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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-11-2016

Uruguay
Revolucin poltica y reforma constitucional

Emilio Cafassi
La Repblica


Hasta qu punto una reforma constitucional puede transformar las condiciones de vida de una nacin, es algo que recorre tcitamente el debate en torno a la iniciativa del Frente Amplio uruguayo (FA) en el Congreso Rodney Arismendi del prximo fin de semana. Hasta qu punto sus dirigentes y delegados estn dispuestos a transformar radicalmente la poltica, incluyendo la distribucin o limitacin de su propio poder en la ciudadana acompaa hoy algunos de los debates. La discusin no est exenta de intereses y pasin.

Dentro del FA se acrecent exponencialmente la produccin de insumos documentales resultado de reuniones y debates en los diversos mbitos de participacin, como los comits de base, los partidos integrantes y los movimientos sociales. No conozco todos los textos, pero de entre los recibidos, destaco particularmente dos. Un detallado trabajo de enmiendas al documento sobre valores y principios, suscripto por varias agrupaciones como el PVP o el Partido Comunista, adems de destacados dirigentes independientes y ex integrantes del poder ejecutivo, que aporta horizontes ms ntidos hacia los que transitar (adems de ciertos rumbos posibles para hallarlos en caso de bruma ideolgica). El otro provino del encuentro de la Unidad Temtica Derechos de las ciudadanas realizado en La Paloma el pasado fin de semana, que arriba a conclusiones ms concisas, aunque de espesura de definiciones que considero tan valorable como el anterior. Intenta propositivamente im primir la visin de gnero en todas las dimensiones posibles (tanto en el lenguaje cuanto en las prcticas) y propone aadir a la autodefinicin frentista antiimperialista y antioligrquica, la antipatriarcal y antirracista. Al igual que otros trabajos encomiables, discurre sobre aspectos cardinales de revisin y actualizacin de principios que, como sostuve en alguna otra oportunidad, resultan indispensables para orientar y fundamentar un proyecto de reforma constitucional. Pero en todos los trabajos a los que tengo acceso, el acento est puesto en los primeros 4 captulos, que abordan cuestiones de los propios principios, tradiciones y afirmaciones ideolgicas, la relacin con el mundo, la agenda de derechos, el desarrollo, el Estado o el mercado. Pero declinan su potencia crtica y propositiva en el ltimo captulo referido a la institucionalidad y el poder. Precisamente aquel sobre el que se concentra el documento del Comit de Base Fernando Morroni, en el que participo desde Argentina.

Quizs las razones tengan que ver con la propia institucionalidad y prctica conservadora del FA. Por un lado, su reticencia a las revisiones profundas de sus limitaciones estatutarias en materia de distribucin del poder. Y por el otro -ms importante an- la que corresponde a su praxis, que no viene explotando todas las posibilidades de intervencin de su integrantes en las decisiones. Por ejemplo, desde 1992, el estatuto prev institutos de democracia directa que nunca lograron ponerse en prctica. Es el caso del referndum como instancia decisoria o el plebiscito interno a solicitud de la cuarta parte los adherentes oficialmente registrados, aunque con algunos lmites respecto a la modificacin del propio estatuto o bien a los documentos fundacionales. Inclusive, la democraticidad inexplorada no termina all ya que contempla mecanismos revocatorios de decisiones a travs del instituto del plebiscito o suspensivos de una decisin hasta la efectivizacin plebiscitaria. Hay all, adems, precisiones sobre el carcter de mandato expreso por parte de los representantes y delegados y tambin libertades que pueden concederse con debidas justificaciones siempre que no contradigan principios fundantes.

No slo las normas sino simultneamente las prcticas de los partidos o movimientos polticos reflejan concepciones del poder, y de la distribucin o concentracin del mismo en su mecnica concreta. Tanto como resulta una prefiguracin (no necesariamente especular o perfecta, pero al menos aproximada) de lo que ser su gobierno en caso de acceder a l y del tipo de sociedad que se propone construir. Los partidos son tambin ejercicios institucionales con los que cada parcialidad delinea una concepcin del porvenir deseable y posible para el conjunto de la sociedad. Pero no me importa discutir ahora a todos los partidos, sino particularmente al nico que concita mi inters y participacin: el FA. Y el enfoque sobre su propia prctica permite sostener una hiptesis explicativa -al menos algn componente fundamental- de la aquiescencia frentista para con la democracia liberal-fiduciaria y la autonoma de los dirigentes y representantes.

