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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-10-2005

La historia atroz que se oculta bajo algunos nombres
Juan Canalejo: un Hospital con nombre de terrorista

Benjamn Balboa
Rebelin


Es una realidad que est ante todos en A Corua. El hospital principal de la ciudad de A Corua lleva el nombre de un pistolero fascista, uno de los principales organizadores durante los aos de la Repblica de la estrategia terrorista contra la convivencia democrtica y las libertades ciudadanas que desarrollo en aquellos aos la organizacin conocida como Falange Espaola. Juan Canalejo es un doloroso recuerdo del terror falangista y de la dialctica de odio y muerte con la que esta organizacin, humillada en las urnas por los trabajadores, aniquil la esperanza democrtica de la Repblica. Cuando la dictadura salida de la guerra decidi poner nombre al nuevo hospital de la ciudad, no perdi la ocasin para infamar una vez mas a los corueses con la humillacin que representaba entonces y ahora que un centro de salud perpete el recuerdo de quien fuera un decidido partidario de la violencia y el asesinato como instrumento del terror.

Parece increble que en pleno siglo XXI, a casi 70 aos de la Guerra Civil y con un sistema democrtico digmoslo as se encuentre uno con homenajes pblicos a criminales fascistas ensuciando las calles, aunque si recordamos en que la Transicin se bas en la impunidad para el genocidio franquista no debera sorprendernos tanto.

Con ejemplos as en la ciudad de A Corua, toda la palabrera barata de su alcalde criticando en la actualidad el terrorismo y defendiendo la memoria de las vctimas del terrorismo nos demuestra hasta donde llega su sensibilidad democrtica; no se puede criticar el terrorismo y ser insensible ante el genocidio franquista y sus instigadores. Lo cierto es que el regidor socialista Francisco Vzquez ha estado siempre en contra de limpiar su ciudad de esos smbolos de muerte, son parte de la historia ha afirmado en numerosas ocasiones. Efectivamente, lo son, una historia atroz y que no debemos olvidar.

En 2004, el congreso del PSOE en Galicia aprob una resolucin en la que se instaba a sus alcaldes a retirar la simbologa fascista; muy pronto se vio que no era ms un brindis al sol, un desahogo congresual, y que la dura realidad del PSOE se llama Francisco Vzquez quien se negara una vez mas a retirar placas, nombres y homenajes o Jos Bono Martnez, flamante ministro de Defensa y enamorado hasta el delirio de la memoria de viejo falangista de su ilustre padre.

No tuvo xito la lucha de las asociaciones ciudadanas, no surti efecto la recomendacin del PSOE de Galicia, no sirvieron aos de denuncias y luchas; ha sido ahora, tras el triunfo de la izquierda nacionalista BNG y el PSOE en las elecciones autonmicas gallegas cuando esta campaa por la regeneracion democrtica y la recuperacin de la memoria tiene perspectivas de avanzar en Galicia. Hace apenas unos das, Carlos Aymerich, portavoz del BNG en el Parlamento gallego ha tenido la coherencia democrtica que le falta al PSOE y ha defendido hace unos das que la Xunta de Galicia limpie de una vez A Corua y le de a su hospital el nombre de alguna personalidad ligada a los valores democrticos y a la salud pblica. Aymerich ha sido claro y ha recordado la verdadera identidad de Canalejo y alertado sobre el contrasentido que supone mantener un nombre ligado a la infamia fascista en un sitio pblico.

Quien fue Juan Canalejo Castells? Que pudo hacer de relevante para que su nombre acompae a los corueses en su hospital general y en una de sus calles? En efecto, no se trata solamente de una institucin pblica, tambin una calle, como algunas otras de parecidas resonancias en la misma ciudad, recuerda a esta persona cuyo recuerdo tan ardientemente defiende Francisco Vzquez.

Debemos remontarnos a 1934, ese ao en el que supuestamente, nos dicen los revisionistas, no haba peligro fascista alguno. En 1934, un antiguo teniente de intendencia del ejrcito, de nombre Juan Canalejo Castells, comienza a entrenar a los miembros de Primera Linea, un grupo terrorista formado en el seno de Falange. A Corua cuenta con un pequeo ncleo de aspirantes a verdugos y Canalejo pone sus conocimientos militares a su servicio. Los escuadristas azules atacan a militantes de izquierda, asaltan locales, disparan a las manifestaciones, su objetivo es crear inseguridad, extender el terror e impedir que la Repblica construya en paz una Espaa moderna y democrtica; se reparten el trabajo, una afectada poesa al servicio de una ideologa reaccionaria en los mitines, puos y pistolas en la noche, de forma traicionera y cobarde. Canalejo destaca muy pronto como un escuadrista vocacional, es un hombre de accin. El propio Jos Antonio Primo de Ribera se referir a l como a
lguien a quien le faltaba algo de orientacin terica; lo suyo era la prctica de la violencia, los hombres que se formaron con l fueron los verdugos que ensangrentaron A Corua en el verano de 1936.

