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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-11-2016

A las puertas del infierno
El imperio del caos

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Con Trump de presidente, se acaba el experimento estadounidense?

Lo nico que se puede decir de los imperios es que, en su culminacin o en las cercanas de ella siempre representaron tanto un principio de orden como de dominacin. Por lo tanto, he aqu lo desconcertante de la versin estadounidense de un imperio en los tiempos en que se deca que este pas era la nica superpotencia, cuando estaba destinando ms dinero a sus fuerzas armadas que el conjunto de las 10 naciones que le seguan en el mundo en relacin con los gastos militares: ha sido un imperio del caos.

En septiembre de 2002, Amr Moussa, por entonces secretario general de la Liga rabe, hizo una advertencia que nunca he olvidado. La intencin de la administracin Bush de invadir Irak y derrocar a su gobernante, Saddam Hussein, ya era del todo evidente. De dar ese paso, insista Moussa, se abrirn las puertas del infierno. Su presagio pas a ser cualquier cosa menos una hiprbole, y las puertas no volvieron a cerrarse nunca.

Las guerras en casa

De hecho, desde el comienzo de la invasin de Afganistn, en octubre de 2001, todo lo que tocaron las fuerzas armadas de Estados Unidos en estos aos se ha convertido en polvo. Varios pases del Gran Oriente Medio y frica se han venido abajo agobiados por el peso de la intervencin estadounidense o la de sus aliados, y los movimientos terroristas unos ms nefastos que otros se diseminaron notable e incontroladamente. En estos momentos, Afganistn es una zona de desastre; un Yemen, atormentado por la guerra civil, una brutal campaa de bombardeo areo de la fuerza area Saud respaldada por Estados Unidos y las acciones de grupos terroristas cada vez ms activos, prcticamente ha dejado de existir; de Irak lo menos que se puede decir es que ahora es un pas desgarrado por las luchas sectarias; Siria, casi no existe; en estos das, Libia ya no es una nacin; y Somalia es un agrupamiento de feudos y movimientos terroristas. En conjunto, para la ms poderosa potencia del planeta, que en una actuacin muy poco imperial, haya sido incapaz de imponer su superioridad militar o algn tipo de orden a cualquier pas o grupo est donde est el sitio que haya elegido para actuar en todo este tiempo, se trata de todo un rcord. Resulta difcil recordar un antecedente histrico de esto.

Mientras tanto, desde los destrozados territorios del imperio del caos, fluyen las oleadas de millones de refugiados, algo que no se vea desde el final de la Segunda Guerra Mundial en vastas porciones de la Tierra que haban sido convertidas en cascotes. Una sorprendente proporcin de la poblacin incluyendo muchsimos nios de varios pases fracasados o a punto de serlo se ha visto obligada al exilio interno o ha sido forzada a cruzar fronteras para huir y, desde Afganistan hasta el norte de frica o Europa, est sacudiendo el planeta y provocando desasosiego (mientras, aqu, fantasiosas versiones de fabricacin local agitan las elecciones estadounidenses).

Es una especie de tpico el decir que, ms temprano que tarde, las guerras fronterizas de los imperios llagan a casa para amenazar al centro del imperio en formas curiosas. Ciertamente, este ha sido el caso en relacin con nuestras guerras en la periferia. En variadas formas desde la militarizacin de las policas hasta la utilizacin de drones de espionaje en nuestros propios cielos y de tecnologa de vigilancia ensayada en remotos campos de batalla es obvio que en el Estados Unidos posterior al 11-S, los conflictos han regresado a la patria, aunque prestramos casi siempre muy poca atencin a este fenmeno.

Esto, sospecho, es la forma menos importante en que nuestras guerras han sido repatriadas. Lo que ha quedado claro tras las lecciones de 2016 es que el imperio del caos ya no es un suceso que tiene lugar en zonas remotas del planeta. Est con nosotros, en Estados Unidos, aqu mismo y ahora mismo. Y ha llegado a casa de una manera que nadie ha intentado todava encontrarle su verdadero sentido. Puede usted sentir la profunda y extendida sensacin de desorden que est en el corazn mismo de la estrafalaria campaa electoral que trastorn a este pas y reintrodujo en el pensamiento dominante las ms extremas formas de racismo y xenofobia que, con la eleccin de Donald Trump para la presidencia, podran en realidad no acabar nunca? Acudamos a la expresin que Chalmers Johnson tom prestada de la CIA para popularizarla y pensemos en esto: en cierto modo es el colmo de la secuela imperial.

