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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-11-2016

Cita en Alsasua

Josemari Esparza Zabalegi
Rebelin


Lo ms inaudito del auto judicial que ha llevado a la crcel a ocho jvenes alsasuarras es acusarles de crear un clima entre los ciudadanos para evitar que entablen vnculos afectivos con la Guardia Civil. Viene a decir que, si no fuera por los abertzales, los guardias seran miembros de las peas y sociedades gastronmicas, potearan con cualquier cuadrilla, ligaran con las neskas vestidos de uniforme y viviran en casas como los dems vecinos y no en ghettos. La cosa sin embargo, no es tan simple.

La llegada de la Guardia Civil al Pas de los Fueros no pudo ser ms desdichada: vino de la mano del centralismo como instrumento de cohesin y control del Estado liberal. Eso le puso desde el primer momento en guerra abierta contra las cuatro provincias y en permanente hostilidad. Ya en 1844, ao de su fundacin, el Cuerpo reconoca lo difcil que es llenar el Tercio del 10 distrito con licenciados del Pas. El distrito y el pas al que se refera no era otro que las cuatro provincias vasconavarras. Mark Kurlansky escribi que desde su fundacin, la Guardia Civil se convirti, y lo ha continuado siendo, en el factor ms irritante en las relaciones entre vascos y espaoles. Hoy da sigue siendo algo extraordinario la presencia de vascos en el Cuerpo: hasta la derecha navarra ms espaolista, prefiere a sus hijos en la lista del paro que en la Benemrita. En el fondo, los polticos del PSOE o UPN son quienes peor les tratan: los aplauden y jalean por inters, pero luego no van con ellos ni a jugar al mus; jams les brindan su amistad, ni su txoko, ni su casa. Ajenos al pas, encerrados en sus cuarteles y sin integracin social, son el paradigma del ocupante.

Resulta peculiar que su fundador, Francisco de Girn y Ezpeleta, naciera en Pamplona, del cruce de un militar acantonado y una indgena euskaldun. Cuando llegu a Madrid escribi- no entenda una sola palabra de castellano, y no perdono a mi madre que me dejase olvidar el vascuence, mi lengua nativa, que muy poco me hubiera costado el conservar sabindolo muy bien mi madre y toda mi familia materna, pero el deseo de que yo hablase pronto y bien el castellano la llev a este descuido, si as puede llamarse, que toda mi vida he sentido. El gorro de charol no lleg a casar con el vascuence.

Su repaso histrico es estremecedor. La defensa del orden central exigi primero la represin de las rebeliones carlistas, multas, destierros, deportaciones. Con la abolicin foral, se dedic a la persecucin de los prfugos y del contrabando, consecuencias de la imposicin de las quintas y de las nuevas fronteras. No es casualidad que el primer guardia muerto en Navarra fuese en un levantamiento de mozos que no queran sortearse. Fue en Tafalla, en 1846. Su tarea ms importante fue la defensa de la nueva propiedad privada, en manos de los ricos liberales tras las forzadas enajenaciones de los bienes comunales. En muchos casos, la Casa Cuartel se construa paredaa a la del propietario, incluso, como en Sartaguda en la Casa del Infantado, con garitas de vigilancia comunes. Los paisanos que pedan tierra fueron cruelmente tratados. Los enfrentamientos del siglo XIX continuaron el siguiente: en 1914 mataron a tres jornaleros en Olite; en 1918 otros cuatro en Miranda. Los ricos, asustados, exigan ms y ms cuarteles. Una caracterstica se adhiere a la historia del Cuerpo como el gorro de charol: la impunidad.

Con la llegada de la II Repblica arreciaron las voces exigiendo su disolucin. Los guardias siguieron disparando y matando paisanos indefensos: Alsasua, Villafranca, Cadreita o Roncal, por citar solamente el caso navarro. No eran abertzales de Alsasua sino ugetistas de la Ribera los que cantaban la jota:

Ya no se llaman civiles

los del gorro atravesado

que se llaman asesinos

del trabajador honrado

Cuando llega el golpe militar de 1936 la Guardia Civil adquiere en Navarra un protagonismo estremecedor. Tres mil fusilados salpican mucha sangre. Pasaron a la leyenda el sargento Terror en Lodosa; el brigada Serafn en Villafranca; el cabo Escalera en Peralta; el Sargento en Mendavia; el comandante de puesto Rufino en Buuel; el Teniente en Baztn Impunidad absoluta.

Donde pudieron, los vascos se quitaron de encima este lastre histrico: nada ms ser elegido lehendakari del nuevo Gobierno Vasco, Jose Antonio Aguirre disolvi la Guardia Civil. En un pas liberado, no caba la Benemrita.

Luego, hablar del franquismo fue hablar de la Guardia Civil. Entre los opositores al rgimen, el regreso de la democracia no se entenda sin la abolicin de ambos. Garca Lorca nos lo recordaba continuamente. Pero la Transicin, como en tantas cosas, no tuvo bemoles. Slo en tres provincias se consigui un discreto repliegue a favor de la Ertzantza.

La historia posterior es conocida. Apenas aprobada la nueva Constitucin, unos guardias ebrios mataron a dos jvenes en la sala de fiestas Bordatxo en Doneztebe. Fueron absueltos. La impunidad iniciaba una nueva etapa. El Terror de Lodosa se iba a llamar ahora Galindo, Intxaurrondo En Navarra, tras el asesinato en Tudela de Gladys del Estal, casi un centenar de ayuntamientos democrticos solicitaron su retirada y su sustitucin por la Polica Foral. Hasta Vctor Manuel Arbeloa se lo deca: Seores guardias civiles / dejen en paz sus fusiles. Luego vino la Foz de Lumbier, Lasa y Zabala, Mikel Zabalza... Todo impune.

Si los vasconavarros fueran consultados directamente en las urnas sobre mantener las Casas Cuartel o sustituirlas por una polica foral, no habra una sola aldea que lo dudase. La permanencia de la Guardia Civil est totalmente ligada a esa ausencia del derecho a decidir. A la falta de respeto democrtico. A la falta de soberana. Fueros, autonoma o nacionalidades fueron, y son, sus principales enemigos. Y especialmente los gobiernos, como el de Navarra, que reclaman esos derechos. La provocacin de Alsasua tiene una carga desestabilizadora evidente.

Las alegoras del siglo XIX pintaban a la Guardia Civil como un pulpo, con la cabeza en Madrid y los tentculos hacia la periferia. El pulpo ha conseguido mantenernos atrapados a Espaa, pero es evidente que no ha logrado ni hacernos espaoles ni amar el cefalpodo. Este sbado en Alsasua volver a demostrarse.

Josemari Esparza Zabalegi es editor

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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