Segn ellos los fenmenos econmicos y sociales que se situaban al margen de los partidos como la globalizacin- los obligaran a reconfigurarse en nuevas formas y relaciones y en torno a nuevos problemas vinculados a la divisin entre ganadores y perdedores de la globalizacin.

Por eso cabe descartar los anlisis simplistas, vengan de donde vengan. No se trata de una simple pugna entre partidarios del libre mercado y partidarios del proteccionismo como tampoco lo es entre capitalistas y trabajadores, religiosos y ateos o nacionalistas y cosmopolitas. Hay un poco de todo, y requiere anlisis serio. Por ejemplo, no es cierto que la clase trabajadora estadounidense haya votado en masa a Trump, porque entre otras cosas tambin los latinos y los negros son en gran medida clase trabajadora. Pero s es cierto que el discurso de Trump ha tenido una conexin esencial con el mundo blanco del trabajo, el ms afectado por la globalizacin neoliberal, y de donde ha extrado millones de votos. Pero ojo, no slo se trata del mundo del trabajo puesto que tambin las grandes empresas otrora protegidas y ahora expuestas al mercado internacional estn en las mismas posiciones. El caso de la empresa textil New Balance, cuyas zapatillas se han convertido para los anti-Trump en objetivo poltico, es representativo. Hay pocos sectores ms interesados que el textil (empresarios y trabajadores) en reducir la competencia econmica internacional con nuevas formas de proteccionismo econmico.

Ahora bien, lo que tienen en comn los quema-zapatillas y los analistas liberales es su falta de comprensin, cuando no directamente de desprecio, hacia la realidad de la clase trabajadora. Quizs revele una suerte de elitismo, o quiz de ignorancia, pero ese es, en efecto, el principal problema de la izquierda ante fenmenos como los que estamos viviendo.

Analistas liberales como Dani Rodrikhan reconocido este hecho tambin desde muy temprano, sugiriendo que una globalizacin no regulada tendra como consecuencia directa el crecimiento de la rabia y la frustracin social. No hace falta que me detenga en la obra completa de un pensador que es, subrayo de nuevo, liberal. En resumen, Rodrik ha insistido en que estas fuerzas desatadas seran incontrolables poltica y socialmente, y ha culpado directamente a la izquierda de no estar a la altura. Creo que, en este punto, tiene razn. Tambin en los ltimos das la sociloga Eva Illouz ha abundado en esta hiptesis. Segn ella la llamada nueva izquierda se dedic a temas importantes imprescindibles, dira yo- como las nuevas demandas civiles de las minoras y del feminismo y ecologismo pero a costa de abandonar a los segmentos ms desprotegidos de la clase trabajadora. Al cabo de un tiempo sta pareca tener comportamientos inentendibles para una izquierda que, en suma, se haba hecho lite. Esta denuncia es, a mi juicio, tambin correcta. Y es coherente tanto con la tesis de Ronald Inglehart sobre la desmaterializacin de la izquierda (despreocupada cada vez ms de las cuestiones materiales) como con la tesis de Owen Jones acerca del abandono que la izquierda ha sometido a los estratos sociales ms bajos, los llamados chavs.

Nuestro pas tiene una singularidad adicional, muy vinculada a la transicin. A pesar de tener a uno de los movimientos obreros ms fuertes de Europa, en Espaa la izquierda abandon en los setenta la prioridad de construir alternativa en el tejido social. En efecto, Santiago Carrillo desmont la estructura organizativa del Partido Comunista y que hasta entonces se articulaba sectorialmente y con una fuerte presencia en los barrios populares. En su lugar dej una organizacin estructurada en paralelo a las circunscripciones electorales, de tal modo que el mensaje era claro: lo importante eran las instituciones, esto es, presentarse con xito a las elecciones. En aquellos aos se sentaron las bases de una izquierda institucionalizada, dedicada casi en exclusiva a la gestin, y cada vez ms desconectada de la realidad concreta de la clase trabajadora. Una clase que, adems, se fragmentaba cada vez ms como consecuencia de las reformas neoliberales de los gobiernos de los 70s y 80s. La izquierda, como estrategia, tenda a refugiarse en universidades e instituciones polticas. Mientras la realidad, por decirlo as, caminaba por otra parte. Naturalmente miles y miles de militantes mantuvieron su conexin con la realidad del pueblo y de la clase, y gracias a eso es por lo que an existe izquierda digna de tal nombre en nuestro pas.

En estos das nos han dicho que desde Unidos Podemos somos igual que Trump. Es radicalmente falso, y ms an en este punto. Desgraciadamente estamos lejos de llegar a la clase trabajadora realmente existente (y con este realmente existente pretendo desvincular la realidad material de la clase con la liturgia que acompaa todo llamamiento a la clase; como si decir clase cien veces nos hiciera clase o acaso marxistas!). Alguno podra pensar que todo comenz con la transicin, pero no es cierto: el problema vena de muy atrs. En realidad, la izquierda nunca ha representado del todo bien a la clase que dice representar. Todos los datos empricos sealan la profunda brecha que separa a la izquierda europea de la clase trabajadora (en cualquiera de sus acepciones, estrecha o amplia). Hay una fuerte relacin entre los trabajadores que tienen conciencia de clase, esto es, los que ideolgicamente se sitan en la izquierda; pero la gran masa de trabajadores o bien pasa de la poltica o bien vota a la derecha. Y esto era tan aplicable al PCE de los ochenta como a Podemos o IU del 2014.

En nuestra Espaa actual la cosa sigue igual. An hoy el 21,2% de las personas desempleadas vota al PP o Ciudadanos, el 11,7% al PSOE y el 18,7% no vota. Nuestro espacio poltico, Unidos Podemos, recoge el 13,4% de voto del conjunto de desempleados. Otro dato para la retina: el 20% de los votantes de Ciudadanos carece de ingresos. Podramos abundar en otros datos, pero la sangre brota de la herida ya de forma suficiente.

La solucin, en breve, no es representar al pueblo. Es ser pueblo. La solucin no es que desde plpitos acreditados, y tras debates escolsticos dignos de la autocomplacencia ms pija, se propongan recetas mgicas para el juego de la representacin institucional. La nica forma posible de evitar la barbarie, sea en la forma de Trump, LePen o cualquier otra, es descender del reino de los cielos al reino ms mundano de la vida cotidiana. Nuestro objetivo es convertirnos en conflicto, que es la cristalizacin de las contradicciones del sistema y de la globalizacin, y autoprotegernos y autoorganizarnos como clase, como vctimas de la crisis. La clase se expresa tambin en nuevas frmulas discursivas y de tono, de la misma forma que tiene otras manifestaciones culturales que van ms all del indie y de la tribu hipster. Nuestra clase no son slo los trabajadores de cuello azul, sino tambin las mujeres que realizan trabajos de cuidados sin remunerar o los jvenes habituados a las nuevas tecnologas pero no al empleo. Por citar algunos ejemplos concretos. Todos ellos, todos nosotros, exigimos una izquierda a la altura del momento histrico. Unidad, organizacin y, sobre todo, praxis. Sin filosofa de la praxis seremos todos unos pijos sin utilidad.

Fuente: http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Digamos-adios-izquierda-pija_6_579602050.html


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