Estamos ante una historia que debe ser escrita: cmo semejante desorden lleg a casa; cmo trastoc el sistema [poltico] y la forma democrtica de gobernar en Estados Unidos; cmo un proceso comenzado hace varias dcadas, no en la consternacin de la derrota o el desastre, sino en un tiempo de triunfo imperial sin precedentes, nos ha debilitado tanto. Si tuviera que elegir una fecha para el inicio de esta historia, pienso en 1979, en Afganistn, un pas que, si usted fuera un estadounidense normal no un mochilero hippie le costara mucho encontrar en un mapa. Si en ese momento alguien le hubiese dicho que, despus de casi cuatro dcadas, su pas se encontrara implicado en una serie de guerras durante por lo menos 25 aos, no hay dudas de que usted le hubiera considerado loco.

Sin embargo, en cierto modo, el imperio del caos comenz con una victoria tan sorprendente, tan completa, tan imperial que, en esencia, ayud a la implosin de la otra superpotencia: el Imperio del Mal, la Unin Sovitica. De hecho, empez con el deseo de Zbigniew Brzezinski, el asesor en cuestiones de seguridad nacional de Jimmy Carter, de darles una gran paliza a los rusos o, para ser ms preciso, hacer que degustaran algo parecido a lo vivido por Estados Unidos en Vietnam, es decir, meter al Ejrcito Rojo en un atolladero. En esta visin, durante una dcada, la CIA conducira un vasto programa de guerra encubierta financiando, armando y adiestrando a fundamentalistas que se oponan tanto al ala izquierdista del gobierno de Kabul como al Ejrcito Rojo de ocupacin. Para hacerlo, se compincharon con dos funestos aliados: los saudes, que estaban dispuestos a derramar all su dinero proveniente del petrleo para apoyar a los combatientes muyahidines ms extremistas y el servicio de inteligencia pakistan, el ISI, que estaba tratando de controlar los acontecimientos en ese territorio, sin que le importara el elenco de personajes dispuestos a participar en la empresa.

Tal como les pas a los estadounidenses en Vietnam, para los rusos Afganistn termin siendo lo que el lder sovitico Mikhail Gorbachev llam la herida sangrante. Una dcada ms tarde, el vencido Ejrcito Rojo regresara cojeando a casa y, en los dos aos siguientes, una vaciada Unin Sovitica que nunca haba sido todo lo poderosa que Washington imaginaba se derrumbara; este triunfo fue tan sorprendente que a las elites polticas estadounidenses al principio les cost asimilarla. Despus de casi medio siglo, acabada la Guerra Fra, una de las dos superpotencias an existentes haba abandonado el escenario mundial en derrota, y por primera vez desde que los europeos se arriesgaron a cruzar los ocanos con sus barcos de madera para conquistar tierras lejanas, una nica gran potencia haba quedado en pie sobre el planeta.

Si se observa la historia de los ltimos siglos, el sueo de Bush, Cheney y Ca. que imaginaban que Estados Unidos dominara el mundo como ninguna otra potencia del pasado, ni siquiera los romanos o lo britnicos, pareci siempre tener cierto sentido. Pero en aquel triunfo de 1989 tambin estaban las semillas del caos futuro. Para derrotar a los soviticos, la CIA, junto con los saudes y pakistanes haban creado y armado grupos de extremistas islmicos que despus se vio no tenan intencin de marcharse una vez que los rusos fueran expulsados de Afganistn. No sorprender, precisamente, al lector si adems le digo que en esas decisiones, en ese momento de triunfo, est la gnesis de los futuros ataque del 11-S y, muy curiosamente, tal vez incluso el futuro surgimiento de un candidato presidencial, y hoy presidente electo, tan extravagante que a pesar de los billones de palabras que se han dicho sobre l, sigue siendo un fenmeno que desafa cualquier intento de comprensin.

Como nuestro primer candidato de la decadencia, Donald J. Trump expresa al menos algo nuevo y verdadero sobre la naturaleza de nuestro pas. En la frase que l trat de convertir en su marca registrada en 2012 y con la que lanz su campaa presidencial en 2015 Volver a hacer una Amrica grande, Trump captur un sentimiento profundo presente en millones de estadounidenses: que el imperio del caos de verdad haba llegado a nuestras costas y que, al igual que la Unin Sovitica de 25 aos atrs, Estados Unidos poda, aunque lentamente, estar entrando en una poca en la que (salvo l, naturalmente) la grandeza era algo que estaba moribundo.

Desmedidas ambiciones imperiales, y el crecimiento del estado de la seguridad nacional

Finalmente, aquellas semillas, sembradas al principio, en 1979, en suelo afgano y pakistan, condujeron a los ataques del 11 de septiembre de 2001. Ese da fue la confirmacin misma del caos atravesando el centro del imperio; unas acciones que alentaron el surgimiento de una novedosa y post-Constitucional estructura de gobierno apoyada en la expansin hasta alcanzar proporciones colosales del estado de la seguridad nacional: una asombrosa versin de las desmedidas ambiciones imperiales. Sobre la base de la supuesta necesidad de mantener a Estados Unidos a salvo del terrorismo (en realidad, de solo eso), el estado de la seguridad nacional crecera para implantar un conjunto de instituciones dominantes y rumbosamente financiadas en el corazn mismo de la vida poltica estadounidense (un estado sin el cual, las intervenciones pblicas del director de la FBI James Comey en las elecciones estadounidenses habran sido inconcebibles). En estos aos, ese Estado-dentro-del-Estado se ha convertido en el cuarto poder gubernamental, coincidiendo con la actitud titubeante de dos de los otros tres poderes el legislativo y el judicial, o al menos el Tribunal Supremo.