En 1931, el ao en el que la ciudadana proclam la Repblica pacficamente, se form en el entorno de algunos alumnos de la Escuela de Comercio de A Corua un grupo de conspiradores, hijos de familias acomodadas vencidos por la tentacin fascista, contactaron bien pronto a travs de Enrique Saez con las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), uno de los grupsculos de inspiracin fascista que luego se fundira en Falange. En 1934, Canalejo, quien se haba acogido a la Ley Azaa y se haba retirado del Ejrcito cobrando su paga ntegra, se une al grupo y les reorganiza en Primera Lnea, iniciando as una escalada de acciones violentas y provocaciones de todo tipo. Crueles palizas y vejaciones son la marca del grupo: Canalejo se hace famoso por hacer tragar gasolina a sus vctimas campesinos, marineros, obreros miembros de los sindicatos antes de abandonarlas apaleadas. A partir de 1934 la accin de los falangistas se basa en la provocacin continua y en acudir a
la puerta de los cuarteles para ofrecerse como voluntarios para el golpismo en l que cifran sus esperanzas. Canalejo, por su condicin de exmilitar, jugar un papel relevante en los relaciones entre militares simpatizantes del golpismo y las escuadras de asesinos de falange.

Canalejo se ofrece a las autoridades militares de la poca junto con sus hombres para atacar a los huelguistas de Octubre del 34, participa en tiroteos de hostigamiento a los mitines de las organizaciones de izquierda o republicanas, junto con sus escuadristas intent revent un importante mitin del Presidente Azaa donde se abrira paso a golpes y pistola en mano con su camarada Jos , pero a raz de un asalto al Casino Republicano de la ciudad sera finalmente detenido por la Guardia Civil. Su estancia en la crcel no se prolongara en exceso, e incluso en ella no le faltaran apoyos y complicidades entre algunas autoridades.

No eran muchos los escuadristas de Canalejo, unos 30, pero la impunidad en la que se movieron durante el llamado Bienio Negro nos habla del peligro de ascenso del fascismo en 1934 y 35, donde los gobiernos derechistas no mostraron inters en frenarles. El local de Falange en el 28 de la Ra da Barreira lucir una calavera sobre el el smbolo de falange, tanto una declaracin de intenciones como una premonicin de lo que vendr. La ridiculez de los resultados electorales de Falange y la unin de los partidos democrticos en la marcha hacia lo que sera el Frente Popular ganador de las elecciones de febrero de 1936 les empujan de forma definitiva a la accin terrorista; la playa de Bastiagueiro, adems de otros campamentos clandestinos, ser testigo de sus prcticas de tiro, con armas cortas y largas proporcionadas por algunos militares de la guarnicin y que ya se preparaban para atentar contra el gobierno constitucional. Canalejo, junto con los tristemente clebres Lpez Sue
vos y Pena Manso se entrega de cuerpo entero a organizar un plan de asesinatos masivo con el que paralizar la capacidad de respuesta de la sociedad gallega el da esperado en que los militares se levante contra la Repblica. En junio de 1935, Canalejo lleva a cabo el robo de los archivos de afiliados a Izquierda Republicana de A Corua: Primo de Ribera visita en marzo de 1935 y anuncia que la proxima revolucin la ganaran sus camisas azules con el fusil en la mano. Los fusiles robados por los militares golpistas sern entregados a los hombres de Canalejo llegado el momento y con ellos sern asesinados cientos de corueses no mucho ms tarde. Los objetivos de falange son claros en ese periodo, continuar sus acciones criminales al objeto de mantener una escalada de la tensin e impedir que el clima poltico se tranquilice, todo ello mientras se preparan para tomar las armas cuando ante la inestabilidad, por ellos provocada, los militares acaben por saltar. Los grupos de fala
nge en Galicia asumen la tarea con entusiasmo y combaten su escaso nmero con fanatismo y un culto extremo a la violencia: Canalejo en A Corua, Buhigas en Vilagarcia, Veleiro en Ourense, Castro Pena en Pontevedra, Kruckenberg en Vigo son algunos de los nombres ms destacados.

La formacin del gobierno republicano apoyado por el Frente Popular en febreo de 1936 lleva a falange a extremar sus acciones y a intentar coordinarlas mejor. Llamado a Madrid para estas tareas conspirativas, Canalejo es detenido de nuevo, pero esta vez el gobierno est decidido a poner fin a las acciones terroristas de estos grupos extremistas y le acompaaran en la crcel buena parte de los cabecillas de falange, incluido su fundador Jos Antonio Primo de Ribera. La prisin preventiva estaba notoriamente justificada en su caso, habida cuenta de su largo historial terrorista y de lo complejo de la trama golpista en la que estaba inmerso como exmilitar y jefe destacado de falange. Le sustituye rpidamente Carlos Colmeiro Laforet quien asume con entusiasmo el recrudecimiento de las acciones armadas y de acoso contra las organizaciones obreras y de la izquierda coruesa. Los hombres de Canalejo, como Mario, Casteleiro, Ovidio Caamao, Antonio Canalejo, Martnez Almoyna, Lorenz
o Salgado Longueira o Antonio Roldn, se ponen al frente de los nuevos escuadristas y cuando, finalmente, los conspiradores en el seno del ejrcito dan el golpe contra la Repblica el 18 de julio de 1936, sern quienes organizaran la matanza de ciudadanos demcratas, de miembros de asociaciones culturales, sindicales o polticas con la que aniquilaron a toda una generacin y sumieron a Galicia en el horror. Canalejo jug en ese proceso un papel clave, no solo fundacional, sino determinante en la evolucin homicida del mismo.

