Portada :: Opinin :: J. Petras
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-11-2016

La lite poltica promueve la guerra mientras la opinin pblica estadounidense se opone al militarismo

James Petras
Rebelin

Traducido por Silvia Arana para Rebelin


Introduccin

Al atacar al electorado de EE.UU. como cmplices y facilitadores de las guerras o, en el mejor de los casos, desestimarlos como gente ignorante que sigue el rebao encabezado por las lites polticas, se est parcializando la realidad. Las encuestas de opinin pblica, incluso las que tienen un fuerte sesgo de centro-derecha, describen una ciudadana opuesta al militarismo y a las guerras, pasadas y presentes.

Tanto la derecha como la izquierda no comprendieron la contradiccin que define la vida poltica de EE.UU.: Principalmente la profunda brecha entre el pblico y la lite de Washington en cuestiones de guerra y paz dentro del proceso electoral que avanza constantemente hacia un mayor militarismo.

Este es un anlisis de recientes encuestas de opinin sobre el resultado de las ltimas elecciones. El ensayo concluye con un comentario sobre las contradicciones ms enraizadas y propone diversas maneras posibles de resolucin de estas contradicciones.

Mtodo

Una de las principales encuestas de opinin pblica, patrocinada por el Instituto Charles Koch y el Centro por el Inters Nacional y realizada por Survey Sampling International, entrevist a una muestra de mil personas.

Los resultados: Guerra o Paz

Ms de la mitad del pblico estadounidense se opone a un incremento del rol militar de EE.UU. en el exterior, mientras que solo el 25% apoya la expansin militar.

El pblico ha expresado su desilusin con la poltica exterior de Obama, especialmente sus nuevos compromisos militares en el Medio Oriente, los que han sido fuertemente promovidos por Israel y los representantes sionistas en EE.UU.

El pblico estadounidense muestra una slida memoria histrica con respecto a las debacles militares promovidas por los presidentes Bush y Obama. Ms de la mitad de la poblacin (51%) cree que EE.UU. es menos seguro en los ltimos 15 aos (2001-2015), mientras que un octavo (13%) se siente ms seguro.

En el presente periodo, ms de la mitad del pblico se opone al despliegue de tropas en Siria y Yemen, y solo un 10% apoya continuar respaldando al Reino de Arabia Saudita.

Con respecto a las guerras especficas de EE.UU., ms de la mitad cree que la invasin de Irak ordenada por Bush disminuy la seguridad en EE.UU., mientras que solo el 25% cree que esta ni aument ni disminuy. Hubo respuestas similares con respecto a Afganistn: 42% cree que la Guerra de Afganistn aument la inseguridad y alrededor de un tercio (34%) cree que no afect la seguridad interna de EE.UU.

En trminos de perspectivas para el futuro, tres cuartos (75%) del pblico estadounidense quiere que el prximo presidente se enfoque menos en operaciones militares en el extranjero o se sienten inseguros ante el tema. Solo el 37% apoya un incremento de gastos militares.

Los medios masivos y los poderosos financistas de la candidata Demcrata a la presidencia estn enfocados en demonizar a Rusia y China como "las mayores amenazas de nuestro tiempo". En contraste, casi dos tercios (63,4%) de los estadounidenses cree que la mayor amenaza proviene del terrorismo extranjero y local. Solo un 18% considera a Rusia y China como las mayores amenazas de seguridad.

Con respecto al Pentgono, 56% quiere reducir o congelar el actual gasto militar, mientras que solo el 37% quiere aumentarlo.

Guerra y Paz: La lite poltica

Contrario a lo que cree la mayora del pblico, los ltimos cuatro presidentes de EE.UU., desde los 90 han incrementado el presupuesto militar, enviando cientos de miles de soldados a librar guerras en tres pases del Medio Oriente, mientras promovan guerras civiles sangrientas en tres pases del Norte de frica y dos pases europeos. A pesar de que las mayoras creen que las invasiones de Afganistn e Irak han aumentado las amenazas de seguridad nacional, Obama mantuvo tropas en tierra, mar y aire, al igual que operaciones con drones en esos pases. A pesar de que solo un 10% aprueba sus polticas militares, el rgimen de Obama ha enviado armas, asesores y Fuerzas Especiales para apoyar la invasin del diminuto Yemen por parte de las fuerzas sauditas dictatoriales.

Obama y la candidata demcrata a la presidencia, Hillary Clinton han impulsado una poltica de cerco en contra de Rusia y han demonizado al presidente Putin rotulndolo como la mayor amenaza para EE.UU., en contraste con lo que piensa la opinin mayoritaria en el pas, que considera la amenaza de terrorismo islmico como cinco veces ms grave.

Mientras que la lite poltica y los candidatos presidenciales prometen expandir la cantidad de tropas en el exterior y aumentar el gasto militar, ms de tres cuartos del pblico estadounidense se opone o no est seguro sobre la expansin del militarismo de EE.UU.

Mientras que la candidata Clinton hizo campaa por el despliegue de naves de la Fuerza Area y misiles de EE.UU. para patrullar "la zona de exclusin area" en Siria, incluso derribando aviones de Siria y de Rusia, la mayora (51%) del pblico estadounidense se opuso a ello.

Con respecto a las leyes, cuatro quintos (80%) del pblico cree que el Presidente debe contar con el apoyo del Congreso para incrementar la presencia militar en el extranjero. Sin embargo, los presidentes de ambos partidos, Bush y Obama iniciaron guerras sin la aprobacin del Congreso, creando un precedente que el nuevo presidente probablemente aprovechar.

