Portada :: Colombia :: Dilogos de paz 2012-2015
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-11-2016

Discurso de cierre del Acuerdo Definitivo de Paz de las FARC-EP
"Est triunfando la paz, no lo dudamos. Nos sentimos orgullosos de que Colombia siga siendo referente mundial de paz"

FARC-EP
Rebelin


Nuestro saludo cordial al Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodrguez, y por su intermedio, a los comandantes Fidel y Ral que generosamente ofrecieron su territorio y la logstica necesaria para que los colombianos resolviramos nuestras diferencias; Saludo a los representantes de los pases garantes, Noruega y Cuba que estuvieron siempre al lado de los plenipotenciarios en los momentos ms difciles y los de satisfaccin impulsando contra viento y marea los avances de la Mesa; Saludo a los ngeles de la guarda del proceso de paz, como denominara Roy Chaderton a los acompaantes de la Repblica Bolivariana de Venezuela y de la Repblica de Chile. A nombre de Colombia, gracias por ayudarnos durante tanto tiempo a encontrar la senda de la reconciliacin y la paz. Gracias por su inmensa solidaridad.

Doctor Humberto de La Calle y representantes del Gobierno de Colombia

Compaeros de la Delegacin de Paz de las FARC

Compatriotas:

Hemos trabajado de manera incansable da y noche para entretejer en un solo cuerpo de consenso los elementos del nuevo acuerdo final sobre el que empezaremos la edificacin de la paz estable y duradera para Colombia.

En el da de hoy, como resultado de la inquebrantable voluntad y decisin de las partes, de su perseverante bsqueda de una solucin poltica a la dilatada confrontacin armada, presentamos a la nacin colombiana el nuevo Acuerdo de Paz DEFINITIVO, que preferimos llamar el ACUERDO DE LA ESPERANZA, poderoso instrumento para la democratizacin del pas y para la materializacin de los derechos de la gente.

Han sido semanas de arduo trabajo, de audiencias sucesivas, de ejercicio humilde de escuchar con inters y respeto, de interlocucin con el ms amplio espectro del movimiento social y poltico, y de las iglesias. Han sido semanas de muy difciles pero fructferas conversaciones con la delegacin gubernamental que han permitido reafirmar la vocacin de paz y reconciliacin de un pas, al tiempo que han posibilitado comprender y aclarar dudas e inquietudes razonables de diversos sectores de la sociedad, y tambin desvirtuar tergiversaciones y falacias respecto del acuerdo suscrito el pasado 26 de septiembre en la Ciudad Heroica, Cartagena de Indias.

El resultado del plebiscito del 2 de octubre produjo un impacto, que adems de atascar los mecanismos de implementacin previstos, pusieron en serio riesgo cinco aos de esfuerzos en la bsqueda de la reconciliacin.

Pero para fortuna de millones de compatriotas, la paz sigue su marcha irrefrenable, IRREFRENABLE. Las espontneas y multitudinarias movilizaciones sociales de apoyo a la paz activadas por la juventud, las numerosas manifestaciones de organizaciones sociales y populares, de partidos y movimientos polticos, y el reiterado acompaamiento de la comunidad internacional, nos incitan pensar que se ha iniciado el gran cambio histrico hacia una sociedad autnticamente democrtica, pacfica y justa.

Los resultados de octubre tambin nos llevaron a pensar en sentido ms reflexivo acerca de los lmites de la democracia liberal y de la regla mayoritaria, particularmente cuando sta se establece bajo las condiciones de mayscula abstencin y cuando estn de por medio decisiones de semejante trascendencia, como las que conciernen a la posibilidad histrica del buen vivir y en paz para las nuevas generaciones.

Recordamos, en ese contexto, nuestras visiones de democracia discutidas en la Mesa, que apenas alcanzaron a ser recogidas de manera muy parcial en el acuerdo sobre apertura democrtica. Y reforzamos nuestras certezas acerca de la necesidad de luchar por nuevos entendimientos, diseos y procedimientos democrticos que trasciendan el simple sufragio, a fin de garantizar una verdadera participacin social y ciudadana en los asuntos que inciden sobre la vida nacional.

An en condiciones de esa precariedad democrtica, en la medida en que accedimos al procedimiento de refrendacin plebiscitaria en la bsqueda de la paz deseada, entendimos que pese a la dbil mayora, tenamos el compromiso poltico de aceptar el resultado adverso y de atender las mltiples voces que lo haban propiciado, distinguiendo entre aquellas que manifestaban preocupaciones sinceras por un nuevo y mejor acuerdo, y otras que tenan la pretensin de erigirse en obstculo para el logro del propsito superior, aunque dada la coyuntura se cobijaran tambin con el manto y el discurso de la paz.

Comprendimos mejor, entonces, el sentido del pluralismo y de la diversidad, de los intereses particulares y de grupos y sectores especficos del conglomerado social, que -en medio de la conflictividad que es inherente al orden vigente- merecen respeto y reconocimiento. El mismo que demandamos hacia nosotros.

As es, que, en atencin a ello, nos dimos a la tarea, junto con el Gobierno Nacional, de reabrir la discusin en la Mesa de La Habana, para considerar -con el rigor exigido por las circunstancias- todas y cada una de las propuestas de precisin y ajuste del acuerdo suscrito el 26 de septiembre, bajo el entendido de que se trataba de un perfeccionamiento de lo ya convenido, teniendo en cuenta lo manifestado por todos los sectores polticos y sociales que participaron en un plebiscito cuyos resultados no deban comprenderse como una negativa al acuerdo de paz, sino como un llamado a su mejoramiento.

