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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-11-2016

Chispas, frustracin, Marruecos

Carlos Penedo
Contextos


Un vendedor ambulante de pescado ha muerto en Alhucemas aplastado en un camin de basura despus de que la polica le confiscara la mercanca, cuando el fallecido intentaba evitar su destruccin (media tonelada de pez espada).

El asunto es tan similar al vendedor de fruta que en Tnez se autocombustion a finales de 2010, tras sufrir una humillacin de la polica, que elegimos como inicio de la Primavera rabe, el asunto ha movilizado a tanta gente en la calle, que la Corona marroqu ha reaccionado, anunciando mano dura o al menos que se investigar; once detenidos.

El suceso ha sido una chispa que ha provocado decenas de manifestaciones en las principales ciudades del pas, concentraciones aparentemente espontneas, convocadas conforme a la conexin instantnea, permanente e inalmbrica que marcan los tiempos en casi todo el planeta (la telefona mvil alcanza al 80% de la poblacin marroqu y el 60% tiene acceso a internet). Siguiendo tambin tendencias globales, el suceso de Alhucemas fue grabado con un mvil.

Entre los detenidos se encuentran responsables pblicos de pesca, con lo que la revuelta tiene un componente aadido sectorial y la probable corrupcin de funcionarios.

Historias como sta entran como un can: rabes-musulmanes protestando (siempre aparecen as, o rezando), la truculenta muerte y la reaccin han encontrado hueco en los medios espaoles.

Resulta ms difcil recordar que en las primaveras rabes los manifestantes pedan, pan, libertad y participacin poltica, ningn contenido religioso, aunque los partidos islamistas han acabado incrementando su poder en una segunda fase fruto de su mejor organizacin.

Aquella primavera fue tambin nuestra, el descubrimiento occidental que los ciudadanos rabes tienen similares reivindicaciones polticas que nosotros, despertar intelectual que acab con la bendicin al golpe de Estado en Egipto.

Marruecos como cualquier sociedad est en movimiento y el Estado ha reaccionado en los ltimos aos con una tmida apertura: nueva Constitucin, desarrollo del norte, elecciones ms libres como las celebradas este octubre, con muy baja participacin.

La edad media en Marruecos es de 27 aos (41 en Espaa), la cuarta parte de sus 32 millones de habitantes tiene menos de 14 aos, la emigracin parece no ser actualmente una vlvula de escape como lo ha sido en el pasado, el ascensor social se encuentra averiado y sucesos como el del pescadero con una carga especial de humillacin provocan el estallido social.

Lo sagrado sigue siendo utilizado para maquillar la arbitrariedad e intentar legitimar al poder poltico o a la Corona (ya deca Mernissi), pero con menor efectividad que en el pasado.

Las chispas sociales se producen con pertinaz insistencia, sea por las subidas del precio del pan o el butano y ahora con la venta ilegal de pescado; pero para que prenda la mecha es necesario algo ms.

Quince aos despus de 1808 un ejrcito de cien mil hijos de la Francia volvi a entrar en Espaa sin que sintiramos amenazada la soberana nacional.

Para canalizar el descontento social hace falta alguien que te represente, alguien que lo represente, que organice polticamente el desencanto.

sta es una incgnita en Marruecos, si ese descontento social puede tener una traduccin poltica, en un pas donde el rey controla Interior, Defensa, Exteriores y lo intenta con la religin, ms parte de la economa como accionista, el primer ministro del Partido Justicia y Desarrollo navega sin sentirse totalmente responsable de cmo marcha el pas y otros partidos clsicos como el Istiqlal (nacionalista de derechas) y el Socialista se han hundido tras las ltimas elecciones.

En cuanto a Espaa, tras la reeleccin del presidente Rajoy, habr que interpretar por su carcter simblico su primera visita al exterior (acudir el 15 de noviembre a Marrakech para participar en la Conferencia sobre el Clima que organiza Naciones Unidas, pero sta no cuenta), la actuacin y el bajo perfil poltico de los nuevos inquilinos en Exteriores y Defensa, el impulso o no a la languideciente poltica exterior, entre otros lugares en el Mgreb (norte de frica) y Mshreq (Oriente Prximo); veremos si la actuacin del nuevo Gobierno hacia Marruecos ofrece algo ms que colaboracin antiterrorista y diplomacia econmica.

Marruecos es ms que un destino para las exportaciones o la inversin empresarial espaola. En nuestro pas viven 680.000 marroques y decenas de miles estn consiguiendo la nacionalidad tras una dcada de residencia (25.000 slo en 2015).

Hace unos aos se hablaba de seguridad humana, concepto que ampliaba el foco y pretenda poner en el centro de la seguridad ms a las personas que las fronteras, e incluir en el paquete la seguridad laboral; tras el desplome de la cooperacin al desarrollo, en diplomacia hara tambin falta otro apellido ms amplio que el econmico o el antiterrorista, dos campos que sin duda se beneficiaran de unas relaciones entre pases que profundizasen en conexiones culturales y sociales.

Chispas hay muchas. La frustracin acumulada es el mejor combustible para incendiar una sociedad, en Alhucemas o Charlotte (EEUU). La clave est en si un sistema poltico es capaz de representar y dar respuesta al descontento, y esto es aplicable a ambos lados del Estrecho y del Atlntico.

Fuente original: http://contextospnd.blogspot.com.es/2016/11/chispas-frustracion-marruecos.html


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