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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2016

S se puede: los de abajo como sujetos

Ral Zibechi
La Jornada


Cuando los de ms  abajo, los jvenes (varones y mujeres) pobres de las periferias, los ninguneados de siempre, toman las riendas de sus vidas y adems lo hacen en colectivo, es porque algo muy profundo est cambiando. Un mundo nuevo comienza a despuntar cuando el intelectual, el dirigente, el estratega (en masculino), se disuelve por la potencia de lo colectivo que anuncia un vendaval poltico, social y cultural de largo aliento.

El viernes 19 de noviembre una multitud de ms de 20 mil personas camin la dcima Marcha de la Gorra, en Crdoba (Argentina). Haba que ver y sobre todo sentir a esos chicos danzando, cantando, gritando en la cabecera de la marcha, esos que da a da son golpeados, asesinados y desaparecidos por la polica provincial, una de las ms letales del pas. Una marcha que comenz en 2007 exigiendo la derogacin del Cdigo de Faltas, hoy travestido en Cdigo de Convivencia, que equipara las faltas con los delitos penales, una trampa jurdica del poder provincial para perseguir jvenes peligrosos. O sea, pobres que viven en las periferias.

En Crdoba existe un Estado policial funcional a un capitalismo militarizado, que tiene en el extractivismo soyero y en la especulacin inmobiliaria urbana sus ncleos de acumulacin de capital. Los que no consumen sobran; no existen ni para el poder ni para los medios, son los culpables de la inseguridad y, como seala Giorgio Agamben, pueden ser asesinados sin que eso se considere delito. El Cdigo de Faltas aprobado en 1994 es la pieza legal de este engranaje.

El ao pasado fueron detenidas 73 mil personas, en su mayora por portacin de rostro, o sea, por su aspecto, por ser jvenes de piel ms oscura, llevar gorras y ropas sospechosas para los uniformados. Unos 200 chicos son detenidos cada da. Desde 2011, ms de 150 fueron asesinados y varios miles golpeados y heridos. La figura legal que utiliza la polica es el merodeo, que puede ser confundido con pasear, caminar o circular. El 80 por ciento de los jvenes de 18 a 25 aos fueron detenidos alguna vez.

Lo peor es que el cdigo otorga a la polica la potestad para detener, instruir y juzgar en cualquier punto de la tramitacin del hecho. Impunidad es la palabra ms adecuada. No les permiten salir de las periferias. La polica los detiene sistemticamente en los puentes y en las salidas de los barrios y los persigue cada vez que retornan a sus casas.

La definicin de Estado policial la sintetiza Huayna, militante de la Federacin de Organizaciones de Base, en Barranca de Yaco, un barrio perifrico de casas precarias levantadas sobre un basural. Llamamos a la ambulancia y viene la polica. Llamamos a los bomberos y viene la polica. Es el nico servicio que tiene el Estado para nosotros.

Esos chicos que encabezan la marcha con los retratos de sus amigos asesinados, como Gere Pellico, de 18 aos, fusilado por la espalda cuando volva a su casa en moto, han recorrido un largo camino. Ahora son capaces de redactar un texto memorable, como la Carta abierta al Estado policial, la proclama que se ley al finalizar la caminata.

No pretendo echar luz sobre la accin pblica que, finalmente, es similar a las que protagonizan los abajos a lo largo y ancho del mundo. El punto central fue cmo los jvenes pobres se convirtieron en sujetos.

Desde el ciclo de protestas 1997-2002, cuyo pico fue el levantamiento del 19 y 20 de diciembre de 2001, decenas de estudiantes universitarias y licenciadas (mayora mujeres) trabajan en barrios pobres creando talleres de teatro, murga, revistas y radios comunitarias con base en la educacin popular. Hacia 2007, relata la sicloga comunitaria Lucrecia Cuello, los jvenes de los barrios comenzaron a reunirse en grandes asambleas hasta de 300 integrantes. Ah se produjo un hecho formidable.

Nos dijeron que las decisiones las queran tomar ellos, que queran salir a la calle y no slo hacer talleres. Nos dijeron que los tcnicos nos apartramos a un lado y que luego nos volveran a llamar, explica Cuello. Se apartaron y esperaron. Pero, sobre todo, comprendieron que su lgica acadmica de trabajo reproduca el tutelaje colonial sobre los pobres, que siguen siendo subalternos en relacin a las ONG y los partidos de izquierda. De esos encuentros naci el Colectivo de Jvenes por Nuestros Derechos que convoca las Marchas de la Gorra.

Con el tiempo y la permanencia en los territorios, un puado de licenciadas acompaaron a los jvenes que desbordaron la educacin popular gracias al encuentro que tuvieron entre ellos, que fue determinante para romper con el tcnico y con el militante que va al territorio. Se trata de una explicacin similar a la que ofrecen Huayna y otros militantes de la decena larga de organizaciones sociales que trabajan en las periferias. Nosotros por nosotros, sera la sntesis, aunque cada vez ms se debera usar el femenino, ya que ellas empezaron a tallar fuerte en los aos recientes.

Hasta ah, en apretada sntesis, el relato de ese ponerse de pie que hizo posible la Marcha de Gorra, desde la doble mirada de las periferias y de los tcnicos. Se agolpan las preguntas. Estamos en condiciones de pensar, y de sentir, que los ms pobres pueden ser sujetos? Los que nos decimos militantes, aceptamos colocarnos a un lado para simplemente acompaar a los sujetos de abajo? Sentimos realmente que pueden cambiar el mundo sin vanguardia poltica o intelectual?

Llegados a este punto, cul es el papel de los militantes, o como le llamemos a esa actitud de vida? Lo primero, comprender con la piel, hacer nuestros los dolores colectivos. Lo segundo, acompaar un proceso sin dirigirlo. Lo tercero, regocijarnos por ser aceptados como uno/una ms. Lo cuarto, decir lo que pensamos cuando nos lo pidan y guardar silencio el resto del tiempo. Polticas de la tica y la humildad. De lo contrario, nuestra revolucin se limitar a reproducir el colonialismo y el racismo.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/11/25/opinion/024a2pol



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