Anlisis y perspectivas

En todos los temas principales de poltica exterior relacionados con guerras en el extranjero, la lite poltica es mucho ms beligerante que el pblico de EE.UU. La lite es extremadamente ms propensa a iniciar guerras que con el tiempo constituirn amenazas a la seguridad interna, y a no respetar las previsiones constitucionales sobre declaraciones de guerra. La lite est comprometida a incrementar el gasto militar, incluso al riesgo de desfinanciar programas sociales esenciales.

La lite poltica es ms propensa a intervenir en guerras en el Medio Oriente, sin apoyo interno y a pesar de la oposicin a la guerra expresada por las mayoras populares. Sin ninguna duda, los ejecutivos del complejo militar-industrial oligrquico, del poder pro-Israel y de los medios corporativos masivos tienen mucha ms influencia que el pblico pro-democrtico.

El futuro presagia una continuacin del militarismo de la lite poltica, un incremento de las amenazas a las seguridad interna y menos representacin de la voluntad popular.

Algunas hiptesis sobre la contradiccin entre opinin popular y resultados electorales

Hay claramente una brecha sustancial entre la mayora de estadounidenses y la lite poltica con respecto al rol militar en guerras en el extranjero, el debilitamiento de las prerrogativas constitucionales, la demonizacin de Rusia, el despliegue de fuerzas armadas estadounidenses en Siria y un incremento en la intervencin en las guerras de Medio Oriente para beneficiar a Israel.

Sin embargo es tambin un hecho que el electorado estadounidense contina votando por los dos partidos polticos principales que continuamente han apoyado guerras, formado alianzas con estados beligerantes del Medio Oriente, especialmente Arabia Saudita e Israel, y agresivamente sancionando a Rusia como la mayor amenaza para la seguridad de Estados Unidos.

Algunas hiptesis sobre esta contradiccin que merecen ser analizadas:

1. Cerca del 50% de los votantes se abstienen de votar en las elecciones presidenciales y legislativas. Entre ellos se incluyen muchos del sector mayoritario que se opone a la expansin militar en el extranjero. De hecho, el partido de la guerra "ganador" proclama su victoria con menos del 25% de los votos, y lo considera como un mandato para librar ms guerras.

2. El hecho que los medios de comunicacin masivos apoyan fervorosamente a uno de los dos partidos de la guerra influye probablemente sobre la parte del electorado que participa en las elecciones. Sin embargo, los crticos han exagerado la influencia de los medios masivos y son incapaces de explicar por qu la mayora del pblico estadounidense est en desacuerdo con la guerra y se opone a la propaganda militarista.

3. Muchos estadounidenses, si bien se oponen al militarismo, votan por el "mal menor" entre los dos partidos pro-guerra. Quizs creen que hay diferentes niveles de posturas pro-guerra, y eligen la menos estridente.

4. Los estadounidenses, que se oponen al militarismo de manera coherente, pueden decidir dar su voto a polticos militaristas por otras razones, independientes de las guerras en el extranjero. Por ejemplo, pueden votar por un poltico militarista que les garantice el financiamiento de programas locales de infraestructura o subsidios para proteger actividades agro-ganaderas o que prometa creacin de puestos de trabajo, reduccin de la deuda pblica o se oponga a candidatos corruptos.

5. Los estadounidenses, que se oponen al militarismo de manera coherente, pueden ser engaados por las declaraciones de un candidato presidencial demagogo de uno de los dos partidos pro-guerra, cuyas promesas de paz sern -una vez elegido- reemplazadas por un incremento de las guerras.

6. De igual manera, el nfasis en las "polticas de identidad" pueden resultar engaosas para los votantes anti-guerra, impulsndolos a votar por un militarista comprobado que levante estandartes de raza, etnicidad, gnero, preferencias sexuales o lealtades a estados extranjeros.

7. Los partidos pro-guerra trabajan juntos para impedir que los partidos anti-guerra puedan acceder a los medios masivos, evitando especialmente su participacin en debates electorales nacionales vistos por decenas de millones de votantes. Los partidos por la guerra complotan para establecer restricciones severas contra la participacin de los partidos anti-militaristas en las elecciones nacionales, excluyendo del voto a ciudadanos con un rcord policial por actividades no violentas o impidiendo que voten personas que ya han cumplido su sentencia. Excluyen a los ciudadanos pobres que no tienen un documento de identificacin con foto, limitan acceso al transporte hacia los sitios de votacin, restringen la cantidad de sitios de votacin en barrios pobres o de minoras y niegan permiso para votar a los trabajadores. A diferencia de otros pases, las elecciones de EE.UU. tienen lugar un da laboral y muchos trabajadores no pueden concurrir a votar.

En otras palabras, el proceso electoral est amaado, conlleva un "voto forzado" y abstencin: el complot entre los dos partidos pro-guerra limita la posibilidad de elegir y causa la abstencin o el voto por "el mal menor" entre los dos partidos pro-guerra.

Las contradicciones entre los deseos de las mayoras anti-militaristas y los votos por la lite pro-guerra solo se podran resolver si hubiera elecciones abiertas y democrticas, si los partidos anti-militaristas tuvieran igualdad de derechos para registrarse, participar y debatir en los medios masivos y si el financiamiento de las campaas fuera equitativo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter