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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-11-2016

Uruguay
A la sombra del latifundio

Marcelo Marchese
Rebelin


En una reunin de veteranos el cantor empu la guitarra para entonar A desalambrar. El auditorio lo sigui a destiempo, desafinando y con emocin forzada. La escena era pattica; cuanto ms abandonaba este grupo sus sueos de juventud, ms se aferraba a un smbolo del pasado. No los culpemos, el hombre suele enterrar sus sueos bajo los escombros que arroja, da a da, la experiencia. Ahora bien, y este es el quid del presente artculo, lo triste es que llamemos experiencia a la suma de nuestros fracasos.

Antes de abordar las causas de este fracaso nacional, y en suma, antes de analizar qu ha impedido erradicar el cncer del latifundio, debemos sealar un hecho singularmente irnico. Aquellos veteranos desconocan que, precisamente, el partido que haban votado con entusiasmo o bajo la consigna lo otro es peor, hoy lleva a cabo un proceso de desalambramiento de los campos comenzado con la apertura democrtica.

Expliquemos esto con mayor detalle. En los tiempos de Latorre, en la dcada del 70 del siglo XIX, se alambraba para controlar el ganado, para impedir que un toro de raza regara su semen por otros lares y para apropiarse de tierras ajenas. Si el medianero no poda pagar el alambramiento forzoso, forzosamente perda su campo. Como no hubo necesidad de llevar a cabo una mensura, los latifundistas echaron mano a una masa indeterminada de tierra, incluyendo caminos fiscales. Para aproximar al lector a la entidad de este pillaje, hacia 1836, dos tercios de las tierras laborables del pas eran terrenos fiscales. La ley del ms fuerte determin que los latifundistas arrojaron a cuarenta mil personas a los caminos, el 10% de la poblacin rural. La gnesis del latifundio en nuestro pas, desde la colonia, est asociada al robo y a innumerables maniobras que rara vez incluyeron el desembolso de dinero, o al menos, eso dicen TODOS y cada uno de los textos que estudian su origen y no hay uno que diga lo contrario, pues a los guardianes del latifundio no les conviene siquiera mentar la infancia de la criatura. Prefieren, y hacen bien, correr un denso velo sobre el pasado ante los ojos de la Repblica.

Cien aos despus, a partir de las exoneraciones impositivas y dems estmulos a la forestacin que desembocaron, misteriosamente, en la instalacin de tres pasteras (pues estas gentes planifican las cosas) llegamos a que los monocultivos de eucaliptus y pinos ocupan un milln y fraccin de las 16 millones de hectreas laborables de nuestro pas. Por su cuenta, la soja, la planta sagrada de Mujica, alcanza una superficie similar. Ocurre que estos cultivos no siempre precisan de alambrado (1) pues molestan a las grandes cosechadoras, por lo que, sin mentar a Viglietti, y a la sordina, se viene desalambrando a piacere.

Desde la colonia hasta ahora habr variado esto o lo otro, pero hay algo que se mantiene intacto: el latifundio que no para de crecer. Como normalmente aquello que se extiende lo hace a costa de otra cosa, ao a ao pierden sus campos mil cien productores rurales, cuyos terrenos caen en las bocas abisales del latifundio. En 1963 un 19% de la poblacin viva en el campo; en 1985 un 13%; para el 2004 bajamos al 8% y en el 2011 descendimos al 5%. Habida cuenta que no hay un pujante sector industrial que absorba esta mano de obra, con toda evidencia queda medrando en actividades no directamente productivas, en tanto en el medio rural se deteriora el tejido econmico y social.

La situacin es un poco ms funesta si pensamos que un porcentaje considerable de esas tierras est en manos de extranjeros. Digamos, un 25% (segn fuente interna de una de las mayores empresas agrcolas que operan en Uruguay, el porcentaje es de un 40%). No podemos saber este porcentaje con precisin, cada vez que opera en la compra una sociedad annima o un testaferro Pero un gobierno, sea de izquierda o derecha, no se preocupa por la prdida de soberana que significa entregar el 25% o quin sabe cunto del territorio a quin sabe quin? Se preocupa, s seor. Hizo una ley que impide que las sociedades annimas compren tierras. La ley fue redactada. El problema es que aguarda, en un cajn, y entre las polillas, a ser sancionada Cmo es eso? Eso mismo le pregunto al lector, pero sigamos, que hay mucha cscara para rascar sobre la llaga del latifundio. Si alguien duda de la magnitud de la entrega, que atienda a este dato aportado por el Instituto Nacional de Colonizacin: durante el 2010, el 83% de las hectreas compradas en el pas quedaron en manos de extranjeros. En el 2011, y considrese que estas cifras ya quedaron atrs, ocho empresas forestales posean 720.000 hectreas: Montes del Plata 250.000 y UPM 200.000. Es de suponer que en un radio de 200 kilmetros de la tercera pastera, UPM haya comprado ahora considerables territorios. Montes del Plata y UPM controlaban el 50% de la superficie forestada y esta caracterstica se extenda al resto de los principales rubros agrcolas. Mas, si la concentracin de la tierra en manos de extranjeros es escandalosa qu decir de la industrializacin de los productos agrarios y su exportacin? En el 2011 el 87% del procesamiento del arroz estaba en manos de brasileros. Los 10 frigorficos ms grandes concentraban el 70% de la faena y al menos 8 de ellos eran propiedad de extranjeros. En la madera, los extranjeros concentran la virtual totalidad de los dos procesos. En la soja, de la que slo industrializamos un 5% (contra un 52 y un 71% que industrializan Brasil y Argentina) cinco empresas extranjeras concentran el 77% de las exportaciones.