No afirmo que su dinmica sea equiparable a la de los partidos del rgimen, sino en todo caso que est a mitad de camino entre la conservacin del mismo y su superacin. Justamente porque el FA no es un partido de lderes profesionales que se involucran mediticamente con electores manipulando sus preferencias a travs de la publicidad o los slogans dejando a la ciudana en su pasivo rol receptivo de las iniciativas gubernamentales. Tampoco apuesta a la molicie ciudadana y la despolitizacin. Por el contrario, es un movimiento poltico de cuadros movilizados, insertos en los territorios, los movimientos sociales y de la sociedad civil que no consideran al voto ms que un momento de la actividad poltica. Su objetivo no es electoralista, aunque concentre buena parte de sus intervenciones polticas en conquistar el voto con fines transformadores y movilizadores.

Es deseable, pero no indispensable, conquistar altos niveles de igualdad material para expandir las libertades civiles, para liberar a la ciudadana del desaliento de la representacin fiduciaria y sus posibles estafas. Las experiencias histricas que lograron reducir drsticamente la desigualdad, lo hicieron lamentablemente a costa de la concentracin del poder de oligarquas partidarias y burocrticas, amparadas en el mito ideolgico que postula que la democraticidad creciente llegara como un producto mecnico de la igualdad material. No importa discutir aqu mitologas sino sobre realismo. Aquel de lo imposible que inspir al mayo francs y que reverbera an en la indignacin popular, aunque en ocasiones se tia de indiferencia y hasta de repulsin por los asuntos de la polis y la organizacin poltica.

A la vez, no creo factible a corto o mediano plazo que Uruguay pueda superar las relaciones de produccin capitalistas con su salvaje carcter depredatorio, sin que tal transformacin se internacionalice y lo cuente como un protagonista ms. No deprecio por ello cada paso que pueda darse para mitigar las inequidades, violencia y miserias que el capitalismo reproduce en su devenir. No por apoyar entusiastamente toda medida reformista que logre arrancar alguna conquista material al capital podemos olvidar que se trata de paliativos. La utopa igualitaria requiere adems de una alternativa emancipatoria, es decir de un conjunto de estrategias que puedan hacer viable una aproximacin gradual a esa sociedad ideal que evoca la utopa. Lo que es indispensable reconstruir hoy es esa alternativa, cosa que probablemente estimular a la recreacin del ideal utpico.

Para eso se necesita transformar radicalmente la institucionalidad en un sentido distributivo del poder, que en otros textos llam revolucin poltica, forzando una analoga con la conclusin de Trotsky respecto a la URSS. l sostena que el poder poltico le haba sido expropiado al proletariado por la burocracia estalinista requiriendo de tal revolucin para democratizar la sociedad sovitica aunque conservando las principales conquistas revolucionarias. No se trata aqu de sustituir a los dirigentes y representantes por el espontanesmo basista. Tampoco de reunir a la ciudadana en una asamblea cotidiana sino de circunscribir el r ol de los representantes al de adopcin de las decisiones, acciones y disputas para las que han sido explcitamente mandatados por sus electores a travs de un detallado programa. O bien organizar la   informacin, las deliberaciones y los mecanismos institucionales para el ejercicio de la democracia directa en aspectos no contemplados en el programa por cualquier razn. Que se sometan a la vez a evaluacin y control de sus mandantes sobre las acciones para las que han sido mandatados. En otros trminos, que incluya institutos como el mandato imperativo y la revocacin del mandato.

El FA habra ganado en legitimidad para proponer el camino de una reforma constitucional desde cero, si por casa hubiera adoptado estas orientaciones y prcticas. Posiblemente tambin hubiera contenido parte de las atonas y deserciones de la participacin de base y la movilizacin en general.

La alternativa emancipatoria a cultivar, no se siembra sin las semillas de la utopa.

Emilio Cafassi. Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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