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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2016

Los debates polticos pendientes

Luismi Uharte
Rebelin


La centralidad de los debates econmicos en Cuba est opacando o ms bien posponiendo los debates estrictamente ms polticos. En parte es lgico por la urgencia de disear un modelo ms sostenible y porque adems el malestar social se expresa en clave econmica y no poltica. De hecho existe una percepcin generalizada de que hoy da no hay crisis del modelo poltico sino del econmico. Sin embargo, a medio plazo el sistema poltico puede convertirse en un artefacto que si no se recompone bien puede terminar estallando en las manos de la nueva generacin que tome la riendas.

Recientemente Aurelio Alonso, un referente de las Ciencias Sociales cubanas, adverta que la unidad es seal de salud poltica pero que haba que tener cuidado con la uniformidad. Agregaba que en el marco de la reforma poltica haba que impulsar la construccin de un sistema de participacin democrtica efectivo y que las instancias del Poder Popular deban convertirse en un poder ms real.

De manera informal e inconexa planean en este tiempo previo al debate ms institucionalizado una serie de temas que tarde o temprano tendrn que abordarse y entre los que destacan los siguientes: el modelo electoral y el de representacin, el modelo de participacin poltica y las atribuciones del Partido Comunista, y el papel y autonoma de los nuevos movimientos sociales.

Modelo electoral. El hecho de que la propaganda internacional unida al desconocimiento generalizado haya caricaturizado a Cuba como un rgimen de Partido nico donde solo se puede votar al Partido Comunista, lo cual es incorrecto, ha llevado a que las y los defensores de la Revolucin cubana (desde dentro y desde fuera) terminaran idealizando un modelo electoral que hace tiempo muestra signos de agotamiento.

En teora el modelo electoral presenta una serie de virtudes: no se presentan los miembros del Partido sino cualquier vecino, las candidatas no se postulan a s mismas sino que obligatoriamente deben ser propuestas por sus vecinos en funcin de su perfil y aptitudes, las campaas no estn determinadas por la capacidad econmica para hacer propaganda (prohibicin del mercantilismo electoral)

Sin embargo, la frescura que el modelo tuvo en un tiempo se ha ido perdiendo, convirtindose cada vez ms en una liturgia que genera poco entusiasmo. Por un parte esto es as porque la ciudadana siente que la persona electa en la base no tiene mucha capacidad de decisin en el da a da, ya que sus competencias son muy limitadas. La reivindicacin de una descentralizacin mayor de atribuciones a los delegados del Poder Popular es uno de los requerimientos ms repetidos por diversos sectores. Por otra parte, tambin est tomando fuerza la demanda de realizar las campaas electorales no exclusivamente de acuerdo al perfil ms o menos idneo de la candidata sino sobre todo en torno a programas polticos que se puedan contrastar.

Otro aspecto del modelo electoral que tambin es parte de la actual discusin subterrnea es la necesidad de elegir directamente al presidente, ya que actualmente la eleccin es indirecta a travs del Parlamento. En las ltimas dcadas, desde la institucionalizacin del sistema poltico cubano a mitad de los setenta, la eleccin consecutiva de Fidel Castro fue parte de los grandes consensos populares y desde 2008 el relevo por parte de su hermano Ral tambin es aceptado mayoritariamente. La reflexin es sencilla pero contundente: son los lderes de la generacin histrica que hizo la Revolucin y tienen la legitimidad popular.

Esta misma afirmacin sirve para lo contrario: la prxima persona que asuma la presidencia en 2018 ao en que Ral anunci su salida- ya no pertenecer a la generacin histrica y por tanto no gozar de la legitimidad para una eleccin indirecta, sino que debera ser electa por votacin directa. Debido a la importancia que la figura presidencial tiene en el sistema cubano, esta demanda es probable que vaya tomando cada vez ms fuerza. No sabemos si para la eleccin de 2018, en la que la figura del vicepresidente Daz Canel (56 aos) lidera todas las quinielas, pero quizs s para el prximo periodo.

Otro aspecto importante que a da de hoy ya est aprobado es la limitacin a dos periodos la eleccin para cualquier cargo pblico, lo cual posibilitar una mayor rotacin y ms dinamismo en el ejercicio de la poltica pblica.

Modelo de representacin y participacin. Un conflicto de poderes que se manifiesta en el sistema poltico cubano de manera regular es entre los cargos electos (parlamentarios, delegados del Poder Popular...) y los cargos por designacin poltica (dirigentes de organismos y empresas). Segn el periodista Fernando Ravsberg histricamente los dirigentes administrativos no han rendido cuentas suficientemente frente a los delegados del Poder Popular, a pesar de que eran los dirigentes electos por la poblacin. Algo similar se ha detectado en la relacin entre la Asamblea Nacional y algunos altos burcratas ministeriales, por la ausencia de estos ltimos a sesiones de control y seguimiento parlamentario.

Esto evidencia un poder excesivo de dirigentes que no han sido elegidos por sufragio y provoca un debate ineludible no solo en torno a la necesaria limitacin del poder de la alta burocracia sino tambin en relacin al modelo tradicional de reparto de cargos a travs de la estructura del Partido. Ms an, interpela al sistema de participacin poltica y al papel del Partido Comunista en los prximos aos.