Los atentados del 11-S tambin quitaron todo freno a la extraordinariamente ambiciosa y, en ltima instancia, desastrosa guerra global contra el terror de la administracin Bush, as como sus ridculas fantasas sobre el establecimiento de una Pax Americana basada en el poder militar, primero en Oriente Medio y despus por qu no? en todo el planeta. Tambin desencadenaron las guerras de esa administracin en Afganistn e Irak, el programa de asesinatos selectivos mediante drones en importantes zonas del planata Tierra, el montaje de un sistema de vigilancia global sin precedentes, la extensin de una especie de secretismo tan desarrollado que la mayor parte de la actividad estatal ha sido apartada del conocimiento del Pueblo, y un tipo de desmesura imperial que destina literalmente millones de millones de dlares (frecuentemente va empresas privadas de servicios blicos) derramados al fondo del abismo. Todo esto contribuye a la creacin del caos.

Al mismo tiempo, las necesidades bsicas de muchos estadounidenses han ido quedando cada vez ms desatendidas; al menos las de quienes no formaban parte del 1 por ciento de la Era Dorada, que succionaba la riqueza de Estados Unidos de una manera extraordinaria. Despus, los pertenecientes a esa privilegiada minora destinaban una pequea parte de sus ingresos a la compraventa de polticos, una vez ms en un entorno de notable secretismo (a menudo era imposible saber quin haba dado dinero a quin ni para qu). A su vez, ese flujo de fondos autorizados por el Tribunal Supremo mutaba la naturaleza incluso tal vez su mismsima nocin de lo que alguna vez haban sido unas elecciones.

Mientras tanto, algunas zonas del interior de Estados Unidos eran vaciadas y las infraestructuras del pas inadecuadamente financiadas empezaban a hacerse pedazos de un modo que en otros tiempos habra sido impensable; aun as, los militares seguan despilfarrando millones de millones de dlares en sistemas de armas. Asimismo, la parte del Estado que no estaba implicada en la seguridad nacional sobre todo el Congreso empezaba a tambalearse y marchitarse. En el nterin, uno de los dos grandes partidos polticos lanzaba una campaa estilo tierra arrasada contra los representantes del otro y contra la mera idea de gobernar de una forma razonablemente democrtica o conseguir que se hiciese siquiera algo. Al mismo tiempo, ese partido se haca aicos en medio del desorden, la competencia entre facciones que eran cada vez ms extremas y produca lo que probablemente se convierta en la nica famosa presidencia del caos.

Por supuesto, Estados Unidos, con todo lo rico y poderoso que es, muy lejos est de ser un Afganistn o una Libia o un Yemen o una Somalia. Todava sigue siendo una autntica gran potencia y un pas con importantes recursos para utilizar y a los cuales echar mano. No obstante, las ltimas elecciones presentaron la chocante evidencia de que, en efecto, el imperio del caos ha emprendido el camino de vuelta a casa. Ahora est con nosotros, todo el tiempo. Habitumonos a la nueva situacin.

Contemos con que esto sea una parte sustancial de la presidencia Trump. En el plano nacional, por ejemplo, si usted pensaba que la razn de la disfuncin poltica estadounidense era un Congreso que en esencia no aprobaba nada, solo espere hasta que un poder legislativo completamente controlado por el Partido Republicano empiece de verdad a aprobar leyes el ao prximo. En el extranjero, el inesperado xito de Trump no har otra cosa que alentar el crecimiento de movimientos nacionalistas de extrema derecha y aumentar la fragmentacin de un mundo cada da ms desquiciado. Mientras tanto, las fuerzas armadas de Estados Unidos (a las que Donald Trump, durante su campaa electoral, prometi que inyectara ms financiacin) est intentando imponer su propia visin del orden en las tierras lejanas: ya sabe usted perfectamente qu significar eso dentro de unos cuantos aos. Todo esto no debera horrorizar a nadie es este nuestro nuevo mundo inaugurado el 8 de noviembre.

Sin embargo, en este punto debemos hacernos una terrible pregunta: a partir de la eleccin de Donald Trump, seguir su curso el experimento estadounidense?

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fra, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro ms reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176210/tomgram%3A_engelhardt%2C_through_the_gates_of_hell/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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