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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-11-2016

Catalua, entre Espaa y Europa

Juan Francisco Martn Seco
Repblica de las ideas


Es curioso que el nacionalismo cataln reniegue de la pertenencia a Espaa, pero no de la integracin en la Unin Europea. Es ms, que intente por todos los medios convencerse, y convencernos, de que la independencia de Catalua del Estado espaol no tendra que conllevar la salida de la Eurozona. Digo que resulta curioso porque si algo amenaza hoy la soberana de los ciudadanos es el proyecto europeo. Es la Unin Monetaria la que coarta el derecho a decidir.

Hoy, los ciudadanos catalanes son tan soberanos como los extremeos, los murcianos o los castellanos. Su capacidad de decidir, su autogobierno, no queda reducido al mbito de la Generalitat. El habitante de Barcelona decide en su ayuntamiento con otros barceloneses, en su comunidad con otros catalanes y en el Estado espaol con otros espaoles. Es soberano en cada una de las administraciones segn las respectivas competencias, ya que se puede afirmar que, dentro de las imperfecciones connaturales a todas las instituciones, en las tres se dan estructuras democrticas.

La situacin cambia radicalmente cuando se trata de la Unin Europea y en particular de la moneda nica. La pertenencia a ella destruye en buena medida la soberana de los pueblos, ya que se transfieren mltiples competencias de las unidades polticas de inferior rango (Estado, Autonoma, Municipio) que, mejor o peor, cuentan con sistemas representativos, a las instituciones europeas configuradas con enormes dficits democrticos. No parece que sea necesario insistir mucho en ello. Baste citar los casos de Monti en Italia; Papandreu defenestrado de primer ministro de Grecia por la simple insinuacin de convocar una consulta popular; el revolcn de Tsipras y la rectificacin del referndum en el pas heleno; la imposicin por la Troika de las medidas ms duras -en contra, en la mayora de las ocasiones, de la voluntad de las sociedades y de los gobiernos- a Grecia, Irlanda, Portugal, Chipre, Espaa e incluso a Italia y a Francia. O el estatuto del BCE.

Los recortes y ajustes que la Generalitat predica del Estado espaol y le censura, no estn dictados tanto por el Gobierno central como impuestos por la Comisin y el BCE. No se entiende, por tanto, que el nacionalismo cataln sienta la unidad de Espaa como una atadura y la integracin europea como una liberacin, y menos se entiende an que la izquierda nacionalista sea tan crtica con el Estado, nico instrumento capaz de compensar la injusta distribucin del mercado, y se sienta a gusto con un modelo neoliberal como el de la Unin Europea. La ptica se modifica cuando se trata de la derecha; parece lgico que se encuentre confortable en un ambiente de libertad econmica como el de la Unin Monetaria y le incomode el Estado espaol, no tanto por espaol como por Estado y por la funcin redistributiva que ejerce.

Tradicionalmente, el Estado social y de derecho se ha basado, con mayor o menor intensidad, sobre una cudruple unidad: comercial, monetaria, fiscal y poltica. Es sabido que las dos primeras generan desequilibrios regionales, tanto en tasas de crecimiento como en paro, desequilibrios que son paliados al menos parcialmente mediante las otras dos uniones, la fiscal y la poltica. La unin poltica implica que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos y obligaciones independientemente de su lugar de residencia, y que por lo tanto pueden moverse con libertad por el territorio nacional y buscar un puesto de trabajo all donde haya oferta. La unin fiscal, como consecuencia de la unin poltica y de la actuacin redistributiva del Estado a nivel personal (el que ms tiene ms paga y menos recibe), realiza tambin una funcin redistributiva a nivel regional, que compensa en parte los desequilibrios creados por el mercado.

La Unin Monetaria Europea ha roto este equilibrio creando una unidad comercial y monetaria pero sin que se produzca, ni se busque, la unidad fiscal y poltica, lo que genera una situacin econmica anmala que beneficia a los pases ricos y perjudica gravemente a los ms dbiles, ya que la unidad de mercados y la igualdad de tipos de cambios traslada recursos de los segundos a los primeros sin que esta transferencia sea compensada por otra en sentido contrario, mediante un presupuesto comunitario de cuanta significativa.

Esta situacin anmala que crea la Unin Monetaria es la que ansan los soberanistas surgidos en las regiones ricas. No se puede negar que tras el nacionalismo se encuentran pulsiones irracionales, sentimientos, emociones, afectos, recuerdos que en principio pueden ser totalmente lcitos. Pero, en la actualidad, cuando se trata de pases occidentales y de territorios prsperos, el principal motivo, al menos de las elites que se encuentran al frente del independentismo, es el rechazo a la poltica presupuestaria y fiscal del Estado, que transfiere recursos entre los ciudadanos, pero tambin entre las regiones. Recordemos que la deriva secesionista de la antigua Convergencia se inicia con el rdago acerca del pacto fiscal que Artur Mas dirige al Presidente del Gobierno y de la negativa de este a romper la unidad fiscal y presupuestaria de Espaa.

Resulta ya evidente que, paradjicamente, la Unin Monetaria Europea, lejos de constituirse en un instrumento de integracin y convergencia, se ha convertido en un mecanismo de desunin y enfrentamiento, incrementando la desigualdad entre los pases. Pero es que, adems, comienza a vislumbrarse que propicia tambin las fuerzas centrfugas dentro de los Estados entre las regiones ricas y las pobres. Catalua o la Italia del Norte pueden preguntarse por qu tienen que financiar a Andaluca o a la Italia del Sur, si Alemania u Holanda no lo hacen, obteniendo beneficios similares o mayores de la unin mercantil, monetaria y financiera.

Lo ms contradictorio entre los nacionalistas de izquierdas, o de los que desde la izquierda coquetean con el nacionalismo, es su defensa en el mbito nacional de lo que critican a la Unin Europea: la carencia de una unin fiscal y poltica. La izquierda consciente que se opuso al Tratado de Maastricht fundamentaba su rechazo en los desastres que se derivaran de una moneda nica sin integracin fiscal y poltica. La izquierda inconsciente o acomodaticia bas su s crtico en la esperanza un tanto ingenua de que con el tiempo tal convergencia se producira. Pero en ambos casos censuraban la ausencia en Europa de un presupuesto comunitario de cuanta similar al que mantenan los Estados, capaz de corregir los desequilibrios que el euro y el mercado nico iban a producir entre los pases. Por eso se entiende con dificultad que aquello que se exige a Europa se pretenda destruir en Espaa o en Italia.

Fuente: http://www.republica.com/contrapunto/2016/11/10/cataluna-entre-espana-y-europa/



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