Aunque la X Conferencia Nacional Guerrillera refrend el texto de un acuerdo que para nosotros ya estaba cerrado, comprendimos la importancia de reformularlo con un mayor consenso que incorporara muchas voces que estuvieron ausentes durante el proceso de conversaciones, y que incluso habiendo dicho No tienen su sentimiento del lado de la reconciliacin.

Somos conscientes de que la posibilidad real de desatar la potencia transformadora de los acuerdos descansa sobre su legitimidad poltica y social. Por tal razn, nos produce una inmensa satisfaccin anunciar que al tiempo que el nuevo Acuerdo alcanzado preserva la estructura y espritu del primer acuerdo convenido, incorpora un sinnmero de ajustes y precisiones, que recoge observaciones y nuevas propuestas de redaccin, que formula aclaraciones y despeja dudas donde se consider necesario. Por ejemplo, en materia de Jurisdiccin Especial para la Paz se incorporaron no menos del 65% de las propuestas provenientes de los diversos sectores que votaron NO en el plebiscito; casi el 90% de las iniciativas referidas al polmico tema de gnero; y algo ms de 100 variaciones que tocan los temas concernientes a Reforma Rural Integral, Participacin Poltica, Nueva poltica antidrogas, Vctimas, Fin del conflicto e implementacin y verificacin.

Al respecto, de nuestra parte hemos cedido, incluso extendiendo fronteras que nos habamos trazado, desplazndolas hasta los lmites de lo razonable y aceptable para una organizacin poltico-militar cuyas armas no fueron vencidas; que acudi por tanto a la mesa de dilogos a una negociacin y no a un proceso de sometimiento; y que ha tomado la decisin de participar en la vida poltica legal, si se cumple un conjunto de condiciones que lo hagan posible.

Le decimos a la sociedad colombiana que hemos realizado nuestro mejor esfuerzo por responder a los anhelos de paz, y podemos afirmar con la frente en alto que hemos cumplido y que al nuevo acuerdo, el nico camino que le espera, es su implementacin, teniendo en cuenta que con l quedan sentadas las bases para comenzar una tarea an ms difcil y compleja: la construccin de una paz estable y duradera, a la que esperamos se puedan sumar, con nuevos aportes, fruto de su negociacin, los compaeros del Ejrcito de Liberacin Nacional, y que toda la institucionalidad del Estado, el poder Ejecutivo, el Congreso de la Repblica, la altas Cortes, la Fiscala General de la Nacin, las Fuerzas Militares y de Polica, asuman su respaldo.

Con el nuevo Acuerdo Final se generan condiciones para iniciar el difcil proceso de la reconciliacin nacional, propsito que compromete a las diferentes clases sociales, al empresariado nacional, a los sectores medios de la poblacin, a la clase trabajadora urbana y rural, a los intelectuales y artistas, a los trabajadores de la cultura, a las comunidades campesinas, indgenas y afrodescendientes, a la comunidad LGBTI, a las mujeres y hombres del comn, y desde luego a nuestros guerrilleros, que con expectativa han estado en paciente y disciplinada espera; y tambin a todos los partidos y movimientos polticos y sociales.

La firma de este nuevo acuerdo debe dar inicio a la construccin del pas de la concordia que llevamos en el corazn y con el que hemos soado durante toda la vida. Pero el solo acuerdo no es suficiente, porque un papel florecido de promesas y buenas intenciones, sin veedura ciudadana, fcilmente puede ser arrastrado por el viento de la desidia hacia el desierto de la nada y la frustracin de la esperanza. Lo reiteramos: el principal garante del cumplimiento y la implementacin de los acuerdos, adems del componente internacional, es el propio pueblo y sus organizaciones, porque nadie mejor que l puede sentir la urgencia de su concrecin, porque toca con su dignidad y su derecho a vivir en paz.

Est triunfando la paz, no lo dudamos. Nos sentimos orgullosos de que Colombia siga siendo referente mundial de paz.

Reiteramos el llamado que hiciramos con el Gobierno a concertar con todas las fuerzas vivas del pas, un gran ACUERDO POLTICO NACIONAL encaminado a definir las reformas y ajustes institucionales necesarios para atender los retos que la paz demande, poniendo en marcha un nuevo marco de convivencia poltica y social.

Es tiempo de paz; de despliegue de una contienda poltica que admita, sin el ejercicio estructural de la violencia y el recurso de las armas, la existencia de diversas visiones de sociedad y en la que se pueda luchar por ellas por la va democrtica. Que la contienda se traslade al campo de las ideas enarbolando en lo ms alto de las conciencias, la bandera de la verdad y de la honradez.

Que nadie trunque los sueos y las esperanzas de millones de almas. Hagamos de la paz una condicin estable y duradera sobre la base del respeto a los derechos del pueblo y la justicia social. Nuestro futuro est fuertemente ligado al derecho a la tierra, a la salud, a la educacin, a la vida digna, para que nadie en Colombia recaiga en la desesperanza. Ha llegado el momento de la construccin de sueos y de darle vida a la esperanza mediante la lucha poltica, llenando nuestros corazones del ms inmenso amor por la patria.

Con la voz del tribuno del pueblo Jorge Elicer Gaitn, digamos una vez ms: Bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio....

Que renazcan, entonces, de la luz de este Acuerdo de Paz, las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia para que invadan con su amor y reconciliacin todos los rincones de este gran Macondo que es Colombia.

Amamos la paz, amamos a Colombia. Que Dios y el comandante Manuel Marulanda Vlez, bendigan este acuerdo.

Muchas gracias.

DELEGACIN DE PAZ DE LAS FARC-EP



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