El papel indiscutible e histrico que el Partido ha tenido durante dcadas como organizacin dirigente de la sociedad y vanguardia poltica, tarde o temprano ser objeto de debate, porque el nuevo tiempo histrico as lo demanda: cambios generacionales y sociolgicos, reforma econmica, contexto geopoltico regional e internacional

Esto no significa que el debate se vaya a situar en las coordenadas deseadas por los liberales de dentro y fuera, es decir, el pluripartidismo como punto de partida. Teniendo en cuenta adems que EE.UU. suea con financiar a la pequea burguesa emergente y que esta se convierta en una futura plataforma poltico-partidaria de oposicin, es muy improbable que los que suean con la restauracin poltica logren su propsito.

De cualquier manera, el legtimo derecho a la resistencia cubana frente al imperialismo y sus planteamientos de unidad poltica, que no nacen con la Revolucin del 59 sino que se remontan a los principios martianos de hace ms de un siglo, no puede neutralizar la necesaria renovacin del Partido y de su funcin en la nueva etapa histrica. En primera instancia, la renovacin interna implica poner en cuestin la actual composicin sociolgica del Partido, ya que como bien recuerda el socilogo Ariel Dacal, el 72% de sus integrantes son funcionarios, mientras que solo un 12% son productores directos (produccin y servicios). La renovacin tambin apela a la democratizacin interna y por tanto a la posibilidad de permitir tendencias que superen el carcter monoltico del Partido. Dacal cita al propio Ral Castro cuando afirma que si la opcin es el partido nico, este tiene que ser el ms democrtico.

La redefinicin de las funciones del Partido para el nuevo tiempo histrico es el otro debate pendiente, ya que la reivindicacin de un mayor poder para los cargos electos automticamente supondra empezar a poner cuestin la tradicional atribucin de organizacin superior de direccin que ha tenido el PCC en las ltimas dcadas. Lo que parece claro es que si estas reformas democratizadoras no se impulsan, aquellos que abogan por la restauracin pluripartidista tendrn ms argumentos para alzar su bandera, ms an cuando el bloqueo caiga.

Movimientos sociales. La reforma del sistema poltico afecta tambin a la relacin de las instituciones polticas con los movimientos sociales. El modelo vigente en Cuba desde los 70 se sostiene en la vinculacin muy estrecha de las organizaciones de masas (juventud, movimiento de mujeres, federaciones estudiantiles, sindicato, CDRs) con el Partido y con la estructura poltica en su conjunto. Un modelo congruente con los planteamientos del socialismo del siglo XX y muy efectivo para enfrentar la amenaza permanente del imperialismo estadounidense.

Sin embargo, desde la dcada del noventa el paisaje movimientista ha ido complejizndose al calor de los cambios mltiples: crisis econmica, crecimiento de las desigualdades, nuevas identidades juveniles con expectativas renovadas Han ido emergiendo colectivos que son la expresin de los nuevos movimientos sociales y que trabajan y militan en clave revolucionaria pero reivindicando y desarrollando una prctica activista mucho ms autnoma y con mayor capacidad crtica respecto al sistema que defienden.

Las miradas ms sectarias de la vieja cultura poltica han mirado con cierta desconfianza a estos nuevos movimientos que desafiaban el control tradicional de las instituciones y del Partido, pero con el paso del tiempo, su lealtad al proyecto de pas les ha ido confiriendo un mayor prestigio. La interaccin con los nuevos movimientos de otros pases latinoamericanos e incluso con los nuevos gobiernos de izquierda de la regin ha sido un insumo fundamental para su fortalecimiento y legitimidad.

El perfil ms autnomo y las prcticas autogestionarias que caracterizan a estos nuevos movimientos (de educacin popular, cooperativismo) no solo enriquecen el universo de los colectivos populares sino que interpelan a las organizaciones de masas tradicionales para su necesaria refundacin y adecuacin al nuevo tiempo histrico que se configura alrededor de una nueva gramtica socialista.

Socialismo para el Siglo XXI. La renovacin del sistema poltico cubano, o lo que Dacal denomina la revolucin dentro de la revolucin implica enfrentarse a grandes desafos. Por una parte, supone deconstruir el socialismo del siglo XX pero teniendo la creatividad y la habilidad suficiente para evitar que el pndulo no oscile excesivamente y pueda terminar siendo seducido por el imaginario global y dominante del liberalismo poltico.

Por otra parte, hay que ser conscientes que la batalla no es exclusivamente poltica sino de carcter cultural, como agudamente seala Fernando Martnez Heredia, uno de los intelectuales ms respetados en la isla. Heredia afirma que la cultura capitalista no pretende ahora, a corto plazo, aspirar al poder poltico, ya que su campo principal de batalla es la vida cotidiana, las relaciones sociales y las ideas que se consumen.

En sntesis, el proyecto poltico cubano para el socialismo en el siglo XXI est intrnsecamente ligado a una nueva cultura poltica revolucionaria que no solo sea una alternativa viable frente a la cultura poltica del capital y del liberalismo sino que tambin sea capaz de superar la cultura poltica tradicional del socialismo del siglo XX.

Luismi Uharte. Grupo de Investigacin Parte Hartuz (Universidad del Pas Vasco)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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