Cules son los problemas derivados de la extranjerizacin de la tierra, la produccin industrial y la exportacin de los productos agrcolas? El primero de todos es la fuga de capitales. La renta resultante no necesariamente se reinvierte en el pas, por lo cual podemos asistir a un crecimiento de "nuestras" exportaciones, pero ese crecimiento no significa desarrollo (dejemos de lado el problemita de las exoneraciones impositivas). Habra desarrollo si ese crecimiento generara un encadenamiento productivo, si ese crecimiento fuera dinamizador de nuestra economa. En sntesis, se produce aquello que es rentable para otros y no necesariamente lo que nos beneficia. La ganancia de esa produccin vuela y adems el productor extranjero no se preocupa por la erosin del suelo a largo plazo (menos an si arrienda, algo comn en la soja). Los pases que han dado un salto desde una economa agrcola a una economa industrializada, han reinvertido su renta agropecuaria. Esos pases no cargan la tara del latifundio, que en los pases atrasados, como en latinoamerica, es resultado, por un lado, del proceso de colonizacin de las potencias ibricas, y por el otro, de la propia dinmica de la relacin entre los pases imperiales y los pases dependientes, relacin que fortalece al latifundista y le permite acrecentar su poder poltico. Los pases imperiales nos venden productos industrializados, inclusive nos venden la soja procesada, y nosotros les vendemos bienes primarios, que constituyen el 75% de nuestras exportaciones.

Pero al problema de la extranjerizacin de la tierra y su produccin y exportacin de bienes, agreguemos los propios problemas emanados del latifundio a secas. "La propiedad [de la tierra], en realidad, no debe ser de nadie; o ms bien dicho, debe ser de todos, y la entidad que representa a todos es la sociedad".  Acaso el lector se sorprenda si le digo que esta frase no fue lanzada al mundo por Vladimiro Lenin en la Rusia revolucionaria, sino por el Pepe Batlle en el pas del latifundio. Basta comparar esta consigna de un colorado de principios del siglo XX con el actual discurso de la izquierda del siglo XXI, para medir el retroceso ideolgico en nuestro pas. La idea de la tierra como un bien pblico (as como el aire y el sol) la debemos tomar en un doble sentido. Primero, por lo que significa ante la inaguantable divisin de la riqueza, y segundo, en el sentido de considerar la tierra como un bien dinamizador de nuestra economa y de nuestra vida poltica. Un inteligente reparto de este recurso vital permitira reinvertir la renta agropecuaria, alentara la produccin industrial reincorporando rubros abandonados y agregando nuevos, atenuara la inflacin galopante, poblara el campo y restablecera su tejido social, creara ms y mejores puestos de trabajo, permitira cultivos ms orgnicos y menos dainos para el agua y la tierra y la gente, aumentara un mercado interno necesario para el desarrollo inicial de cualquier actividad industrial, brindara ms ingresos al Estado, volcara a la Universidad a la necesaria tarea de aliarse con los productores rurales para mayor beneficio del pas y al convertirse todo esto en una tarea nacional, activara la dinmica republicana, y aqu llegamos a lo que apuntbamos en el principio del artculo: las causas de la derrota de aquella generacin que luch, con riesgo de su vida, por la reforma agraria.

Aunque el FA haya erradicado de su discurso la imprescindible reforma agraria, hay algo todava ms grave: el tema no est a la orden del da; a la orden del da est esperar que todo este proceso de extranjerizacin de nuestras riquezas y ruina de nuestra soberana en todos los sentidos, redunde en desarrollo, supongamos que para el da en que le crezcan pelos a los huevos. Los gobiernos responden, tambin, al orden de ideas que impera en una sociedad. El problema es el orden de ideas que impera en la nuestra; el problema es que no advertimos las consecuencias funestas del latifundio. Sin generar una masa crtica no saldremos nunca del pozo, y viviremos al vaivn del precio de las commodities. Poco importa quin acceda al gobierno; la clave est en la creacin, primero, de esa masa crtica, tarea que super a aquellos militantes por varios motivos, sea por una dictadura atroz, sea por la incapacidad de analizar con cabeza propia la realidad. Cuando uno no puede analizar los hechos, los hechos te sepultan como escombros que arrojan los das a modo de experiencia.

Ya todos sabemos que en cuanto a ineficiencia y corrupcin, nada separa al actual partido de gobierno de los anteriores (sin mentar el futuro gran papeln de la regasificadora, que superar a todos los dems). Ya todos sabemos que en cuanto a pensar un nuevo modelo educativo, nada separa al actual partido de gobierno de los anteriores. Lo mismo sucede con el problema de la seguridad y con la clave de las claves, emprender un modelo de desarrollo viable. Si el funcionario, o quien fuere, no est armado con un arsenal terico independiente, se convierte en administrador de las teoras pensadas por otros. Si no elaboramos un modelo nacional, el modelo ser impuesto desde afuera por las trasnacionales, que marcan el comps mientras se aduean de nuestras riquezas. Si no transformamos estos escombros diarios en material de pensamiento de nuevas realidades, seguiremos vegetando a la sombra del latifundio.

Nota:

(1) Quin va a entrar a robar ganado o a cazar una mulita all donde, entre los eucaliptus y pinos, slo habitan cotorras y serpientes?

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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