Los hechos son conocidos. Iniciada la sublevacin para destruir el sistema democrtico, militares traidores y falangistas son aplastados en buena parte de Espaa, pero el golpe triunfa en algunas capitales merced a la extrema violencia y al terror con el que se impone a una sociedad que, como la gallega de 1936, no viva realmente en situacin de preblica sino que deseaba con toda su fuerza construir su destino en paz y libertad. La resistencia a los golpistas triunfantes se organiza y la guerra civil le es impuesta a los espaoles por quienes quisieron aniquilar la esperanza democrtica de la Repblica. A Corua fue tambin una ciudad martir en esa terrible historia. Un puado de oficiales rebeldes se hace con el control de la guarnicin asesinando a los oficiales leales; el gobierno civil, desempeado por un joven abogado de firmes ideas democrticas, es asaltado por los sublevados y sus defensores aniquilados con fuego de artillera, en A Corua se viva deseando la paz
y la convivencia y quienes hicieron del odio su programa se impusieron por la fuerza del terror. Los escuadristas de Canalejo seran los verdugos voluntarios en los das de horror que siguieron al triunfo golpista en la ciudad.

Preso en Madrid mientras sus camaradas se imponan por el terror en A Corua, Canalejo se tuvo que enfrentar a su destino a su pesar. Con cargos claros de accin terrorista y de implicacin en la trama golpista que haba causado la guerra, lo lgico era que Canalejo tuviera que defenderse ante un Tribunal Popular de las graves acusaciones que pesaban sobre l. Ese era su derecho como ciudadano y como tal la constitucin de la Repblica se lo garantizaba, pero los acontecimientos se precipitaron y Canalejo cosech todo el odio homicida que haba predicado durante su vida. En los das en los que comenz la lucha por Madrid, con las tropas fascistas a apenas un par de kilmetros de la Crcel Modelo, la evacuacin de los presos all retenidos se convirti en un asesinato masivo, cuando algunas de las expediciones de presos fueron desviadas; al margen de cualquier decisin del gobierno, clandestinamente, aunque con la impunidad que permitieron los das revueltos del asalto a la
ciudad en los que todas las miradas estaban vueltas hacia el frente, unos dos mil quinientos prisioneros fueron asesinados, entre ellos numerosas personas contra los que no existan cargos de ningn tipo. Todos ellos tenan derecho a un juicio justo y a que su vida fuese garantizada por las autoridades republicanas. La noticia de su suerte estremeci a todo el pas, la prctica totalidad de los dirigentes republicanos manifestaron su horror ante el hecho y la sensacin de que se haba cometido un crimen fue general. Juan Canalejo Castells fue de los primeros en morir, junto con otros destacados dirigentes fascistas. Sus asesinos convirtieron en vctima a quien no fue ms que un verdugo vocacional toda su vida e impidieron que fuese juzgado por sus crmenes y su condena sirviera de ejemplo.

La muerte de Canalejo sera ampliamente utilizada por sus camaradas. Su muerte violenta le elevara a la categora de mrtir. Su sangre fue empleada para hacer olvidar los asesinatos de cientos de ciudadanos de A Corua, miles en toda Galicia. A los familiares de los asesinados en Galicia, en su absoluta mayora pacficos ciudadanos, hombres y mujeres, maestros, obreros, marineros, concejales, sindicalistas, militares leales, se les oblig al silencio, al olvido, a soportar la humillacin diaria de ver pasar a sus verdugos impunemente. Canalejo y otros muchos de los responsables del bao de sangre tienen hoy en da calles y espacios pblicos en la ciudad de A Corua. Los criminales de guerra que nos arrojaron a la guerra civil (Franco, Mola, Sanjurjo, Yage), militares traidores que se enfrentaron a su pueblo (como incluso un artillero de los que bombardearon el Gobierno Civil de la ciudad) o terroristas reconocidos como Juan Canalejo, presente, s seor, por partida doble
en A Corua, en el Hospital General y en una calle.... siguen siendo hoy, de forma sorprendente, objeto de homenaje pblico.

Es hora ya de retirar esa basura de las calles de A Corua. Es un hecho que ni la constitucin vigente, ni todo el cuerpo legal de los ltimos 30 aos de rgimen democrtico han podido evitar que se siga glorificando a quienes nos arrojaron como sociedad al abismo llevados por el odio y el fanatismo. Ya basta.
Benjamn Balboa


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